El mar estaba tranquilo, tan tranquilo que más bien parecía una balsa cristalina bañada por los rayos del Sol de mediodía. No era de extrañar que la Ruta 40 estuviera llena de nadadores, ni que cada dos por tres salieran botes o pequeños barcos del muelle de Ciudad Olivo, llenos de familias dispuestas a pasar un gran día en alta mar. En uno de esos botes precisamente iba un grupo de cuatro jóvenes aventureros, con ganas de disfrutar de la jornada pero de una forma un poco distinta.
—Vale, si mis cálculos son correctos en unos minutos tendríamos que ver las islas.
—Qué emocionante, ¡no me puedo creer que estemos haciendo esto! ¿Os imagináis que nos encontramos con el Pokémon legendario?
—Sí, y ya de paso lo capturamos y nos convertimos en los amos de Johto —O por lo menos, tres estaban ansiosos de embarcarse en una gran aventura. En todo grupo debe de haber un escéptico que amargue la fiesta, y en este caso ese era Dave, el más mayor—. Yo no me creería mucho las historias de los ancianos, son las típicas que cuentan para que nos portemos bien de niños.
—Ya eso dices, pero entonces por qué has venido si crees que no hay nada.
—Para evitar que cometáis alguna estupidez, independientemente de que las leyendas sean falsas o no esas islas son peligrosas.
—Pues mira qué bien, porque necesitamos a alguien que vigile el bote y puesto que tienes ganas de amargarnos la expedición a los tres eres el indicado para ello —Dave estuvo a punto de negarse, quería ir para tenerles controlados pero se lo pensó mejor y al final no dijo nada. Rose era muy cabezota y si ya había decidido que él era el que se iba a quedar entonces se quedaba, así que acabó por tumbarse y ponerse cómodo para pasar el resto de la mañana. Pasados unos segundos notó que la velocidad del bote empezó a disminuir hasta que se detuvo por completo, así que el rubio supuso que ya habían llegado.
—Hay un remolino, cómo lo vais a pasar.
—Menuda pregunta, pasaremos por encima de las rocas, está claro. Vamos chicos.
—Espera Rose —Alguien le tiró de la manga y al abrir los ojos vio que se trataba de Mark—. Tienes revistas y cómics en esa bolsa y bebida y comida en la otra. Tenemos pensado investigar dos islas ahora y las otras dos por la tarde, a lo mejor tardamos así que no te preocupes —Con eso dicho el moreno le alzó el dedo pulgar y se tiró al agua para reunirse con sus amigas. Dave les siguió con la mirada hasta que entraron en la cueva y les perdió de vista.
—Que no me preocupe, con lo torpes que son seguro que se las arreglan para perderse o peor aún, quedarse inconscientes, espero que por lo menos no se les ocurra separarse —Volvió a cerrar los ojos e intentó dejar la mente en blanco para no pensar en todas las cosas malas que podrían ocurrirles a esos tres. Decidió centrarse en cómo los rayos del Sol le calentaban la piel, pero esa distracción solamente le duró unos escasos minutos ya que las nubes empezaron a cubrir el cielo y acabaron por tapar la estrella—. Genial, el hombre del tiempo dijo que haría un día soleado, espero que no me llueva —Con un suspiro abrió los ojos, se levantó y fue a por la bolsa de los cómics, tal vez eso sí lograría distraerle. Cuando ya había escogido uno de su agrado y había iniciado la lectura empezó a levantarse algo de viento. Al principio solo era una leve brisa pero pasado un rato Dave tuvo que acercarse el cómic al pecho para evitar que saliera volando.
—Pero qué demonios... —Fue entonces cuando apartó la vista para ver qué ocurría, y lo que vio le dejó petrificado.
ZAP.
Un resplandeciente relámpago seguido de un ensordecedor trueno partió el cielo en dos, y en un abrir y cerrar de ojos las nubes se volvieron negras como el carbón, mientras se extendían por todo el cielo. Las olas empezaron a agitar el bote con fuerza, hasta el punto de que Dave temía que fuera a volcar, y el viento cada vez le azotaba con menos piedad. Mientras intentaba asimilar qué estaba pasando un segundo relámpago dio paso a la lluvia, dejándole así más aturdido.
