Ya eran pasadas las doce de la noche. En Pueblo Azalea no se oía ningún ruido, todos estaban en sus casas, durmiendo. Todos menos César, el anciano experto en Bonguri estaba sentado en su estudio, iluminado por la única fuente de luz de la casa, la lámpara de su mesa. En sus manos tenía una pequeña fotografía, en ella salían él, un poco más joven que ahora, y una niña de pelo rosa con grandes y brillantes ojos azules. A ambos se les veía muy felices, y cualquiera que viera la foto diría que se querían con locura. Una lágrima se deslizó por la mejilla del anciano y cayó sobre la fotografía, justo en la cara de la niña. Movió el pulgar y lo pasó por encima para quitarla, se consideraba un hombre duro y ya habían pasado muchos años pero aún había sido incapaz de superar el secuestro de su nieta.

—Carol —Un sollozo escapó de sus labios y tuvo que cerrar los ojos y apretar los dientes para evitar ponerse a llorar.

—¿Abuelo? —Una voz casi inaudible llegó a sus todavía agudos oídos. Al darse la vuelta vio a su otra nieta en la puerta, sosteniendo a su peluche de slowpoke y frotándose los ojos— ¿Pasa algo? Ya es hora de dormir, que mañana madrugas.

—No cielo, no pasa nada —César fingió una sonrisa mientras guardaba la foto y se levantaba de la silla. Llevándose la mano a la boca bostezó —. Solo estaba comprobando que lo tenía todo listo para mañana, no estaría bien levantarme y encontrarme con que me faltan Bonguris, ¿no? —La niña sonrío, satisfecha con la explicación.

—Vale, pero no tardes mucho, que no quiero que te canses.

—Lo mismo te digo, mañana tienes clase jovencita.

—Sí ya lo sé, por desgracia. Buenas noches abuelo, te quiero.

—Y yo a ti cielo —Mantuvo la sonrisa hasta que la niña se fue, luego su semblante volvió a ser serio. Cogió la foto y con una voz sin emoción susurró—. Juro que te voy a encontrar Carol, y no dejaré que nadie ni nada se meta en mi camino.

Hoy era otra de esas noches en las que no iba a dormir, lo sabía. Tras unos segundos dejó la foto donde estaba y miró por la ventana. Pueblo Azalea no tenía muchos habitantes y las pocas personas que vivían allí eran humildes y trabajadoras, por lo que sobre las once de la noche la mayoría de la gente estaría durmiendo para tener fuerzas al madrugar al día siguiente. Eso lo convertía en un pueblo tranquilo y relativamente seguro, había mucha confianza entre los vecinos y por eso no le preocupaba dejar a su nieta sola de noche. Hacía ya años que él era incapaz de dormir en condiciones, por eso cuando ella se dormía muchas veces aprovechaba para dar paseos, aunque últimamente el ambiente se había enrarecido. Eran esos tipos, los del pozo, seguro que no se traían nada bueno entre manos. Gente así le ponía enfermo, era esa clase de personas las que le arrebataron a su nieta hace tanto tiempo. Si estuviera en mejor forma ya les habría echado del pueblo pero la espalda no paraba de darle problemas y, siendo realistas, él no tenía nada que hacer frente a un grupo de jóvenes desalmados. Necesitaba despejarse, todos esos pensamientos negativos no le estaban llevando a ninguna parte, así que cogió las llaves de casa y salió.

—Qué pasa hijo.

No se sobresaltó cuando vio a Antón sentado. El joven solía dar paseos nocturnos cuando algo le atormentaba y muchas veces acababa fuera de la casa de César, esperando a que el anciano saliera para hablar sobre lo que fuera que le preocupaba. El joven soltó un gran suspiro, había sido una pregunta estúpida en realidad, todo el pueblo estaba igual por la llegada de los tipos del pozo.

—Esto me sobrepasa. Sé que están haciendo algo malo ahí dentro pero cuando les pido que me dejen entrar me dicen que su jefe les prohíbe dejar pasar a personal ajeno.

