Si bien su prioridad el día anterior había sido hacerse cuanto antes con la medicina que ayudaría al pobre ampharos a recuperarse de su enfermedad, los eventos de la tarde anterior hicieron que Lira cambiara de planes. No es que no quisiera ayudar al pobre pokémon, todo lo contrario, pero el solo hecho de pensar que tenía que volver a cruzar esos remolinos era suficiente para ponerle los pelos de punta. Decidió disfrutar de una mañana tranquila paseando por Ciudad Orquídea con su fiel croconaw. Era otra ciudad costera, como Ciudad Olivo, pero más tranquila y humilde. Las calles estaban sin asfaltar así que al caminar se iban plasmando las huellas en la arena, lo que volvía loco a su pokémon, que iba jugando a unos metros por delante de ella. Lira rio al verle tan feliz, en lo único en lo que había cambiado desde que empezó el viaje era en su aspecto, seguía siendo la misma fuente de energía azul que no desaprovechaba ninguna oportunidad para divertirse.

Su pequeño paseo les llevó al norte de la ciudad, donde había un par de rocas. Durante el trayecto vio que había un gimnasio allí también y consideró retarlo antes de volver a Ciudad Olivo, así si se hacía con la medalla se ahorraría otro viaje. Al acabar de explorar esa zona y comprobar que ya no había nada de interés pensó en explorar la pequeña cueva que había al oeste, después de todo todavía tenía el resto del día por delante para dedicarse a la aventura y no pensaba quedarse de brazos cruzados.

—¡Croco!

—¿Qué ocurre amiguito? —Parecía que su compañero no estaba de acuerdo con que ese lugar careciera de interés. Antes de que pudiera poner rumbo a su destino el reptil señaló un par de rocas y Lira se acercó para ver lo que había entre ellas. Sus ojos se abrieron al divisar a un pokémon cuya elegancia le volvió a cautivar como la primera vez. Su melena morada ondeaba al compás del viento y su cuerpo azul se mimetizaba con el mar que había a sus espaldas. Suicune se encontraba allí y al notar su presencia se acercó hacia donde estaba la joven. El pokémon le miraba atentamente, con la misma curiosidad de la otra vez. Mantuvieron la mirada durante unos segundos y al final se fue, poniendo rumbo al mar. Incluso cabalgando entre las olas mantenía su elegancia, ver a ese pokémon hacer lo que fuera era un espectáculo que dejaba a todo el mundo con la boca abierta.

—Otra vez, ¿has visto que se nos ha acercado? —Croconaw asintió— Me pregunto qué estaría haciendo tan lejos de Ciudad Iris, a lo mejor está dando la vuelta a la región como noso-

—¡Suicuuuune! —Su oración fue interrumpida por un grito ensordecedor. Lira se dio la vuelta, sobresaltada, pero volvió a tranquilizarse al ver de quién se trataba. El tipo en cuestión estaba a unos cuantos metros y se acercaba a una velocidad de vértigo. Lira le reconoció casi al instante, esa capa blanca y pajarita roja eran inconfundibles— Es… muy rápido —dijo entre jadeos cuando frenó en seco al lado de la joven.

—¡Eusine! —El hombre apoyó ambas manos en las rodillas mientras trataba de recuperar el aliento— ¿Estás bien?

—Perfectamente —Tras unos escasos segundos se puso más recto que el palo de una escoba y le sonrió a la morena, como si quisiera demostrar que de verdad lo estaba—. Volvemos a vernos.

—Eso parece. ¿Tu persecución te ha traído hasta aquí?

—¡No es una persecución! —Exclamó indignado— Es un trabajo de campo, tengo que investigar cómo se comporta Suicune en la naturaleza para completar mi trabajo sobre los perros legendarios. Y, si de paso puedo capturarle, bienvenida sea la oportunidad —Agarró una Poké Ball de su cinturón y señaló con ella a Lira. La morena rodó los ojos. Sigue siendo una persecución, lo mires como lo mires—. Suicune ha aparecido frente a ti dos veces. No creo que se traten de meras coincidencias, tienes algo que le atrae así que, si me mido ante ti en un combate, puede que me gane su respeto. Qué me dices, ¿me brindarás esa oportunidad?

