—¡¿Pero tú estás bien de la cabeza?! ¡Cómo se te ocurre!
Hacer enfadar a Morti era una toda una proeza. El rubio era una de las personas más tranquilas y sosegadas de toda Johto, siempre conseguía mantener la calma en cualquier tipo de situación, incluso en la más adversa. Pero Blanca siempre se las ingeniaba para sacarle de sus casillas.
—Jo no te pongas así, tampoco ha sido para tanto.
—¿Que no ha sido para tanto? ¡Me has robado un pokémon!
—Robar es una palabra muy fuerte, más bien diría coger prestado sin que te dieras cuenta.
—Es lo mismo —Morti inspiró profundamente. Conocía bien a la líder de Ciudad Trigal, de hecho era una de sus mejores amigas, por eso sabía que sus intenciones eran buenas. Aun así, esto había sido demasiado—. Mira sé que tendrás tus razones pero así no es como se hacen las cosas.
—Perdón, es que estoy desesperada. Hay gente muy rara últimamente por aquí y no sé qué hacer —Por el tono de su voz parecía que estaba a punto de llorar. Genial, ahora se sentía mal por haberle gritado.
—Está bien, tranquila te perdono, pero no lo vuelvas a hacer, ¿de acuerdo? —En aquel momento llamaron a la puerta de su habitación. Seguramente sería su abuelo, que vendría de recoger a Haunter del Centro Pokémon— No te preocupes, mañana iré y daremos otra vuelta a ver si averiguamos algo, ¿te parece bien?
—Sí —dijo en un susurro.
—Cuídate.
—Y tú también —Con eso dicho colgó y abrió la puerta de su cuarto. Efectivamente el que estaba al otro lado era su abuelo, que llevaba una Poké Ball en una mano y una carta en la otra.
—A veces siento que hago más de cartero que de abuelo —dijo con una sonrisa mientras le entregaba los objetos a su nieto—. Por cierto la carta me la ha dado un Dragonite mientras volvía hacia aquí —Los ojos del rubio se abrieron de par en par. ¿Un Dragonite? Lance solo enviaba carta con ellos cuando necesitaba hacerles saber algo de forma urgente. Primero sacó a su Haunter y comprobó que estaba en buen estado, y posteriormente abrió la carta. Sus ojos escanearon el contenido cuidadosamente, no queriendo pasar ningún detalle por alto.
Estimado Morti:
Te escribo no con el fin de alarmarte, sino de avisarte. Hace unos días mi abuelo recibió una visión, según él en ella aparecía la silueta de un pokémon rodeada de remolinos, y ya sabes lo que eso significa. No sé si tú o si tu abuelo habéis recibido alguna también, si es así comunícamelo lo antes posible por favor. Por lo visto se acercan tiempos difíciles para Johto, si el legendario ha decidido volver es porque un gran mal está acechando en la oscuridad y aún no sabemos de qué se trata. Enviaré informes a todos los líderes de gimnasio para que me mantengan al tanto de cualquier acto sospechoso pero no les voy a mencionar nada del legendario, al menos de momento. Quiero que este tema se quede entre nuestros clanes y el Alto Mando para evitar que cunda el pánico, espero que lo entiendas
Estaremos en contacto.
Lance.
—¿Qué dice? —Pasaron unos segundos, y cuando Morti asimiló la información le pasó la carta a su abuelo. En su mente Shin agradeció a Lance que no hubiera mencionado el hecho de que esta vez el Elegido, en este caso Elegida, no sería un Descendiente. No era un secreto para nadie que Morti se entrenaba día y noche para atraer la atención del legendario, por eso no sabía cómo iba a tomarse que todos sus esfuerzos no fueran a dar sus frutos esta vez. Ya se lo comentaría más adelante, de momento Shin no quería arruinar el sueño de su nieto.
—¿Tú sabías algo de esto? —preguntó Morti con un tono molesto
—Desde hace unos meses —se limitó a responder su abuelo. Típico de él, siempre se esperaba hasta el último momento para contar las cosas. Pero ahora no tenía tiempo para enfadarse con él, la cara del líder adoptó una expresión de espanto cuando se dio cuenta de que los temores de su amiga estaban más que justificados.
—Así que es cierto. Blanca no se lo está inventando, puede que esté en peligro.
—No solo tu amiguita ni su ciudad, ¿has visto las noticias sobre el Lago de la Furia? ¿Los rumores que dicen que tipos de negro merodean por el Pozo Slowpoke? Se avecinan tiempos difíciles Morti, la misma persona está detrás de todo esto y créeme cuando te digo que no tiene buenas intenciones.
