Las siete en punto. Lira ya estaba frente al gimnasio, con unas ojeras que no podían eclipsar el brillo que emanaban sus ojos. El combate por su séptima medalla estaba a punto de empezar y no podía estar más ansiosa. Inspiró hondo y reunió la confianza para entrar, solo para ser recibida por un viento más gélido que el del pueblo en cuanto puso un pie dentro. Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras se abrazaba a sí misma, ¿qué pasaba ahí? ¿Es que en ese lugar no sabían lo que era una calefacción?
—¡Buenos días, entrenadora! —A Lira no le sentó muy bien ver al hombre de los consejos tan contento. ¿Es que no tenía frío?— Seguro que te estarás preguntando por qué no tenemos calefacción. Bien, es porque, como sabrás, nuestro líder se especializa en pokémon de tipo hielo, así que mantiene el gimnasio a diez grados bajo cero para que estén en su salsa —Lira no se molestó en ocultar su sorpresa.
—¿D-diez qué?
—Diez grados bajo cero. ¡Ni uno más, ni uno menos! Que no se te ocurra tocar su termostato, no sabes cómo se pone… Bueno, a lo que vamos, si tienes algún pokémon de tipo fuego es el momento perfecto para hacer que se luzca, o tipo lucha. Verás que no habrá ningún entrenador que te impida llegar hasta el líder, eso es porque ha abierto antes de hora para que no tengas que enfrentarte a ellos. Imagino que se deberá a que ya has demostrado tu valía de alguna manera.
—Ya lo creo, ya —susurró la joven, recordando todo lo que había hecho el día anterior.
—Bien, entonces no te entretengo más. Deslízate sobre las placas de hielo para llegar hasta él y ten mucho cuidado. ¡Suerte!
¿Placas de hielo? Lira avanzó un poco más y vio a lo que el hombre se refería. El suelo del gimnasio estaba cubierto por una capa de agua congelada, si quería llegar al otro lado, tendría que deslizarse sobre ella con sumo cuidado.
Lira se apoyó en la pared y fue dando pasos cortos, era la primera vez que hacía algo similar así que quería tener un punto de soporte por si perdía el equilibrio. Por desgracia, la pared también resbalaba un poco, así que cada vez que sus pies se iban unos centímetros de más caía al suelo de manera estrepitosa. Se levantaba con cuidado de no volver a caer en el proceso hasta que, al fin, tras unos minutos que le parecieron eternos consiguió llegar al otro lado. Solo tenía que cruzar una puerta y llegaría a la otra estancia.
Que, para su descontento, era parecida a la anterior.
Reprimió un gruñido y repitió el proceso. Aunque tardó menos que la otra vez, las caídas que sufrió hicieron que se sintiera dolorida y entumecida, lo que hizo que su humor estuviera por los suelos. Agradecía que no hubiera nadie allí, porque no estaba segura de poder soportar tanta vergüenza.
Por fin, tras cruzar la puerta llegó a la última estancia. El líder estaba al final, mirándole fijamente. Lira sintió que sus mejillas se volvieron rojas al deslizarse de nuevo sobre el hielo, pues la idea de caerse delante de él no le gustaba nada, pero no tenía más remedio que continuar. Por suerte, fue capaz de llegar al otro lado sin ningún percance, aunque en cuanto a técnica seguía pareciendo un stantler recién nacido intentando dar sus primeros pasos. ¿Qué habría pensado de ella al verle así? Fredo se miró el reloj de muñeca y negó con la cabeza, decepcionado.
—Siete y cuarto, llegas tarde —Lira no supo qué decir. Había estado a las siete en punto en la puerta de su gimnasio, ¿cómo iba a saber que tendría que realizar una exhibición de patinaje sobre hielo para llegar hasta él?—. Bueno, da igual, cuando uno es joven tiene todo el tiempo del mundo —Dejó caer su brazo y apoyó su mano en su bastón—. Ya irás aprendiendo la importancia que tienen los minutos con la edad. Como te habrás dado cuenta, soy mucho más mayor que tú.
—S-sí, señor.
—Eso significa que he vivido un sinfín de experiencias que me han convertido en el hombre que soy ahora. Llevo junto a mis pokémon desde antes de que tú nacieras, así que no creas que pierdo con facilidad —Lira tragó saliva. No pensaba que esa batalla fuera a ser fácil, pero Fredo se la estaba pintando peor de lo que llegó a pensar en un principio—. No llegan muchos entrenadores aquí, pero los que lo hacen se confían al ver que soy un anciano. Piensan que he perdido facultades, que ya no soy tan ágil mentalmente, y que me superarán sin ningún problema —Fredo sonrió, con la satisfacción de quien ha sido capaz de derrotar a todos aquellos que en algún momento le infravaloraron—. Pero no es cierto. Sigo estando como el primer día, e incluso mejor. Me levanto todos los días a las cinco y sigo un entrenamiento muy estricto, el tiempo no ha hecho mella en mí. Quienes creen que tienen ventaja por ser jóvenes están equivocados, a mí los años me han dado una ventaja magnífica: la de la experiencia —Negó con la cabeza y agarró una Poké Ball—. Pero dejemos de hablar, voy a enseñarte por qué se me conoce como el entrenador del invierno. Seel, ¡adelante!
