Hacía mucho que no iba a casa y consideraba que ya era hora. Ciudad Endrino seguía igual que siempre, con la misma gente y el mismo clima. El ser una ciudad recóndita cuyo acceso era bastante difícil favorecía que no hubiera muchos cambios, puesto que sus habitantes eran fieles a las tradiciones y su difícil acceso complicaba que otras personas se instalaran allí y compartieran otros estilos de vida. Por un lado Lance se alegraba de ello, quería pensar que así el Team Rocket no tendría forma ninguna de llegar allí.
Aunque si ese fuera el caso sabía que Débora les echaría a patadas en un abrir y cerrar de ojos.
Fue directo a la Cueva Dragón y saludó a todos los entrenadores que se encontraban allí. Entró en el santuario y, aunque por un lado no le extrañó ver a su prima en la estancia principal, le sorprendió que no estuviera atendiendo sus obligaciones como líder.
—Por fin vienes, pensé que te habías olvidado de tu familia.
—He estado ocupado. Y tú qué haces aquí, ¿no deberías estar en el gimnasio? ¿O es que tienes un radar que te indica cuándo voy a venir?
—No ha venido ningún entrenador desde hace días así que puedo estar donde me plazca y, para tu información, tengo algo mucho mejor que un radar. Se llama intuición femenina.
—Lo que tú digas —Pasó de largo y llamó dos veces a la puerta que daba a la habitación de su abuelo. Débora le siguió y se quedó a unos escasos centímetros de distancia. Tenía toda la intención de entrar a pesar de saber que su abuelo no estaría de acuerdo por no haber pasado el test todavía. Sin embargo, aquello no era un tema exclusivo del clan, afectaba a toda la región y ella era una líder así que Lance consideró conveniente que ella también participara. De todas formas, a él nunca le había gustado dejarla de lado—. No te preocupes, esta vez puedes pasar.
—¿En serio? —Débora esbozó una sonrisa pero tan rápido como vino se fue. No quería que su primo viera lo contenta que estaba porque le dejaran intervenir al fin. Cuando Ryuu les dio permiso ambos entraron e hicieron una reverencia para a modo de respeto antes de arrodillarse frente a su abuelo. Se sorprendió al ver también a su nieta pero no dijo nada, si Lance le había permitido entrar era porque sus oídos podían escuchar lo que se iba a decir en esa reunión.
—Qué ocurre hijo, si vienes es por algo.
—Hablé con Shin y creemos que ya sabemos quién es la Elegida —Una sonrisa de alivio se esbozó en el rostro del anciano—. Pensé que deberías saberlo.
—¿Elegida? —Débora abrió los ojos— ¡¿Soy yo?! —preguntó sorprendida y con un tono de esperanza.
—No, es una chica de Pueblo Primavera. He hablado con ella también personalmente y dice que se siente unida al mar, al agua en general, eso solo ayuda a confirmarlo.
—Pff, una chica de pueblo —La líder se indignó, la elección del legendario le parecía decepcionante—. El legendario estaría mejor en mis manos.
—Pensé que no te interesaba puesto que "no me hace falta ningún pokémon para demostrarle a todos lo fuerte que soy".
—Y no me interesa pero me parece un auténtico desperdicio. Incluso Morti habría sido una mejor elección. Y tú qué, no me digas que no te atrae aunque sea un mínimo la idea de que un pokémon tan poderoso se fije en ti.
—Ya tengo bastante con domar a mis dragones como para añadir a mi lista de tareas ser el Elegido —Ryuu se aclaró la garganta, haciendo que sus nietos se callaran y volvieran a centrarse en él.
—El legendario no se fija en los entrenadores por su fuerza únicamente, mi querida Débora, si ese fuera el caso se habría fijado en Lance pero no es así. Hay otras cualidades más importantes, como la capacidad que se tiene a la hora de establecer lazos con los pokémon —El líder del clan se masajeó las sienes—. Últimamente sufro de una migraña terrible, creo que se debe a que el legendario está usando sus poderes psíquicos para llamar a la Elegida. Se encuentra ansioso, es como si estuviera deseando enfrentarse a ella.
—Teniendo en cuenta que, si no me equivoco, Lira debería haber obtenido su cuarta medalla ya estará camino a Ciudad Olivo, lo que quiere decir que se acerca a las Islas Remolino. No tardarán en cruzarse, tal vez esté nervioso por eso.
