Estaba anocheciendo cuando Lira llegó al gimnasio. Era bastante simple comparado con el resto, no había ascensores, ni mecanismos de transporte, ni escaleras, ni agujeros por los que al caer volvería misteriosamente a la entrada ni agua. Solo tenía que seguir el pasillo y llegaría a la líder, la joven se preguntó si escondería alguna trampa mientras se acercaba al hombre de los consejos.

—Bienvenida al gimnasio de Ciudad Olivo. Permíteme darte las gracias por traer la medicina que tanto necesitaba nuestro queridísimo Amphy, ya no recuerdo cuándo fue la última vez que vi sonreír a Yasmina. La pobre lo ha pasado bastante mal últimamente, espero que vuestro combate termine de hacerle el día. Bueno, yendo a lo que nos interesa, que no te engañe su apariencia, bajo esa chica tímida se esconde una entrenadora férrea que no te pondrá las cosas fáciles. Ah, sí, no te veas abrumada por la asombrosa resistencia del tipo acero, si tienes un espíritu de combate ardiente acabarás obteniendo la victoria. ¡Suerte! —Lira hizo una reverencia para darle las gracias y avanzó. Tras dar unos pasos fue detenida por un hombre mayor y ella se llevó la mano a una de sus Poké Balls, lista para el combate.

—Puedes guardar a tu compañero, no hará falta combatir —Lira alzó una ceja, ¿como que no iba a combatir en un gimnasio? ¿Dónde se había oído eso?

—¿Por qué no?

—Porque ya nos has demostrado a todos de lo que eres capaz. La siguiente entrenadora tampoco opondrá resistencia, lo que has hecho por Amphy nos ha demostrado a todos que tienes lo que hay que tener para enfrentarte a nuestra líder. Aun así no te confíes, no todo será coser y contar —Bueno, eso era diferente a lo que estaba acostumbrada. Desde luego ese gimnasio no era como los demás. Siguió algo confundida hasta la siguiente entrenadora, una joven que se interpuso en su camino con una sonrisa.

—Esto va a ser interesante, hacía mucho que no pasaba alguien como tú. ¡Seguro que será un combate muy entretenido! —¿Ya está? ¿Eso era todo, seguro que nadie quería retarla? ¿No? Bueno, eso agilizaba bastante las cosas. Aun así no estaba del todo conforme, sentía que estaba haciendo trampa. Sí, había salvado a aquel ampharos, pero eso no le daba derecho a saltarse los combates así como así. Como fuera, ascendió las escaleras y se posicionó frente a Yasmina, que hacía tiempo que le estaba esperando.

—Bienvenida al gimnasio de Ciudad Olivo. Me alegra que hayas decidido retarme tan rápido, últimamente tengo muchas cosas en la cabeza y un buen combate me ayudaría a despejarme un rato —Nada más decir eso negó con la cabeza—. Perdón, ese es un enfoque muy egoísta. Los líderes de gimnasio estamos para probar la fuerza y el vínculo que tiene quien nos reta con su equipo, no por beneficio propio. No volverá a ocurrir, es solo que he oído muchas cosas sobre ti y estoy impaciente por comprobar de primera mano de qué eres capaz —Cogió una Poké Ball de su cinturón y posó la otra mano en su cintura—. ¿Empezamos?

—Por supuesto —Yasmina lanzó la Poké Ball, revelando a un pokémon esférico con dos imanes y tres tornillos, dos bajo su único ojo y otro encima de su cabeza. Lira por su parte sacó a Eevee.

—Supersónico.

—Esquiva y ataque rápido —Eevee atravesó el campo en zigzag para ir evitando las ondas y acabó embistiendo su cuerpo contra el del magnemite. Aun así, el pokémon no pareció verse muy afectado por ello.

—Supersónico.

