—Mary, ven un momento.

La rubia se acercó a su jefe en cuanto escuchó que este le llamó. Se trataba de un hombre corpulento que se encontraba en sus cuarenta, cuyo pelo negro se había peinado de manera que formara un tupé. Estaba sentado frente a una mesa de madera redonda con un puro en la boca, del cual salía el humo que inundaba aquella pequeña estancia.

—¿Sí, señor?

—Estos hombres están buscando nuevos reclutas para su organización, Team Rocket o algo así —dijo mientras asentía hacia la puerta. Tenía las manos ocupadas, pues estaba contando un gran fajo de billetes—. Me han preguntado por mi mejor subordinada y les he dicho que eras tú. A partir de ahora trabajarás para ellos.

La niña miró a los hombres que se encontraban apoyados en el marco de la puerta. Uno tenía el pelo verde y llevaba una camisa negra junto a unos vaqueros, el otro, llevaba un abrigo negro y un fedora del mismo color que le cubría los ojos, así que solo podía ver su sonrisa.

—Protón es un buen amigo mío, espero que no me hagas quedar en ridículo —El hombre asintió cuando acabó de contar el dinero y lo dejó en la mesa. Se levantó y les estrechó la mano a los dos hombres—. Recoge tus cosas y vete.

Sin perder ni un segundo Mary subió las escaleras y fue a su cuarto. Sacó su maleta, la cual tenía escondida bajo su litera, y guardó los pocos efectos personales que tenía. Se trataba de ropa solamente, un par de mudas limpias y poco más. En cuanto acabó echó un último vistazo a la habitación y bajó de nuevo al piso inferior. Se habría despedido de sus amigos, de no ser porque no consideraba que ninguno de sus compañeros lo fuera, y porque los que no se encontraban fuera trabajando para el jefe estaban durmiendo, descansando tras el agotador turno de noche.

—Rápida y obediente, os dije que era la mejor. Aunque tiene un carácter… Como no os aseguréis de hacerle saber quién manda desde el primer día se os subirá a la espalda y no habrá manera de hacerle bajar.

Mary se acercó a los hombres y, al hacerlo, el que llevaba el fedora se agachó para estar a su mismo nivel.

—Hola, Mary. Yo soy Giovanni y a partir de ahora vivirás con nosotros. Bienvenida a la familia.

El otro hombre, Protón había dicho su jefe, anterior jefe, agarró su maleta y se adelantó a ellos dos. Giovanni se puso de pie y le tomó la mano. Mary miró por última vez a la persona para la que había estado trabajando, pero el hombre no le hizo caso, pues estaba más ocupado admirando su nuevo fajo de billetes.

Salieron a la calle y vio que un coche negro les estaba esperando. Bueno, se parecía a un coche, pero era más alargado que los que estaba acostumbrada a ver. Protón guardó su maleta en el maletero y se sentó en el asiento del conductor, por su parte, Giovanni se subió al del copiloto después de asegurarse de que ella estaba bien atada y cómoda en el asiento de atrás. Arrancaron aquel coche tan extraño y Mary vio, por última vez, aquel lugar al que había llamado hogar. Sintió algo de tristeza al ver cómo la casa destartalada de dos pisos desaparecía en la distancia.

No es que no estuviera acostumbrada a cambiar de jefes y de casa con frecuencia, ya que era algo que había vivido una y otra vez desde que tenía uso de razón, pero de todos los que había tenido a lo largo de su vida el último había resultado ser el más amable de todos. No le gritaba, ni le pegaba, solo se dirigía a ella para decirle lo que tenía que hacer y darle su parte de la recompensa. Era el que menos caso le había hecho de todos, y prefería eso a que le maltratasen.

Cuando ya no pudo ver la casa volvió a fijar la vista al frente. No se había percatado pero había otra mujer ahí dentro, ella tenía el pelo rojo y llevaba un vestido blanco de tirantes.

