Algo... no iba bien.
El líder del clan de Ciudad Endrino frunció el ceño, parecía que su viejo amigo de Ciudad Iris tenía razón. Hacía tiempo que no tenía esa sensación, esa espantosa y terrible sensación de que el equilibrio estaba a punto de romperse. Su intuición, por suerte o por desgracia, siempre daba en el clavo, y por primera vez en su vida se encontró rezando para que esta vez se equivocara.
—¿Pasa algo abuelo? —preguntó Débora al ver su expresión. El anciano acarició su larga barba blanca, pensativo, no quería alarmar a su nieta innecesariamente pero tampoco quería mentir.
—No, nada, es solo que tengo el extraño presentimiento de que algo horrible va a ocurrir.
—¿Sí? ¿No te lo estarás imaginando? —Ah, claro, ya había olvidado lo escéptica que era ante sus corazonadas.
—No lo sé, puede, pero ya me advirtió Shin hace unos meses de que algo sucedería.
—Mmm, el abuelo de Morti, ya veo —La líder hizo un sonido de desapruebo y negó con la cabeza—. Pues vaya, sí estamos bien, los líderes de los clanes más poderosos de Johto están empezando a delirar.
—¿Delirar? ¿Por qué dices eso mi querida Débora?
—Porque ahora mismo Johto está muy tranquila, ¿no ves las noticias? El índice de criminalidad está alcanzando mínimos históricos, es imposible que algo malo vaya a pasar.
—Ya veo, ¿y eso no te inquieta, que de repente todo esté tranquilo?
La peliazul alzó una ceja, no era capaz de entender a su abuelo. Por una vez todo iba bien, ¿por qué no era capaz de relajarse?— A dónde quieres llegar.
Ryuu se levantó y se asomó a una ventana cercana. Había pasado la mayor parte de su vida en la Cueva Dragón, meditando, para perfeccionar su extraña habilidad (no le gustaba llamarlo poder) al máximo y evitar así que le fallara en momentos cruciales. Negar lo que sentía sería como echar a perder todos esos duros años de esfuerzo, y eso era algo inconcebible, imperdonable. Su orden fue alta y clara.
—Llama a Lance, tengo que hablar con él urgentemente.
—No me lo creo, se me han borrado todos los contactos —Lira maldijo al reparador cuando al encender su móvil vio que no tenía a nadie registrado y había perdido todo lo que tenía apuntado. También se maldijo a sí misma por tonta, tendría que haber hecho una copia de seguridad—. Bueno, por lo menos mamá y Elm ya me han dado su número, en realidad no necesito a nadie más —Lo guardó en el bolso y dirigió toda su atención a la pequeña fuente de energía azul que iba corriendo de un lado a otro—. ¿No te cansas de perseguir Pidgeys? Alguno se asustará y te arreará un buen Picotazo —Él negó con la cabeza y ella rio, parecía tan feliz, un cabeza hueca feliz.
El Sol brillaba con fuerza y eso era algo que la joven empezaba a notar. Se limpió el sudor de la frente con el antebrazo y suspiró, tendría que haberse traído una botella de agua fría pero como en Pueblo Primavera estaban los molinos no había notado el ascenso de las temperaturas.
—Uf, menudo calor, como esto siga así me derretiré antes de llegar a Ciudad Cerezo —Ciudad Cerezo, el lugar favorito de su infancia. Todas las tardes después de comer, durante varios veranos, su familia y la de Eco solían ir a la playa a refrescarse un poco. Buenos tiempos aquellos. Totodile sonrió maléficamente al escucharla y decidió hacerle un favor probando su nuevo Pistola Agua en ella. La morena respondió con un grito primero seguido de una retahíla de maldiciones, pero no tardó en reírse a carcajadas.
—¡Totodile para, el Señor Pokémon no me puede ver así y no pienso volver a casa! —Totodile rio y se adentró más en la ruta, parecía que estaba juguetón hoy. La sonrisa de Lira creció, sin duda había escogido al mejor Pokémon, al más acorde con su personalidad. Ahora estaba empapada pero por lo menos ya no tenía calor ni se sentía cansada, así que usando sus nuevas fuerzas echó a correr tras él. Este aparecía de vez en cuando, para asegurarse de que su dueña le estaba siguiendo, y luego volvía a desaparecer. En una de esas ocasiones vino con una flor rosa en la boca.
