Ya habían pasado varios días desde que Lira llegó a la guardería y tras pasarlos entrenando decidió que era hora de continuar con su viaje. Por muy cómoda que se sintiera allí y muy buena que estuviera la comida todavía tenía que conseguir seis medallas de gimnasio. Se aseguró de que lo llevaba todo y cuando estuvo lista salió de la que había sido su habitación durante esos días y fue al mostrador, donde su amigo y sus abuelos le estaban esperando.
—Le he echado un vistazo a tus pokémon durante estos días y me alegra decirte que los tres están muy sanos y felices, no tienes por qué preocuparte por Togepi, por lo que he visto el nacimiento fue bastante bien y estoy segura de que llegará a ser un gran pokémon.
—Muchas gracias.
—Toma Lira, por si te entra hambre —El abuelo se acercó y le dio una bolsa llena de galletas caseras. A Lira casi se le saltan las lágrimas, las galletas del abuelo de Eco eran las mejores que había probado en su vida—. Dentro te he dejado nuestro número, por si alguna vez necesitas algo o si dejas algún pokémon a nuestro cargo, así podrás contactarnos para saber su progreso siempre que quieras.
—¡Ah! Hablando de números —Eco sacó su Pokégear y se acercó a Lira—. También lo llevé a reparar y se me borraron todos los contactos, ¿me das el tuyo?
—Claro, tú también me tienes que dar el tuyo —Eco no lo pudo ver porque estaba de espaldas, pero su abuela empezó a sonreír. Aun así parece que se hizo una idea porque no tardó en verse molesto.
—Abuela, intercambiamos números porque somos entrenadores, no pienses cosas raras.
—¿Yo? Pero qué voy a pensar, si eso es algo de lo más normal.
—Ya, siempre dices lo mismo —Cuando se tuvieron registrados ambos se dieron un gran abrazo—. A por ellos campeona, demuéstrales de lo que eres capaz.
—No os defraudaré, lo prometo —Se separaron y cuando Lira se despidió de los abuelos salió de la guardería, volviéndose a encontrar en la ruta 34. Ciudad Trigal era tan grande que ya se veía desde donde se encontraba, aun así sabía que le costaría un par de horas llegar así que con paso ligero empezó a caminar. Intentaba centrarse en su próximo combate contra la líder de gimnasio pero no podía dejar de pensar en aquel sueño extraño que había tenido en la guardería. Era el primero desde que empezó su viaje y también era la primera vez que aparecían personas, ¿significaría algo? Todo le había parecido tan real que a veces dudaba de que se tratara de un simple sueño pero eso era una tontería, cómo iba a ser capaz de respirar bajo el agua en el mundo real.
—Eh, ¡tú! Nos hemos cruzado, es hora de combatir.
Estaba tan centrada en sus pensamientos que ni se había dado cuenta del entrenador que quería retarla. Debía de haber andado un buen trozo ya, pues se había pasado los días anteriores recorriendo la zona y no se había encontrado con él antes.
—Sí claro, perdón —Sacó a su Flaaffy y el chico a un Psyduck así que el combate no duró mucho.
—Vaya, tal vez debería llevarle a la guardería… —El chico se murmuró algo a sí mismo y después se acercó a Lira— ¿Me das tu número? Pareces una entrenadora fuerte, me gustaría volver a combatir contra ti después de fortalecer a mi Psyduck.
—Claro, aquí tienes —Intercambiar números con otros entrenadores se estaba convirtiendo en una práctica bastante habitual—. Por un casual no sabrás cuánto queda para llegar a Ciudad Trigal.
—Sí, estará a una hora más o menos. Como puedes comprobar no tiene pérdida, el centro comercial se ve desde hace un buen rato. Te recomiendo que te pases por allí, tiene cosas muy chulas.
—De acuerdo, muchas gracias —Se despidió y volvió al camino principal. Por suerte ese combate había conseguido centrarla y hacerle olvidar durante unos instantes el sueño, ahora que se encontraba tan cerca de su destino solamente pensaba en llegar.
Lance estaba llegando a la Liga Pokémon cuando a mitad del trayecto le sonó el Pokégear. Ordenó a Dragonite que aminorara el ritmo y, sin mirar quién era, aceptó la llamada mientras se lo acercaba al oído, aunque lo apartó rápidamente cuando la otra persona empezó a hablar.