—Así que tú eres Mary, ¿eh? Yo soy Atenea, encantada.

Ella asintió sin decir nada. No sabía si tenía permiso para hablar, y aunque a primera vista sus nuevos jefes parecían amables, ya había tenido a muchos otros que se habían encargado de enseñarle que las apariencias eran solo eso, apariencias.

No supo cuándo, pero en algún momento pasaron de la zona deprimida al núcleo urbano. La bulliciosa Ciudad Trigal fue cobrando vida a medida que se iban acercando al centro y la pequeña no pudo evitar emocionarse. Eran pocas las veces que había ido a la ciudad, y prácticamente nulas las que había ido de día.

Frenaron delante de un gran edificio y Atenea se desabrochó el cinturón de seguridad. Ella hizo lo mismo y las dos bajaron, a su lado, ya tenían a Giovanni con la maleta.

—Protón se queda, tiene unos asuntos pendientes que resolver. Volverá la semana que viene.

—Entiendo.

Como la otra vez, Giovanni le tomó la mano a Mary y los tres entraron en ese edificio. Tras hablar con un hombre que había tras un mostrador, comprar lo que parecían ser tres billetes y mostrárselos a otra mujer que había frente a unas escaleras, el trío bajó estas y llegaron así al andén de la estación.

—Verás, Mary, nos vamos a Kanto. Allí es donde trabajo y donde vivirás a partir de ahora, tu nueva vida empieza allí.

La pequeña, de nuevo, se limitó a asentir. Esperaron pacientemente y cuando por fin vino el tren se subieron a este. Tras un silbido, el tren retomó el trayecto, rumbo al que sería su hogar durante los próximos años.


Todo le parecía muy nuevo y seguía sin entender nada. Solo supo que al salir de la otra estación otro coche les estaba esperando y que ese sería el que definitivamente le llevaría a su nueva casa.

Pasaron horas. El paisaje a través de la ventana iba cambiando pero ella no le prestó mucha atención, no hasta que sintió que frenaron y no volvían a arrancar.

Ya habían llegado.

Salió y Giovanni le acompañó a la entrada del edificio que tenía enfrente. No pudo ver muy bien su fachada ya que era de noche, pero le pareció distinguir la palabra Gimnasio. Allí dentro fue recibida por un hombre, el cual tenía el pelo azul e iba vestido completamente de blanco. Parecía cansado pero aun así sonrió ampliamente al verles entrar.

—Una niña, nos vendrá de perlas.

—Así es. Llévatela e indícale qué es lo que tendrá que hacer.

—A sus órdenes.

Giovanni le soltó la mano y Atlas se la tomó en su lugar. Le condujo por los pasillos de aquel oscuro lugar y finalmente le hizo entrar en una habitación. Tan solo había una cama y una cómoda.

—¿Cómo te llamas?

—Mary.

—Mary —repitió en un susurro—. Muy bien. Verás, Mary, tu labor aquí va a ser muy sencilla. Como organización no hemos debutado todavía, estamos buscando a miembros con los que crear un cuerpo sólido para después ir creciendo. ¿Me entiendes? —La niña asintió— Genial. Al principio, tú y los otros reclutas os encargaréis de robarles los pokémon a los entrenadores más débiles, así podremos ir ganando más poder. ¿Sabes robar? —Mary se ofendió ante aquella pregunta, era a lo que se dedicaba.

—Lo que sea, donde sea —se limitó a responder de manera tajante, lo que provocó la risa de Atlas.

—Perfecto, entonces nos serás de gran ayuda. Además, como eres una niña, cuando se den cuenta de que les falta algo no pensarán que has sido tú. ¡Eres perfecta! —Atlas sacó su Pokégear y buscó algo en él— Pero esa no va a ser tu única labor. Hay otra niña por aquí que también pertenece a la organización, tendréis la misma edad más o menos. Se llama Carol —Se agachó y le enseñó lo que había estado buscando—. Quiero que te hagas su amiga y me digas todo lo que haga. ¿De acuerdo?