—Cierto, espero que no tenga lugar otro accidente —Las palabras de su abuelo despertaron la preocupación en el pelirrojo. No ocurriría nada, ¿verdad? Por muy ansioso que estuviera el legendario no atacaría a la Elegida, algo así no tenía sentido. No importaba que tuviera sentido o no, no pudo seguir reflexionando sobre eso ya que su Pokégear empezó a sonar.
—Pareces nuevo, nada de móviles en la Cueva —Le regañó su prima.
—Perdón —El Campeón se llevó el móvil a la oreja y antes de que pudiera hablar un grito proveniente del otro lado le obligó a apartar rápidamente el dispositivo. Tuvo un déjà vu.
—Lance, ¡ha aparecido otra!
—Otra qué, Aníbal.
—Otra chica, ¡del grupo de desaparecidos! No te lo vas a creer pero está en perfectas condiciones, es como si, no sé, como si hubiera estado en una cámara criogénica todo este tiempo y la marea le hubiera sacado a la superficie. Los pescadores que la encontraron dicen que murmuró algo interesante al abrir los ojos, tienes que venir cuanto antes.
—Está bien, voy para allá —Lance colgó y se levantó rápidamente—. Tengo que irme —Su abuelo asintió.
—Espera, ahora qué caigo, ¿qué más da saber quién es el Elegido o Elegida? El legendario está durmiendo, no es como si fuera a despertarse de un momento a otro —Cierto, su prima no estuvo en la reunión anterior. Sabía que un mal acechaba a Johto pero, exceptuando a Morti, Yasmina y Aníbal, los otros líderes eran ajenos al despertar del legendario.
—Cuéntaselo, abuelo. Tarde o temprano se acabará sabiendo —Lance abandonó la Cueva y se subió a los lomos de su Dragonite. No tardó mucho en llegar a su destino y una vez ahí su compañero le dejó frente al Centro Pokémon. Aníbal le recibió nada más entrar.
—Su familia ya le ha visto así que no tenemos que esperar, podemos verla ahora mismo.
—De acuerdo —Los dos hombres subieron las escaleras y cuando llegaron al piso de arriba Lance se dio cuenta de que faltaba alguien importante—. ¿Dónde está Yasmina? —Aníbal le miró con preocupación.
—Ampharos ha vuelto a enfermar, esta vez se encuentra en un estado bastante grave. Solo está tranquilo cuando Yasmina está con él así que le hace compañía en el faro, me temo que no nos puede acompañar —El Campeón asintió. Menudo panorama, era una desgracia tras otra.
El líder le llevó hasta la habitación donde se encontraba la joven y tras llamar a la puerta entraron. Ella estaba tumbada en la cama con una bata de hospital y para el asombro de los dos, no se encontraba sola. El primer chico que había aparecido hace unos días estaba en una silla a su lado, haciéndole compañía.
—Buenos días —La chica se sentó rápidamente al verles entrar.
—¡Le vi, lo juro! ¡Juro que le vi!
—Tranquila, Rose —Dave trató de calmar a su amiga e intentó hacer que se volviera a tumbar.
—Nadie me cree, piensan que me di un golpe en la cabeza pero es verdad, existe, ¡le vi con mis propios ojos!
—¿Qué viste? —Lance estaba tan intrigado que todavía seguía de pie. Por cualquier razón la chica parecía estar muy nerviosa y agitada.
—¡Lugia! Vaya que si le vi, ¡menuda encerrona nos hizo! Tras mucho esfuerzo mis amigos y yo logramos llegar a lo más profundo de las islas, estuvimos un rato ahí descansando y de repente ves que el agua empieza a moverse y a crear muchas olas y todo eso así que nos fuimos pitando. Al salir no es que el panorama fuera mucho mejor, tratamos de llegar a la barca pero no tuvimos éxito. Mientras me estaba hundiendo le vi con total claridad, Lugia estaba detrás de nosotros y nos miraba con curiosidad. Esa escena no se me olvidara en la vida —Tras contar su relato se relajó un poco—. Ustedes me creen, ¿verdad? No tengo ninguna razón para mentir. Díselo, Dave, ¡diles que no soy ninguna mentirosa!
