—¿Qué le pasa?
—No tengo ni idea, ¿le preguntamos?
—¿Estás loca? ¡Si parece un pokémon a punto de usar Estallido!
Débora se encontraba en su gimnasio, con una cara que alertaba a los demás de su mal humor. Los entrenadores llevaban un rato observándola desde la distancia, estaban preocupados y querían saber qué le ocurría a su líder pero también sabían mejor que nadie que cuando estaba así lo mejor era dejarla sola, a no ser que a alguien le apeteciera pasar la tarde en el hospital.
—Creo que Lance ha venido a hablar con su abuelo —susurró una—. A lo mejor le han vuelto a dejar fuera de la reunión porque aún no ha pasado la prueba —Los demás asintieron, no era un secreto que la peliazul no había superado la prueba de su clan a pesar de haberlo intentado una innumerable cantidad de veces. Por eso cada vez que su abuelo y su primo se reunían para discutir algún asunto de gran importancia solían dejarla fuera, cosa que no le agradaba en absoluto.
—No me extrañaría para nada. Si ese es el caso tal vez deberíamos de cerrar el gimnasio hoy, por el bien de los que vengan a desafiarla.
Antes de que cualquiera pudiera volver a hablar un grito proveniente del final del gimnasio les cerró la boca a todos. Se giraron asustados hacia el lugar proveniente del sonido y vieron como una Débora enfurecida se dirigía hacia el teletransportador que había a su derecha.
—Se acabó, ¡estoy harta de que me traten así! ¿Quiénes son ellos para excluirme de esta manera? ¡Yo también formo parte del clan, tengo derecho a saber qué está pasando!
Después de subirse a la plataforma desapareció, y tras unos segundos volvió a aparecer en la entrada. Abandonó la estancia echando humo, su paciencia tenía un límite y estalló esa misma mañana.
—¿Deberíamos seguirla? Para evitar que alguien se cruce en su camino, más que nada.
—Nah, todos los habitantes conocen de sobra a nuestra líder, estoy seguro de que si aprecian sus vidas se mantendrán alejados.
Y así era, cada vez que un ciudadano veía que una enfurecida Débora se acercaba hacían lo posible por apartarse sin que resultara demasiado obvio. Su mal humor era bien conocido, cuando la rabia le consumía era imposible hacerla entrar en razón, lo mejor era dejarla estar sola hasta que se calmase.
—Lance aquello, Lance lo otro. Siempre igual —Cuando llegó al pequeño lago que se encontraba al norte sacó a su Kingdra y se subió a sus lomos— ¿Quién le visita todos los días? ¿Quién se asegura de que nunca le falte de nada? Pero cuando pasa algo enseguida llama a Lance. ¿Se creen que soy una incompetente? ¿Que por no pasar su estúpido test valgo menos? —La sangre le hervía a la peliazul, no entendía por qué su abuelo confiaba más en su primo que en ella, por qué siempre que tenían que hablar de algo importante la echaban del santuario. ¿En serio la única razón era aquella maldita prueba? Al llegar a la otra orilla entró directamente a la Cueva, tenía tanta prisa que ni se dio cuenta de la presencia del anciano que guardaba la entrada. Él había recibido órdenes directas de Ryuu de no dejar pasar a su nieta, pero con solo ver el fuego que desprendían sus ojos, decidió que prefería mil veces recibir una bronca de su jefe que de la líder.
El inconfundible ruido de sus tacones resonaba por todo el lugar, avisando a los demás entrenadores de su presencia y dándoles tiempo para poder salir de su camino. No tardó mucho en situarse enfrente del santuario, y una vez dentro siguió recto hasta llegar a la habitación de su abuelo. Abrió la puerta dando una patada con todas sus fuerzas, casi arrancándola de cuajo, dejando a ambos hombres perplejos. Les iba a dejar bien claro que nadie la dejaba de lado.
