Como ya saben nada de esto me pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer y la autora de esta graciosa historia es la autora Hoodfabulous, yo solo traduzco ;)

Y como siempre me acompaña mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por tu ayuda :*


Capítulo Dieciocho: Una ansiosa necesidad

EPOV

La luz del sol se filtra por las puertas del balcón parcialmente abiertas, dejando entrar una brisa húmeda de verano. Las nubes pasan, los bordes dibujados con la luz ahora oculta. Flexiono mis brazos y mis piernas, estirándome en la cama como un gato. El agotamiento me consumió la noche anterior. Una interminable práctica de banda y el pensar incesantemente en ella deja mi cuerpo adolorido y cansado.

Alcanzo a ver mi reflejo antes de salir al balcón. Una ligera barba color rojiza cubre la parte baja de mi mandíbula y mi cabello es un caos, lo que no es necesariamente un cambio de lo acostumbrado. Cigarrillos de mentol y un encendedor me esperan afuera en la mesa de hierro forjado. Fueron precipitadamente olvidados en mi desesperado intento por ocultar mis revistas de porno de Bella el día anterior.

Sonriendo, saco un cigarrillo de la caja con gotas de agua, dejando escapar un suspiro de alivio cuando encuentro mi vicio con nicotina indemne del rocío matutino. Me rio entre dientes, chasqueando el encendedor un par de veces antes que el húmedo artefacto decida darme un cálido resplandor mañanero. El recuerdo de perseguir ayer a Bella por el patio asalta mi mente. Mis dedos se mueven ansiosos, imaginando la sensación de sus pezones fruncidos entre mis dedos cuando la inmovilicé en el césped, sin desear nada más que tomar lo que he querido desde el minuto en que la conocí.

El metal rechina contra el concreto, arrastrar la silla envía un escalofrío por mi cuerpo y casi desinfla mi erección matutina. Me agarro perezosamente, chupando el humo y cerrando mis ojos, deseando que sea su mano, su boca, su coño, lo que sea de ella en mi polla y no mi mano callosa por la guitarra. Joder, me he esforzado tanto por hacer lo correcto, obedeciendo a mi benévolo padre mientras negaba los sentimientos anidados en mi pecho. Mi cuerpo y mi alma están bajo mucha tensión, y sé que no pasará mucho tiempo antes que esté listo para explotar.

Dios ayude a cualquiera que se interponga en mi camino.

El calor quema mis dedos cuando inhalo lo último de mi cigarrillo. Lo arrojo tranquilamente por el borde del balcón, sin importarme si Carlisle encuentra la colilla en su césped impecable. Demonios, es lo menos que puede permitirme después de negarme lo que sabe que quiero.

Le confesé mis sentimientos a mi padre, más o menos. No, no le dije francamente lo que sentía en mi corazón, en el miembro en el que nunca sentía nada, además de un dolor leve. Pero palabras silenciosas se dicen a menudo sin expresarse en realidad en voz alta, y sé que Carlisle reconoce lo que siento por Bella. Esme también lo nota. Puedo verlo en las arrugas en su frente siempre que su mirada pasa de mí a su hija. Demonios, la única persona que no parece entenderlo es Bella, pero creo que vive en una dulce negación.

Lo sabe.

¿No es así?

¿Cómo no puede saberlo?

¿Cómo puede no darse cuenta que cada minuto de mi tiempo lo paso anhelando su atención? ¿Cómo es que no puede percibir el deseo dentro de mi cuerpo con cada caricia no tan inocente?

Las vacaciones de primavera casi me matan. Negarle un recuerdo a mi padre fue casi mi perdición, un recuerdo de una noche ardiente en su recámara, con mis dedos muy dentro de ella. La culpa me agobiaba mientras le decía a Carlisle lo que él quería escuchar, pero mi mente rebelde me dijo que fuera tras ella.

Entonces, ella me ignoró.

Me destrozó.

Pretendiendo que esa noche nunca existió.

Y tal vez fue así. Quizás mi mente ebria fabricó una mentira, urdiendo un deseo que mantengo oculto hasta que yo mismo me lo crea.

Ahora ella me odia.

El sonido de mi teléfono me saca de mis deprimentes pensamientos. Pongo mi labio inferior entre mis dientes, chupando las viper bites insertados en mi piel. Una costumbre nerviosa más que nada, ya me había quebrado la esquina de un diente, pero de ningún modo se lo diré a Carlisle. Los tatuajes y los piercings se han convertido en una forma de lidiar con otros tipos de dolor, algo que mi padre llegó a aceptar una vez que alcancé la sobriedad. Que me condenen si me quita eso también.

Encuentro mi teléfono después de un par de minutos buscando, metido en las sábanas revueltas de mi cama. Un sueño inquieto, pensamientos inquietos, mis dedos aún se aferraban a mi teléfono cuando el sueño me arrastró. Un mensaje de texto de Bella y no puedo evitar sonreír. Mi labio se libera por si solo de entre mis dientes, dejando la piel rosada marcada e hinchada.

¿Qué estás haciendo? ¿Te estás pajeando con pornotrasero? Ya no jales al ganso y VENTE ahora. El desayuno está listo, hombre trasero. – B

"Dice cualquier mierda que esté pensando," me digo a mí mismo, sonriendo.