—¡Lance! Tienes que venir aquí, ¡rápido! —gritó Aníbal con su potente voz. Si de por sí hablaba con un tono fuerte, cuando gritaba este se multiplicaba. Esperó a que terminara para volver a acercarse el Pokégear, algún día le iba a dejar sordo.
—Más despacio y bajo, que no te entiendo. ¿Qué ha pasado?
—Es uno de los chicos, ¡ha aparecido! —Los ojos del pelirrojo se abrieron— Hace un rato, en la costa de Ciudad Olivo, se lo han llevado al Centro Pokémon pero sorprendentemente parece que está bien, tienes que venir cuanto antes.
—De acuerdo, voy para allá —El Campeón le dio la orden a su fiel Dragonite de poner rumbo a Ciudad Olivo y, con la rapidez que le caracteriza, llegaron en un abrir y cerrar de ojos. Desde el cielo ya se podía ver la pequeña conmoción que había alrededor del Centro Pokémon así que fue ahí donde se dirigió el pelirrojo. Yasmina y Aníbal ya estaban dentro, hablando con la enfermera Joy.
—¿Qué ha pasado? —Los tres se giraron en su dirección y la enfermera fue la primera en hablarle.
—Unos pescadores han encontrado al chico en la orilla esta madrugada y lo han traído aquí, la noticia se ha extendido enseguida. Llevaba un par de horas inconsciente pero se ha despertado hace unos minutos, está fuera de peligro y tiene todas las constantes vitales en orden.
—¿Puedo entrar?
—Ahora está con su familia, cuando salgan podrá entrar pero por poco tiempo, necesita descansar.
—Por supuesto —Los tres se sentaron en un sofá cercano, esperando su turno para interrogar al joven.
—Antes de que preguntes no ha habido ningún cambio en las islas, simplemente se registró un aumento de la corriente en nuestra costa sobre la hora que se encontró al chico —dijo Yasmina.
—Y en Ciudad Orquídea no ha pasado nada, hemos mirado por si acaso había otro joven en la orilla pero nada.
—Comprendo. ¿Creéis que es posible que haya aguantado bajo el agua durante todo este tiempo?
—¿Tú qué crees? A no ser que sea una sirena es imposible. Han pasado días, cualquier cuerpo se habría descompuesto y más con esos remolinos.
—Aníbal tiene razón, francamente es un milagro. Aunque hubiera acabado en alguna cueva subterránea el tiempo promedio que aguanta una persona sin beber es de tres a cinco días, además está perfecto, ni deshidratado ni malnutrido, ni siquiera tiene agua en los pulmones. Parece magia —Del piso de arriba bajó una pareja con los ojos llorosos, acompañados de una niña pequeña—. Esos eran los padres y su hermana, vamos.
El trío entró en la habitación después de llamar a la puerta. El chico se encontraba tumbado en una cama junto a una ventana abierta, para que pudiera entrar aire fresco. Llevaba puesta una bata de hospital y su larga melena rubia estaba suelta.
—Buenas, ellos son Yasmina y Aníbal, los líderes de Ciudad Olivo y Ciudad Orquídea respectivamente, y yo soy Lance, el Campeón. ¿Podemos hacerte unas preguntas?
—Por supuesto —Lance se acercó y se sentó en una silla a su lado mientras que los líderes se quedaron en la puerta.
—Supongo que te lo imaginarás pero estamos investigando el accidente en el que te viste envuelto. Qué es lo que recuerdas de aquel día, bueno, para empezar, ¿sufres algún tipo de amnesia?
—No, lo recuerdo todo —Dave cerró los ojos y se frotó las sienes—. Excepto lo que pasó después de que cayera al agua. Había quedado con mis amigos para ir a las Islas Remolino, yo no quería obviamente, porque sé los peligros que entrañan, pero no había manera de convencer a mis amigos así que fui con ellos para asegurarme de que estarían a salvo. Aunque no ha servido de mucho, yo estoy aquí y ellos…
—Seguro que aparecerán, como lo has hecho tú —Lance posó una mano en el hombro del rubio como muestra de apoyo—. Hiciste bien, se nota que eres un buen chico. Entonces, ¿no recuerdas nada de ese momento hasta esta mañana?
—Me temo que no… ¡Espera! —Los ojos del chico se abrieron repentinamente— Cuando iba a ayudarles… Cuando iba a intentar rescatarles vi a una sombra salir del agua, ¡después una ola gigante los engulló! Ahora lo recuerdo con claridad, esa fue la última vez que les vi. Luego un remolino me atrapó y perdí el conocimiento.