—Bah, chorradas. Deberías gritarles a la próxima y además, qué narices, eres el líder así que hazte respetar. ¡Sino se reirán en tu cara y harán contigo lo que quieran! —Antón se mordió el labio y empezó a girar su cazamariposas, ese no era su estilo. Por un momento César sintió pena, estaba claro que el chico era toda una eminencia en cuanto a pokémon de tipo bicho, y no había nadie en todo el pueblo capaz de hacerle frente en un combate, pero aun así el anciano pensaba que todavía no estaba listo para ejercer de líder de gimnasio. Era muy joven, le hacía falta madurar para saber sobrellevar este tipo de situaciones y tener un poco más de carácter.

—Voy a llamar a Lance —César se tensó por completo—. Esto se está yendo de las manos. Además, me acaba de llegar una carta suya diciendo que-

—Los Campeones no sirven para nada —El veneno que había en esas palabras era más que evidente—. No hicieron nada cuando secuestraron a mi nieta por "falta de pistas". Seguro que si hubiera sido el familiar de algún jefazo la habrían buscado como locos.

—Comprendo tu malestar pero Lance aún no estaba en el cargo, no entiendo por qué le tienes tanto rencor.

—No es nada personal Antón, el chico en sí no me ha hecho nada, es simplemente que hace tiempo que dejé de creer en esas tonterías. Campeones, Alto Mando y demás, parece un concurso para querer llamar la atención. Con sus modelos extravagantes y sus formas de actuar. Miradme, soy el más fuerte o bien, me alegro por ti, pero de qué sirve si a la hora de la verdad no puedes proteger a los habitantes de tu región —César empezó a andar y se dirigió al Encinar, la conversación no tenía más interés para él así que no había ninguna necesidad de seguir allí—. Haz lo que quieras pero ya sabes que no le recibiré de buena gana.

Antón se quedó con el Pokégear en las manos y tras pensarlo un rato decidió llamar al pelirrojo, total qué es lo peor que podía pasar. Estaban estancados y claramente necesitaban ayuda con este tema, además el domadragón estaba más que acostumbrado a que César fuera antipático con él así que eso no resultaría un problema. Esperó a que sonara la señal y dejó su mensaje, con suerte no tardaría más de un día en venir.


Lira salió de la Tienda Pokémon sosteniendo cuidadosamente un huevo en sus brazos. De todas las cosas que le podía encomendar va y le pide que cuide de eso.

Hace un rato el profesor Elm ha recibido una llamada, y tras estar un rato al teléfono ha exclamado: "¡Entonces solo podemos confiar en Lira!" Es lo que había dicho el ayudante antes de proponerle quedarse con el huevo y claro, en una situación así como iba negarle un favor al hombre que hizo posible que empezara su aventura.

—Y ahora qué hago contigo —dijo en un susurro mientras se mordía el labio inferior—. No me he encargado de un huevo en mi vida —Había oído varios consejos e historias por parte de Eco, ya que como sus abuelos se encargaban de una guardería a veces iba a ayudarles. ¡Era a ellos a quien el profesor debería de haberles confiado el cuidado, no a ella! En fin, de poco servía quejarse ahora, lo mejor sería ir con cuidado hasta que eclosionara así que se acabaron las carreras y el saltar por los setos como una loca.

—Vaya… Qué tenemos aquí.

No había tenido tiempo de guardarlo en el bolso cuando una mujer vestida en un kimono se acercó a ella. Miró el huevo con curiosidad y luego miró a Lira de arriba abajo, como si la estuviera inspeccionando.

—Mmm así que te han escogido a ti, ¿pero serás de verdad la Elegida? —La joven se acercó el huevo al pecho, ¿quién era esa señora y por qué mostraba tanto interés en ella y en un simple huevo?— Por favor tratadlo con mucho cuidado, es de suma importancia —Y con la misma elegancia con la que vino se fue, dejando a Lira estupefacta.

—¿Qué narices? Se puede saber a qué ha venido eso —Miró a Totodile sorprendida y el pequeño le devolvió la misma mirada. Decidió no darle más vueltas al tema y con una gran sonrisa se dirigió a la Ruta 36. Como bien había dicho Pegaso había un árbol raro bloqueando el camino así que decidió ir hacia el sur, donde se encontraban las Ruinas Alfa. No es que fuera una entendida de la arqueología, pero siempre le habían llamado la atención esos lugares.

