El camino hacia la Torre Campana fue uno tranquilo. Morti y Lira mantuvieron una ligera conversación sobre el viaje de esta y de vez cuando el líder contaría alguna anécdota suya. Al llegar a su destino entraron a la recepción y unos de los monjes le pidió a la joven que le enseñara las medallas que había obtenido hasta la fecha. Cuando vio que la medalla Niebla se encontraba entre ellas se hizo a un lado y les dejó pasar.

La senda DinDón era una de las más bonitas que Lira había visto. Las eternas hojas naranjas, amarillas y marrones de Ciudad Iris cubrían todo el suelo y, al pisarlas, se escuchaba el típico crujido de estas bajo sus pies. Cuando llegaron a la entrada Morti abrió la puerta y dejó pasar primero a Lira, luego entró él.

—Me alegra ver que has sido capaz de conseguir la medalla, aunque mentiría si dijera que no sabía que iba a ocurrir —Shin señaló al espacio que tenía enfrente, indicándoles que tomaran asiento. El anciano estaba arrodillado y tenía a ambos lados un pergamino enrollado. Morti y Lira obedecieron—. Bien, Lira, ¿has oído hablar alguna vez de los pokémon legendarios de Johto?

—Varias, pero tampoco es que sepa mucho sobre ellos, la verdad.

—Entiendo —Shin cogió el pergamino que tenía a su izquierda y lo puso delante de los dos entrenadores—. Entonces permíteme que te instruya sobre el tema. Nos encontramos en la Torre Campana, como sabrás de sobra, considerada el hogar de Ho-Oh —El anciano extendió el pergamino, revelando la imagen de un gran pokémon pájaro cuyas plumas tenían los siete colores del arco iris—. Su aparición significa el comienzo de una era de paz entre pokémon y humanos y se revela únicamente a entrenadores que son puros de corazón.

—Ese fue el que le devolvió la vida a los perros, ¿correcto?

—Así es y desde entonces no ha vuelto a bajar a la ciudad. Aun así, de vez en cuando se pueden divisar varios arco iris desde lo alto de la torre, por eso sabemos que sigue aquí —Shin dejó el pergamino donde estaba antes y cogió el otro. Lo puso delante pero antes de extenderlo miró atentamente a Lira—. Pero Ho-Oh no es el único legendario que vivía aquí. Cuando todavía estaba intacta, la Torre Quemada albergaba a otro pokémon más de inmenso poder —Shin abrió el pergamino, revelando la imagen del otro legendario. Era otro pájaro pero se parecía a un dragón, su cuerpo era blanco exceptuando su vientre, que era azul claro, y las placas que tenía a lo largo del lomo y de la cola, que eran azul oscuro. Lira palideció al verle, reconociéndole al instante como la misteriosa entidad que aparecía en sus sueños—. Se llama Lugia y es considerado el guardián de los mares. Tras el incendio de la Torre Latón se cree que fue a descansar a las Islas Remolino y ha permanecido inactivo desde entonces. Posee grandes poderes psíquicos lo que le permite comunicarse telepáticamente y entender el lenguaje humano —La reacción de la joven no pasó desapercibida para ninguno de los dos hombres—. ¿Ocurre algo? ¿Le has visto alguna vez?

—No… O sea sí, o sea no, o sea… —Lira tragó saliva y cerró los ojos. Luego volvió a abrirlos, intentando calmarse— L-le he visto en mis sueños, aparece de vez en cuando y me llama. Pensaba que era mi imaginación o algo por el estilo pero… Ya veo que no.

—Te puedo asegurar al cien por cien que no. Lira, es hora de que te contemos otra leyenda, la más real de todas —Shin tomó aire y procedió a narrar la historia—. Verás hace mucho, mucho tiempo en Johto se formaron dos clanes. El primero fue el de Ciudad Iris, que es el que más relación tiene con los pokémon legendarios y su historia. Posteriormente, pasando la Ruta Helada, un grupo de gente interesada en los dragones decidió instalarse ahí para llegar a aprender a dominar su enorme poder sin causar ningún daño. Así se creó Ciudad Endrino y su clan. Antes de continuar, es importante que sepas que ambos clanes tienen poderes: el nuestro es capaz de tener visiones, por eso yo sé tantas cosas, y el de Endrino es el único en todo Johto capaz de adiestrar y sacar el completo potencial de un pokémon de tipo dragón.

