—Buenos días mamá.
—Buenos días cielo, ¿has dormido bien?
Era una mañana tranquila en Pueblo Primavera, aunque lo raro sería que no lo fuera ya que si había algo que caracterizaba a ese pueblo, aparte de ser el lugar donde se encontraba el laboratorio del profesor Elm y el punto de partida de muchas aventuras, era la gran calma que siempre reinaba. Los rayos de Sol salían tímidamente de entre las montañas y la ligera brisa matutina acariciaba las ramas de los árboles, indicando el comienzo de un nuevo día.
—Sí, aunque he vuelto a tener ese sueño extraño.
—¿Ese en el que estás en medio del mar rodeada de remolinos y se te aparece la silueta de un gran Pokémon? —La morena asintió y un par de segundos después los ojos de la señora Soul se iluminaron, como si acabara de recordar algo muy importante— Ah, hablando de Pokémon, Eco ha venido. Estaba buscando a su Marill así que si le ves avísale y el profesor Elm me ha pedido que vayas a su laboratorio, me ha dicho que quería pedirte un favor, ya te explicará los detalles cuando llegues. Tienes la bolsa con tu ficha y cuaderno en el pomo de la puerta para que no se te olvide.
—Vale, acabo de desayunar y voy.
Tras tomar el último trago de leche Mu-mu, lavarse los dientes y ponerse su gorro favorito Lira estaba lista para emprender su pequeño trayecto al laboratorio. Al salir de casa estiró los brazos y cerró los ojos, dejando que el ligero rumor del río que pasaba cerca de su casa y en el cual se bañaba con Eco cuando eran pequeños (y no tan pequeños) acabara de despertarla.
Bueno, será mejor que vaya ya.
—¡Marill ma!
Antes de que pudiera dar el primer paso algo blandito y azul chocó contra sus piernas. La morena miró hacia abajo y no se sorprendió nada al ver qué era.
—Eh pequeñín, ¿Eco te ha vuelto a perder? —El Pokémon asintió algo malhumorado y Lira no pudo evitar reír— Tengo una idea, ¿qué te parece si te llevo al laboratorio conmigo y cuando se te haya pasado el enfado le buscamos? —A Marill pareció encantarle la idea ya que no tardó ni un segundo en saltar a sus brazos.
—¡Buenos días! —saludó energéticamente al llegar a su destino, y uno de los ayudantes del profesor le devolvió el saludo con el mismo entusiasmo.
—Buenos días Lira, el profesor está al final, como siempre.
—Perfecto, gracias —Ya podía verle desde la entrada, enfrente del ordenador y rodeado de pilas de papel que requerían su atención más inmediata. No fue hasta que le tocó suavemente el hombro que él se dio cuenta de su presencia.
—Buenas profesor.
—Ah Lira, aquí está la chica que quería ver —Antes de que pudiera proseguir un sonido procedente de la entrada hizo que ambos giraran la cabeza hacia la puerta.
—Profesor, ¿ha visto a mi Pokémon? Lo he buscado por todo el pueblo y no lo encuentro —dijo un chico pelinegro y con semblante preocupado mientras irrumpía en el laboratorio. Empezó a rebuscar por todas las estanterías, e incluso llegó a mirar en la papelera, y no paró hasta que miró los brazos de su amiga— ¡Marill! Qué susto, no vuelvas a escaparte.
—¿Escaparse? —La morena dejó al Pokémon en el suelo para que se fuera con su entrenador. Después fingió haberse enfadado— La culpa es tuya, a ver si tienes más cuidado.
—Ja, habló. ¿Quién dejó a su madre encerrada en la cocina y no se dio cuenta hasta que le entraron ganas de comer y fue a ver por qué tardaba tanto la cena? —Eco sacó la lengua a modo de burla, y si Elm no hubiera llegado a intervenir a tiempo seguramente esas hubieran sido las últimas palabras del joven.
—Bueno Lira, ¿no quieres saber por qué te he llamado?
—Nada me haría más feliz ahora mismo —El profesor se levantó y la guió hasta un mostrador donde habían tres Poké Balls con un pequeño letrero y una imagen al lado de cada una. Elm se paró enfrente.
—Como bien sabrás estoy llevando a cabo diversas investigaciones, que aunque son muy diferentes entre sí tienen una cosa en común: el objeto de estudio son los Pokémon. Últimamente todos los llevamos cómodamente en Poké Balls pero hay gente, como Eco, que prefiere llevarlos fuera y disfrutar de su compañía, así que una noche mientras acababa de redactar las conclusiones de un experimento pensé: si los llevamos a nuestro lado, ¿se formaría algún sentimiento o vínculo especial con sus entrenadores? ¿Podría llegar a afectar a su desarrollo? Y es ahí donde entras en escena —Elm extendió el brazo y señaló las Poké Balls—. Elige uno.