—Ya veo… Lo que no entiendo es por qué si esto lo sabes desde hace meses no has dicho nada hasta ahora.
—Porque nosotros no podemos hacer nada —Morti le miró extrañado y Shin pensó muy bien sus palabras antes de decirlas—. Digamos que todos esos sucesos están relacionados con el Pokémon legendario, y ya conoces la historia de los Elegidos y demás. Pues bien, esta vez no está tan claro que el Elegido vaya a ser un Descendiente, por lo que se ve el legendario ha decidido darle un giro interesante a todo este asunto —El anciano estudió la cara de su nieto, y a primera vista parecía que se lo había tomado bastante bien. O no había pillado la indirecta o confiaba lo suficiente en sí mismo como para creer que, aunque esta vez hubieran más candidatos al puesto de Elegido o Elegida, el legendario se fijaría en él.
—Entonces qué, ¿nos quedamos de brazos cruzados mientras vemos cómo toda Johto es arrasada por el mal porque no nos toca actuar?—Shin sonrió. Era una de sus típicas sonrisas misteriosas, esas que indicaban que siempre iba un paso por delante.
—No te preocupes, lo tengo todo bajo control.
Por fin había llegado el día. Lira estaba a las puertas del gimnasio, temblando tanto de emoción como de nervios mientras Mareep y Totodile no paraban de dar vueltas a su alrededor. La verdad es que no había conseguido dormir casi nada la noche anterior ya que su mente la había mantenido despierta fantaseando con este momento, por suerte parecía que de momento no tenía mucho sueño y esperaba que así siguiera siendo, ¡solamente le faltaba quedarse dormida en medio del combate! Abrió la puerta y al entrar un hombre con gafas de Sol se acercó a ella.
—¡Bienvenida al gimnasio de Ciudad Malva! ¿Serías tan amable de mostrarme la MO05? —Lira sacó Destello del bolso y se lo enseñó— ¡Genial! Estás preparada para desafiar a nuestro líder pues. Déjame decirte que se especializa en pokémon de tipo volador así que no te recomiendo para nada que uses alguno de tipo planta o bicho, en cambio si llevas alguno eléctrico el combate se te hará algo más fácil. Para llegar hasta Pegaso solo tienes que subirte a la plataforma que hay detrás de mí y derrotar a los dos entrenadores que se encuentran antes que él, aunque puedes esquivarlos si no tienes mucho miedo a las alturas. ¡Buena suerte!
—Muchas gracias —Vaya, qué amable había sido. ¿Serían así en todos los gimnasios? La joven siguió sus instrucciones y se subió a la plataforma, que tembló durante unos segundos antes de alzarse. Menos mal que no se había puesto al borde, pues no había ninguna barandilla que impidiera la caída.
Cuando esta llegó a lo más alto se detuvo, y al contemplar el gimnasio comprendió por qué el hombre le había dicho que podría esquivar a los dos entrenadores si no tenía miedo a las alturas. Frente a ella había una pasarela de madera en forma de S que llevaba al líder, y si pasaba por ahí acabaría enfrentándose a ellos. Pero si se fijaba bien, a ambos lados había una pasarela translúcida que llevaba directamente a Pegaso y con la que conseguiría evitarles. Lira prefirió ir por la senda principal para conseguir que sus pokémon obtuvieran más experiencia, además esa sería una buena forma de calentar. Se acercó al primero, que según la placa que se hallaba a sus pies se trataba de un ornitólogo llamado Abel, y le pidió a Totodile que se encargara del combate.
—Vaya vaya, mira qué tenemos aquí, ¿crees que puedes derrotar a nuestro líder? ¡Demuéstrame que no eres una pérdida de tiempo! —El chico sacó a un Spearow y apuntó al tipo agua— ¡Tornado!
El ataque le dio de lleno, pero Totodile no tardó en volver a ponerse de pie. Lira ordenó un Arañazo y una Pistola Agua y con eso se acabó el combate. El siguiente entrenador tenía dos Pidgey y a Lira no le supuso ningún esfuerzo acabar con ellos. Le dio una poción a Totodile para que estuviera al máximo de energía y avanzó hacia el líder.