—Qué bonita, ¿para mí? Gracias —Al agarrarla e inspeccionarla de cerca Lira se dio cuenta de que ya la había visto antes. Sí, definitivamente le sonaba de algo, pero ahora mismo era incapaz de recordar de qué—. ¿Dónde la has encontrado? —El Pokémon señaló hacia su izquierda y volvió a huir. Lira le siguió y no tardó en divisar unos parterres coloridos, que señalizaban la entrada de Ciudad Cerezo. Pues claro, menuda tonta, si esa flor era casi el emblema de esa ciudad.
—Mira qué bien, si ya estamos a mitad de recorrido. ¿Te hace una carrera hasta la playa? —Totodile asintió— ¡El último en llegar es un Grimer!
—Vaya vaya, qué tenemos aquí.
La morena se detuvo al escuchar una voz proveniente de la entrada. Giró la cabeza hacia la izquierda y vio a un anciano sonriente sentado en los parterres.
—Dime, ¿eres una principiante? —Lira miró hacia ambos lados para asegurarse de que estaba hablando con ella, y aunque eso era lo que parecía preguntó para asegurarse.
—¿Está hablando conmigo?
—Jo jo jo, pues claro. Que no te avergüence querida, en algún momento se tiene que empezar, todos hemos pasado por esto. Ven, sígueme, voy a explicarte un par de cosas.
—Pues verá señor, me encantaría pero estoy en mitad de una carre... ra—Antes de que pudiera acabar la oración ya se había ido, a una velocidad sorprendente para alguien de su edad. Lira se sintió obligada a seguirle, aunque tenía muchas ganas de ganar a Totodile le sabía mal pasar de alguien que mostraba tanto interés en ayudarla. Además, a estas alturas seguro que ya habría llegado a la meta establecida.
—Esto es el Centro Pokémon, aquí podrás curar a tus Pokémon siempre que quieras y lo mejor de todo, gratis. El edificio de al lado es la Tienda Pokémon y tiene varios objetos que te resultarán útiles a lo largo de la aventura. Una curiosidad, cuantas más medallas obtengas más artículos podrás comprar. Normalmente tienen el mismo aspecto en todos los lugares, pero los de Ciudad Malva son diferentes para no desentonar con la arquitectura del lugar —Cuando Lira había conseguido llegar el anciano se fue corriendo al mar, haciendo que la joven se arrepintiera de su decisión. Maldita hora en la que decidió correr, no llevaba unas zapatillas adecuadas y eso le estaba pasando factura, ahora solo podía ir andando o acabaría con una rozadura—. ¡Vamos! ¿Por qué tardas tanto? Mira, esto es el mar, una preciosidad, ¿no te parece? Los de tipo Agua se lo pasan pipa y su belleza es solo comparable a su inmensidad —Y otra vez a correr. Si tenía prisa por qué se había ofrecido a ayudarla—. Y esta es mi casa, como te has portado tan bien y me has aguantado sin rechistar voy a hacerte un regalo —En un abrir y cerrar de ojos entró y salió de la vivienda, con una caja en sus manos. Lira la tomó y la abrió, revelando un par de deportivas—. Están calentitas, y huelen a pies —Su expresión tuvo que ser épica, pues el anciano estalló en una gran carcajada—. Es broma, son nuevecitas, siempre tengo un par para los jóvenes entrenadores que aguantan mi tour hasta el final.
—Vaya, muchas gracias señor.
—No, gracias a ti por dejarte guiar por un servidor, últimamente la juventud está tan ensimismada con la tecnología que pocos son los que me hacen caso. Disfruta de tu estancia aquí —Y con eso dicho cerró la puerta. Lira sonrió, ahora que tenía un buen calzado tardaría menos de lo esperado en completar su recado, parecía que su derrota había merecido la pena.
—¡Toto!
—Ah estás aquí, lo siento este anciano me ha pillado desprevenida, pero mira —le enseñó la caja con una sonrisa triunfal— ahora estoy segura de que te voy a ganar, ¿carrera hasta el Centro Pokémon? —Totodile sonrió y salió sin esperar a la señal— Eh, eso es trampa, tenemos que salir al mismo tiempo, y ni siquiera me has dado tiempo para ponerme las zapatillas. Oye, ¡vuelve aquí!
