—Essss.
Espeon ronroneaba cada vez que su entrenadora le acariciaba. Ambos estaban en una de las habitaciones del Centro Pokémon, sentados en la cama para ser exactos, descansando después de la mañana intensa que habían vivido.
—Creo que ha sido la siesta más larga de mi vida —se dijo a sí misma cuando vio que el cielo empezó a teñirse de tonos anaranjados. Dirigió su mirada al abrigo que estaba secándose sobre la chimenea y se levantó para comprobar si ya estaba seco. Espeon también se levantó y le siguió.
—Mira, creo que ya podemos retomar nuestra misión —le dijo alegremente cuando comprobó que ya no estaba húmedo. El felino asintió y esperó a que su entrenadora se cambiara el pijama que tan amablemente le había prestado la enfermera por su atuendo habitual. Cuando estuvo lista salió y bajó a la recepción, donde Lance le estaba esperando.
—¿Qué tal? ¿Has descansado bien?
—Sí, me siento mucho mejor. Creo que ya he recargado las pilas.
—¿Seguro? Cuando te traje estabas dormida y nos costó lo nuestro despertarte para que te pusieras el pijama.
—Que sí, tú tranquilo. ¿Cómo está mi equipo? —Lance asintió hacia el mostrador y Lira se dio la vuelta para ver que la enfermera le había sacado las Poké Balls de Feraligatr y Togetic.
—Estaban agotados y tenían un par de heridas pero ya se encuentran mucho mejor, aunque me temo que Gyarados es otra historia. Necesitará un par de días para recuperarse.
—Entiendo —Lira se acercó al mostrador a por las Poké Balls y le dio las gracias a la enfermera. Cuando se aseguró de que estaban bien sujetas en su cinturón volvió con el pelirrojo—. Bueno, ¿vamos? Todavía me queda la segunda parte del reto.
—Claro —Salieron del centro pero Lira solo dio un par de pasos. Su segunda parte de la prueba era averiguar por qué Gyarados se había vuelto completamente loco, ¿por dónde podría empezar? No tenía ninguna pista, ni siquiera sabía si las causas eran naturales o artificiales. Lance se percató de que se quedó atrás y volvió a su lado.
—No sé por dónde empezar —admitió la joven.
—Hmm, ya veo. ¿Hay algún sitio de por aquí que te llame la atención? —Lira adoptó una pose pensativa. No había nada que sobresaliera sobre lo demás, aunque si tenía que pensar en un sitio sospechoso algo le venía a la mente.
—La tienda de recuerdos. Tienda de recuerdos: Nada de lo que sospechar. Entren sin desconfiar —dijo repitiendo lo que había en el cartel que había en la entrada—. ¿En serio? Eso huele a skitty encerrado.
—Entonces está decidido. Rumbo a la tienda.
Como el pueblo era pequeño apenas tardaron unos minutos en llegar. Ahí seguían los dos hombres de la vez anterior, con la única diferencia de que ahora se les veía más nerviosos.
—Ah, s-señor. Ha vuelto, por lo que veo —tartamudeó el recepcionista al verle.
—Así es. Me temo que voy a tener que pedirles que abandonen la tienda. Estamos llevando una labor de investigación muy importante.
—Oh. Pero, así, ¿sin más? ¿No podría darnos un motivo al menos?
—Ya les he dado uno, tenemos que investigar el local. Es de vital importancia, necesito que salgan de aquí ahora.
—Ya veo. Bueno, al menos deje que… —El recepcionista hizo el amago de llevar una mano bajo la mesa pero Lance reaccionó a tiempo y le agarró del brazo. Lo puso con fuerza sobre la mesa y eso hizo que el hombre diera un grito, tanto de sorpresa como de dolor.
—Las manos quietas.
—¡Eh! —El guarda, que hasta entonces se había mantenido al margen, reaccionó al ver que su compañero estaba en apuros— Eso digo yo, las manos quietas —Se llevó una mano al bolsillo y Lira vio con horror cómo el objeto que este quería sacar relucía a la luz de la tienda.
No puede ser. ¿Es un táser lo que-
—¡Hiperrayo!
No le dio tiempo a terminar de pensar. Dragonite se puso delante de ella y lanzó un hiperrayo contra el hombre, enviándole a la otra punta con una potencia descomunal, destrozando las estanterías que había ahí y formándose así una gran grieta en la pared. El hombre cayó al suelo, totalmente inconsciente, o eso es lo que Lira quería pensar.
—Ahora —susurró el domadragón en un tono amenazador, mientras fijaba la mirada en el recepcionista. Lira estaba alucinando, ¿en qué momento había pasado a formar parte de una película de mafiosos? Además, era la primera vez que veía a Lance actuar de esa manera, y estaba empezando a darle miedo—. Quiero que me digas qué os traéis entre manos y cómo se accede a vuestro escondite. No me hagas enfadar o ya has visto de lo que soy capaz.