En la pantalla había una foto de una niña, de pelo rosa corto y ojos azules. Mary memorizó su imagen y su nombre y asintió.

—Perfecto —Atlas se levantó y guardó el Pokégear en su bolsillo—. Entonces dejaré que descanses, habrá sido un día largo para ti. Mañana comenzará tu labor como nuevo miembro, descansa porque te necesitaremos al cien por cien. No deshagas la maleta, solo pasarás la noche aquí. Buenas noches.

Sin decir nada más, Atlas abandonó la habitación y le dejó asolas. Mary echó un vistazo alrededor, no era lo que se dice acogedora, pero tenía una cama y eso era mejor que dormir en el suelo. Dejó la maleta a los pies de esta y se tumbó con lo puesto ya que no tenía pijama, ya se cambiaría de ropa al día siguiente. Apagó la luz gracias al interruptor que había al lado de su cama y cerró los ojos, durmiéndose casi al instante, ya que como bien había dicho el hombre ese había sido un día largo para ella.


No se despertó en esa cama. Sí, se despertó en una cama, en la parte inferior de una litera más bien, pero no era en la que se durmió la noche anterior. Mary se frotó los ojos y estiró los brazos mientras se sentaba, la luz de la habitación estaba encendida pero no se había dado cuenta hasta ese entonces. Miró a su izquierda e inspeccionó brevemente la habitación, aunque no había nada que inspeccionar, pues era completamente blanca y solo tenía una cómoda del mismo color como mobiliario además de la litera. Lo único que le pareció interesante fue la niña que estaba sentada en el suelo, quien alzó la cabeza al oír que se había movido. Entrecerró los ojos, pues le sonaba de algo, pero por alguna razón no lograba acordarse de qué.

—Hola, ¿ya te has despertado?

Tenía el pelo rosa y los ojos azules… Hmm, tal vez si hacía un poco de memoria…

—Menuda pregunta, es obvio que sí. En fin, ¡yo soy Carol! —Los ojos de Mary se abrieron del todo. ¡Carol! ¡La niña de la que tenía que hacerse amiga!— ¿Has dormido bien? ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Mary y sí, he dormido bien, pero ¿qué hago aquí? —La rubia se rascó la cabeza, no entendía cómo había llegado hasta ese lugar— Me dormí en otra habitación.

—Ah, eso. Atlas te trajo a la base de noche, dijo que a partir de ahora dormiríamos juntas porque seríamos compañeras. Yo quería seguir compartiendo habitación con Silver pero bueno, tampoco me voy a quejar. ¡Espero que podamos llevarnos bien!

Carol no paraba de sonreír. Desde luego no se parecía en nada a ninguno de los otros compañeros que había tenido a lo largo de su vida, tal vez sería más fácil entablar amistad con ella. Se asomó al borde de la cama y también le sonrió, decidida a llevar a cabo su misión.

—¿Quieres ser mi amiga?

No sabía si era así cómo se hacían las cosas pero ¿acaso había otro modo? ¿Cómo se hacía amigos si no preguntando? La sonrisa de Carol se hizo más grande.

—¡Vale! Tienes pinta de ser muy maja.

—Gracias, tú también —Aunque no tenía muy claro qué significaba esa palabra intuyó que sería algo bueno. Tenía que devolverle el cumplido, después de todo tenía que causarle una buena impresión.

—Mira, voy a enseñarte una cosa.

La pequeña subió la escalera de la litera y llegó a la parte superior. Bajó con algo en la mano, se trataba de un objeto esférico cuya mitad superior era roja y la inferior blanca. Mary había robado varios de esos en un pasado, así que sabía perfectamente de qué se trataba y qué contenía.

—También es mi amiga, la llevo conmigo a todas partes. Como vamos a ser compañeras quiero presentártela.

