Pueblo Caoba le recordaba a su hogar. Era tan pequeño que, si se descuidaba, acabaría saliendo de él sin darse cuenta. Había solo un par de casas y lo que parecían ser torres de vigilancia rojas en la parte norte, desde las cuales Lira se imaginaba a los ninjas controlando que ningún intruso entrara en su poblado. Por su parte, en la zona sur se encontraban el Centro Pokémon a la derecha y el gimnasio a la izquierda, y parecía que el pueblo contaba con su propia tienda de recuerdos y todo. A primera vista era una casa normal, hecha de madera y hasta con un árbol al lado, que también contaba con un cartel.
—Tienda de recuerdos: Nada de lo que sospechar. Entren sin desconfiar —Lira alzó una ceja al leerlo. Curioso, ¿por qué eso solo le hacía sospechar más?
—¡Lira!
Alguien le llamó desde la zona sur. La entrenadora se dio la vuelta y vio que Lance estaba a la altura del gimnasio, saludándole con una gran sonrisa, con su fiel Dragonite al lado. Ella también sonrió y se acercó a él, aunque aminoró el ritmo cuando vio que tras el pelirrojo surgió un anciano con cara de pocos amigos que se situó a su lado.
—¿Es ella? —preguntó señalándole con el bastón cuando ya estaba cerca de ellos. Lance asintió— Ya veo. Deja que me presente, soy Fredo, el líder de gimnasio de este pueblo. Imagino que habrás venido a por tu séptima medalla.
—Correcto.
—Lo siento pero me temo que no podrá ser —Lira le miró extrañada. ¿Por qué no iba a poder retarle? ¿Entonces cómo conseguiría el resto de medallas?—. Verás, voy a ponerte en contexto. Hay un gyarados rojo que no para de crear problemas en el Lago de la Furia, no sé si habrás oído hablar de ese lugar. Se trata de un lago que hay al norte de aquí y resulta que es conocido por albergar a varios pokémon de esta especie, pero del que te estoy hablando es otra historia. Crea tempestades y lanza vientos huracanados contra aquellos que osan acercarse a él, aunque sea un milímetro. Ya he perdido la cuenta de cuántas embarcaciones hemos perdido por su culpa. Si quieres enfrentarte a mí, tendrás que ir allí y calmarlo, considéralo como una prueba de aptitud.
—Oh —El semblante de la joven se apagó. Primero porque no le apetecía tener que hacer una prueba antes de poder retar a Fredo y, segundo, porque eso parecía muy peligroso.
—No te preocupes, que el que tengo a mi lado no está de adorno —dijo el anciano, refiriéndose a Lance, cuando vio que Lira se preocupó un poco—. Para asegurarnos de que no te ocurrirá nada Lance te acompañará. Eso sí, solo actuará cuando sea estrictamente necesario, así que no te confíes ni creas que te va a ayudar si las cosas se te tuercen un poco. Tendrás que esforzarte y darlo todo, y solo te asistirá si ve que estás en auténtico peligro. ¿Lo has entendido?
—Sí, señor.
—Perfecto —Fredo empujó a Lance con el bastón para que se pusiera al lado de la joven. Lira pudo ver que una pequeña sonrisa se asomó en los labios del líder al hacerlo—. No quiero ver a ninguno de los dos cerca de mi gimnasio hasta que logréis apaciguar a esa bestia y, de paso, averiguad por qué se ha vuelto loca. Venga, ya me habéis oído, ¡largo de aquí! ¡Fuera!
—Ya vamos, ya vamos —Lance le agarró del antebrazo a Lira y no le soltó hasta que llegaron al acceso norte del pueblo—. Perdónale, puede parecer un poco cascarrabias pero-
—Es buena persona —acabó con una sonrisa—. Suelo escucharlo muy a menudo.
—¿Estamos jugando a acabar las frases del otro y no me he dado cuenta? —preguntó divertido. Cruzaron el acceso y llegaron a la ruta 43. Esta era parecida al resto, con la característica de que el paisaje era más verde y que, al oeste, el Monte Mortero se seguía imponiendo con la misma presencia que en la ruta 42. Además, conforme iba pasando el tiempo, más frío iba haciendo. Lira se abrazó y se frotó los brazos de manera instintiva— Veo que has cambiado de look.