—¡Vulpix!
Lira lanzó la Poké Ball y de ella salió la vulpina, que no mostró ningún tipo de disconformidad al posarse sobre el frío suelo. La joven le envidió durante un momento, desearía tener esa capacidad de permanecer impasible ante las bajas temperaturas. Siempre había gozado de un clima cálido en su pueblo, así que no estaba acostumbrada a ellas.
—¡Granizo!
Seel alzó sus aletas y gruñó al aire, lo que provocó que se formara una granizada en el campo de combate. Lira agachó la cabeza mientras se la cubría con ambos brazos, en un intento de protegerse del hielo que caía sin piedad sobre ella. Por si eso fuera poco, la temperatura había descendido todavía más, lo que hizo que titiritara de una forma más exagerada.
—Argh. V-vulpix-
—¡Descanso! ¡Luego ronquido!
No pudo verlo, ya que se estaba protegiendo, pero escuchó el golpe que recibió su pokémon. Lira se forzó a mirar, pero sentía que se había quedado congelada en esa postura, solo podía darle órdenes a Vulpix en ese estado.
—L-lanzallamas.
—¡Ronquido!
De nuevo, otro golpe, y no sabía si el de Vulpix le había dado. Tenía que recomponer la postura, si no sería incapaz de guiar a su pokémon. Con mucho esfuerzo al fin divisó algo entre sus brazos, y vio que Seel estaba durmiendo tranquilamente. Por su parte, Vulpix había empezado a jadear, y se le veía algo cansada.
—De nuevo, ¡lanzallamas!
—¡Ronquido!
Vulpix liberó una bocanada de fuego, pero esta no pareció hacerle mucho daño a su contrincante. Eso le confundió un poco, ¿no era el fuego efectivo contra el hielo? ¿Acaso Seel no era tipo hielo? ¿Pero qué tipo sería entonces? Mientras se hacía esas preguntas, el ataque de la foca alcanzó a Vulpix, lo que le dejó en las últimas. Justo en ese momento se despertó, y antes de que Lira pudiera pensar su siguiente paso, Fredo ya estaba gritando una orden.
—¡Viento hielo!
Seel envió una corriente gélida a la vulpina, lo que hizo que quedara fuera de combate. Lira maldijo en voz baja y se llevó la mano al cinturón, pero sus dedos estaban tan entumecidos que apenas podía agarrar las Poké Balls. Cuando bajó la mirada, vio que estos empezaban a adquirir una tonalidad violácea, y fue entonces cuando se arrepintió de no haber escogido unos guantes que le cubrieran la mano en su totalidad.
—Tch, a ver dónde está la de Vulpix —Al final consiguió retirar a su compañera caída pero sus dedos le traicionaron, y acabó sacando a Togetic al campo de combate. El pokémon quiso dedicarle una sonrisa, pero en cuanto vio que estaba granizando se posó en el suelo e intentó cubrirse, tal y como hacía Lira.
—Una elección algo arriesgada, ¿o es que te están traicionando los nervios? A lo mejor se debe simplemente al frío. Seel, ¡viento gélido!
Como hizo con Vulpix, la foca envió una ráfaga de gélido viento a Togetic, que se vio obligado a retroceder un par de metros. Él intentaba alzar el vuelo para poder esquivar los ataques, pero se veía incapaz de hacerlo. Ni siquiera podía andar, estaba temblando y apenas podía moverse.
—¡Viento gélido!
Y, así, dos de sus pokémon cayeron casi nada más empezar. Togetic acabó debilitado a sus pies y esa imagen sirvió para que Lira reaccionara de una vez.
—Como esto sigo así me derrotará antes de que me dé cuenta. ¡Espeon! —Podría usar su gran capacidad de concentración para asestar un golpe efectivo, y esquivar, ya que estaba. El tipo psíquico cayó en sus cuatro patas y centró su mirada en Seel— ¡Psicorrayo!
—¡Viento gélido!