Arrojo mi teléfono sobre la cómoda, dándome cuenta que estoy duro otra vez. Gimiendo, agarro algo de ropa y me dirijo a la ducha donde sin duda me haré la paja durante los siguientes minutos con un ebrio y borroso recuerdo del coño rosado de Bella restregándose contra mis dedos.

~c00ch~

Bella se alterna entre molestarme, y eludirme durante el día. Compartir un casillero con ella ha sido una dulce tortura. Demonios, compartir una puta escuela con ella es una tortura. Cada mirada intensa lanzada en su dirección por un chico demasiado entusiasta me hace enfurecer en silencio. Constantemente, me imagino aplastando la cabeza de Mike Newton en los casilleros, viendo su enorme cráneo retorcer y abollar el metal.

Los inusuales rayos del sol hacen nuevamente una breve aparición en el almuerzo. Jasper y Em están sentados en una mesa de picnic esperándome mientras atravieso tranquilamente el estacionamiento. Newton se une a ellos, y aprieto los puños a mis costados. Hasta cierto punto puedo lidiar con la obsesión de Jasper por Bella. Ella ha probado en más de una ocasión que no le agrada la mierda que él constantemente le lanza. La de Newton… no tanto. El chico probablemente no ha intentado nada con ella, pero no sabe nada de espacio personal o límites físicos. Paso el tiempo en la escuela vigilándolo constantemente, pero hasta ahora, no ha podido intentar algo con mi chica.

Mi chica.

Sí, ella es mi maldita chica. Ya me importa una mierda ese sistema de reclamar a la chica, nuestra forma de pensar tipo 'hay honor entre los ladrones'. Porque ella es la maldita ladrona. Ella es la que irrumpió en la cafetería de Sue como un huracán hace tantos meses atrás, con sus jeans ajustados y botas vaqueras, derramando una malteada en mi cabeza antes de largarse. Nunca en mi vida había estado tan furioso, tan jodidamente excitado por una chica. Y después de todos esos meses ese fuego todavía arde dentro de mi vientre.

Que se joda Jasper.

Que se joda Carlisle.

Que se joda Maria y su manipuladora forma de ser, y la tormenta que dejó a su paso después de mudarse de regreso a Texas.

Que se joda la integridad y hacer lo que es 'correcto' a los ojos de mi padre, de Esme, y todos los demás con sus mentalidades retrógradas.

Que se joda todo.

Alguien tiene que ceder.

"¿Ves a la chica nueva?" Dice Newton, meneando sus cejas. "Bastante ardiente."

Me dejo caer junto a él y arrojo mi libreta sobre la mesa. Bella probablemente piensa que soy malagradecido por nunca llevar conmigo la que ella me dio para Navidad. La verdad es, que la guardo en el cajón de mi escritorio en mi recámara y solo la uso cuando me siento inspirado para escribir algo sobre ella.

Para ella.

Tal vez algún día se la mostraré, las melodías y la letra que he garabateado en las páginas blancas a altas horas de la noche. Las noches ya no están llenas de dormir porque las paso soñando con ella, deseándola, escuchándola…

Bella tiene sueños igual de inquietos. Gemidos amortiguados se filtran por el pasillo, punzando en mis oídos. El deseo se acumula en mi interior, e imagino que soy yo con quién está soñando, por el que está gimiendo, a quién está deseando tanto como yo la deseo a ella.

"¿Qué nueva chica?" Jasper pregunta. Ojos acerados miran a través del lote, deteniéndose cuando alcanzan su destino deseado. "¿Sentada junto a mi Bella?"

Mis incisivos cortan mi labio inferior. Gotas de sangre salen a la superficie. El deseo de darle un revés a mi amigo es abrumador, pero el resultado no vale la pena el placer momentáneo.

Mi Bella.

Además, no tiene la culpa por desearla. ¿Quién podría culparlo? De no haber estado cubierto en espumoso y frío chocolate, parado en shock mientras una hermosa chica me recriminaba, podía haberla pedido primero para mí. La verdad es que ese día estuve lento. Abrumado por sus palabras y conmocionado por su repentina partida, la había perseguido por el estacionamiento de la cafetería con las palabras de Jasper dichas entre carcajadas quemando mis oídos.

La pido.

"Maldición, mira esas botas vaqueras." Em le da un codazo a Jasper, lanzándome una mirada cómplice. "¿Qué demonios estás esperando, Jas? Acércate y preséntate."

El rostro de Jasper se ilumina, pero de inmediato se tensa. Lame su labio, atorando su lengua en el metal incrustado en la esquina de su boca. "Na, hombre. Estoy muy cerca con Bella… jodidamente cerca."

"A Bella le importas una mierda, mi amigo." Emmett suelta una risita. "Joder, date cuenta. Pregúntale a quién quieras. Haz algo para que te entre en esa dura cabeza tuya que ella no es para ti."

Emmett lanza una astuta mirada en mi dirección. Dejo caer mi cabeza y abro mi libreta, pero no puedo ocultar mi sonrisa. Em ha estado haciendo todo lo que puede por convencer a Jasper del desinterés de Bella, pero sin éxito. Jasper es cabezota y obstinado. Tiene que serlo, con su patética excusa de madre. Almuerzos gratis proporcionados por el estado y a veces una cama prestada dentro de mi casa probablemente enviaría a cualquier otro chico a una crisis depresiva, pero Jasper es una buena persona. Aunque tengo que decirlo, el tipo es jodidamente denso, y más tonto que una roca cuando se trata de entender una indirecta.

