El paseo de vuelta a Ciudad Orquídea resultó igual de agradable que el del día anterior. Tras capturar con éxito al geodude y enseñárselo a Baoba este le informó de que le quedaba superar otra pequeña prueba pero ya le diría cuál más adelante. Como se hizo tarde Lira decidió pasar la noche allí pero en cuanto salieron los primeros rayos de Sol se puso en pie, no sin antes liberar al geodude. No iba a incluirlo en su equipo así que no tenía sentido mantenerle encerrado en una Poké Ball.
Lo primero que hizo al llegar fue ir a la farmacia. No quiso ir el día anterior ya que se lo había tomado como descanso de su aventura pero ahora que ya había vuelto a la rutina tenía que retomar sus obligaciones. Entró lentamente tras llamar a la puerta, pensó que no había nadie ya que no obtuvo respuesta pero no tardó en divisar al recepcionista, el cual estaba de espaldas a ella y así siguió hasta que llegó al mostrador.
—Buenas, vengo de parte de Yasmina. Me ha dicho que vendéis una medicina especial para pokémon y me ha enviado en su lugar.
—Claro, espera un momento —El hombre sacó su Pokégear y pareció enviarle un mensaje a alguien. Tras unos instantes asintió, como si hubiera recibido una especie de confirmación—. Aquí tienes, si Yasmina te ha enviado intuyo que tendrás cabeza pero por favor no la utilices bajo ningún concepto. Es muy potente y puede hacer verdaderos estragos a un pokémon sano, solo debe usarse con el ampharos.
—Entiendo, tendré cuidado —El hombre le dio la poción y Lira salió de la farmacia. Una cosa menos, solo tenía que conseguir la medalla y ya podría volver a Ciudad Olivo.
—Y a las islas… —susurró. Trató de olvidar ese dato inquietante mientras iba de camino al gimnasio, lo último que le hacía falta era estresarse más.
—Este hombre, siempre está igual. Ya sé que la tarea de un líder de gimnasio es ardua y están todo el tiempo ocupados pero ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que cenamos juntos —En la entrada del gimnasio había una mujer bastante malhumorada. Lira no sabía qué hacer, si acercarse o seguir con lo suyo, pero no tuvo que pensárselo mucho ya que en cuanto la mujer vio que tenía la intención de entrar fue hacia ella.
—Perdona, por casualidad no irás a retar a mi marido.
—Si su marido es el líder de este gimnasio entonces sí —La mujer juntó ambas manos en señal de súplica y le miró con ojos implorantes, solo le faltó ponerse de rodillas.
—Por favor, gánale como sea. Está tan absorto en su mundo por sus responsabilidades que creo que la única manera de que vuelva a la normalidad es ganándole en un combate, tal vez ese choque es lo suficientemente fuerte como para hacerle volver. Por favor, te lo suplico —De todos los encargos que le habían hecho a lo largo de la aventura ese debía ser uno de los más… curiosos. Lira asintió, de todas maneras tenía pensado ganarle.
—Está bien, haré lo que pueda.
—Oh, gracias a Arceus —La mujer sonrió y estuvo a punto de darle un abrazo pero se contuvo—. Si ganas, también te daré algo que te resultará muy útil en tu aventura, estoy segura. Suerte y ¡demuéstrale quién manda! —La última parte la dijo gritando, algo enfadada. Lira asintió y entró corriendo en el gimnasio, a ver si podía empezar su desafío con normalidad.
El hombre de los consejos no se encontraba donde uno esperaría. El ambiente era demasiado intenso para él así que pasaba la mayor parte del día en el Centro Pokémon, donde aconsejaba a los entrenadores que iban en busca de la victoria. Por suerte, Lira le vio una vez que fue a devolverle la salud a su equipo pero él no le dijo mucho. El hombre simplemente sonrió misteriosamente y le dijo que, a veces, más vale maña que fuerza.