—Esquiva de nuevo y ataque rápido —Gracias a la velocidad que ganaba con ataque rápido le resultaba fácil esquivar las ondas. No obstante, de poco le servía esquivar si no lograba hacer daño. Eevee ya había golpeado dos veces y el magnemite seguía como si nada, estaba claro que los ataques de tipo normal no le hacían mucho daño así que decidió cambiarle por Vulpix. La vulpina alzó la cabeza al posarse sobre sus cuatros patas, lista para la acción.

—Bomba sónica.

—Lanzallamas —Tras recibir el ataque del tipo eléctrico Vulpix abrió el hocico y liberó una gran llamarada de fuego que dejó al magnemite bastante malherido. Apenas podía levitar, se encontraba a escasos centímetros del suelo.

—Onda trueno.

—Lanzallamas de nuevo — Vulpix volvió a lanzar otra llamarada pero antes de eso las ondas de su adversario consiguieron darle y paralizarle. El lado bueno fue que gracias a la ventaja de tipos logró derrotarle, ya que no fue capaz de aguantar dos movimientos seguidos de tipo fuego. Yasmina devolvió a Magnemite y besó la Poké Ball con ternura, luego volvió a centrar la mirada en el campo de batalla mientras sacaba a su otro pokémon, otro magnemite.

—No lo has hecho nada mal, eres capaz de cambiar cuando ves que las cosas no están saliendo como esperas. Eso es importante en una entrenadora, ¡rayo!

—¡Lanzallamas! —Vulpix no pudo esquivar el ataque ya que se encontraba paralizada así que acabó siendo el blanco de un fulminante rayo. Aun así, tras recibir el ataque pudo reponerse y lanzar el suyo.

—Bomba sónica.

—¡Esquívalo y lanzallamas! —Logró hacerse a un lado pero la parálisis le volvió a afectar así que no pudo ejecutar el ataque. Lira se mordió el labio, sin duda la parálisis podía llegar a ser irritante.

—Bomba sónica.

—¡Lanzallamas! —Los dos ataques dieron en sus respectivos objetivos, dejando a los pokémon en las últimas. Lira no tuvo más remedio que retirar a Vulpix, no sabía qué otro pokémon le quedaba a la líder y a lo mejor ella podría serle de utilidad en el combate final— Ya no queda nada, seguro que puedes —Sacó de nuevo a Eevee con la esperanza de que pudiera derrotarle en un turno—. ¡Ataque rápido!

—¡Bomba sónica! —Lira suspiró con alivio al ver no solo que Eevee fue capaz de esquivar el ataque, sino que además consiguió acabar con Magnemite de una embestida. Por suerte Vulpix le había debilitado lo suficiente. Cuando Yasmina retiró a su pokémon caído un mensaje le llegó a la joven de su Pokédex y ella la sacó para leerlo con atención.

Eevee quiere aprender mordisco, ¿deseas reemplazar alguno de sus movimientos? Otro nuevo movimiento que podría servirle en un futuro. Lira revisó brevemente los ataques de su compañero y al final decidió hacer que olvidara ataque arena. 1, 2 y … ¡Puf! Mordisco había sido aprendido con éxito.

—Esto está siendo muy divertido —dijo repentinamente la líder, llamando su atención—. Lo digo en serio, por desgracia la parte fácil se acaba aquí —Se llevó una mano a la cintura y lanzó la última Poké Ball que le quedaba. Su siguiente pokémon era tan grande que Lira no se explicaba cómo era posible que cupiera en el gimnasio—. Steelix, ¡cola férrea! —Lira seguía tan impresionada por el tamaño de aquella serpiente de acero que cuando se dio cuenta de que Yasmina había dado una orden ya fue demasiado tarde para reaccionar. Eevee fue lanzado por los aires a la otra punta del gimnasio, quedando al borde del desfallecimiento. Si no había sido capaz de hacerle gran cosa a Magnemite estaba claro que no sería rival para Steelix así que Lira decidió cambiarle por otro miembro de su equipo. Se trataba de un pokémon enorme y algo le decía que los ataques de Vulpix no serían tan efectivos como fueron contra los dos tipo acero de antes. Esta era una batalla de resistencia y qué mejor que su Feraligatr para un combate de esas características. Devolvió a Eevee y sacó al tipo agua, que se encontraba deseoso de salir.