—Momentáneamente. En cuanto no me haga falta me lo quito.
—Haces bien. No es la primera vez que un entrenador acaba con hipotermia —Hubo un momento en el que el camino se bifurcaba. Por un lado, un camino natural se abría paso por la izquierda, mientras que por la derecha se encontraba nuevamente otro acceso artificial—. Izquierda, seguimos hablando y disfrutando del paisaje. Derecha, llegamos enseguida a nuestro destino.
—Izquierda, entonces.
—Sabía que tendrías ganas de hablar conmigo —Lira rodó los ojos mientras retomaban la marcha, intentando ignorar su sonrisa de autosuficiencia—. ¿Cómo estás?
—Bien, supongo. Ha pasado mucho.
—Ya lo creo —Él quería hablar de lo sucedido en Ciudad Olivo. Se notaba, de la misma manera que se notaba cómo reprimía las ganas de sacar el tema por si le molestaba. Lira suspiró internamente, estaba dispuesta a hacer un esfuerzo.
—No me importa que hablemos de ello, si es lo que quieres.
—Aun así, odio que nuestras conversaciones siempre traten de lo mismo. Como si no tuviéramos otras cosas de las que hablar. Propongo un trato, hablamos ahora de lo que sucedió en Ciudad Olivo y no volvemos a tocar el tema, mínimo hasta la próxima vez que nos veamos, ¿te parece bien? —Lira asintió. Le parecía justo, así podrían quitarse lo peor de encima.
—¿De qué quieres hablar? Exactamente.
—De tus sueños. ¿Desde cuándo los tienes? ¿Cómo son?
—A veeer… —Lira miró hacia arriba, intentando hacer memoria— Antes de empezar mi viaje tenía el mismo, de vez en cuando. En él solo salía una figura rodeada de remolinos llamándome pero no le hacía mucho caso porque, bueno, ¿quién no tiene sueños raros? Ese lo tuve por primera vez… Puede que tres años antes de empezar mi aventura.
—Ya veo. ¿Y en los que salvas a los chicos?
—Esos son todavía más extraños. Imagínatelo, estamos bajo el agua y podemos respirar sin ningún problema —Lira se detuvo y él hizo lo mismo—. Yo soy yo y Feraligatr, Eevee, tú y Dragonite sois cuatro remolinos. Me acerco a uno —dijo mientras se acercaba a su Feraligatr— y veo que dentro hay alguien, dormido. Meto el brazo para intentar despertarle —Feraligatr, que hasta entonces había tenido los ojos cerrados, los abrió en cuanto su entrenadora le acarició— entonces el remolino desaparece y, sorpresa, aparece Lugia. Después una corriente nos lleva a mí y al chico a la superficie, ahí se acaba el sueño —Lance se cruzó de brazos y asintió lentamente, gracias a la pequeña representación teatral le había quedado muy claro.
—Comprendo. Es curioso, sin duda. Imagino que no recordarás las fechas exactas en las que los tuviste.
—Me temo que no, lo siento —Lance sacó un pequeño papel y se lo dio. Lira lo tomó y lo leyó; solo había tres fechas escritas—. ¿Qué son?
—Los días en los que aparecieron. El tiempo transcurrido entre la primera y segunda aparición no es el mismo que entre la segunda y la tercera, pensé que tú podrías darme una pista —De repente a Lira se le iluminó el rostro. Sacó su Pokégear y fue al registro de llamadas, por intentarlo no perdía nada. Al comparar la pantalla con el papel, sus ojos se abrieron de asombro.
—No puede ser… —susurró sorprendida. No pensaba encontrar ninguna relación así que lo que descubrió le dejó asombrada.
—¿Ocurre algo? —Lira le enseñó el papel junto a la pantalla.
—Verás, solo llamo a mi madre después de conseguir una medalla.
—¿Solo llamas a tu madre después de ganar una medalla? —repitió el pelirrojo, incrédulo.
—Sí. Ella me llama cada tres días —Por la forma en la que lo decía, estaba claro que a la joven no le hacía mucha gracia—. Creo que con eso es más que suficiente. Mira las fechas de la segunda, cuarta y sexta llamada —Lance hizo lo que le pidió y cuando hizo la conexión sus ojos también se abrieron como platos.