El líder estaba enfrente, justo debajo de una gran cascada. Esta le caía con fuerza pero él ni se inmutaba, tenía los ojos cerrados y parecía estar en trance. Algo le decía a Lira que si quería retarle primero debería encontrar la forma de deshacerse de la cascada. Podía avanzar por la izquierda o por la derecha, al final se decantó por la izquierda. Tras subir las escaleras le detuvo un karateka, el cual tenía bordado su nombre en la solapa del karategi. Yoshi. Lira esbozó una sonrisa.
—A mi pokémon y a mí nos une una gran amistad. ¡Estamos unidos por un vínculo inquebrantable! Adelante, Hitmonlee —Tras desvanecerse el haz de luz apareció en escena un pokémon cuya característica más destacable eran sus piernas parecidas a resortes. Este dio una patada, como si quisiera hacer gala de ellas. Tipo lucha… De la frase del hombre de los consejos dedujo que lo mejor para combatirlos era un tipo psíquico pero Lira no tenía a uno así en su equipo. Menos mal que contaba con la ayuda de Togetic.
—Adelante, Togetic. ¡Paranormal!
—¡Patada salto! —Hitmonlee saltó cuando su entrenador estaba pronunciando la última palabra pero esa ventaja no le sirvió de mucho ya que las ondas de Togetic le desestabilizaron e hicieron que fallara el golpe y cayera al suelo desde una altura considerable. Lira entrecerró los ojos, por la expresión del pobre pokémon el golpe había resultado bastante doloroso.
—Vamos, no te rindas. ¡Recuerda que un verdadero luchador pelea hasta el final! —Hitmonlee se levantó lentamente y volvió a adoptar una posición ofensiva, alzando una pierna como si fuera a dar una patada pero esa vez esta estaba un poco torcida— ¡Patada salto!
—¡Paranormal! —Togetic alzó el vuelo y lanzó su ataque desde las alturas. Hitmonlee volvió a caer y no se levantó.
—Hmm, está claro que tu pokémon y tú también estáis muy unidos. Ha sido un honor veros en acción —El karateka hizo una reverencia y Lira siguió avanzando. Subió dos tramos de escalera y llegó hasta el penúltimo piso donde se le acercó otro karateka que, como el otro, también tenía el nombre bordado en el karategi, Natal.
—He visto lo que has hecho con mi compañero. No digas nada, en este gimnasio las palabras no sirven. ¡Deja que hablen tus puños! —El karateka sacó a su pokémon, un pequeño bípedo de color azul y tres crestas amarillas. Lira cogió la Poké Ball de Vulpix y la lanzó, no le vendría mal obtener algo más de experiencia. Al principio pareció sobresaltarle la enorme cascada pero al ver que desde esa posición no se podía mojar se tranquilizó— Machop, ¡golpe kárate!
—Esquívalo, Vulpix. ¡Lanzallamas! —Vulpix escupió varias llamas de fuego pero Machop dio un salto y las esquivó. Al caer le asestó un golpe en toda la cabeza, dejando a la vulpina un poco desorientada durante unos segundos— ¡Ataque rápido! —Lira no perdió ni un segundo en dar la orden y Vulpix tardó lo mismo en ejecutarla. Consiguió tirar a Machop pero él se recompuso enseguida.
—Movimiento sísmico —Machop abrazó a Vulpix por la cintura y dio un salto muy alto. Arceus, cuánto les gusta saltar a los tipo lucha. La cabeza de la vulpina quedó a la altura del pecho de su adversario y eso le dio una idea a la morena.
—¡Lanzallamas de nuevo! —En cuanto Machop sintió el fuego en su piel soltó a Vulpix. La tipo fuego cayó en cuatro patas pero el tipo lucha no tuvo esa suerte y cayó de espaldas. Se frotó esa parte del cuerpo con una expresión dolorida pero no tardó en volver a ponerse de pie, desde luego si ese tipo destacaba por algo era por su ardiente espíritu de combate.