—No-no sé de qué me estás hablando ¡ay! —Ante aquella negativa Lance hizo más fuerza sobre el brazo. Su expresión era de una seriedad y calma absolutas, la única parte de su cuerpo que desprendía ira eran sus ojos.
—Podría estar así todo el día —Y su voz, aunque no la alzaba. De hecho la mantenía en un áspero susurro—. No quiero perder más tiempo y seguro que tú tampoco. No lo pienso repetir, ¿cuál es vuestro plan y cómo se accede a vuestra guarida?
—¡Ay! ¡No lo sé, lo juro! ¡Creo que para entrar tienes que manipular la estantería dorada del fondo! ¡No lo sé porque siempre que entran y salen nos piden que cerremos los ojos, solo nos han pedido que vigilemos el sitio y les avisemos si viene alguien! ¡No pertenecemos a su grupo, somos unos simples guardas! —Por un momento, Lance no hizo nada. El hombre se retorcía e intentaba emplear toda su fuerza en soltarse pero no le servía de nada. Lance le seguía agarrando con una sola mano y no se inmutaba bajo los esfuerzos del hombre, parecía que con eso le bastaba. Lira se quedó asombrada, la verdad es que parecía ser bastante fuerte.
—Está bien, te creo —dijo al final. Le sacó de detrás del mostrador y le llevó fuera de la tienda—. Vete y no molestes más —Cerró la puerta y puso una silla bajo el pomo, para que nadie pudiera entrar.
—Emm… —musitó Lira al ver al hombre inconsciente. Lance siguió su mirada y comprendió a qué se estaba refiriendo.
—Dragonite se modera si tiene que atacar a personas. Está bien, despertará en un par de horas —Lo dijo con una naturalidad sorprendente, como si atacar a personas fuera algo normal. ¿Seguro que le había contado todo sobre él? Parecía estar acostumbrado a lidiar con ese tipo de situaciones, a ver si iba a acabar siendo algún agente secreto o algo del estilo—. Bueno, el recepcionista ha dicho que la estantería dorada tiene algo que ver, justo como sospechaba. Ayúdame, Dragonite.
—Drago —Los dos se situaron a la izquierda de esta y empujaron. La estantería acabó deslizándose a la derecha, revelando un par de escaleras que llevaban a la supuesta base secreta—. Bingo. Iré yo primero.
El pelirrojo bajó y Lira se asomó, aguardando su señal. El corazón todavía le iba a mil, no acababa de procesar la escena que había ocurrido hace escasos segundos y se preguntó si, aun teniendo a Lance a su lado, todo iría bien. Espeon sintió la preocupación de su entrenadora y se restregó contra sus piernas. Lira sonrió y se agachó para acariciarle la cabeza, sintiendo un alivio momentáneo.
—No hay peligro. Adelante.
La voz del domadragón le trajo de vuelta a la realidad. Se levantó y bajó con cuidado las escaleras, apoyándose en la pared, ya que estaba muy oscuro y apenas podía ver con claridad. La luz provenía únicamente de la tienda y de la estancia inferior.
—Vaya —susurró cuando estuvo en el último escalón. Frente a ella tenía un pasillo algo estrecho, cuyas paredes tenían el color y el tacto del acero. El suelo, por su parte, estaba formado por azulejos de color marrón claro. A lo largo de este discurrían varias estatuas de un pokémon de aspecto felino, cuyos ojos desprendían un brillo rojo muy sospechoso, junto a una luz que se encontraba en la base de estas.
—Persian —murmuró Lance—. Menuda originalidad —Siguió caminando hasta situarse al lado de la primera. La observó con detenimiento y Dragonite hizo lo mismo, ambos con cuidado de no posicionarse frente a la misma —. Me pregunto cómo se apagará.
—¿Apagar? —preguntó extrañada la joven.
—¿Qué te apuestas a que es un sensor de movimiento? Esto podría suponernos un problema, no queremos que nos descubran nada más entrar —se dijo para sí mismo mientras se acariciaba la barbilla y alzaba la vista al techo. Dragonite también parecía pensativo y Lira no pudo evitar sonreír, tanto entrenador como pokémon se parecían demasiado. Supuso que se debería al tiempo que habían pasado juntos.
—Y ¿qué hacemos? ¿Nos quedamos aquí y no avanzamos por miedo a que nos descubran? —preguntó mientras se llevaba ambas manos a las caderas. Después del escándalo que había montado arriba no tendría pensado dar media vuelta, ¿verdad?
—No, claro que no —El pelirrojo bajó la mano con la que se había estado acariciando la barbilla y miró a la estatua—. Algo me dice que si la destruyo el sensor saltará igualmente y, al parecer, no se puede apagar así como así. Me temo que no tenemos elección, prepárate.