El reloj del Centro Pokémon marcaba las doce cuando Lira entró. Con una gran sonrisa dejó a sus dos amigos a cargo de la enfermera Joy y se sentó en un sofá cercano. No podía creerlo, en una mañana había conseguido llegar a Ciudad Malva y capturar a otro pokémon que la ayudaría a derrotar al Líder. Estaba muy orgullosa de sí misma, había madrugado para llegar a Ciudad Malva a una hora decente, y durante el camino ya había hecho dos nuevas amistades: un chico obsesionado con su Rattata y otro que prometió llamarla de vez en cuando para darle bayas. Era la primera vez que madrugaba por voluntad propia y parecía que estaba dando sus frutos. Su nueva incorporación al equipo se trataba de un Mareep, un tipo eléctrico ni más ni menos, y a pesar de la desventaja que presentaba ante su inicial había sido una captura relativamente fácil.
Había pasado un rato desde que llegó a la Ruta 32 y varios pokémon le habían plantado cara ya. Entre ellos varios Rattata, Ekans, Bellsprout y algún que otro Hoppip. Lira se negaba a capturar ningún pokémon de tipo planta o bicho, de momento, ya que quería tener posibilidades de ganar no estar en desventaja. Ekans no le hacía mucha gracia y Rattata… Al parecer si no había más remedio tendría que capturar a uno, pero por suerte, mientras estaba dándole la segunda poción a Totodile le pareció ver que algo sobresalía de la hierba a escasos metros. Se acercó con cuidado y vio que se trataba de la cola de un pokémon que no había visto hasta ahora. Una gran sonrisa se plasmó en su rostro, por las chispas que desprendía parecía que se trataba de un tipo eléctrico, y al estar demasiado ocupado pastando aún no se había dado cuenta de su presencia. Con gestos Lira le indicó a Totodile que se acercara lentamente y le diera un buen Arañazo. Él asintió y fue de puntillas, con cuidado de no hacer ningún ruido. Cuando estuvo lo suficientemente cerca saltó y le dio de pleno. El pokémon dejó de pastar y emitió un chillido tanto de dolor como de sorpresa.
—¡Pistola Agua!
El ataque le dio de lleno en la cabeza, dejándole ciego durante unos escasos segundos. Lira aprovechó para ordenar un nuevo Arañazo que pareció dejarle lo suficientemente débil como para poder atraparle, así que sin pensárselo dos veces lanzó una Poké Ball. Esta giró una, dos, y tres veces. Captura realizada con éxito.
—¡Sí! Genial, ya tengo un nuevo pokémon —Lira recogió la Poké Ball y miró los datos en la Pokédex.
Mareep.
Especie: Lana.
Sexo: Hembra.
Tipo: eléctrico.
Habilidad: Electricidad estática.
Descripción: su lana crece continuamente. En verano la pierde toda, pero le vuelve a crecer en una semana.
Después del combate Totodile se quedó paralizado, al parecer ese era el efecto de Electricidad estática
—Tus pokémon ya están en plena forma —anunció la enfermera. Lira se levantó y guardó las Poké Balls, pero las volvió a sacar nada más salir para liberar a sus compañeros. Totodile y Mareep aparecieron frente a ella. Totodile estaba igual de sonriente que siempre mientras que Mareep, al no encontrarse en su hábitat natural, echó varios vistazos alrededor algo asustada. Lira se agachó para estar a su mismo nivel y le dedicó una de sus sonrisas más sinceras.
—Hola peque, soy Lira, tu nueva entrenadora, y este es Totodile. No te asustes, ahora estás en Ciudad Malva y voy a encargarme de entrenarte para que alcances tu máximo potencial mientras viajamos por toda Johto. Qué me dices, ¿te gustaría acompañarnos? —Mareep se le quedó mirando y tras unos segundos se acercó y rozó con afecto su pierna con su cabeza. A primera vista parecía ser dócil y cariñosa. La joven le dio un gran abrazo.