C-cómo es posible, si hace un momento esto era un remanso de paz.
En cuestión de segundos el paisaje cambió drásticamente, aquello parecía el diluvio universal. Le costó, pero cuando consiguió salir de su estupor Dave fue a por lo remos y se preparó para huir, pues si se quedaba el bote acabaría o bien hundiéndose o bien estrellándose contra las islas, pero Mark y las chicas aún no habían salido y se negaba a dejarles a su suerte.
—¡Dave!
El rubio dirigió su mirada al lugar de donde procedía esa voz pero solo vio un par de siluetas, tuvieron que acercarse más para ver que se trataban de ellos. Mark intentaba proteger de las olas a Rose, que llevaba como podía a una Jacqueline inconsciente, o eso le parecía al ver como su largo pelo verde le cubría la cara y no se movía.
—¡Vete Dave, sálvate tú!
—¡Chicos! ¡Daos prisa, tenéis tiempo!
—No, ¡le hemos enfadado! —Ya era imposible escucharlos, el mar parecía una fiesta de Gyarados y las olas cada vez eran más grandes. Aun así el rubio se negó a abandonarles.
—¡Venga, agarraos al remo! —Si se hubiera traído una cuerda… Espera, llevaba una Cuerda Huida por si se perdían en la cueva. Estuvo a punto a ir a por ella pero Rose empezó a hacerle señas de que se fuera mientras decía algo. Leyéndole los labios parecía que decía Lu… ¿cía? ¿Lucía? No conocía a nadie con ese nombre. Mientras intentaba averiguar qué estaba diciendo el bote empezó a temblar con más fuerza y con el rabillo del ojo le pareció ver que una sombra salía del agua, al mismo tiempo que detrás de ellos se formaba una ola gigante. Ocurrió tan rápido que no le dio tiempo a avisarles, y vio impotente como sus amigos eran engullidos por ella.
—¡Chicos! ¡Mark, Rose, Jacqueline! —Ya casi no podía ver, la lluvia le caía en los ojos y le costaba mantener el equilibrio. De repente le pareció notar que estaba dando círculos, como si se hubiera quedado atrapado por un remolino, la cabeza le daba vueltas y apenas podía respirar. Cuando el bote volcó ya había perdido el conocimiento.
KYAAAAAA.
Un rugido... y de repente...
Silencio.
Tan pronto como vino la tormenta se fue, el mar volvía a ser una balsa y parecía que el Sol siempre había estado ahí, ya no había ninguna nube a la vista, solo un cielo azul resplandeciente. Ni rastro de la tormenta, ni rastro del oleaje, ni del bote ni de los cuatro jóvenes en busca de aventuras.
La Ruta 29 era conocida por ser una de las más tranquilas de Johto. No había Entrenadores, y los Pokémon salvajes estaban más interesados en dormir y comer que en entablar combates.
—Tsk, esto ha sido muy fácil.
Pero ese no era el caso hoy.
La paz que normalmente reinaba en el lugar fue interrumpida por la sirena de la moto de un polícia, junto a los ladridos de su Growlithe, que parecía estar muy interesado en los árboles. La sombra escondida en ellos sonrió, el agente estaba tan centrado en llegar a su destino que no se había molestado en prestar algo de atención a sus alrededores, ni a qué estaba ladrando su fiel compañero.
—Novato —Cuando se aseguró de que ya estaban lejos salió, y metiéndose las manos en los bolsillos emprendió el viaje a Ciudad Malva. Ya había logrado su primer paso para hacerse fuerte, conseguir un Pokémon, ahora solamente tenía que entrenarlo, hacerse con un gran equipo y conseguir las ochos medallas de gimnasio, solo entonces sería imparable y mataría así a dos Pidgey de un tiro: le demostraría a él lo equivocado que está y cumpliría la promesa que le hizo a ella.