Lance pasó frente a la estatua y, justo en ese momento, saltó la alarma. Sonó durante unos segundos, los mismos en los que la luz del piso inferior se volvió roja. Casi al instante, dos personas aparecieron desde la otra punta del pasillo y fueron corriendo hacia ellos. Lira se preparó para hacerles frente pero no pudo evitar tensarse cuando vio la gran R roja que había estampada en sus uniformes negros.
Team Rocket.
—Eh, ¡vosotros! —gritó uno de los reclutas cuando estuvo a escasos metros del dúo— No sé cómo habéis conseguido entrar aquí pero me da igual, espero que estéis listos porque os vais a enteraaaaAAAAAAH —Palideció por completo en cuanto sus ojos se fijaron en Lance. Frenó en seco y su compañero le miró, extrañado por el repentino cambio de actitud.
—¿Qué haces? ¡Hay que ver cómo te pones por un par de intrusos! —El recluta volvió a mirar al par que se había infiltrado y en cuanto cayó en la cuenta de quién era el pelirrojo sus ojos se abrieron como platos.
—No puede ser. E-es el Ca-
—¡Sálvese quien pueda! —gritó su compañero mientras desaparecía por donde había venido. El otro recluta tardó un par de segundos en reaccionar pero en cuanto lo hizo huyó raudo cual rayo.
—¡Ma-maldición! ¡Hay que informar a Atenea y a Petrel!
Lira les vio huir con alivio y sorpresa, aunque no entendía por qué habían reaccionado así al ver a Lance. ¿Sería por Dragonite? No era ningún secreto que los dragones eran temidos por algunos debido a su gran fuerza.
—Bueno, eso facilita enormemente las cosas. ¿Vamos? —Lance hizo como si nada y siguió caminando. Lira le siguió, mirando a ambos lados sin bajar la guardia, tal y como hacía Espeon.
Giraron a la izquierda en cuanto tuvieron la ocasión, para evitar el resto de estatuas. Siguieron de frente hasta que volvieron a girar de nuevo a la izquierda y, al final de aquel pasillo, vieron a un hombre con gafas y una bata blanca. Estaba hablando por teléfono con alguien, sentado de espaldas a un ordenador que parecía mostrar varias imágenes del escondite. Los dos se acercaron sin hacer un ruido y solo pararon cuando estuvieron a escasos centímetros de él.
—Disculpe —dijo Lance cuando al fin colgó. El científico dio un salto en su asiento al escuchar su voz pero esa reacción no fue casi nada comparada con la que tuvo en cuanto alzó la mirada y vio al pelirrojo.
—¡Animal! ¡Eres un completo animal! —gritó mientras se levantaba de la silla. Parecía que los ojos se le iban a salir de las cuencas de un momento a otro. Dio unos pasas hacia atrás, completamente aterrado— ¡He visto lo que le has hecho a nuestros guardas! ¡Animal, más que animal! —Lance se limitó a alzar una ceja.
—¿Animal? Si yo soy un animal entonces ¿qué sois vosotros? —El pelirrojo hablaba con calma y tranquilidad pero aun así el científico parecía estar al borde de un ataque al corazón. Era como si su mera presencia insuflara terror en él—. Por lo que veo ese ordenador controla el sistema de seguridad de vuestro escondite. Desactívalo.
La mirada del científico fue de Lance a Lira, de Lira a Lance y así durante unos segundos, hasta que una sonrisa maníaca se formó en su rostro cuando fijó sus ojos en la joven. Lira, lejos de sentirse intimidada por aquello, solo tenía ganas de partirle las gafas.
—Lo haré… ¡Si esta mocosa me derrota! —exclamó mientras señalaba a la entrenadora. Lira miró a Lance y él se encogió de hombros mientras daba un paso hacia atrás, como si le dijera que la decisión estaba en sus manos.
—Con gusto —respondió al segundo. La sonrisa del científico creció todavía más mientras se llevaba una mano a unos de los bolsillos de su bata.
—Te vas a enterar. ¡Magnemite! —El famoso pokémon imán surgió de la cápsula. Lira se llevó la mano a su cinturón bajo el abrigo, con algo de dificultad, y agarró una Poké Ball.
—Vulpix, ¡adelante! —La vulpina salió y aterrizó frente a su entrenadora, dedicándole una fiera mirada al científico— Lanzallamas.
—¡Bomba sónica! —Del hocico de Vulpix surgieron poderosas llamas que superaron las ondas de su adversario y le dieron de lleno. El cuerpo calcinado de Magnemite empezó a desprender chispas y el pokémon comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, parecía que había sufrido un cortocircuito— Tch, eso solo mejora las cosas para mí. ¡Onda trueno!
El pokémon lanzó más y más chispas. Lance agarró del brazo a Lira para separarle un poco, pues Magnemite giraba sobre sí mismo cada vez con más rapidez y había empezado a echar humo.
—No me quiero entrometer, pero creo que deberías retirarle.
—Tonterías, niña. Este pokémon puede aguantar lo que sea, está modificado para ello. ¡Onda trueno!