—Y eso no es todo —intervino Morti—. Se comenta que el fundador del clan de Endrino fue un miembro del clan Iris que fue rechazado porque sus poderes eran muy débiles. Teniendo en cuenta que el actual líder de Endrino tiene una intuición excelente que no le falla nunca, y que puede llegar a tener visiones también en determinadas ocasiones, podemos asumir con seguridad que los clanes están relacionados entre sí.

—Yo no lo habría dicho mejor. En fin, continuemos, los miembros de estos clanes se encuentran entre los entrenadores más poderosos de la región y por eso suelen llamar la atención de las dos aves legendarias, encargadas de la protección de Johto. Se le denomina Descendientes a la generación más reciente de los clanes y ellos son los candidatos a convertirse en Elegido o Elegida, que sería la persona designada por los legendarios para convertirse, con su ayuda, en el salvador o salvadora de Johto. También es cierto que para llamarles se necesitan ciertos objetos cuya ubicación se desconoce: el ala arcoíris para Ho-Oh y el ala plateada para Lugia. ¿Lo has entendido todo hasta ahora? —Lira asintió lentamente, tratando de asimilar toda la información.

—Sí, creo que sí. ¿Eso quiere decir que Morti puede convertirse en Elegido?

—Exacto, él y los dos Descendientes de Endrino pero ha ocurrido algo insólito, inesperado. Por primera vez un legendario se ha fijado en alguien ajeno a los clanes —Shin se calló, esperando a ver si Lira pillaba la indirecta. Durante unos segundos pareció no haberlo captado pero luego frunció el ceño.

—Espera, no seré yo.

—Eres tú, los sueños son una prueba fehaciente de ello. Por una razón o por otra Lugia está tratando de comunicarse contigo.

—Pero eso no tiene sentido —Lira miró a ambos hombres frenéticamente, esperando que alguno de los dos le diera una respuesta—. Por qué se fijaría en mí, no tengo poderes ni nada por el estilo, soy una chica normal y corriente.

—No tienes poderes, eso es cierto, pero no me atrevería a decir que eres normal y corriente. Mira —Shin señaló a Togetic, que volaba alegremente por la estancia—. Ese huevo no te llegó por casualidad. Era una prueba, una prueba para ver el potencial que tenías a la hora de establecer vínculos con los pokémon. Seguro que te has cruzado con varias chicas con kimono a lo largo de tu aventura, ellas fueron las encargadas de hacerle llegar el huevo a un investigador que después se lo hizo llegar a Elm y él decidió dárselo a un entrenador con potencial, a alguien como tú. Un entrenador normal y corriente tardaría bastante en tener la suficiente amistad con su Togepi para hacerle evolucionar, tú lo has hecho en tiempo récord. Ignoro la razón pero tienes una gran habilidad para hacerte amiga de los pokémon y Lugia puede sentirla también, por eso se siente atraído hacia ti.

—Ya veo —La joven centró su mirada en el suelo, era mucha información que digerir en poco tiempo—. Es un poco surrealista, enterarte de que un legendario se fije en ti.

—No tienes nada que temer, eres una candidata más. Te lo digo porque ya has conseguido cuatro medallas, estás en camino de convertirte en alguien muy fuerte por lo que se sentirá todavía más atraído y, seguramente, seguirá intentando establecer contacto conmigo. Considero que es necesario que lo sepas, para que estés informada al menos.

—Sí, y lo agradezco, de veras, pero cuesta de creer —Un bostezo escapó de los labios de la joven—. Me encantaría seguir hablando pero estoy agotada —Algo normal, teniendo en cuenta que ya era bien entrada la noche y hacía poco que había librado un combate de gimnasio.

—Claro, de todas formas ya he dicho todo lo que quería decirte. Supongo que mañana continuarás con tu viaje así que tendrás que descansar.

—Así es, aunque esta ciudad me resulta encantadora me gustaría llegar a la próxima ciudad lo antes posible —Shin y Lira se levantaron y fueron hacia la puerta pero Morti seguía arrodillado.