Muy parecido a alguien más, que conozco…

Odiando mi comparación interna de Bella con Jasper, cierro mi libreta de golpe y miro furioso al otro lado del estacionamiento. Bella está escribiendo en su teléfono, pero entonces levanta la vista y clava sus ojos en los míos.

Enojado conmigo mismo por prolongar toda esta puñetera situación, la fulmino con la mirada. Algunas veces me pregunto si la odio tanto como la anhelo. Silenciosamente, trato de poner de relieve mis sentimientos a través de mi mirada.

Odio esto. Odio desearte y no tenerte. Dime que lo sientes. Dime que me deseas tanto como yo te deseo a ti.

Mi teléfono suena y no sé cómo bajo la mirada de la suya, rompiendo ese extraño duelo de miradas. La pantalla destella y agarro mi teléfono de forma desalentadora. Deslizo mi dedo por la pantalla y miro sorprendido a las palabras escritas ahí. Una, dos, tres veces leo las palabras, parpadeándome con incredulidad.

Ve a la fiesta en casa de Newton esta noche. Ahí estaré con ese diminuto bikini azul que te ENCANTA. Sé que quieres lamer mi trasero cada vez que me lo pongo. Ven a la fiesta y puedes lamerlo tooooda la noche—Bella

Mierda.

Vuelvo a levantar la vista con incredulidad para encontrarla todavía mirándome, mordisqueando su regordete labio inferior entre sus dientes. La inseguridad y la confusión juegan en sus ojos, en la forma inocente que me mira como si no tuviera idea de lo que esos enormes ojos me hacen. Me está poniendo indudablemente duro por enésima vez hoy. Jasper, Em y Mike charlan bulliciosamente sobre la fiesta de Newton, una fiesta a la que no tenía previas intenciones de asistir. Ellos están totalmente ignorantes de que su amigo a su lado está atrapado en un sórdido trance de lujuria y estupor. Inclinando mi cabeza a un lado y levantando una ceja, le hago una pregunta en silencio, una que responde sin decir una palabra.

Bella asiente y repentinamente mi cuerpo está ardiendo. La lujuria lame mi carne, ardiendo y chamuscando mi piel incrustada de tinta. Las ideas cruzan precipitadamente por mi cabeza: imágenes de su redondo y mullido trasero desnudo sobre mi cama, las sábanas retorcidas y empuñadas entre sus dedos, mis manos amasando la carne de su trasero, mi lengua deslizándose por cada curva y contorno, probando a la chica que fue hecha para ser mía. De mí, abriendo sus piernas por completo, y sumergiendo mi lengua en su rosado coño, lamiendo como un perro hambriento, chupando y retorciendo su clítoris, bebiendo de su empapado centro, cuando hago que se corra, gritando mi nombre.

Follándola.

Follándola hasta que yo ya no pueda follar más.

Con mis dedos inusitadamente temblorosos, agarro mi teléfono y escribo unas cuantas palabras. Quiero decirle más sobre lo que quiero hacerle a su cuerpo, más sobre lo que siento por ella.

Y lo haré.

Esta noche.

~c00ch~

Newton es un pendejo, pero hace fiestas brutales. Hay barriles de cerveza en cada rincón de la habitación, el resistente acero drenado por adolescentes dispuestos buscando diversión ilegal para menores de edad. La música resuena desde los altavoces, estallando contra las paredes, palpitando con tantas ganas como mi polla debajo de mi bañador. Sobreexcitado, debería darme una sumergida en la piscina para calmar estos espasmos ansiosos asentándose en lo más profundo de mi vientre, pero el agua sería mucha distracción. La única cosa que quiero mojada es Bella. Mojada y con sus piernas abiertas solo para mí.

Gimiendo miserablemente, salgo. Los chicos están con sus grupitos, charlando y riendo. Charla ociosa y gente ociosa pretendiendo ser feliz cuando todos sabemos que secretamente luchamos con nuestros propios problemas en la vida. Cada uno de nosotros es diferente, pero joder, todos somos iguales.

Jasper libra una batalla, amando a su madre y odiándola al mismo tiempo. Deseando ayudarla y deseando empujarla al vacío, para ya no tener que preocuparse por ella.

Mi lucha es conmigo mismo; por extrañar a mi madre y lamentándome por negarme a verla en el hospital el día que murió. Llena de morfina y falsa alegría, la vi por última vez una semana antes que muriera. Prometí no regresar al hospital hasta que estuviera bien. Incluso de niño, era una mierdita obstinada, indiferente a la insinuación de mi padre al hablar de su partida a la eternidad. No, elegí no creerle, y por eso, pagué el pecado más grande. Mi mamá murió con mi padre a su lado mientras su hijo estaba en casa con la niñera, comiendo un tazón de helado.

Recordando el porro metido detrás de mi oreja, lo agarro tranquilamente y le pido prestado un encendedor a un chico parado cerca. El cálido humo llena mis pulmones y adormece mi mente. Me echo a reír al ver la incredulidad en su rostro mientras me fumo descaradamente el cigarrillo. Mis angustiosos pensamientos se desvanecen, y de repente veo un destello de azul entre los coches estacionados precariamente en la entrada. Le doy al chico una palmada en la espalda, agradeciéndole por el encendedor. Él me da una sonrisa precoz y se aleja.