—¡Feraaaaligatr! —gritó ferozmente al entrar en escena. Por desgracia, no fue capaz de intimidar ni a Steelix ni a la líder.

—Lanza rocas —El gimnasio tembló durante unos segundos y cuando acabó varias rocas cayeron del techo. El reptil intentó esquivarlas pero no pudo evitar ser golpeado por un par de ellas.

—Uf, eso ha tenido que doler. ¡Surf! —Feraligatr creó una ola y la lanzó contra la gigante de acero. Yasmina se apartó a tiempo, fue como si estuviera acostumbrada a ese movimiento, pero su pokémon no hizo ni el más mínimo atisbo de querer apartarse. Aguantó el golpe con entereza, como si quisiera demostrar su fortaleza. Iba a ser un duelo de titanes.

—Cola férrea.

—¡Párala! —Feraligatr cruzó ambos brazos sobre su cabeza y consiguió bloquear el ataque, aunque Lira estaba segura de que si Steelix hubiera insistido un poco más su pokémon habría acabado cediendo.

—Muy bien, haré lo que debería haber hecho desde un principio. Tormenta de arena —El tipo acero golpeó el suelo del gimnasio con su cola, levantando una gran polvareda. Lira se cubrió los ojos con los brazos, no era capaz de ver nada, todo había sido envuelto por partículas de arena.

—¿Estás bien, Feraligatr?

—¡Fera!

—No por mucho tiempo —La mirada de la líder se volvió fría como el acero—. ¡Lanza rocas! —Oh oh. Otra vez ese ataque, y ahora era peor porque Feraligatr no podía ver por donde caían las rocas. Hizo lo que pudo por esquivarlas pero fue golpeado por casi todas— ¡Cola férrea!

—¡Esquiva! —El gruñido que recibió a modo de respuesta le dijo que no había sido capaz de evitar el ataque. No le culpaba, con esa tormenta era imposible ver un palmo más allá de sus narices.

—¡Cola férrea! —Pero tenía que hacer algo, de no ser así Feraligatr acabaría derrotado. Lira intentó pensar en algo, si no podía atacar al menos tendría que defenderse. Tenía que haber algo por el campo que pudiera ser usado como escudo, solo tenía que pensar. Las rocas podrían servirle para protegerse contra cola férrea pero si decidía ordenar otro lanza rocas estaría al descubierto. ¿Qué podía hacer?—. ¡Cola férrea!

—Sé que la visibilidad está limitada pero ¡intenta encontrar una roca de las que han caído antes y escóndete tras ella! —Feraligatr hizo lo que le pidió y esa vez no oyó ningún gruñido de dolor. Ahora solo necesitaba que la tormenta despareciera, por suerte parecía que con el paso del tiempo iba amainando así que Lira se forzó a abrir los ojos y a mirar a través de sus brazos. Tenía que poder hacer algo con las rocas, seguro que podían tener más de una utilidad. Tras pensarlo un rato algo le vino a la mente.

—Junta todas las rocas que puedas, ¡después usa surf! —El reptil creó un pequeño montículo y cuando acabó procedió a crear una gran ola que estrelló contra este. Tanto las rocas como la ola fueran hacia Steelix, que no pudo evitarlas y acabó recibiéndolas de lleno. Ahora sabrás lo que se siente.

—¡Steelix! —Una de las rocas le dio en toda la cabeza, lo que le hizo entrar en un estado de confusión. La tipo acero empezó a dar vueltas por todo el gimnasio, justo cuando la tormenta de arena desapareció del todo.

—Aprovecha ahora, ¡surf de nuevo! —Feraligatr juntó toda su energía en una gran ola que acabó por derribar a Steelix, cuya caída generó una gran nube de polvo. Al disiparse ambas entrenadoras pudieron ver que no tenía energía para volver a levantarse, había sido derrotada.

