—Ganar siempre al final se hace un poco aburrido, ¿no crees? Nah, a quién pretendo engañar. ¡Es superdivertido!

Era una preciosa mañana en Ciudad Iris, pues el sol brillaba radiantemente y los pokémon cantaban con alegría. Morti decidió aprovechar aquel día para poner a punto su casa, ya que hacía mucho que no la limpiaba, así que se encontraba barriendo el salón. Como no le molestaba, y Blanca estaba aburrida, tenía el Pokégear en manos libres sobre la mesa, para que la líder pudiera hablar con él mientras ella se preparaba para abrir el gimnasio.

—Imagino, pero perder también tiene sus cosas positivas. Necesitas ver en qué fallas para poder mejorar.

Vamos, ¡tú también no! No hay nada de malo en admitir que nos gusta ganar todo el tiempo.

—Claro que no, a nuestro ego le viene de maravilla —La puerta de su casa se abrió y la persona que entró no tardó en hacerse presente en el salón. Se asomó con gran alegría, al parecer el buen tiempo le ponía de buen humor.

—Bueeenos días pareja —saludó enérgicamente Eusine. Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa al ver que su amigo tenía el Pokégear en manos libres abandonado en la mesa, así que aprovechó para cogerlo y llevárselo al oído—. Hey, Blanqui. ¿Te cuentas algo? ¡Cuánto tiempo!

¡Eusine! ¡Estaba hablando con Morti! ¡Y tú no me puedes llamar Blanqui! ¡Déjame otra vez en manos libres o te-! —Morti no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa. Su amigo no perdía nunca la oportunidad de molestar a la líder, se conocieron de manera… curiosa, y desde entonces siempre estaban molestándose el uno al otro.

—Ah, ya echaba de menos tus berridos a primera hora de la mañana. ¿Todo bien? Yo voy avanzando con la investigación de Suicune.

¡Me da igual! ¡Estaba hablando con Morti!

Eusine rio mientras se sentaba en el sofá. Morti solo negaba con la cabeza, algún día acabaría mal y no quería que luego fuera a pedirle ayuda.

—Esas no son formas de hablarle a tu amigo, empiezo a pensar que no me quieres.

¡Porque no te quiero!

—Tan graciosa como siempre, Blanca.

Solo podía oír varios gritos ahogados por parte de la líder. Eusine seguía hablando como si su vida no corriera peligro la próxima vez que se encontrara con ella, de hecho, se sentía tan cómodo que ya se había tumbado en el sofá. Morti se le quedó mirando un rato pero no tardó en retomar su labor.

Ya que viene podría ayudar un poco.

Aun así, no podía negar que se alegraba de tener a ambos. Aunque fueran dos fuerzas indomables de la naturaleza que entraron en su vida para ponerla patas arriba, eran los únicos que se habían quedado a su lado a pesar de no poder dedicarles mucho tiempo por su estricto entrenamiento. Conocía a más personas, claro, pero ellos eran de los pocos que entendían su gran dedicación hacia el legendario y no se molestaban por ello. Siguió barriendo la estancia, disfrutando de la compañía de sus amigos, hacía tiempo que no se sentía tan en paz y quería disfrutar cada segundo de ese momento.

—¿Blanca?

Por desgracia, esa paz no duró mucho.

El tono de Eusine cambió de repente de uno divertido a uno sorprendido. No solo eso, había un ligero matiz de preocupación en su voz que no le gustó nada al líder.

—Blanca, ¿ocurre algo?

Morti se dio la vuelta con una ceja alzada. Sus ojos se encontraron con los del investigador, y eso fue suficiente para hacerle saber que, esa vez, no estaba haciendo ninguna broma. Dejó la escoba apoyada en la pared y se acercó a su amigo algo apresurado.

—¿Blanca?

—Dame —Eusine le hizo entrega del Pokégear y el rubio se lo llevó al oído—. Blanca, ¿todo bien? —preguntó con firmeza. Escuchó lo que parecían ser explosiones al otro lado, y a varias entrenadoras dándoles órdenes a sus pokémon.