El humo se lo lleva el viento, con cada calada al porro entre mis labios. El sabor es dulce, y ella también lo es. Ya la saboreo en mi boca, cálida e intensa. Me termino el porro, consumiéndolo hasta la punta de mis dedos y arrojando a un lado lo que queda. Lamiendo mis labios, sonrío entre más me acerco sigilosamente. Bella está inclinada dentro de su camioneta, su redondo trasero sacudiéndose mientras hurga dentro de la cabina, buscando algo.

Joder sí. La tengo justo donde la quiero.

Levanto una ceja, viendo una bocanada de humo salir de sus pulmones. Encantado con la idea de más hierba, y por la forma en que su bikini se adhiere a las curvas de su trasero, busco su piel, descansando mis manos en sus caderas. El cuerpo de Bella se estremece por la sorpresa y al sentir mis pulgares enterrándose en su piel, y que me jodan si no me pongo incluso más duro.

Voy a hacer que ese cuerpo tuyo se estremezca.

Bella se da la vuelta, con un porro colgando entre sus labios abiertos. Mirándome con asombro, sus pezones se fruncen cuando arranco lo que queda del cigarrillo de su boca carnosa.

"Compartir es bueno," susurro.

Le doy una profunda calada al porro, soltando una risita cuando ella me echa un vistazo descaradamente. Sus ojos dejan un sendero de llamas ardientes en mi piel, quemando al abrirse paso desde el bañador que sigue deslizándose por debajo de mi cintura. Cuelga de mis caderas, el elástico desgastado impidiendo que se quede arriba.

Un poco de humo sale por entre mis labios cuando me inclino hacia adelante, ofreciéndole hacer shotgun (1). Bella traga y asiente. Cierro mis ojos, imaginando que traga de una forma diferente cuando presiona sus labios con los míos. La punta de su nariz está fría, así que la empujo con la mía, intentando calentarla. Es un gesto considerado, uno que me deja sintiéndome pequeño y tonto por un breve momento. Dejo atrás mis inseguridades y soplo suavemente en su boca. Bella inhala, tomando lo que tengo que darle, y quiero darle mucho más.

"¿Estás lista para que lama tu trasero?" Murmuro contra sus cálidos labios.

En vez de un gemido lujurioso o su lengua deslizándose en mi boca, Bella deja escapar un desagradable resoplido. Retrocedo, ofendido, entrecerrando mis ojos por la ira y la confusión. Ella está riéndose, doblada por la cintura y jadeando por aliento entre carcajadas.

"Edward, cuando te envié el mensaje se supone que dijera 'patear mi trasero' no 'lamer mi trasero'. ¡Sabes cómo me equivoco al enviar mensajes!"

Una furia candente invade mi cuerpo.

Estaba tan cerca, tan irrefutablemente cerca de lo que quería, pero ella cometió un puto error.

Bella no me desea después de todo. No vive como yo, negando sus sentimientos ocultos. Ella no siente nada por mí, sexualmente o de otra forma.

Nada.

"Mierda," gimo, prácticamente escupiendo la palabra.

La sonrisa desaparece de su rostro. Algo familiar destella en sus ojos, algo que recuerdo de una confusa noche en las vacaciones de primavera.

Fue real. No inventé esa noche. No fue una noción elaborada enterrada en lo profundo de mi mente, tejida por la desesperación y el deseo, por los sueños prohibidos y las noches sin dormir. Ocurrió, y ella quería que ocurriera. Todavía desea que ocurra.

"Oh, vamos," dice, arrebatándome el porro olvidado de la punta de mis dedos y terminándoselo. "De todos modos, ¿esto no es algún tipo de trampa? ¿Dónde está Emmett y Jasper? ¿Ocultos en los arbustos, esperando ver que me humillas? Déjame adivinar… ¿tienen sus teléfonos listos para grabarlo y subirlo a Facebook para que lo vean todos nuestros amigos? Por favor. No es como si me encontraras ligeramente atractiva. Ya te divertiste. Vete ya."

Aturdido, me quedo mirando como agita su mano con displicencia en mi rostro como si fuera un niño petulante. Arroja lo que queda del porro en el césped cerca, se da la vuelta y procede a hurgar dentro de su camioneta. El aturdimiento se desvanece, remplazado por la furia. Furia, impaciencia y un deseo primitivo, todos rugen en mi interior mientras miro las dulces curvas de su trasero, meneándose justo como me gusta.

La desesperación se apodera de mí, eclipsando cualquier otra emoción.

A la mierda. Voy por ella.

Agarro sus caderas y me restriego contra ella, arrastrando mi dura polla entre sus nalgas. Bella deja escapar un grito sorprendido, el sonido atraviesa mi pecho y hace arder mis muslos. Dolorosamente lento, empujo contra ella, sujetando sus caderas delgadas entre mis dedos extendidos.

"¿Sientes que esté atraído por ti?" Pregunto, pronunciando las palabras con los dientes apretados con cada movimiento de mi polla.

"¡Sí!"

"Eso es lo que pensé." Me reí de forma amenazante, humedeciendo mis labios.

Deslizo mis dedos por debajo de su bikini, dándole un rápido jalón para tentar a su coño. Bella grita otra vez, y el sonido tensa mis bolas. De forma lánguida, tiro y suelto de la tela, permitiendo que apriete su centro, que imagino está casi tan ansioso como yo.

