El lago estaba en calma. Fredo tenía la mirada clavada en el horizonte, esperando a que cierta criatura emergiera. No se inmutó lo más mínimo cuando notó una pequeña corriente de aire tras de sí, pues sabía perfectamente qué la había provocado.

—Llegas justo a tiempo —dijo sin quitar sus ojos del lago. Lance bajó de Dragonite y se situó al lado del líder, con los brazos cruzados. Los dos hombres esperaron en silencio y, pasado un rato, empezó a llover. Al principio fueron unas simples gotas pero eventualmente la intensidad fue creciendo, hasta convertirse en un gran chaparrón. Fredo alzó el brazo y echó un breve vistazo al reloj de muñeca que llevaba.

—Siete en punto, nunca falla.

A lo lejos Lance pudo intuir a qué se refería Fredo. La lluvia le impedía ver con claridad pero si entrecerraba los ojos podía ver la silueta de un gyarados.

—¿Está causando muchos problemas?

—Todos los gyarados causan problemas cuando se enfadan, la gente viene aquí avisada. Esa no es la cuestión, ¿te has fijado en el color? —Lance forzó un poco más la vista y finalmente vio que el mencionado pokémon no era azul, sino rojo. Se trataba de una especie variocolor.

—Un shiny... Que yo recuerde no había registros de que hubieran magikarp variocolor.

—Exacto, como sabes llevamos un registro estricto de los pokémon que habitan el lago para tenerlo controlado. Siempre se nos pueden escapar algunos pero no creo que el equipo de pescadores pasara por alto un magikarp dorado, como podrás imaginar no son precisamente discretos.

—Mmm... Eso quiere decir que ha sufrido una mutación al evolucionar. ¿Cuáles son las probabilidades?

—Tch, no soy científico pero estoy seguro de que serán esos casos en los que sucede una vez de un millón. De una cosa estoy seguro, muy natural no es —Lance frunció el ceño.

—¿Estás insinuando que ha sido provocado?

—No tengo pruebas y no quiero que parezca que me he vuelto senil, pero teniendo en cuenta eso y que cada vez los magikarp evolucionan más rápido... Es como si alguien estuviera detrás de todo esto, por no mencionar que los pokémon parecen estar más irascibles últimamente. Da un paseo por la ruta 43, a ver si consigues salir sin que uno de esos bichos te dé un mordisco —Lance tuvo que contener las ganas de reír, por cómo lo había dicho sonaba como si Fredo hubiera tenido un encontronazo con algún pokémon de dicha ruta.

—Entendido, así que alguien o algo les está sacando a sus casillas. Dragonite —El Campeón se dio la vuelta para ordenarle que le acercara a Pueblo Caoba pero no acabó la frase al ver que este parecía estar gruñendo a algo que había en el aire. Le miró confuso y silbó para atraer su atención. Dragonite pareció salir de su trance y volvió a centrar la atención en su maestro, esperando órdenes.

—Qué te he dicho, hasta Dragonite parecía estar al borde de un ataque de rabia. Lo que nos faltaba, que los pokémon se vuelvan locos —Fredo negó con la cabeza—. Ten cuidado, no sea que se vuelva majara y te tire en pleno vuelo.

—No creo, Dragonite y yo tenemos un gran vínculo. Llegaré a Pueblo Caoba en un abrir y cerrar de ojos, ¿quieres que te acerque?

—Quita quita, a lo mejor tú sobrevives a la caída pero yo ya estoy para el arrastre. Además, tengo que darle su merecido a ese girafarig por lo de antes —Con eso dicho Lance se montó en su fiel acompañante. El trayecto duró apenas unos segundos, después de todo Dragonite era conocido por su gran velocidad a la hora de volar. Aterrizó frente al Centro Pokémon, como era habitual, y antes de continuar pasó una mano por su pelo mojado, tratando de peinarlo un poco. El pueblo en sí no era muy grande, había unas cuantas casas, el Centro Pokémon, el gimnasio y una tienda de recuerdos. Lance dio una pequeña vuelta a ver si veía algún indicio de actividad sospechosa, pero lo único que le llamó la atención fue el árbol que había al lado de la tienda. De alguna manera tenía la impresión de que no encajaba con el paisaje, como si alguien lo hubiera puesto ahí a propósito. O los dueños no tenían ni idea de decoración o estaban tratando de esconder algo. Lo señaló para que Dragonite se acercara y al estar a unos centímetros de distancia empezó a gruñir, como si el árbol le molestara.

