—¿Ya hemos llegado?
Tras correr un rato los dos niños llegaron a lo que parecía ser un santuario. Estaba bien cuidado y había varios ramos de flores en la parte delantera, parecía que la gente se esforzaba en cuidarlo y mantenerlo impecable.
—Sí, es aquí —Carol sonrió y cerró los ojos mientras juntaba las manos—. Puedes salir, no tiene malas intenciones.
Pasaron unos segundos y frente a ellos se materializó un pokémon que Silver no había visto nunca. Era pequeño, verde y flotaba en el aire.
—Silver, te presento al protector de nuestra aldea, el guardián del Encinar Celebi —Cuando escuchó su nombre el pokémon inclinó un poco la cabeza, como si estuviera presentándose. Silver hizo lo mismo.
—Encantado Celebi, espero que nos llevemos bien.
Silver tragó saliva. Ya había llegado, estaba frente a la casa de su amiga y todo seguía igual, tanto la parte exterior como el buzón y la planta de bonguri. Había ido con una misión pero no se atrevía a llevarla a cabo. Sacudiendo la cabeza acortó las distancias y llamó a la puerta. Tardó unos segundos, pero al final César la abrió y si las miradas pudieran matar él estaría cinco metros bajo el suelo.
—No acepto más pedidos por hoy —Su voz era fría, seca y cortante, pero también lo era Silver, por eso el chico no se echó a atrás.
—Te puedes ir al carajo tú y tu maldito negocio, solo vengo porque sé que es lo que ella hubiera querido. No te preocupes, está bien.
En un abrir y cerrar de ojos Silver se encontró a unos centímetros del suelo. Para ser un viejo la verdad es que aún seguía en forma, le sostenía en el aire por el cuello de la camisa como si no fuera nada.
—Que está bien. La habéis secuestrado, ha estado viviendo apartada de su familia, obligada a cometer actos delictivos en contra de su voluntad, viviendo con gente despreciable y dices que está bien, ¿no tienes vergüenza? —Silver se retorció en su agarre, ya estaba empezando a costarle respirar.
—¿C-crees que yo formo parte de lo que sucedió? ¿Crees que me gusta? A mí también me importa y si por mí fuera nunca habría entrado en la organización.
—Ya, yo no lo tengo tan claro, teniendo en cuenta que eres el hijo de Giova-
César no acabó la frase. Fue automático, al escuchar el nombre Silver dio una patada que acabó en el estómago del anciano, haciendo que soltara todo el aire y cayera al suelo de rodillas. Silver consiguió zafarse al fin del agarre y se alejó un poco.
—No lo vuelvas a decir, ¡no vuelvas a pronunciar su nombre! —Venir aquí había sido un completo error, lo sabía. La sangre le hervía, necesitaba desahogarse y el anciano que tenía delante era perfecto, pero no lo haría. No, por respeto, a ella. Escupió a su lado y sin pensárselo dos veces dio media vuelta y se dirigió al gimnasio.
Lo primero que hizo Lira al despertar fue asomarse a la ventana. El tipo de la noche anterior estaba durmiendo en una silla reclinable, algo normal teniendo en cuenta que eran las primeras horas de la madrugada y que probablemente se habría pasado la noche despierto. En verdad a Lira le daba un poco de pena, seguro que sería de esos que trabajaban para las mafias y se llevaban con suerte el 1% de lo recaudado. Se duchó, comprobó que el huevo estaba bien y que lo tenía todo en su bolso y bajó a desayunar. Cuando su equipo y ella estuvieron listos salió del Centro y fue a la Cueva Unión.
Lo que más le sorprendió al entrar fue que el lugar estaba lo suficientemente iluminado como para no usar linterna ni ningún movimiento, pues recordaba que siempre que iba a investigar cuevas de pequeña con su familia y el profesor tenían que llevar algo que alumbrara el camino. También es cierto que el lugar que exploraban se llamaba Cueva Oscura, eso ya daba una ligera idea de cómo sería el sitio. A pesar de la luz los pokémon sabían camuflarse bien en su hábitat lo cual no era impedimento para que salieran de los lugares más insospechados, igual que sucedía en la hierba alta. Había un par de entrenadores pero no le supuso ningún esfuerzo derrotarles así que no tardó mucho en salir de la cueva.