—No puede ser. Cada una tuvo lugar un día antes de cada aparición, lo que quiere decir que tienes esos sueños tras ganar dos medallas.
—Exacto. La pregunta ahora es, ¿por qué? —Lira cerró su Pokégear y le devolvió el papel a Lance— Todavía queda una chica, ¿eso quiere decir que tendré otro sueño después de conseguir la octava medalla?
—Si lo que hemos visto es cierto es muy probable, sí —Como siempre, junto a un nuevo descubrimiento se abría otra incógnita. ¿Por qué seguiría ese patrón? ¿Acaso le estaba recompensando por su fuerza? ¿O era una especie de prueba? Lance negó con la cabeza, lo prometido era deuda así que reflexionaría sobre eso más adelante. Se acabó el tema del legendario—. Bueno, ya hemos hablado de lo que quería. Te toca a ti, ¿sobre qué quieres hablar? ¿Tienes alguna pregunta?
—Varias. ¿Por qué parece que conoces a todos los líderes? ¿Eres un gran entrenador o solo llevas a ese dragonite para presumir? ¿Acaso eres un miembro del Alto Mando? ¿Por qué llevas una capa?
—Eh, eh, eh. De una en una, que te va a dar algo —Lance alzó los brazos a modo de defensa. No estaba preparado para esa ráfaga de preguntas—. ¿De verdad quieres saber quién soy?
—¡Pues claro! Siempre que nos vemos acabamos hablando de mí, ya va siendo hora de que me cuentes algo de ti.
—Está bien. Agárrate, no creo que te lo esperes —El pelirrojo sonrió, anticipando la reacción de sorpresa de la joven—. Soy uno de los dos Descendientes del clan Endrino, lo que obviamente me convierte en un candidato a ser Elegido —Lira frenó en seco y, si hubiera sido anatómicamente posible, su barbilla habría tocado el suelo.
—¿¡QuéeEEE!? ¿Tú también? ¿Como Morti?
—En efecto. Imagino que sabrás que el clan Endrino es uno de los clanes más influyentes y poderosos de la región. Somos los únicos capaces de extraer el máximo potencial de los pokémon de tipo dragón —dijo mientras acariciaba a Dragonite. El dragón emitió un sonido de felicidad—. Por cierto no solo soy un Descendiente, sino que además soy el heredero, así que cuando mi abuelo falte, que espero que todavía tarde, me convertiré en el líder. Como imaginarás, y que no suene egoísta, soy alguien bastante importante y fuerte, por eso me relaciono con personalidades como los líderes de gimnasio. Y sobre la capa, forma parte del vestuario de los domadragones, no es algo personal aunque si te soy sincero me gusta bastante.
—Ya veo —Bueno, eso explicaba por qué conocía a todos los líderes. Lira se quedó mucho más tranquila—. Te mueves con mucha soltura por aquí, es como si conocieras el camino de memoria. Además no te ves afectado por el frío, tendría que haber deducido que eras del norte.
—Él también lo es y el frío no le gusta —dijo señalando a Dragonite, el cual emitió un sonido triste.
—¿Puedo acariciarle?
—¿A él?
—No va a ser a ti.
—Pregunto por si acaso —Lance sonrió—. Claro, es bastante afable y dócil —Lira se acercó y acarició el hocico del tipo dragón. Dragonite se agachó para facilitarle la tarea a la morena y cerró los ojos cuando sintió su contacto, sonriendo ampliamente ante la muestra de afecto.
—¡Dra dragonite!
—¡Qué mono! —chilló entusiasmada ante la reacción del dragón— Yo también quiero un dragonite.
—Pues ya te puedes ir preparando. No creas que se vuelven mansos por arte de magia —La mirada del pelirrojo cayó en Feraligatr y el pokémon le dedicó una sonrisa, mostrando sus escasos pero afilados colmillos—. ¿Puedo acariciar a tu Feraligatr o me voy a quedar sin mano?
—Adelante. Estoy segura de que ni se le pasará por la cabeza hacerte daño —La última parte la dijo con severidad y dirigiéndole una fría mirada al pokémon, por si acaso se le ocurría hacer alguna travesura. El tipo agua asintió y Lance se agachó, pasando con afecto su mano sobre sus frías escamas. Eevee, que se sentía algo celoso, se subió a los hombros del pelirrojo y juntó su mejilla con la de él—. Son muy cariñosos, te advierto de que si te ven dando mimos empezarán a demandarte cada vez más.