—¡Bienvenida! Soy Pegaso, el líder de Ciudad Malva, aunque probablemente eso ya lo sabías. Me especializo en pokémon de tipo volador, su forma de surcar los cielos es tan elegante… ¿No te parece? Dicen que una descargar eléctrica es más que suficiente para dejarles fuera de combate, ¡pero yo te demostraré que son mucho más fuertes de lo que la gente piensa! ¡Adelante Pidgey!
—¡Vamos Totodile! —Totodile entró en el campo de batalla enseñando sus afilados colmillos, con la intención de intimidar al adversario, pero Pidgey ni se inmutó.
—¡Ataque Arena! —Con sus diminutas alas Pidgey creó una ráfaga de viento que levantó partículas de tierra, las cuales acabaron en los ojos de Totodile. El ataque fue tan fuerte que Lira tuvo que cubrirse la cara con los brazos para evitar perder visibilidad también.
—¡Toto! —El pequeño empezó a dar vueltas como un loco por todo el campo de batalla. Pegaso sonrió al ver la escena y Lira hizo todo lo que pudo por mantener la calma.
—¡Totodile tranquilo! —Si ella se estresaba él lo sentiría. Parecía que al escuchar su voz se tranquilizó pues se detuvo en seco, aunque aún se seguía frotando los ojos.
—Aprovecha que no puede ver, ¡Placaje! —No había otra, si él no podía librarse de la molesta arena ella tendría que ser sus ojos. Pidgey decidió atacar por la espalda y Lira esperó al momento justo para ordenar su ataque.
Aún no.
Aún no.
Aún no.
…
¡Ahora!
—¡Date la vuelta y Arañazo! —Totodile consiguió darle a su objetivo en toda la cara, haciendo que retrocediera unos pasos. Mientras Pidgey aún estaba recuperándose Lira ordenó dos Pistola Agua, que fueron suficientes para derrotarle.
—Mm, no está nada mal —Mientras Pegaso devolvía a Pidgey a su Poké Ball Lira aprovechó para quitarle la tierra de los ojos a Totodile—. Sin embargo, ¿serás capaz de derrotar al aire que mueve mis alas? ¡Adelante Pidgeotto!
Puesto que a Totodile aún le escocían un poco los ojos Lira decidió hacer un cambio y sacar a su mejor arma para este combate.
—Vamos chica, ¡tienes ventaja! —Mareep aterrizó en sus cuatro patitas, lista para entregarse a fondo. La expresión de Pegaso cambió completamente, en un instante su cara se retorció en una mueca de asco que expresaba todo su rechazo hacia el tipo eléctrico, pero en un segundo consiguió camuflarlo con una sonrisa falsa.
—Je, seguro que crees que me vas a ganar. Pues sabes qué, ¡que tu querido pokémon estará fuera de combate antes de que pueda asestar ni un solo ataque! Pidgeotto, ¡Tornado, sin descanso!
—Mareep, ¡esqui-
Antes de que Lira pudiera acabar su orden Pidgeotto ya había atacado. La velocidad con la que ejecutó el movimiento fue asombrosa, seguramente Pegaso habría pasado mucho tiempo perfeccionando esa estrategia. La pobre Mareep cayó al suelo y antes de que pudiera volver a levantarse fue atacada de nuevo.
—¡Siente la furia de los pokémon de tipo volador! ¡Seguro que se lo pensarán dos veces antes de volver a burlarse de ellos! —La voz del líder estaba llena de ira, al parecer no le había hecho mucha gracia la elección de Lira. Pidgeotto no paraba de crear Tornados y de lanzárselos a Mareep, si esto continuaba así no tardaría mucho tiempo en quedar fuera de combate.
—Uf, ¡Mareep vuelve! —A la joven no le quedó más remedio que cambiar de pokémon, esperaba que con eso el líder se calmara. Antes de decirle a Totodile que volviera al terreno de batalla se agachó para darle unas indicaciones—. ¿Recuerdas lo que has hecho antes? Corre así de rápido para evitar sus ataques, yo te indicaré el momento en el que debes atacar así que no te impacientes, ¿de acuerdo? —Totodile asintió, y tal y como le había mandado empezó a dar vueltas por todo el campo. Pegaso se quedó asombrado, la verdad es que no se lo esperaba, pero tal y como hizo antes recuperó la compostura y volvió a centrarse en el combate.