Pero para conseguir sus dos objetivos necesitaba rivales, otra gente con la que enfrentarse, y el que no hubiera ningún Entrenador cerca estaba empezando a irritarle. Para su suerte, cuando estuvo a punto de entrar a Ciudad Cerezo divisó a lo lejos una figura que se dirigía a él a toda velocidad. Al mirar con más detenimiento vio que se trataba de una chica corriente y a su lado, un Totodile lo estaba dando todo para seguirle el ritmo, parecía débil y ella inexperta en el combate. Silver se frotó las manos mentalmente, había encontrado al oponente perfecto.
—Eh, tú —exclamó cuando la chica estaba a escasos metros. Ella se detuvo y le miró extrañada—. Las miradas se han cruzado, es hora de combatir.
—Lo siento pero tengo mucha prisa, tal vez luego —Ella intentaba avanzar pero cada vez que lo hacía él se ponía en medio, bloqueando su camino—. Déjame, te he dicho que tengo prisa.
—Si renuncias estarás infringiendo las normas de la Liga —Qué irónico, lo decía como si él siempre hubiera seguido las reglas—. Y además no pienso aceptar un no por respuesta.
—Está bien, si tantas ganas tienes entonces acabemos con esto de una vez, ¡adelante Totodile! —Totodile se puso enfrente de la morena y empezó a gruñir a su adversario, como si quisiera intimidarlo para dejarles pasar sin necesidad de combatir. Sin embargo, más que acobardarse el chico lo tomó como una provocación.
—Vamos, ¡destrózale! —El pelirrojo lanzó su Poké Ball y de ella salió un Chikorita— ¡Túmbalo con Placaje!
—¡Esquívalo y Pistola Agua!
Chikorita fue a embestirle con todas sus fuerzas pero Totodile se echó a un lado, evitando el movimiento. Al tener a su contrincante de espaldas aprovechó para lanzarle un chorro de agua, pero más allá del leve empujón que sufrió por la presión Chikorita ni se inmutó. Lira alzó una ceja y Silver negó con la cabeza.
—Chikorita es de tipo Planta, por lo tanto los ataques de tipo Agua no le hacen casi ningún daño. Es de lo más básico en cuanto a compatibilidad entre tipos, no me digas que no tenías ni idea.
—Ah —Rayos era verdad, había estado casi todo el camino usando ese movimiento así que le había dado la orden sin pensarlo—. Y-ya lo sabía, solo te estaba dando ventaja. Venga Totodile, Malicioso y Arañazo.
—¡Esquívalo! —Chikorita intentó evitarlo pero se asustó tanto con la cara que puso Totodile que se quedó quieto, totalmente indefenso, entonces aprovechó para arañarle la cara, tumbándolo en el acto— ¡Pero qué te pasa estúpido, muévete! —El Pokémon hoja volvió a levantarse y sacudió la cabeza, decidido a seguir combatiendo. Aunque lo estaba dando todo era evidente que Toto tenía más nivel y que estaba más compenetrado con su Entrenadora.
—Está en las últimas, remátale, ¡Arañazo!
—¡No! Oye ni se te ocurra rendirte —Chikorita intentó quedarse de pie pero cuando Totodile le dio el golpe final sus patitas cedieron y cayó rendido. La cara de Silver era un cuadro, parecía que le iba a salir humo por las orejas de un momento a otro mientras devolvía a Chikorita a la Poké Ball—. Estúpido Pokémon, he escogido al peor. Pero no te creas que eres mejor que yo, simplemente no lo he dado todo porque como eres débil tenía miedo de pasarme contigo —Ya, típica excusa, pero eso a Lira le daba igual, el mundo estaba plagado de malos perdedores. Lo que no le daba igual era la forma en la que había tratado a su Pokémon durante todo el combate.
—Sabes, si en vez de gritarle como un poseído le hubieras animado y tratado con cariño tal vez hubieras tenido alguna oportunidad —Espera un momento, ¿en serio le estaba diciendo esta mocosa lo que tenía que hacer?