—¡Genial! No tenemos ni un minuto que perder entonces. Antes me he acercado al gimnasio y en la entrada ponía que teníamos que superar el desafío de la Torre Bellspout si queremos enfrentarnos al líder. No nos podía venir mejor, será la oportunidad perfecta para que subas de nivel —Con eso dicho devolvió a Totodile a su Poké Ball y puso rumbo a su destino.
Desde luego la torre no tenía perdida. Era un impresionante edificio de treinta metros que resultaba más imponente conforme uno se iba acercando. Antes de entrar Lira miró a Mareep y le asintió, el pokémon también asintió. Ambas estaban preparadas.
Abrió la puerta y lo primero que vio y también más le sorprendió fue la enorme columna que se hallaba en el centro y se balanceaba suavemente. A la izquierda de esta había unas escaleras, y sin pensárselo dos veces ascendió por ellas. Allí se encontró con su primer contrincante, que por lo que parecía se trataba de un monje. Al acercarse vio que a sus pies tenía una placa: pensador Roque. Al verla él cogió su Poké Ball y la lanzó, liberando a su Bellspout.
—Veo que tú también quieres pasar el desafío. Muy bien, veamos si tienes lo que hay que tener.
A Mareep le costó algo de tiempo, pero tras usar Placaje repetidamente consiguió derrotar al Bellsprout. Conforme iban ascendiendo y derrotando a pensadores y a algunos pokémon salvajes que se cruzaban en su camino, Lira notaba que Mareep no solo ganaba fuerza, sino también confianza. Se lanzaba a los combates con más decisión y atacaba con más pasión. Tras subir unos cuantos pisos llegó a lo que ya parecía ser la última planta y vio a una persona muy familiar.
—Ciertamente me has derrotado, pero deberías mejorar la forma en la que tratas a tus pokémon. La fuerza no te llevará muy lejos si no les tratas con cariño.
—Tch —El pelirrojo dio media vuelta y Lira se escondió detrás de la columna. Sintió que el corazón le iba a mil y que la sangre le hervía, era el chico que había robado al Chikorita, no tenía ninguna duda. Qué tenía que hacer, ¿llamarle la atención y montar un escándalo ahí mismo? ¿O sería mejor llamar a la policía?—. El amor no sirve para nada, solo te hace más débil y la prueba es esta, yo he ganado y tú has perdido. Dices que hay que tratarles con cariño, pero eso solo les hace más débiles. Un pokémon solo llegará a ser fuerte si es tratado de forma estricta —Cómo podía decir eso, fue el colmo para la joven. Salió de su escondite dispuesta a cantarle las cuarenta pero ya no estaba ahí, es como si se hubiera desvanecido. El anciano sonrió al verla.
—Me temo que ha usado una Cuerda Huida.
—Vaya, qué inoportuno —Lira se cruzó de brazos y consideró ir tras él, pero a saber hacia dónde habría huido a esas alturas. Negó con la cabeza, ahora tenía que centrarse en algo mucho más importante.
—¿Vienes a desafiarme?
—Sí, y pienso ganar.
—Así me gusta, esa es la actitud —El anciano sacó a un Bellsprout y Lira tuvo que evitar rodar los ojos. Desde luego en ese sitio amaban a ese pokémon. Mareep dio un paso al frente pero ella le detuvo, para este combate tenía otros planes.
—Espera pequeñita, voy a dejar que Totodile se encargue de esto —Aunque parecía encontrarse en buen estado la joven estaba segura de que estaría algo fatigada después de luchar contra todos los pensadores. Sacó a su inicial y este cayó de pie frente a ella con una sonrisa radiante, listo para darlo todo— ¡Mordisco!
—Bellsprout, ¡Desarrollo y Látigo cepa!
Aunque estaba en desventaja, Totodile tenía mucho más nivel y consiguió vencer a su adversario en escasos turnos. Al retirar a su vencido pokémon el anciano se acarició la barba y pareció susurrarse algo a sí mismo.
—Ya veo. ¡Adelante Hoothoot!.