—Hmm, no pensé que fueras a reaccionar así de rápido. La mayoría de entrenadores se asustan al ver que su pokémon va a ser lanzado al suelo sin ningún tipo de piedad. ¡Golpe kárate!
—¡Ataque rápido! —Vulpix le embistió de nuevo, haciendo que se tambaleara y estuviera a punto de perder el equilibrio. Con eso su pecho volvió a quedar al descubierto— ¡Lanzallamas! —El ataque dio donde antes y Machop se arrodilló, dolorido. Lira ordenó otro ataque rápido y con eso el tipo lucha quedó debilitado.
—Ya veo que tus puños tienen mucho que decir. Adelante, ¡Machoke! —Otro bípedo salió a escena pero ese era morado y más alto y musculoso que Machop. Vulpix estaba jadeando, no aguantaría otro asalto así que le cambió por Flaaffy—. ¡Avalancha!
—¡Impactrueno! —El techo del gimnasio tembló y un par de rocas cayeron de este. Lira dio un paso hacia atrás pero Flaaffy no tuvo los mismos reflejos y quedó sepultada por un par de rocas. Salió de entre ellas como pudo y ejecutó su ataque, Machoke no lo esquivó ya que se confió y pensó que tras su ataque sería incapaz de reaccionar.
—¡Golpe kárate!
—¡Onda trueno! —Las ondas de Flaaffy paralizaron a Machoke que se quedó quieto a mitad de ataque. Con esa ventaja y un par de impactrueno más el combate quedó finalizado a favor del tipo eléctrico.
—¡He perdido! No sé qué decir —Como el hombre se había acercado para retarla ahora bloqueaba el camino a las escaleras. Al no poder avanzar Lira volvió a la zona inicial del gimnasio y se dirigió a las escaleras de la derecha. Subió otros dos tramos y un hombre la detuvo, otro karateka que se llamaba Lao.
—¡Los expertos en artes marciales no le tememos a nada! Adelante, ¡Hitmonchan! —Si Hitmonlee se había caracterizado por sus piernas entonces Hitmonchan lo hacía por sus puños. Nada más poner los pies en el suelo dio un par de puñetazos al aire con una velocidad asombrosa, Lira rezó por no resultar ser el blanco de esos ataques.
—Lo hiciste bien al principio. Te necesito de nuevo, Togetic —El pokémon salió de su Poké Ball con una sonrisa, listo para otro combate—. Paranormal.
—Puño hielo —El puño derecho de Hitmonchan se congeló y acabó en el pecho de Togetic. El pokémon retrocedió un par de metros pero logró recomponerse y atacar. Las ondas llegaron hasta el tipo lucha pero él negó con la cabeza e hizo como si no le hubieran afectado en absoluto.
—De nuevo, ¡puño hielo!
—¡Paranormal! —Togetic alzó el vuelo, esquivando el golpe con éxito, y volvió a lanzar un par de ondas. En el siguiente turno hizo lo mismo y logró derrotar a su oponente sin mayor dificultad.
—Es increíble… —Lira siguió con su camino y volvió a subir al penúltimo piso. Ahí había un puente de madera y, en el siguiente piso, otro karateka. Decidió enfrentarse a él antes de cruzarlo. El hombre en cuestión se llamaba Dioni.
—¡Mis furiosos puños destrozarán a tu equipo! Vamos, Mankey —Un pokémon parecido a un mono salió de la Poké Ball del karateka. Lira escogió a Vulpix de nuevo—. ¡Golpes furia!
—¡Lanzallamas! —Mankey golpeó tres veces a la vulpina pero ella contraatacó con éxito. Era más rápida y fuerte así que tras otros dos lanzallamas quedó fuera de combate. Dioni sacó a otro Mankey, que corrió la misma suerte, y al final sacó al que parecía ser la evolución de los dos anteriores, un simio con cara de pocos amigos. Lira cambió a Vulpix por Flaaffy.