—Vamos, arriba gandules, ¡que no tenemos todo el día!
La luz del dormitorio se encendió de golpe, provocando las quejas de los reclutas. Carol se cubrió la cara con la sábana en un intento de bloquearla y poder dormir un poco más, elegir la parte superior de la litera ahora no le parecía tan buena idea, la luz le daba de lleno.
—¡Arriba Bella Durmiente!
Pero todas sus esperanzas de reconciliar el sueño se esfumaron cuando alguien le arrebató su barrera protectora. Al entreabrir los ojos vio, a través de la barandilla, una mata de pelo rubio, y solo le bastó eso para averiguar quien era.
—Arg, solo cinco minutos más Mary —Aunque intentó aparentar estar molesta no pudo evitar sonreír. Mary era lo más parecido que tenía a una amiga, después de Silver claro. La verdad es que no era capa de recordar muy bien cómo empezó su amistad, simplemente un día ella apareció en su vida. Aunque le había cogido cariño y la quería como si fuera su hermana, la rubia era igual de despiadada que los demás reclutas, por eso se veía incapaz de confiar plenamente en ella.
—Nope, haberte acostado antes~
—Te vas a arrepentir.
—¿Me estás amenazando? —Carol agarró su almohada y se la lanzó a Mary, dándole de lleno en toda la cara. Ella se quedó inmóvil al principio, pero luego rio mientras la recogía del suelo y se acercaba a la litera.
—Te vas a enterar —Empezó a subir las escaleras con intención de devolverle el golpe pero antes de que pudiera llegar a la cima algo la interrumpió.
—Parece ser que a algunos se les está empezando a taponar los oídos con la cera, eso o bien el otro recluta no imponía tanto como yo —dijo una voz femenina. Los reclutas dejaron de quejarse, y en un abrir y cerrar de ojos la mayoría ya estaba vestida y lista para desayunar.
—¡Buenos días señora!
—¡B-buenos días señorita Atenea!
—Sí sí, buenos días a vosotros también —Tras un par de minutos solo quedaban Mary y Carol, las únicas a las que los altos ejecutivos del Team Rocket no conseguían intimidar.
—Mary —Era gracioso, porque los ejecutivos no se molestaban en aprenderse los nombres de los reclutas, pero de algún modo todos sabían el de la rubia.
—¿Sí?
—Odio repetir órdenes, y más cuando considero que han quedado claras.
—Pero no es justo, a Carol no le has dicho nada.
—Porque tengo que hablar con ella, urgentemente, a solas, así que ya te las estás apañando para desaparecer enseguida —Oh oh, esa frase solo traía problemas. Si un ejecutivo quería hablar con alguien, urgentemente y a solas, y además tenía cara de pocos amigos, significaba que habías hecho algo mal, muy mal. Mary no tardó ni un segundo en darse media vuelta y sonreírle juguetonamente a su amiga.
—Uuuh, qué habrás hecho esta vez.
—Quién, ¿yo? N-nada, no sé por qué querrá hablar conmigo.
—Ya ya, si es que las mosquitas muertas sois las peores —Agarró un pantalón, una camiseta, la peluca rosa característica del Team Rocket y se fue—. Me cambio en los baños, no quiero interrumpir~
Cuando se aseguró de que ya se había ido y de que no había nadie en los pasillos para espiar, Atenea entró y cerró la puerta. Clavó su penetrante mirada en la pelirosa, pero no consiguió intimidarla ni lo más mínimo, estaba acostumbrada a que la tratasen así.
—Mira, lo voy a preguntar sin rodeos, dónde está Silver.
—¿Qué?
—Me has oído perfectamente, dónde está Silver —Aunque intentaba mantener la calma era obvio que estaba preocupada por él. A Carol le daba un poco de lástima, le gustaría ayudarla pero ella tampoco sabía dónde estaba.
—No lo sé.
—Mientes, algunos te vieron perseguirle cuando se escapó.
—Sí, le seguí hasta el Encinar pero nada más.
—Entonces está ahí.
—No, huyó y le perdí la pista, ya era de noche y no podía ver nada así que me rendí.
—Por eso llegaste tarde —Uf, genial, acababa de cavar su propia tumba.
—Q-quién te lo ha dicho.