—Tranquila, yo te creo —Lance se cruzó de brazos. Todas sus hipótesis apuntaban a que Lugia era el culpable y esa lo confirmaba, además se le veía muy intranquila. No parecía que estuviera mintiendo.
—Me alegro. Quería decirle otra cosa, a poder ser.
—Adelante —La chica bajó la mirada.
—La idea de ir a las islas… fue mía, eso quiere decir que por mi culpa mis amigos no están aquí. Por favor, tráigalos de vuelta.
—Eso haremos y no te preocupes. Vosotros habéis aparecido sanos y salvos, es cuestión de tiempo que los demás también lo hagan —Los dos jóvenes asintieron—. Tu declaración nos ha sido de gran ayuda. Ahora descansa y recupérate, nosotros nos encargaremos del resto.
—Está bien. Gracias por todo, señor —Lance y Aníbal abandonaron la sala tras la conversación. El líder se apoyó en la pared y dejó que un suspiro escapara de sus labios.
—Así que al final sí es Lugia, menuda faena. ¿Cómo se supone que vamos a luchar contra un legendario?
—No podemos. ¿Recuerdas lo que dicen las leyendas?
—Claro, es el deber de todo líder de gimnasio conocer mínimamente la cultura de su región. Solo un Elegido o Elegida podrá detenerle.
—Exacto y tengo buenas noticias. Ya sabemos quién es la Elegida —El rostro de Aníbal expresaba una mezcla de alivio y asombro.
—¿Elegida? ¿Es Débora? Quién lo diría, al final tendrá razón y será una entrenadora excepcional después de todo.
—No, esta vez no será un Descendiente —Aníbal le miró confuso—. Es un poco lioso, te lo explicaré más adelante. Lo que tienes que saber ahora es que es una entrenadora llamada Lira y que viene de camino, seguramente te rete en un par de días.
—Ya veo, entonces me quedo más tranquilo —El Campeón frunció el ceño—. Qué pasa, te veo agobiado.
—No es nada —Para llegar a Ciudad Orquídea Lira tendría que atravesar las Islas Remolino. Eso no le gustaba nada y menos después de la insinuación de su abuelo—. Creo que me quedaré por aquí para vigilar la zona, con suerte el siguiente joven no tardará en aparecer.
—Crucemos los dedos por ello, amigo, crucemos los dedos.
Atravesar la ruta 39 había sido toda una travesía. Tras soportar el frío de Ciudad Iris Lira agradeció el cambio de temperatura en un primer momento ya que conforme iba avanzando hacía más calor. Sin embargo, llegó un punto donde tanto calor se hizo insoportable y tuvo que recurrir varias veces a Croconaw para que le refrescara. No había muchos árboles a lo largo de la ruta que pudieran proporcionarle algo de sombra así que ese era su único recurso para estar fresquita pero viajar empapada no era algo que le resultara muy cómodo. Por suerte no todo había sido malo, tres de sus pokémon habían aprendido nuevos movimientos gracias a los combates que tuvo con varios entrenadores de esa zona. Flaaffy aprendió carga en detrimento de gruñido y tanto Eevee como Vulpix olvidaron látigo para aprender, respectivamente, ataque rápido y lanzallamas. Además se había encontrado con un anciano muy majo, llamado Baoba, que le había dicho algo de una Zona Safari en Ciudad Orquídea o no sé qué (Lira estaba demasiado cansada como para prestarle mucha atención) y se habían intercambiado los números para hacerle saber cuándo estaría lista.
Pero todo eso ya pertenecía al pasado, ahora Lira se encontraba a las puertas de la ciudad. La brisa marina le dio la bienvenida nada más llegar, era como si le estuviera recompensando por todo el esfuerzo que había hecho. Ahora que se encontraba mejor pudo apreciar sus alrededores y lo que más le llamó la atención fueron los diversos banderines que había colgando entre los edificios, lo que le daba al lugar un ambiente festivo. Siguió avanzando con lentitud y vio que al final de la calle se encontraba el gimnasio pokémon. Se acercó para leer el letrero solo por curiosidad, ya que lo que menos le apetecía en ese entonces era combatir, pero nunca estaba de más saber contra qué tipo de líder se iba a enfrentar.