—No necesito que nadie, y menos alguien como tú, me dé lecciones en cómo tratar a mis Pokémon —¿Animar, darles cariño? En qué universo tenía eso sentido. Eran meras herramientas que le ayudarían a conseguir su objetivo, nada más—. Escúchame bien, soy el Entrenador de Pokémon más fuerte del mundo, así que disfruta esta victoria porque será la última—. Con eso dicho se fue por donde ella había venido, no sin antes darle un buen empujón que casi la tira al suelo. Había tenido suerte, eso era todo, alguien tan blandengue como ella no llegaría muy lejos. Fue a coger su ficha de Entrenador mientras todos esos pensamientos inundaban su mente, que se detuvieron repentinamente cuando sintió que no había nada ahí. Se dio la vuelta y vio que esa mocosa la tenía en las manos, haciendo que casi se le parase el corazón.
No habrá visto mi nombre, ¿verdad?
—Veamos, se llama Silver... —Antes de que pudiera seguir leyendo la ficha le fue arrebatada de las manos. Al alzar la vista vio que se trataba del chico de antes, Lira le habría dicho algo pero la mirada que le lanzó fue suficiente para silenciarla.
—Mira que eres cotilla —En otras circunstancias a la morena no le habría importado defenderse y empezar una discusión, pero ya había perdido suficiente tiempo con él y ahora que tenía el camino libre no quería perder ni un segundo, así que se fue corriendo. Para llegar lo antes posible y evitar entablar batallas innecesarias en lugar de ir por la hierba decidió atajar saltando por los setos. Al llegar a su pueblo vio una moto de polícia aparcada al lado del laboratorio con un Growlithe sentado en un sidecar, y eso solo la inquietó más.
—¡Profesor ya estoy! —Al entrar vio a Elm sentado, y a su lado se encontraban Eco y un agente, que estaba apuntando algo en su libreta. Se acercó a ellos pero antes de poder decir algo el polícia le señaló con un bolígrafo.
—¡Tú! Tienes una pinta muy sospechosa jovencita. Dicen que el ladrón siempre vuelve a la escena del crimen, no serás tú quien se llevó a ese pobre Pokémon, ¿verdad?
—¿Pero qué dice? Ella nunca haría algo así, además ha estado todo el día fuera haciendo un recado, dígaselo profesor —contestó Eco antes de que Lira pudiera abrir la boca.
—Afirmativo, además la conozco desde siempre, es imposible que haya sido ella.
—Hmm, ya veo, puede que me haya precipitado un poco —Solo puede pensó Lira sarcásticamente mientras rodaba los ojos, ¿y este era el que iba a llevar a cabo la investigación?
—Bueno me va a contar alguien qué ha pasado aquí, es la primera vez que corro tanto en mi vida, pensaba que me daba algo.
—Ha habido un robo Lira, alguien se ha agenciado el Chikorita del profesor, de forma algo violenta debo añadir —dijo el pelinegro mirando a la ventana rota.
—¿Un Chikorita? —A la joven se le abrieron los ojos mientras la imagen del chico de Ciudad Cerezo le venía a la mente —¡Profesor! ¿El atacante era pelirrojo y llevaba una chaqueta oscura?
—Hmm —Elm cerró los ojos mientras se cruzaba de brazos, intentando recordar lo que había pasado—. Todo sucedió tan rápido, pero sí, diría que su cabello era largo y pelirrojo, y su vestimenta oscura. ¿Por qué lo preguntas, le has visto?
—Sí, he combatido con él al volver, en Ciudad Cerezo. Se llama Silver y tiene un carácter de aúpa.
—Conque Cuidad Cerezo. Entonces debo partir inmediatamente, ¡nadie escapará del brazo de la justicia! Avísenme si vuelve a pasar algo.
—Descuide —Sin nada más que añadir el agente salió corriendo del laboratorio, al mismo tiempo que Elm se llevaba las manos a la cabeza—. Cómo ha podido pasar, esto es una auténtica desgracia.
—Vamos profesor no se desanime, no todo son malas noticias. Mire —Con sumo cuidado Lira abrió el bolso y sacó el huevo para entregárselo a Elm—. Aquí tiene, sano y salvo.