—Venga a tus compañeros, Primeape. ¡Golpe kárate!
—¡Impactrueno! —Primeape se adelantó y con el golpe que le dio a Flaaffy consiguió desplazarla un par de metros. Todavía estaba intentando recuperarse cuando atacó de nuevo, parecía que estaba hecho una furia. Flaaffy intentaba apartarse pero el primeape acababa dándole. Finalmente el tipo lucha retrocedió y Lira vio que estaba jadeando, encadenar tantos ataques seguidos debió resultarle agotador— Vuelve a intentarlo, ¡impactrueno! —Flaaffy también estaba cansada pero no vaciló a la hora de atacar. El primeape tembló después de recibir la descarga y su entrenador negó con la cabeza.
—Te he dicho que no te entregues tanto al principio, tienes que aprender a dosificar tu energía, si no te cansarás y no podrás combatir al 100%. ¡Golpe kárate! —Tal vez evolucionó hace poco y todavía tenía que encontrar la manera de controlarse. Sea como fuere había perdido gran parte de la vitalidad que había mostrado al principio, a Flaaffy no le costó esquivar sus lentos movimientos, de la misma manera que no le costó dar en el blanco con impactrueno. Para haber empezado con tan buen pie, la cosa no tardó en torcerse para Primeape, que tras un par de turnos también acabó derrotado.
—¡Me has aplastado! —Lira fue a acercarse a Flaaffy para darle una superpoción pero frenó en cuanto vio que empezó a brillar. Cuando la luz desapareció en su lugar quedó un nuevo pokémon, sin nada de lana y de color amarillo. Lira sacó la Pokédex rápidamente y la enfocó a Ampharos.
Ampharos.
Descripción: la evolución de Flaaffy. El brillo de su cola es visible desde lejos. En la antigüedad se usaba mucho como faro.
—Tú también, ¡estamos en racha! —Le llegó otro mensaje a la Pokédex, diciéndole que Ampharos podía aprender puño trueno. Lira aceptó e hizo que olvidara placaje, se acercó para darle un abrazo a su pokémon y le suministró la poción. Ampharos gritó enérgicamente, se sentía imparable, y con dos de sus pokémon en su estadio final Lira también se sentía así. Bajó las escaleras, cruzó el puente de madera, subió hasta el último piso y llegó a una especie de mecanismo rojo. Lo giró con todas sus fuerzas y vio que, poco a poco, el canal por el que discurría el agua de la cascada se fue levantando hasta que esta desapareció. Ahora que se había librado de ella volvió a la zona inicial, donde se hallaba un líder de tipo lucha bastante cabreado.
—¡Pero bueno! Se puede saber a quién darmanitan se le ha ocurrido cerrar la compuerta —El líder miró a ambos lados, furioso. Ahora que estaba de pie Lira pudo verle mejor, se trataba de un hombre bastante corpulento y más alto que ella. La joven se encontraba justo delante de él pero parecía que el hombre no había reparado en ella todavía. Lira dudó sobre si acercarse y al final acabó levantado la mano tímidamente.
—Fui yo, señor. Me gustaría retarle a un combate pokémon —Al ver la mano alzada el líder fijó la mirada en ella. La ira desapareció por completo y fue reemplazada por sorpresa.
—Ah, ya han pasado un par de días así que tú debes de ser —paró a mitad de frase y sacudió la cabeza, después le dedicó una gran sonrisa—. He oído hablar de ti, fuiste tú quien le dio una buena tunda al Team Rocket. Te estás labrando una buena reputación renacuaja pero si crees que me voy a dejar intimidar por eso estás muy equivocada —Cogió una pokéball de su bolsillo y sus ojos brillaron—. Permíteme que me presente como es debido. Soy Aníbal, el líder de gimnasio de Ciudad Orquídea. Todos los días me entreno a conciencia meditando bajo esta cascada, gracias a eso no hay nadie que pueda hacerme frente —Lira no pudo evitar alzar las cejas. Aníbal se dio cuenta de ese gesto—. No ves la relación que hay entre eso y los pokémon, ¿eh? Bueno, yo tampoco estoy muy seguro de que la haya… Meh, no importa, deja que te muestre lo fuerte que es mi equipo. Adelante, ¡Primeape! —La misma especie con la que se enfrentó hace poco. También tenía cara de pocos amigos pero, al mismo tiempo, una extraña calma reinaba en sus ojos. Estaba claro que ese no iba a ser como el del otro entrenador.