Bingo.

Guardó a Dragonite en su Poké Ball para que no siguiera sufriendo y entró en la tienda. A primera vista era un lugar simple, humilde, no tenía nada que esconder.

—Bienvenido a nuestra tie- Oh —El recepcionista se quedó asombrado al ver quien era su nuevo cliente—. Que me aspen, pero si es el Campeón de Johto. ¿Qué le trae por nuestro humilde pueblo? —Lance se encogió de hombros, aparentando naturalidad.

—He venido a entrenar con Fredo pero parece ser que está ocupado, así que he decido dar una vuelta —dijo mientras daba un par de pasos más y escaneaba la habitación. Había dos hombres, el recepcionista y otro que guardaba la entrada. Había una estantería dorada al fondo que destacaba sobre las demás, era más grande y no parecía pegar con la decoración del lugar. Se acercó con tranquilidad, como si solamente quisiera inspeccionar lo que había en sus estantes.

—Ya veo. Pues póngase cómodo, está usted en su casa.

—Lo haré —Se agachó y cogió una poción del estante inferior, aprovechando para acercar el oído al mueble todo lo que podía para ver si captaba algún sonido. Era débil pero podía distinguir un ligero silbido, como si hubiera otra estancia. Se mantuvo agachado para no levantar sospechas y tras unos segundos dejó la poción en su sitio, levantándose con cuidado—. Mis felicitaciones, parece un buen lugar.

—Claro claro, nos esforzamos por tenerlo todo perfecto para nuestros clientes.

—No me cabe la menor duda —Echó un vistazo por el resto de la tienda y pasado un tiempo prudencial decidió que ya era hora de marcharse—. Creo que Fredo ya estará en su gimnasio así que iré yendo para allá. Nos vemos, caballeros.

—Por favor, vuelva pronto —El recepcionista estaba tan emocionado que si hubiera llegado a estar cinco minutos más Lance estaba seguro de que le habría acabado pidiendo un autógrafo. En cambio, el guarda parecía estar deseando que se fuera desde el mismo momento en que entró en la tienda.

—Sabía que no eran trigo limpio —Lance dio un salto al escuchar al viejo líder nada más salir. Él se encogió de hombros—. Tengo mis métodos —dijo como si intuyera que el pelirrojo se estaba preguntando cómo había llegado tan rápido.

—¿Le has dado su merecido a ese girafarig? —preguntó con una sonrisa.

—Digamos que ya no irá mordiendo a gente a diestro y siniestro, al menos durante una buena temporada. Entonces qué, ¿has encontrado algo?

—Creo que esos tipos pueden estar relacionados con lo que ocurre en el lago.

—Genial, pues entra y dales una buena lección —Lance se cruzó de brazos, pensativo—. Qué ocurre, ¿estás esperando una invitación formal o algo?

—No sé lo que me puede esperar, es peligroso ir solo.

—Bobadas, te has enfrentado a cosas peores. Además, qué narices, eres el Campeón. Si quieres que alguien te acompañe pídeselo a alguien del Alto Mando, no les pasará nada por mover el trasero una vez.

—Lo sé, pero yo estaba pensando en otra persona —En Lira, para ser exactos. Si iba a ser la encargada de salvar a Johto Lance quería asegurarse de que era lo bastante fuerte para ello. Después de todo, no iba a dejar el futuro de su amada región en manos de cualquiera, por muy Elegida que fuera.

—¿En quién? Ah, espera un momento. No será la chiquilla que derrotó al Team Rocket en Pueblo Azalea, ¿verdad? —Lance asintió—. Estás loco, ¿crees que llegará hasta aquí? Puede que fuera un golpe de suerte.

—Tal vez, pero ha conseguido sus tres primeras medallas a la primera. No es una entrenadora normal, de eso puedes estar seguro.

—Vale, es alguien excepcional y bla bla bla, lo pillo. Pero ¿y si no llega a tiempo?