—Vaya… —Yasmina retiró a su pokémon sin decir ni una palabra. Al hacerlo su semblante se endulzó, ya volvía a ser la chica tímida de siempre. Por su parte Lira solo podía sonreír, chocándole los cinco a Feraligatr cuando el reptil se reunió con ella, tenía a todo un mastodonte en su equipo— Está claro que eres mejor que yo, cuando subiste al faro lo vi claramente. A pesar de las gotas de sudor que bajaban por tu frente, las cuales delataban tu cansancio, solo podías pensar en ayudar a Amphy. Ni siquiera me preguntaste si después de todo aquello podríamos combatir, para ti conseguir la medalla era secundario, lo que te importaba es que Ampharos se recuperara —Yasmina sonrió—. Es por eso que me enorgullece hacerte entrega de la medalla mineral —La líder se acercó para darle dicha medalla. Lira la inspeccionó antes de guardarla, se trataba de un octógono de acero—. Con ella todos los pokémon de hasta nivel 70 que hayas recibido te obedecerán sin rechistar y, también, como obsequio te hago entrega de esto, la MT cola férrea. Si tienes suerte lograrás bajar la defensa de tu oponente —La joven guardó ambos objetos a buen recaudo, no le haría ninguna gracia perder alguno de los dos. Cuando se aseguró de que ya estaban a salvo volvió a mirar a la líder.

—Ahora que todo ha terminado que sepas que ha habido un momento en el que me has dado miedo, la cara y la actitud te cambian completamente cuando combates, pareces otra —Yasmina se sonrojó al oír eso, no era la primera vez que se lo decían.

—Ah. B-bueno imagino que se deberá a que vivo los combates intensamente —Lira rio ante la reacción de la líder pero paró cuando escuchó que alguien empezó a aplaudir tras ellas. Se dio la vuelta, suponiendo que se trataría de los entrenadores del gimnasio, o del hombre de los consejos, pero nunca se habría esperado a verle a él.

—¿Lance? —El pelirrojo sonrió— ¿Qué haces tú por aquí?


Cada segundo que pasaba con Yasmina le hacía pensar a Lira que lo de ser tímida era una imagen que se había creado.

Tras aparecer en el gimnasio por sorpresa y darle las gracias por un combate interesante (aunque solo pudo ver el final) Lance decidió invitar a las chicas a cenar al restaurante de Ciudad Olivo. Ninguna de las dos se negó, y así es como la joven entrenadora acabó ahí, viendo cómo la líder de aquella ciudad lo daba todo junto a los marineros, cantando a pleno pulmón, jarra en mano, todas las canciones del gremio.

—Te aseguro que de normal no es así —dijo Lance al verla boquiabierta—. Se lleva muy bien con los marineros y ellos la consideran una más, aquí es donde puede relajarse y soltarse durante un par de horas a la semana. En cuanto sale vuelve a ser la chica tímida que todo el mundo conoce.

—Ya veo —La verdad es que la escena era bastante divertida. Lira sonrió y le dio otro sorbo a la sopa, la comida allí era deliciosa—. Gracias otra vez por invitarnos, hacía mucho que no comía tan bien.

—De nada —La actuación de los marineros acabó y todo el local estalló en aplausos mientras pedían un bis. Lance dejó los cubiertos al lado de su plato vacío—. Es agradable ver que se divierte después de todo lo que ha sucedido.

—Sí, se le ve muy unida a Ampharos. Le tuvo que afectar lo suyo.

—Así es, entre eso y la desaparición de los cuatro chicos no han sido unos días muy fáciles para ella —Lira alzó la ceja cuando escuchó la última parte de la oración. Era la primera vez que oía hablar de una desaparición—. ¿Puedo deducir por tu reacción que no sabes de lo que hablo?

—Así es.

—Hmm, ya veo. Voy a resumirlo pero, básicamente, hace un par de semanas tuvo lugar un terrible suceso. Cuatro jóvenes que salieron a explorar las Islas Remolino en una embarcación de recreo fueron absorbidos por los remolinos sin dejar rastro —De repente la entrenadora sintió cómo la sopa que tan bien le estaba sentando le subía por el esófago y le pedía salir por donde había entrado. Lira se tapó la boca con las manos y se forzó a bajar la cena de nuevo, solo con oír ese nombre se mareaba—. Se les buscó por todas partes pero no les encontraron.