Lo primero que le dio la bienvenida fue un silencio sepulcral. Lo único que podía escuchar, si afinaba mucho el oído, era el rumor del agua. La verdad es que la escena le imponía un poco, con tantas estructuras antiguas agrietadas y cubiertas de vegetación fue como viajar al pasado. Pero no se echó atrás, empezó a avanzar lentamente y la primera habitación que decidió explorar fue la que se encontraba a su izquierda. Al entrar vio que en el medio de la estancia había un pedestal con un dibujo. A su derecha había una mujer que Lira supuso sería la encargada de dar información sobre las ruinas. Al acercarse la guía le sonrió y procedió a dar una explicación sobre el lugar donde se encontraba.

—¡Buenos días! Bienvenida a esta cámara, aquí restauramos los grabados de pokémon que encontramos en las excavaciones. Es parecido a resolver un puzle, lo único que hay que hacer es juntar las piezas de la forma correcta, ¿quieres intentarlo?

—¿Puedo? —preguntó incrédula, y la guía asintió. A Lira siempre le habían gustado los puzles, así que pensó por qué no. Se acercó y vio que al lado del mural había algo escrito.

Pokémon submarino con ojos en la espalda que se ocultaba en las profundidades.

¿Con ojos en la espalda? ¿Acaso existía algo así? A la morena no le vino nada a la cabeza, pero aun así decidió intentarlo. Total, no tenía nada que perder. Algunos fragmentos ya estaban fijos lo cual facilitaba mucho las cosas, así que lo primero que hizo fue completar la parte exterior. Después procedió a finalizar el interior, lo que le costó un poco más. Cuando estuvo a punto de desistir el dibujo empezó a brillar y posteriormente la tierra empezó a temblar. Antes de que pudiera darse cuenta el pedestal sobre el que estaba se abrió, haciendo que cayera a la estancia inferior.

—¡Ay! Pero qué demonios —Por suerte la caída no había sido muy alta, pero aun así estaba algo dolorida. Se puso de pie y se quitó el polvo de la ropa—. Jope, podrían avisar o algo. Imagínate que llego a caer mal, podría haber sido mi fin.

—Guau —Exclamó alguien—. Es como si hubieras caído del cielo.

Lira alzó la vista y vio que se trataba de un arqueólogo, o eso dedujo por el uniforme y la mochila que llevaba. Solo esperaba que no hubiera tenido la mala pata de toparse con un ladrón.

—¡Es increíble! Nadie ajeno al grupo de investigación había resuelto el rompecabezas —El hombre estaba eufórico— ¡Un genio como tú debería de tener esto! —dijo mientras sacaba de su mochila una especie de libreta y se la entregaba— Se trata de un bloc muy práctico que registra la información automáticamente cada vez que atrapas a un Unown.

—¿Unown? Tengo entendido que son bastante inusuales.

—Ya lo creo, ¡pero este lugar está lleno! Si me disculpas debo volver al laboratorio, si tienes alguna duda pásate, estaremos encantados de ayudarte. Mientras tanto registra tanta información como puedas y resuelve los rompecabezas.

Cuando el arqueólogo se fue Lira sintió como si varios ojos la mirasen con curiosidad. Era algo extraño, como si percibiera una rara presencia… No era intimidante, pero aun así ella se sentía inquieta.

—Este lugar me pone los pelos de punta, aunque no puedo negar que tiene algo que me atrae. Ya que estamos aquí, ¿qué te parece si probamos suerte con los demás puzles? —Totodile asintió y se fue corriendo hacia la escalera, haciendo reír a Lira. Al parecer él tampoco se encontraba muy cómodo allí abajo.


Dragonite aterrizó a escasos centímetros de la puerta del Gimnasio de Ciudad Olivo. Lance bajó de un salto y entró rápidamente, era de día y hacía Sol así que estaba seguro de que más de uno habría visto al inmenso pokémon con lo cual la gente no tardaría en acercarse a curiosear, y lo último que quería era que sus fans le ralentizaran. Se acercó al hombre que siempre da consejos a los aspirantes y le preguntó si Yasmina se encontraba allí.