Los dos ataques chocaron, pero por suerte para Lira psicorrayo resultó ser más fuerte y fue el que acabó impactando contra Seel. Las cosas por fin le iban bien, pero sabía que no tenía que confiarse, el combate había empezado muy mal para ella y ahora tenía que remontar. La suerte le volvió a sonreír, ya que la granizada amainó, pero fue una suerte efímera, puesto que Fredo no tardó en pedirle a su pokémon que la volviera a generar.
—¡Granizo!
—¡Piscorrayo!
Espeon volvió a dar en el blanco, y en el siguiente turno sucedió lo mismo, con lo que logró debilitar por fin a Seel. Lira suspiró, viendo al hacerlo cómo se formaba una pequeña nube de vaho. Ese, en teoría, había sido su pokémon más débil, y había necesitado la ayuda de Espeon para acabar con él. ¿Cómo serían sus siguientes pokémon?
—Hm, no sé qué sensación se me ha quedado después de esto. Tendré que seguir viendo cómo te las apañas —Tras retirar a Seel, Fredo sacó a otro pokémon, el cual parecía ser su evolución, pues era parecido a él pero más grande—. Dewgong, ¡rayo aurora!
—¡Psicorrayo!
Los dos rayos chocaron, pero esa vez ninguno fue más fuerte que el otro, así que ambos se esfumaron tras convertirse en humo. Estaba claro que le costaría derrotarle mucho más que el anterior, tenía que pensar algo y rápido.
—¡Canto helado!
—¡Psicorrayo de nuevo!
Dewgong mordió parte del suelo congelado y tiró a propulsión varios proyectiles que había creado con este. Espeon consiguió pararlos con sus poderes y se los devolvió junto a su movimiento, que impactó contra el tipo hielo y le hizo retroceder un poco.
—¡Descanso!
Lira no tuvo la oportunidad de alegrarse por lo que hizo su pokémon, pues aquel movimiento le confundió. Dewgong se tumbó en el suelo y cerró los ojos, quedándose dormido en un abrir y cerrar de ojos. Ante su atónita mirada, Fredo procedió a explicar.
—Verás, descanso es un movimiento que permite al pokémon que lo emplea recuperar vitalidad mientras duerme —Espera, ¿entonces se estaba curando a sí mismo? ¿Como el miltank de Blanca?—. Sería un inconveniente, si no fuera por este maravilloso movimiento. ¡Sonámbulo!
Dewgong abrió la boca y de esta salió un gélido rayo que impactó contra Espeon. Lira nunca se habría esperado que los pokémon pudieran atacar dormidos, pero pronto esa sorpresa se convirtió en preocupación. Si ese pokémon podía dormirse para recuperar vitalidad y, además, atacar mientras estaba dormido, ¿cómo conseguiría derrotarle?
—¡Sonámbulo!
¡No! ¡Tenía que dejar de hacerse esas preguntas! ¡Fredo aprovechaba todos sus descuidos para atacar y así no habría manera de ganar! Negó con la cabeza y se centró en el combate, parecía que la granizada amainaría pronto de nuevo, así que tendría que aprovechar esa oportunidad al máximo.
—Espeon, ¡confusión!
—¡Sonámbulo!
De nuevo, Dewgong mordió el suelo y lanzó un par de proyectiles de hielo, que le dieron a él gracias de nuevo a los poderes de Espeon. El tipo hielo se despertó y se desperezó, Lira esperaba que se mantuviera despierto el tiempo suficiente para poder derrotarle.
—¡Granizo!
Por suerte, no se durmió, por desgracia, creó otra tormenta. Lira pensó que estaría preparada, ya que se había acostumbrado a que el hielo cayera sobre ella, pero esa granizada era distinta. El hielo caía con más fuerza y con más rapidez, lo que le obligó a volver a protegerse, y por si eso fuera poco sintió que la temperatura descendió todavía más. Sentía que el frío se le metía en los huesos y que era incapaz de hacer nada, solo escuchaba cómo Espeon era golpeado repetidamente por su adversario.
—¡Descanso!
Lo que tanto temía se cumplió, y el saber que Dewgong estaría de nuevo en plena forma le desmoralizó un poco. Intentó idear un plan, tal vez podría usar la estrategia de devolverle los movimientos, pero sus dientes castañeaban y no podía formar ninguna oración coherente.
—¡Sonámbulo!
Escuchó el sonido de algo golpeando el suelo, pero no supo de qué se trataba. Rezó para que fuera uno de los movimientos del tipo hielo, aunque algo le dijo que no tendría tanta suerte.
—Tu pokémon ha caído, ¿no lo vas a cambiar?
¡¿Ya?! Eso no se lo esperaba, ¿cuánto tiempo había pasado? Bajó un brazo a su cinturón para retirarle y presionó el botón de otra Poké Ball, que liberó a Ampharos.
—¡Sonámbulo!