—Vaya —dijo cuando sintió que se le pasaban las ganas de vomitar—. Me apena oír eso. ¿Hubo algún progreso? Si no, quiero decir… Tanto tiempo bajo el mar…

—Aquí viene lo sorprendente —Lance se acercó, como si fuera a contarle un secreto. Lira hizo lo mismo para poder oírle, los gritos del restaurante hacían imposible escuchar los susurros—. Después de estar, supuestamente, días y días bajo el mar, dos de los cuatro jóvenes aparecieron inconscientes un día cualquiera en la costa de esta ciudad. Fueron llevados al Centro Pokémon y tras un minucioso examen médico no se encontró nada. No tenían agua en los pulmones, ni estaban deshidratados ni desnutridos, las constantes vitales estaban en orden… Estaban sanísimos. Tras tenerles en observación un par de días fueron dados de alta y por ahí están, sin ninguna secuela. ¿No es asombroso?

—Ya te digo, parece sacado de una película.

—Ojalá fuera solo una película. La gente está muy tensa por lo que está ocurriendo últimamente —Lance se recostó en la silla y se cruzó de brazos—. Ya no solo por aquí, el resto de la región está muy nerviosa. Ten cuidado cuando retomes tu viaje, estamos viviendo tiempos extraños.

—Lo tendré —Ahora que estaba más tranquila Lira no pudo evitar hacer una conexión. Cuatro jóvenes, cuatro remolinos… ¿Tendría algo que ver con sus sueños? Negó la cabeza rápidamente, no quería hablar de eso ahora y, además, si le contaba qué soñaba a Lance probablemente acabaría pensando que estaba loca.

—¿Todo bien por aquí? —Yasmina apareció a su lado con dos jarras. Dejó una enfrente de cada uno y se sentó— A qué vienen esas cara tan largas, ¡estamos de celebración!

—Gracias por la intención pero no bebo en público, lo sabes.

—Lo sé y tampoco tengo la intención de emborracharte estando una menor presente. No lleva alcohol, tranquilo —Lira dio un sorbo con curiosidad y Lance hizo lo mismo. Ambos abrieron los ojos, no sabía a nada de lo que habían probado antes.

—Está muy bueno, ¿qué es?

—Receta especial, no puedo desvelar el secreto o me echan. Y hablando de echar —dijo señalando al grupo de marineros, que parecían estar más contentos de lo normal—. Creo que es el momento perfecto para irnos de aquí. No me hago responsable de lo que pueda pasar a partir de ahora.

—Oído cocina —Lance fue a pagar la cuenta en la barra y los tres salieron del restaurante. Lira se quedó maravillada ante lo que tenía enfrente, la luz de la luna teñía de un hermoso plata el mar del puerto, dándole un aspecto encantador. Se hubiera quedado contemplando la vista sino fuera porque se dio cuenta de que los adultos seguían caminando y la habían dejado atrás. Al final los tres llegaron al Centro Pokémon y se despidieron allí.

—Hoy me lo he pasado muy bien. Muchas gracias a ambos —dijo la líder con un ligero rubor y una sonrisa.

—No hay de qué, repetimos cuando quieras. A que sí —Lance le guiñó el ojo a Lira y ella asintió. Accedería volver a ver cantar a Yasmina con los marineros en cualquier momento.

—Ha sido muy divertido, no sé qué me ha gustado más si el espectáculo o la cena gratis —añadió la joven con una sonrisa traviesa—. En fin, ya es muy tarde y mañana retomo el viaje. Gracias por acompañarme hasta aquí, espero volver a veros pronto. Buenas noches.