—¡Desenrollar! Morti, ¡nos han-

PIIIIII

La llamada se cortó de golpe, como si la línea se hubiera caído. Morti miró a Eusine y el investigador le devolvió la mirada, el líder pudo ver reflejado en sus ojos el miedo y la incomprensión que él también sentía.

—¿Q-qué ha pasado?

Todo había sucedido muy rápido. Solo pudo escuchar a Blanca durante un par de segundos, pero fueron suficientes para creer que estaba en problemas. ¿Por qué otra razón estarían combatiendo todas las entrenadoras al mismo tiempo? Sea cual fuera el motivo no podía ser nada bueno.

—Morti, ¿qué hacemos?

El susurro de su amigo le animó a pensar. Qué hacía, claramente no iba a quedarse de brazos cruzados. No, su amiga necesitaba su ayuda, así que iba a averiguar qué demonios había pasado y lo iba a hacer en ese mismo instante. Se guardó el Pokégear y agarró su cinturón, el cual estaba sobre la mesa del salón. Lo aseguró bien en su cintura y comprobó que todas sus Poké Balls estuvieran ahí, necesitaría toda la ayuda posible.

—Me voy, diles a las entrenadoras que se tomen el día libre. El gimnasio cierra por hoy, te dejo a cargo de la ciudad mientras esté fuera. Te llamaré en cuanto sepa algo.

Estuvo a punto de salir por la puerta pero Eusine le agarró del brazo en el último segundo. El rubio se dio la vuelta, y vio que la preocupación seguía presente en sus ojos.

—¿Y-y si es una broma? ¿O si es más grande de lo que piensas y necesitas ayuda? —Morti se soltó y agarró el pomo de la puerta.

—Si es una broma me encargaré personalmente de que se le quiten las ganas de volver a hacer una parecida, pero le conoces. Has oído su voz, y has oído las explosiones de fondo, claramente no es una broma. En cuanto a si necesito ayuda, ya lo valoraré cuando llegue allí, no puedo perder más tiempo aquí.

Sin nada más que añadir, el líder abrió por fin la puerta y empezó a correr. Había oído el miedo y el terror en la voz de su amiga, y sabía que era una chica que no se dejaba intimidar con facilidad. Sí, era fácil de asustar, y más con sus fantasmas, pero ¿causarle verdadero pavor? Esa era una historia completamente distinta. ¿Qué podría haber ocurrido en Ciudad Trigal para que reaccionara así? Morti aligeró el paso, temiéndose lo peor. Solo esperaba que Blanca pudiera aguantar hasta que llegaran los refuerzos, o que todo fuera una broma pesada y que ella en realidad no corría ningún tipo de peligro.


Lira giró sobre sí misma con una gran sonrisa, sintiendo la fría pared de la cueva en su espalda al chocar contra ella. Llevaba cinco días entrenando en la Ruta Helada con Lance y podía decir que ya notaba mejorías. No solo se deslizaba con más facilidad sobre el hielo, también sentía que toleraba más el frío. Echó un breve vistazo a las palmas de sus manos, llenas de cortes por las caídas de los primeros días, pero el dolor y el esfuerzo habían merecido la pena. Se sentía más cómoda en el hielo y, gracias a eso, había reconstruido parte de su confianza.

Salta a la vista que careces de lo que hay que tener para obtener las ocho medallas. Claramente no estás preparada para continuar con tu viaje.

Aunque esas palabras… Les estaba dando más importancia de la que tenían, lo sabía, pero calaron muy hondo en ella. Sentía que no sería capaz de superarlas hasta que derrotara a Fredo y le demostrara tanto a él como a ella misma que se equivocaba. Intentó apartar esos pensamientos y volvió a impulsarse, para llegar así a la otra punta de la improvisada pista de hielo. Allí estaba el pelirrojo, de brazos cruzados, vigilando que su equipo aguantara bien el entrenamiento bajo esas condiciones casi extremas.

—Creo que ya estás preparada para esa revancha.