—Ah, el huevo, con todo lo que ha pasado ya ni me acordaba. Gracias Lira, me has hecho un gran favor —Antes de dejarlo en un lugar seguro para investigarlo más tarde le echó un pequeño vistazo por encima, y lo que vio le dejó bastante sorprendido—. Vaya, es la primera vez que veo uno de estas características, ahora entiendo porque el Sr. Pokémon parecía estar más emocionado de lo normal. Gracias otra vez Lira, y a ti Totodile.
—No ha sido nada, y antes de que se me olvide Eco, mira lo que me han dado —Con una sonrisa tonta Lira le ofreció la Pokédex que le había entregado el profesor Oak, logrando que al instante los ojos de su amigo se agrandaran como platos.
—¿E-eso es lo que creo que es?
—Sí, el último modelo de la Pokédex, recibida directamente del mismísimo profesor Oak. Impresionante, eh.
—Espera, ¿me estás diciendo que te has encontrado con el gran profesor Oak?
—Sí, nos hemos intercambiado los números y todo. Ah, y también me ha dicho que os salude de su parte a ti y a Elm.
—¿Estás de coña? No me lo puedo creer —Aún medio embobado Eco cogió la Pokédex y empezó a inspeccionarla cuidadosamente—. Encima es el último modelo, increíble.
—Ya lo creo, si Oak te la ha dado es porque ve potencial en ti Lira, estoy seguro de que conseguirás todo lo que te propongas, lo cual me lleva a mi siguiente pregunta, ahora que has acabado con tu recado qué vas a hacer.
—Pues desafiar a los líderes de gimnasio supongo. Quiero ponerme a prueba, ver hasta donde soy capaz de llegar. Además es la excusa perfecta para recorrerme toda Johto y así puedo hacer más amigos durante el viaje —La sonrisa de Lira crecía solo con pensar la infinidad de experiencias que estaba a punto de vivir, no podía esperar para empezar su aventura. Elm soltó una carcajada al ver su entusiasmo.
—Tu respuesta no me sorprende nada, siempre has sido un espíritu libre. En ese caso tu siguiente paso es ir a Ciudad Malva, es el gimnasio que más cerca queda, pero no te confíes, que sea el primero no significa que sea el más fácil, necesitarás a más Pokémon si quieres derrotar a su líder.
—Yo puedo enseñarte a capturarlos ahora si quieres, es muy fácil.
—Anda, ¿ya vuelves a hablar? ¿Te has librado del hechizo de la Pokédex?
—Ja ja, muy graciosa, toma aquí la tienes. Entonces qué, ¿vamos o no vamos?
—Ves yendo, yo tengo que despedirme.
—Está bien, pero no tardes —Cuando Eco se fue Lira se dio la vuelta para dirigirse a Elm, el hombre que había hecho su sueño posible.
—Gracias por darme esta oportunidad profesor, no le decepcionaré.
—No tienes que agradecerme nada Lira, y recuerda que incluso yendo acompañado de Pokémon no es recomendable viajar de noche.
—Lo sé, no se preocupe dormiré en Ciudad Cerezo, seguro que llegaré antes de la hora de cenar, le puedo llamar si así conciliará mejor el sueño.
—No hace falta, con que llames a tu madre es suficiente, por cierto no te olvides de despedirte de ella antes de irte. Pásalo bien, atrapa muchos Pokémon y mantennos informados de todo lo que pase.
—Delo por hecho —Con un ademán de despedida Lira abandonó el laboratorio con sentimientos encontrados: por un lado estaba contenta y emocionada, ya que su aventura iba a empezar, pero por el otro le daba pena irse de su pueblo natal. Quién sabía cuando iba a volver.
—¡Lira! —La voz impaciente de Eco la sacó de sus pensamientos. Estaba en el comienzo de la Ruta 29, de brazos cruzados y sosteniendo una Poké Ball en su mano derecha, con su Marill al lado.
—¡Voy! —Señaló su casa para indicarle que aún tenía que despedirse de alguien y luego bajó la mirada para fijarse en Totodile, que también parecía estar deseoso por irse—. Venga, le decimos adiós a mamá y nos vamos.