—No sé qué estás tramando ahora, pero no te va a servir de nada. ¡Placaje! —Al descender en picado Pidgeotto adquirió más velocidad y consiguió dar a Totodile. Lira no dijo nada, dejó que Totodile se levantara y volviera a correr. Pidgeotto ascendió de nuevo y asestó otro Placaje que dio de lleno en el blanco. Y otro. Esa vez Totodile tardó más en levantarse, y cuando volvió a correr lo hizo con más lentitud. El agotamiento se hacía cada vez más patente pero aun así él lo daba todo, puesto que confiaba en que su entrenadora sabía lo que se hacía. Lira se mordió el labio, ya sabía cuál era su patrón de ataque, ahora solo faltaba que Pegaso no viera venir sus intenciones.
—¡Asestemos el golpe de gracia Pidgeotto, Placaje!
—¡Pistola Agua hacia arriba! —Con las pocas fuerzas que le quedaban Totodile obedeció las órdenes de su dueña. El ataque empapó a Pidgeotto, y mientras este se posaba en el suelo para intentar secarse Lira devolvía a su compañero a la Poké Ball.
—Lo has hecho de maravilla campeón —susurró la morena mientras le cambiaba por Mareep, rezando que el resto de la jugada le saliera bien.
—¡Alza el vuelo! —Pidgeotto batió sus alas, pero al estar aún mojadas fue incapaz de levantar apenas unos centímetros del suelo.
—¡Ahora, Impactrueno! —Mareep soltó una descarga eléctrica que casi deja a su contrincante fuera de combate, ya que el agua no solamente hizo que fuera incapaz de volar, al ser un excelente conductor multiplicó su eficacia. Pegaso se llevó las manos a la cabeza, no se lo vio venir para nada.
—Acabemos con esto sin hurgar mucho en la herida Mareep, con un simple Placaje bastará —Dicho y hecho, el tipo eléctrico embistió con suavidad a Pidgeotto, el cual cayó al suelo derrotado. Pasaron unos segundos, y al final el líder salió de su estupor.
—Mira tú por dónde, y yo que estaba convencido de que iba a darte la paliza de tu vida. Va siendo hora de que me pose en el suelo con dignidad —Devolvió a Pidgeotto y fue entonces cuando Lira se dio cuenta de lo que acababa de suceder.
—Perdona, pero… ¿he ganado? —Pegaso le miró extrañado y luego se echó a reír.
—Bueno, has derrotado a mis pokémon, que yo sepa eso es una victoria en toda regla —dijo mientras se metía la mano en el bolsillo. Lira sonrió lentamente mientras los ojos le brillaban de emoción—. Una victoria más que merecida si me permites decirlo, y para muestra un botón, o bueno, una medalla mejor dicho, la medalla Céfiro. Es toda tuya —Pegaso le entregó la medalla y la joven la cogió y la examinó con delicadeza. Era algo pequeña y tenía la apariencia de dos alas blancas, algo que le venía de perlas. Al parecer las medallas estaban diseñadas según el tipo en que se especializara el líder del gimnasio—. Y eso no es todo, de regalo aquí tienes la MT51. Contiene Respiro, con ella los pokémon podrán recuperar el 50% de sus PS. Es unos de mis movimientos favoritos así que espero que sepas darle un buen uso.
—Descuida, y muchísimas gracias —Lira guardó tanto la MT como la medalla en su bolso. No había otra cosa que le apeteciera más en aquel momento que ponerse a saltar de alegría pero consiguió controlarse. Quería mantener una actitud profesional frente a Pegaso, no hacer que pensara que estaba loca—. Y una cosa más, ¿ahora hacia dónde debería de ir?
—Mmm, pues dado que hay un árbol que bloquea la ruta hacia Ciudad Trigal y Ciudad Iris ahora mismo solo se puede ir a Pueblo Azalea. Tendrás que tomar la ruta que está al sur, si tienes ocasión te recomiendo que investigues las Ruinas Alfa, seguro que te parecerán de lo más interesante. En fin, pasando las vías del Magnetotrén llegarás a la Cueva Unión. Atraviésala y en nada llegarás a tu destino. El líder de ese gimnasio es Antón, un buen amigo mío, se especializa en el tipo bicho y créeme, no será nada fácil derrotarle, pero confío en ti —Extendió la mano y la morena se la estrechó—. Espero que nos volvamos a ver pronto Lira, no me importaría combatir de nuevo contigo algún día.
—Lo mismo digo —La joven le soltó la mano y salió del gimnasio, no sin antes recibir los halagos del hombre que le aconsejó al principio. Al estar fuera sacó a Totodile también para poder felicitar a los dos y entonces sí, se puso a saltar de alegría.
