Al ver que la presencia de Lira causó un escándalo en la habitación de Mark, la enfermera Joy invitó amablemente a todos a marcharse, incluso a sus amigos, para que el joven pudiera descansar en condiciones. Dave y Rose le suplicaron quedarse con él pero la enfermera les dijo que ya les había dado una oportunidad y que, aunque entendía que en esos casos era importante que los jóvenes estuvieran juntos para apoyarse emocionalmente, también lo era descansar. Ahora los cinco se encontraban en el hall del Centro Pokémon, intentando asimilar toda la información.
—A ver si lo he entendido —empezó Lance. Lira se acercó a Yasmina y se quedó a su lado, no se intimidaba con facilidad pero sentía que la mirada de Rose le estaba atravesando el alma— vosotros decís que ella os salvó.
—Así es señor, al verla lo hemos recordado —Dave intentó explicárselo pero Rose le interrumpió casi al instante.
—Ahora lo recuerdo. ¡Lo veo tan claro! El momento en el que abro los ojos porque me ha despertado una caricia y ella está ahí, con el brazo extendido, y justo después de eso salgo a la superficie. ¡No puede ser una coincidencia!
—Entiendo. ¿Tú también viste lo mismo? —Dave asintió, algo molesto aunque acostumbrado de sobra a que su amiga le interrumpiera— Vale, ya veo. Y tú, Lira, ¿les habías visto alguna vez?
—Bueno… —No tenía mucho sentido seguir ocultándolo. Al parecer sus sueños sí tenían una relación directa con los chicos, esconderlo podría empeorar las cosas. Además ya no tenía que preocuparse porque pensaran que estaba loca, la situación en general ya era bastante surrealista de por sí— Si te digo que fue en mis sueños, ¿me creerás? —Lance pasó una mano por su cabello y la dejó ahí. Su mirada estaba clavada en el suelo y Lira lo vio con claridad, cómo mil pensamientos atravesaban su mente frenéticamente.
—Curioso —Escuchó murmurar a Dave—. Un sueño, pero nosotros la vimos y sentimos. ¿Estaríamos soñando también? —Se hizo el silencio en el hall. Tras unos segundos, Lance alzó la cabeza y dirigió su mirada a Lira.
—Está bien, tú y yo hablaremos. Ahora tienes que ir a Pueblo Caoba, ¿verdad? —Ella asintió— Entonces nos veremos allí en un par de días. Yasmina, si pasa algo ya sabes lo que tienes que hacer, y vosotros dos descansad y cuidad de vuestro amigo.
—Lo haremos —Sin nada más que añadir el pelirrojo abandonó rápidamente el edificio. Lira, por su parte, se quedó ahí, quieta, intentando procesarlo todo.
—Perdón —por desgracia, su cadena de pensamientos fue detenida cuando Rose se acercó a ella junto a Dave— pero por casualidad no habrás visto a otra chica en tus sueños. Piel morena, pelo verde y largo. Estaba con nosotros el día del accidente —Lira tardó un poco en responder. Tuvo que esforzarse en recordar cómo era la chica que vio, pues como apareció al final su mente no la recordaba con nitidez.
—Sí, sí la he visto. De hecho… —De hecho pasó algo que no había pasado en ninguno de sus otros sueños. Normalmente cuando "salvaba" a alguien el resto de los remolinos se quedaban ahí pero en el último la chica salió del suyo y se hundió. No sabía qué significaría, ni tenía ganas de pensar sobre ello, así que decidió que lo mejor sería decir algo que les tranquilizaría— De hecho… Por lo poco que pude ver parecía que estaba bien.
—Oh, Jackie. Menos mal —Ambos jóvenes se relajaron al oír eso. No sabían cuándo volverían a ver a su amiga pero, de momento, les bastaba con saber que seguía sana.