De la Poké Ball surgió un pokémon alado azul sin ojos, cuya boca abierta dejaba al descubierto sus cuatro colmillos. Nada más salir frotó sus mejillas con Carol, lo que provocó su risa.

—Es un zubat. Son muy comunes pero me la dio mi abuelo, así que para mí es única.

Zubat se acercó a Mary y ella le acarició. Era la primera vez que veía a un pokémon tan de cerca así que tenía mucha curiosidad por ver cuál era su tacto.

—Jo, qué suerte. Yo también quiero un pokémon —susurró mientras agachaba la cabeza.

—No te preocupes, puedes jugar con ella cuando quieras.

—¿En serio?

—¡Pues claro! Somos amigas, ¿no? Pues eso te convierte en amiga de Zoah.

Mary no supo describir qué fue lo que empezó a sentir en el pecho al oír esas palabras. Tampoco entendía por qué tenía ganas de llorar si no estaba triste, pero sí sabía una cosa, y era que había estado equivocada al pensar que su anterior hogar había sido el mejor que le podía haber tocado.


Ya habían pasado unos meses desde el debut de la organización y desde entonces contaba con la compañía de otra amiga; una drowzee, a la que le puso el mote de Zizi, que compartía su odio por el resto de los reclutas. Sus nuevos compañeros no eran tan ariscos como los anteriores, pero eran tontos y prepotentes, por eso acababan rápidamente con su paciencia. Ya se había metido en algún que otro problema por eso, pero cumplía sus misiones a la perfección, así que los ejecutivos no podían hacer nada porque Giovanni estaba encantado con ella.

—Entonces me dijo que había robado más pokémon que yo y yo le dije que eso era imposible porque, cariño, esa es mi especialidad. Pero él seguía insistiendo y ya sabes que tengo muy poca paciencia.

—Así que le diste un puñetazo en la nariz.

La única persona decente ahí dentro era Carol, que había decidido seguir siendo su amiga a pesar de ver cómo era en realidad. Eso le alegró al principio, ya que así podría cumplir la misión de Atlas de echarle un ojo, pero a medida que iba pasando tiempo con ella se iba dando cuenta de que de verdad disfrutaba el tiempo que pasaban juntas. Carol escuchaba todo lo que tenía que decir y siempre tenía una sonrisa para ella, así que no tardó en tomarle cariño.

—Y le habría dado otro pero empezó a sangrar y se fue llorando. Pf, son una panda de débiles.

Al girar la esquina la rubia chocó con alguien y los dos cayeron al suelo. Se masajeó la espalda y antes de gritar alzó la vista para ver con quien había chocado, no fuera a tratarse de un ejecutivo. No lo era, pero la rubia hubiera preferido mil veces toparse con alguno de ellos.

—¡Mira por dónde vas!

—¡Mira por dónde vas tú!

Se trataba de Silver, el hijo de Giovanni. Por alguna razón Carol le consideraba su mejor amigo pero Mary no le podía ni ver, era demasiado serio y aburrido para ella. Él pensaba lo contrario, que ella era muy escandalosa y problemática, así que los roces entre ambos eran constantes.

—Llevas todo el día con Carol, me toca a mí jugar con ella.

—Ah, ¿sí? ¿Y eso quién lo decide?

—¡Lo decido yo porque es mi amiga!

—¡También es la mía!

—Silver.

Carol detuvo la discusión al acercarse al pelirrojo. Susurró algo en su oído y él pareció escucharlo atentamente. Cuando se separó, el chico miró de arriba abajo a Mary y dio un bufido.

—Hm, está bien. Nos vemos mañana entonces, pero si vuelve a interponerse ¡no me contendré ni un pelo!

Pasó por el lado de las dos con las manos en los bolsillos y se fue sin decir ni una palabra más. Mary miró a Carol, no entendía nada de lo que acababa de suceder.

—¿Qué le has dicho?