—Si la cosa empeora entonces actuaré, pero de momento esperemos a ver si llega —Fredo le miró como si estuviera loco. Lance lo entendía perfectamente, después de todo nada le impedía entrar y averiguar qué se traían entre manos los tipos de la tienda. Pero ese ya no era su rol, no señor, esa tarea le correspondía a Lira. Por muy en contra que estuviera de esa decisión Fredo se limitó a negar con la cabeza, sabiendo bien que dijera lo que dijera el pelirrojo no cambiaría de opinión.

—Estos jóvenes de hoy en día.


Ciudad Iris, la ciudad de las leyendas. Al entrar a Lira le dio la sensación de haber cruzado un portal temporal que la había llevado varios años atrás, pues los edificios seguían manteniendo un toque tradicional que le daba personalidad al lugar. Las calles no compartían el mismo bullicio frenético que Ciudad Trigal, lo cual era de agradecer. Como mucho, el mayor ruido lo provocaban los niños al jugar en la calle. Era un cambio de aires que ella agradecía.

La morena sabía lo justo de aquel lugar. Que la mayoría de las leyendas que había escuchado de pequeña provenían de allí, de la Torre Hojalata y la Torre Quemada para ser exactos, y también que era donde se encontraba el famoso Teatro de Danza. Era el lugar perfecto para aprender más sobre la historia de Johto, pero lo primero era lo primero y era hacer una visita al Centro Pokémon. Por suerte este se encontraba cerca de la entrada de la ciudad así que no tuvo que perder mucho tiempo buscándolo.

—Bienvenida al Centro Pokémon —Lira le entregó su equipo a la enfermera y se apoyó en el mostrador mientras esperaba a que este recuperara su vitalidad. A su lado, un chico joven parecía estar reparando el ordenador del centro. Lira le miró con curiosidad, se le veía bastante concentrado. Al acabar se secó el sudor de la frente y llamó a alguien con su Pokégear.

—Vale, creo que ya lo he solucionado. Prueba a depositarlo en mi cuenta, hermanita —Tras unos segundos el chico encendió el ordenador y sacó una Poké Ball de este. Él sonrió, aliviado.

—Por fin. Ya está solucionado, enfermera Joy.

—Muchas gracias, Bill. Siento haberte hecho venir hasta aquí pero ninguno de nuestros técnicos era capaz de arreglar el sistema de almacenamiento.

—No se preocupe, aunque… —El tal Bill miró la Poké Ball algo contrariado— Ahora no sé qué hacer con este pequeñín. Yo no soy un entrenador y ningún miembro de mi familia será capaz de sacarle todo el potencial —De repente alzó la vista, cruzando miradas con Lira. Ella trató de disimular mirando hacia otro lado, avergonzada por si le había pillado cotilleando—.Tú eres una entrenadora, ¿no?

—Quién, ¿yo? —preguntó tímidamente, tratando de hacerse la sorprendida. Pues claro que era a ella, no había nadie más cera de ellos— S-sí, sí lo soy —Él sonrió.

—Qué bien me vienes, ¿quieres un nuevo pokémon? —Bill extendió la mano con la que sujetaba la Poké Ball pero la retrajo enseguida— Espera, no sé si puedo fiarme de ti. Hay mucho ladrón suelto últimamente que trata mal a sus pokémon, ¿cómo sé que no eres uno de ellos? —Y yo qué sé, has sido tú quién me ha ofrecido la Poké Ball, yo no he abierto la boca para nada.

—Supongo que tendrás que confiar en mí, o esperar a que venga alguien que te resulte menos sospechoso.

—Aquí tienes, tu equipo está en plena forma. Por favor, vuelve pronto.

—Gracias —Lira sacó a su equipo y este hizo un círculo a su alrededor, mirándola como si estuvieran en una especie de trance—. Bueno, qué dices. No tengo todo el día.

—Mmm —Bill les inspeccionó con detenimiento y al final asintió—. Está claro que te quieren mucho, debes de portarte bien con ellos. Está bien, si quieres este Eevee es todo tuyo —Un pokémon capaz de evolucionar en distintos tipos, podría serle útil.

—Acepto —Ahora sí, Bill le entregó la Poké Ball y Lira la cogió encantada.

