Parecía que estaba dando vueltas, pero tras deambular sin saber muy bien por donde iba, por fin llegó a una nueva estancia. Esta parecía estar desierta, así que Lira se adentró con cuidado, por si acaso se trataba de una trampa. Por suerte, no tardó mucho en descubrir que lo único importante que había ahí era una puerta blindada que parecía abrirse si se introducían dos códigos. Se acercó a ella y la miró de arriba abajo.

—Aquí es donde habrá que introducir las contraseñas, supongo —susurró mientras dirigía su mirada brevemente al panel que había a la izquierda—. Yo solo tengo una, así que o vuelvo a investigar o espero a que la suerte me sonría y Lance me eche una mano.

Sacó su Pokégear para comprobar si tenía nuevos mensajes, y una sonrisa apareció en su rostro al ver que Lance le había enviado uno hacía cinco minutos. En él ponía la otra contraseña, y que se encontrarían en el despacho de Petrel.

—Hmm, dice que nos reuniremos aquí pero no sé cuánto va a tardar. No pasa nada porque me vaya adelantando, ¿verdad? —Le preguntó a su Espeon. Él negó con la cabeza— Muy bien, adelante pues. Veamos, COLARATICATE y COLASLOWPOKE —susurró mientras introducía las dos contraseñas. Sonó un clic y la puerta se abrió lentamente. Tomó aire y entró.

El despacho era como cualquier despacho normal. Había una gran mesa cuadrada de acero en el lado izquierdo, rodeada de cuatro sillas amarillas. Al final de la habitación había un par de máquinas, que parecían grandes ordenadores procesando datos que Lira no entendía. Pero, sin duda, lo que más le interesaba estaba en el lado derecho. Allí había un pequeño escritorio y frente a él, un hombre con un fedora y gabardina, ambos negros, que parecía estar mirando algo en un monitor.

—Vaya, vaya. Así que la ratita ha llegado al fin a la guarida del lobo —Se dio la vuelta y le dedicó una tétrica sonrisa. Lira tragó saliva pero le mantuvo la mirada, no quería mostrar debilidad frente al Team Rocket. Eso solo les envalentonaría más.

—¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Y por qué el gyarados estaba tan furioso?

—Eh, alto, espera un momento. ¿Es que no sabes a quién tienes delante? —Lira le miró con detenimiento, aunque la verdad es que ese hombre no le sonaba de nada. Se encogió de hombros, estaba en el despacho del ejecutivo Petrel, tendría que tratarse de él, ¿no?

—¿Al ejecutivo Petrel?

—Mecachis. ¿Tú también te has dado cuenta? Tengo que perfeccionar el disfraz —Sin previo aviso, el hombre se quitó tanto la gabardina como el fedora, así como una ¿peluca negra? A Lira no le dio tiempo a desviar la mirada, por suerte el hombre llevaba ropa bajo su disfraz. Su verdadero pelo era morado y llevaba un uniforme parecido al de los reclutas, este solo se diferenciaba en las botas y en los guantes, que eran blancos y tenían una raya roja en la parte superior—. Está claro que nunca podré imitar al gran Giovanni, ¡es único! Aun así fue divertido, lo mejor sin duda fue ver al niño temblando de miedo —La sonrisa tétrica volvió a su rostro y Espeon le gruñó—. Así que tú eres Lira. Protón nos ha hablado mucho de ti y de tu gusto por desmantelar nuestros planes. No te ofendas, pero no veo qué tiene de especial una chiquilla como tú. Si crees que vas a ser capaz de apagar el emisor de ondas dañinas, ¡estás muy equivocada!

—Y si crees que me voy a quedar de brazos cruzados mientras dañáis a los pokémon del lago, ¡el que está equivocado eres tú!

—Vaya. Nos ha salido gallita la niña, ¿eh? —El ejecutivo agarró una Poké Ball de su cinturón— Tranquila, que te bajo los humos en un momento, ya verás cómo se te quitan las ganas de gritarme. Zubat, ¡adelante!

—¡Espeon! —El tipo psíquico avanzó hasta posicionarse delante de su entrenadora. Estaba listo para darlo todo, pero Lira notó que se le veía algo cansado. Después de todo, no había parado de combatir en la última hora— ¿Podrás con él?

—¡Es!

—Oh, qué bonito. Tanta dedicación me conmueve, veamos cuánto tarda en sucumbir ante mi equipo. ¡Mordisco!

—¡Confusión!

Zubat esquivó las ondas ágilmente y se lanzó en picado contra el felino, que esquivó su movimiento en el último momento gracias a su habilidad para predecir los ataques enemigos.

—Será posible… ¡Impresionar!

Zubat se situó frente a Espeon y desencajó su mandíbula de una manera muy grotesca, lo que hizo que el típico psíquico retrocediera unos pasos. El zubat aprovechó su aturdimiento para lanzarse sobre él y darle, esa vez sí, un efectivo mordisco que hizo que comenzara a temblar.

—¡Espeon! —Espeon sacudió la cabeza y centró su mirada en el murciélago. No volvería a caer en sus trampas, eso lo tenía claro. Lira miró a su pokémon y luego al del adversario, ambos eran rápidos y ágiles, si quería hacerle daño tendría que engañarle o sorprenderle, tal y como había hecho el zubat.