—¿Lo dices en serio? —Sus ojos emitían un brillo desafiante. No sería fácil librarse de él— La verdad es que no tenía pensado embarcarme en un combate de ningún estilo hasta más tarde.

—Y yo no tenía pensado encontrarme con Suicune hoy y mira, si lo llego a saber habría llevado puestas mis deportivas de la suerte. La vida te sorprende constantemente, querida, a veces se está preparado y otras no. Así que venga, menos quejas y más acción —La joven se lamentó internamente. Un día, solo pedía un día tranquilo, nada más. Fue a coger la Poké Ball de Flaaffy con desgana pero antes de que pudiera liberar a su amiguita Croconaw se puso delante de ella.

—¿Quieres combatir? —El pokémon asintió enérgicamente. Sin embargo, había algo diferente en él, siempre salía determinado y con una sonrisa pero esa vez estaba demasiado serio, como si estuviera concentrado en esforzarse en algo—. Está bien. Adelante, es todo tuyo.

—El reptil mordedor, todavía me acuerdo de él. Menudos mordiscos dio en el gimnasio. Me aseguraré de impedir que ataque a mi queridísimo pokémon. Drowzee, ¡hipnosis! —De la Poké Ball de Eusine salió un pokémon bípedo cuya mitad superior era amarilla y la inferior marrón. De sus ojos salieron unas ondas que fueron directas hacia Croconaw pero él se echó a un lado, esquivando el ataque.

—¡Colmillo hielo! —Croconaw fue directo a morder el cuello de su contrincante, forzando un grito de dolor de él. Lira entrecerró los ojos, no estaba acostumbrada a verle tan agresivo. Sí, muchas veces por no saber controlar su fuerza podía llegar a ser bastante bruto y no solía ser consciente de la gravedad de sus movimientos pero esa vez iba a hacer daño a propósito— Ya basta —Antes de soltarse apretó un poco más y dio unos pasos atrás. Seguía igual de serio y Lira se preguntó si, por precaución, estaría bien retirarle del combate.

—Espero no acabar nunca entre sus fauces, si alguna vez digo algo que te moleste que no te apure decírmelo. Drowzee, ¿puedes continuar? —El pokémon asintió— Entonces es hora de enseñarle un par de modales, qué te parece si le bajamos los humos a nuestro amiguito. Anulación —Sus ojos emitieron un breve destello y con eso Croconaw fue privado de usar colmillo hielo durante un par de turnos más.

—Bueno, esto nos brinda la excusa perfecta para probar tu nuevo movimiento en combate. ¡Surf! —Croconaw alzó los brazos y tras él se formó una ola en el mar que fue directa a por ellos. Lira se apartó a tiempo y consiguió esquivarla por los pelos pero Eusine no tuvo esa suerte y fue arrastrado junto a su pokémon.

—¡Pero bueno! —Eusine escupió algo de agua y se quitó un par de algas que se habían quedado pegadas en su traje— En mi vida había visto esto, qué clase de ataque es ese. ¿Acaso pretendes eliminarme del mapa para quedarte con Suicune?

—¡Lo siento! Es la primera vez que lo uso, no sabía que podía llegar a ser tan potente —La joven se acercó y le tendió la mano. Eusine la tomó y Lira tiró de él para ayudarle a levantarse—. ¿Estás bien?

—Sí pero no puedo decir lo mismo de él, se ha llevado la mayor parte del golpe —Drowzee estaba tumbado a sus pies, con los ojos dándole vueltas. Lira solo fue capaz de dedicarle una sonrisa de disculpa.

—Perdón.

—No importa —Eusine se escurrió la capa y ayudó a Drowzee a levantarse—. Vives los combates al límite, eso me gusta. ¿Continuamos?

—Claro —Lira sintió un poco de lástima por el bípedo, apenas podía mantener el equilibrio. Ordenó a Croconaw que diera un simple arañazo y con eso Drowzee no volvió a levantarse.