—Tengo que irme. Si el ordenador le da problemas no dude en avisarme enfermera y en cuanto a ti cuídale bien, ¿de acuerdo?

—Descuida —Bill se fue y Lira sacó a su nueva incorporación.

Eevee.

Especie: Evolución.

Sexo: Macho.

Tipo: normal.

Habilidad: Fuga.

Descripción: su ADN irregular se ve afectado por el entorno. Evoluciona si cambia su entorno.

—Ya le has oído, parece que ahora vas a viajar con nosotros —Eevee no hizo nada, simplemente se le quedó mirando con curiosidad. No se lo ha tomado a malas, eso es bueno. Lira echó un vistazo alrededor y fue entonces cuando se dio cuenta de que ya llevaba a cinco pokémon en su equipo. Eran demasiados como para llevarlos a todos fuera al mismo tiempo, así que decidió guardar a Croconaw, Flaaffy y Togepi. Como Vulpix y Eevee eran los de incorporación más reciente le interesaba más estrechar los lazos con ellos—. Venga vamos, ¡a explorar!

Con eso dicho abandonó el centro y volvió a las calles. Por dónde empezaría, ¿el Teatro de Danza? Sonaba bien, aunque las torres le llamaban mucho la atención. ¿Qué edificio le quedaba más cerca? Tendría que preguntarle a algún ciudadano.

—Bienvenida, jovencita —Lira casi saltó del susto. Un hombre de avanzada edad, bajito y con barba blanca se acercó a ella.

—Erm, ¿hola? —Enseguida le vino un flashback del anciano de Ciudad Cerezo y la joven se encontró rezando para que no le hiciera correr por toda la ciudad.

—Relájate. No tienes nada que temer, Lira —La joven abrió los ojos. ¿Había oído bien?

—¿Cómo sabes mi nombre? —¿Sería capaz de leer mentes? El anciano rio ante su sorpresa.

—Oh querida, la pregunta del millón es qué no sé. Me llamo Shin y una vez fui el líder de gimnasio de esta ciudad, pero ahora me dedico a hacer de guía para los nuevos visitantes. Por favor, acompáñame —Seguir a un desconocido iba totalmente en contra de todo lo que su madre le había enseñado, pero qué narices, parecía un anciano inofensivo y además había dicho que era un guía. No iba a desperdiciar la oportunidad de hacer un tour por la ciudad. Le siguió por las calles obedientemente y durante el trayecto no intercambiaron ni una palabra, hasta que llegaron a la Torre Quemada. O eso dedujo, pues la mayor parte de su estructura estaba calcinada.

—Es increíble que todavía siga en pie. ¿Se puede entrar? —Al no obtener respuesta Lira echó un vistazo alrededor y vio que el hombre ya no estaba allí. ¿Se lo habría imaginado todo? O peor, ¿y si se trataba de un espíritu? Un escalofrío recorrió su cuerpo. No, estaba siendo paranoica. A lo mejor había entrado y no se había dado cuenta. Subió las escaleras y entró en la torre pero no encontró al guía, a quien sí vio fue a un hombre a escasos metros agachado frente a un gran agujero que había en el centro de la estancia. Estaba de espaldas a ella y lo único que podía ver era que llevaba una capa blanca.

—Qué raro, lleva días sin moverse. Es como si estuviera esperando a alguien… —dijo para sí mismo, pensativo. Se levantó y se dio la vuelta mientras se quitaba el polvo de su traje morado y se arreglaba la pajarita roja. En cuanto alzó la vista dio un grito al ver a Lira, asustándola y haciendo que ella también gritara— ¡Arceus! Parecías un fantasma, no me des esos sustos o le acabarás espantando —dijo señalando el agujero.

—Lo siento, no era mi intención —El hombre suspiró.

—Está bien, tranquila. No se ha ido así que no hay ningún problema —Echó otro vistazo para comprobar que lo que fuera que estaba vigilando seguía ahí y luego se volvió a Lira con una gran sonrisa—. ¡Me llamo Eusine! Y soy un gran investigador pokémon, en concreto de los perros legendarios y más en concreto aún de Suicune. Su elegancia es tan cautivadora… Fuimos hechos el uno para el otro, ¡estoy seguro! ¿Y tú quien eres?