—¿Has visto la nueva película de Dianta? Sale divina.
—¿En serio? Bueno no me extraña, siempre sale bien pero aún no he tenido la oportunidad de ir al cine.
—Pues vamos, ¡hoy toca noche de chicas! —Al oír eso todas las presentes en el Gimnasio Trigal empezaron a gritar y a saltar de alegría. Todas menos Blanca, que estaba demasiado ocupada pensando en el plan que iba a llevar a cabo. Victoria, una de las modelos con quien mejor se llevaba, se dio cuenta y rodeó un brazo alrededor de sus hombros por si no se había enterado del plan.
—¿Te vienes Blanqui?
—Tal vez luego para cenar, tengo que hacer algo importante.
—Hmm, no tendrás una cita y no le habrás dicho nada a tu bestie, eh pillina.
—Que nooo, no es nada, ya os alcanzaré no te preocupes.
—Vaaaaale, ¡pero no tardes!~
Mientras sus amigas se dirigían tras cerrar el Gimnasio al centro de la ciudad Blanca se fue directa al Subterráneo. Por muchas ganas que tuviera de fiesta tenía que descubrir qué demonios estaba pasando ahí abajo, y rápido, antes de que Morti se diera cuenta de la baja de su equipo. Cuando ya estaba delante de la puerta que quería investigar y se aseguró de que no había nadie espiandoles sacó a Haunter y le repitió el plan.
—Veamos, esto es muy simple, recuerda que tú atraviesas la pared e investigas todo lo que puedas y yo me quedo aquí haciendo guardia. Si viene alguien silbaré, y si no nos da tiempo a huir le asustas y nos vamos corriendo, ¿entendido? —El Pokémon asintió energéticamente y soltó una risa maléfica, deseando ponerse manos a la obra. Hacía mucho tiempo que no realizaba una travesura y ya tenía ganas. Blanca sonrió, menos mal que el fantasma se mostraba más cooperativo que su dueño— Buen chico, ahora vamos.
Tras asentir de nuevo Haunter entró y Blanca se apoyó al lado de la puerta metálica. ¿Encontraría algo? Y si lo hacía, cuál sería el próximo paso, ¿ir a la Polícia? ¿O su status de líder de gimnasio le dejaría entrar sin ninguna orden judicial? Eso era una propiedad privada después de todo. Mientras estaba barajando estas opciones Haunter salió y se posicionó enfrente de ella para que le viera.
—Qué tal, ¿has visto algo de interés? —El Pokémon negó con la cabeza, dejando a Blanca sorprendida— ¿Seguro? ¿No había nada raro? ¿Lo has inspeccionado todo? —Haunter asintió, terminando de confundirla— Cómo es posible, espero que no me estés tomando el pelo, esto es algo muy serio.
—Disculpe señorita, ¿se ha perdido? –preguntó una voz procedente del inicio del pasillo. Blanca se tensó complemente, pero al darse la vuelta se relajó al ver que era un anciano. Aun así no bajó del todo la guardia cuando empezó a acercarse a ella— Le advierto de que no creo que quienes trabajen por aquí se alegren mucho de ver a un intruso.
—Cómo lo sabe, ¿les conoce? ¿Sabe qué se están llevando entre manos?
—¿Quiénes, los muchachos de por aquí? Más o menos, verás jovencita da la casualidad de que soy el padre del jefe. Si tienes tanto interés puedo acabar con tu curiosidad ahora mismo —El hombre metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó lo que parecía ser una tarjeta, que procedió a pasar por una ranura cercana a la puerta, haciendo que esta se abriera—. A mi hijo no le gusta enseñar su trabajo al público, por eso tanto secretismo, pero estoy seguro de que no le importará que nuestra bella líder de gimnasio eche un vistazo rápido —Blanca entró, y lo único que vio en la habitación fue un par de cajas. Abrió unas cuantas para ver si contenían algo sospechoso pero solo encontró piezas.
—¿Qué hace su hijo con esto?