Presiono mis pulgares en las hendiduras en la parte baja de su espalda, elogiando sus hoyuelos, fascinado al verlos situados sobre su trasero. Muchas noches las he pasado imaginando su rostro boca abajo sobre mi cama, con su trasero golpeando contra mis muslos, y mis pulgares presionando esos hoyuelos hechos justo para mí. La posición en la que está ahora no es muy diferente: boca abajo en el desgastado cuero de su camioneta, gimiendo con cada tentador jalón de su bikini.

Me aprovecho de su posición, chupando mis labios y deslizando mis curiosos dedos debajo de la tela situada entre sus calientes muslos. Pegajosa y húmeda es como la encuentro, y gimo al mismo tiempo que ella lo hace cuando mis dedos rozan su piel. Su hendidura está estrecha e hinchada, y su clítoris palpita contra mi dedo índice. Tentando su nudo hinchado, le doy lentos golpecitos y acaricio, sonriendo cuando el cálido líquido gotea de su caliente centro y cae en mi muñeca.

Paciencia, dulce niña. Te daré lo que quieres. Voy a hacer que te corras hasta que tus dedos se curveen y tu cuerpo ya no pueda soportarlo.

Introduzco mi dedo medio muy dentro de ella, y mi corazón salta al sentir la sedosa estrechez oprimiéndolo. Bella gime con cada bombeo y giro de mi dedo, el sonido sorprendentemente alto una vez que añado otro. Agarro su cabello con mi mano libre, retorciéndolo en mis dedos, complacido con los lloriqueos que salen de su boca. Sonidos húmedos y pegajosos llenan el aire, estoy demasiado concentrado en complacer a la chica frente a mí para que me importe cualquier otra cosa. Aun así, la silencio, diciéndole que se quede callada, pero me ignora como siempre. Utilizando mi frustración como ventaja, la follo aún más profundo con mis dedos, deteniéndome de vez en cuando para darle golpecitos a ese insaciable nudo suyo.

El silencio finalmente llena el aire, con un grito mudo congelado en su rostro sorprendido. Las paredes de su coño se contraen y succionan mi mano que aún está ahí, chorreando con un giro tentativo de mi dedo índice en ese lugar esponjoso que encuentro.

Bella cae sobre los asientos rotos de su camioneta y no dice nada. El silencio es ensordecedor, incluso en el breve instante que dura. Me alejo, cuestionándome. Siempre cuestionándome.

Y digo algo estúpido.

Entonces me marcho.

~c00ch~

Entre la casa de Newton y la mía, me recrimino una y otra vez, abofeteándome en mi interior por hacer un tonto chiste de 'hermana' después de no desear nada más que complacer a Bella.

Y complacerla fue lo que hice.

Lo sentí entre sus piernas, en la forma en que chorreó cálidamente en torno a mis dedos enterrados en lo más profundo de su coño. Lo escuché en los gritos estrangulados, en la forma en que maldijo y lloriqueó mi nombre. Leí todas las señales y aun así hice una tonta pendejada al decir el chiste incestuoso.

Un chiste incestuoso.

Demonios, ni siquiera es como si estuviéramos relacionados. Y puede que nuestros padres nunca se casen. Aun así, si es que siquiera existe una pizca de atracción de ella hacia mí, sé que a Bella debe preocuparle esa mierda. Las cosas son diferentes de dónde ella viene. Las vacaciones de primavera duraron una semana, pero bien podría haber sido un año. El tiempo se mueve más lento en el Sur. La gente me miraba abiertamente boquiabierta mientras caminaba por la playa, joven y ya marcado de por vida con recuerdos de mis mejores y peores momento tatuados permanentemente en mi piel. Mis piercing resplandecían bajo el sol sureño como faros para ojos entrometidos. Y como si eso no fuera suficiente para decirme lo estrechos de miras que eran algunas de esas personas, las palabras de Carlisle explicaron las cosas bastante bien.

Sin embargo, apretando mis dientes detrás del volante de mi Volvo heredado, ya me importa una mierda lo que la gente piense. Todo lo que me importa es ella, lo que ella piense, cómo me vea ella, y si me perdona por dejarla con tanta ligereza en la fiesta de Newton. Así no era como quería que terminara nuestra noche juntos, y no lo hará. Nuestros padres están fuera de la ciudad, y todavía hay tiempo.

Sobrepaso el límite de velocidad, atravesando las abandonadas calles. El reloj marca que pasa de la medianoche, pero eso es temprano para un insomne como yo. Y sé a ciencia cierta que Bella no está dormida. Si mi intuición no es lo bastante convincente, la silueta de mi chica pasando por la ventana de la sala iluminada por la lámpara lo es.

Bella está dando vueltas en la cocina cuando entro. Suenan ollas y sartenes, y sartas de maldiciones atraviesan el denso aire. Sin hacer ruido, cierro la puerta principal detrás de mí y atravieso sigilosamente la casa, siguiendo los sonidos hasta que estoy parado en la entrada de la cocina. Paso mi mano perezosamente por mi pecho, frotando distraídamente la opresión sobre mi corazón.

Todavía con ese diminuto bikini puesto, Bella arroja un sartén a la estufa. La luz del refrigerador ilumina momentáneamente la habitación, emitiendo un resplandor sobre las generosas curvas de su cuerpo. Las palabras que quedaron sin expresarse se alojaron en mi pecho. Esta es una primera vez para mí, buscando la atención de una chica. Normalmente, ellas vienen a mí, pidiendo cosas que algunas veces les doy.

Les daba. Nada desde que ella llegó.