—Vamos Morti, ya es tarde —El líder no se movió lo más mínimo. Parecía estar absorto en sus pensamientos. Shin miró a Lira con un atisbo de preocupación—. Ves yendo, puedes pasar la noche en nuestra casa si quieres. Considérate nuestra invitada. Dile a uno de los pensadores que guardan la entrada de la torre que te acompañe allí, nosotros iremos en un rato.

—De acuerdo, gracias por la invitación —En cuanto Lira se fue junto a su Togetic, Shin se situó frente a su nieto. Él seguía mirando el suelo.

—No es una candidata más, ¿verdad? —Cuando se decidió a hablar un ligero tono oscuro tintó sus palabras— Lira es la Elegida, por eso Suicune se acercó a ella. Ahora todo tiene sentido.

—No tiene por qué. Suicune se acercó a ella porque detectó que era más fuerte que tú, como bien ha demostrado obteniendo la medalla Niebla.

—Mentira, entrenadores más fuertes que yo han pasado antes por la torre y Suicune nunca se ha mostrado ante ellos. Además, llevaba días esperándola. Está claro, es ella, ¿no? —Esta vez Morti alzó la mirada y clavó sus ojos en los de su abuelo. Shin quería decir que no, quería decirle que había una posibilidad de que él lo fuera pero a esas alturas ya estaba más que claro. Además, si seguía dándole falsas esperanzas solo conseguiría hacerle más daño. No respondió y Morti lo entendió—. Por qué no se lo has dicho, por qué no se lo has dejado claro.

—Ya has visto su reacción al ver a Lugia, decirle que es la Elegida solo le perturbaría más. Es una gran responsabilidad y ella es solo una chica joven, por muy madura que parezca todavía no está preparada para conocer su destino pero sí es oportuno que se vaya haciendo una idea.

—Ya veo. Pf, y pensar que he entrenado tanto tiempo para nada, cuántas horas de mi vida habré desperdiciado.

—No las has desperdiciado, te han servido para mejorar y hacerte más fuerte.

—De qué sirve si no consigo ser el Elegido—El líder se levantó y se limpió el polvo de los pantalones—. He rechazado muchas cosas para conseguir ese objetivo. Descansos apropiados, buenas amistades, la lista sigue. Seguro que lo sabías desde hace mucho pero no me has dicho nada, como siempre. ¿Cuál es tu excusa esta vez?

—No me gusta que me hables así —La tensión iba creciendo por momentos, un poco más y se podría cortar con un cuchillo.

—Y a mí no me gusta que nunca me cuentes NADA —La última palabra resonó por toda la torre vacía. Seguía con semblante tranquilo pero Shin podía verlo en sus ojos, su nieto estaba muy enfadado. Él también había sido joven y también había fantaseado con que el legendario se fijara en él, como su nieto, por eso sabía cuánto significaba para él—. ¡Tú y tu maldita manía de callarte hasta el último momento!

—Morti-

—No me vengas con Morti, esta vez te has pasado —El rubio se dio la vuelta, fue hacia la puerta, la abrió y se fue, dejando al anciano solo. Shin sintió una enorme opresión en el pecho, ver a su nieto así de dolido era justamente la razón por la cual no había querido decirle nada en un primer lugar, aunque viendo cómo había ido la cosa tal vez hubiera sido lo mejor. Sea como fuere ahora no podía volver atrás en el tiempo, solo le quedaba desear que la tardía revelación no le afectara mucho y que el enfado con él le durara poco.


El sonido de las corrientes marinas hizo que Lira abriera los ojos. Se encontraba bajo la superficie del mar, de nuevo, y estaba rodeada por tres remolinos. Miró de izquierda a derecha, de arriba abajo pero no vio la sombra de Lugia por ningún lado. Se acercó al que estaba más cerca y vio que ese contenía en su interior a una adolescente de piel morena y pelo corto, rizado y tintado de fucsia chillón. Llevaba unos shorts caqui y la parte de arriba de un bikini amarillo. Como con el chico anterior, Lira metió la mano en el remolino y este desapareció. La joven abrió sus ojos ámbar y parpadeó varias veces, como si se hubiera despertado de un largo sueño.