Al fin un cambio pensó la joven cuando vio a ese pokémon. El último pensador al que se había enfrentado también tenía uno, era marrón con el vientre más claro y los ojos rojos, con cejas que se parecían a las manecillas de un reloj. Estaba apoyado en una pierna, y su fija mirada intimidó un poco a la morena.
—¡Hipnosis!
—¡Pistola Agua!
Hoothoot atacó primero, era como si le hubiera leído la mente a su entrenador y hubiera atacado antes de que él le hubiera dado la orden. El ataque le dio de lleno a Totodile y se desplomó, sumido en un profundo sueño.
—¡No! Venga chiquitín, levanta —Mientras Lira intentaba despertarle, el anciano cambió a Hoothoot por otro Bellsprout y siguió con su estrategia.
—Desarrollo y Látigo cepa.
Tras recibir el ataque y al ver que no se iba a despertar Lira cambió a Totodile por Mareep antes de que pudiera sufrir más daño.
—Te habías confiado porque pensabas que al derrotar a mi primer Bellsprout tan fácilmente tenías el combate ganado. Recuerda que no todo es lo que parece. Lo estabas haciendo bien, cálmate y sigue —Claro, como si fuera tan fácil mantener la calma en una situación así pensó ella. Pero cuando vio que Mareep le miró de reojo, insegura, algo cambió dentro de ella. Estaba claro que el pokémon notaba su nerviosismo y eso afectaba a su confianza. Arceus, ¿qué clase de entrenadora era si perdía la compostura tan rápido? Respiró hondo, tenía que tranquilizarse o Mareep se asustaría también, y entonces sí que tendría tazones para preocuparse.
—Mareep, ¡Placaje! —Su voz no tembló ni lo más mínimo cuando dio la orden. Mareep asintió y se lanzó al ataque, cualquier atisbo de duda que hubiera tenido antes se desvaneció al escuchar la firme voz de su entrenadora. Tardó casi lo mismo en derrotar a ese Bellsprout que Totodile, y cuando el tipo planta cayó al suelo un mensaje llegó a su Pokédex.
Mareep ha aprendido Impactrueno. La joven sintió una mezcla de alivio y alegría. Ahora que había aprendido un ataque de tipo eléctrico parecía que las probabilidades de ganar habían aumentado.
—No ha estado nada mal, ¿saldrás victoriosa después de todo? ¡Adelante Hoothoot!
Ahí estaba ese maldito pokémon otra vez. Lira estaba segura de que tendría pesadillas con sus ojos rojos.
—Mareep, ¡Impactrueno!
—¡Hipnosis! —Mareep atacó primero, pero no fue suficiente para debilitar a su adversario. Tras recuperarse del impacto Hoothoot la durmió, haciendo que Lira se llevase las manos a la cabeza. Sus dos pokémon estaban dormidos y no había forma de despertarlos, ¿qué se suponía que tenía que hacer ahora?
—¡Picotazo! —Le dio de lleno a Mareep y la joven sintió que se venía abajo. Esto no podía estar pasando, tenía que tratarse de una pesadilla. Después de todo lo que se había esforzado, ¿iba a ser esta su primera derrota? El anciano Anselmo volvió a ordenar otro Picotazo y Lira se temió lo peor.
Pero Hoothoot no se movió.
Unas chispas salieron de él y fue entonces cuando cayó en la cuenta. Electricidad estática. La joven no podía creerlo, parecía que no todo estaba perdido después de todo.
—¡Vamos Mareep despierta, no queda casi nada! —Sus gritos de ánimo parecieron despertarla. El pokémon se levantó y se sacudió, dirigiendo una mirada feroz al tipo pájaro. Hoothoot intentó lanzarse al ataque pero resultaba inútil, así que aprovechando su oportunidad Lira ordenó otro Impactrueno, que hizo que por fin cayera al suelo.