—"Gimnasio Pokémon de Ciudad Olivo. Líder: Yasmina. La chica de acero". Acero, interesante —Estaba tan centrada en el cartel que cuando la puerta del gimnasio se abrió se sobresaltó ligeramente. Lira miró por curiosidad de quién se trataba y casi le dio un ataque al verle a él.
No puede ser.
—¿Qué haces aquí? —La misma seriedad de siempre, ¿es que tenía que encontrarse a Silver allá donde fuera?
—Tomar el sol en la playa, tú qué crees —Esperaba que no le retara a un combate pues estaba segura de que en esas condiciones hasta un entrenador novato sería capaz de derrotarla. Por suerte él solo se encogió de hombros.
—Si vienes a hacer lo mismo que yo, retar a la líder, no pierdas el tiempo. Está en el faro —dijo asintiendo hacia este. Lira se dio la vuelta para admirar la estructura—. Al parecer el pokémon que vive ahí ha enfermado y le está haciendo compañía.
—Pobrecito, es una lástima.
—Me imaginaba que esa sería tu reacción. ¿No te da rabia haber hecho un recorrido tan largo para nada? —Lira volvió a mirar a Silver, confundida.
—¿A qué te refieres? Ese pokémon está enfermo, es completamente comprensible que la líder quiera estar con él.
—Solo alguien débil pensaría así. Es la líder, tiene que aceptar los desafíos de aquellos que vienen a retarla. Ese es su trabajo, no perder el tiempo con un pokémon inútil.
—¡¿Pero tú te estás oyendo?! —exclamó irritada. Ya le había escuchado decir cosas sin ningún sentido anteriormente pero eso era indignante. Él solo se encogió de hombros.
—Tampoco es que esperase que me entendieras, conociéndote habrías hecho la misma estupidez. Yo solo digo que los pokémon están para combatir y aquellos que no pueden hacerlo son unos inútiles, lo mejor sería deshacerse de ellos. Me voy, ya he perdido tiempo en este gimnasio y no me gustaría hacerlo contigo —Sin decir nada más Silver se fue. Lira estaba que echaba humo, ¿cómo podía pensar así? Le habría cantado las cuarenta pero sabía que no serviría de nada, gente como él no cambiaba milagrosamente de la noche a la mañana. No le dio más vueltas al tema y fue al Centro Pokémon, después de descansar un rato ya estaba lista para retomar su aventura. Recogió a su equipo pokémon y salió del centro, pensando cuál debería ser su siguiente paso. El combate de gimnasio tendría que esperar, podía ir a la siguiente ciudad o ir al faro a ver el estado del pokémon. Ella también estaba preocupada por él así que al final se decantó por la última opción.
Durante su trayecto tuvo más tiempo para admirar la ciudad. Con prestar un poco de atención cualquiera podía intuir que la ciudad vivía del puerto, este se alzaba imponente en la parte sur de esta. Al lado del centro había incluso un bar dedicado a los marineros, para que pudieran ir a descansar después de realizar sus agotadores turnos. Si el pokémon tenía una labor importante a la hora de hacer que el faro funcionase estaban en graves problemas, sin duda.
Este se encontraba a las afueras de la ciudad, en una pequeña colina. Lira subió las escaleras que conducían a él y entró. Había dos entrenadores en la entrada y los dos le dieron la bienvenida retándola, algo que le sorprendió enormemente. ¿Se podían realizar combates en el faro? ¿Y si la estructura sufría algún daño? Bueno, no iba a negarse a que su equipo consiguiera un par de puntos de experiencia más así que aceptó ambos retos encantada.
A medida que iba subiendo más entrenadores le iban retando. Era sorprendente cómo el edificio podía aguantar los ataques de unos seres tan asombrosos, por lo visto estaría hecho para poder soportar todo lo que le echasen encima. Tras subir varios pisos llegó a la estancia superior, donde había una mujer de largo cabello castaño y un pokémon acurrucado a su lado. La mujer alzó la vista al oírle entrar.
—¿Vienes a retarme?
—No, vengo a ver cómo está —La mujer se sorprendió al oír esa respuesta.
—Vaya, eso es nuevo. Normalmente todos vienen buscando un combate —Se tranquilizó y le sonrió—. Me presento, soy la líder de esta ciudad, Yasmina, y este pequeñín de aquí es Amphy. Se encarga de iluminar el faro pero ahora está enfermo y si a duras penas puede respirar lo último que puede hacer es alumbrar a los barcos en la oscuridad.