—Ajá, creo que lo voy entendiendo. Lo tuyo es más que pura suerte pero no me pienso rendir, va siendo hora de darle una chispa de emoción al combate, ¿no crees? ¡Electrode! —Un gran pokémon con forma de esfera apareció en escena. Estaba claro que era tipo eléctrico así que Lira decidió cambiar a Croconaw por otro componente del equipo pero al lanzarle la Poké Ball él se la devolvió dándole con la cola. Lira se quedó extrañada durante unos segundos, era la primera vez que no seguía sus órdenes. Volvió a lanzarle la Poké Ball pero él le respondió de la misma manera.

—Pero bueno, a ti qué te pasa hoy. ¿No ves que estás en desventaja? Descansa ahora y luego te saco.

—¡Croco! —El reptil le miró con una mezcla de pena y determinación. Por alguna razón quería seguir combatiendo pero ¿cuál? Lira se mordió el labio inferior, definitivamente le pasaba algo a su compañero pero no sabía el qué.

—Bueno, vais a seguir mirándoos como en esas telenovelas u os vais a dignar a combatir —Eusine se cruzó de brazos mientras pataleaba el suelo rápidamente—. ¡Es para hoy!

—¡Voy! —A lo mejor sería capaz de descubrirlo si le dejaba seguir combatiendo. Si las cosas se ponían feas bastaba con retirarle, siempre estaba a tiempo— Está bien pero compórtate y prométeme que si te cambio no te negarás —Croconaw asintió. El efecto de anulación ya había pasado así que Lira optó por volver a ordenar colmillo hielo.

—Ya era hora. ¡Chirrido! —Electrode emitió un sonido desagradable que paró a Croconaw en seco. Se cubrió los oídos y su entrenadora hizo lo mismo, si se hubiera traído unos tapones…— ¡Trueno! —Un trueno fulminante que hizo temblar el suelo cayó a escasos centímetros de Croconaw. Este dio un salto y Lira se quedó boquiabierta, si le hubiera alcanzado su salud habría descendido a la zona roja como mínimo. Eusine chasqueó los dedos, insatisfecho.

—Mecachis, tenemos que mejorar tu precisión. ¡Trueno!

—¡Esquiva! —Croconaw dio un salto, esquivándolo por los pelos. Lira inspiró profundamente, tratando de calmarse. Ya había pasado por ocasiones similares, sabía que la solución recaía en tranquilizarse y pensar fríamente. Si entraba en pánico todo estaba perdido— Colmillo hielo.

—Bomba sónica —Cuando el reptil estuvo a punto de propiciar a su contrincante un buen mordisco este contraatacó con un par de ondas. Croconaw retrocedió un par de metros por el ataque pero este no pareció afectarle demasiado—. ¡Trueno!

—Otra vez. ¡Croconaw! —Con solo oír su nombre ya sabía lo que tenía que hacer. Lira frunció el ceño, no podía estar esquivando para siempre. Mientras pensaba una estrategia bajó la mirada y vio que la arena todavía estaba húmeda por el surf de antes, casi parecía barro…

—No es por nada querida pero me imaginaba este combate un poco más interesante.

—¡Ya está! —A la entrenadora se le encendió la bombilla. Croconaw le miró esperanzado— Revuélcate en la arena, ensúciate pero bien —El pokémon sonrió e hizo lo que le pidió encantado. Eusine les miraba como si se hubieran vuelto locos.

—No entiendo la necesidad de ensuciarse sin motivo.

—Tiene un gran motivo y me extraña que no lo hayas deducido. ¿Podrá tu querido trueno hacerle algo a mi Croconaw si le protege una capa de arena? —Eusine abrió los ojos— Exacto pero eso no es todo. Hagamos esto más divertido, ¡pelea de bolas de barro! —Croconaw hizo varias bolas y se las lanzó a su adversario. Estas se quedaron pegadas en su cuerpo y por la cara que puso no le sentaron nada bien.

—¡Oye! ¡Eso está prohibido!