Lance y Lira se tiraron al suelo al mismo tiempo que Magnemite liberaba una corriente eléctrica de sus imanes. Esta fue tan potente que les habría alcanzado si no la hubieran esquivado. No se pudo decir lo mismo del científico, que recibió tal calambrazo que cayó al suelo de manera fulminante.
—Se lo advertí —dijo la joven entrenadora mientras se levantaba. Vulpix le miraba confundida, Magnemite seguía flotando en la estancia con los ojos dándole vueltas y no sabía qué hacer—. El entrenador ha quedado fuera de combate, ¡hemos ganado!
—Una forma poco ortodoxa de ganar, pero válida esta vez —Lance se acercó al cuerpo del científico y le comprobó el pulso en su cuello mientras Lira guardaba a Vulpix—. Se pondrá bien. Aprovechemos mientras esté inconsciente.
El pelirrojo se puso delante del ordenador y lo miró con detenimiento. Al final, reparó en que había un piloto que parpadeaba con una sugerente luz roja en su teclado. Lira también lo vio.
—Todas las series y libros que he leído me dicen que apretarlo no traerá nada bueno.
—Y aun así, parece que es lo correcto —Lance lo pulsó y este se tornó azul, al mismo tiempo que el monitor se apagaba por completo. Los dos se sonrieron con complicidad y chocaron los cinco—. Listo, una cosa menos de la que preocuparse. ¿Seguimos?
—Por supuesto.
Volvieron al pasillo de antes y esa vez fueron hacia la derecha. Lira se dio cuenta de que la luz de los persian había cambiado de color, ahora también era azul, y si pasaban por delante de estos ya no sonaba la alarma. También se fijó en que había varias cajas, algunas pequeñas de cartón y otras más grandes de acero inoxidable azul.
—¿Qué crees que esconderán ahí? —le preguntó a su compañero.
—Seguramente maquinaria, provisiones y demás —contestó mientras volvían a girar a la derecha—. Puede que algunos uniformes.
Giraron por última vez a la derecha y al llegar al final del pasillo se encontraron con unas escaleras mecánicas. Bajaron y llegaron a una sala parecida a la anterior, por la que se podía oír un sonido parecido a un zumbido. Era el de una máquina, sin duda. Caminaron por un pasillo estrecho y llegaron frente a una doble puerta, donde el sonido se oía con más intensidad. A su lado, había un cartel y un panel para introducir un código.
—Emisor de ondas dañinas. Hmm. Parece que hay que introducir una contraseña —murmuró el pelirrojo cuando se acercó a inspeccionarla. Después se separó y miró a ambos lados, llevándose una mano al pelo—. Este lugar es enorme, creo que será mejor que nos separemos. Propongo encontrarnos aquí dentro de dos horas, si no hemos encontrado nada por separado entonces volveremos a aunar fuerzas.
—De acuerdo —Antes de irse, Lance sacó su Pokégear y buscó algo en él.
—Creo que deberíamos intercambiar los números, por si encontramos algo o necesitamos la ayuda del otro.
—Sí, me parece bien.
Ambos entrenadores se dieron sus números y, después de eso, Lance se despidió con un ademán y una sonrisa para adentrarse todavía más en el pasillo. Al perderle de vista Lira sintió una ligera opresión en el pecho, y que los nervios volvían a apoderarse de ella. Se había vuelto a quedar sola, y no había reparado en la tranquilidad que le daba la presencia del pelirrojo. Con él hasta infiltrarse en una base infestada de enemigos parecía… divertido. Agarró su Pokégear con fuerza, si se encontraba en apuros solo tendría que llamarle y él acudiría, ¿no?
—¿Es?
Su Espeon le miraba confundido y Lira negó con la cabeza. Menuda imagen estaba dando, ¿y ella era la gran entrenadora que todo el mundo elogiaba?
—Lo siento, me he despistado un momento. Ya he vuelto a centrarme, ¡continuemos!
—¡Krow! ¡Ya he vuelto a centrarme, continuemos!
Lira dio un salto al oír aquello. No solo porque no había oído llegar a quien repitió su frase, ¡es que además había imitado hasta su voz! La joven se dio la vuelta rápidamente y vio a un pokémon pájaro, cuyas plumas oscuras formaban un sombrero sobre su cabeza.
—¡Krow! ¡Ya he vuelto a centrarme, continuemos! —volvió a decir mientras desaparecía por donde había venido. Lira miró a Espeon y él le miró con la misma incredulidad e incomprensión.
—Vale… —Eso había sido raro, pero por suerte solo se trataba de un pokémon travieso. Intentó ignorar lo ocurrido y centrarse en su misión—. Está bien, ahora sí. Continuemos.
Por fin le había encontrado.
Después de estar varias horas esquivando cámaras y demás, la mujer que estaba buscando apareció en su campo de visión. Parecía estar dándole un escarmiento a dos apenados reclutas, que mantenían la mirada fija en el suelo.