—Comprendo. Por cierto, yo soy Lira —La entrenadora se arrodilló al lado de Amphy—. Traigo varias pociones, a lo mejor si le damos una se sentirá mejor.
—No, ya lo he intentado todo y lo único que le hace sentir mejor es una poción que se vende en la farmacia de Ciudad Orquídea. Iría encantada pero si ahora le dejo solo puede estresarse y por desgracia, al ser tan potente, esa poción no se le vende a cualquiera.
—No hay problema, puedo quedarme con él mientras tú vas a por la poción.
—Lo siento, no te sientas mal pero Amphy solo se fía de mí, dejarle con una extraña sería peor que dejarle solo —Yasmina miró a Lira de arriba abajo. No tenía pensado dejarle con Amphy pero tal vez podría ayudar de otra manera—. Parece que estás igual de preocupada que yo así que de ti me puedo fiar. No me gusta pedir favores pero ¿podrías ir tú en mi lugar? Dile al dependiente que te dé la poción que siempre pido, si no cree que vas por mí dile que me llame.
—Perfecto, estaré encantada de ayudar. Volveré lo antes posible.
—Genial. Se lo habría pedido a cualquiera de los entrenadores que han subido anteriormente pero eres la primera que me inspira confianza. Espera, que te abro la puerta —La líder se levantó y abrió la puerta de la estancia—. Así podrás coger el ascensor y no perderás el tiempo subiendo y bajando todo el faro.
—Mejor, muchas gracias.
—No, gracias a ti, Lira. Cuento contigo.
—Atlas, por fin coges la llamada. Soy yo, Atenea.
—Lo siento, ya queda menos para el gran día y estoy ocupado organizándolo todo. ¿Sucede algo?
—Sí, varias cosas —La ejecutiva se sentó en su silla del despacho del escondite Rocket de Pueblo Caoba—. Lo primero, el experimento de las ondas ha resultado ser todo un éxito. El dinero que obtuvimos gracias a la venta de las colas de los slowpoke nos ha permitido ir más rápido en la investigación.
—Excelente, sabía que podía contar contigo. ¿Algo más?
—Sí, puedes enviar a Petrel cuando quieras para que recoja los datos. Todavía hay que ultimar unos detalles y quiero comprobar que todo esté bien pero eso lo puedo hacer mientras él esté aquí.
—Genial, se lo haré saber cuanto antes.
—Una última cosa —Alguien llamó dos veces a la puerta de la ejecutiva y entró sin permiso. Atenea rodó los ojos pero sonrió al ver a Mary mojada y tiritando de frío—. El Campeón nos hizo una visita hace poco, puede que sospeche algo así que tendremos que darnos prisa.
—Por supuesto, una vez Petrel obtenga los resultados de tu investigación regresará a Ciudad Trigal y pondremos en marcha el plan. No podemos arriesgarnos a que nos descubran en el último momento.
—Bien dicho. Eso era todo, tengo que colgar que hay alguien que quiere hablar conmigo.
—Está bien. Larga vida al Team Rocket.
—Larga vida al Team Rocket —Atenea colgó y miró a Mary con una sonrisa malévola—. Adelante, infórmame.
—L-los científicos quieren q-que le diga que todo va s-según lo previsto y que m-más sujetos se han visto afectados por las ondas —La recluta se abrazo a sí misma, intentando entrar en calor. La sonrisa de Atenea creció.
—Y eso que estamos utilizando una mera antena, lo que podríamos hacer con una de alcance regional.
—T-también debo advertirle d-de que desde que el Campeón n-nos hizo esa visita e-el abuelo no ha dejado de vigilar la-la ti-tienda, puede que s-se huela algo.
—Hmm —La ejecutiva adoptó una pose pensativa—. Es muy posible pero si hubiera querido actuar ya lo habría hecho, estará esperando algo. De todas formas no importa, queda poco para dar por finalizado el experimento —Asintió satisfecha y dio una palmada—. Muy bien, puedes volver al lago —Mary le miró sorprendida y con horror.
—¿O-otra vez? ¿No puedo quedarme aquí?