No hay nada ahí cuando miro a los ojos de otra chica. No hay chispa, no hay conexión, ni la sensación de perder algo que ya no existe. Ha sido de esa forma desde el día que conectamos dentro de mi coche, yo por la muerte de mi madre, ella por la ausencia de su padre. Ese día todavía atormenta mi mente. Bella no es caprichosa. A ella no le importa nada perseguirme, no le importa nada embellecer sus palabras para convertirse en alguien que no es. Ella es franca, algunas veces metiendo el pie en su pequeña boca. Intenciones subyacentes no existen cuando se trata de ella. Es solo Bella.

Perfecta.

Dos huevos descansan dentro de sus manos rodeados por sus pequeños dedos. El verano todavía perdura en su carne bronceada por el sol, bañando su piel en un suave resplandor como la miel. Estoy seguro que sabe igual de dulce como el jugo que chupé de mis dedos de camino a casa. Con suerte, me dará otra oportunidad de degustar esa deliciosa piel.

Bella no me escucha. No me escucha quitarme los zapatos, y cruzar el piso de mármol. Perdida en sus propios pensamientos, mira a los huevos hasta que mis manos encuentran su hogar en su cintura. Con su cuerpo rígido, se queda inmóvil, inhalando profundamente. Entierro mi rostro en su cabello, oliéndola, posando mis labios contra la grácil curva de su oreja.

"Bella," murmuro.

Tan rápido como se quedó inmóvil, repentinamente está en movimiento, dejando caer los huevos al suelo y alejándose a trompicones. Me doy la vuelta, con la boca abierta cuando agarra una espátula de un cajón cerca y la agita en mi dirección.

"Retrocede, pendejo." Bella mueve el utensilio negro como una espada, cortando el aire.

"¿Qué demonios?" Levanto mis manos en defensa, con las palmas hacia el frente y doy un paso hacia ella.

"¿Qué demonios estás haciendo?"

"Mantén tu distancia, tú, tú, hombre trasero." Más movimiento con la espátula. Me rio al ver la arruga en su ceño fruncido, la determinación en sus ojos.

"Te sugiero que bajes esa espátula, a menos que quieras que te nalgueé con ella." Meneo mis cejas, regocijándome al ver su cara roja.

"Cómo te atreves," dice, exhalando cada palabra con aliento exasperado. "Cómo te atreves a hacerme eso, tocarme de la forma en que lo hiciste, para luego bromear así. Te marchaste como si no fuera nada. ¡Nada! ¿Es así como funciona normalmente para ti, Cullen? ¿Follas a una chica con tus dedos, dices un chiste y luego la dejas?"

"No hagas eso," digo, mi humor remplazado por irritación. "No vuelvas a llamarme Cullen. Sabes que ese no soy yo."

"¿Cómo lo sé?" Pregunta, y que me jodan si no tiembla su labio inferior. El arrepentimiento atraviesa mi pecho disparándose por mis venas cuando usa su mano libre para limpiar su rostro.

Mierda, ella… ¿está llorando?

"Lo sabes, Bella." Enfatizo cada palabra, avanzando, cada vez que ella da un paso atrás. "Lo sabes."

"Ya no sé nada," grita, dándose la vuelta y alejándose dando pisotones.

"Oye, no te alejes de mí. Estoy tratando de disculparme."

"Mira bien mi espalda," responde, escupiendo las palabras, marchando hacia la escalera que conduce a la planta de arriba. "¿Cómo se siente? ¿Ver que alguien se marcha?"

"Se siente como la mierda, ¿de acuerdo? Detente, lo entiendo." Agarro su muñeca, pero se aleja tambaleándose, subiendo los escalones dos a la vez. "No me hagas perseguirte, Bella. Porque lo haré."

Mis palabras hacen que se tropiece a mitad de las escaleras. Se cae de manos y rodillas, maldiciendo, con su trasero peligrosamente cerca de mi rostro. El bikini se ha introducido cada vez más en la curva de su hendidura, tentándome. Deja escapar un chillido cuando mi mano se cierra alrededor de su tobillo, y la arrastro hacia mí.

De algún modo, su pie asesta un fuerte golpe en mi pecho, empujando dolorosamente el aro de mi pezón hacia el músculo debajo de mi piel. Suelto su tobillo para sobar el área, sacudiendo mi cabeza cuando se pone de pie de un salto y echa un vistazo por encima de su hombro. Ya no hay ira en su rostro. En vez de eso, la incertidumbre nubla sus ojos. Lamiendo su labio inferior, da un paso hacia atrás.

Mi mirada recorre su cuerpo, admirando los diminutos triángulos ocultando sus pechos, posándose en el pequeño trozo de tela metido entre sus piernas. Hay una mancha húmeda en la tela, el color azul ahí mucho más intenso que el de la tela circuncidante. Un instinto primitivo entra en acción y subo poco a poco los escalones, cada movimiento ágil y determinado. El miedo que crece en sus ojos solo me impulsa hacia adelante.

Bella continúa subiendo los escalones hacia atrás. Una vez que su pie está en el piso del pasillo, se da la vuelta, con la espátula todavía sujeta en su mano. Salgo disparado tras ella, maldiciendo cuando la puerta de su recámara aplasta mis dedos. Gruñendo, la abro de un empujón, sonriendo al ver la forma en que su cuerpo tiembla bajo mi mirada.