—Vamos, Togetic. ¡Paranormal!
—¡Avalancha! —Al mismo tiempo que Togetic emitió las ondas un par de rocas cayeron sobre él, sepultándole por completo. Primeape también se vio afectado por el ataque de su adversario, quedando algo malherido— Otra vez, ¡demuéstrale quién manda!
—¡Esquívalo! —Togetic estaba intentando salir cuando otro par de rocas cayó sobre él. Lira se mordió el labio inferior y Aníbal rió, sí que había empezado bien el combate.
—Aprovecha la situación. ¡Puño certero! —Otro ataque y sería derrotado. Togetic intentó salir de nuevo pero cuando asomó la cabeza el simio le dio un puñetazo en toda la cara, debilitándole al instante.
—No debería haberme confiado por tener un movimiento más eficaz, lo siento —Lira le devolvió y pensó en cuál podría ser su siguiente elección. Eevee estaba descartado por su desventaja y Vulpix también ya que no se sentiría cómoda con tanta agua. Solo le quedaban Feraligatr y Ampharos, Lira se decantó por el primero—. Seguramente me arrepienta de esto pero quiero ir a lo seguro. ¡Surf!
—¡Avalancha! —Feraligatr sonrió y creó una gran ola con el agua del gimnasio que arrastró las rocas al tipo lucha. Los ojos de Primeape se abrieron al darse cuenta de que su ataque había sido usado contra él y que no tenía dónde esconderse, por su parte Aníbal consiguió ponerse a salvo sin sufrir ningún percance. Su pokémon no pudo decir lo mismo ya que acabó en la otra punta del gimnasio, fuera de combate.
—Esa no me la esperaba, menuda se ha llevado. No pasa nada, todavía tengo a mi luchador estrella. Adelante, ¡Poliwrath! —Un gran pokémon corpulento y azul se materializó frente al líder. Su vientre era blanco y tenía el dibujo de una espiral negra, también parecía que llevaba guantes. Además de lucha parecía ser tipo agua así que cambió a Feraligatr por Ampharos— Hipnosis —¿En serio?
—¡Puño trueno! —Mala suerte, Ampharos se quedó dormida antes de poder atacar. Aníbal sonrió y se frotó las manos.
—¡Puño certero! —Si Lira pudiera eliminar un movimiento en aquel entonces sin duda sería hipnosis. Por suerte ya iba preparada y contaba con un par de despertar. Esperó a que Poliwrath atacara para dárselo a su compañera.
—Ahora, ¡puño trueno!
—Hipnosis —Y vuelta a empezar. Era como el combate de la Torre Bellsprout, igual de desquiciante—. ¡Puño certero! —De nuevo, Lira esperó a que atacara para usar el despertar. Al siguiente turno le dio una superpoción para evitar que desfalleciera pero Poliwrath volvió a dormirla y de nuevo atacó con puño certero, ¿esa iba a ser su estrategia? Entonces sería mejor esperar a que despertara por su cuenta. ¿Qué podía hacer? Se cruzó de brazos y bajó la mirada, fijándose en las pequeñas olas que se formaban a sus pies.
…
No, era muy arriesgado. ¿O saldría bien? Podía liar una buena, eso seguro, pero en aquel momento fue lo único que se le ocurrió.