—¿Q-qué? —Lira había dejado de prestar atención cuando el profesor dijo "investigaciones", así que ahora que la estaba mirando no sabía si tenía que responder a alguna pregunta o hacer algo.
—Elige uno. No te preocupes, he hablado con tu madre y está de acuerdo —Al escuchar eso y ver qué estaba señalando exactamente la morena intuyó qué es lo que quería que hiciera. Sus ojos se agrandaron, y tuvo que preguntar para asegurarse de que lo había entendido bien y no meter la pata.
—¿Puedo?
—Claro mujer, te he llamado para eso.
—¿En serio? ¡Ah, mi primer Pokémon! ¿Es esto un sueño? Aún no soy capaz de procesarlo, Eco pellízcame.
—¿Seguro?
—No, que me haces mucho daño —Con una sonrisa equiparable a un Snorlax Lira se acercó a leer los letreros informativos—. A ver, qué tenemos por aquí.
Chikorita.
Especie: Hoja.
Tipo: planta.
Habilidad: Espesura.
Débil ante: tipo fuego, veneno, hielo, bicho y volador.
Fuerte contra: tipo agua, tierra y roca.
Descripción: sus hojas aromáticas son capaces de medir la humedad y la temperatura.
Totodile.
Especie: Fauces.
Tipo: agua.
Habilidad: Torrente.
Débil ante: tipo planta y eléctrico.
Fuerte contra: tipo fuego, tierra y roca.
Descripción: es pequeño, pero violento. No dudará en morder cualquier cosa que se mueva cerca.
Cyndaquil.
Especie: Ratón fuego.
Tipo: fuego.
Habilidad: Mar llamas.
Débil ante: tipo agua, tierra y roca.
Fuerte contra: tipo planta, hielo, bicho y acero.
Descripción: suele estar acurrucado. Si se enfada o asusta, lanzará llamas por su lomo.
—Jo, no sé a cuál elegir —Chikorita parecía ser el más mono de los tres, pero tenía muchísimas debilidades y Lira no sabía si sería capaz de hacer que llegara muy lejos. Totodile era el que menos problemas tenía pero esos colmillos afilados le preocupaban un poco, y Cyndaquil parecía una bolita de pelo que la podía calentar en invierno, punto a su favor ya que odiaba el frío, pero era débil frente al agua y a Lira le encantaba bañarse cada vez que tenía la oportunidad. Todos tenían sus pros y sus contras, una elección difícil sin duda.
—Tranquila, tienes todo el tiempo del mundo, es una elección sumamente importante así que piénsalo bien.
Pasaron varios minutos, y al final se dejó llevar por las apariencias, la sonrisa de Totodile la había enamorado desde el minuto uno y estaba segurísima de que era con quien mejor se llevaría, si es que no le daba por morderla.
—Parece que todos son muy buenos, pero me voy a quedar con Totodile.
—Muy bien, pues adelante, sácalo —Lira agarró la Poké Ball y presionó el botón que tenía en el centro. Un haz de luz azul salió y segundos más tarde se materializó en un pequeño reptil.
—Toto —Totodile apareció agachado y después se levantó, alargando sus pequeños bracitos, intentando hacer una entrada triunfal—. ¡Dile!
—¡Aaaah! ¡Qué mono eres! Venga, ven con mami —Lira se arrodilló y extendió los brazos para que Totodile fuera corriendo a abrazarla, y fue corriendo, pero no para estar con ella.
—¡Toto! —Pasó de largo y se aferró a los bajos del pantalón del Profesor Elm, causando la risa de Eco.
—¡JAJAJA! ¡Ni los Pokémon te quieren!
—¡Oye!
—Es normal Eco, hasta el momento yo había sido el encargado de cuidarle, por eso ha venido conmigo porque soy como su padre, lo que quiere decir que la Poké Ball no establece un vínculo emocional, interesante —En medio de su reflexión el ordenador emitió un pitido—. Vaya, me ha llegado un e-mail. Voy a ver quién es, toma Lira —Ella se levantó y el profesor dejó a Totodile en sus brazos. Lira puso una mueca de enfado pero al ver su sonrisa y su mirada de embobado desapareció cualquier rastro de sentimiento hostil hacia el Pokémon. Era demasiado adorable, no podía enfadarse con él.
—Ay, este Sr. Pokémon —Se quejó Elm, atrayendo así la atención de los entrenadores.
—¿Pasa algo profesor?
—No, nada importante Eco, es solo que siempre está investigando cosas extrañas y se emociona muchísimo cada vez que descubre algo. Me acaba de decir que ha hecho un hallazgo bastante importante y que le gustaría que le echara un vistazo, seguramente se trata de otro huevo Pokémon. En cualquier caso no puede moverme porque estoy dirigiendo una investigación y tengo una montaña de trabajo, así que Lira, ¿qué te parece si vas en mi lugar? Creo que si llevas el Pokémon a tu lado no tardaréis mucho en llevaros bien.