—Por mí no hay problema —respondió con una sonrisa. Lira tampoco pudo evitar sonreír, se notaba que sentía un gran aprecio por los pokémon—. Es un placer verles tan felices, creo que es la primera vez que veo a un feraligatr con las escamas tan brillantes. Cuando los pokémon son entrenados con firmeza y amor se nota a leguas —Se levantó y devolvió a Eevee a su entrandora. El zorro subió a los hombros de la morena, su lugar favorito del mundo, y se quedó ahí—. ¿Continuamos?
—Claro —Siguieron andando y hablando animadamente hasta que notaron que empezó a chispear. Lance frunció el ceño y su expresión se endureció.
—Ya hemos llegado —dijo en un tono firme. Lira miró hacia adelante y vio que, en efecto, a un par de metros se podía divisar el lago. Había estado tan concentrada en la conversación que no se había dado ni cuenta.
—Parece que está muy tranquilo, ¿no? —No había nadie, lo cual le inquietaba un poco, pero además de eso todo parecía estar en orden. Sin embargo Lance no dijo nada, y seguía manteniendo la mirada fija en el lago.
—Feraaa.
—Eev eevee.
—¿Qué pasa chicos? —Sus pokémon empezaron a gruñirle al aire, como si hubiera algo que les molestara. Dragonite también parecía molesto por algo pero se esforzaba por mantener la vista en el lago.
—No queda nada —susurró el pelirrojo—. Prepá-
GYAAAAAAARADOS
A Lance no le dio tiempo a acabar su frase. La suave lluvia pronto se convirtió en una torrencial y Lira vio, con terror y asombro, cómo un gran gyarados rojo surgía del lago con ferocidad. El grito se pudo escuchar por todo el lago y fue acompañado de una gran ráfaga de viento, Lira habría salido despedida si no fuera porque Lance reaccionó a tiempo y le agarró del brazo.
—¿¡Pero qué es eso!? —gritó sobre la tormenta. El pelirrojo se la acercó a su pecho y Lira cerró los ojos cuando el pokémon volvió a rugir.
GYAAAAAAARADOS
—¡La prueba que tienes que superar! —Gyarados volvió a sumergirse en el lago pero pasados unos segundos sacó la cabeza y empezó a dar vueltas por él. Lira se separó del pelirrojo y sintió que el cuerpo se le paralizaba ante tal pokémon—. No tenemos opción, tienes que debilitarle. Está muy enfadado, no creo que se calme con combatir un poco.
—¿Debilitarle? —Lira miró al gyarados durante unos segundos. Además de enfadado también parecía herido, como si algo le estuviera provocando dolor. Frunció el ceño al sentir que una ola de determinación recorría su cuerpo, ese pokémon necesitaba asistencia médica—. No voy a debilitarle. Voy a capturarle y llevarle a un Centro Pokémon, ¡necesita ayuda!
—Espera, ¿crees que serás capaz? Es muy difícil atrapar a pokémon enfadados, su ira hace que se escapen de las Poké Balls con más facilidad.
—Si no lo intento no lo sabré —Gyarados rugió de nuevo y se volvió a esconder en el lago. Tenía que pensar rápido, Feraligatr podría asistirle y acercarle a él a la hora de lanzar la Poké Ball, pero sus movimientos no eran muy eficaces contra él. Ampharos era una muy buena opción pero sus movimientos eléctricos afectarían también a los otros pokémon del lago y no quería crear una masacre. Togetic podría distraerle, y tanto Vulpix como Eevee no eran una opción. El primero por su clara desventaja y, el último, porque Lira temía que todavía no fuera lo suficientemente fuerte como para hacerle frente.
—Entonces está decidido. ¡Feraligatr! ¡Togetic! —Cogió a Eevee de sus hombros y se lo dio a Lance—. Cuídalo por mí.
—¿Eev? —Eevee le miró con una mezcla de tristeza y preocupación. No quería que Lira se enfrentara a semejante pokémon y menos que le dejara en segundo plano, así no podría ayudarle. La joven fue hacia la orilla del lago y se cubrió la cara cuando volvió a rugir.