—Sal del agua —Le indicó a Aníbal. El líder le miró confundido pero no hizo ninguna pregunta. Ambos salieron del campo de combate y cada uno subió el tramo de escaleras que le quedaba más cerca. Lira se fijó en los ojos de su pokémon y cuando vio que los empezó a abrir dio su orden lo más rápido que pudo.
—¡Puño trueno en el agua! —Ampharos cargó su brazo de electricidad y lo bajó rápidamente. El espectáculo fue brutal, la electricidad recorrió todo el campo, llenándolo de luz. Como pasó con Primeape, Poliwrath no fue capaz de esquivarlo. La potencia del ataque se vio duplicada considerablemente gracias a la característica conductora del agua por lo que quedó fuera de combate de un solo golpe.
—¡¿Cómo?! —Aníbal bajó las escaleras corriendo y Lira suspiró, más aliviada por haber acabado el ciclo infernal de hipnosis que de ganar. Aunque la verdad es que el combate se le había hecho excesivamente corto, el líder le dijo que había una relación directa entre meditar y entrenar pokémon pero el resultado le decía a Lira que claramente no era así. Bajó las escaleras y se reunió con su Ampharos, que sonrió con dulzura cuando su entrenadora le acarició la cabeza.
—Vaya vaya, quién lo diría —Aníbal devolvió a su pokémon, echó la cabeza hacia atrás y soltó una gran carcajada—. Esto sí que ha sido un jarro de agua fría y no la cascada que tengo detrás. Está claro que tengo que entrenar más en serio, no me gusta nada perder pero una derrota es una derrota y un buen líder debe saber asumirla. Aquí tienes —Aníbal metió una mano en el bolsillo y le entregó una medalla con forma de puño—. Es la medalla tormenta —Lira la cogió y la guardó en su estuche. Cinco, no pudo evitar sonreír al ver que ya había obtenido más de la mitad—, con ella podrás usar vuelo fuera de combate lo que te permitirá volver a los pueblos y ciudades que ya has visitado. Es una máquina oculta que entrega mi mujer a todos los entrenadores que consiguen derrotarme así que no tendrás ningún problema en obtenerla —Al acabar la frase los ojos del líder se abrieron, como si hubiera recordado algo importante—. ¡Mi mujer! —Aníbal salió pitando del gimnasio, dejando a Lira asolas. Ella miró a su Ampharos y el pokémon se encogió de hombros, estaba claro que no iba a volver a entrar así que salió del gimnasio.
—… y luego volvió a aparecer otra joven. Sé que no te he hecho caso en mucho y no merezco tu perdón pero, por favor, ¡perdóname! —La mujer tenía ambas manos en las caderas pero, lejos de estar enfadada, se encontraba sonriendo.
—No hace falta que me des explicaciones, te conozco. Por eso me casé contigo —La mujer vio que Lira ya había salido y se acercó a ella—. Muchas gracias por sacar a mi marido de su mundillo, sabía que lo que necesitaba era un buen combate.
—No me dé las gracias, iba a derrotarle de todas maneras. Eso entraba dentro de mis planes.
—¡Oye! No te vengas arriba, renacuaja. Tú y yo tendremos una revancha y ya veremos si sigues igual de gallita —El líder le removió el cabello y la joven rió—. Por cierto, casi se me olvida darte esto. Se trata de la MT01, contiene puño certero. Si atacan a tu pokémon mientras lo está usando fallará pero si no —una sonrisa maníaca apareció en su rostro— causará muuucho daño —La mujer le pellizcó el brazo y le dirigió una fría mirada.
—No te vengas arriba tú tampoco, cuando sacas tu lado sádico das miedo —Sacó un disco de su bolso y se lo entregó a Lira—. Aquí tienes el regalo que te prometí, la MO02. Contiene vuelo y no me voy a explayar mucho en los detalles ya que imagino que mi marido te habrá contado lo que hace —La joven asintió—. Muchas gracias de nuevo. Si veo que se vuelve a aislar encontraré la forma de ponerme en contacto contigo para que le des otro escarmiento —Lira sonrió.