—Hasta ese estúpido científico incompetente ha abandonado su puesto después de que su propio pokémon le electrocutara. ¿¡Pero qué os pasa!? ¡Se supone que sois los mejores, por eso se os ha asignado esta misión de tamaña importancia!
—L-lo sentimos, Atenea —susurraron al unísono. Eso solo pareció enfurecerla todavía más.
—Más siento yo tener que estar rodeada de inútiles que no saben desempeñar su trabajo como es debido. ¡Largo! ¡Encended las cámaras y volved a vuestro puesto! ¡Ahora!
—¡S-sí señora!
Los reclutas huyeron por la dirección opuesta en la que se encontraba Silver. Tenía a la ejecutiva de espaldas y eso le alegró, así podría usar el factor sorpresa a su favor.
—Veo que sigues teniendo el mismo genio de siempre —Los hombros de ella se tensaron. De todos los lugares y momentos en los que pensaba reencontrarse con él, nunca imaginó que sería ahí y ahora. Silver sentía que una sonrisa se abría paso en sus labios—. Mamá.
La pelirroja se dio la vuelta casi al instante, con los ojos abiertos como platos. No daba crédito, sintió que el tiempo se detuvo en ese mismo instante en el que cruzaron miradas. Hablaba como él, físicamente era como él, ¿sería él? Después de tantos meses le tenía a escasos metros de distancia pero aun así, no concebía que aquel muchacho fuera el mismo que huyó hace tanto tiempo.
—¡Silver! ¡Qué-! ¿¡Cómo-?!
—Cuánto tiempo.
—¡No me llames mamá! ¡No soy tu madre! —Su sonrisa solo crecía conforme ella se iba enfureciendo.
—Y tampoco perteneces al Team Rocket
—¡Niñato insolente! —¿Realmente tenía que aparecer ahora? ¿Justo cuando el plan estaba a punto de llevarse a cabo? ¿Cuando estaban tan cerca del final?— ¿¡Se puede saber qué haces por aquí?!
—Petrel me ha dicho que me echabas de menos, así que pensé que no estaría de más pasarme a saludar.
—¡Petrel puede meterse sus palabras por donde le quepan! —Encima su compañero tenía que ser un completo bocazas. Desde luego, ese no era su mejor día— No quiero saber nada de ti, nos abandonaste sin decir ni una sola palabra. Después de todo lo que hice por ti.
—Sí, respecto a eso, siempre me he preguntado por qué me acogiste cuando mi padre dejó la organización.
—¡No lo hice por ti! —gritó exasperada. Toda su cara estaba como su pelo, si seguía así no tardaría en estallarle una vena— ¡Lo hice por Giovanni!
—Puedes negarlo lo que quieras, ya no solo fue eso. ¿Quién nos consolaba a Carol y a mí cuando teníamos pesadillas? ¿Quién vigilaba que a mi padre no se le fuera mucho la mano? —La ejecutiva no dijo nada durante unos segundos. No paraba de temblar, parecía a punto de explotar y la sonrisa de Silver era tan grande que ya mostraba sus dientes. Sin embargo, en el último segundo, ella consiguió relajar todos los músculos. Dejó que sus brazos cayeran, inertes, a ambos lados de su cuerpo, y su voz se convirtió en un débil susurro.
—Vete, por favor. No quiero saber nada de ti.
A Silver le extrañó esa reacción. Se le veía afligida, genuinamente afectada por todo aquello. Atenea le dedicó una última mirada, antes de dar la vuelta e irse por donde los reclutas habían escapado hace escasos minutos.
—A pesar de todo, me alegra ver que estás bien. No te entrometas demasiado, porque esta vez no puedo asegurar que salgas bien parado —dijo antes de doblar una esquina y desaparecer de su vista. Eso le dejó desconcertado, había ido con la intención de sacarle de sus casillas pero… No pensó que se lo fuera a tomar así. Frunció el ceño, todos eran una panda de débiles.
—Pf, como si me fuera a dar pena.
Metió las manos en los bolsillos y dio media vuelta, dispuesto a abandonar aquel lugar también. Pobre del próximo que se cruzara en su camino, tenía pensado desquitarse con él sin piedad alguna.
Lira estaba empezando a impacientarse. Llevaba media hora buscando por todo el escondite y todavía no había encontrado nada, solo a reclutas que o bien estaban deseosos de enfrentarse a ella o bien se hallaban blancos como la leche, temblando de pavor porque "no habían visto a un dragón tan fiero en sus vidas". Por lo visto, Lance se le había adelantado en algunos lugares.
—Toma, pequeño —Por suerte, con Espeon recién evolucionado no estaba teniendo muchos problemas para avanzar, así que confiaba en que obtendría alguna pista pronto. Los pokémon de tipo veneno de los reclutas no tenían nada que hacer frente a sus grandes poderes psíquicos pero no quería abusar de él, temía que se acabara cansando. Le dio una poción para que recuperara algo de vitalidad y siguieron su trayecto, manteniéndose siempre alerta por lo que pudiera pasar.