—Chicos, ¡lo logramos! ¡Nuestra primera medalla! —Totodile y Mareep estaban tan emocionados que la tiraron al suelo y empezaron a acariciarla con sus hocicos. Los tres se echaron a reír pero su pequeña celebración fue interrumpida cuando empezó a sonar el Pokégear. Lira se sentó y aceptó la llamada.
—¿Sí?
—¿Lira? Soy el profesor Elm —¿Elm? ¿Qué habría pasado ahora?
—Ah profesor, cuánto tiempo sin oír su voz. ¿Ha ocurrido algo?
—No, tranquila, de momento todo va de maravilla. ¿Sigues en Ciudad Malva?
—Sí, de hecho acabo de ganar mi primera medalla de gimnasio —dijo con un orgullo evidente.
—¿En serio? Guau Lira, ¡si es que sabía que tenías madera para esto! Pero me temo que las felicitaciones tendrán que esperar, ¿podrías pasarte por la Tienda Pokémon? Uno de mis asistentes tiene algo que darte, espero que lo trates con sumo cuidado.
—Por supuesto profesor, descuide —Colgó la llamada y miró a sus dos pokémon—. Qué se traerá entre manos ahora. Espero que no sea muy frágil porque seguro que lo acabo rompiendo, como siempre —Se levantó del suelo y antes de nada fue al Centro Pokémon. Lo primero era asegurarse de que Totodile y Mareep recibían un más que merecido descanso, ya tendría tiempo para averiguar cuál era el recado de su querido profesor.
Yasmina estaba sentada en su despacho. Como el de todos los líderes se trataba de una habitación que se encontraba en la parte trasera del gimnasio, y les servía tanto como para descansar mientras no fuera nadie a desafiarles como zona de trabajo. El suyo era bastante simple, algo pequeño y con solo una mesa rectangular en el centro con seis sillas alrededor y algunas estanterías. Ella tenía la mirada clavada en el suelo, y parecía que se pondría a llorar de un momento a otro. No se encontraba sola, Aníbal había ido a visitarla tras enterarse de las noticias con la intención de animarla, pero la verdad es que poco podía hacer para alegrarla.
—No es tu culpa —dijo el varón pasados unos segundos. Los hombros de Yasmina se tensaron y tragó saliva, es lo último que le faltaba por oír.
—¿Que no es mi culpa? —dijo en un susurro mientras alzaba la vista para dirigirle la mirada al otro líder—. Que no es mi culpa dice. Cuatro adolescentes han desaparecido Aníbal, cuatro. Cuatro familias han perdido a sus hijos, ¿acaso las has visto? Están destrozadas, y todo porque no me dio la gana de llamar a Lance en su momento.
—Pero no tenías ninguna forma de saber que esto iba a suceder.
—Eso no es excusa. Siempre se empeña en decirnos que le contemos cualquier cambio que notemos en las Islas Remolino, por muy minúsculo que sea —Volvió a dirigir la mirada al suelo y su voz se transformó en un susurro—. Pensé que exageraba pero ahora veo por qué insistía tanto —Aníbal estuvo a punto de decir algo más pero alguien llamó a la puerta antes de que pudiera abrir la boca.
—Disculpe señorita —Una de las entrenadoras de su gimnasio abrió la puerta y asomó la cabeza—. Sé que está reunida y no tendría que interrumpirla pero le acaba de llegar una carta del Campeón —dijo mientras dejaba dicha carta en una estantería cercana. Cuando se fue Aníbal la cogió y miró a la líder.
—Voy a leerla, ¿te parece bien? —No dijo nada, así que lo interpretó como un sí— Bien, allá voy:
Estimada Yasmina:
Este es un comunicado que he enviado a todos los líderes de gimnasio de Johto. Las noticias que me llegan últimamente son desalentadoras, al parecer una amenaza aún desconocida pretende acabar con los tiempos de paz de los que gozamos, por eso te pido que si vieras algo que esté fuera de lugar o si llegase a tu gimnasio algún entrenador o entrenadora que destaque por encima de los demás me lo hagas saber de inmediato, pues tal vez se trate de una pista de valor incalculable. Os lo digo siempre y ya lo sabéis, pero no os olvidéis de usar vuestras fuentes y de colaborar entre vosotros, el futuro de nuestra amada región está en las manos de todos.
Un saludo.
Lance.
—Tan formal como siempre —Aníbal se echó a reír intentando amenizar el ambiente pero Yasmina no sonrió lo más mínimo. Con una expresión fría como el metal cogió el Pokégear y marcó un número que se sabía de memoria—. Espera espera, no lo va a coger ahora y lo sabes, seguramente estará en alguna reunión o patrullando.