—Que ayer pasé todo el día con él mientras tú realizabas una misión, así que ahora me toca pasar tiempo contigo.

Con una sonrisa, Carol siguió avanzando por el pasillo. La rubia tardó un poco en reaccionar, pero cuando lo hizo le alcanzó, y siguió contándole anécdotas como si nada.


—¡Mary!

La rubia alzó la vista de su Pokégear cuando escuchó que alguien le llamaba. Al hacerlo, vio que se trataba de Carol, que había entrado llorando en su habitación. La rubia bloqueó el móvil y lo dejó tirado en la almohada mientras se preparaba para recibir una mala noticia. No era muy habitual que Carol llorara, si lo hacía era porque algo malo había pasado, así que tenía que estar preparada para actuar.

—¿Qué ocurre?

—¡Me han robado a Zoah! ¡No la encuentro por ninguna parte!

Esas palabras bastaron para que se levantara de la cama. Mary se ató las zapatillas y salió corriendo al pasillo, pues tenía una muy buena idea de quién podría haber hecho eso. Carol le seguía como podía pero le costaba mantener el ritmo, pues la rubia era de las que en mejor forma física estaba de los reclutas.

Tras correr durante cinco minutos llegó al pasillo del dormitorio de su principal sospechoso. Estaba apoyado en una pared, hablando y riendo con unos amigos. La sangre le hirvió al verle y sin pensárselo dos veces se abalanzó sobre él, lo que hizo que ambos cayeran al suelo. Él dio un grito al verla y ella respondió propiciándole un puñetazo.

—¡Maldito!

—¿Qué haces? ¡Estás loca!

—¡Devuélvele el pokémon!

Era Peter, uno de los reclutas más problemáticos de todos. Sus bromas siempre iban más allá y eso le había ganado varios problemas con los jefes, además, parecía tener alguna fijación con Carol. Mary no tenía ninguna duda de que ese desgraciado había sido quien le había robado el pokémon a su amiga, y se iba a encargar personalmente de que pagara por ello.

—¡N-no sé de qué me estás hablando!

—¡QUE LE DEVUELVAS EL POKÉMON!

Nunca había sido una chica que destacara por su paciencia, así que cada vez que lo negaba le volvía a dar otro puñetazo. Sus amigos intentaron acercarse pero una mirada suya bastó para mantenerles alejados. Eso era algo que tenía que solucionar con él, y si alguien se entrometía, sufriría las consecuencias.

—¡Te he dicho que no lo tengo!

—¡No me lo creo! ¡Eres el único que gasta bromas tan pesadas! ¿Tan necesitado de atención estás?

—¡Por lo menos no voy pegando a la gente! A lo mejor la que está necesitada de atención eres tú.

—¡Yo no necesito la atención de nadie!

—Sí, sí que la necesitas, porque a diferencia de todos los que estamos aquí tú eres huérfana y nadie te ha querido en tu vida.

Por un segundo, Mary se descentró. Fue un segundo, pero fue lo que le bastó al recluta para empujarle y quitársela de encima.

—Es la única manera que tienes de hacerte notar y es patético, no me extraña que no tengas amigos —dijo mientras se levantaba y se limpiaba el polvo—. Toma, aquí está su estúpido pokémon, era una broma no tienes por qué ponerte así.

Tiró una Poké Ball al suelo y esta rodó hasta chocar con sus rodillas. El chico y sus amigos se fueron, dejando solo el eco de sus pisadas y de sus risas tras ellos.

—Mary…

Carol llegó casi al final, pero le dio tiempo a escuchar la última parte de la conversación. Su amiga estaba arrodillada en mitad del pasillo, de espaldas a ella, así que no podía verle el rostro.

—Aquí tienes a Zoah. Dudo que ese imbécil te moleste en un par de semanas.