—Da igual, la verdad es que me importa poco que lleguéis después del toque de queda, siempre que eso no afecte a vuestro rendimiento, pero no puedo decir lo mismo de Atlas, espero por tu bien que no se entere. Ahora vístete y prepara tus cosas, esta vez te toca ayudar a Protón así que date prisa y dirígete a Pueblo Azalea en cuanto antes —Los ojos de Carol se abrieron de par en par, ¿lo había oído bien?
—¿Protón? ¿En serio?
—¿Algún problema, tardona? —¿Algún problema? Protón era el miembro más desalmado del Team Rocket, siempre buscaba el modo de hacer beneficio con el sufrimiento de los Pokémon, pues claro que habían problemas.
—Ninguno jefa —Pero si se negaba entonces le haría chantaje, así que hiciera lo que hiciera tenía las de perder. Genial, otro día que comenzaba de maravilla.
—Por favor, que sea esta.
Lira llamó dos veces a la puerta y retrocedió unos pasos, esperando a que el dueño saliera, con equivocarse una vez de casa ya tenía suficiente. Por suerte al hombre le había hecho tanta ilusión recibir una visita que le regaló una caja para Bonguri. Sinceramente, Lira dudaba que fuera a darle mucho uso pero ya que el hombre se la había dado con tanta alegría y era gratis decidió quedársela.
—Un momento, enseguida salgo —A los segundos la puerta se abrió, revelando a un hombre de mediana edad vestido con un traje marrón—. Ah, tú debes de ser Lira —Al ver a la joven una sonrisa se plasmó en su rostro y se hizo a un lado para que ella pudiera pasar—. Por favor espera un momento, voy a por el huevo. Puedes sentarte si quieres.
—Vale, muchas gracias —Antes de acomodarse la joven echó un vistazo alrededor. La casa estaba llena de vitrinas que contenían objetos muy raros, y las estanterías estaban repletas de libros gruesos colocados de cualquier forma. Parecía que el peso las iba a vencer de un momento a otro. Al seguir investigando la habitación sus ojos acabaron en un hombre que estaba sentado en el sofá de la sala. Este le sonrió cuando sus miradas se cruzaron, y a Lira casi le dio un ataque cuando le reconoció.
—U-usted es, usted es...
—El Profesor Oak en persona, y supongo que tú eres Lira.
—S-sí. Vaya, menuda sorpresa, el Profesor Elm no para de decir que aprendió mucho con usted y mi mejor amigo es su fan número uno, le nombra por lo menos dos veces al día.
—Ya veo, parece que me tendré que pasar por Pueblo Primavera dentro de poco para visitar a mis admiradores —Los ojos del profesor se centraron en Totodile y este le sonrió, mostrando así sus afilados y blancos colmillos—. Mira pero si es un Totodile, ¿es tuyo?
—Sí, el Profesor Elm me lo ha dado esta mañana —Totodile se rio por lo bajo y Lira vio como sus ojos empezaban a brillar, era la misma expresión que ponía cuando estaba a punto de realizar una travesura—. Eh, cuidado señorito, que le veo —dijo estrictamente, y Totodile le sonrió inocentemente antes de ir corriendo a abrazar su pierna. Lira se intentó hacer la dura por una vez, pero era imposible con tanta adorabilidad, así que se agachó para recogerle y poder tenerlo en brazos.
—¿En serio? ¿Dices que te lo ha dado esta mañana?
—Sí, hace un par de horas.
—Impresionante.
—Ya estoy aquí. Vaya, veo que ya os habéis presentado —El Sr. Pokémon reapareció con una incubadora, en el interior de la cual había un huevo un tanto extraño—. Sabes, en realidad Oak iba a irse hace un rato pero en cuanto le dije que Elm había enviado a una joven con potencial decidió quedarse para conocerte.
—Y ya lo creo que tiene potencial ya, solo le han bastado un par de horas para formar un gran vínculo con su Totodile, toma —Tras rebuscar un poco en sus bolsillos sacó un dispositivo rojo que le entregó a la joven.
—¿Qué es esto?
—La última versión de la Pokédex, guarda automáticamente los datos de los Pokémon que has visto o capturado, es una enciclopedia de alta tecnología. Me encantaría ofrecerte una respuesta más detallada pero debo irme o llegaré tarde a mi programa de radio, sin embargo estoy seguro de que tu amigo responderá tus dudas si es tan fan como dices que es.