—Cuando te mueres de frío estás menos insoportable y contestona. No me lo hagas repetir dos veces, sabes que lo odio.
—¿Y n-no puede por lo menos de-decirme de qué va el experimento? Solo los del de-departamento de investigación y-y los superiores lo saben, ¿p-por qué a los reclutas no se nos informa? —La mirada que le dirigió fue suficiente para hacer que la recluta abandonara el despacho. Le vinieron muchos adjetivos a la mente para describir a su superior y ninguno de ellos era agradable, estaba claro que a la pelirroja le gustaba verle sufrir. Pero por qué no les informaban de sus planes, ¿tanto miedo tenían de que alguno la liara? ¿A qué venía tanto secretismo? Siempre se esperaban al último momento para contarles las cosas. Habían tenido varias operaciones: la venta de colas de slowpoke, hacerse con el control de la Torre Radio y ahora el experimento del lago pero, por mucho que pensara, Mary no lograba ver la conexión entre ellas.
—Sé que hay mucho inútil entre nosotros pero vamos, tampoco es para portarse así —Por lo visto quedaba menos para que el gran plan del que tanto hablaban se llevara a cabo, por eso habían dejado a su amiga en la base de Ciudad Trigal. No querían arriesgarse a que su bondad se metiera en el camino, seguro que buscaría la forma de liberar a los electrode que proporcionaban energía al escondite o trataría de eliminar los datos recabados por Atenea y su equipo. La propia Mary no descartaba hacer alguna travesura de ese estilo a modo de venganza, tanto tiempo aislada de su compañera estaba empezando a volverle loca—. Ojalá te hubieran destinado conmigo, Carol.
—A ver, si mal no recuerdo en el Teatro me dieron surf —Lira rebuscó en su bolso y al final sacó la MO. Ya estaba en la playa, solamente necesitaba enseñarle surf a alguien de su equipo para llegar a la otra ciudad—. ¡Sí! Genial, creo que está más que claro a quien se lo voy a enseñar —Sacó a Croconaw y procedió a enseñarle el movimiento, aunque para ello tuviera que olvidar el amado pistola agua. El tipo agua saltó de alegría y fue directo al mar, ardiendo en deseos de explorar la ruta marina.
—Eh, ¡espérame! —Cuando ya estaba en el agua Croconaw paró en seco y lanzó una pequeña ola a su entrenadora. Lira se cubrió la cara con los brazos pero no sirvió de mucho, acabó empapada—. Serás… Tú y tus travesuras, te vas a enterar —Lira se acercó corriendo y le dio una patada al agua para salpicarle, por desgracia Croconaw respondió lanzando una ola todavía mayor que acabó por cubrirla entera y tirarla al mar. Cuando sacó la cabeza del agua Croconaw empezó a reír y ella rio con él.
—Tienes suerte de que me guste el agua. Venga, andando, un pokémon necesita nuestra ayuda. Ya jugaremos más adelante —Croconaw asintió y se dio la vuelta para permitirle a su entrenadora subirse a sus espaldas. El mar estaba tranquilo y Croconaw se deslizaba sobre la superficie sin prisa, permitiendo a Lira ver con claridad los pokémon que habitaban en él. Abundaban los tentacool y de vez en cuando se podía ver a algún tentacruel, algunos de ellos no dudaban en interponerse en su camino pero por suerte no suponían ningún problema. Croconaw se encargaba de ellos con facilidad y ya que estaba, sacó a Eevee para que también le sirviera de entrenamiento. Cuando no había ningún entrenador ni pokémon en las proximidades los tres se pondrían a jugar, Eevee y Lira se salpicarían mutuamente y Croconaw se daría la vuelta bruscamente para tirarles al agua varias veces. Cuando ya estaban llegando al final de la ruta 40 el tipo agua se detuvo repentinamente y miró a Lira con preocupación.
—¿Qué pasa pequeñín?
—Croco —Croconaw señaló hacia unas islas que había delante. Cuatro y estaban rodeadas de remolinos. Las Islas Remolino. Un escalofrío le recorrió la espalda, era ahí donde supuestamente habitaba Lugia, ¿no?
—Así que ese es el problema. Tranquilo, todo irá bien —Lira le acarició y notó que estaba muy tenso. Eevee también se había puesto a temblar de repente, era como si se sintieran amenazados por algo. ¿Podían sentir su presencia? No, pero qué tonterías eran esas. Seguramente solo se sentirían intimidados por los remolinos.