—En ningún lugar pone que no puedo usar el ambiente a mi favor. Nadie te impide hacerlo a ti también. Ahora, Croconaw, coge un par más e ¡impúlsate con surf! —Dicho y hecho. Lira se apartó como antes para que la ola no le diera y Eusine hizo lo mismo, abandonando a su suerte al pobre Electrode. Este no pudo esquivar la ola así que fue cubierto por una gran cantidad de barro.

—Serás… ¡Desenrollar! —Un par de chispas de más surgieron de Electrode, así como humo. En vez de ejecutar el ataque empezó a girar sobre sí mismo sin control, fue como si hubiera sufrido un cortocircuito. Eusine se llevó las manos a la cabeza, solo podía mirar horrorizado— ¡No!

—Tranquilo, déjame ayudarte. ¡Surf! —Con una última ola Electrode quedó fuera de combate. El investigador suspiró, aliviado.

—Uno no se puede confiar bajo ningún concepto. Acabemos con un gran final —El último pokémon de Eusine fue un haunter. Lira sonrió, se podía considerar una experta a la hora de derrotar a esa especie de pokémon.

—Será coser y cantar. Croconaw, ¡colmillo hielo!

—¡Maldición! —Fue como volver al gimnasio de Ciudad Iris. Un gran clavo atravesó el cuerpo gaseoso del haunter que le quitó la mitad de la vida, eso junto al ataque del reptil le dejaron al borde del desfallecimiento. Solo hizo falta otro colmillo hielo para acabar el combate.

—¡Lo hicimos! —Croconaw se dio la vuelta y sonrió a Lira. Ella iba a ir a darle un abrazo pero se detuvo cuando vio que empezó a brillar. Se quedó boquiabierta mientras veía que la luz creaba la forma de una nueva criatura mucho más alta. Al desaparecer quedó un gran reptil de aspecto imponente cuya sonrisa dejaba entrever que, si bien no tenía muchos dientes, estos eran lo bastante afilados como para herir de gravedad a quien decidiera atacar. Sus aletas dorsales rojas también eran más grandes y afiladas comparadas con las de sus preevoluciones, además a diferencia de croconaw el azul volvía a ser el color predominante en su cuerpo.

—¡Feraaaligatr! —gritó el pokémon mientras flexionaba los brazos. Lira se apresuró a sacar su Pokédex y enfocarla a su compañero.

Feraligatr.

Descripción: la evolución de croconaw. Le cuesta soportar su propio peso fuera del agua, así que va a cuatro patas. Aun así es rápido.

—Menudo bicho, si ya daba miedo antes imagínate ahora —susurró Eusine mientras devolvía a su debilitado haunter. Lira por su parte sentía que si seguía sonriendo así sus mejillas se acabarían rajando, había conseguido llevar a uno de sus pokémon a su último estado evolutivo.

—¡Es increíble! —Fue hacia él y Feraligatr le alzó en brazos, como tantas veces había hecho ella con él cuando era un pequeño totodile. Le invadió una mezcla de alegría y nostalgia, así es como se tenía que sentir su madre al verla crecer.

—Ah, no hay duda de por qué Suicune se ha fijado en ti —Por desgracia el tierno momento fue interrumpido. Feraligatr bajó a su entrenadora para que pudiera hablar con el investigador—. Eres increíble. De todas formas no creas que voy a dejar de ir tras él por esta derrota.

—Créeme que no me cabe la menor duda.

—Qué puedo decir, esto es mi vida —Eusine le dedicó una gran sonrisa—. Es muy probable que tú y yo volvamos a encontrarnos, estaré esperando ese momento con ansia. Hasta entonces sigue con tu viaje y no te detengas ante nada. Cuídate Lira. Au revoir !

—Nos vemos —Se fue tan rápido como vino, dejando una estela de polvo tras de sí. Lira miró a Feraligatr y él le devolvió la mirada—. Oye, ¿qué te parece si ahora vamos a explorar esa cueva? He cogido comida, podemos hacer un picnic—El reptil asintió enérgicamente pero, en vez de adelantarse varios metros como había hecho hasta entonces, decidió caminar al lado de su dueña. Lira se dio cuenta de que, como bien había comentado la Pokédex, ahora iba a cuatro patas.