—¡Totooo!
Al ver a Totodile tan emocionado por salir la joven pensó que sería porque ya echaba de menos la luz del Sol pero nada más lejos de la realidad, una abundante lluvia le dio la bienvenida al poner el pie en la Ruta 33. Se cubrió rápidamente la cabeza con los brazos aunque poco servía, fue en ese momento cuando se arrepintió de no llevar paraguas por "ocupar espacio innecesario".
—Desde luego te lo estás pasando como nunca —El pokémon no paraba de dar vueltas ni de saltar, verle tan feliz desde luego hacía que mereciera la pena empaparse. Tras dejarle jugar un rato más bajo su elemento retomó el camino y por suerte no tardó mucho en despejarse.
—¡No nos vengas con cuentos! Disueltos nosotros… ¡Ja!
Justo cuando parecía que iba a llegar al pueblo sin ningún percance vio que enfrente de lo que parecía ser un pozo había dos hombres discutiendo o bueno, para ser más exactos, un hombre escarmentando a otro.
—Puede que ese niño nos derrotará aquella vez, ¡pero puedes estar seguro de que hemos vuelto más fuertes que nunca y nadie se meterá en nuestro camino esta vez!
El otro salió despavorido ante esas palabras y el que tenía mal genio se limitó a reír maléficamente. Parecía que tenía el uniforme manchado de sangre y por eso la morena trató de dar media vuelta, pero él le vio antes de que pudiera esconderse.
—Ah no te preocupes por esto, estamos pintando el pozo y algunos lugareños no están del todo de acuerdo con esta decisión —le dijo en un tono tranquilo. Lira asintió con una media sonrisa y pasó corriendo, tenía pinta de estarle mintiendo pero lo último que quería era meterse en problemas así que no le hizo mucho caso.
Pueblo Azalea era pequeño, acogedor y pacífico, o eso es lo que siempre había oído. La verdad es que el ambiente era un poco extraño, la gente parecía estar conmocionada por algo y desde fuera veía que el Centro Pokémon estaba lleno de gente, ¿no se suponía que este era uno de los lugares más tranquilos de Johto? ¿A qué venía tanto revuelo?
—¿Toto?
—No tengo ni idea pequeñín, pero yo ahí no entro hasta que la cosa se haya calmado —Dio una pequeña vuelta por el pueblo y al final llegó a una casa con una planta de bonguri enfrente. Fue entonces cuando recordó que Eco le había hablado de un hombre que creaba Poké Balls a partir de bonguris, ¿viviría ahí? Ya que de momento no tenía nada que hacer decidió entrar y echar un vistazo.
—Buenas, ¿hay alguien aquí?
Una fría mirada le dio la bienvenida, que hizo contraste con el calor de la casa. Lira hizo lo mejor por disimular el escalofrío que le recorrió la espalda, el anciano era bastante intimidante.
—P-perdón, pensé que usted sería César, n-no era mi intención molestar.
—Sí, soy yo, ¿qué quieres? —Parecía estar molesto por algo pero al ver que le había asustado un poco suavizó su tono— Perdón, hace mucho que no duermo bien. Supongo que habrás venido a que te haga una Poké Ball, ¿no? —Lira asintió, no se atrevía a hablar por si acaso volvía a tartamudear— Está bien, dame un bonguri.
La joven metió la mano en el bolso y se sobresaltó al notar que algo había vibrado. Echó un vistazo al interior y tras unos segundos vio que el huevo volvió a vibrar, ¿le quedaría poco para eclosionar? César tosió, recordándole que estaba esperando y ella se apresuró a sacar cualquier bonguri. El artesano se sentó en su estudio y empezó a trabajar, haciendo cada paso con cuidado y delicadeza. Se notaba que ponía empeño y cariño, era un espectáculo bastante agradable de ver.