—¿Qué pasa? Ya no te veo tan valiente como antes.

—Estoy pensando, algo que dudo que hagas muy a menudo —Lira miró a Espeon y él asintió. Había entendido el plan de su entrenadora sin que hiciera falta intercambiar ni una sola palabra—. Venga, acaba conmigo si crees que puedes.

—Te voy a quitar esa chulería de una vez. ¡Mordisco!

Zubat se abalanzó sobre Espeon y este recibió el golpe sin oponer resistencia. Le había mordido la cabeza, la frente para ser exactos, y aunque era obvio que le causaba un gran dolor el felino aguantó el golpe con entereza. Lira no pudo esconder su sonrisa.

—¡Confusión!

La gema de Espeon brilló y de estas surgieron unas ondas que mandaron al zubat a la otra parte de la habitación. Este chocó con la pared y cayó al suelo. Lira no perdió el tiempo en dar su próxima orden, sabía que tenía que acabar con él ahí mismo.

—¡Ataque rápido y placaje!

Espeon atravesó la habitación con una velocidad tal que a Petrel no le dio tiempo a procesar lo que estaba pasando y, cuando lo hizo, ya era tarde, pues su pokémon había sido embestido de nuevo contra la pared y ya estaba fuera de combate.

—Qué… Mira, tonta no eres, eso lo tengo cada vez más claro —Petrel retiró a su pokémon y sacó al siguiente. Se trataba de una bola gaseosa morada, en cuyo vientre, si es que se le podía llamar así, tenía dibujado una cruz blanca y, sobre esta, un círculo del mismo color. En cuanto apareció, un nauseabundo olor se hizo presente en la habitación, y Lira tuvo que taparse la nariz con su antebrazo para no marearse.

—No había echado nada de menos combatir contra este tipo de pokémon. ¡Confusión!

—¡Pantallahumo!

De los orificios del cuerpo de Koffing surgió un humo que no tardó en difundirse por toda la estancia. Lira no veía nada, pero poco le importaba, pues al ser su pokémon un tipo psíquico sabía que podría detectar y dirigir su ataque al tipo veneno sin ningún problema, tal y como le confirmó el grito que este dio. No tenía de qué preocuparse, otro ataque más y habría acabado con él.

—¡Otra vez, Espeon! ¡Confusión!

—¡Autodestrucción!

Koffing rio y al siguiente segundo Lira vio entre el humo lo que pareció ser un estallido de luz acompañado de un ruido ensordecedor. Eso había sido una explosión. No oyó ningún sonido más por parte de los dos pokémon y eso le asustó, ¿Espeon estaría bien? Tuvo que esperar un par de segundos para que se disipara el humo y ver que ambos estaban fuera de combate.

—Pero… ¿cómo?

—Autodestrucción es un movimiento que hace que tu pokémon explote y, lógicamente, se debilite. Pero ese sacrificio es recompensado con su potencia, ya que causa un gran daño en el adversario —Lira se quedó asombrada ante la explicación. ¿De verdad existía un movimiento así? ¿Y había entrenadores que lo usaban?

—¿Cómo puedes pedirle a tu pokémon que explote?

—Es un pequeño sacrificio para un gran bien. Además, a Koffing le encanta, se pasaría el día explotando si no le tuviera metido en una Poké Ball —Petrel retiró a su pokémon y Lira hizo lo mismo con Espeon. Besó la Poké Ball y susurró que había hecho un gran trabajo, tal vez debería de haberle retirado antes. Alzó la vista y vio que el ejecutivo ya tenía su última Poké Ball en la mano.

—¿Qué te parece? He conseguido debilitar a un pokémon tuyo muy fuerte. No eres tan invencible como te crees —Apretó el botón y de esta salió un gran pokémon que guardaba parecido con una rata. Su pelaje, corto, era de color marrón claro, que se hacía más claro todavía en el vientre. Tenía una larga cola y unos colmillos grandes, duros y afilados, tal era su tamaño que no podría cerrar la boca por mucho que lo intentase. Lira frunció el ceño ante sus palabras, ese comentario no le había sentado nada bien. Agarró su siguiente Poké Ball y liberó a su inicial.

—¡Feraaaaligatr! —El reptil rugió nada más salir y se mantuvo de pie. Estaba pletórico, después de pasarse el día descansando tras el combate contra el gyarados del lago sentía que nada ni nadie podía pararle. Petrel dio un paso atrás pero no tardó en recuperar la compostura.

—Je, s-si piensas que ese mastodonte va a intimidar a alguien como yo es que no me conoces bien. Raticate, ¡hiper colmillo!

—¡Triturar!

Raticate fue el primero en moverse, dando un gran salto mientras abría su boca. Sin embargo, cuando estuvo a punto de morder a Feraligatr, este detuvo el ataque con sus manos. Raticate abrió los ojos al sentir cómo el reptil hacía una fuerza impresionante para mantener sus fauces abiertas, para posteriormente tirarle al suelo sin ningún tipo de consideración. Le mantuvo en el piso y le mordió el lomo, lo que forzó un grito de su adversario.