—Estoy… ¿Bajo el agua? —Una sombra se cernió sobre ambas y Lira alzó la vista. No había duda, se trataba de Lugia. Trató de abrir la boca para hablar con el legendario pero antes de que pudiera decir una sola palabra una fuerte corriente envió a las dos chicas a la superficie. Ambas perdieron la consciencia.


—Parece que fue ayer cuando la conocimos.

—Es que fue ayer, Eusine.

No sabía si había sido casualidad pero tras su charla con Shin, Lira volvió a soñar con Lugia. La joven estaba menos preocupada ahora que sabía qué era lo que aparecía en sus extraños sueños, sin embargo no podía evitar ponerse nerviosa al pensar que estaba en el punto de mira de un legendario. Eso sonaba a palabras mayores, ¿y si le enfadaba por algún motivo? ¿Tan difícil era tener una aventura normal?

—Cierto buen amigo, el tiempo pasa tan rápido —Ahora se encontraba frente a uno de los accesos de la ciudad, el que daba a la ruta 38. Eusine, Morti y su abuelo le habían acompañado a la salida para despedirse. Eusine estaba igual que siempre pero Lira notó que el líder y Shin estaban un poco distanciados—. Cuando me quiera dar cuenta ya habrás conseguido todas las medallas de Johto.

—Bueno, ese es mi objetivo. Espero no decepcionar a nadie.

—Seguro que no, pero no te creas que eres la única que tiene una meta por cumplir. Yo pienso esforzarme todavía más para atrapar a Suicune, ¡ya verás como algún día me reconoce!

—Estoy segura de que así será —Shin se acercó a ella y le entregó una piedra que brillaba con mucha intensidad. Era tal el brillo que casi tuvo que cerrar los ojos para no cegarse.

—Toma, dásela a tu Togetic cuando sea un poco más fuerte. Seguro que te llevas una gran sorpresa.

—Es muy bonita, gracias —La joven la tomó y la guardó en la bolsa—. Me lo he pasado muy bien, espero volver pronto y veros de nuevo.

—Lo mismo digo, espero que entonces me concedas la revancha.

—Bah, todos los líderes sois iguales, solo pensáis en combatir. ¡Podríamos ir a cenar o algo, divertirnos un poco! Para entonces seguro que habré avanzado en mi investigación, ¡no puedo esperar!

—Haremos ambas cosas, seguro que lo pasamos bien —Tras despedirse de todos entró en el acceso y puso rumbo a la ruta 38. Al ser un día soleado Vulpix estaba pletórica de energía, corriendo de aquí para allá con una alegría evidente. Togetic estaba igual de alegre, desde que evolucionó la noche anterior no se había posado en tierra ni un solo segundo, queriendo disfrutar de sus alas lo máximo posible. Eevee, por su parte, prefería disfrutar del viaje admirando el paisaje desde los hombros de Lira.

Los cuatro anduvieron por la ruta, combatiendo con los entrenadores que se cruzaban en su camino ocasionalmente, hasta que divisaron una granja a lo lejos. Al acercarse, Lira vio que había varias miltank pastando alegremente, era una escena adorable. Sin embargo, no pudo reprimir un escalofrío al recordar el combate que tuvo en Ciudad Trigal, aquello fue una pesadilla total.

Se acercó a las vallas para poder verlas más de cera y cuando los pokémon le vieron también se acercaron, curiosas de ver quién era aquella chica. Le olisquearon un rato y sonrieron, satisfechas por el olor que desprendía. Lira estaba tentada por acariciarlas pero no sabía si a los dueños les haría mucha gracia, o si ellas acabarían dándole un mordisco. Parecían tranquilas pero ya había visto con sus ojos qué eran capaces de hacer las de su especie. A su izquierda se encontraba un edificio y la puerta estaba abierta así que entró para asegurarse de que podía jugar con las miltank. Al fondo de la estancia había un hombre sentado en una caja, cabizbajo. Su mono y sus botas dejaban claro que era un granjero.