—Jojo, hacía mucho que no me lo pasaba tan bien con un combate. Toma aquí tienes, te lo has ganado con creces —El anciano metió la mano en su manga y sacó lo que parecía ser un disco. Lira lo cogió con manos temblorosas mientras se inclinaba levemente en señal de respeto—. Es la MO05, Destello, señal de que has pasado la prueba. Ahora ya podrás desafiar a nuestro líder Pegaso, estoy seguro de que será un combate digno de ver.
—Muchísimas gracias.
—Sabes, me alegra que no todos los jóvenes traten con desprecio a sus pokémon. Ante todo son tus amigos, has creído en ellos y ellos han creído en ti, eso es lo que te ha hecho ganar el combate. No lo olvides nunca, no hay poder más grande que el vínculo entre un pokémon y su entrenador. Sigue así y llegarás muy lejos, con gente como tú el futuro de nuestro mundo está en buenas manos —Lira no podía disimular su sonrisa ni aunque quisiera. No podía creerlo, ¡su primer combate de gimnasio estaba a la vuelta de la esquina! Aunque estaba deseosa por enfrentarse al líder eso tendría que esperar a mañana, Mareep y Totodile ya habían hecho más que suficiente por hoy y se merecían un buen descanso. Además, tenía que pensar alguna estrategia. Dando saltos de alegría salió de la torre y se dirigió al Centro Pokémon, en ese momento sentía que podría con todo lo que se le viniera encima.
A Lance aún le pitaban los oídos cuando llegó a la Meseta Añil. Su prima había montado una increíble, y hasta que no pasaron diez minutos de intenso griterío fue incapaz de hacerla entrar en razón. Se bajó de los lomos de Dragonite y entró a su despacho por un pasadizo secreto que se encontraba en la parte trasera de la Liga, para evitar ser visto por cualquier entrenador o fan que se encontrara en la entrada principal. Normalmente no le importaría hacerse unas fotos, dar consejos o firmar algún que otro autógrafo, pero ahora no tenía ganas, la preocupación le carcomía por dentro. Nada más entrar a la sala se sentó al final de una mesa rectangular que había en el centro, y pulsó un botón que se encontraba debajo de esta, cuya finalidad era llamar a todos los miembros del Alto Mando. La primera en entrar fue Karen, puesto que es la que se encontraba más cerca.
—¿Estás bien cielo? —Él se limitó a asentir y a esperar a que los demás llegasen. El siguiente fue Bruno, seguido de Koga y finalmente, Mento. Cuando todos estaban sentados en sus correspondientes asientos entrelazó los dedos y empezó a hablar, lo mejor sería ir directamente al grano.
—Tenemos un problema.
—Pues empezamos bien la semana. De qué se trata jefe —preguntó Bruno mientras se cruzaba de brazos.
—Bueno, tampoco quiero alarmaros innecesariamente… —Hizo una pausa y negó con la cabeza. No, nada de andarse con rodeos— Mi abuelo ha tenido una visión, y sabéis tan bien como yo que ninguna persona de mi clan puede tener visiones, solamente los de Ciudad Iris, a no ser —El Campeón dejó de hablar cuando vio que Mento se llevó una mano al corazón. Karen, que estaba sentada a su lado, le puso la mano en el hombro con la intención de calmarle.
—A no ser que algún evento de gran relevancia relacionado con el Pokémon legendario vaya a tener lugar —Concluyó el psíquico—. Dime que estas no son las malas vibraciones que estoy sintiendo últimamente
—Me temo que sí —La preocupación se hizo evidente en la sala. Mento parecía estar a punto de desmayarse y Karen tuvo que cogerle de la mano y abanicarle con una hoja de papel que tenía cerca para asegurarse de que no perdía la consciencia. Bruno seguía cruzado de brazos y los ojos de Koga estaban ligeramente abiertos. Viendo que la situación se estaba yendo de las manos, y aún no había dicho lo peor, el pelirrojo dio un golpe en la mesa, y cuando consiguió la atención de sus compañeros, se aclaró la garganta y habló de nuevo—. Sí, estoy tan sorprendido y preocupado como vosotros. Los Pokémon legendarios no reaparecen sin motivo alguno, en el caso del nuestro solo hay dos razones: la primera, las aves legendarias van a luchar entre ellas, y la segunda, Johto está en peligro.