—¡Así está bien, Feraligatr! —El reptil se apartó y volvió a su posición inicial. Raticate se puso de pie a duras penas, estaba herido, pero se negaba a rendirse tan rápido.

—Mostrar compasión no te llevará lejos. ¡Ataca con todo lo que tienes! ¡Triturar!

—¡Colmillo hielo!

Raticate se abalanzó sobre el reptil y este se protegió con su brazo. Raticate lo mordió con fuerza y Feraligatr lo sacudió, aunque eso solo le hizo más daño. Abrió la boca al mismo tiempo que sus colmillos relucían, formándose una pequeña capa de hielo sobre estos, y mordió al raticate en el mismo sitio en el que le había atacado antes. No le soltó hasta que él no soltó su brazo.

Raticate estaba jadeando y Lira sabía que no aguantaría otro ataque. Aun así, Petrel no parecía estar muy preocupado por eso.

—Acabemos ya, Feraligatr. ¡Triturar!

—¡Cara susto!

El reptil frenó en seco ante la mirada que le dedicó el raticate. La rata aprovechó para atacarle y clavar sus colmillos en su cuello, pero Feraligatr reaccionó ante el dolor y se lo quitó de encima dándole un puñetazo. Raticate cayó al suelo y Feraligatr le mordió por tercera vez en el lomo, lo que hizo que se revolviera durante unos segundos. Después de eso, paró, y cuando el reptil le soltó no volvió a levantarse.

Tal y como había predicho, Raticate quedó fuera de combate, y Lira ya se imaginaba la reacción del ejecutivo. Pensó que se sorprendería, que negaría la derrota, como todos, y que después de eso se enfadaría. Lo que no se esperaba es que empezara a reírse. Primero fue una risita, que no tardó en pasar a una risa sonora, y finalmente se acabó convirtiendo en una gran carcajada.

—Pero bueno. ¡Mira eso! —dijo mientras retiraba a su pokémon. Lira se cruzó de brazos ante su reacción, ya estaba empezando a cansarle que todos se sorprendieran de sus victorias solo por ser más joven.

—No sé qué es tan gracioso.

—Que tu victoria no significa absolutamente nada. Ha sido una pérdida de tiempo —La entrenadora alzó una ceja y el ejecutivo procedió a explicar—. Verás, prácticamente ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer aquí. Yo ya he recogido lo que necesitaba y no hay nada que puedas hacer para cambiarlo.

—Puedo, y voy a, desactivar el emisor de ondas dañinas. No volveréis a hacer que los pokémon del lago sufran más.

—Oh, ¿eso? Para eso necesitas una contraseña que no conoces. Tranquila, que te la digo ahora mismo, es VIVA GIOVANNI —Ahora sí que se había perdido. Cada vez tenía más pruebas y menos dudas, todos los integrantes del Team Rocket estaban locos. Tan pronto se enfadan y le ocultaban información, como se reían y se la revelaban porque sí—. ¿Te sorprende que te la haya dicho?

—¿Tú qué crees?

—Eso es porque saberla no te servirá de nada. La puerta tiene una cerradura con reconocimiento de voz, así que solo se abre si la digo yo —El ejecutivo echó un vistazo a su reloj de muñeca y asintió—. Creo que ya nos hemos divertido bastante, es hora de que vuelva al trabajo. Buena suerte, Lira.

La risa que soltó antes de irse le hizo entender que claramente no le deseaba ninguna suerte. Le envió un mensaje a Lance para hacerle saber que ya se había encargado de él y se cruzó de brazos. Miró a Feraligatr, ese sí que era un gran problema.

—Entonces si no tenemos su voz, ¿cómo abriremos la puerta? ¿Crees que Dragonite será capaz de derribarla?

—Fera.

—¡Viva Giovanni!

Giró la cabeza hacia la puerta casi en el mismo instante en el que oyó esa voz. Petrel, ¿es que se estaba riendo de ella? ¿No tenía que irse? Salió del despacho y miró hacia ambos lados del pasillo, pero no vio a nadie.

—Qué extraño, habría jurado que-

—¡Viva Giovanni!

Lira bajó la vista, y no pudo evitar sonreír al ver quién era el que no paraba de repetir aquella frase. El murkrow del escondite estaba a sus pies, mirándole con la cabeza ligeramente ladeada, y lo que parecía ser una sonrisa en su piso.

—¡Krow! ¡Viva Giovanni!

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —Feraligatr asintió y Lira extendió su brazo. El murkrow lo interpretó como una invitación para subirse a su hombro, y eso fue justo lo que hizo.

—¡Krow! ¡Viva Giovanni! ¡Krow!

Muy bien, ahora solo falta que no oiga ninguna otra frase hasta que lleguemos a esa sala.

Tanto la entrenadora como su pokémon corrieron por los pasillos del escondite. Temían que al murkrow se le olvidara la frase, o que dejara de repetirla y la cambiara por otra, pero al parecer no tenían de qué preocuparse. El pokémon la repetía de vez en cuando y se le veía bastante animado, aun así, no quería tentar a la suerte.