—Olvídalo, ¡no puedo quedarme quieto mientras esos tipos campan a sus anchas haciendo lo que quieren! —Pero a mitad del proceso se levantó de la mesa, enfurecido—. Primero encuentran anoche a ese pobre Slowpoke y esta mañana llega el niñato de las narices, si creen que César va a quedarse de brazos cruzados, ¡están muy equivocados!
El anciano salió corriendo de su casa y Lira se quedó unos segundos quieta, no sabiendo muy bien cómo reaccionar. Para ser un hombre de avanzada edad la verdad es que era bastante rápido.
—¡César! —Un chico joven de joven pelo morado entró acalorado en la casa. La escaneó con los ojos frenéticamente hasta que estos se posaron en Lira.
—Se acaba de ir.
—No fastidies, sabía que lo acabaría haciendo —Adoptó una pose pensativa por unos instantes y volvió a dirigirse a la chica—. Habrá ido al pozo seguramente, ¿puedes hacerme un favor e ir tras él? —¿Ella? ¿Volver al pozo donde estaba el loco ese?— Te lo suplico, se deja llevar fácilmente por las emociones y al final va a acabar mal, es solo hasta que consiga refuerzos. Me basta con que evites que entre, ya me encargaré yo del resto.
Lira dudó durante unos instantes pero al final aceptó. Era un encargo bastante fácil, solo tenía que asegurarse de que el hombre se quedara fuera— Está bien, cuenta conmigo.
—Muchísimas gracias en serio, voy a pedir ayuda —El chico se fue corriendo y en cuanto Totodile asintió Lira hizo lo mismo. Se le veía bastante asustado, tal vez el anciano corría peligro yendo allí, solo esperaba no verse envuelta en un lío demasiado gordo.
El interrogatorio a las familias no había sido casi nada fructífero, algo que por desgracia no le sorprendió. Al parecer los cuatro eran unos chavales normales que a primera vista no tendrían ninguna relación con el legendario, los pobres habrían ido al lugar equivocado en el momento equivocado seguramente. Aun así era extraño que les hubiera hecho desaparecer sin un motivo aparente, a no ser que se tratara de un ser caprichoso, tendría que hablarlo con Morti lo antes posible antes de sacar conclusiones precipitadas.
—Bueno, ¿entonces qué hacemos al final jefe?
—Tú volverás a Ciudad Orquídea y Yasmina se quedará aquí, quiero que entre los dos coordinéis una partida de vigilancia y que estéis al tanto de todo lo que sucede en esos remolinos —El Pokégear le empezó a sonar y al ver que se trataba de Antón maldijo en voz baja. Se le había olvidado por completo devolverle la llamada—. Disculpad, ahora vuelvo. Dime Antón, ¿qué pasa?
—¡Lance! ¡Por fin! —El joven sonaba bastante estresado— Tienes que venir inmediatamente, hace varios días que unos tipos raros andan por el pozo y hace unos minutos César decidió ir para cantarles las cuarenta, ya le conoces, pero no creo que pueda contra ellos él solo. Una entrenadora ha ido tras él para ayudarle pero tengo miedo de que le hagan algo, ¿podrías ir a echarles una mano? Yo me tengo que quedar en el pueblo, anoche alguien trajo un Slowpoke moribundo al Centro Pokémon y tengo que encargarme de calmar las cosas por aquí.
—Pues… —Dio media vuelta y vio que tanto Aníbal como Yasmina le asintieron, podrían encargarse del resto sin su ayuda— Está bien, voy enseguida —Un suspiro de alivio se oyó al final de la otra línea.
—Muchísimas gracias. A por cierto, me consta que es gente peligrosa, por favor ten mucho cuidado.