"Esta noche te di la espalda, pero tú siempre, siempre te alejas de mí, Bella." La parte de atrás de sus rodillas toca la cama, y se sienta, con sus ojos amplios y su boca abierta. Agarro el poste de metal blanco de su cama entre mis dedos y cierro mis ojos, dándole un ultimátum. "Si quieres que me vaya, lo haré. Pero te juro por Dios, Bella, que volveré. Y seguiré regresando porque ya no puedo mantenerme alejado de ti."

Bella no dice nada. La atmósfera se satura con nuestras pesadas respiraciones. Abro mis ojos, eludiendo su mirada. La fijo en una foto metida en el espejo de su tocador.

Es una foto de mí, cargándola al subir las escaleras de la casa de Angie la noche que ella se quedó dormida ebria en el coche de Emmett. Fue la misma noche que bailé con ella, sin que se diera cuenta porque ella nunca abrió los ojos, ni una sola vez.

"Hay cientos de razones por lo que esto está mal." Hizo un gesto entre nosotros mordisqueando su labio inferior.

"No me digas por qué está mal que estemos juntos." Me obligo a mirarla, apretando el metal con tanta fuerza que el dolor se dispara por mi brazo. "Dime por qué está bien."

Bella se mueve en la cama. El tiempo pasa lentamente, el tic-tac de un reloj por ahí tocando al ritmo de mi corazón alguna vez muerto.

"No soy del tipo de chica que se usa y se descarta," susurra ella, con sus mejillas enrojecidas. Dios, es hermosa.

"Nunca creí que lo fueras." Le respondo fácilmente, soltando el poste de la cama y acercándome a ella, casi con timidez. Esta chica sostiene mi corazón en su mano, y ni siquiera lo sabe. Un movimiento y lo destruirá, rompiendo completamente la superficie ya desquebrajada.

"¿Qué quieres?" Pregunta, repitiendo las mismas palabras que le dije en la fiesta de Newton. Ni siquiera tengo que pensar en mi respuesta.

"A ti."

Me muevo lentamente entre sus rodillas abiertas y sus muslos se abren más. La espátula cae de sus dedos, abandonada sobre las sábanas blancas que quiero ensuciar con nuestro sudor. Bella se arrastra hacia atrás sobre la cama, con sus mejillas todavía rosadas, sus ojos aún inseguros. Los resortes de la cama rechinan bajo mi peso, mis rodillas y mis manos siguen avanzando por el suave colchón. Gateo sobre su cuerpo, agasajándome con las oleadas de calor debajo de mí.

"Te quiero aquí." Suavemente, presiono la palma de mi mano sobre su corazón, mi férrea mirada sostiene la suya intensa. Moviendo mi mano un poco más abajo, tomo su pecho, sonriendo cuando su pezón roza mi palma. La cabeza de Bella cae hacia atrás contra las almohadas y su pecho se eleva, buscando mi mano. Hago a un lado la tela y juego con su pezón, alargando el rosado capullo entre mis dedos.

"Y te quiero aquí," digo, sosteniéndole la mirada y soplando aliento caliente sobre su teta. Giro mi lengua alrededor de su pico endurecido, cubriendo la superficie de su carne fruncida con mi húmeda lengua. Las piernas de Bella se abren más, y descanso mi peso entre ellas, dando un pequeño empujón contra su coño, desesperado por aliviar un poco de mis ansias.

Se eriza la piel de su pecho y abdomen, y la alivio con mi lengua dejando abandonado su pezón. Bajó a un más por la cama, con mi rostro más cerca del lugar entre sus piernas. Sus dedos se meten en mi cabello, tirando de las hebras y enviando una sensación a la boca de mi estómago. Bella gime mi nombre, forzando avariciosamente a mi rostro a acercarse más a su calor. Soplo mi cálido aliento, luego inhalo su aroma. Está en el aire, suplicándome por una probada. Los cordones de su bikini se sueltan fácilmente con un firme tirón. Curveo mis dedos bajo la tela y la arrojo a un lado, delirando por mi ansiedad de probarla.

Beso el interior de sus muslos, dejando un sendero húmedo y soplando aliento caliente con cada beso. Su piel se estremece bajo mis labios diciéndome lo afectada que está por mis caricias. Empujo mis caderas contra el colchón, igual de afectado que ella. Poco a poco, me tomo mi tiempo, moviendo mis labios y mi lengua sobre la delicadeza de sus muslos, abriendo aún más sus esbeltas piernas entre más me acerco a su coño.

"Y te quiero aquí." Le digo, bajando la vista a su coño.

Piel tersa y húmeda y una pequeña hendidura rosada resplandece entre sus piernas. Mi nariz empuja su montículo, mis labios dejan un beso casto en su hinchado nudo. El cuerpo de Bella se sacude y ella gime, tirando dolorosamente de mi cabello entre sus dedos. Pecaminosamente lento, saco mi lengua y la presiono contra su clítoris, rozando ligeramente el nudo. Meciendo sus caderas, Bella monta mi rostro, maldiciendo bajo su aliento. Me prendo de ella, succionando su clítoris en mi boca. Alejo mi boca, soltando la piel rosada y arrugada antes de consumirla una vez más. Una humedad pegajosa cubre mi lengua, pero no es suficiente. Quiero que chorreé, de la misma forma en que lo hizo en la fiesta de Newton.