—Estaré encantada de ayudar —Ahora que todo estaba solucionado su siguiente paso era enseñarle vuelo a alguien de su equipo. El único pokémon que tenía de tipo volador era Togetic así que él fue el elegido para aprenderlo. Bostezo fue sustituido por él pero antes de probar la máquina oculta le dio un revivir y una poción, ya que seguía debilitado. Cuando recuperó la energía le sacó de su Poké Ball pero una vez fuera le entraron las dudas, ¿podría aguantar su peso?
—He visto a más de un pidgey llevar a entrenadores más grandes que tú. No te preocupes, podrá contigo —le dijo la mujer, como si pudiera leer su mente. Lira asintió pero todavía tenía sus dudas.
—Quiero hacer una prueba primero, por lo que pueda pasar. No te eleves demasiado y no te fuerces, si no puedes para —Togetic asintió y cuando su entrenadora se subió a sus lomos hizo lo que le indicó, elevándose unos escasos metros—. ¿Peso demasiado? ¿Puedes conmigo? —Togetic asintió y emitió un sonido de alegría. Lira se preguntó que de dónde sacarían tanta fuerza esas pequeñas criaturas. Echó un vistazo hacia abajo y le hizo un ademán de despedida a la pareja, el cual ellos devolvieron— Muchas gracias por la máquina oculta.
—Gracias a ti, Lira. Vuelve siempre que quieras pero no me cierres la compuerta. ¡Mucha suerte en tu viaje! —Tras eso Togetic se elevó más y emprendió el camino de vuelta a Ciudad Olivo. No fue hasta que pasaron unos segundos que Lira se dio cuenta de algo extraño. Ella no había llegado a decirle su nombre a Aníbal, ¿no? Entonces, ¿cómo lo sabía?
—Así que esa era la Elegida —La pareja se quedó mirando a la joven y su pokémon hasta que fueron un punto que desapareció en el horizonte—. Me imaginaba que sería un poco más mayor.
—Sh, no lo digas en alto. Es algo confidencial, si Lance se entera de que te lo cuento todo me va a echar una buena —Ahora que había combatido contra ella había tenido la oportunidad de comprobar su poder. Si bien todavía tenía que pulir algunos aspectos, la confianza y el amor que sentía por sus pokémon le aseguraban la victoria en condiciones adversas. Aníbal sonrió, podía ser joven pero con ella como Elegida se sentía seguro, sabía que la región estaba en buenas manos. Rodeó los hombros de su mujer con su brazo y se la acercó—. Bueno, tengo el resto del día libre. ¿Hacemos algo?
Sin duda volar de un lugar a otro resultaba más eficiente en términos de tiempo pero Lira le veía una pega. Es cierto que podía divisar el paisaje desde una nueva perspectiva pero a ella le gustaba ir a ras de suelo, ya fuera andando, corriendo o nadando. Sentía que así conectaba más con el entorno, aun así agradeció ese vuelo ya que por nada del mundo se habría vuelto a acercar a esas endemoniadas islas. Ni siquiera se atrevió a mirarlas cuando pasaron sobre ellas.
En cuanto sus pies volvieron a tocar tierra fue corriendo al faro, no quería malgastar ni un segundo más. Cruzó la planta baja a toda velocidad y al llegar al final de esta se subió al ascensor. Cuando llegó al último piso sonó un ding, las puertas se abrieron y Lira dio la vuelta hasta situarse en la entrada de la habitación. Yasmina seguía ahí, sentada al lado de Amphy, pero cuando le vio se puso de pie.
—¿La tienes?
—Sí, aquí está —La joven rebuscó en su bolso y sacó la poción. La líder la cogió con delicada rapidez y se la dio al ampharos, que se la tomó lentamente. Lira contuvo la respiración, los segundos le parecieron minutos, tanto ella como Togetic estaban expectantes por ver los efectos de aquella poción milagrosa. Cuando Amphy se la acabó no ocurrió nada al principio pero, tras unos instantes, su cuerpo empezó a emitir un gran brillo.