—GYAAAAAAARADOS —No había duda, algo le estaba haciendo daño. No iba a quedase de brazos cruzados, así que mientras se subía a Feraligatr sacó a Togetic de su Poké Ball.
—¡Vuela a su alrededor y distráele!
El pokémon hizo lo que se le pidió y se situó frente a sus ojos. Gyarados rugió de ira y alzó su cola para intentar darle pero Togetic lo esquivó. Sin embargo, ese coletazo hizo que se creara una gran ola que casi derriba a Lira, por suerte Feraligatr tenía un gran control sobre el agua y logró mantenerse a flote.
—Vale, tenemos que acercarnos en cuanto Togetic acabe con él. ¡Paranormal! —No estaba segura de si le oiría por la tormenta pero al parecer no tenía de qué preocuparse. Togetic voló más alto y lanzó una serie de ondas que lo único que hicieron fue enfurecer todavía más a Gyarados. Este respondió con un intento fallido de morderle. Togetic se adentró todavía más en el lago y Gyarados le siguió, sin dejar de rugir. A su compañero se le estaban complicando un poco las cosas así que Lira decidió asistirle.
—Vamos, tenemos que ayudarle —Feraligatr siguió avanzando con cuidado. Togetic se situó en el centro del lago y empezó a dar vueltas, esquivando como podía los mordiscos y coletazos que su adversario intentaba propiciarle—. Distraigámosle ahora nosotros. ¡Surf! —El reptil lanzó una gran ola contra el gyarados. Este se sacudió tras recibirla y miró fijamente a Lira. En ese momento, en ese preciso instante, cuando cruzaron miradas y el miedo le volvió a paralizar durante un segundo, supo que lo había arruinado. Tendría que haber seguido su plan original de mantenerse al margen hasta que Togetic le debilitara lo suficiente, porque ahora la gran serpiente marina le miraba con un odio y fijación tales que ni las distracciones de Togetic hacían que apartara su mirada de ella. Fue como un rayo a por la joven y ella no pudo hacer nada por evitarlo, vio que iba a darle un gran coletazo y como acto reflejo saltó al lago, separándose de su Feraligatr. No le dio pero igualmente, bajo el agua, escuchó y sintió la fuerza de ese ataque, que le empujó varios metros al fondo. Subió como bien pudo y al sacar la cabeza intentó orientarse pero no veía nada por la lluvia.
—¿Feraligatr? —Otra ola hizo que volviera a hundirse. Notaba que su pokémon estaba cerca de ella pero por alguna razón no podía acercarse. Eso le trajo recuerdos de las Islas Remolino, cuando estuvo a punto de sufrir un destino similar. Fue presa del pánico, volvió a salir a la superficie pero, de nuevo, otra ola volvió a ahogarle, y esa vez acabó hundiéndose todavía más. Se desorientó y por mucho que nadara sentía que no volvía a subir, ¿estaría nadando hacia el fondo del lago?
No puedo acabar como la otra vez. Tengo… que… Sabía que Lance le rescataría en el último momento pero no quería. Esa era su prueba e iba a salvar a ese gyarados, costara lo que costara. Si me oriento, podré…
La visión se le fue nublando. Los sonidos que escuchaba se fueron apagando y sintió que cada vez nadaba con más lentitud. Se iba hundiendo y decidió, con resignación, que lo único que podía hacer era esperar a que Lance le ayudase.
…
…
…
Por fin, sintió que ascendía.
Primero lentamente y luego con más rapidez. Sin embargo, no notaba que alguien o algo tirara de ella, más bien era como si una fuerza invisible le llevara hacia arriba.
Salió del lago y abrió los ojos. Estaba a varios metros de altura y, abajo, podía ver a su Feraligatr y Togetic intentando contener a un Gyarados que parecía dispuesto a destruir el lago. No pudo ver mucho más ya que esa fuerza que le había alzado le llevó finalmente a la orilla del lago, donde nada más tocar tierra se desplomó y empezó a toser agua.
—Pero qué-
—¡Lira!
Giró la cabeza y vio que Lance se apresuraba a toda prisa adonde estaba ella, Dragonite también. Sus ojos se abrieron cuando cayó en la cuenta, habían estado exactamente donde les dejó antes de entrar en el lago.