—Chicos —dijo de repente Yasmina, que no había intervenido en la conversación hasta ese entonces—. ¿Os importaría dejarnos un momento a solas? —Rose se sorprendió por la petición, y estuvo a punto de oponerse a ella, pero Dave actuó con rapidez y la sacó del centro a tiempo. Una vez fuera la líder volvió a fijar su mirada en Lira. Ella tenía los ojos abiertos, la mirada perdida y podía ver que temblaba ligeramente; no era difícil darse cuenta de que estaba en shock. Lo que necesitaba era tranquilidad, no que le atosigaran a preguntas— ¿Quieres que hablemos? Tranquila, sé qué está ocurriendo, los líderes nos lo contamos todo. No tienes por qué ocultármelo —Ella tardó en responder pero al fin asintió—. Muy bien, sígueme.
Salieron del centro y se dirigieron a la playa. Pararon a escasos metros de la arena, ya que había un banco con una vista preciosa a la orilla, y se sentaron ahí. Una vez acomodadas se instaló un agradable silencio entre las dos que solo fue roto cuando Lira se decidió a hablar.
—¿Cuánto sabes? —preguntó con un hilo de voz.
—Veamos, sé que el legendario está activo, que el Team Rocket ha vuelto a las andadas, que eres la El- eh, digo, otra candidata a ser la Elegida —se corrigió la líder, pues Lance le había informado de que Lira seguía pensando que era una candidata más y que, para no inquietarle, lo mejor era que siguiera pensando eso— y creo que no me dejo nada más.
—Pues sí que sabe, sí —se dijo a sí misma, sorprendida—. No sé por dónde empezar, es que estoy abrumada por todo —Alzó la vista y Yasmina vio que tenía los ojos rojos y cubiertos por una fina película de agua. Todavía no había soltado ni una lágrima pero estaba segura de que no tardaría en hacerlo—. Llevo teniendo sueños raros desde hace, cuánto, ¿años? Pero solo se trataba de una figura envuelta en remolinos que me llamaba, no le di mucha importancia porque sueños extraños tenemos todos, pero vaya…
—Nunca te habrías esperado que se tratara del legendario —Lira asintió.
—Es que todavía no lo concibo, ¿por qué? ¿Por qué está interesado en mí? ¿Por qué va salvando a esos cuatro según mi criterio? Y ya no solo eso —El nudo que se le formó en la garganta le impidió continuar así que tuvo que parar un poco y tragar saliva—. Llámame egocéntrica pero siento que la gente me mira allá donde voy. Se acercan, me hablan, me dicen cosas buenas de mi equipo y sí, lo valoro mucho, pero me siento observada. Además también está el tema del Team Rocket, que me tiene intranquila, la gente está nerviosa por ellos y se me contagia ese malestar. No sé —un suspiro escapó de sus labios— yo solo quería tener un viaje normal con mi equipo y siento que me he metido en algo muy, muy grande. Solo quiero recorrer la región con ellos, disfrutar y conocer a gente nueva. Quería algo sencillo, no convertirme en el centro de atención, ni en Elegida, ni en nada de eso. No era mucho pedir, ¿no? —La voz se le entrecortó al final. Yasmina no pudo evitar compadecerse de ella, aunque parecía madura cuánto tendría como mucho, ¿catorce años? Y una gran responsabilidad ya se había cernido sobre ella. Se preguntó si ella, como líder de gimnasio, y el resto de autoridades, podrían haber hecho algo en su momento por evitar que todo cargara sobre sus hombros.
—No pides mucho, es lo que tendría que haber pasado en circunstancias normales. Por desgracia te ha tocado emprender tu viaje en una época extraña y, teniendo en cuenta por lo que estás pasando, es completamente normal que te sientas sobrepasada. Si a eso le añadimos que llevas mucho tiempo fuera de casa, sin ver a tus seres queridos, esa sensación de desasosiego crece.
Pasaron otro rato en silencio. Yasmina dejó que Lira se tomara su tiempo para responder, sabía que en ese momento varios pensamientos estarían ocupando su mente, y tendría que ordenarlos antes de hablar.
—Siento mucha presión —admitió en un susurro, apretando los puños sobre las rodillas—. Mucha, mucha presión. Además no tengo con quien desahogarme porque si le cuento esto a mi madre le preocuparé, lo mismo con un amigo mío, y no quiero contarle todo esto a alguien que acabo de conocer porque pensará que estoy loca.