—Me parece genial profesor.
—Perfecto, vive yendo hacia el norte de Ciudad Cerezo. En caso de que tu Pokémon se haga daño puedes curarlo con esa máquina de ahí, es un dispositivo que controlo fácilmente con mi PC y si hablas con mi ayudante te dará unas pociones. Me haces un gran favor yendo hasta allí, gracias.
—Gracias a usted por haberme dado al Pokémon, ¿estás listo? —Totodile asintió energéticamente y Lira sonrió— Pues vamos granujilla, ¡en marcha!
—Vaya vaya, así que este es el famoso laboratorio de Elm. Pues menuda birria, pensaba que sería más grande —susurró Silver al asomarse por la ventana. Le había costado lo suyo llegar, pero por fin lo había logrado. Pueblo Primavera, un diminuto punto en el mapa de Johto, insignificante para él sino fuera porque era el único lugar en el que podría conseguir un Pokémon más o menos decente. Bueno, eso si esos malditos chicos se iban y le dejaban robar en paz. Y más les valía irse pronto porque ya tenía la vocecita de Carol en el fondo de su cabeza diciéndole que robar estaba mal, algo que siempre le había extrañado. Si había estado desde pequeña en el Team Rocket, ¿por qué no era como los demás? ¿Por qué siempre intentaba hacer el bien?
—Pues vamos granujilla, ¡en marcha! —Una voz femenina le sacó de sus pensamientos, y al volver en sí Silver vio que los entrenadores ya se iban.
—Por fin, sois más lentos que un Slowpoke —Respiró hondo y cerró los ojos, hacía mucho que no cometía un acto delictivo y estaba algo nervioso, pero pronto se calmó. Era un simple profesor y su ayudante, no había de qué preocuparse, y si no estaba centrado al final acabaría metiendo la pata.
—Hola, no pareces de por aquí, ¿te has perdido, puedo ayudarte en algo?
Santa madre de Arceus. Los ojos del pelirrojo se abrieron como platos y las pulsaciones le subieron en un santiamén. Cuando se dio la vuelta y vio que era la chica del laboratorio casi le da algo. La sangre le empezó a hervir y no pudo evitar ponerse agresivo.
—¿Se puede saber qué demonios haces aquí? —Preguntó malhumorado mientras le daba un empujón— Piérdete, y déjame en paz.
—Vale vale, qué arisco, solo quería ayudar —Su Totodile le gruñó y él simplemente le sacó el dedo corazón, ¿de verdad pensaba que le iba a asustar? Lo que tenía que aguantar.
—Genial, ya me he desconcentrado —El pelirrojo escupió y le dio una patada a un árbol cercano en un arrebato de ira. Por qué no paraba de encontrarse con idiotas. Agarró una piedra cercana y sin pensárselo dos veces contó hasta tres antes de lanzarla y romper el cristal de la ventana.
CRASH.
Blanca era muchas cosas, pero no era tonta. Sabía que en su ciudad pasaba algo, que cuando esos tipos de uniforme negro llegaron muchas cosas cambiaron de la noche a la mañana, y no para bien. El director de la Torre Radio parecía otra persona, y estaba segura de que se traían algo entre manos en el Subterráneo, con su llegada el ambiente se enrareció y si de por sí era un lugar al que se recomendaba no bajar con ellos rondando aún menos. Por eso decidió hacer un pequeño trabajo de espionaje y ver con sus propios ojos qué se cocía bajo tierra, por desgracia sin una llave que le abriera la dichosa puerta no fue capaz de hacer gran cosa.
—No.
Por eso se encontraba en Ciudad Iris, para ver si Morti era tan amable de prestarle uno de sus Pokémon, y al parecer no lo era. Blanca se cruzó de brazos mientras le dirigía una fría mirada, pero él ni se inmutó.
—Por qué no.
—Porque lo que quieres hacer es ilegal.
—No es ilegal.
—Hasta donde yo sé el allanamiento es ilegal.
—No sería allanamiento, el Pokémon atravesaría la pared y me diría lo que ha visto en el otro lado, ya está. Vamos Morti, serán unos minutos y es para quedarme tranquila, vamos por favor.
—No.
—Porfa.
—No.
—Porfa.
—No.
—Porfa.
—Te he dicho que no, y si no tienes nada más importante que decir hay alguien que quiere combatir contra mí.
—Vale, suerte —Tras despedirse la pelirosa salió del gimnasio y sonrió, acariciando la nueva Poké Ball que estaba en su poder. Morti podía llegar a ser tan despistado a veces—. La necesitarás con un Haunter menos.
(Siento haber tardado tanto en actualizar pero estaba hasta arriba de exámenes y trabajos y no quería subir un capítulo mal hecho y con prisas, intentaré no demorarme tanto con el próximo. Como siempre espero que os haya gustado.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