—¡Argh! ¡¿Dónde se ha metido ese estúpido pajarraco?!
Frenaron en seco al pasar por la puerta de una habitación. Retrocedieron unos pasos, se asomaron con cuidado y vieron a una recluta agachada al lado de una de las mesas. Parecía estar buscando algo bajo ella, con una ira tal en sus ojos que podría ser capaz de paralizar al mismísimo gyarados del lago. También había un pokémon de masa viscosa morada, que parecía buscar algo en el otro lado de la estancia.
—¿Le ves, Grimer?
—Grim —negó el pokémon con la cabeza. La recluta se puso de rodillas y le dio un puñetazo a la mesa, parecía que le iba a salir humo por las orejas de un momento a otro.
—De verdad, ¡este día no puede ir a peor! ¡Primero el niñato de papá y ahora me mandan a por esa patética excusa de pokémon! —Se levantó de golpe y se arregló la peluca, para esconder unos mechones de pelo rubio— Como le pille me haré un sombrero con sus plumas —susurró en un tono amenazador que hizo que a Lira se le erizara el vello de la piel. Decidió que lo mejor sería pasar de largo cuanto antes, no quería tentar a la suerte.
—¡Krow!
Pero, por suerte para la recluta, el pájaro que tanto estaba buscando pareció escuchar el revuelo que hizo y apareció. Por desgracia para Lira, este decidió que la mejor manera de hacerse presente era posándose en su hombro.
—¿Eh? ¡Quita! —La joven entrenadora movió el brazo para intentar deshacerse del pokémon pero ya era tarde, la recluta escuchó a ambos y clavó su mirada en ellos.
—¡Krow! ¡Como le pille me haré un sombrero con sus plumas! —dijo con la voz de la chica. Parecía totalmente ajeno al peligro en el que se encontraba. Eso, o le gustaba provocarle y confiaba en sus capacidades para huir de ella.
—¡TÚ! ¡Ven aquí ahora mismo!
La chica se dirigió como un rayo hacia ellos y Lira no pudo hacer nada por apartarse. Colisionaron y cayeron al suelo, excepto el pájaro, que saltó de su hombro en el último segundo y aterrizó con gracia en el piso. Cosa que a la recluta no le hizo ni pizca de gracia.
—¡Vuelve aquí! ¡Te voy a desplumar vivo pedazo de pajarraco!
—¡Krow! ¡Vuelve aquí! ¡Te voy a desplumar vivo pedazo de pajarraco!
Con la misma rapidez con la que vino se fue, dejando a las dos chicas ahí tiradas. La rocket fue la primera en levantarse, y como era obvio, no ayudó a Lira, pues estaba muy ocupada quitándose el polvo de la ropa. Lira se levantó, masajeándose la cabeza con una evidente expresión de dolor.
—Y ahora qué, ¿tú quién eres? —Parecía que no se había dado cuenta de su presencia hasta ese entonces. Lira dudó un poco antes de hablar, ningún rocket había mostrado intención de iniciar una conversación con ella.
—Eh, yo-
—Un momento —La chica le miró de arriba abajo y sonrió al reconocerle—.Ya sé quién eres y ¡qué has venido a hacer!
—Felicidades —Espeon se puso delante de ella, preparado para defender a su entrenadora pero, por alguna razón, la recluta no parecía interesada en querer combatir contra ella.
—Espera, entra.
Volvió a meterse en la habitación y le hizo señas para que entrara. Lira se lo pensó dos veces, pero acabó accediendo. Era una estancia tradicional, con un tatami verde claro al que a Lira le dolió pisar con los zapatos, y varios cuadros con motivos japoneses colgados de las paredes. La recluta miró a ambos lados y, cuando se aseguró de que no había nadie, cerró la puerta.
—A ver, quiero devolvérsela pero tampoco quiero crearle un problema muy gordo, para que el castigo sea mínimo… —Estaba sumida en sus pensamientos y hablaba para sí misma. Aun así Lira no bajaba la guardia y Espeon, por su parte, vigilaba atentamente a Grimer— Creo que a estas alturas Petrel ya tendrá los datos y, si no, le faltará poco. Entonces sí, podrá huir con ellos —Sonrió y juntó las manos, ahora no parecía ni de lejos la chica enfurecida de antes—. ¡Muy bien! Me has pillado de buen humor. Estoy dispuesta a contarte todo lo que sé y a ayudarte en tu misión.
¿Buen humor? Hace nada habría matado a ese pobre pokémon si le hubiera atrapado.
—¿Por qué estás interesada en ayudarme? —A Lira todo le parecía muy extraño. Los cambios de humor de esa chica le preocupaban, y algo le impedía fiarse de ella. ¿Y si le había encerrado a modo de emboscada? ¿Y si de repente entraban cien rockets por la puerta y no volvía a salir de ahí? Se llevó una mano al Pokégear, tal vez necesitaría ayuda… La chica pareció ofenderse ante sus dudas.