—Lo tendré tranquilo —Lance colgó y se dirigió a su Dragonite—. Lo siento chico, me temo que aún no podemos descansar —El pokémon se agachó un poco para que su entrenador pudiera subir con más facilidad—. Si sucede algo ya sabéis, avisadme cuanto antes.
—Descuide jefe, Yasmina y yo nos encargaremos —Dragonite alzó el vuelo y miró a su maestro.
—Pueblo Azalea, Pozo Slowpoke para ser más precisos. Puede que las cosas se pongan feas así que prepárate para combatir —El pokémon asintió y sin más tiempo que perder puso rumbo al destino indicado.
—¿César?
Su voz resonó por toda la cámara y eso que todavía estaba en el inicio de las escaleras. Al no obtener respuesta bajó con cuidado de no resbalarse, no estaba fuera así que tendría que haber entrado. Cuando llegó a tierra vio que el anciano estaba tumbado en el suelo, intentando sentarse
—¡César! ¿Se encuentra bien? —Lira se agachó y le ayudó a incorporarse lentamente. El anciano se llevó una mano a la espalda, parecía estar bastante dolorido.
—Sí tranquila, grité al desgraciado que estaba montando guardia y huyó despavorido pero en cuanto intenté bajar me tropecé y me caí, ya tenía la espalda mal como para encima darme un golpe ahora. Me temo que no puedo avanzar en estas condiciones, ¿te importaría enfrentarte a esos desalmados?
—Por supuesto que no, déjemelo a mí.
—Gracias. Por cierto, aún no sé cuál es tu nombre —Es verdad, con todo lo que había pasado todavía no se había presentado formalmente.
—Lira.
—Lira, ya veo. Una advertencia antes de que te vayas, no han tenido miramientos a la hora de hacer daño a los pokémon así que no creo que los tengan tampoco con las personas. Ten cuidado por favor —Lira asintió y entró en el pozo.
La verdad es que el panorama era desolador, no dejaba de escuchar lamentos y gritos de dolor. Totodile parecía estar tan afectado como ella pero no podían echarse atrás, si conseguía llegar al fondo de todo esto tal vez descubriría qué estaba pasando y poner fin a tanto sufrimiento.
—Eh, ¡tú! Pero a dónde te crees que vas chavalina —Un hombre parecido al que se encontraba arriba se acercó con cara de pocos amigos. De hecho, parecía ser el de antes— ¿No te ha convencido tampoco la explicación? Estamos pintando el pozo, lárgate si no quieres que te eche a patadas.
—¡Y un cuerno! —Lira se cubrió la boca, sobresaltada por su propia reacción. Esa expresión le había salido del alma, hasta el propio recluta parecía asombrado. Pero era inevitable, nunca le habían gustado los abusones, siempre le hervía la sangre cuando se topaba con alguno. Puso ambas manos en las caderas y le dirigió una mirada intimidante, se iba a enterar de lo que valía un peine— Ni estáis pintando el pozo ni me vas a echar, mucho menos a patadas. Totodile, ¡adelante!
—Así que esas tenemos, te sobran agallas para ser tan joven pero ya veremos cuánto te dura la tontería. Adelante Rattata, ¡Ataque Rápido!
—Esquívalo y Pistola Agua —A Totodile no le dio tiempo a esquivar, sin embargo parecía que el ataque no le había hecho mucho daño. Se recuperó y lanzó un chorro de agua a su contrincante, que después de eso acabó derrotado tras recibir un Mordisco. El recluta sacó a otro Rattata pero no fue rival para el enérgico pokémon y tan pronto como empezó el combate acabó.
—Demonios, hoy no es mi día. Tengo que avisar al jefe antes de que sea demasiado tarde —El hombre dio media vuelta y desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Lira sonrió a Totodile, una vez más habían vencido.
—Se lo tenía bien merecido —Totodile dio un salto de alegría y al aterrizar empezó a brillar. Lira tuvo que apartar ligeramente la mirada y cuando la luz desapareció vio que una nueva criatura apareció en su lugar. Se parecía a Totodile pero era más alto y la forma en que la mandíbula superior sobresalía a la inferior junto con cómo estaba distribuido el color amarillo por su cuerpo azul le daban un aire primitivo. La joven sacó rápidamente la Pokédex para ver de qué se trataba.