—P-puño-
Otra vez, un grito de su pokémon, pero aun estando con los ojos cerrados le pareció ver un destello de luz. Tendría que tratarse de puño trueno, por suerte Ampharos había escuchado y acatado su orden a la perfección. Si lograban entenderse, aunque ella no diera la orden completa, tal vez tendrían alguna posibilidad.
—¡Descanso!
Lo que estaba claro es que no tendría ninguna si no dejaba de usar ese movimiento. ¿Habría alguna manera de impedírselo?
—¡Sonámbulo!
Tal vez, si conseguía paralizarle, si la habilidad de Ampharos surtía efecto… Pero no podía apoyarse en el azar para obtener la victoria, tenía las de perder si esa era su única estrategia contra un adversario como Fredo.
—Tu pokémon está fuera de combate, ¿por qué no le ahorras el sufrimiento y sacas al siguiente?
¡¿Otra vez?! Ya se hacía una idea de cómo iba a acabar aquel enfrentamiento, y no le gustaba nada. Retiró a Ampharos y sacó al único miembro que le quedaba, con algo de suerte, tal vez él sería capaz de remontar lo que quedaba. Feraligatr entró en escena con la energía que le caracterizaba, aunque menos animado, ya que aunque Lira no lo vio le preocupaba el estado de su entrenadora.
—¡Rayo aurora!
Feraligatr tuvo que recibir el impacto, porque escuchó que el movimiento chocó contra algo, pero el reptil no se quejó del ataque. Se estaba esforzando, y ella tenía que hacerlo también, pues no podía dejarle toda la responsabilidad a él. Reunió la fuerza necesaria para ver a través de sus brazos y consiguió pronunciar su orden.
—¡Surf!
El reptil creó una ola gracias al agua que se había derretido del hielo por el calor del combate, pero esta se congeló cuando entró en contacto con el aire del gimnasio. Lira miró aquel fenómeno, incrédula, y Fredo sonrió con orgullo.
—¿Te sorprende? La ventaja de tener el gimnasio a diez bajo cero, como mínimo, es que los movimientos de tipo agua se congelan. No podrás emplearlos contra mí, tendrás que pensar otra estrategia. Dewgong, ¡canto helado!
No, no podía ser. Si no podía usar surf solo le quedaban colmillo hielo y triturar como posibles opciones, y la primera no sería muy eficaz contra el dewgong. La fuerza que había reunido para ver a través de sus brazos se esfumó al recibir semejante balde de agua fría, pero eso no hizo que dejara a su pokémon colgado.
—¡Esquiva!
Gritó de manera desesperada, como si eso fuera lo único que podía hacer para evitar la inminente derrota. Al menos, si su pokémon era incapaz de hacerle daño a Dewgong, haría lo posible para que no saliera malparado. Sin embargo, en contra de lo que había planeado, casi al instante sintió que algo le envolvía en un cálido abrazo. Era Ferligatr, que en vez de evitar el ataque, le había protegido de este. Como Lira seguía con los ojos cerrados no había visto que los proyectiles de hielo se dirigían hacia ella, y si su pokémon no hubiera actuado como escudo, probablemente la entrenadora habría sido el blanco de los mismos. Un nudo se le formó en la garganta, no quería decir las siguientes palabras, pero tampoco quería que Feraligatr sufriera en vano si podía evitarlo.
—¡Dewgong-!
—¡Me rindo! —gritó sobre la granizada. Temió que el líder no le hubiera escuchado, pero no tuvo que preocuparse por ello, ya que el granizo dejó de caer, y al asomarse tras Feraligatr vio que Fredo había retirado a su pokémon. Nunca pensó que llegaría a rendirse, y era consciente de que solo podía hacerlo en los combates de gimnasio, pero nunca imaginó que acabaría en una situación en la que se vería obligada a hacerlo. No podía continuar, y forzar a su pokémon a seguir hasta el final era una irresponsabilidad por su parte.
Al fin sus piernas cedieron y Lira cayó de rodillas al suelo. Estaba exhausta y le dolían los brazos, era una señal inequívoca de que los moratones no tardarían en aparecer. Bajó la mirada mientras contenía las ganas de llorar frente al líder, aunque alguna lágrima se le escapó cuando Feraligatr se puso a su nivel y apoyó su cabeza en su hombro. Se aferró a su pokémon y le acarició la espalda, la cual estaba algo magullada por el canto helado que había recibido.
—Mira, voy a ser muy claro contigo —No se había dado cuenta, pero Fredo había dado unos pasos y se encontraba en medio del campo de combate—. Puede que seas una entrenadora, pero no eres ni de lejos una gran entrenadora, como tantas veces he oído de personas que no tienen ni idea sobre los combates, o que se los toman como un mero pasatiempo y no una profesión. Has llegado lejos, y esos es innegable, pero salta a la vista que careces de lo que hay que tener para obtener las ocho medallas. Claramente no estás preparada para continuar con tu viaje, así que haznos un favor y no vuelvas hasta que tengas el nivel necesario, si es que consigues obtenerlo.