Siguieron doblando esquinas y subiendo y bajando escaleras hasta que, por fin, llegaron al piso del emisor. Suspiró, aliviada, y aminoró el ritmo. No había parado de correr y ahora estaba sudando, en esos momentos el abrigo le parecía una segunda capa de piel asfixiante e innecesaria, pero estaba tan decidida en llevar a cabo su misión que ni se molestó en quitárselo. Ya veía la puerta, estaba en medio de un gran pasillo. Fue hacía allí y acercó el hombro al panel para que pudiera captar mejor la voz del pokémon.

—¡Krow! ¡Viva Giovanni!

Fue como si supiera lo que se le estaba pidiendo. Dijo la frase nada más acercarse y en cuanto la pronunció la puerta se abrió. Lira sonrió, sintiendo al hacerlo cómo, de repente, todo el cansancio desaparecía de su cuerpo, siendo reemplazado por alegría y alivio.

—¡No tan rápido!

Murkrow saltó repentinamente de su hombro, justo en el momento en el que sintió que algo envolvía su cuerpo. Todo el aire salió de sus pulmones en el momento en el que lo que tenía enroscado empezó a constreñirle, cada vez con más fuerza.

—Q-q —Apenas podía respirar, y lo peor es que ni siquiera podía ver qué le estaba ahogando. Sintió cómo Feraligatr intentaba separar lo que fuera de su cuerpo, y consiguió aflojar un poco el agarre, lo que le permitió tomar algo de aire, pero no pudo quitárselo del todo.

—Ya estoy harta de que el resto de ejecutivos no te trate como se debería tratar a un intruso. Me da igual que seas una niña, has entrado sin autorización, y serás castigada por ello. Con críos como tú entrometiéndose todo el tiempo el orgullo del Team Rocket está continuamente en juego y ya me estoy cansando de eso. Vamos a poner fin a esto de una vez, aquí y ahora, te enseñaré por qué nunca deberías de haberte cruzado en nuestro camino.

—Jo, Atenea. Mira que te pasas.

—Tú calla. Te mandé a por Murkrow para evitar esto precisamente pero es que ni eso puedes hacer, eres tan inútil como el resto.

—¡Lo dices como si fuera fácil!

—¡No me alces la voz! ¡Soy tu superior!

La discusión de las dos mujeres junto a la falta de oxígeno estaba empezando a hacer que le doliera la cabeza. Se revolvió en el agarre para intentar salir pero justo entonces, el pokémon que se había enroscado alrededor de su cuerpo, situó su cabeza frente a sus ojos. Se trataba de un arbok. La serpiente morada le sonrió con maldad y abrió la boca para mostrar sus afilados colmillos, colmillos llenos de veneno, que estaba a punto de clavarle en el cuello.

—En fin, ya te regañaré como es debido después. Despídete, querida. En cuanto acabemos contigo nos haremos con tus pokémon y ¡los usaremos para llevar a cabo nuestro gran plan!

Al oír eso, Feraligatr llevó sus manos al cuello del arbok y le estranguló con fuerza. Este se resistió, pero entonces dos manos más asistieron al reptil, y no tuvo más remedio que soltar a su presa. Cuando lo hizo, Lira cayó al suelo. Tosió un par de veces y el tipo agua se agachó a su lado, visiblemente preocupado.

—Estoy bien, gracias —Le acarició el hocico y le abrazó después de darle un beso. Escuchó un par de pasos detrás de ella y estos no tardaron en situarse a su lado.

—Yo no lo tendría tan claro —Alzó la vista y vio que se trataba de Lance. El pelirrojo miraba con un enfado más que evidente a las dos rockets mientras que Dragonite, por su parte, seguía agarrando al arbok por el cuello. Tras unos segundos le soltó y la serpiente se deslizó por el suelo reluciente, situándose detrás de su entrenadora.

—No me lo puedo creer… ¡No me lo puedo creer! —Fue entonces cuando Lira reparó en sus atacantes. La que más destacaba era la mujer pelirroja, que llevaba un vestido y botas blancas, con el escudo del Team Roket sobre la parte derecha del pecho. Era la que parecía que iba a estallar de un momento a otro. La otra era una rocket normal, que podría pasar como una más, pero Lira le reconoció como a la chica que le había dado una de las contraseñas del despacho de Petrel. Fue raro, pero se sintió traicionada por ella— ¡Tú aquí también no! ¡Me voy a volver loca como este día siga así!

—Es lo que te mereces, por todo lo que has hecho —Lance se agachó y le sonrió a Lira. Ella le devolvió la sonrisa y le tomó la mano cuando se la ofreció para ayudarle a levantarse—. Todavía es poco comparado con el daño que has causado.

Finalmente el pelirrojo tiró de ella y los dos se pusieron de pie. Dragonite y Feraligatr se situaron delante de ellos, dedicándoles unas miradas a las rocket que dejaban claro que darían la vida por sus entrenadores ahí mismo si hacía falta.

—Esto tiene que ser una broma. ¡Justo estando tan cerca del final! —De repente, el murkrow que había ayudado a Lira se situó en el hombro de la pelirroja. Este rio y abrió el pico para imitar a su entrenadora pero fue sentenciando de inmediato— Ni te atrevas, hoy te has pasado cinco pueblos. Como oiga algo más que un graznido de ti me hago un sombrero con tus plumas.