—Vamos, ¡tranquilízate! Ni que fuera una ejecutiva, esos sí que te dan para el pelo. Esta es mi pequeña venganza, me han separado de mi mejor amiga y no dejan de hacerme la vida imposible así que ahora les quiero devolver el "favor". ¿Ya estás convencida?
—Supongo —En verdad no, ni lo más mínimo, pero accedió a escucharle. Con suerte acabaría dándole alguna pista verídica y todo.
—¡Genial! A ver, ¿por dónde empiezo? Imagino que habrás pasado por la sala que dice Emisor de ondas dañinas —Lira asintió—. Bien, con esas ondas se están haciendo experimentos con los pokémon del lago.
—Ya veo —Así que ellos eran los culpables del sufrimiento de Gyarados. Se cruzó de brazos y frunció el ceño pero le dejó seguir hablando.
—Bien, resulta que para abrir esa puerta hace falta una contraseña, contraseña que solo conoce el ejecutivo Petrel. Está encerrado en el despacho de nuestro amado líder y para entrar son necesarias dos contraseñas —dijo mientras alzaba dos dedos, con una gran sonrisa—. Y da la casualidad de que yo sé cuál es una de ellas. Apunta bien: COLASLOWPOKE. Con una ese.
Lira le seguía mirando con incredulidad, pero acabó por sacar su Pokégear y enviarle la contraseña a Lance. Todavía tenía sus dudas, pero parecía que decía la verdad.
—Muy bien, hecho —Lo guardó y miró de nuevo a la recluta—. Todavía sigo sin entenderlo.
—No hace falta que lo entiendas, solo quiero que les hagas enfadar. Qué, ¿por qué me miras así? Deja de perder el tiempo que todavía nos descubrirán y todo. Venga, ¡largo!
Abrió la puerta corrediza con gran rapidez y empujó a Lira al pasillo, cerrándola con fuerza a sus espaldas. Después volvió a abrirla y sacó a su Espeon, para finalmente cerrarla de una vez por todas.
—No entiendo nada, en serio.
—Eon.
—Bueno, ya sabes lo que dicen. A rapidash regalado… —La entrenadora sacó de nuevo su Pokégear y lo revisó, para ver si Lance le había respondido, pero todavía no había leído su mensaje. Bueno, no le quedaba otra que continuar—. Me pregunto cómo le estará yendo.
—¡Es COLARATICATE! ¡Por favor, no me hagas nada!
El recluta cayó al suelo y se llevó las rodillas al pecho, escondiendo su cabeza entre ellas. Dragonite miró preocupado a Lance, solo le había mirado mal, no entendía por qué había reaccionado así.
—No importa, nos ha dado información muy valiosa sin necesidad de ponernos serios —Sacó su Pokégear para llamar a Lira e informarle de lo sucedido, pero no le hizo falta al ver que ella le había enviado un mensaje con la otra contraseña. Le respondió con la información que había recopilado y quedó en que se encontrarían en la puerta del despacho de Petrel.
—Si es que la encuentro. Esto es un completo laberinto.
Había conseguido hacerse un mapa mental del lugar, más o menos, pero al estar tan centrado en recopilar información no se había fijado en si había pasado por alguna puerta sospechosa. Se dijo que de ser así le habría llamado la atención, así que decidió investigar lugares por los que no había pasado.
Estuvo a punto de bajar por unas escaleras mecánicas, pero antes de hacerlo vio al fondo del pasillo un joven que no llevaba uniforme. Era pelirrojo, de cabello largo, y llevaba una chaqueta azul oscura con líneas rojas y pantalones de un azul más claro. Iba cabizbajo y con la mirada clavada en el suelo. No iba a dejarle solo en ese lugar, así que se acercó con la intención de ayudarle.
—¿Estás bien? —En cuanto le oyó el chico alzó la cabeza— ¿Te han secuestrado? No te preocupes, te sacaré de aquí ahora mismo.
El joven le miró de arriba abajo, con una ceja alzada. Parecía estar escudriñándole a fondo y eso le indicó a Lance que, tal vez, no estaba tan necesitado de ayuda como él pensaba.
—¿Ha venido el circo al pueblo y no me he enterado? —Definitivamente, no estaba en apuros. Lance tuvo que evitar rodar los ojos, no tendría que haberse acercado— ¿De dónde sales tú?
—Vete de aquí antes de que pase algo grave —Lo mejor sería dejarle y centrarse en la misión, ignoraba qué estaba haciendo ahí, pero dedujo por su tranquilidad que podría apañárselas por sí mismo.
—Porque tú lo digas —Los ojos del chico cayeron en Dragonite, y ahí se quedaron durante un buen rato—. Eres un entrenador, ¿no?
—Así es.