—¿Estás seguro de eso?
—Tan seguro como que me llamo Dave.
—Entonces una última pregunta, ¿cómo era la sombra?
—Puees era grande, me pareció ver que tenía dos alas y poco más, llovía mucho y estaba oscuro así que no la pude ver —Lance miró preocupado a los líderes y Dave se dio cuenta—. Qué pasa, ¿pensáis que se trata del legendario? Mis amigos fueron a las islas para encontrarle, a lo mejor le enfadaron.
—No, no creo que sea eso. El legendario no va secuestrando a personas sin razón —Lance se levantó—. Muchas gracias por tu ayuda, si por algún casual recuerdas algo de vital importancia avisa a la enfermera, ella llamará a Yasmina y me lo contará a mí. Ahora descansa, te lo mereces después de todo y no te culpes, hiciste lo que pudiste.
—Lo intentaré… Muchas gracias señor, y a vosotros también —El grupo asintió y salió de la habitación. Yasmina se cruzó de brazos.
—No sé vosotros pero yo cada vez tengo menos dudas, fue Lugia seguro.
—Pero por qué, ¡no tiene ningún sentido! —exclamó Aníbal. Los dos líderes miraron a Lance, como si pudiera responder sus preguntas.
—Yo tampoco lo sé y tengo el mismo interés en averiguarlo que vosotros —Por qué le había atrapado, ¿y por qué le había devuelto tras unos días? ¿Por qué solo a él? Por lo que había dicho eran sus amigos los que querían explorar, ¿tenía razón al decir que habían provocado su ira? No, no tenía sentido, los legendarios no se despertaban por cosas así. ¿Entonces qué?—. Siento que esta es una de esas situaciones en las que avanzamos un paso y retrocedemos dos, cada vez que conocemos algo más nos surgen nuevas preguntas.
—Lo sé, está empezando a ser frustrante —Yasmina se pasó una mano por su pelo—. Pero no podemos hacer nada de momento, por lo menos el chico está bien. Os mantendré informados de todo lo que pase por aquí.
—Lo mismo digo, si pasa algo en Ciudad Orquídea seréis los primeros en saberlo.
—Yo seguiré con mi investigación, si averiguo algo relevante os lo haré saber —Estaba el tema de Lira, le gustaría comentárselo a los líderes para calmarles pero aún era demasiado pronto. Después de todo solo había conseguido dos medallas, podría ser la suerte del principiante. Sin embargo una cosa estaba clara, merecería la pena tenerla controlada.
Ciudad Trigal no era conocida por ser la ciudad más grande de Johto por nada. En cuanto Lira entró fue recibida por un mar de gente que iba de un lado para otro, cada uno pensando en lo suyo. Estaba llena de apartamentos y de pequeñas tiendas entre las que sobresalía claramente el centro comercial. También había otra torre más adelante que, Lira supuso, se trataría de la famosa Torre Radio. Lo primero que hizo fue buscar el Centro Pokémon que, por suerte, se encontraba cerca de la entrada y tras curar a sus pokémon hizo una videollamada al profesor Elm con uno de los ordenadores que había allí. Para su asombro el hombre no tardó mucho en contestarle.
—¿Diga? Vaya, pero si eres tú Lira, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo estás?
—Estupendamente profesor, ya he conseguido dos medallas mire —Cogió su estuche de medallas y lo acercó a la cámara del ordenador. El profesor asintió, orgulloso.
—Ya veo, imagino que te lo estarás pasando de maravilla.
—Sí, mis pokémon hacen el viaje mucho más entretenido. Pero bueno, no le he llamado simplemente para hablar —Lira sacó a Togepi de la Poké Ball y se lo enseñó al profesor con una gran sonrisa—. Salió del cascarón hace un par de días, ¿a que es una monada?
—¿Un Togepi? Arceus, ver para creer… Desde luego el Sr. Pokémon tenía razón, se trataba de un huevo de lo más extraordinario. ¡Me alegro mucho de habértelo dado! Sabía que eras la chica indica- Eh, espera un momento Lira, me están llamando —El profesor contestó su Pokégear y Lira supo que la conversación estaba a punto de acabar, el profesor Elm era un hombre muy ocupado después de todo—. Sí, ya tengo los resultados de los informes, sí ahora te los envío, espera un momento —El profesor dejó el Pokégear de lado y se dirigió a la joven—. Lo siento Lira, el trabajo me llama.
—No se preocupe, le entiendo.