—Es complicado, sin duda. Ojalá pudiera ayudarte a aligerar esa carga pero me temo que lo único que puedo hacer de momento es escucharte —De repente Lira se abalanzó sobre Yasmina. Empezó a llorar y la líder le correspondió el abrazo mientras le acariciaba el pelo, ¿quién sabía durante cuánto tiempo se habría estado conteniendo?—. Eso es, suéltalo todo —Estuvieron así hasta que Lira se calmó. Cuando no le quedó nada más que llorar se separó y se secó las lágrimas.
—Créeme, con eso es más que suficiente —Tenía los ojos hinchados pero parecía que estaba mucho más tranquila. Ya no había rastro de esa mirada perdida y descentrada, solo se veía reflejado su cansancio. Yasmina se quedó pensando durante un rato, tenía que haber alguna manera de levantarle el ánimo.
—Oye, ahora que caigo —dijo cuando se le ocurrió una idea—. Tu siguiente destino es Pueblo Caoba y por el norte hace un frío que pela. ¿Qué te parece si vamos de tiendas y así te compras un abrigo? —Una sonrisa se esbozó en el rostro de la joven.
—No es mala idea. Tenía que ir tarde o temprano, puedo aprovechar y quitármelo de encima.
—Entonces pongámonos en marcha —Las dos se levantaron pero antes de que Yasmina pudiera dar un paso Lira volvió a abrazarla.
—Gracias —dijo en un susurro. La líder sonrió y le devolvió el abrazo.
—De nada —Estuvieron así durante un par de segundos, hasta que finalmente se separaron—. ¿Vamos?
—Vamos a ver, esta semana tenemos que pagar el sueldo de las enfermeras, suministrar más medallas al gimnasio de Ciudad Malva, ir a por provisiones para la Liga… Gastos y más gastos —susurraba Karen una y otra vez, preocupada. La puerta del estudio se abrió tras ella pero eso no le hizo levantar la vista del papel— Si la gente supiera todo lo que conlleva ser Campeón no creo que tantos quisieran llegar a serlo —dijo alzando la voz a quien entró. Bruno asintió, aunque la especialista de tipo siniestro no pudo verlo porque estaba de espaldas a él.
—Aun así la sed de fuerza y poder es capaz de cegar a muchas personas, no creo que unos meros trámites burocráticos les echaran hacia atrás.
—¿Meros? Lo dices como si fueran pocos. ¡Llevo todo el día con ellos y tengo la sensación de no haber avanzado nada! —exclamó indignada, mientras el especialista de tipo lucha depositaba una taza de café a su lado y se sentaba junto a ella— Hace falta tener una carrera para administrar todo este papeleo, no sé cómo Lance se aclara. ¿Sabes cuándo va a volver?
—Ni idea. He intentado ponerme en contacto con él pero no responde a mis llamadas.
—Ya veo. ¿Y sabemos algo más aparte de lo de la chiquilla?
—Tampoco —El cambio de expresión de su compañera no pasó desapercibido para Bruno. Todos intentaban aparentar tranquilidad para mantener una cierta calma colectiva pero era más que evidente que estaban preocupados por lo que estaba sucediendo. El tiempo pasaba y, paradójicamente, con cada pequeño descubrimiento que hacían tenían la sensación de estar retrocediendo.
—¿Sabes? Sé que lo que voy a decir no es propio de un miembro del Alto Mando, pero estoy cansada.
—No eres la única —le respondió mientras le dirigía una mirada a Mento. El especialista en tipo psíquico se encontraba tumbado en el sofá del despacho del Alto Mando, completamente dormido—. Cuando Lance se va a investigar tenemos que apañarnos entre los cuatro para cubrirle mientras seguimos desempeñando nuestras funciones. Eso cansa a cualquiera —Karen miró con simpatía a su compañero enmascarado.