Alzó la mano con la Poké Ball de su zubat pero seguía sin darse la vuelta. Carol se acercó a ella lentamente, la tomó y se la colocó en el cinturón, para posteriormente arrodillarse delante de Mary. Había agachado la cabeza así que tenía la mirada clavada en el suelo.

—Sabes que es mentira, ¿no? —La rubia no dijo nada. Carol puso su mano en su hombro y lo sacudió levemente— Hola, tierra llamando a Mary —Tardó un poco, pero al fin le hizo caso. Alzó la cabeza y Carol vio que estaba intentando contener las lágrimas.

—Ya sé que no tendría que hacerle caso pero es que, es que… ¡Le quiero reventar la cabeza!

—Pero eso no solucionaría nada, ya deberías saber que la violencia solo genera más violencia.

—¡Y lo sé pero-! —Mary se quedó a mitad de frase y volvió a agachar la cabeza. Sus hombros se hundieron y no dijo nada durante un buen rato, es como si hubiera sido derrotada por algo que Carol no lograba comprender. Pasaron un tiempo en silencio, hasta que se animó a hablar con un hilo de voz.

—¿Somos amigas, Carol?

Al final ese estúpido le había hecho dudar. Cómo odiaba que le hiciera pensar eso, ¡lo odiaba! Pero no podía evitar caer en sus trampas. Sintió que Carol le volvió a tocar el hombro y alzó de nuevo la vista. Como siempre, ella le estaba mirando con una gran sonrisa.

—¡Pues claro que sí! Eres una chica divertida, risueña, que siempre me protege y además eres muy amable conmigo —Carol cerró los ojos y ladeó ligeramente su cabeza—. Te quiero un montón, Mary, ¿por qué no iba a ser tu amiga?

A Mary no le gustaba llorar. Se había forzado a no hacerlo, desde siempre, pero no pudo evitar estallar en lágrimas al oír la retahíla de cumplidos que le había dedicado la chica que tenía delante. Le abrazó y ella hizo lo mismo, quedándose así hasta que por fin no tuvo nada más que llorar. Sí, solo por ella, había tenido mucha suerte de acabar en el Team Rocket.


Ella era la única que le había tratado bien, junto a Giovanni. El resto de ejecutivos no tardaron en revelar sus verdaderas caras pero Giovanni siempre actuó como la figura paternal que le acogió desde el primer día. A él no le importaba cual fuera su forma de ser, siempre y cuando cumpliera con sus tareas. Tal vez por eso se quedó en la organización tras su desaparición, tal vez esa era su forma de darle las gracias por haberle dado el mejor hogar al que alguien como ella podía aspirar, o tal vez se debía al simple hecho de que no tenía otro lugar al que ir.

Carol había sido su primera y única amiga. Le había ayudado incontables veces, al ser la única que le veía con buenos ojos, la única que reconocía sus virtudes entre tanto mar de vicios, la única que le veía como alguien que valía la pena y no como una causa perdida. Por eso, no podía odiarse más por la decisión que tomó meses después, cuando además de mantener a los jefes al tanto de sus actividades también empezó a delatarla y a contar sus trapos sucios. Y todo para qué, ¿para ganar algo de prestigio? Cuando quiso parar ya era demasiado tarde, pues Protón le amenazó con hacérselo saber a Carol y echarle de la organización. Como la cobarde que era, siguió haciéndolo, porque no quería acabar en un lugar peor y el miedo le superó.

Vendió su verdadera amistad, solo por conseguir algo de reconocimiento que ni siquiera acabó teniendo, y pronto acabaría pagando por ello.

—Tuve que estropearlo con mi gran ¡bocaza! ¡Es que no hago nada bien!

Lanzó su Poké Ball al suelo con fuerza al entrar a su cuarto y de esta salió Zizi. Su pokémon le miró con una mezcla de confusión y enfado, a lo que Mary suspiró.

—Lo siento, quería tirar algo al suelo y tú eras lo que tenía más a mano.