—Está con Aníbal, esperándole en su despacho —Lance le dio las gracias y fue directo a la habitación. Su intención había sido ir al Lago de la Furia pero al ver la llamada de la líder decidió dejarlo para luego. Llamó dos veces a la puerta y cuando ella le dio permiso pasó.

—Qué querías decirme Yasmina —Su tono desprendía la misma tranquilidad que siempre. La líder tomó aire para calmarse y empezó a hablar.

—Verás, esto no te va a sentar nada bien así que te recomendaría que tomases asiento.

—No te preocupes por mí, dime por qué querías verme.

—Vale, allá voy. Hace unos días Aníbal y yo detectamos ciertas irregularidades en los remolinos, parecía que el mar estaba más embravecido de la habitual pero no quisimos, no, no quise darle mucha importancia. Podía ser algo temporal, ¿no? Le diríamos a las embarcaciones que tuvieran más cuidado y no habría ningún problema.

—Pero no me has llamado para decirme solo eso, ¿verdad?

—No, ahora viene lo fuerte. A ver cómo lo explico, hace poco-

—Hace poco unos jóvenes alquilaron una embarcación para ir a las Islas Remolino y no solo no han vuelto sino que no se han encontrado restos de nada. Las patrullas de búsqueda lo están dando todo pero es como si se hubieran desvanecido, o el mar les hubiera engullido —Viendo el nerviosismo de la líder Aníbal decidió intervenir y contar lo que había pasado sin perder más tiempo. Alargarlo no serviría de nada, cuanto antes se zanjara el tema mejor.

—Ya veo, imagino que sabéis lo que eso puede significar —Los dos asintieron—. Muy bien, quiero que vigiléis esa zona día y noche y que cerréis el paso al mínimo atisbo de irregularidad, ¿he sido claro? —Volvieron a asentir— Mantenedme informado de todo lo que pase y no dejéis que cunda el pánico entre la población.

—¿Eso es todo jefe? Pensé que estaría más sorprendido.

—Lo estaría Aníbal, por suerte mi abuelo hace vuestro trabajo y me informa de lo que ocurre en la región. Confío en que no me volveréis a ocultar información.

—Fue culpa mía señor, no volverá a suceder.

—Eso espero. Bien, ya que estoy aquí llevadme con las familias, puede que compartan algún dato que sea relevante para la investigación.

—¡Sí señor!


Lira salió de las Ruinas cuando empezaba a atardecer. No había sido su intención quedarse tanto tiempo, pero al ver a esos extraños pokémon en persona algo la empujó a quedarse un rato más para seguir observándolos. Sin embargo no podía olvidar que había empezado la aventura para recorrer todo Johto y convertirse en Campeona, no en arqueóloga, así que tras unas pocas horas retomó el camino.

Había decidido sacar a Mareep también de su Poké Ball para que pudiera corretear junto a Totodile libremente por la Ruta 32, esta tenía bastante vegetación y parecía tranquila y segura. Se levantó una pequeña brisa que era de agradecer y Lira se acercó instintivamente el bolso. Aún le parecía irreal que fuera la encargada de cuidar de un huevo pero si Elm había confiado en ella seguro que sería por algo.

—¡Toto!

—¡Ma mareep!

El griterío emocionado de sus pokémon la sacó rápidamente de sus pensamientos. Se habían parado debajo de una gran estructura, que parecía ser una vía, y no paraba de saltar emocionados.

FIUUUM

En un abrir y cerrar de ojos el Magnetotren lo atravesó, haciendo que los pequeños se pusieran a bailar de alegría.

—¿Queréis que cuando lleguemos a Ciudad Trigal nos montemos en uno? —Lira fue incapaz de reprimir una sonrisa, no acababa de entender cómo ese tren podía ponerles tan contentos pero quién ella para juzgar. Bajaron por unas escaleras hasta un puente de madera que había sobre un embalse, algo de lo que se arrepintió casi al instante cuando la joven entrenadora vio como Totodile se asomaba al borde y empezaba a gritar mientras metía la cabeza en el agua de vez en cuando. Se apresuró a devolverle a su Poké Ball antes de que alguno de los pescadores allí presentes se enfadasen con ella. Por suerte Mareep era más tranquila y simplemente se limitaba a asomar el hocico de vez en cuando para ver nadar a los magikarp.