—Te desafío —Lance no pudo controlar su reacción esa vez. Se sorprendió, lo último que esperaba es que le retara allí, cuando no era ni el lugar ni el momento. Además, no quería sonar arrogante, pero dudaba que pudiera hacerle frente.
—No creo que quieras.
—Sí, sí que quiero tipo de la capa extravagante —El chico se alejó un par de metros y sacó a su pokémon. Se trataba de un gran cuadrúpedo de piel verde, antenas amarillas y pétalos rosas a modo de collar. Un meganium—. Somos dos entrenadores y hemos cruzado miradas. ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? —Había algo raro en su mirada. No quería combatir para estrechar lazos con su equipo, quería combatir para ganar y humillarle. El aspecto que lucía el meganium, con ojos apagados y carentes de alegría, solo ayudaba a reforzar su teoría.
—No, pero si insistes tendré que ceder —Tal vez podría aprovechar ese combate para enseñarle un par de cosas. Dragonite se situó delante de él, completamente relajado—. Dejaré que empieces.
—Los buenos modales no te llevarán a ninguna parte. Meganium, ¡danza pétalo!
El pokémon invocó un gran tornado de pétalos, que lanzó con gran potencia a Dragonite. El chico sonrió, esperando que recibiera un gran daño de parte del movimiento más potente de su equipo, pero esa sonrisa no tardó en desaparecer al ver que Dragonite seguía igual cuando el tornado desapareció. Por no tener no tenía ni un simple rasguño, era como si no hubiera recibido ningún ataque. Lance se cruzó de brazos.
—Dragonite, con moderación.
—¡Drago!
El pokémon echó la cabeza hacia atrás, para posteriormente lanzar un potente rayo al pokémon de tipo planta. Este salió despedido, y su entrenador con él, debido a la magnitud de la onda expansiva. Acabó tumbado boca abajo en el suelo y cuando se recuperó del ataque alzó la mirada con terror.
—¡Pero qué demonios! ¡¿De dónde sales tú?! ¡¿Y eso es con moderación?!
—Te advertí, y no me hiciste caso —Meganium intentó levantarse pero sus patas cedían cada vez que lo intentaba—. Por mucho que se esfuerce, tu pokémon no puede continuar.
—No importa. ¡Tengo a muchos más! —El chico guardó a su inicial mientras se ponía de pie y sacaba a un sneasel. Lance frunció el ceño.
—No te molestes. El combate se acaba aquí.
—¿Qué? ¡¿Por qué?!
—Porque ya has visto lo que ha hecho Dragonite con tu meganium que, viendo el pokémon que acabas de sacar, deduzco es el miembro de tu equipo más fuerte —El chico dio un paso atrás. Parecía sorprendido por haber sido capaz de adivinarlo—. Vas a seguir sacándolos, aún sabiendo que van a caer con la misma rapidez que el primero. Vas a hacer que tus pokémon sufran innecesariamente solo porque no sabes cuándo rendirte, un equipo no debería sufrir nunca por la incompetencia de su entrenador. El combate se acaba aquí.
—¿Incompetencia? —Le hervía la sangre, se podía ver en la manera en la que apretaba los puños. Tal vez había sido un poco duro, pero era la única manera de hacerle reflexionar— ¿¡Qué sabes tú de mi equipo y de lo que puede aguantar o no!?
—Se pueden deducir muchas cosas de la actitud de su entrenador.
El domadragón se mantenía tranquilo a pesar de todo, y tal vez esa era una de las cosas que le sacaba de quicio al joven entrenador. Al final guardó a sneasel a regeñadientes.
—Tch. Seguro que quieres acabar el combate porque tienes miedo a que acabe derrotando a tu amado dragón. Rarito.
Pasó por su lado y le dio un empujón pero Lance se mantuvo firme, y el único que perdió el equilibrio fue el chico. Le dedicó una mirada fría como el hielo, y al final acabó desapareciendo por uno de los pasillos.
—Cuánto lo siento por su equipo —Dragonite se acercó a él con una mirada triste. Lance le sonrió y acarició su hocico—. Tranquilo, sabes que no todos son así. Bueno, tenemos que seguir, no queremos hacer esperar a Lira.
Con eso dicho bajó de una vez las escaleras mecánicas, deseando encontrar cuanto antes la dichosa puerta en aquel laberinto.
(Grytherin18-Friki: te juro que pone eso tal cual en el cartel de la tienda de recuerdos. Imagino que querrían hacerlo obvio por si no encontrábamos la manera de avanzar xD (aunque Lance te dice literalmente en los diálogos que hay que ir allí, a lo mejor fue un toque cómico). Dentro de poco, sabrás si Gyarados o no será otra incorporación a su equipo. Y no, tranquilo, hasta ahora no había dicho nada de que Atenea fuera la madre de Silver (aunque lo sigo dejando medio en el aire. Como el lector guste, puede no serlo, o serlo, y en el caso de que lo sea biológica o adoptiva) solo di una pequeñísima pista al principio del fic, pero no volví a sacar el tema xD.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