Croconaw.
Descripción: la evolución de Totodile. Abre sus grandes fauces cuando le atacan. Si pierde algún colmillo al morder, le vuelve a crecer.
—No me lo creo, has evolucionado, ¡qué bien! —Lira se abalanzó sobre Croconaw y él le devolvió el abrazo— Ahora sí que sí, esos tipos no tienen nada que hacer.
Con su fiel compañero al lado retomó el camino. Tras avanzar un poco se encontró con una chica de pelo rosa corto y ojos azules que llevaba un uniforme parecido al del recluta de antes. Sin embargo su expresión era completamente diferente, parecía mucho más calmada y amable.
—¿Eres tú quien ha derrotado a mi compañero? —Lira asintió y la chica se echó a un lado— Adelante, pasa —La joven alzó una ceja, ¿en serio iba a dejarla? ¿Así sin más?
—¿No vas a combatir? —Ella sonrió y negó con la cabeza.
—Para qué, ambas sabemos que voy a perder y además no tengo ningún interés en hacerte perder el tiempo, con suerte podrás detenerle.
—¿Detener a quién?
—Ya lo verás.
No estaba del todo convencida, pensaba que podía tratarse de una trampa, pero no iba a quedarse quieta como un pasmarote. Pasó de largo y al final llegó a una habitación donde habían tres personas más: un chico y una chica parecidos a los de antes y un hombre que no solo destacaba por su pelo turquesa. Sus botas y guantes eran blancos, seguramente para indicar un rango superior, Lira intuyó que se trataría del mandamás.
—Mire jefe, ¡la intrusa ha llegado! —El chico señaló hacia ella y la recluta sonrió.
—Oooh, déjemela a mí por favor.
—Ni hablar, ¡la he visto yo primero!
—¡Pero yo he ganado más combates que tú!
—¿Y por qué no combatís los dos a la vez? —Los dos reclutas se miraron entre ellos y luego dirigieron sus ojos llenos de admiración a su líder.
—¡Es una buenísima idea jefe! —exclamó el chico emocionado— Así no tendrá nada que hacer. Rattata, ¡ves a por ella!
—¿Qué? —Lira no podía creerse lo que estaba a punto de suceder, ¿cómo iba a ganar combatiendo contra dos entrenadores al mismo tiempo?— ¡Dos contra uno no es nada justo!
—Lo siento querida, jugar limpio no es nuestro estilo. ¡Adelante Zubat!
Los dos pokémon se materializaron y por su aspecto parecía que si no sacaba pronto a sus compañeros le atacarían a ella. Lira suspiró, ¿por qué siempre acababa en situaciones así?
—Está bien, si insistís. Croconaw, Mareep, ¡dadles una lección! —Croconaw entró en el campo de combate y tras sacarla de la Poké Ball Mareep hizo lo mismo. Los dos parecían bastantes confiados, eso era bueno— ¡Pistola Agua a Rattata, Impactrueno a Zubat!
—Rattata, ¡Placaje!
—Zubat, ¡Supersónico!
Mareep esquivó Supersónico y consiguió hacer que Impactrueno le diera de lleno a Zubat, debilitándolo al instante. Por su parte Rattata consiguió darle a Croconaw pero él se levantó como si nada y contraatacó con Pistola Agua. Mareep le asistió con Placaje y entre los dos consiguieron derrotarle.
—Cómo es posible, ¡dale una lección Ekans! —Una serpiente morada reemplazó al Zubat caído— Malicioso.
—Tú también Zubat, ¡Supersónico!
Aprovechando que Mareep se quedó quieta tras Malicioso el Zubat consiguió confundirla. La pobre oveja empezó a dar círculos sobre sí misma y Croconaw le miró extrañado.
—¡Picotazo venenoso!