Lira no dijo nada. Estaba cansada, se sentía hundida y humillada, y lo último que necesitaba era escuchar esas palabras. Se levantó como buenamente pudo y abandonó la sala sin decir nada, por lo menos tener a Feraligatr al lado le servía como apoyo moral.
Logró mantener la compostura hasta que salió del gimnasio, aunque su cara tenía que decirlo todo, porque el hombre de los consejos no se acercó a decirle nada. Una vez fuera no se contuvo y dejó que las lágrimas salieran, no sin antes guardar a su compañero para que no le viera. Lloraba de rabia, pero sobre todo de impotencia, pues se había visto incapaz de actuar durante gran parte del combate. ¿Qué clase de entrenadora era si no era capaz de guiar a su equipo? Su actitud había dejado mucho que desear y todavía no se explicaba cómo había podido pasar. Se secó las mejillas y se fue corriendo al Centro Pokémon, deseando llegar allí cuanto antes. En ese momento, solo le apetecía encerrarse en una habitación y descansar.
El Túnel Trigal, tan inhóspito y sombrío como lo recordaba. A pesar de ser conocido por estar lleno de maleantes, allí no había ni un alma, y eso se debía a sus compañeros, que se habían encargado de limpiar la zona para el gran día. Carol había sido enviada allí para patrullar, y lo agradecía enormemente, ya que en ese lugar podría relajarse y pensar con tranquilidad.
Y, tal vez, encontrar una solución a lo que no había dejado de dar vueltas.
—Tú.
Dio un salto cuando escuchó que alguien se dirigió a ella. Miró hacia ambos lados frenéticamente, Poké Ball en mano, lista para enfrentarse a quienquiera que fuera. Nadie más debería estar allí, solo ella.
—Perdonad mis modales, no debería de haberos tuteado. ¿Vos sois Carol?
En cuanto se dio la vuelta y vio quién era se quedó paralizada. La mano le tembló, y sin darse cuenta bajó el brazo un poco. Se trataba de una chica kimono, como la que su compañero interrumpió en mitad de su actuación en Ciudad Iris. Sus delicadas facciones expresaban curiosidad y tenía la cabeza ligeramente ladeada, Carol se quedó unos segundos hipnotizada por su belleza.
—Eh, s-sí —Bajó el brazo del todo e hizo una reverencia mientras se sonrojaba ligeramente—. Siento que mi compañero interrumpiera tu danza, a mí me gustó mucho.
—No fue a mí, fue a mi hermana. Aun así se agradecen las disculpas, aunque no fuera vuestra culpa —Se acercó a ella y Carol alzó la vista. Sus miradas se cruzaron, y pudo ver que los ojos de la artista seguían llenos de curiosidad—. Todavía me pregunto cómo un alma tan gentil y pura ha acabado en esta organización putrefacta.
—No por voluntad propia, eso te lo aseguro —La chica kimono esbozó una débil sonrisa al oír eso.
—Me imaginaba. A pesar de ello nunca habéis dudado a la hora de hacer el bien, y os habéis rebelado contra vuestros superiores incontables veces —Retrocedió unos pasos y se enderezó—. Me presento, soy Komomo, y estoy aquí porque mis maestros me envían de su parte —Carol se quedó callada, pensando que la explicación seguiría, pero la bailarina no añadió nada más. Pasaron unos segundos en silencio y al final la recluta decidió romperlo.
—Hummm… ¿Te envían por algo en especial? —Se animó a preguntar. Komomo no pestañeó.
—Hay algo que me tenéis que entregar. No podemos arriesgarnos a que un objeto tan valioso no le llegue a la Elegida —¿Elegida? ¿De qué estaba hablando? ¿Y por qué hablaba de una manera tan formal? Carol se estaba empezando a perder.
—Perdón, pero es que creo que no te sigo…
—Os hicisteis con algo que no es vuestro, ¿verdad? —Carol se sonrojó. ¿Cómo lo había sabido?— Y tenéis pensado darle ese algo a alguien, alguien que acudirá al rescate de la región en cuanto el Team Rocket ataque. ¿Cierto? —La recluta se quedó sin palabras. ¿Quién era esa mujer y sus maestros? ¿Y cómo lo sabían?
—Lo siento, de veras, pero me temo que no te lo puedo dar, es muy importante —Aun así se negaba, después de todo podría ser una trampa y no quería arriesgarse a que el Team Rocket ganara. Komomo, lejos de enfadarse, le dedicó una mirada empática y una sonrisa de disculpa.