—Dice que ha notado picos altos de energía estos días, como si el legendario estuviera más activo. Él es mucho más sensible que nosotros a todos esos aspectos, tanto cambio en el ambiente le tiene agotado.
Bruno asintió. Como buen psíquico que era, Mento era capaz de notar las ondas que surgían del legendario cada vez que intentaba comunicarse con alguien. Cuanto más intenso fuera ese intento de comunicación y más se alargara en el tiempo, más se cargaba el ambiente, y por ende más fatigado se sentía. Si a eso se le sumaba el estrés de las últimas semanas no le sorprendía verle en esas condiciones. Cuando volvió a dirigir su mirada a Karen vio que esta había apoyado la cabeza en la mesa y estaba completamente dormida.
—Creo que todos necesitamos un buen descanso —Se levantó a por una de las mantas que había en el sofá y le tapó con ella.
Salió del estudio y cerró la puerta con cuidado de no hacer ningún ruido, acto seguido se dispuso a ir a su habitación. Estuvo a unos pasos de entrar cuando le pareció oír un sonido proveniente de la habitación del Campeón. Fue a investigar para ver de qué se trataba y cuando vio que no era ni más ni menos que Lance, que acababa de regresar, sintió como si una ola de alivio le recorriera el cuerpo.
—¿Has averiguado algo? —preguntó emocionado, tanto por el ansia de saber los frutos que había tenido la investigación de su jefe como por la alegría de ver que ya estaba de vuelta.
—Luego te lo cuento. Ahora tengo que hacer un comunicado, todos los líderes deben de estar al tanto de todo lo relacionado con este asunto, ya he dejado que pase mucho tiempo. Sobre Lira, va en camino de conseguir su séptima medalla y algo me dice que eso alborotará más al legendario, así que tenemos que estar alerta. Por si eso fuera poco tengo que prepararme, he de partir a Pueblo Caoba en breve —dicho eso Lance pasó de largo con la intención de organizar todo lo que tenía pensado hacer pero Bruno le detuvo.
—Eh —Puso una mano en su hombro para forzarle a parar, porque sabía que no lo haría si solo se lo pedía verbalmente. Lance le miró, irritado pero paciente, esperando algún tipo de explicación—. Para un momento, ¿cuándo fue la última vez que dormiste decentemente?
—No hay tiempo para dormir.
—Sí, sí que hay tiempo. ¿Te has visto? No es por ofender pero estás horrible, tienes unas ojeras que se notan a kilómetros —El pelirrojo pasó una mano por debajo de sus ojos, visiblemente preocupado. Luego inspeccionó sus dedos.
—Vaya, se me ha ido el corrector. Tengo que pedírselo de nuevo a Karen.
—Déjate de correctores, ni el maquillaje puede ocultar eso a estas alturas. Mira, entiendo que estés preocupado, todos estamos estresados y es normal pero si queremos combatir lo que sea que se nos viene encima tenemos que estar al cien por cien. Tienes que descansar, Lance, recuperar energía solo te puede venir bien —El Campeón se quedó un rato en silencio, como si estuviera considerando todas las opciones. Finalmente, alzó la vista y le miró de una manera desafiante.
—Descansaré cuando mi región no esté en peligro, para eso soy el Campeón —dijo de manera cortante mientras se quitaba la mano de Bruno de su hombro—. Buenas noches —El especialista en tipo lucha solo pudo ver, con impotencia, cómo el pelirrojo se dirigía a su estudio para seguir trabajando.
—Es muy inteligente y maduro pero a veces puede llegar a ser bastante cabezón, como su prima. A lo mejor es genético —Bruno entendía su preocupación pero también entendía que no podía seguir así, ni él ni el resto de sus compañeros. Si no, acabarían agotados, justo cuando se les necesitaba en sus máximas capacidades. Negó con la cabeza y volvió a su cuarto, solo esperaba que pudiera verlo a tiempo, antes de que toda esa situación acabara con él.