Siento que mi polla está lista para explotar, así que deslizo una mano bajo mi bañador y la envuelvo con mis dedos. Chupando su coño y bombeando mi polla, imagino que mi mano es su caliente centro, agarrándome con tanta fuerza como a los dos dedos que introduzco en su interior.

Bella se levanta sobre sus codos, sus ojos amplios cuando me ve acariciarme bajo mi bañador. Lamo el largo de su hendidura, riéndome entre dientes cuando mi lengua viaja demasiado lejos, haciéndola saltar. Moviendo mi lengua rápidamente contra su clítoris, meto dos dedos en su lloroso centro. Curveándolos, la toco donde me necesita, en ese lugar en lo más profundo, oculto e ignorado. Bella se derrumba, su coño ciñéndose sobre mis dedos con un ritmo constante. Un líquido caliente sale y cae en la cama, deslizándose por la curva de su trasero.

El cuerpo de Bella se relaja, sus ojos con sus párpados pesados siguen fijos en los míos. Suelto mi polla y me pongo de rodillas al mismo tiempo que ella se levanta de la cama. Enganchando sus dedos en la cintura de mi bañador, lo baja despacio. Mi polla se atora en la tela antes que ella la libere. El bañador cae a mis rodillas y ella solo se sienta y mira, durante tanto tiempo que yo envuelvo mis manos descaradamente en la base y le doy un firme tirón. Las perlas de líquido preseminal en la punta, gotean hacia la cabeza.

Cerrando la distancia entre nosotros, ella gatea por el colchón hasta que está perfectamente colocada cerca de mi polla. Nuestros ojos se quedan fijos y ella aparta mi mano, remplazándola con la suya. Obscenidades saturan el aire, las maldiciones arrastran entre mis labios. Bella bombea mi polla desde la base a la punta, usando el líquido preseminal que gotea de la punta, y yo aprieto los dientes y cierro mis ojos, a medida que mi mente se pone cada vez más confusa. Algo caliente y duro roza la hendidura en la punta. Mis ojos se abren de golpe justo a tiempo para verla tomarme en su boca, dando arcadas alrededor de mi longitud y posiblemente el acero perforando mi polla.

"Mierda, no tienes que hacerlo." Meto mis dedos en su cabello, alejando su cabeza.

Jodidamente testaruda, baja aún más, aplicando una succión más firme que casi hace que me corra al instante. Con cuidado, empujo dentro de su boca, gimiendo su nombre y jadeando cuando sus manos agarran mis bolas. Saliva escurre por mi polla, capturada por su mano que usa para bombear donde su boca no puede alcanzar. Follo su boca con cuidado, lamiendo lo que quedó de ella en mis dedos cuando sus ojos miraron a los míos. Gimiendo en torno a mí, me toma más profundo, rozando delicadamente sus dientes sobre mi necesitada polla.

Las vibraciones de sus gemidos me atraviesan, liberando algo caliente que arde en mi vientre. Le advierto, pero ella no retrocede, incluso cuando trato de empujar su rostro. Entierra sus dedos en los músculos de mi trasero, tirando de mí hacia adelante, succionando con más fuerza, más rápido. Digo su nombre con mis dientes apretados, tocando el fondo de su garganta y corriéndome dentro de su persistente boca.


(1) Soplar el humo del porro en la boca de alguien más mientras ella lo inhala. Casi como un beso, aunque en realidad no lo es ;)


¿Quería saber alguien qué pensaba Edward? Pues aquí lo tienen, y… tan romántico, romántico, no nos resultó el muchacho jajajaja. ¡Pero bueno, al menos por fin sacaron la cabeza de su trasero! Al fin Cooch consiguió lo que tanto quería y obviamente, Edward y Bella también jejeje. Nos alegramos por eso, pero evidentemente esto es solo el principio, porque, ¿qué dirán sus padres cuando se enteren? ¿O Jasper? Todavía tienen mucho que enfrentar nuestra parejita, y aunque ya calmaron un poco su lujuria, todavía les queda mucho que hablar a estos dos. Espero que hayan disfrutado de este capítulo y por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció y poder leer pronto el siguiente. No olviden, POR FAVOR, que sus reviews es el único pago que recibimos por hacer esto para su diversión, y no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo, escribir unas cuantas palabras sobre el capítulo, un gracias, un saludo o solo una carita feliz en el cuadrito al final del capítulo, y enviar. Ni siquiera tienen que registrarse en FF. Pero leer sus palabras, saber qué leen y disfrutan de la historia, nos anima a seguir compartiendo historias como esta con ustedes. No lo olviden.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: jupy, ClaryFlynn98, GZarandon, angryc, somas, Paola Lightwood, paupau1, Jess Amador, Mapi13, JessMel4, NaNYs SANZ, Lectora de Fics, Cassandra Cantu, PRISOL, Tata XOXO, mrs puff, Isis Janet, Car Cullen Stewart Pattinson, Jade HSos, Aislinn Massi, Lizdayanna, miop, OnlyRobPatti, Kell Masen, ximena black, Vianey Cullen, krisr0405, belen2011yani, bealnum, EriCastelo, MajoRed, Manligrez, bbluelilas, Noriitha, LadyRedScarlet, Mio1973, E-Chan Cullen, NarMaVeg, Mafer, Cinti77, Liz Vidal, Ali-Lu Kuran Hale, Lady Grigori, glow0718, tulgarita, BereB, dobleRose, saraipineda44, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, espero que muy pronto. DEPENDE DE USTEDES.