—Lo sé, lo saben, por eso quieren que me lo des, para que esté a buen recaudo. Sois una chica lista, también sabéis que no está del todo seguro con vos —Carol volvió a mirar al suelo. Lo sabía, era consciente de ello, pero no sabía si podía fiarse del todo de ella—. Os juro que se lo entregaré a la persona indicada.
Otra vez, silencio. No es como si no se hubiera planteado que alguien se lo hiciera llegar de manera indirecta, o dejarlo en algún sitio al que solo ella pudiera acceder, por eso había agradecido que le hubieran enviado al Túnel Trigal en un primer momento, pero nada de lo que pensaba le parecía un buen plan.
Y, además, quería dárselo ella.
—Está bien —Carol alzó la mirada. Estaba dispuesta, después de todo no era de las que rechazaba ayuda cuando la necesitaba, sabía que cooperando se podían conseguir grandes cosas. Aun así, eso no significaba que fuera a confiar en el primer extraño que, casualmente, aparecía cuando lo necesitaba—. Pero antes necesito una prueba, una prueba de que sabes la importancia que esto tiene, y de que tus maestros están al tanto de la situación —La artista le dedicó una sonrisa, como si hubiera estado esperando todo el rato a que le hiciera esa pregunta.
—Está bien, guardiana del Encinar. ¿Ahora mejor?
Carol no pudo disimular su asombro. Nadie lo sabía, bueno, nadie a quien ella no se lo hubiera contado, y ese número de personas era muy reducido. Eso le bastaba, fueran quienes fueran sus maestros eran conscientes del peligro en el que se encontraban. Se llevó una mano al bolsillo y rebuscó lo que la artista le pedía.
—Sí —susurró mientras le hacía entrega del objeto. Komomo hizo una reverencia y se lo guardó en la manga del kimono.
—Una muy buena elección. No os arrepentiréis, podéis estar segura de ello —Volvió a inclinar la cabeza y se dio la vuelta—. Suerte.
Para alguien que llevaba sandalias con calcetines, la verdad es que corría muy rápido. Vio el obi de su kimono desaparecer cuando subió las escaleras, y no pudo evitar sentir una opresión en el pecho. Primero, porque había vuelto a quedarse sola en aquel inhóspito subterráneo y, segundo, porque sabía que la única razón por la que le entregó aquello era porque nadie le aseguraba que estaría en falsa libertad el día del ataque. El Team Rocket se acercaba a otro momento crítico, no querrían perderla, y era muy posible que acabaran encerrándola de nuevo.
Como ya hicieron hace tres años.
Al sentir la tristeza de su entrenadora, Zoah salió de su Poké Ball. Se situó delante de ella y le miró preocupada.
—¿Gol?
—¿Hmm? —Sin darse cuenta había empezado a llorar. Sonrió y se secó las lágrimas con la manga de la camiseta, negando con la cabeza. Sentía mucha impotencia y pensó que tal vez, al entregarle aquel objeto personalmente, estaría aportando su pequeño granito de arena para acabar con la organización. Ni siquiera eso podía hacer— Estoy bien, tranquila. Al menos le llegará, y sé que en cierto modo es gracias a mí, pero quería dárselo personalmente. Me conformo con que acabe en sus manos.
—Goool —El pokémon frotó su mejilla contra la de ella y Carol le abrazó. No iba a negar que estaba asustada, su futuro era muy incierto, pero tenía que mantenerse firme. Si conseguía que Mary le ayudara, podría tener más posibilidades de frustrar el objetivo de Atlas.
—Aunque no pueda entregarle eso algo podré hacer —susurró pasados unos segundos. No podía permitirse el lujo de venirse abajo, era hora de idear un plan efectivo de una vez por todas. Dejó que Zoah se quedara con ella y siguió patrullando el túnel, dándole más vueltas a la cabeza gracias a la aparición de la chica kimono.
Estaba intentando asimilarlo. Fredo le había destrozado y luego había utilizado sus restos para limpiar el suelo con ellos, había sido vapuleada sin compasión alguna. Lira no se había sentido tan débil e insegura desde que empezó su viaje, ¿así era como combatían los entrenadores de élite? ¿Ese era el nivel que tenían? No, ese era el nivel que tenía el líder del séptimo gimnasio. ¿Cómo sería el del octavo? ¿Y el del Alto Mando?
—Aquí tienes a tu equipo.
¿Y el del Campeón?
—G-gracias.
Lira tomó las Poké Balls de la mano de la enfermera con manos temblorosas. Ella le miró preocupada, y parecía que quería decirle algo, pero prefirió dejarlo estar. No era la primera vez que veía a un entrenador cuestionándose todo su viaje tras enfrentarse a Fredo, y sabía que tampoco sería la última.