Aterrizó en Ciudad Iris a la madrugada del día siguiente. El haber pasado la mayor parte del día anterior con Yasmina hizo que se sintiera mucho mejor; después de su charla y de comprarse un abrigo rojo que le llegaba por la mitad del muslo, unos leggings negros que llevaba bajo el peto y unos guantes fingerless negros, le dejó quedarse con ella en el gimnasio, donde recibió una llamada de Baoba. La morena ya podía considerarse la nueva gerente de la Zona Safari, al superar con éxito la última prueba que le esperaba: capturar un sandshrew. Al volver a Ciudad Olivo estuvieron juntas otra vez hasta lo noche, cuando Lira se despidió de ella para irse a descansar al Centro Pokémon.
—Es una chica increíble, tiene un gran corazón —Le dijo a sus acompañantes. Eevee y Feraligatr asintieron, Yasmina había apoyado a su entrenadora en un momento de bajón así que entraba oficialmente en sus tops de gente favorita—. Tendremos que volver pronto a hacerle una visita. En fin, ahora toca poner rumbo a Pueblo Caoba —Miró hacia el gimnasio, preguntándose si sería una buena idea pasar a saludar a Morti. Al final optó por no hacerlo, cuanto más lejos estuviera de lo que le recordara al legendario, mejor.
Cruzó el acceso este de la ciudad y entró en la ruta 42. Se hubiera quejado de la ráfaga de viento helado que quemó sus mejillas, sino fuera porque se quedó maravillada ante la gran montaña que se alzaba a lo largo de la ruta. Sus picos recortaban el precioso cielo, teñido de claros tonos azules y rosas del amanecer, y creaba una gran sombra que cubría toda la ruta. No había visto nada parecido en su viaje hasta la fecha y eso hizo que se le encendiera el pecho; la parte norte de su región era completamente desconocida para ella, todavía tenía muchos lugares que descubrir y eso le alegraba sobremanera.
Por desgracia, como venía siendo habitual, la tranquilidad no duró mucho, ya que cuando retomó la marcha alguien que salió a toda mecha de la montaña chocó contra ella y le tiró al suelo.
—¡Ay!
—¡Ou! Tengo que tener más cuidado y mirar por donde voy —La persona en cuestión era un montañero corpulento. Su expresión nerviosa cambió a una de preocupación al ver que había tirado a la joven—. Lo siento mucho, deja que te ayude —El hombre le tendió una mano y Lira la tomó.
—Tranquilo, nada roto así que todo bien —dijo con una sonrisa al ponerse en pie con su ayuda—. Suele pasar, a veces vamos pensando en nuestras cosas y no nos fijamos.
—Lo sé pero aun así me sabe mal —El hombre rebuscó durante unos segundos en su gran mochila y le dio un disco—. Toma, de regalo por las molestias. La MO fuerza, te será de gran utilidad si quieres explorar montañas. Bueno, yo me voy yendo ya que llego tarde, ¡nos vemos!
Tras eso el hombre se fue de ahí a gran velocidad. Lira guardó la máquina oculta a buen recaudo y siguió caminando, hasta que llegó a un lago. Comandó a Feraligatr que les llevara a la otra punta y siguió caminando hasta que Eevee decidió esconderse entre unos árboles.
—¿Qué pasa? ¿Has encontrado algo? —El pequeño zorro surgió de ellos y saltó a sus brazos.
—¡Eev, eevee! —gritó animadamente, señalando hacia los árboles. Era como si quisiera enseñarle algo, ¿qué habría podido ver que le hubiera llamado tanto la atención? Lira se acercó y echó un vistazo, gratamente sorprendida por lo que vio.
—Suuui.
Costaba un poco identificarle entre tantas hojas pero tras el grito no hubo duda. Suicune se encontraba ahí, mirándole a través de los árboles con la misma expresión de siempre. De nuevo, Lira se sintió hipnotizada por aquellos ojos que le miraban con tanta intensidad.
—Hermoso, ¿verdad?
—¡Ah! —Del salto que dio casi tiró a Eevee al suelo. Lira se dio la vuelta y vio que quien le había susurrado al oído no era otro que Eusine.