—Me llamo Lira y soy una entrenadora. Estoy recorriendo Johto con el objetivo de desafiar a la Liga Pokémon.

—Así que una entrenadora, ¿eh? ¡Morti! —¿Morti? Ese nombre lo había escuchado no hace mucho, ¿sería él? Pues sí, porque el mismo hombre que había conocido el día anterior apareció al ser nombrado. Eusine rodeó los hombros del rubio con su brazo mientras señalaba a Lira— Ya tienes una nueva oponente —Morti sonrió.

—Parece que volvemos a encontrarnos.

—Sí… Qué sorpresa, no sabía que eras un líder de gimnasio.

—Un momento, ¿os conocéis?

—Blanca nos presentó pero se le olvidó mencionar que también soy un líder. Si estás aquí intuyo que vendrás a por tu cuarta medalla.

—Así es.

—¡Ja! Pues no lo tendrás nada fácil. Morti y yo nos conocemos desde que no levantábamos ni un palmo del suelo así que créeme cuando te digo que es muy fuerte. Sus pokémon dejan temblando a quienes se atreven a desafiarle y la leyenda dice que la misma noche en que le retan quedan sumidos en las peores de las pesadillas —Eusine rio maléficamente y Morti le propició un codazo en las costillas tras zafarse de su agarre.

—Deja de inventarte rumores. No le hagas ni caso, estaré encantado de aceptar tu reto pero antes tenemos que acabar de investigar.

—Oh —El ánimo de Lira decayó visiblemente. Genial, investigar, si esos dos investigaban como el profesor Elm ya podía ir olvidándose de conseguir su cuarta medalla en un futuro próximo.

—Pero te puedes unir a nosotros si quieres —Se apresuró a añadir el líder cuando vio su reacción. Eusine abrió los ojos de par en par, como si hubiera escuchado la mayor tontería del universo.

—¿Cómo? Será una broma —Se cruzó de brazos, indignado—. Podría interferir en nuestro estudio.

—Eusine…

—Por no mencionar que seguramente no tendrá ni idea de la historia de los perros legendarios. ¡Podría echar a perder nuestra oportunidad de acercarnos a ellos!

—Eusine…

—No señor, ¡ni hablar del peluquín! Me niego.

—Eusine, la torre es de todos —dijo el líder firmemente—. Y de todas formas el que tendría que decidir quién entra y quién no soy yo. Lira es nuestra invitada y no toleraré que le trates de esa manera —Eusine miró a la entrenadora de pies a cabeza como si le estuviera analizando. Ella se sintió observada y juzgada, ¿de qué iba ese tipo? Vulpix le gruñó, disgustada por cómo estaba tratando a Lira.

—Vale, pero no le quitaré los ojos de encima —Se dio la vuelta y volvió a agacharse para asomarse por el agujero. Morti negó la cabeza.

—Perdónale, su obsesión por Suicune hace que olvide los buenos modales pero te aseguro que en el fondo es buena persona.

—Bah, no importa. Por cierto, ¿por qué no para de asomarse? Se puede caer de un momento a otro si no tiene cuidado.

—Ah, claro, todavía no les has visto. Ven, forma parte de nuestra investigación —Morti le llevó al borde del agujero y señaló al centro de la estancia inferior—. Esos son los perros legendarios. Es la primera vez que se quedan aquí tanto tiempo, normalmente se van en cuanto alguien entra en la torre pero todavía no han hecho ningún amago de querer huir. Es como si estuvieran esperando a alguien.

—Ya veo —Lira forzó la vista pero desde esa altura no era capaz de verlos muy bien. Solamente veía tres manchas: una marrón y roja, otra amarilla y morada y otra azul—. Si se llaman perros legendarios intuyo que serán importantes.

—Ya lo creo, están relacionados con los dos pokémon legendarios de esta ciudad. Te puedo contar luego la leyenda si quieres —Eusine volvió a levantarse y se unió a ellos dos.

—Creo que podemos bajar, si no se han ido todavía no lo harán si les hacemos una pequeña visita. No perdamos más el tiempo.

—Comprendo —Morti miró a Lira y le dedicó una enigmática sonrisa—. ¿Quieres hacer los honores e ir primero?

—¿Yo? ¿Estás seguro?