Entonces, ¿quién me ha sacado de ahí?
—Essssspeon.
Alzó la mirada y abrió la boca. Frente a ella se encontraba un pokémon de aspecto felino, piel morada, cola bífida y grandes ojos de pupilas blancas. Además, tenía en la frente una gema roja que relucía en la oscuridad de la tormenta. Tenía la mirada fija en el lago, como si estuviera vigilando los movimientos del enemigo.
—¿Espeon? —repitió ella, atónita.
Espeon.
Descripción: la evolución de eevee. Basándose en las corrientes de aire predice cosas como el clima o el próximo ataque del enemigo.
—¿En serio? ¿Ahora te parece el mejor momento para darme datos? —le espetó a su Pokédex mientras se ponía de pie.
—Lira, ¿estás bien?
—Sí, eso creo —contestó sin apartar la mirada de Espeon. Ahora el pokémon le estaba mirando a ella pacientemente, sentado en sus cuartos traseros, con una seriedad y calma extrañas en su preevolución—. ¿Cómo ha-? ¿Qué ha-?
—Cuando el gyarados te tiró al agua Eevee intentó saltar de mis brazos para ayudarte pero le retuve. Lo siguió intentando con insistencia pero no podía escabullirse, hasta que de repente empezó a brillar. Le solté y fue hacia la orilla, desde ahí intentó sacarte con sus poderes psíquicos y al parecer lo ha logrado con éxito.
—Así que ha sido eso —Sacó la Pokédex y vio que, ahora, era tipo psíquico. También le salió un mensaje diciendo que podía aprender confusión, así que decidió hacer que olvidara refuerzo por ese nuevo movimiento.
—Has tenido suerte, seguro que con los nuevos poderes de Espeon no te costará mucho superar el reto.
—Sí, tengo que aprovechar esta oportunidad —Y tenía que darse prisa porque Togetic y Feraligatr no aguantarían mucho más—. Espeon, ¡bájale los humos!
—¡Esss! —La gema de la frente se le iluminó y Lira vio cómo el gyarados se quedó quieto, al mismo tiempo que era envuelto por una misteriosa y tenue luz verde. El tipo agua empezó a revolverse y al final logró moverse de nuevo, aunque se le veía un poco cansado—. Vuelve a hacerlo y ¡confusión!
Espeon logró detener a Gyarados y sus ojos brillaron, haciendo que la serpiente se estremeciera. Togetic aprovechó para alzar el vuelo y combinar el ataque de su camarada con un paranormal, al mismo tiempo, Feraligatr trepó hasta su cuello y clavó sus helados colmillos en él.
—¡GYAAAA! —Por primera vez desde que empezó el combate, Gyarados se vio superado. Intentaba librarse de la restricción de Espeon pero al ser atacado por los tres pokémon a la vez no tenía la energía suficiente para hacerlo.
—¡Feraligatr! ¡Ven! —Esa era su oportunidad. No tardó ni un segundo, al escuchar su nombre se tiró al agua y fue fielmente a por su entrenadora. Cuando llegó a la orilla Lira vio que estaba jadeando y que tenía varias heridas por todo el cuerpo. Le suministró una hiperpoción y se subió a sus lomos junto a Espeon, que iba haciendo una fuerza mayor sobre Gyarados conforme se iban acercando.
—¡GYAAAAAAARADOS!
—Ya te queda poco para dejar de sufrir, tranquilo. Espeon, ¡confusión! —El felino concentró todo su poder en unas potentes ondas que impactaron en la cabeza del gyarados. Este se desplomó, creando varias olas que Feraligatr sorteó con éxito. Lira sacó una Poké Ball y se la lanzó, cruzando los dedos para que se dejara atrapar. Esta se movió una vez.
Dos.
Tres.
…
Clic
—Menos mal —susurró para sí misma. Feraligatr le llevó hasta la Poké Ball, la recogió y volvieron a la orilla. Una vez ahí se tumbó en el suelo junto a sus pokémon.
—Toge —El tipo volador aterrizó a escasos centímetros de ellos y se recostó sobre Feraligatr.
—Fera —Los dos lo habían dado todo y no podían mover ni un solo músculo. Lira les devolvió a sus Poké Balls y se mantuvo tumbada hasta que se acercó Lance.