—Lo siento pero me temo que nos hemos quedado sin existencias —dijo él cuando le escuchó entrar. Luego alzó la mirada y en cuanto le vio le miró de arriba abajo y su tristeza se volvió en sorpresa durante un par de segundos—. Perdona pero no serás Lira, por un casual —Pero bueno, ¿es que acaso llevaba una etiqueta en la frente con su nombre o algo y no se había dado cuenta?—. Nos llevamos muy bien con Blanca, la líder de Ciudad Trigal, ya que obtuvo su Miltank aquí. Hablamos frecuentemente con ella y nos dijo que se había encontrado con una entrenadora excepcional, encajas en la descripción que nos dio por eso pregunto —Ah, eso tenía más sentido.

—Sí, soy yo.

—Qué bien, tal vez nos seas de ayuda. Ven, sígueme —El hombre se levantó algo más esperanzado y le guió a la estancia contigua. Eran los establos y la mayoría estaban vacíos, exceptuando el del medio. Enfrente de ese se encontraban dos gemelas pequeñas que parecían estar igual de preocupadas y afligidas que el hombre—. A ver niñas, apartaos un poco —Ellas miraron a Lira con curiosidad y se hicieron a un lado.

—¿Es la chica de la que nos habló Blanqui?

—Así es, tal vez ella nos pueda ayudar —Lira se asomó al establo y vio que había una miltank en muy mal estado. La pobre estaba tumbada, completamente pálida, y por los sonidos que emitía de vez en cuando se notaba que no estaba bien.

—¿Qué puedo hacer? —Lira tenía toda la intención de ayudar pero no sabía cómo. El oficio del granjero era lidiar con ese tipo de pokémon, él debería saber cómo tratarles, ¿no?

—A Mu-mu le gustan mucho las bayas aranja, tal vez si le das varias se encontrará mejor —dijo una de las gemelas. Bayas aranja… Qué suerte que plantase las que dejó Sudowoodo en su huida. Sacó el portabayas y recolectó todas las que ya habían madurado. Se las dio de una a una y con cuidado, al principio se las comía con dificultad pero a poco lo hacía con más ahínco. Cuando le dio la última esta recuperó su color y emitió un grito de alegría, había sido curada al cien por cien.

—¡Sí! ¡Mu-mu ya está mejor! —Las gemelas se abalanzaron sobre el pokémon, tirando a Lira al suelo en el proceso.

—¡Niñas! Perdónalas, es que la quieren mucho —El granjero extendió su brazo y Lira le agarró el antebrazo, levantándose gracias a su ayuda—. Parecía que Blanca no se equivocaba, no solo eres fuerte sino que además tienes un corazón de oro. Ahora que se ha recuperado volveremos a tener leche y la podremos vender, ¡no sé cómo agradecértelo! Nos has salvado de la ruina.

—No es nada, en serio. Estoy más que encantada de ayudar —Notó que algo se frotaba contra su espalda y se dio la vuelta. Miltank le estaba acariciando con el hocico, era su particular forma de darle las gracias. Lira se agachó y le dio un abrazo—. De nada, ha sido un placer.

—¡Muchas gracias por ayudar a nuestra Mu-mu! Toma, esto es para ti.

—¡Y esto también! —Una de las hermanas le dio una caja y, la otra, un par de sellos—. Eso es una caja sellos, donde puedes guardarlos para pegarlos en tus Poké Balls y lograr que tus pokémon hagan una salida espectacular. Seguro que a lo largo de tu viaje encontrarás a gente que te dé más —Lira se separó del pokémon para poder recibir los regalos y guardarlos en su bolso.

—¿Por qué no te quedas un rato aquí? Así me dará tiempo a ordeñar a Mu-mu y podrás probar nuestra famosa leche.

—¡Síii! ¡Y así juegas con nosotras y con las demás miltank! —Lira no se negó a la oferta y aunque hubiera querido no hubiera podido, pues las gemelas le agarraron de ambos brazos y la sacaron fuera con una fuerza impresionante. Sin quererlo había logrado su objetivo, conseguir pasar el día con las miltank. Sacó a su equipo también y dejó que jugaran tanto con el resto de pokémon como con las niñas. Ellas se centraron sobre todo en acariciar a Eevee y Vulpix puesto que ambos tenían un pelaje muy suave. Flaaffy pastaba tranquilamente con las miltank más serenas y Croconaw jugaba con las restantes a pillar a Togetic, que volaba a baja altura y subía cada vez que se acercaban demasiado a él. Sin darse cuenta la tarde pasó volando y cuando empezó a oscurecer volvió adentro, no sin antes ayudar a las niñas a guardar a las miltank en el establo.