—Pues le dejaré un mensaje de voz —El contestador saltó y tras tranquilizarse la líder empezó a hablar—. Lance, soy Yasmina. Ha sucedido algo y necesito que vengas cuanto antes, estoy segura de que está relacionado con lo que mencionas en la carta. No tardes mucho por favor, es de vital importancia —Cerró el Pokégear y lo dejó en la mesa. Cuando Aníbal vio que ella no tenía intención de hacer o decir nada se cruzó de brazos.
—¿Y ahora qué hacemos? —Ella se acomodó en la silla, cerró los ojos y juntó las manos.
—Esperar, como siempre.
Silver cogió una piedra del suelo y la tiró al estanque que tenía delante de él. Con esa ya eran diez, y seguía igual de aburrido que antes. Miró la hora en su reloj de muñeca y casi se muere al ver que solo habían pasado cinco minutos. Su padre le había dejado solo para variar (bueno, no solo, con un guarda que estaba echándose una siesta la mar de a gusto) y normalmente era algo que no le importaba, ya que se quedaba jugando en su cuarto. Pero esa vez era distinto, habían ido a Johto por no sé qué de una reunión de líderes o vete tú a saber y le había abandonado en una especie de bosque raro. Su única fuente de diversión era lanzar cosas al estanque y ver cómo los magikarp y poliwag huían, pero después de la tercera piedra había perdido gracia. Volvió a coger una piedra que tenía cerca y alzó el brazo, dispuesto lanzarla.
—Para.
El pelirrojo se detuvo y miró detrás de él. Una niña de su misma edad se encontraba a escasos centímetros, tenía el pelo rosa y los ojos azules. Llevaba un collar azul y una camiseta de manga corta blanca con pantalones y zapatillas fucsia.
—Al guardián del Encinar no le gusta que molesten a los demás pokémon.
—Pf, y a mí qué me cuentas —Silver volvió a centrarse en el estanque que tenía delante y lanzó la piedra. Por si tuviera poco ahora esa niñata había venido a incordiarle, definitivamente hoy no era su día. Tal vez si la ignoraba se cansaría y se iría, seguramente estaría aburrida como él, ¡pero eso no le daba derecho a molestarle!
—Estás molestando a los pokémon que viven en el lago —El niño dio un bote de asombro. Ahora ella estaba a su lado, pero había sido tan silenciosa que no le había oído acercarse. Silver gruñó de frustración, no es que destacara por tener mucha paciencia precisamente.
—Repito, y a mi qué. Déjame en paz, ¿no ves que me aburro? No voy a parar.
—¿Quieres jugar conmigo?
¿Jugar? ¿Con él? ¿Lo había oído bien? Silver le miró incrédulo, seguramente le estaba gastando una broma.
—Nadie quiere jugar conmigo, déjame.
—¡Yo sí! Ven, te enseñaré donde vive el guardián y todo, ¿qué me dices? —La niña extendió su brazo con una sonrisa. La verdad es que eso sonaba muchísimo mejor que quedarse tirado el resto del día tirando piedras a un estanque. Echó un vistazo a su cuidador, y cuando vio que este seguía dormido volvió a mirar a la niña y le tomó la mano.
—Está bien, pero no puedo tardar mucho.
—No te preocupes. ¡El último en llegar es un Grimer! —Tras soltarle la mano la niña dio media vuelta y, con asombrosa velocidad, desapareció entre los arbustos.
—Eh, espera, ¡que yo no sé donde está! —Solo obtuvo una risa como respuesta. Temiendo que pudiera perderle la pista echó a correr y, sin darse cuenta, él empezó a reír también.
La luz de la Luna se reflejaba en la medalla Céfiro que Silver sostenía en la mano. El pelirrojo se llevó la mano al cuello mientras la miraba y agarró el colgante azul que llevaba. Lo apretó con fuerza, no había sido fácil, sobre todo porque su inicial era tipo planta, pero al final lo había conseguido. Había dado el primer paso para cumplir su promesa. Soltó el colgante y negando con la cabeza lo volvió a colocar bajo su camiseta. Ese no era momento para recordar tiempos pasados, si seguía haciendo el imbécil de esa forma no avanzaría nunca.
—Vamos —Echó la vista atrás para comprobar que su Chikorita seguía ahí, y cuando vio que el pokémon estaba listo para continuar se adentró en la Cueva Unión.