—Enhorabuena. Lo has conseguido.
—No sé cómo —Apenas tenía fuerzas para hablar—. Creo que ha sido el combate más intenso de mi viaje.
—No me extraña. Pero mira —Lira se forzó a abrir los ojos y a sentarse. Ya no llovía con tanta intensidad e incluso se podía ver que los rayos del Sol surgían de entre las nubes. No la había visto por la lluvia pero, cerca de ahí, había una cabaña, de la cual salieron con cuidado varios pescadores para comprobar de primera mano que el gyarados había sido calmado al fin—. El lago parece una balsa, no recuerdo cuándo fue la última vez que esto sucedía.
—Ya lo veo. ¿Quién diría que hace unos minutos esto era un mar embravecido? —Lira hizo un amago de levantarse y Lance se apresuró a ayudarle—. ¿Entonces he pasado la prueba?
—Casi, te queda la otra mitad. Como dijo Fredo, tienes que averiguar qué hizo que el gyarados entrara en cólera.
—¿En serio? Si apenas me puedo mantener en pie.
—Tranquila. Te acercaré al Centro Pokémon, dejaré que descanses y nos pondremos a ello. Dijo que no te podía ayudar con el gyarados pero no dijo nada de que no pudiera investigar junto a ti.
—Gracias —Ya había tenido bastante con enfrentarse sola a la gran serpiente así que agradecía su ayuda enormemente.
—No las des. Ven, Dragonite.
—¡Drago! —El pokémon se agachó para facilitar que los dos entrenadores se subieran a él. Lira se sentó primero y después Lance. El pelirrojo le pidió que les llevara a Pueblo Caoba y Lira hizo sus mejores esfuerzos por mantenerse despierta, pero estaba tan cansada que acabó durmiéndose antes de llegar a su destino.
Infiltrarse en el escondite del Team Rocket había sido fácil, solo había tenido que pedirle a Haunter que se colara y usara hipnosis en los guardas. Cuando el movimiento hizo efecto el tipo fantasma salió de la tienda y se lo hizo saber. Una vez dentro no fue difícil averiguar qué es lo que tenía que hacer, aquella estantería dorada sobresalía como un pokémon shiny entre cien normales, era más que obvio dónde se escondían.
—Son muy patéticos —se dijo a sí mismo cuando bajó a la guarida y su sneasel rió—. ¿Qué haces? Nos pueden descubrir. A callar.
—Sneas —susurró su pokémon al mismo tiempo que agachaba la cabeza a modo de disculpa. Por eso odiaba llevarlos fuera de sus Poké Balls, pero teniendo en cuenta su agilidad pensó que, tal vez, podría servirle de ayuda en esa situación. Ahora veía que se equivocaba.
—No deberías tratar así a tus pokémon, hijo mío.
Se detuvo al momento al oír aquella voz. Todo su ser se congeló y sintió que su mente se quedó en blanco. Habían pasado muchos años pero… Esa voz…
No puede ser.
Alarmado, se dio la vuelta temiendo lo peor, y allí le vio. Un hombre que llevaba una gabardina negra y un sombrero que, al estar mirando hacia abajo, cubría sus facciones. Silver se preparó para lo peor pero toda la adrenalina se fue de su cuerpo cuando el hombre alzó la mirada y pudo ver de quién se trataba en realidad.
—Petrel —dijo irritado, pero no por ello menos aliviado—. Deja de jugar a los disfraces, ya tienes una edad. ¿Y desde cuándo te preocupan los pokémon? Tú y la organización a la que perteneces no sois los más indicados para dar ejemplo.
—¿Dejarlo con lo bien que se me da? No digas tonterías, ¿a que he imitado a tu padre a la perfección? Y sobre lo de los pokémon, qué puedo decir, imagino que con los años me he vuelto más sensible.
—Tienes de sensible lo que yo tengo de rubio —le dijo indignado. Petrel era de los que menos odiaba del Team Rocket, después de todo él nunca hizo nada para complicarle la vida, pero eso no implicaba que le cayera bien.
—Y lo que tienes de amable… En fin, ¿ qué estás haciendo por aquí? ¿Echas de menos tu hogar?
—Pf, como si a ti te lo fuera a decir.