—Por qué no —Lira estudió cuidadosamente la cara de Eusine. Parecía no tener ningún problema con ello pero, quién sabía, tal vez le daba por empujarla por las escaleras. Qué ingenua, no sabía que el verdadero peligro estaba a punto de entrar por la puerta.


—Papá, he conocido a una chica muy interesante.

—Ah, ¿sí?

—¡Sí! Se llama Carol y es capaz de atraer a un pokémon muy peculiar, ¡seguro que te gusta!

—Seguro que sí, Silver, seguro que sí.

El olor que desprendía la Torre Quemada le recordaba al que emanaban las chimeneas de Pueblo Azalea. Era el olor favorito de ella, después de todo era el característico de su pueblo natal.

Por qué narices tuve que abrir la boca.

Silver cerró ambas manos en un puño, clavándose las uñas en las palmas. No pasaba un día en el que no se arrepentía de lo que hizo. Si no le hubiera dicho nada ella seguiría libre, pero no, él tenía que hacerse el guay para llamar la atención de su padre.

—¿Dónde dices que vive tu amiguita?

Y, por ello, ella pagó el precio, viéndose envuelta en una trama de la que nunca tuvo que haber sido parte. Por eso tenía que sacarla de allí pero incluso Silver sabía que en su estado actual le resultaría muy difícil hacer frente al Team Rocket. Por separado eran una panda de debiluchos pero juntos, por mucho que odiase admitirlo, suponían una amenaza. Ahora bien, si conseguía hacerse con el legendario ellos se doblegarían ante su inmenso poder y no tendrían más remedio que obedecerle. Por eso tenía que hacerse con él y qué mejor lugar para obtener pistas sobre su paradero que Ciudad Iris.

Sin más demora entró en la Torre Quemada y escaneó brevemente la habitación, pero lejos de encontrar información útil se topó con la chica de las coletas. Tenía que ser una broma, ¿por qué siempre se la encontraba allá donde fuera?

—Eh, ¡tú! —La joven y los otros dos hombres que la acompañaban se dieron la vuelta. Estaba empezando a resultarle molesto. Qué tendría que hacer en un lugar como ese, no pretendería ir tras el legendario, ¿verdad? Seguramente pensaría que sería capaz de atraparle con el poder del amor y la amistad, a Silver le daban ganas de vomitar solo con pensarlo. Claramente, tenía que darle una buena lección.

—¡Ladrón! —gritó Lira en cuanto le reconoció— ¿Qué estás haciendo aquí?

—A ti te lo voy a contar. No puedo decir que me alegra verte pero hay que mirar el lado positivo, así podré acabar contigo de una vez por todas.

—Claro, ¿como las dos veces anteriores?

—Fue la suerte del principiante, esta vez nada te va a salvar de recibir tu merecido.

—Eh, eh, eh. Chicos, no hay necesidad de discutir —Eusine se apresuró en intentar convencerles de llevar la pelea a otro sitio—. Este es un lugar sagrado, por qué no salís un momentito y solucionáis vuestros problemas fuera.

—Tú no te metas en esto, viejo.

—¿¡Cómo!? Habrase visto. Morti, ¡haz algo!

—Permitiré el combate.

—Eso, permite el- Qué, ¡no!

—Tranquilo, si veo que la cosa se desmadra lo detendré.

—¡MORTI NO ME PUEDES ESTAR HACIENDO ESTO! —Ambos entrenadores adoptaron una posición de combate. Eusine se cubrió la cara con ambas manos mientras se daba la vuelta—. No puedo mirar, seguro que acaban espantando a Suicune. Ya está, años de investigación a la porra.

—¿Estáis listos?

—Espera, que encima les hará de árbitro y todo.

—¡Que comience el combate!

—Gastly, ¡maldición!

—Vulpix, ¡ascuas! —El combate debut de Vulpix. Qué lástima que sea contra este tipo pensó Lira. Como en la vez anterior un gran clavo atravesó el cuerpo gaseoso de Gastly, quitándole la mitad de vida. Vulpix abrió el hocico y escupió unas cuantas bolas de fuego que le dieron de lleno al adversario. No fue suficiente para derrotarle y al final de ese turno Vulpix sufrió algo de daño por el efecto de maldición, pero en el siguiente volvió a usar ascuas y Gastly cayó derrotado.