—Pero eso no tiene sentido —Intervino Karen. De los cuatro parecía que era la que menos preocupada estaba, aunque tal vez se debiera a que estaba más centrada en conseguir que Mento siguiera con ellos—. Hace años que no se sabe nada de las aves legendarias, los últimos rumores las sitúan en Kanto, y respecto a Johto los informes que nos llegan indican que tenemos el índice de criminalidad más bajo de los últimos años.
—La calma que precede a la tormenta… —Susurró Koga.
—Lo sé, lo sé. Pero es lo que hay, algo muy grave está pasando o va a pasar. Fredo dice que últimamente no para de llover en el Lago de la Furia así que en cuanto pueda iré a echar un vistazo, puede que sea una coincidencia pero puede que esté relacionado de alguna manera.
—¿Eso es todo? —Volvió a preguntar Bruno.
—Me temo que no, ¿recordáis cómo hay que calmarle?
—Sí, hay dos posibilidades: o bien atrapándole o bien derrotándole —contestó Karen—. Sin embargo, el Pokémon legendario tiene sus propias normas y solo dejará que una persona, denominada el Elegido o la Elegida, entable un combate con él, y ese tal Elegido o Elegida suele ser alguien de la generación más reciente de los clanes de Ciudad Iris y Ciudad Endrino, denominados Descendientes. En otras palabras; Morti, Débora o tú tendréis que enfrentaros a él —Lance negó con la cabeza—. ¿No?
—Mi abuelo me ha dicho que esta vez el Elegido no será un Descendiente.
—¿Y quién será?
—No lo sabe —Los ojos de Mento se cerraron y el resto palideció. Lance notó como un escalofrío le recorría la espalda, la situación era desesperante—. Resumiendo, el Pokémon legendario está a punto de despertar porque un mal aún desconocido para nosotros amenaza con acabar con la paz de Johto, y para colmo no tenemos ni idea de quién será su salvador esta vez, podría ser cualquier habitante: un hombre, una mujer, un niño, una anciana. Voy a enviar un informe a todos los líderes de gimnasio, aún no voy a decirles qué ocurre exactamente pero quiero que me mantengan al tanto de absolutamente todo, cualquier cosa que esté fuera de lo normal, por muy pequeña que sea, o de cualquier entrenador que destaque por encima de los otros. Vosotros también tenéis a vuestras propias fuentes así que ya sabéis, si algo pasa hacédmelo saber de inmediato. Eso es todo, podéis iros.
Con lentitud, los integrantes del Alto Mando se levantaron y Karen, Bruno y Mento volvieron a sus cuartos. Koga, por su parte, se acercó al Campeón.
—Señor, ¿cree que podría ausentarme durante un par de horas? Hace mucho que no veo a Sachiko y-
—Claro, adelante. Dale recuerdos.
—Eso haré, muchas gracias —Y con la velocidad que le caracteriza abandonó la sala. Ahora que por fin estaba solo Lance soltó un suspiro y se llevó las manos a la cabeza. No podía mostrar inseguridad delante de nadie, eso haría que los demás se pusieran nerviosos y como el buen líder que se esforzaba en ser eso era lo último que quería. Había tantas cosas que hacer. Cogió un papel y escribió dos cosas: primero Lago de la Furia, tenía que visitar ese lugar cuanto antes, tal vez descubriría alguna pista que le indicara qué estaba sucediendo, y segundo Ciudad Iris, puede que Morti o su abuelo hubieran recibido una visión más esclarecedora. Lo guardó y empezó a escribir el informe, solo esperaba que su abuelo no hubiera recibido la visión demasiado tarde y que aún hubiera tiempo para reaccionar.