—¡Chupavidas!
—¡Pistola Agua! —Al estar confundida Lira prefirió no darle ninguna orden a Mareep, por si acaso acababa atacando a Croconaw. Picotazo venenoso le dio de lleno al tipo agua mientras que Chupavidas fue dirigido a su compañera. Los dos entrenadores volvieron a dar las mimas órdenes y los mismos movimientos acabaron por darle otra vez a los dos.
—¡Constricción!
—¡Impresionar, Zubat!
Croconaw empezó a gruñir y de mala gana le lanzó un chorro de agua no muy potente a Mareep. Eso consiguió sacarle de su confusión y tras sacudirse un poco para secarse volvió a encararse a sus adversarios.
—Gracias Croconaw. Ya sabéis chicos, ¡Pistola Agua e Impactrueno!
Los movimientos dieron en el blanco, derrotando a los dos al instante y tras eso al chico solo le quedaba un Zubat, que fue derrotado sin mayor esfuerzo. Los dos reclutas se quedaron estupefactos, no se explicaban cómo habían podido perder.
—¡Argh! Protón…
—Increíble, ni aunando fuerzas habéis sido capaces de derrotar a una chiquilla, está claro que estoy rodeado de incompetentes. Avisad a los demás de que abandonen el pozo y me esperen donde ya saben, la operación se detiene temporalmente.
—¡Sí jefe! —Los dos reclutas se fueron por donde Lira había venido y cuando ya no se les podía ver la joven se acercó al Ejecutivo.
—Qué estáis tramando.
—¿En serio crees que te voy a contar nuestro plan como hace el villano en las pelis? Solo te diré una pequeña parte, las colas de los Slowpoke son muy cotizadas en el mercado negro —Protón se llevo una mano al cinturón y lanzó una Poké Ball, liberando a su Zubat—. No dejaré que alguien como tú me estropeé un negocio tan rentable, vas a comprobar de primera mano por qué soy conocido como el miembro más retorcido del Team Rocket. ¡Supersónico!
¿Team Rocket? Un momento, ese nombre le sonaba. El Zubat obedeció a su entrenador y emitió una serie de ondas que Lira esquivó por los pelos, César tenía razón parecía que no tenía reparo en atacar a las personas.
—Mareep —lo mejor sería acabar con el combate lo antes posible para volver a la seguridad del pueblo— ¡Impactrueno!
César intentó ponerse de pie y estuvo a punto de conseguirlo, pero se volvió a caer. La espalda aún le dolía demasiado pero por lo menos era capaz de sentarse sin tener que apoyarse en la fría pared de la cueva, todavía no acababa de creerse la mala suerte que había tenido al resbalar. Mientras seguía lamentándose el eco de unos pasos llegó a sus oídos y él entrecerró los ojos, esperando ver a Lira surgir victoriosa de la oscuridad.
—Venga gandules, ¡tenemos que pirarnos de aquí!
Pero no hubo suerte, se trataba de esos gamberros. Los cuatro pasaron de él como si fuera una roca y subieron la escalera apresurados, excepto la chica que iba al final. Se le quedó mirando con una mezcla de asombro y tristeza e hizo un amago de acercarse.
—¿Abuelo?
César abrió los ojos de par en par, ¿lo había oído bien? La chica sonrió y fue entonces cuando reconoció a su nieta, había cambiado pero su expresión dulce seguía intacta.
—¡Carol! —César alzó el brazo, como si quisiera alcanzarla, pero el tierno momento nunca llegó a producirse.
—Vamos Carol, mueve el trasero. Siempre nos quedamos atrás por tu culpa —La joven le sonrió tristemente a su abuelo, por muchas ganas que tuviera de abrazarle sabía que lo mejor era mantener las distancias.
—Me alegra ver que estás bien. Lo siento.
—Carol no, espera, puedes quedarte conmigo —Ella subió las escaleras y desapareció junto a sus compañeros sin decir una palabra más— ¡Carol!