—No te confíes, esto acaba de empezar —Silver sacó a Zubat y Lira cambió a Vulpix por Flaaffy—. ¡Supersónico!

—Impactrueno —Flaaffy acabó confundida por el ataque y empezó a dar vueltas sobre sí misma. Lanzó un impactrueno pero en vez de dar a Zubat cayó en el suelo de madera y al ver que saltaron varias chispas decidió cambiarla por Croconaw. Ahora que lo pensaba, había tenido suerte de que Vulpix no hubiera provocado un incendio con su movimiento—. Colmillo hielo.

—Supersónico de nuevo —El ataque falló y Croconaw clavó sus afilados colmillos congelados en el cuello de Zubat. El pokémon gritó de dolor y quedó fuera de combate, desde luego Croconaw sabía morder donde más dolía. Silver se quedó sorprendido, dos de sus pokémon habían caído bastante rápido, pero todavía le quedaban dos más—. Vamos, Magnemite. ¡Onda trueno!

—Vuelve, Croconaw. Adelante, Vulpix. ¡Ascuas! —Era consciente de que era peligroso, pero era la única manera de acabar rápido. El pokémon saltó para esquivar la onda sin necesidad de que su entrenadora le dijera nada y desde el aire lanzó su ataque con gran agilidad y elegancia, dejando chamuscado al pobre Magnemite. Como con Gastly, otro ascuas fue suficiente para derrotarle. Silver tardó unos segundos en reaccionar, ¿ya había acabado con tres? Le devolvió a su Poké Ball, devastado, ¿cómo iba a conseguir llamar la atención del legendario si cada vez ella le derrotaba con más facilidad? Había sometido a sus pokémon a un duro entrenamiento pero no le había servido de nada.

—No lo entiendo… Por qué siempre… Por qué tienes tanta suerte.

—No es suerte, ya te lo he dicho pero no me haces caso. Si trataras a tu equipo con amor-

—No, ¡no me vengas con esas tonterías! —Silver retrocedió unos pasos. Podía sacar a su último pokémon pero para qué, el resultado era evidente. Lágrimas de rabia comenzaron a brotar de sus ojos, si no podía derrotar a esa debilucha, ¿cómo sería capaz de rescatar a aquella persona?— Te crees superior pero estás equivocada. Volveré, ya lo creo que volveré, y cuando lo haga nadie podrá hacerme frente —Con eso dicho abandonó el edificio corriendo.

—Qué mal perder —Morti miró la entrada durante unos segundos y Lira hizo lo mismo. En verdad sintió un poco de lástima por él, estaba claro que algo le hacía sufrir pero eso no era excusa para comportarse de la manera en la que lo hacía—. ¿Sois amigos?

—Qué va, ya has visto cómo me trata.

—Mm, cierto.

—No oigo más movimientos, ¿significa que el combate ya ha terminado? —Morti y Lira sonrieron, Eusine seguía de espaldas y con los ojos tapados.

—Sí, el chico se ha ido. Podemos bajar ya si quieres.

—Menos mal. Vamos niña, detrás de ti —Sorprendentemente Eusine le dejó pasar primero. Lira se apresuró antes de que pudiera cambiar de idea y bajó los escalones con cuidado, uno a uno. ¿Qué le esperaría abajo? Por su bien más le valía que Suicune no se escapara, si no nadie le aseguraba que Eusine le volviera dejar a ver la luz del sol.


(Grytherin18-Friki: justamente, esa era mi intención. Se hace muy cansado y repetitivo que el/la protagonista lo gane todo y sea el/la mejor en cualquier disciplina, como si fuera un/a enviado/a de los dioses o algo. Me gusta hacer que de vez en cuando pierdan porque me da la sensación de que se les ve más humanos y la gente puede conectar más con ellos. Y dato curioso, inicialmente Lira iba a capturar a un Growlithe pero al investigar averigüé que es exclusivo de la versión HG, Vulpix es quien aparece en SS. Bueno, voy a explicarlo mejor, para obtener a Growlithe en SS hay que o bien realizar un intercambio o bien ir al Parque Compi que está en Kanto, así que al final aposté por Vulpix. De todas maneras, se le quiere igual.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).