—Hace un rato que la tenía preparada pero he visto que os lo estabais pasando tan bien que no quería chafaros el momento —Cuando Lira entró en la estancia principal vio que ahora había dos personas. Estaban sentadas alrededor de una mesa sobre la cual había varios vasos y un jarrón de leche. Una de ellas era el granjero y la otra una mujer, Lira supuso que se trataría de su esposa. Al verla entrar se levantó y se acercó a ella.

—Ya me han dicho lo que has hecho. Aquí tienes, es mi forma de darte las gracias —Y más regalos. Esta vez fue una MT, Don natural—. Por cierto, se lo estaba comentando a mi marido y le ha parecido una idea genial, ¿quieres dormir aquí? Es muy tarde y a estas horas no llegarás muy lejos, para acampar fuera puedes quedarte con nosotros.

—¿Seguro? No quiero molestar.

—¡Tonterías! —exclamó el granjero—. Gracias a ti Mu-mu está como nunca, es lo menos que podemos hacer. Además, la cena ya está lista, no vas a decirle que no a un plato caliente, ¿verdad? —Su estómago respondió por ella. Últimamente estaba recibiendo mucha hospitalidad y no quería que se le malinterpretara, la agradecía y bastante, pero sentía que se portaban demasiado bien con ella. Se sentó con la familia y tras disfrutar de una cena agradable le acompañaron a la habitación de invitados, donde aquella noche pudo descansar al fin sin tener ningún sueño raro.


—Menuda faena, anda que cómo se puso el mar anoche.

—Ya te digo. Y mira que tener que recoger todas las algas, incluidas las de la costa, no hay derecho.

A pesar de los remolinos, las rutas 40 y 41 solían ser tranquilas. Raramente había fuertes corrientes pero cuando las había… Aquello parecía el fin del mundo. Sacaban todo lo que se escondía en lo más profundo del mar a la orilla y alguien, obviamente, tenía que recogerlo. A veces esa tarea recaía en los pescadores, que antes de poder salir a pescar tenían no solo que limpiar el puerto de Ciudad Olivo sino su playa también. Eso es lo que estaban haciendo precisamente dos de ellos, muy a regañadientes.

—¿Te imaginas que algún día nos encontramos algún cofre lleno de riquezas?

—Sigue soñando amigo mío, sigue soñando —Ya habían logrado limpiar la mitad de la playa cuando, a lo lejos, uno de ellos divisó algo. Desde su posición no veía bien lo que era pero parecía estar cubierto de algas. Le dio un codazo a su compañero para obtener su atención y señaló hacia el enorme bulto—. Eh, qué es eso.

—Qué es qué —El pescador miró hacia donde estaba señalando su compañero y entrecerró los ojos para intentar verlo mejor, pero nada. Ambos se miraron y asintieron, decidiendo que era mucho más interesante ir a ver qué era eso que seguir con sus labores de limpieza. A medida que se iban acercando la silueta iba adoptando forma… humana. Alarmados, los dos hombres corrieron rápidamente hacia ella y cuando llegaron vieron que se trataba de una adolescente de tez oscura. Se agacharon y empezaron a quitarle las algas, deseando con todas sus fuerzas que no fuera muy tarde para ella.

—¿Respira? Mira a ver si respira —El pecho de la joven subía y bajaba lentamente, indicando que todavía seguía con vida. Uno de los pescadores le sacudió el hombro y ella empezó a toser agua. Se sentó y cuando ya había expulsado el agua de sus pulmones abrió los ojos por completo, totalmente horrorizada.

—Qué pasa chica, ¿estás bien? —Solo fue una palabra, pero susurrarla fue suficiente para conseguir que esos dos curtidos lobos de mar empezaran a temblar de puro pavor.

—Lugia.