—Espera, antes de colgar quiero darte algo. Voy a enviar a uno de mis asistentes a Ciudad Cerezo para que te lo hagan llegar a través del Centro Pokémon —Cierto, cada Centro Pokémon tenía un sistema de transporte que permitía dar e intercambiar tanto pokémon como objetos con entrenadores de toda la región—. Se trata de una piedra eterna, si se la entregas a un pokémon impedirá que evolucione, cómo la emplearás es ya cosa tuya, considéralo un regalo por ser capaz de hacer eclosionar el huevo. Imagino que te llegará en un par de horas.
—Ya veo, muchas gracias profesor.
—No tienes por qué darlas Lira, nos vemos —Con eso colgó, haciendo que su imagen desapareciera de la pantalla. Como no tenía nada más que hacer allí Lira salió, decidiendo hacer un poco de turismo antes de pasarse por el gimnasio.
La ciudad era tan grande que le costó decidir por dónde empezar a investigar. Al final se decantó por la Torre Radio ya que Eco le había comentado que si participaba en un pequeño concurso le regalarían una tarjeta Radio, por qué no probar un poco de suerte. Guiándose por la aguja de la torre cruzó varias calles hasta que al final llegó a esta. Todo parecía estar en orden, excepto por el hombre que se encontraba a escasos metros de la entrada. Llevaba el mismo atuendo que los que se encontraban en el Pozo Slowpoke y eso hizo que a la joven se le revolviera el estómago, ¿qué narices estaba haciendo ahí? Parecía que estaba montando guardia y en cuanto sus miradas se cruzaron él le dirigió una mirada de asco.
—Qué pasa, ¿acaso tengo un mankey en la cara? Lárgate antes de que te eche a patadas —Igual de simpático que los del pozo. Lira pasó de largo y entró en la torre, no merecía la pena encararse con gente así.
En la planta baja había tres recepcionistas y unos cuantos sofás al fondo, al lado de las escaleras. Lira fue directamente al mostrador donde se ofertaban las tarjetas Radio, que no fue muy difícil de localizar ya que enfrente de ese había una joven de pelo rosa que parecía estar al borde de un ataque de nervios, seguramente porque no era capaz de acertar las respuestas.
—Si no es eso tiene que ser aquello, pero es que no tiene sentido, juraría que es así, pero si no es cierto entonces... ¡Argh! Morti, por qué no me coges el teléfono cuando más te necesito —Se acercó con cuidado y en cuanto la recepcionista vio que estaba interesada en participar le sonrió amablemente.
—Bienvenida a la Torre Radio de Ciudad Trigal, imagino que estarás aquí porque también querrás una tarjeta Radio, ¿verdad? —Lira asintió— ¿Estás lista para responder a las preguntas?
—Sí, preparadísima.
—Perfecto, entonces empezamos. Primera pregunta: ¿se puede consultar el Mapa en el Pokégear? —Esa era fácil, de vez en cuando le echaba un vistazo para asegurarse de que iba por el buen camino.
—Sí.
—¡Correcto! —Un ding sonó por los altavoces. Parecía que realmente estaba en un concurso— Siguiente pregunta: ¿es cierto que los pokémon nidorina son todos hembras? —Mmm, está no la tenía tan clara. Nidorina… acababa en a, ¿puede que sí?
—¿Sí?
—¡Correcto! —Otro ding sonó— Tercera pregunta: ¿es cierto que César utiliza bongore para hacer las Poké Ball?
—No, usa bonguri no bongore.
—¡Correcto! Vaya, está en racha. Cuarta pregunta: ¿es cierto que no se puede usar una MT con magikarp? —Según Eco magikarp era el pokémon más inútil de todos porque solo podía atacar con Placaje, eso implicaba que no podía aprender más movimientos así que las MT no resultarían útiles.
—Sí.
—¡Correcto! Qué emoción, ¿será capaz de acertar la quinta y última pregunta? Ahí va: ¿es Rosi la compañera de Oak en La hora Pokémon? —Lira no tenía ni idea de cómo se llamaba, sin embargo llevaba tres respuestas afirmativas y una negativa así que optó por decir que no.
—No.
Hubo un momento de silencio. Esta vez el ding no sonó casi al segundo de contestar y la recepcionista aún no había dicho nada. Lira empezó a sentirse un poco nerviosa, ¿acaso había fallado justo en la última pregunta?