Entraron en el Paso Acantilado y continuaron recto hasta subir unas escaleras. Allí había un par de operarios cortando el paso pero a juzgar por las vallas que ya estaban retirando este volvía a estar abierto al público.

—Disculpen —dijo la joven para llamar la atención—. ¿Está cortado o se puede pasar?

—Tienes suerte, hace unos minutos que nos han dado la orden de despejar el camino. Puedes pasar —contestó la mujer mientras se hacía a un lado—. Ten cuidado, no vaya a ser que te tropieces.

—Gracias —Como dijo la operaria Lira pasó con cuidado y Feraligatr, por su parte, se escurrió como bien pudo entre las señales.

Al salir de nuevo la brisa marina les volvió a recibir. Lira no pudo evitar quedarse boquiabierta ante el espectáculo natural que tenía enfrente: toda la ruta consistía de acantilados escarpados y un par de cascadas que discurrían de forma natural entre ellos. Sintió como en el pecho se creaba una energía que luego se extendió por todo su cuerpo y la hizo sonreír, siempre había sido una chica de campo y en lugares como ese se sentía en su elemento. Feraligatr pareció alegrarse también ante la presencia abrumadora de las cascadas, cuyo rumor podía oírse a lo largo de la ruta.

Ambos retomaron el trayecto con una parsimonia anormal, querían empaparse del ambiente y disfrutar de ese lugar lo máximo posible. Su caminata les llevó a otra cueva que se bifurcaba, tenían que elegir si subir o bajar. Lira bajó primero pero al salir vio que esa elección le había llevado a un callejón sin salida, solo había una pequeña extensión de arena rodeada por el mar de la ruta. Subió los dos pisos y esta vez sí que volvió a salir a la ruta. Cruzó un puente pequeño y luego otro más extenso, otro más corto y superó el acantilado. A partir de ahí el terreno se volvió más plano y el paisaje más verde. La hierba ondeaba gracias al viento al igual que las hojas de los árboles. Lira consideró que era el lugar perfecto para el picnic.

—Salid, ¡todos! —Lanzó las Poké Balls al aire y en unos segundos su equipo se materializó frente a ella al completo. Le miraron expectantes, como si esperaran órdenes— Hoy es nuestro día libre, ¡disfrutad a tope! —Todos rugieron al unísono de alegría. Mientras ella extendía un mantel de cuadros rojos y blancos Feraligatr fue al río a jugar un rato y Togetic decidió volar por la ruta dejándose llevar por el viento. Flaaffy observaba a los dos desde una distancia prudencial, como si quisiera vigilarles para asegurarse de que estarían bien, mientras que Eevee y Vulpix prefirieron quedarse en la comodidad del regazo de su entrenadora y que les fuera dando de comer poco a poco. Eran momentos como ese, pensó, los que hacían que su viaje fuera todavía más especial.


—A que no sabes con quién me he cruzado.

—Puedo intuirlo por tu tono emocionado.

Tan cortante como siempre, ¡así no das pie a la emoción! —Morti negó con la cabeza, como siempre su amigo solo hablaba de lo que le interesaba— Pero no importa, yo te acepto tal y como eres.

—Me alegra que te cruzaras con el objeto de tu estudio mientras me hacías el favor. ¿Lira está bien?

Ah, directo al grano. Claro que está bien, ¡menuda paliza me ha dado! Le he retado a un combate y ahora entiendo cómo fue capaz de derrotarte. No sé por qué tu abuelo y tú estabais tan preocupados, está de una pieza y lista para proseguir con su viaje. Es una chica fuerte, puede con todo lo que le echen encima.

—Ya veo, eso me reconforta. Gracias, Eusine.