—Buenas noches —Al entrar al Centro Pokémon la enfermera Joy le recibió con una sonrisa. Lira le sonrió de vuelta aunque no pudo evitar extrañarse, ¿qué hacía despierta con lo tarde que era? Nah, seguramente se trataría de otra que estaría cubriendo el turno de noche, siempre le había costado diferenciar a las enfermeras. Subió las escaleras hasta el segundo piso y fue a su habituación, dispuesta a dormir del tirón.


Al abrir los ojos pensó que tenía que tratarse de una broma. O de una alucinación, tal vez su cerebro había montado ese escenario por la conversación que tuvo con Lance. No había echado de menos sus sueños bajo el agua y menos aquellos en los que había remolinos. Ahora solo había dos, uno a la izquierda y otro a la derecha, el número parecía descender con cada sueño que tenía. Con un poco de suerte solo le quedaría otro sueño tras ese para que todo se acabara.

Se acercó lentamente al remolino de la izquierda, el cual contenía a un joven de pelo castaño y rizado. Como ya había hecho en las dos ocasiones anteriores, Lira le acarició la mejilla. Sus ojos marrones se abrieron al instante en que sintió el contacto, momento en el que el remolino desapareció. Parpadeó varias veces y extendió su brazo hacia la joven.

Tú… Dónde están mis amigos —Una tenue corriente envolvió a los dos. Lira ya sabía lo que se venía, ambos ascendieron a la superficie sin más dilación. Sin embargo, en el último momento, se dio la vuelta y vio algo extraño. El otro remolino también desapareció y ese reveló a una chica de tez oscura y larga cabellera verde. Sin embargo, en vez de ascender con ellos, la joven descendió a lo más profundo del mar.


Al día siguiente no le despertó ni la alarma ni ninguno de sus pokémon. No, lo que le despertó fue el rumor que se había formado fuera de su habitación, el cual iba en aumento con cada minuto que pasaba. Lira trató de ignorarlo por todos los medios pero fue incapaz. Se levantó de mala gana, se duchó y se vistió. En el hall estaban, aparte de un gran grupo de gente, Lance y Yasmina hablando con la enfermera Joy. Los tres parecían bastante preocupados, como el grupo. La joven les miró durante unos segundos y tras pensarlo un poco bajó a la recepción para averiguar a qué se debía tanto escándalo.

—Buenos días, ¿has dormido bien? —Lance fue el primero en darse cuenta de su presencia. Lira se encogió de hombros mientras trataba de contener un bostezo.

—Más o menos. Es un poco difícil descansar en condiciones cuando te despiertas con tanto ruido.

—Lo sé, se ha formado un poco de caos, ¿eh? —dijo Lance pasándose una mano por el cabello— No sé si es casualidad o una broma del destino pero han encontrado a otro de los chicos desaparecidos, por eso está todo patas arriba por aquí.

—¡¿A otro?! —exclamó la joven, sorprendida. Lance asintió— Justo después de mencionarlo en la cena, da un poco de miedo.

—Y que lo digas pero bueno, ya hemos recuperado a tres. Solo nos queda una así que mejor para todos —dijo Yasmina—. Estamos esperando a que nos dejen hablar con él, tal vez pueda arrojarnos algo de luz sobre todo esto.

—¿Quieres subir con nosotros? —preguntó el pelirrojo de repente. Lira le miró con asombro, ¿qué pintaba ella en todo eso? Pensó que estaría tomándole el pelo pero ese no parecía el momento indicado para bromas.

—No sé si sería lo adecuado —dijo mientras miraba de reojo a la enfermera Joy, que estaba igual de sorprendida por la propuesta.

—¿Puede? —preguntó Lance en uno tono firme. La enfermera meditó bien su respuesta, parecía no estar muy de acuerdo con la idea pero tampoco quería llevarle la contraria.

—Bueno, si va acompañada de vosotros imagino que no habrá problema, pero que sea breve —dijo finalmente.

—Descuide, no nos tomará mucho tiempo —Por las escaleras ya bajaba la familia del chico. Lance miró a Yasmina y ella asintió—. Saldremos enseguida.