—Me imaginaba esa respuesta, veo que no has cambiado. Haz lo que quieras pero si quieres mantener tu amada libertad serás un chico listo y te irás antes de que te descubran.
—¿No me vas a detener?
—Solo un necio trataría de detener al hijo de Giovanni. Te volverás a escapar, una y otra vez. Tengo cosas que hacer así que no pienso perder mi valioso tiempo contigo —Se dio la vuelta para irse adonde fuera que quisiera ir pero antes de eso dijo una cosa más—. Por cierto, Atenea está aquí. Deberías ir a verla, está muy preocupada por ti.
—Seguro que lo está —dijo con sarcasmo. Petrel se limitó a encogerse de hombros.
—Soy un hombre que solo dice la verdad, muchacho, es cosa tuya si me crees o no —Y con eso dicho se fue. Silver negó con la cabeza, era un hombre que hablaba mucho, eso era lo que era. Siguió caminando con cuidado por los pasillos pero tuvo la mala fortuna de chocarse con alguien al doblar una esquina. Maldijo en voz baja, para no querer que nadie le viera ya se había encontrado con dos personas.
—Pero se puede saber qué ibas miran- ¡Tú! —No le hizo falta alzar la vista para saber de quién se trataba. Por desgracia, tras años de convivencia le identificó al instante.
—Mary —escupió la palabra con disgusto. Le miró repugnado y ella hizo lo mismo—. Menuda para nada agradable sorpresa.
—¿Te crees que yo estoy pletórica? ¿No te habías ido? ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
—A ti te lo voy a decir —Déjà vu.
—Bueno, tampoco es que sea algo difícil de deducir. Estás buscando a Carol, ¿a que sí?
—¿Puedes dejarme pasar?
—Eres tan predecible… Pues que sepas que no está aquí, Einstein. La pifió en Pozo Slowpoke y la tienen haciendo misiones secundarias. Has venido para nada.
—Ya. ¿Podrías recordarme por qué debería creerte?
—Tan simpático como siempre. Adelante, pierde el tiempo, yo ya te he avisado —Silver intentó esquivarle y pasar de largo pero ella le agarró del brazo cuando pasó por su lado. El pelirrojo se giró y le dedicó una mirada asesina.
—¿Qué haces?
—Mira, no puede importarme menos lo que te suceda, pero a Carol le dará un ataque como te pase algo malo. Así que por su bien ten cuidado, ¿vale? No quiero que luego me venga llorando solo porque tus delirios de grandeza te lleven a salir malparado por enfrentarte a algo mucho mayor que tú. Mantente al margen, no sabes de lo que son capaces de hacer si te entrometes en sus planes.
—Creo que justamente yo, más que nadie, sabe de lo que son capaces —Tiró con fuerza de su brazo y se fue, dejándole en medio del pasillo. Mary nunca le había caído bien, le odiaba a más no poder, y sabía que el sentimiento era mutuo. Era una chica estridente que solo causaba problemas pero, por alguna razón, Carol se hizo amiga de ella. Era el único motivo por el que le respetaba, al igual que ella; el amor que sentían hacia su amiga en común era lo que evitaba que se mataran entre ellos. No de manera literal, claro.
—Aunque ganas no sobran —susurró. Aun así sabía que Mary le estaba diciendo la verdad, era capaz de distinguir cuando la recluta mentía y cuando no después de verla en acción varias veces. A pesar de ello sonrió, su amiga no era la única razón por la que había ido hasta ahí.
Ya que estaba, podría divertirse un poco molestando al personal.
(Grytherin18-Friki: sí, al ser no solo una líder de gimnasio, sino una chica tranquila y compasiva que sabe escuchar, Yasmina me pareció la indicada para que Lira le contara todas sus preocupaciones. Sí, en teoría todos los psíquicos pueden percibir esas alteraciones en el ambiente, claro que cuanto mejor psíquico seas mejor las podrás percibir. Al estar algo alejada no le afectarían tanto como a Mento pero Sabrina sería capaz de detectarlas. Y sobre lo de Atlas, ya sabes cómo pueden llegar a ser los villanos cuando piensan que van ganando, creen que ya son imparables y no les basta con obtener la victoria, sino que además quieren aplastar a sus enemigos.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