—Vamos chicos, no pasa nada —Croconaw seguía inmóvil e Eevee se acurrucó a su lado, no iba a ser fácil convencerles. Lira decidió guardar al tipo normal para centrarse en persuadir a Croconaw.
—Mira, tampoco es tanto. Podemos dar la vuelta pero estamos más cerca de la siguiente ciudad que de Ciudad Olivo. Iremos poco a poco y puedes parar las veces que quieras, ¿vale? —Croconaw asintió y volvió a nadar lentamente. Al principio la cosa iba bien pero cuando estaban en el medio de las islas se volvió a parar.
—Lira.
—Qué dem- ¿Tú también has oído eso? —Croconaw gimoteó— No pasa nada, serán imaginaciones nuestras. Prosigamos —Retomaron el rumbo y por suerte para Lira ya solo les faltaba atravesar la última isla. Todo iba bien, hasta que notó que no avanzaban más. Croconaw seguía nadando pero era como si algo les empujara hacia atrás. Se dio la vuelta y vio con horror cómo un gran remolino se estaba formando a sus espaldas
—Bienvenida.
—Pero qué- ¡Nada con todas tus fuerzas! —Croconaw lo dio todo pero no importó, la corriente les arrastraba hacia dentro como si fueran una hoja insignificante. Miró a su alrededor tratando de llamar la atención de alguien para que les ayudasen pero por desgracia no había ningún entrenador cerca y ninguno de sus otros pokémon podrían ayudar. Cuando sintió que estaban a punto de hundirse cogió aire y fueron tragados por el remolino. Croconaw seguía intentando escapar, él no tenía ningún problema ya que podía respirar bajo el agua pero sabía que su entrenadora no aguantaría mucho. Lira no quería malgastar sus fuerzas, sabía que era algo inútil así que cerró los ojos y esperó a que Croconaw pudiera sacarles de allí. Por desgracia, no estaba teniendo mucha suerte. Conforme iban pasando los segundos le costaba pensar con claridad y sabía que acabaría desmayándose, fue aflojando el agarre que tenía sobre su pokémon y se soltó. Estaba a punto de perder el conocimiento y, con pesar, lo último que hizo fue recordar todos los buenos momentos que había vivido en su viaje mientras esperaba a ser engullida del todo.
…
…
…
Pero ese momento no llegó y entonces lo sintió.
Algo le agarró de los antebrazos con una fuerza descomunal. Bastó con que lo que fuera tirara de ella tres veces para sacarle de nuevo a la superficie. Lira estaba medio inconsciente pero logró abrir los ojos brevemente durante un par de segundos. Lo que le había sacado de allí era una gran criatura naranja, no podía ver con claridad así que aquello le parecía una gran mancha borrosa. Esa criatura le llevó por el aire varios metros y le volvió a tirar al mar, justo a tiempo para que Croconaw apareciera y le llevase hasta la orilla de Ciudad Orquídea. Una vez allí el pokémon le tumbó en la arena y esperó a que volviera en sí.
—Qué… ha pasado —Al tipo agua se le saltaron las lágrimas—. ¿Estás bien? ¿Conseguiste escapar?
—¡Croco! —Croconaw se abalanzó sobre su entrenadora y empezó a llorar. Lira le abrazó tratando de retener las lágrimas también, todavía tenía que procesar lo que había ocurrido pero estaba asustada. Ese remolino que había aparecido de la nada, sabía perfectamente qué lo había provocado. Lo que no tenía tan claro eran sus intenciones, ¿y qué había sido esa cosa naranja que le había sacado de ahí?
—Ea ea, ya pasó. Venga descansemos un rato, ha sido un día movidito —Ya estaba atardeciendo y el cansancio añadido al estrés de lo que había ocurrido estaba empezando a hacer mella. Lira se levantó como buenamente pudo y Croconaw se aferró a ella mientras seguía llorando. Lo de conseguir la poción tendría que esperar al día siguiente, de todas formas a Lira le preocupaba otra cosa en ese momento. Mirando a las islas se preguntó si habría otra forma de volver que no implicara atravesarlas. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, cuanto más lejos estuviera de ellas, mejor.