—Tranquila, querida, ni que hubieras visto a un fantasma. Mira, le has asustado y se ha ido —dijo señalando a los árboles. Lira volvió a mirar entre ellos y, efectivamente, el pokémon ya no seguía ahí.
—No creo que haya sido yo, seguramente se ha ido porque no te quería ver —dijo mirándole con una sonrisa, que se desvaneció al ver que el investigador no iba ni tan siquiera un poco abrigado. Esa zona debía rondar los cero grados y él iba igual que siempre—. ¿No tienes frío?
—El frío es psicológico, querida. Si lo ignoras no lo sientes, simple.
—Entonces imagino que estarás temblando de emoción.
—Serás… ¡Me sacas de mis casillas! —No sabría decir por qué, pero había algo gracioso en molestar a Eusine. Tal vez se debía a sus reacciones exageradas, el caso es que no perdía la oportunidad de hacerlo cada vez que tenía la ocasión. Lira sonrió y él rodó los ojos— Pero aun así me caes bien, misterios de la vida. En fin, si estás aquí imagino que será porque irás a desafiar al líder de Pueblo Caoba.
—Correcto —Eusine asintió.
—Ten cuidado con ese anciano, tiene un carácter que no veas. Si crees que esta ruta es fría espera a conocerle —El investigador giró la cabeza y miró al lago por el que había escapado el perro legendario—. Pero bueno, Suicune se ha fijado en ti por algo, así que imagino que acabarás obteniendo la victoria. Parece que no paras de encontrártelo allá donde vas así que déjame decirte algo —Se señaló con el dedo pulgar y miró fijamente a Lira a los ojos—. Tus ganas de verlo nunca superarán a las mías.
—Tranquilo que no tengo la menor intención de quitarte el puesto de fan número uno, créeme.
—Eso espero, porque jamás podrás superarme. Bueno, por mucho que me gustase quedarme aquí hablando contigo tengo cosas que hacer. Para llegar a Pueblo Caoba solo tienes que seguir todo recto, puedes cruzar este pequeño lago o atravesar el Monte Mortero, aunque no te recomiendo lo último. Es muy grande y la gente se pierde a veces. ¡Nos vemos! —Tras despedirse se fue por donde vino. Lira decidió seguir su consejo y cruzar el lago, no quería demorarse más de lo necesario.
Al llegar a la otra orilla vio a lo lejos un par de tejados rojos. Su destino estaba tan solo a un par de minutos. Empezó a andar junto a sus pokémon, sin siquiera imaginarse qué es lo que le estaría esperando al llegar.
En la mesa de su despacho había un monitor. Este mostraba diversas ventanas y cada una reproducía una grabación. Del Pozo Slowpoke, del Teatro de Danza, de varias ciudades… Lo que todas tenían en común es que mostraban a la misma persona.
—Lira, Lira, Lira… —susurró Atlas para sí mismo. Su houndoom tenía la cabeza apoyada en su regazo y cerraba los ojos cada vez que su entrenador le acariciaba— Tú eres el típico inconveniente, o variable no prevista, que surge cuando los planes se ponen en marcha y puede acabar fastidiándolo todo —No había querido darle importancia hasta ese entonces pero lo cierto es que podía suponerle un problema. Si conseguía escabullirse en la guarida del Team Rocket antes de que Petrel volviera con los datos, podría hacer que su plan se retrasara considerablemente.
—Hmm, ¿qué debería hacer contigo? —Con la mano que tenía libre se acarició la barbilla— Podría detenerte ahora mismo pero —una sonrisa diabólica empezó a formarse en sus labios— creo que dejaré que juegues a los héroes un poco más. Será divertido ver cómo, cuando pienses que has ganado, todo lo que crees haber salvado se derrumba ante ti —Una gran carcajada escapó de lo más profundo de su garganta, asustando a Houndoom. Si pensaba que podría detenerlos, estaba muy equivocada.
(Grytherin18-Friki: sí, y tras este capítulo no le cabrá la menor duda de que sus sueños están directamente relacionados con la realidad. Y sobre Carol y el Team Rocket, oh boy, se viene algo bien fuerte.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