—Crea electrodomésticos pero me temo que aún están en la fase experimental, así que no puede venderlos aún. Puedo enseñarle el resto de la instalación si quiere, aunque solo encontrará cajas, mi hijo utiliza este lugar como un almacén y estudio más que otra cosa.
—No, no hace falta, es solo que el ambiente se había enrarecido tanto que pensaba que algo iba mal —El anciano soltó una gran carcajada que resonó por todo el Subterráneo.
—No me extraña, esos tipos son unos secos, solo transmiten malas vibraciones pero te aseguro que sus intenciones son buenas, pido disculpas por cualquier malentendido que se haya podido ocasionar.
—No tranquilo, no es su culpa después de todo —Blanca le sonrió para asegurarle que todo estaba bien y luego suspiró—. Me alegro que se haya aclarado, parece que me preocupaba por una tontería. Pues entonces me voy, mis amigas me están esperando.
—Eso eso, una chica como tú tendría que estar en el centro pasándolo bien y no aquí abajo rodeada de peligro. Ten cuidado al volver.
—Lo tendré, gracias. Vamos Haunter —La joven echó un último vistazo al lugar antes de irse y una vez ya en la calle, cuando el anciano no podía verla, frunció el ceño. Era cierto que aparentemente no había nada raro ahí abajo, pero eso no la dejaba tranquila, aún había algo que no le acababa de encajar. Por qué esos tipos estaban día y noche merodeando por la Torre Radio, y por qué el índice de criminalidad había aumentado ligeramente con su aparición, ¿sería una coincidencia?
—Bueno sabes qué, yo ya he hecho mi investigación y no hay por qué preocuparse, no voy a estar comiéndome la cabeza por chorradas, al fin y al cabo he demostrado que no pasa nada, ¿verdad? —Haunter asintió enérgicamente—. Pues ya está, es lo malo de ser tan paranoica. Ahora iremos al Centro Pokémon y te devolveré a Ciudad Iris, seguro que Morti me echará una buena bronca por esto pero ya se le pasará, lo he hecho por una buena causa, lo entenderá. Vamos amiguito.
Cuando el eco de los pasos de la joven ya no se oía, la entrañable sonrisa del anciano pasó a ser maléfica y perversa. Sacó su Pokégear y mientras buscaba el contacto que quería llamar se encerró en la habitación, para asegurarse que nadie le escucharía.
—Jefe, aquí Petrel, como siempre usted tenía razón, la mocosa quería investigar el sótano —Su voz también había cambiado drásticamente, ya no era tan dulce como antes. Con paso lento pero decidido se dirigió al fondo, donde tras una enorme caja de pilas colocadas estratégicamente se escondía una más grande que las demás—. No, no creo que vuelva a pasarse por aquí, pero aumentaré la vigilancia por si acaso. Pues claro que lo tenía todo bajo control, no la habría dejado pasar si no fuera así —Al levantar la tapa vio que los dos individuos que habían en su interior se encontraban tal y como les dejó, el hombre atado seguía inconsciente y su Weezing estaba listo para aturdir a cualquier intruso—. Si hubiera descubierto al director los gases de mi Pokémon la habrían dejado fuera de combate en segundos, y si cualquier fantasma decide fisgonear su Pantalla Humo le desorientará levemente antes de que pueda atravesar la caja así que no se preocupe, puede estar seguro de que nadie sabrá qué sucede hasta que sea demasiado tarde. Sí señor, como usted desee señor —Antes de colgar y de volver a tapar la caja se llevó el puño al corazón, como si su jefe estuviera enfrente de él—. ¡Larga vida al Team Rocket!
(Cuando te llevan todas las vacaciones a un lugar sin Internet ;-; en fin, al menos ya volví.
Lengua de Saiping: ¿Sí? Puede ser, hace mucho que no juego a Pokémon Black/White así que no recuerdo sus nombres. A que sí, creo que de todos los starters Totodile es mi favorito, no sé le veo tan adorable. Afortunadamente las notas han salido muy bien, lo malo es que he estado todo este tiempo aislada en una cabaña del mundo exterior. Pero no importa lo que pase, seguiré actualizando este fic hasta que lo acabe.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