Al llegar al final del pequeño puente Lira divisó el tejado de un Centro Pokémon que asomaba tras un par de árboles. Era toda una suerte que se encontrara antes de entrar a la Cueva Unión, en un principio no tenía pensado parar hasta llegar a Pueblo Azalea pero a lo mejor pasaría la noche allí para salir más descansada al día siguiente, después de todo no tenía ninguna prisa.

—Eh tú, niña —Ya estaba a punto de llegar cuando un tipo de lo más extraño se acercó a ella. La joven se tensó casi automáticamente y Mareep debió de sentir su incomodidad, pues empezó a desprender chispitas—. ¿Quieres conseguir lo último que hay en el mercado? Te lo puedo dejar a un buen precio.

¿Un tío raro que hablaba en voz baja y le vendía "lo último del mercado"? No gracias— Es muy amable por su parte pero no estoy interesada.

—Vamos, ¡si todo el mundo quiere un poco de esto! Por el ridículo precio de un millón de yenes puede ser tuyo.

Guau, guau, guau, ¿un millón? Pero de qué iba— ¿Tú me has visto bien? Tengo lo justo para pasar el día y dudo que cualquier persona que pase por aquí tenga esa cantidad. Deja de tomar lo que sea que vendes y baja a la Tierra —Parecía que el hombre iba a replicar pero Lira no le dejó. Se metió rápidamente en el Centro Pokémon y se apresuró a llegar al mostrador. Al verla tan acalorada la enfermera le preguntó que si se encontraba bien y la morena le respondió que sí. Por suerte el vendedor parecía estar en baja forma física y había tenido cerca un lugar seguro al que acudir, sino quién sabe lo que hubiera podido pasar. Eso le sirvió como recordatorio de por qué no era una buena idea viajar de noche en general, incluso en los lugares más insospechados podía haber gente así. Además fue la señal que necesitaba para pasar la noche ahí, podía llegar a ser un poco temeraria a veces pero no se la iba a jugar en esa ocasión. Pidió una habitación y al asomarse por la ventana de esta vio que aquel hombre seguía en el mismo sitio de antes. Qué inquietante. Cerró la ventana, se tumbó en la cama y puso la radio, con suerte habría desaparecido para mañana y podría continuar su viaje tranquilamente.


Carol estaba sentada en la orilla de uno de los lagos subterráneos del Pozo Slowpoke. Al escuchar como sus compañeros no paraban de reírse tras ella rodó los ojos, estaba rodeada de estúpidos. Qué clase de persona se reía del sufrimiento de los pokémon. Estaba tan centrada en mantener su vista en el agua que no se dio cuenta de que Protón se estaba acercando a ella hasta que vio su reflejo en el agua.

—Qué tal Carol, ¿sigues sin querer hacer amigos?

—La verdad es que no tengo el más mínimo interés en relacionarme con gente como vosotros —Protón soltó una gran carcajada que resonó por todo el pozo y luego puso su mano en el hombro de la joven. Ella se tensó pero no se apartó, sabía que lo mejor era no tentar mucho a la suerte.

—Tan graciosa como siempre por lo que veo. Anda ven, que vas a ayudarnos un poco —Se levantó y siguió al ejecutivo. Las únicas tareas que le encomendaban eran cosas simples como ir a comprar comida (vestida de calle, claro) o ir al Centro Pokémon para que sanaran a los que habían sido heridos en combate. Cuando llegó y olió la sangre casi vomita, pero logró mantener una cara seria. Protón se detuvo y ella también lo hizo, cruzándose de brazos.

—A ver, en qué ridículo conjunto queréis que salga al pueblo esta vez —Pero para su asombro (y temor) lo que tenía el recluta que se encontraba delante no era ropa, sino un cuchillo bastante afilado. Protón se dio la vuelta y la miró con una sonrisa sádica.