—Eh, esa amenaza me la inventé yo —susurró la rocket algo indignada, mientras se cruzaba de brazos y desviaba la mirada.

—¿Y eso qué importa? ¡Tenemos cosas mucho más importantes de las que ocuparnos ahora mismo! —La mujer volvió a fijar su mirada en la pareja de intrusos. Su ceño fruncido indicaba sin lugar a dudas que se encontraba dominada por la ira—. No soy la ejecutiva más importante y poderosa por nada. Estaba enfadada, y vosotros me habéis enfadado todavía más. ¿Queréis ver de lo que es capaz el Team Rocket? Vosotros os lo habéis buscado. Arbok, ¡dales una lección! —La serpiente se situó frente a su dueña y le siseó al dúo. La otra rocket, sin embargo, permanecía de brazos cruzados, con los ojos entrecerrados. Toda la energía que tenía el pokémon le faltaba a la recluta— ¡Mary! ¡A combatir!

—¿Yo? —preguntó sorprendida, abriendo los ojos de golpe— Nos entendemos menos que un seviper y un zangoose. No estamos nada compenetradas, ¿crees que será una buena idea?

—¡Saca a tu maldito pokémon de una vez! —La rocket se encogió de hombros y agarró una de las dos Poké Balls que llevaba en el cinturón. De esta, salió un drowzee.

—Parece que va a ser un dos contra dos —Lance miró a Lira y ambos se sonrieron. Asintieron y volvieron a centrar la vista en sus contrincantes, Dragonite y Feraligatr también estaban más que preparados.

—¡Deslumbrar, Arbok!

—Zizi, ¡confusión!

—Dragonite, ¡vuelo!

—¡Triturar a drowzee!

Dragonite alzó el vuelo y se mantuvo en el aire durante un par de segundos. Eso hizo que Zizi y Arbok fueran a por Feraligatr, la serpiente le dirigió una tétrica mirada que le dejó paralizado y la drowzee, por su parte, atacó con un rayo que le hizo retroceder un poco. Aun así, el reptil se recuperó del ataque y se abalanzó sobre el tipo psíquico, clavando sus afilados colmillos en el cuello de este al hacerlo. Drowzee gritó, y Feraligatr se apartó justo a tiempo para que Dragonite embistiera al bípedo desde las alturas, dejando al pobre pokémon fuera de combate cuando este apenas había empezado. Los reptiles se reagruparon tras los ataques, volviendo a la posición en la que se encontraban al inicio del combate.

—¡No! Mi pobre Zizi… —La recluta retiró a su pokémon mientras hacía pucheros— Sois tan crueles… ¡Siempre vais a por el débil!

—Calla y haz algo útil, así no vamos a durar nada. ¡Picotazo venenoso!

—¡Grimer! —De la otra Poké Ball de la rocket surgió la masa morada viscosa que le había estado ayudando a buscar al murkrow en aquella habitación— ¡Residuos!

—¡Cubre!

Dragonite se puso frente a Feraligatr y recibió los ataques. La serpiente clavó el extremó de su cola en su brazo y Grimer cubrió su cuerpo con los residuos que vomitó, pero el dragón no se inmutó lo más mínimo. Lira aprovechó para curar a su pokémon con un antiparalizador, lo que le liberó de la parálisis. Feraligatr sonrió y volvió al lado de Dragonite, con más energía que nunca.

—¡Surf!

La ola creada por Feraligatr limpió al dragón de todos los residuos que cubrían su cuerpo, y se los devolvió a sus dos adversarios. Grimer abrió la boca para volver a ingerirlos pero fue desplazado un poco debido a la potencia del ataque, lo que hizo que se convirtiera en una masa líquida al mezclarse con el agua. Arbok, por su parte, intentó mantenerse erguido tras el ataque pero como el suelo resbalaba caía cada vez que lo intentaba.

—Vayamos acabando con la serpiente. ¡Vuelo!

—¡Colmillo hielo!

Feraligatr se deslizó por el suelo y le dio un coletazo a Grimer para apartarle, después dio un salto y se abalanzó sobre la serpiente. Por mucho que lo intentó no pudo escapar, y como sucedió con la drowzee, el reptil se apartó justo a tiempo para que el dragón descargara toda su ira desde las alturas. Como no podía ser de otra manera, Arbok quedó fuera de combate.

—Vaya tela, vais a dejar el escondite peor que cuando nos hicimos con él —Atenea retiró a su pokémon y Murkrow rio. La ejecutiva frunció el ceño, ya estaba empezando a hartarle—. Muy bien, si tanta gracia te hace tú eres el siguiente —La pelirroja le agarró de malas maneras y le lanzó al improvisado campo de combate. Murkrow evitó caer al suelo alzando el vuelo en el último segundo y, a pesar de haber estado tan cerca de estamparse, su sonrisa seguía presente en su pico. Mary miró al pájaro con desprecio.

—Espero que te den pero bien. ¡Residuos!

—¡Tinieblas!