—Muchas gracias, lo cuidaré como si fuera un tesoro.
—No hay de qué y toma, mi número de teléfono, por lo que pueda pasar. Nos vemos, saluda a Elm de mi parte y a tu amigo también. Hasta luego Sr. Pokémon.
—Que vaya bien —Cuando el profesor se fue finalmente el Señor se dirigió a Lira—. Un gran hombre, ¿no crees? Digno de admiración sin duda. Bueno no quiero entretenerte más, aquí está, este huevo me lo dio un conocido de Ciudad Iris, ¿no te parece interesante?
—Sí, tiene un aspecto... peculiar.
—Y que lo digas, huevos así no se encuentran todos los días, por eso quiero que Elm le eche un vistazo —Lira dejó a Totodile en el suelo para poder guardar la incubadora cuidadosamente en la bolsa, no quería liarla en el último momento como solía hacer siempre.
—Yo también debería irme, quiero que el huevo llegue sano y salvo lo antes posible.
—¿Ya? ¿No quieres descansar un poco?
—No, ya descansaré cuando llegue, y además el profesor estará preocupado. Vamos Toto, adiós señor.
—Adiós, muchas gracias Lira, ten cuidado y saluda al Profesor Elm de mi parte.
—Descuide —Al salir Lira estiró los brazos y dejó escapar un bostezo—. A ver si llegamos pronto y me puedo echar una buena siesta. Qué dices, ¿listo para la vuelta? —Totodile asintió enérgicamente, aunque era evidente que también estaba agotado. Los dos empezaron a andar envueltos en un cómodo silencio, interrumpido de vez en cuando por el sonido del viento meciendo las hojas y los cantos de los Pidgeys.
Riiing riiing.
Ah, y su Pokégear.
—Quién será —se preguntó a sí misma. A lo mejor era su madre que querría saber cómo iba. Pues no, Profesor Elm es lo que ponía en la pantalla. Lira aceptó la llamada casi al instante—. ¿Profesor?
—Lira, ¡soy Elm! Arceus, cómo ha podido pasar algo así. Hace un momento estaba con el ordenador tan tranquilo trabajando... y luego crash y pum y... y... Ha pasado tan rápido. Oh Arceus es terrible, terrible digo, vuelve al laboratorio, ya. Es una desgracia.
El profesor colgó antes de que pudiera responder y eso la preocupó. Normalmente era un hombre calmado que no se sobresaltaba con facilidad, si estaba tan asustado... Era porque algo grave había pasado.
—¿Toto? —Parecía que Totodile sentía que algo iba mal al ver el cambio de expresión en el rostro de su dueña.
—Ha pasado algo importante en el laboratorio, no sé el qué exactamente. No hay tiempo que perder, tenemos que irnos ya, el profesor parecía bastante asustado.
Sin vacilar ni un instante ambos empezaron a correr, empujados por el miedo y la intriga. Era la primera vez que le escuchaba así de desesperado, Lira solo deseaba que estuviera exagerando y que lo que se iba a encontrar no fuera tan grave como parecía.
(Voy a dejar de decir que voy a intentar no demorarme porque siempre que lo digo lo acabo haciendo. Pero solo diré una cosa, me queda una semana y media para acabar todos los exámenes, así que tendré muuuucho tiempo libre a partir de entonces. ¿Sabéis cuando una escena queda genial en tu mente y le dedicas días a escribirla perfectamente pero luego te das cuenta de que no es tan genial y apenas tiene sentido así que tienes que borrarla? Desearía que no me pasara tan a menudo :'D
He partido este capítulo por la mitad porque aún queda la batalla con Silver, llegar al laboratorio y todo eso, y no quiero hacerlos muy largos porque tengo la sensación de que se harán pesados.
Lengua de Saiping: ¿el tuyo también? A mí me encanta, le veo tan adorable con esa sonrisita. Supuestamente te tiene que llegar una notificación por mail pero a mí a veces me tardan meses en llegar y no exagero (justo lo que tardo en actualizar okno). Gracias por comentar, que alguien siga activamente mi fic hace que me entren más ganas de escribir (y lo siento si tardo mucho pero es que ha sido un trimestre horrible, no he tenido tiempo para casi nada, por suerte ya está acabando).
Y nada eso es todo, como siempre espero que os haya gustado.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