—Tu lealtad está en la cuerda floja querida —Un escalofrío le recorrió la espalda—. Me da igual que Giovanni te reclutara cuando eras una niña porque "eras especial", la verdad es que no has demostrado nada durante todo el tiempo que llevas en el Team Rocket y solo estorbas. Seguro que convenciste a Silver para que se fuera y todo, lo único que haces es atrasar nuestros planes y estoy empezando a cansarme.

—¡Eso no es cierto! Él se fue porque no os soporta-

SLAP

El sonido retumbó por todo el pozo. Tras procesar lo que había pasado Carol se llevó una mano a su mejilla derecha y volvió su mirada lentamente a su superior, ¿le había pegado? Pues sí había acabado rápido con su paciencia esta vez.

—No me interrumpas mientras te estoy hablando y no te atrevas a volver a alzarme la voz, ¿te ha quedado claro querida? —Chasqueó los dedos y el recluta de antes le dio el cuchillo— Normalmente se hace con tijeras pero no nos quedan para ti, así que tendrás que apañártelas con esto —Tras unos segundos, y con lentitud, Carol se acercó y cogió el cuchillo—. Te hemos preparado un blanco perfecto, ya está inmovilizado así que lo único que tienes que hacer es cortarle la cola.

Genial… A ver cómo iba a librarse de esta. Tragó saliva mientras se arrodillaba al lado de la criatura, que a pesar de tener todas las extremidades atadas parecía ser ajena a su destino. Levantó el cuchillo, cerró los ojos y después lo bajó lo más rápido posible. Un grito de dolor le hizo volver a abrirlos, algo que desearía no haber hecho. La sangre le había salpicado y la verdad es que el slowpoke parecía muy malherido.

—Vaya, le has cortado en el peor sitio, en un par de minutos morirá desangrado. No ha sido tan difícil, ¿a que no?

Conteniendo las ganas de vomitar se levantó y fue corriendo a lavarse las manos. La risa de Protón y de los demás inundó el pozo y no fue cuando sus palabras le resonaron en la cabeza que se dio cuenta de lo que había dicho.

En un par de minutos morirá desangrado.

Se apresuró a volver al lado del slowpoke, que no paraba de emitir sonidos de dolor.

—Lo siento lo siento lo siento —La herida había sido horrible, había más sangre que de costumbre. A Carol le bajaba una cascada por los ojos mientras los escasos reclutas que había por ahí les señalaban y se reían. Estuvo a punto de quitarse la camiseta para tapar la herida pero al final optó por una opción más inteligente, con tanto pervertido no estaría segura, así que sostuvo al pokémon en brazos y se lo acercó al pecho, levantándose un poco la camiseta para poder hacer presión en la herida. El slowpoke le miraba afligido, como si le estuviera pidiendo piedad.

—Lo siento, yo no quería, te juro que te voy a sacar de esta —Juntó su frente con la de él y después se fue corriendo a la salida. Pensó que no habría ningún problema en llegar al pueblo pero un recluta le bloqueó la huida.

—Eh, ¡no puedes salir con ese slowpoke!

—¡Déjame! ¡Si no le llevo a un Centro Pokémon morirá!

—¿Te has vuelto loca? ¡Te arrestarán en el acto! Además no puedo permitir que te pase algo, sino se me caerá el pelo, literalmente.

—¡He dicho que me dejes!

—¡Y yo te he dicho que no!

—Con que esas tenemos... —Sosteniendo al moribundo slowpoke en un brazo, con la mano que tenía libre agarró la Poké Ball que contenía a su mejor y más fiel amiga y la lanzó al aire—. Zubat, ¡Supersónico!

Las ondas aturdieron al guarda y sin perder ni un segundo aprovechó para escapar. No iba a entrar directamente al centro, no era tan estúpida como para arriesgarse pero tampoco iba a abandonarle a su suerte. Se acercó a la puerta y cuando esta se abrió automáticamente dejó al pokémon dentro y se fue corriendo. No paró hasta llegar al pozo y una vez ahí se sentó en el suelo y suspiró.

—Mira que son malvados. Hacerle eso a una criatura tan inocente —Zubat se acurrucó cerca de ella de forma cariñosa, por suerte no se encontraba del todo sola en ese infierno. Cerró los ojos y sonrió tristemente, a ver si Protón había quedado satisfecho de una vez y dejaba de molestarla durante una temporada.