Lira fue a darle una orden a Feraligatr pero Lance extendió su brazo frente a ella, indicándole que esperara. El tipo agua retrocedió y el dragón avanzó unos pasos.

—¡Trueno!

Dragonite alzó los brazos, formando un par de nubes negras sobre los cuatro pokémon. Al bajarlos, de ellas surgió un trueno que dejó al pobre murkrow rígido e hizo temblar toda la estancia. Como en el suelo todavía quedaba agua y Grimer estaba mojado, la electricidad también le alcanzó, lo que dejó a ambos pokémon fuera de combate. Lira no pudo evitar abrir la boca, ese trueno no se había parecido en nada al del electrode de Eusine. Había sido mucho más preciso y limpio, resultando en una ejecución perfecta. No tenía nada que ver, se trataba de un auténtico espectáculo para la vista, por lo visto Lance sabía cómo entrenar a sus pokémon.

—¡¿Qué fue eso?! —La recluta dio un salto y levantó los brazos mientras alzaba una pierna, flexionándola hacia su cuerpo— ¡Ten cuidado, hombre! ¡Que vas a hacer que el escondite se nos caiga encima!

—Tch, deja de ser tan dramática, se nota que no has librado un combate de verdad en tu vida —Atenea retiró al murkrow y sacó a su último pokémon. Era un pokémon de cuerpo azul oscuro, que tenía en la cabeza lo que parecía ser el capullo de una flor roja con manchas blancas. De su boca caía una baba espesa muy maloliente. La recluta, por su parte, devolvió a Grimer a su Poké Ball y se cruzó de brazos, ya no tenía a más pokémon con los que combatir— Gloom, te confío el resto. Sé que puedes ganar, ¡megaagotar!

—¡Dragonite!

El dragón volvió a situarse frente a Feraligatr, recibiendo el ataque por él. Atenea estaba a nada de arrancarse el pelo, si los ataques que podían resultar eficaces contra el tipo agua eran bloqueados por el dragón no habría manera de ganar.

—¡Deja de hacerte el héroe y permite que reciba los movimientos como el pokémon hecho y derecho que es! ¡La cría no necesita tu ayuda!

—Claro que necesita mi ayuda, de la misma manera que yo necesito la suya. Ella limpió a mi Dragonite, simplemente le estoy devolviendo el favor. Es un combate doble, si fuéramos por separado nos resultaría imposible ganar, tienes que apoyarte y confiar en tu pareja. Si no, habrás perdido antes de empezar, y eso es justo lo que os ha pasado a vosotras —La ejecutiva estaba que echaba humo. No solo resultaba un fastidio, sino que además se las daba de listo y creía que podía ir dándole lecciones. ¡A ella! Claramente, necesitaba un escarmiento.

—Me tenéis hasta las narices, tú y todos los que vais de dignos. Confianza, amor, amistad, ¡eso no sirve para nada! Lo único que importa es la fuerza, eso es lo que te hace ganar los combates, lo demás son palabras con las que os llenáis la boca para haceros los interesantes. Gloom, ¡acaba con ellos! —Lance y Lira se miraron. Era el momento de aunar fuerzas por última vez. Los colmillos de Feraligatr se vieron envueltos por una fina capa de hielo, mientras que Dragonite chocó uno de sus puños en la palma de su otra mano— ¡Megaagotar!

No hizo falta que se les diera ninguna orden. Dragonite se adelantó, haciendo nuevamente de escudo para Feraligatr, y este saltó por encima de él, cayendo en sus cuatro patas frente a Gloom. En el momento en el que tocó el suelo sus piernas le impulsaron hacia el pokémon. Extendió sus brazos para agarrar a su adversario y le propició un mordisco helado que casi le dejó fuera de combate. Feraligatr se dio la vuelta con el pokémon en las fauces y se lo lanzó a Dragonite, que respondió echando la cabeza atrás para lanzar un potente rayo que le devolvió a las rockets, tirándolas al suelo en el proceso. Los ojos de Gloom daban vueltas y no parecía estar en condiciones de poder levantarse, habían ganado.

—¡Sí! —Lira saltó y chocó los cinco con Lance.

—¡Feeera!

—¡Draaagonite! —Por su parte, los dos reptiles rugieron y se dieron la mano, había sido un gran combate. A pesar de ser la primea vez que cooperaban, se habían complementado a la perfección, siendo capaces de moverse en ese espacio tan reducido sin ponerse en el camino del otro. Era como si estuvieran completamente sincronizados.

—¡Argh! ¡Quítame a tu gloom de encima! ¡Su asquerosa baba me está manchando el uniforme!

—¡Tú sí que eres asquerosa! ¡Hemos perdido por tu culpa! —Atenea guardó a su pokémon y se levantó con dificultad, como la recluta.

—¡Te dije que era una mala idea y no me hiciste caso! —le dijo a su superior mientras intentaba limpiarse el uniforme.

—¡No has puesto nada de tu parte! ¡Estabas más dormida que despierta!

—¡Porque estos días te los has pasado explotándome! —Atenea miró al dúo, que seguía contento por su victoria. Ya seguiría discutiendo con Mary más adelante, ahora tenía otras cosas que hacer.