Lira salió del Centro Pokémon dando pequeños pasos, aunque no sabía muy bien adónde ir. ¿Y ahora qué? ¿Entrenaba un poco más? ¿Pedía la revancha? Todo su ser temblaba con la sola idea de tener que volver a enfrentarse a él.
Salta a la vista que careces de lo que hay que tener para obtener las ocho medallas. Claramente no estás preparada para continuar con tu viaje.
Esas palabras habían sido muy duras, y sabía que no tendría que hacerles tanto caso, pero algo dentro de ella no podía evitar preguntarse si había algo de verdad en ellas. ¿Era cierto? ¿No estaba preparada? ¿Todos los que le decían que veían potencial en ella estaban mintiendo y era una manera de animarle a seguir hacia adelante, aun sabiendo que no tenía ninguna oportunidad de ganar el desafío de la Liga? ¿Tal vez había llegado tan lejos por pura suerte?
—¡Lira!
Alzó la vista y vio que Lance se acercaba a ella con una gran sonrisa. Seguramente iba a preguntarle qué tal le había ido el combate, pero no hizo falta. Un simple cruce de miradas fue suficiente para hacerle saber que había perdido.
—¿Tan mal ha ido? —preguntó cuando llegó a su lado. Ella no tenía un espejo para verse, pero estaba completamente pálida, y las ojeras no ayudaban en nada a mejorar su aspecto.
—¿Mal? Ojalá solo hubiera ido mal. ¡Ha ido fatal, terrible, requetemal! ¡No he durado nada ahí dentro! —La voz se le quebró, así que habló más bajo— Me ha vencido en, cuánto, ¿cinco minutos? Ha tardado menos en derrotarme que yo en llegar hasta él.
—¿Has perdido alguna vez durante tu viaje? —Lira negó con la cabeza mientras se abrazaba.
—No, y no es eso. No es que he perdido, es cómo he perdido —susurró—. Me he sentido completamente indefensa ahí dentro. No podía pensar, me bloqueé por completo, mi equipo estaba luchando y sufriendo y no podía hacer nada. Caían uno tras otro y yo lo único que hacía era retirarles y cambiarles, no… No me he sentido tan impotente e inútil en mi vida —Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas pero ella se las secó con rapidez—. Me rendí. Me vi completamente superada por el frío, estaba tan abrumada que no podía centrarme en el combate, y Fredo le daba la vuelta a cada pequeña estrategia que se me ocurría como si nada. Hay mucha diferencia entre los dos, se nota que es un gran entrenador. ¿Cómo voy a poder vencerle? No puedo superarle, es imposible. Seguro que he llegado hasta aquí por pura suerte.
Solo tenía ganas de tumbarse. De volver a casa, tal vez, hacía mucho que no veía a su madre. ¿Qué pensaría al verle así? ¿Y Eco? ¿Y el profesor Elm? ¿Así es como le daría las gracias al hombre que le dio su primer pokémon y la oportunidad de emprender su aventura? Su cadena de pensamientos fue detenida cuando Lance posó una mano en su hombro. Ella alzó la vista, con los ojos vidriosos.
—Eso no es cierto, Lira. No has llegado tan lejos por pura suerte, no has derrotado a seis líderes de gimnasio a la primera por pura suerte, no has desbaratado los planes del Team Rocket por pura suerte y, te puedo asegurar, que no has vencido y capturado a un gyarados enfurecido por pura suerte. Piénsalo, ¿crees que eso es posible? ¿Sin ningún tipo de esfuerzo? Fredo no es nada fácil de vencer, yo tuve que pedirle la revancha dos veces —Sus ojos se abrieron y, por un segundo, todas sus emociones negativas fueron reemplazadas por sorpresa.
—¿Tú has desafiado a la Liga también?
—Lo hice en su momento y, como podrás imaginar, un gimnasio de tipo hielo no es precisamente fácil de vencer para un domadragón. Pero ¿sabes cómo conseguí ganar?
—¿Cómo?
—Si sales del pueblo en dirección este llegarás a una cueva congelada. Ruta Helada, se llama, conecta la ruta 44 con mi ciudad natal, Endrino. Ahí dentro hace más frío que en el gimnasio y hay gran cantidad de pokémon de tipo hielo. Después de perder por segunda vez, fui allí y entrené a conciencia, tanto a mi equipo como a mí. Ellos se hicieron más resistentes al frío y yo conseguí fortalecer mi espíritu, lo que me permitió mantenerme firme en el tercer combate y pensar de manera racional. Fue difícil, costó, pero le ganamos, y si un equipo de dragones pudo vencerle estoy seguro de que tú también podrás —Lira retrocedió un paso y volvió a secarse las lágrimas.