De nada, viejo amigo. Por cierto, ¿estás mejor con tu abue- *clic* —Morti cerró su Pokégear, dando por acabada la llamada. Al parecer Lira había sido capaz de atravesar las Islas Remolino sin sufrir ningún daño, tanto su abuelo como él temían lo contrario. No importaba cuanto se esforzara, cada vez que se concentraba en tener una visión clara relacionada con el legendario él interfería con sus poderes psíquicos, impidiéndoselo constantemente. Morti alzó la vista a lo alto de la Torre Campana, siempre que se sentía bajo de ánimo iba a la Senda Dindón, lugar en el que se encontraba y que solía visitar con bastante frecuencia últimamente.

—Ya debería de haberlo superado pero todavía me parece una broma de mal gusto. Supongo que necesito un poco más de tiempo —Se dio la vuelta y abandonó la senda para volver al gimnasio. Tal vez, si se hubiese quedado un par de segundos más, habría podido divisar el pequeño arco iris que se formó sobre la torre.


Tras el pequeño parón Lira siguió recorriendo la ruta, lo que le llevó a un claro con varios puestos y un edificio al final. Al entrar en este vio que se trataba de una gran sala con tres recepcionistas y, en el medio de esta, se hallaba un hombre de avanzada edad cuyos ojos se abrieron al verla.

—¡Lira! —exclamó animado. Cuando la entrenadora le reconoció intuyó de inmediato dónde se encontraba.

—¡Baoba! —Se trataba de aquel hombre que conoció de camino a Ciudad Olivo, no pensó que se volverían a encontrar tan rápido— Supongo que esta es la Zona Safari de la que me hablaste —El hombre asintió.

—Así es, iba a llamarte dentro de un rato. Sé que va a sonar un poco precipitado pero ¿te gustaría realizar la prueba de aptitud para convertirte en gerente de la Zona Safari? Es muy corta y nada difícil, seguro que una entrenadora de tu calibre podrá con ello.

—Hm —Lira se cruzó de brazos, pensativa—. Suena bien pero no sé si tendré tiempo para desempeñar ese papel. Además a mí lo que me interesa de momento es viajar por la región no tener un trabajo.

—Sabía que dirías eso, eres muy joven después de todo. No te preocupes, yo me encargaría de todo el papeleo aburrido y demás trámites burocráticos pero creo que la imagen de este lugar debe de ser jovial para atraer a los nuevos entrenadores y ¿quién mejor que tú? Considéralo, este puesto te permitiría cambiar el aspecto de la zona a tu antojo y, por si fuera poco, no tendrías que pagar la entrada. No hace falta decir que puedes dimitir cuando quieras —Tras unos segundos de deliberación Lira tomó su decisión.

—Está bien, acepto.

—¡Fantástico! Ya verás, lo conseguirás enseguida. La primera prueba consiste en capturar a un geodude, nada más y nada menos. Cuando lo consigas ven a enseñármelo. Te estaré esperando, ¡buena suerte!

Lira asintió y fue a la recepción. No acababa de entender por qué Baoba estaba tan empeñado en hacerla gerente pero a primera vista todo eran beneficios para ella y al parecer le estaba haciendo un favor a él así que por qué no intentarlo. Pagó la entrada y cuando el recepcionista le entregó las Safari Balls entró en la zona. No sería muy difícil, ¿verdad?


(Ok, dos cosas. Para empezar os debo una disculpa por tardar tanto, la uni me puso las cosas complicadas estas semanas y no encontraba el tiempo para escribir. Confío en que esto sea algo puntual. Segundo, sé que no se puede acceder a la Zona Safari hasta más tarde pero decidí cambiar el orden porque en mi fic no tendría sentido que Lira volviera a Ciudad Orquídea solo para esto así que decidí meterlo en esta especie de capítulo puente. Consideradlo como de los pocos tranquilos hasta que llegue la acción, falta poco para que esto se desmadre.

Grytherin18-Friki: me pasa lo mismo con Débora. Es fuerte y las primeras veces que jugué a SoulSilver me costó lo mío derrotarla pero como líder le pierde la prepotencia. Aquí tenía lugar el combate contra Eusine y poco más, como he dicho tenía pensado que este capítulo actuara más de puente para dar un respiro pero no worries, desafiará al gimnasio en el próximo.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).