—¡Aaaampharos! —Lira tuvo que cubrirse los ojos para evitar cegarse. Cuando el brillo desapareció reveló a un Ampharos mucho más contento y saludable, que ya tenía las fuerzas necesarias para ponerse en pie. Yasmina se llevó una mano a la boca y esbozó una sonrisa.
—Arceus, por fin —susurró al borde de las lágrimas—. Estabas tan enfermo, por un momento llegué a pensar que… —Cerró los ojos y tragó saliva— Eso no importa, ya estás bien —Cuando los volvió a abrir se dirigió a Lira con una gran sonrisa—. No tengo palabras para explicar la gratitud que siento ahora mismo, has sido de gran ayuda.
—No hay nada que agradecer, no iba a quedarme de brazos cruzados mientras Amphy sufría.
—Tienes un corazón puro, eso se nota a quilómetros —Yasmina le dio un fuerte abrazo a Amphy y se dirigió a la salida pero antes de desaparecer se dio la vuelta—. Te estaré esperando en el gimnasio, ahora que Amphy está bien no puedo tardar en volver. Ven cuando estés preparada, seguro que combatir contra ti será una experiencia inolvidable —Con eso dicho fue hacia el ascensor y desapareció. Lira miró a Amphy y él le sonrió tras emitir un sonido alegre, era su forma de darle las gracias.
—No hay de qué —La joven sonrió y se llevó una mano al cinturón—. ¿Sabes? Conozco a alguien con quien tal vez te lleves bien —Sacó a su propio Ampharos y esperó a ver cuáles eran las reacciones de los dos. Primero se observaron con cautela, luego se acercaron, curiosos de ver a otro de su especie, y tras unos segundos parecieron entablar una conversación animada. Si el pobre había estado tanto tiempo aislado en el faro la entrenadora imaginó que le vendría bien relacionarse con alguien de su misma especie. Lira se apoyó en la pared y se sentó mientras suspiraba, podía aprovechar ese rato para descansar un poco. Togetic se sentó a su lado y se apoyó en ella, también estaba agotado—. Me gustaría retar hoy a Yasmina pero primero vamos a descansar, nos lo merecemos después de todo lo que hemos hecho.
—Toge —El pokémon cerró los ojos y se acabó durmiendo. Lira también cerró los ojos pero no se durmió, en su lugar se dejó envolver por el sonido de las olas rompiéndose fuera del faro y los sonidos alegres de los dos ampharos.
Su visita a Ciudad Orquídea resultó ser ser más fructífera de lo que había llegado a pensar en un primer momento y todo gracias al pokemaníaco que no dejaba de presumir de sus pokémon. De qué le servía tenerlos si no sabía darles un buen uso, patético. Silver admiró su nueva Poké Ball, la cual contenía a un sneasel, y sonrió.
—Con un buen entrenamiento llegarás muy lejos, menos mal que te he librado de aquel tipo —Con él no habría llegado a alcanzar su máximo potencial ni en mil años. En verdad le estaba haciendo un favor a ese pokémon, ya se lo agradecería en un futuro. El pokemaníaco también tenía a otro, un shuckle, que estuvo a punto de robar pero como se puso a llorar Silver decidió perdonárselo. De todas formas tampoco es que tuviera mucho interés en tenerlo, con el sneasel estaba más que satisfecho—. Prepárate, Lira, porque a la próxima no tendrás tanta suerte.
(Grytherin18-Friki: menos mal que la mujer de Aníbal le ahorró el mal trago de tener que volver a pasar por ellas XD de momento Togetic se queda como Togetic, si los juegos dicen que puede llevar a alguien volando entonces se puede (ya sabemos que tienen una lógica... especial). Y sí, Ho-Oh también ha hecho su elección. Tanto entrenamiento debía dar sus frutos tarde o temprano.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