Lira les siguió hasta la habitación y esperó a que abrieran la puerta. También esperó a que entraran para deslizarse en la habitación como quien no quería la cosa y decidió mantenerse en un segundo plano, escondiéndose tras del pelirrojo, no fuera a ser que el chico se sintiera incómodo por su presencia. ¿Alguien se daría cuenta si se ponía bajo su capa?

—Buenos días. Ya sabéis quienes somos pero os tengo que presentar a otra persona. Espero que no os importe, es una gran entrenadora y me gustaría que también estuviera presente en nuestra conversación, creo que su punto de vista nos puede resultar muy útil en todo este asunto.

Lance se hizo a un lado y Lira quedó al descubierto. Bueno, ahí iba su plan de ser discreta. Puso su mejor sonrisa y alzó el brazo para saludarles pero al ver a los chicos se congeló. Su sonrisa se desvaneció al instante.

—¡Tú! —Una chica morena que se encontraba sentada al lado de la cama de hospital se levantó de golpe al ver a Lira y le señaló enérgicamente. El joven que estaba en dicha cama empezó a toser y el otro chico que estaba sentado se le quedó mirando boquiabierto, como si no diera crédito a lo que estaba viendo.

—Eh eh, un poco de tranquilidad —dijo Lance alzando los brazos en un intento inútil de calmar el ambiente. ¿A qué venían esas reacciones tan exageradas?—. ¿Ocurre algo? ¿Acaso la conocéis?

—¡¿Que si la conocemos?! —La chica tenía los ojos abiertos de par en par, parecía que se le iban a salir de las cuencas en cualquier momento. Los otros dos chicos no es que estuvieran menos sorprendidos, era como si estuvieran viendo a un fantasma— Señor, esta chica, ¡es la que nos ha salvado la vida!


Sabía que me iban a hacer la vida imposible aquí pero sinceramente no me esperaba esto. Me resfrié el primer día y no me dan ni un segundo de descanso, ¿tú ves eso nor- aachús normal?

—No pero tampoco me sorprende. Le has hecho varias travesuras a Atenea, sabes lo rencorosa que puede llegar a ser.

Ya ya pero esto es excesivo. ¡Cuando vuelva voy a prepararle una buena!

—Luego no te quejes si toma represalias.

Oye, ¿de qué lado estás? —Carol sonrió, a pesar del resfriado su amiga seguía igual de enérgica que siempre, era una señal de que seguía estando bien.

—Del tuyo pero es mi deber como amiga decirte la cosas tal y como son —Alguien llamó a la puerta. Carol se apartó el Pokégear del oído y dio permiso a la otra persona para que entrara. Se trataba de un recluta que, al parecer, venía con órdenes.

—Los jefes quieren que nos reunamos todos en el salón principal en un cuarto de hora, no llegues tarde.

—Está bien, enseguida voy —El recluta cerró la puerta y Carol suspiró—. Lo siento pero los jefazos han convocado una reunión, tengo que irme.

Uuh, una reunión grupal. Suena importante, ya me dirás qué… ACHÚS… qué es.

—Lo haré. Mientras tanto cuídate, no vayas a coger una neumonía.

Descuida. Nos vemos hermanita.

—Nos vemos —Con eso colgó y salió de su habitación. El pasillo estaba lleno de subordinados que se dirigían al lugar indicado, una enorme sala donde cabían todos los reclutas del Team Rocket, reservada para las reuniones más importantes. No había muebles de ningún tipo ni nada que la decorase, solo un balcón desde el cual el líder en funciones daba sus discursos, acompañado por los ejecutivos.

La sala ya estaba bastante llena cuando ella llegó y aun así seguían entrando más reclutas. Todos murmuraban entre ellos, claramente se trataba de algo importante si Atlas les quería comentar algo. Pasados unos minutos las luces se apagaron y solo permaneció encendido el foco que alumbraba el balcón, en el cual aparecieron Petrel, Protón y, en el medio de ellos dos, Atlas.