Se tiró en su cama como si eso fuera una disculpa aceptable y se tapó los ojos con su gorra. La drowzee rodó los ojos y se acercó a ella, por desgracia estaba más que acostumbrada a los arrebatos de ira de su entrenadora, aunque eso no significaba que no le molestaran.

—¿Qué debería hacer? —se dijo en un susurro. Su pokémon no dijo nada—. Quiero ayudarla, obviamente, pero al mismo tiempo si el Team Rocket acaba desapareciendo no tendré a donde ir —Alzó la gorra con el pulgar y el índice y cruzó miradas con su pokémon—. Además seguro que los jefes lo tendrán todo bajo control, no se van a arriesgar a que pase algo en el último momento.

Zizi le miraba de la misma manera que se estaría mirando a ella misma si estuviera frente a un espejo. Eran excusas disfrazadas porque no sabía qué hacer y pensaba que lo mejor era dejar que las cosas siguieran su curso. Pero podía hacer algo para cambiarlas y la cuestión era si estaba dispuesta a hacer el esfuerzo, a aceptar el riesgo. Volvió a suspirar y cerró los ojos, ¿por qué todo tenía que ser tan complicado?

—Te he fallado tantas veces que una más daría igual —empezó en un susurro— pero algo dentro de mí quiere demostrarte que no te equivocaste al confiar en mí, aunque está claro que sí lo hiciste.

No podía darle más motivos para decepcionarle. Carol vio algo bueno en ella al considerarle su amiga, y estaba dispuesta a devolverle ese favor, aunque tal vez fuera algo tarde.

—Si me pillan se me cae el pelo, si es que con suerte vuelvo a ver la luz del sol —Se sentó en la cama y se levantó. Ya estaba bien de esconderse, de seguir actuando como los reclutas que tanto odiaba. Su amiga le necesitaba y no podía dudar a la hora de prestarle su ayuda—. Tranquila, Zizi, acabe bien o mal a ti no te pasará nada.

Su drowzee se acercó y le abrazó, como si quisiera hacerle saber que estaría con ella hasta el final. Mary le correspondió y estuvieron así durante un par de minutos. Quería estar así siempre, en la tranquilidad de los brazos de su compañera, pero tenía que salir al duro exterior a demostrar que era digna de la confianza que había sido depositada en ella. Se separó y la guardó en su Poké Ball, iba a demostrarle a Carol que, después de todo, algo de razón tenía al pensar que era una buena amiga.


(Bueno, este es un capítulo algo diferente al resto, pero me parecía necesario para conocer el background de Mary y Carol y la importancia que tiene la segunda en la vida de la primera. En el siguiente ya volveremos con Lira y la historia principal, pero me parecía importante ahondar algo más en la amistad de estas dos ya que no he mostrado nada de su pasado.

Grytherin18-Friki: también me parece curioso que Fredo utilice a un pokémon que no sea de tipo hielo, pero ahora que pienso en ello lo veo como si fuera parte de su estrategia. Si vas a un gimnasio de tipo hielo sacarás primero a un pokémon de tipo fuego, justo como hizo Lira con Vulpix, imagínate la sorpresa de muchos al ver que no, que el líder te saca a un tipo agua. Y sobre lo de Vulpix... Bueno, mejor dejo que lo veas en el siguiente capítulo, y lo del sexto integrante igual, aunque a lo mejor este tarda un poco más en aparecer...

nadaoriginal: sí, la derrota ante Fredo fue un duro golpe para Lira, pero le ayudará a conocerse como entrenadora y a averiguar si es eso a lo que de verdad se quiere dedicar. No me gustan las historias en las que el protagonista es alguien invencible que lo hace todo bien a la primera, todos fallamos en algún momento y por eso esa concepción no me parece algo realista. Creo que Fredo es el mejor personaje ante el que Lira puede perder, ya no solo por su gran experiencia, sino porque hará que se replantee cosas que van mucho más allá de los combates.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).