—Ya hablaremos luego sobre tu esfuerzo y dedicación. Bueno, decidme pareja, ¿creéis que habéis conseguido algo? —Por primera vez en mucho, Atenea sonrió. Al oírle hablar, Lance y Lira le dedicaron toda su atención— Pues no habéis conseguido nada. El experimento ha sido un éxito, todo está listo para el gran final y ya no hay nada que podáis hacer para evitarlo.

—Podemos. ¡Vamos a apagar el emisor de ondas dañinas! —Atenea estalló en una gran carcajada ante las palabras de la joven. Tuvo que forzarse a parar para poder hablar, se notaba que no tenía ni idea.

—Adelante, como si os cargáis la guarida, ya tenemos todo lo que necesitamos de aquí. Mary, ¡nos vamos! —La recluta dio un suspiro de alivio al oír esas palabras. Era lo que llevaba queriendo escuchar desde que se le asignó la misión— Disfrutad de esta paz mientras dure, en unos días veréis lo que el Team Rocket es capaz de hacer.

Con esa amenaza colgando en el aire, la ejecutiva y su subordinada abandonaron la estancia, dirigiéndose con presteza a la salida del escondite. Los dos entrenadores que se quedaron allí se miraron durante unos segundos, para centrarse después en el emisor que había tras la puerta abierta.

Entraron en la sala con cuidado, pues se notaba que el ambiente estaba cargado. El emisor se encontraba en el centro, se trataba de una gran máquina industrial de un color marrón claro, alimentada por la electricidad que le proporcionaban seis electrode, tres a cada lado de esta. Lance se acercó a ella y la inspeccionó con detenimiento junto a Dragonite. Ambos la escudriñaron durante varios minutos, pero el hecho de que se siguiera manteniendo serio le indicaba a Lira que no había encontrado nada de interés.

—No veo el interruptor por ninguna parte… A lo mejor lo controlan desde algún ordenador —dijo finalmente. Miró al lado derecho, donde se hallaban tres de los seis electrode, y luego al izquierdo, donde se encontraban los otros tres—. Me temo que no nos queda otra. Lo siento por los electrode, no han hecho nada malo, pero tenemos que debilitarles.

—¡¿Qué?! —exclamó Lira ante el plan del pelirrojo. Le miró a los ojos, no podía estar hablando en serio, pero su mirada no parecía estar bromeando. La joven sintió un pinchazo de decepción en el pecho, no se habría esperado eso de él— No es justo, ellos no han hecho nada. No tienen por qué sufrir más.

—Lo sé, pero no hay otra manera de apagar la máquina.

—¿No puedes hacer que Dragonite la destruya con uno de sus rayos?

—Es muy peligroso, podría explotar y hacer que todo el escondite se viniera abajo.

—Ya veo —Lira echó un vistazo en el interior de su bolso. Parecía que estaba buscando algo, y cuando lo encontró asintió—. Tengo suficientes Poké Balls. Voy a atraparles y a llevarles al Centro Pokémon.

—¿Qué? Pero son muchos —Lira alzó la cabeza y le miró con fuego en los ojos.

—¡O le pides a Dragonite que destruya la máquina o les capturo uno a uno! ¡No voy a permitir que sigan sufriendo por algo que no es su culpa! —Esa determinación, esa intensidad… Por un momento le pareció estar viendo a Débora, su prima tampoco era de las que hacía algo que iba en contra de lo que creía. Tuvo que esforzarse por no sonreír, sus pequeños tests estaban arrojando información muy interesante sobre la Elegida.

—Está bien, tranquila, destruiré la máquina. Puedes ahorrarte las Poké Balls —Lance volvió al pasillo y Lira hizo lo mismo. Se alejaron de la puerta, se apoyaron contra la pared y se taparon los oídos, estaban preparados para una posible explosión.

—Dragonite, ¡hiperrayo!

—¡Drago!

El dragón acumuló energía en sus fauces para, posteriormente, liberar un gran rayo que impactó en el emisor. La explosión no fue tan fuerte como para hacer que la guarida se derrumbara, pero sí lo suficiente como para que temblara. Cuando los entrenadores dejaron de sentir las vibraciones, se asomaron para ver el estado en el que había quedado la sala.

—¿Elec?

—Trode…

—¡El, el!

La máquina estaba irreconocible, pues el ataque de Dragonite le había deformado de tal manera que resultaba imposible intuir cual había sido su forma original. Además, no paraba de echar humo, por lo que había quedado envuelta en un gas negro muy denso.

—¡Electrode!

—¡Trode, trode!

Pero eso no era lo que le interesaba a Lance y a Lira. Ambos vieron, con una gran sonrisa, cómo los electrode habían sido liberados de su yugo y no perdían ni un segundo en abandonar la sala, tomando diversas direcciones a la hora de huir. Sin duda, habían hecho lo correcto.

—Me alegra que por fin se haya acabado —dijo la entrenadora, y Lance asintió.

—Sí. No solo has cumplido tu misión, sino que además has conseguido echar al Team Rocket de la guarida.

Hemos conseguido echar al Team Rocket de la guarida —corrigió la morena. Estaba cansada, pero se sentía eufórica. No había sido un día tranquilo, desde luego, pero la satisfacción compensaba con creces todo el esfuerzo que había hecho.