—Queridos camaradas, hoy es un día importante —Hizo una pausa, tratando de darle más dramatismo al momento—. Como bien sabéis nos une un objetivo: conseguir que nuestro amado líder, Giovanni, vuelva con nosotros. Para ello necesitábamos llamar su atención y fue entonces cuando empecé a urdir un plan con la ayuda de mis compañeros más cercanos. Durante estos meses os he llevado de aquí para allá, a cada uno de vosotros se le asignó un papel importante el cual ha sido clave para que llegue este momento —Su sonrisa creció y se hizo más malévola. A Carol le recorrió un escalofrío por la espalda, eso no podía ser bueno—. Amigos, Ariana nos ha llamado hace unas horas. El experimento que estábamos llevando a cabo en el Lago de la Furia, ¡ha sido todo un éxito! ¡Por fin hemos conseguido lo que tanto ansiábamos: someter a un pokémon bajo nuestro control! —Toda la salo estalló en vítores, menos una persona. Carol se quedó completamente horrorizada, no podía creer lo que estaba oyendo. Cuando los demás se calmaron, Atlas volvió a hablar— Es un experimento reciente, por eso, antes de precipitarnos, queremos esperar unos días para hacer unas cuantas pruebas más. Cuando Ariana esté segura tendrá lugar la siguiente parte del plan —Señaló a Petrel con el brazo derecho. El ejecutivo dio un paso al frente, con una sonrisa orgullosa—. Petrel irá a recoger los datos, entonces emitirá esa onda a través de la Torre Radio, haciéndose pasar por el director de esta. Con eso lograremos someter a todos los pokémon de la región y con ellos bajo nuestro poder, ¡estoy seguro de que nuestro líder quedará impresionado y volverá con nosotros!

—No puede ser…

—Pero eso no es todo. Os he convocado porque el día que emitamos la señal necesitaré la ayuda de todos —En la pared opuesta al balcón se proyectó un mapa de Ciudad Trigal, con diversos números colocados en lugares estratégicos—. Para evitar que alguien se entrometa tomaremos Ciudad Trigal. Bloquearemos todos los accesos, asaltaremos el gimnasio y cortaremos las calles. Nadie podrá evitar el asalto y cuando vengan los refuerzos, saldréis todos a detenerlos. Puede que el Campeón pueda con uno, tres, cinco o diez pero ¡seguro que no le hace frente a cien reclutas que lo dan todo por una causa mayor que ellos! ¡Larga vida al Team Rocket!

—¡Larga vida al Team Rocket! —Carol sentía que todo le daba vueltas. Entre el calor que se estaba formando allí y lo que acababa de decir Atlas… Era demasiado, nunca se habría imaginado algo así. Se escabulló como pudo hasta la puerta y salió de la estancia para tomar aire. Cuando se alejó lo suficiente sacó el Pokégear y seleccionó a su contacto más reciente.

—Vamos, hemos hablado hace un par de minutos… Nada, estará patrullando —Saltó el contestador automático y Carol no dudó en hablar—. Mary, llámame cuando puedas. Esto es grave, muy grave, no puedo seguir de brazos cruzados. Necesito tu ayuda, hablamos —Colgó y se apoyó en la pared. Se deslizó lentamente hasta quedarse sentada en el suelo, ¿sería todo un sueño? Cogió su Poké Ball y la inspeccionó durante unos segundos.

—Sé que fue un regalo del abuelo —Presionó el botón y del haz de luz surgió un pokémon. Su zubat le miró extrañada—. Pero para esto tenemos que estar en plena forma. Te la devolveré luego —Le quitó la piedra eterna que llevaba al cuello y cerró los ojos cuando una cegadora luz envolvió a su compañera. Al volver a abrirlos vio que su mandíbula y alas eran más grande, además ahora tenía ojos. Toda ayuda sería poca si de verdad quería frustrar los planes de Atlas—. Espero ser capaz de frenar todo esto a tiempo.


(Grytherin18-Friki: este capítulo también ha sido más centrado en Lira pero en los siguientes podremos ver que se vuelven a centrar en el resto de personajes. Después de todo, ya nos vamos acercando a un momento clave...

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).