—Gracias por los ánimos pero ahora estoy tan descentrada que, no sé… No sé qué hacer, sinceramente —Lance se cruzó de brazos y le dedicó una severa mirada.
—¿Vas a dejar tu viaje solo por un pequeño contratiempo? ¿Crees que todo son risas y diversión en el camino para convertirse en un buen entrenador? —Lira alzó la cabeza— Esfuerzo, dedicación y disciplina. Esos son los valores que tienes que tener que presentes. No siempre vas a ganar, y a veces te encontrarás con gente que te derrotará una, dos, tres, cuatro y más veces. No puedes dejar que eso te frene.
—No dejo que me frene, si no es eso. Es que he perdido de una manera tan humillante que no sé si seré capaz de reponerme.
—Y no será la última vez que sientas que te humillan, créeme, querrás que se abra la tierra y te trague más de una vez. Pero no lo hará, y tendrás que encontrar la manera de recoger los pedazos de tu dignidad, juntarlos y plantarle cara a quien los ha esparcido. Es la única manera de avanzar.
—No sé si podré avanzar —No le gustaba ser pesimista. No era su estilo, pero esa batalla le había aterrado por completo, y ya venía sintiéndose mal por lo ocurrido en Ciudad Olivo. Tal vez estaba viviendo una mala recha y necesitaba descansar, pero en aquel momento se veía incapaz de pensar en positivo.
—Pues claro que sí, ¿y sabes por qué? Porque voy a ser tu entrenador personal —Lira abrió los ojos como platos. ¿Cómo? Tenía que estar bromeando—. Tengo que acabar de revisar el escondite así que hoy te daré el día libre, así podrás aceptar la derrota y mentalizarte, pero mañana te quiero a primera hora en la recepción del Centro Pokémon. Iremos a la Ruta Helada y entrenaremos sin descanso, ahí verás qué es lo que significa ser un entrenador de verdad y decidirás si quieres dejar tu viaje o lo vas a continuar.
Lira no dijo nada. Consideró la idea durante un momento, sonaba bien, pero aún tenía sus dudas al respecto. Lance endulzó su mirada y habló en un susurro, le quedaba una última cosa por decir.
—Además, no olvides que todavía falta el último sueño. Con un poco de suerte con él sabrás toda la verdad, y por fin esa joven podrá volver con su familia.
Era verdad, tenía que conseguir la octava medalla para salvar a la chica y desvelar el misterio. No podía creerse que hubiera estado a punto de tirar la toalla, ¿qué podría haber pasado con aquella joven si se hubiera plantado? Lira sacudió la cabeza y miró con decisión al pelirrojo, ese era el último empujón que necesitaba.
—Está bien. Mañana a primera hora, daré el cien por cien en ese entrenamiento —Lance sonrió y asintió.
—Perfecto. Entonces nos vemos, tengo que volver al escondite. Descansa, y no seas tan dura contigo misma.
Hizo un ademán de despedida y se fue. Lira se sintió algo más animada tras esa conversación pero aún tenía algunas dudas. Muchas dudas. Tenía que reflexionar sobre lo ocurrido en el gimnasio, había cometido varios errores y tenía que identificarlos todos para evitar que volvieran a suceder en un futuro. Se aseguró bien el cinturón y fue en dirección norte, tal vez un paseo por el lago le ayudaría a pensar con claridad.
(Grytherin18-Friki: como has podido leer, ha perdido contra Fredo. Esto lo he hecho porque no me trago que sea tan fácil de vencer, ha estado con sus pokémon durante casi toda su vida, tiene que ser un líder difícil de derrotar. Ya veremos cómo se las apaña Lira en la revancha. Y sí, Lance les podría haber detenido, otra cosa que no entiendo de los juegos pero bueno, pensemos que así no hay asalto a la Torre Radio y nos quedamos sin uno de los mejores momentos.
nadaoriginal: muchísimas gracias por ponerte al día con mi historia en tan poco tiempo, lo agradezco un montón, espero que te siga gustando. Claro, quiero hacer la historia lo más fiel posible pero entiendo que si fuera solo describir lo que sucede en los juegos no tendría mucha gracia, además, quería extraerles todo el potencial a los personajes y divertirme pensando en qué podría estar sucediendo a las sombras, mientras Lira hace su viaje. Sin embargo, a partir de aquí los hechos cambiarán un poco, sobre todo lo que sucede en el asalto a la Torre Radio, ya que tengo algo planeado que tengo muchas ganas de publicar porque creo que puede quedar muy bien. Ya lo juzgaréis vosotros.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