—Como equipo no lo hacemos nada mal, no lo voy a negar —Lance extendió su mano y ella la estrechó. Sus pokémon les imitaron, repitiendo el gesto que habían hecho hacía un par de minutos—. Hablando de echar, ¿qué te parece si nos vamos nosotros también? Con suerte Fredo estará despierto y podremos informarle de lo sucedido.

—Por mí perfecto. No tengo la más mínima intención de estar aquí más tiempo del necesario.

Tras eso, los dos entrenadores abandonaron el escondite rocket, que si bien había visto días mejores, por lo menos no tendría que preocuparse porque lo volvieran a ocupar en mucho tiempo.


Era de noche cuando salieron de la tienda. La luna se alzaba sobre Pueblo Caoba en un cielo despejado, y si bien no sabrían decir qué hora era, no les sorprendería que fuera bien entrada en la madrugada. Lira titiritó y se abrazó a sí misma, el contraste de temperatura al salir de la guarida había sido muy brusco. Además, estaba segura de que hacía más frío que cuando entraron.

—Puedes ver todas las estrellas, aquí apenas hay contaminación. Es un cielo muy bonito, ¿no crees? —preguntó Lance mientras alzaba la mirada. Lira hizo lo mismo, admirando la belleza del paisaje nocturno.

—Sí, sí que lo es —Casi pudo escuchar la sonrisa del pelirrojo en sus siguientes palabras.

—Por eso me gusta tanto el norte —dijo en un susurro. Ambos bajaron de nuevo la mirada y casi gritaron al hacerlo, pues vieron que frente a ellos se encontraba nadie más ni nadie menos que Fredo, el líder de gimnasio. Con cada día que pasaba, Lance estaba cada vez más convencido de que el anciano era un ninja, no podía aparecer y desaparecer tan rápido como si nada.

—¿Y bien? ¿Tienes algo que decirme? —Le preguntó a la joven. Lira miró a Lance y él asintió. La morena inspiró hondo y clavó sus ojos en los fríos azules de Fredo, dispuesta a decirlo todo de una tacada. No sé dejaría intimidar por él.

—El gyarados estaba furioso porque el Team Rocket construyó un emisor de ondas dañinas bajo uno de los sótanos de la tienda. Al parecer, hicieron varios experimentos con ellas, y eso fue lo que le enfadó. Ahora mismo se encuentra descansando y recuperándose en el Centro Pokémon, le capturé tras una ardua batalla para que recibiera la atención que necesitaba. En cuanto al Team Rocket, digamos que no volverán por aquí en una larga temporada —Tras escuchar su relato el líder miró a Lance, con la intención de que corroborase lo que acababa de decir.

—¿Es cierto?

—Lo es —Fredo cerró los ojos y asintió, sin cambiar su expresión lo más mínimo. Lira no sabía cómo interpretarlo, ¿habría superado la prueba? ¿O tendría que haber hecho algo más? ¿Tal vez había tardado demasiado?

—Mañana, a las siete en punto, en el gimnasio —Todas sus inquietudes se esfumaron al oír al líder. La preocupación se convirtió en alivio y sus hombros se relajaron por completo—. No me hagas perder el tiempo —Con eso dicho el anciano dio la vuelta y se metió en el gimnasio. La joven suspiró aliviada, por un momento pensó que no le dejaría librar el combate.

—Parece que ya tienes plan para mañana.

—Sí, menos mal —Lira sonrió y se dirigió a Lance—. ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer ahora?

—Mañana llamaré a un compañero para que me ayude a inspeccionar el escondite a fondo. Quiero asegurarme de que no se han dejado nada y de sellar bien la entrada, no vaya a ser que tengan pensado volver en un futuro.

—Suena bien —La joven estiró los brazos mientras dejaba escapar un bostezo—. ¿Volvemos al centro? Estoy muerta.

—No eres la única, créeme.

Con eso dicho volvieron al Centro Pokémon, con la intención de descansar aunque fuera un par de horas, pues a ambos les esperaba otro duro día de esfuerzo. Lo hicieron envueltos en una agradable conversación y arropados por el sonido de los pokémon nocturnos, que parecían estar disfrutando al fin del cese de las ondas.


(Lo que me ha costado editar el capítulo. Hacer capítulos largos es muy bonito y te sientes genial por hacerlo, sí, pero todos los sentimientos bonitos desaparecen cuanto tienes que ponerte a editar. En fin, espero que lo hayáis disfrutado.

Grytherin18-Friki: lo del karateka lo vi unos días después de tu review, coincidencias de la vida. Un guiño muy bonito a los juegos, aunque no tan bonito para el pobre hombre. Y sí, Silver se confió y pensó que por usar su movimiento más potente le haría daño a Dragonite, aunque sabemos que aunque hubiera usado a Sneasel no habría sido capaz de derrotar a Lance. En fin, ese enfrentamiento, aunque no de manera consciente al principio, le hará reflexionar un poco.

Also, antes de irme. Se me cuidan mucho, estamos viviendo una nueva situación y puede ser estresante para algunos, espero que lo estéis llevando lo mejor posible.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).