—Y la respuesta es... —con el rabillo del ojo vio que incluso la chica del pelo rosa estaba mirando a la recepcionista, atenta al resultado final— ¡Correcta! —Ahora no fue un ding, más bien parecía que eran trompetas lo que sonaba por los altavoces. Solo faltaba que apareciera alguien tirando confeti, aquello parecía una fiesta— ¡Felicidades! Acaba de ganar una tarjeta Radio —La recepcionista cogió algo de debajo del mostrador y se lo entregó a la morena—. Aquí la tiene, espero que sintonice con nosotros a menudo y disfrute de la variedad de programas que ofrecemos.
—Muchísimas gracias —Sin perder ni un segundo Lira la introdujo en su Pokégear, si por cualquier motivo se aburría ahora podría escuchar la radio siempre que quisiera.
—Jo, qué suerte. ¡Estaba segura de que la tercera era bongore! —La chica se acercó a Lira— Bien hecho, lo has conseguido a la primera. ¡Yo llevo intentándolo todo el día!
—Gracias, pero no ha sido para tanto —A pesar de no saber la respuesta a todas con razonar un poco había logrado llegar al final. La chica sonrió.
—No hace falta que seas tan modesta, ojalá se me hubiera dado tan bien como a ti. En fin no puedo perder más tiempo, se suponía que solo iba a estar fuera cinco minutos. Tengo que volver al gimnasio. ¡Nos vemos! —Antes de salir de la torre le sonó el Pokégear y en cuanto vio quien era frunció el ceño—. Conque ahora me devuelve la llamada, ¡a buenas horas!
Bueno, ya tenía una cosa menos que hacer. Ya que estaba por allí decidió subir a la otra planta y hacer un poco de turismo pero en cuanto intentó subir a la segunda un guarda se lo impidió.
—Lo siento, pero esta zona está cerrada al público.
—¿Ha sucedido algo?
—No, de hecho normalmente cualquiera puede explorar la torre a su antojo pero el director lleva varias semanas comportándose de forma extraña —El guarda pasó una mano por su cabello, visiblemente preocupado—. Espero que no le haya ocurrido nada malo, normalmente es un hombre de lo más agradable y cercano.
—Comprendo, volveré otro día entonces —Lira salió del edificio y posó ambas manos en las caderas, ¿qué iba a hacer ahora? El centro comercial resultaba tentador y se moría por subir en el Magnetotrén, aunque viajar a Kanto ahora no tenía mucho sentido así que decidió dejarlo para más tarde. Dio un par de vueltas por la ciudad hasta que llegó a una entrada subterránea, en el cártel que había al lado ponía Subterráneo: Túnel Trigal. El lugar estaba poco iluminado y solo había unas escaleras que llevaban a una especie de sótano, a pesar de no parecer el lugar más seguro de la ciudad Lira decidió bajar para echar un vistazo. Cuando ya había bajado un par de escalones se encontró con una cara bastante conocida.
—No puedes estar un día sin verme, ¿eh? —Eco sonrió al reconocerla.
—No te confundas, eres tú la que no para de seguirme. ¿Te has enfrentado ya a Blanca?
—Si te refieres a la líder no, quería hacer un poco de turismo antes del combate.
—Bien pensado —El chico metió una mano en su mochila y le dio una caja con forma de corazón—. No puedo quedarme a hablar, todavía tengo que hacer varias cosas para el profesor pero toma esto. Aquí puedes guardar accesorios y ponérselos a tus pokémon, abajo hay una pareja que se encarga de sacarles fotos, ya que vas a bajar estaría bien que te pasaras, seguro que te encanta.
—Pues eso haré, nos vemos Eco.
—Hasta la próxima —Eco abandonó el túnel y Lira terminó de bajar las escaleras. Tal y como le había propuesto su amigo se acercó al mostrador para sacarle un par de fotos a sus pokémon, seguro que en un futuro servirían de recuerdos perfectos.
(Grytherin18-Friki: exacto, la piedra día no se consigue hasta llegar a Kanto, aunque siempre puedo cambiar la historia para que la tenga antes jeje, o a lo mejor prefiero seguir siendo lo más fiel posible, ya se verá. La pobre Carol aún no tiene la valentía para abandonar el Team Rocket, pero como bien dices resultará clave al final. Creo que todos podemos sentirnos identificados con Eco, la de veces que mi padre ha dicho que mi mejor amigo y yo estamos saliendo facepalm. Como has podido comprobar sí, son las mismas personas, este Lugia tiene una forma muy peculiar de pasar el tiempo. Espero que sigas disfrutando de la historia.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