Lira echó un vistazo a su equipo. Todavía recordaba el primer día y cómo Togetic había estado a punto de desmayarse debido a las bajas temperaturas. Feraligatr, por su parte, se desplazaba a la misma velocidad que un slowpoke, y Espeon y Ampharos estaban más preocupados por encontrar una fuente de calor que por combatir. Ahora, Togetic era capaz de volar por toda la cueva, Feraligatr podía desplazarse como si estuviera a temperatura ambiente y tanto Espeon como Ampharos eran capaces de concentrarse en el combate, saliendo victoriosos de la mayoría.

—Vuuul.

La única que seguía estando casi como el primer día era Vulpix, y es porque a la vulpina el frío no le afectaba. Se adaptó enseguida a las condiciones de la cueva y fue progresando adecuadamente, hasta convertirse en una pokémon más poderosa que cuando entró.

—¿Crees que es el momento para dárselo?

—Creo que ese momento llegó hace mucho.

Lira sonrió ampliamente. Dio un par de pasos y llamó a Vulpix con un silbido, lo que hizo que dejara de buscar adversarios y se acercara a su entrenadora.

—¡Vul! —La pokémon se restregó contra sus piernas antes de retroceder unos centímetros y sentarse sobre sus cuartos traseros. Lira se arrodilló y empezó a rebuscar en su bolso.

—Eres una chica buena, muy buena, la más obediente de todas. Además, te has portado genial estos días y has alcanzado un gran potencial, te lo mereces con creces —Al notar algo rugoso entre sus dedos Lira miró dentro, pero no se trataba del objeto que estaba buscando. Era una piedra, sí, pero esa brillaba. Era la que le había dado Shin, casi se olvidaba de que la tenía. Siguió buscando y al final se hizo con lo que estaba buscando, una piedra de tonos cálidos que tenía grabado el dibujo de una llama—. Esto es por tu esfuerzo de estos días.

Lira sacó la piedra y la dejó a los pies de Vulpix. Ella la tocó con una de sus patas, por pura curiosidad, y al hacerlo empezó a brillar. La figura envuelta por la luz se hizo más grande y, al disiparse, reveló a una nueva criatura. Su pelaje era mucho más claro que el de su preevolución, acercándose a una tonalidad dorada, y el del final de sus nueves colas era anaranjado. Sus ojos, antes marrones y tranquilos, seguían transmitiendo la misma calma, pero ahora eran rojos. Una sonrisa adornaba sus labios.

—Niiinetales.

Lira no perdió ni un segundo en sacar su Pokédex. La enfocó en la recién evolucionada y esperó a que le diera la información que esperaba.

Ninetales.

Descripción: la evolución de vulpix. Sus nueve bonitas colas están llenas de una maravillosa energía que podría mantenerlo vivo durante mil años.

—Contigo así es imposible que perdamos ahora —Guardó la Pokédex y abrazó a su pokémon, hundiendo su cabeza en su hombro al hacerlo. Su pelaje emitía un calor que le resultaba muy agradable, y que Ninetales decidiera apoyar su mentón en la cabeza de su entrenadora solo hizo que le entrara el sueño. Se sentía como en casa, rodeada de una calidez que le resultaba familiar.

—¡Fera!

—¡Toge!

Lira se apartó al oír que el resto de su equipo se acercó para admirar a la vulpina. Sus otros cuatro pokémon le rodearon y Lira sintió que unas lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos. Ahí estaba, todo su equipo en su último estadio evolutivo, menos Togetic. Habían crecido mucho en su viaje y no se había dado cuenta de ello hasta ahora. ¿Cuándo sucedió? ¿Cuándo sus pequeños habían dejarlo de serlo para convertirse en pokémon hechos y derechos?

El pensar que el que estuvieran así era gracias a su labor como entrenadora hizo que se le inflara el pecho con orgullo.

—Parece una foto de familia.

Lira sonrió.

—Es porque lo somos.

Se levantó y se limpió las rodillas, siseando de dolor, ya que había olvidado que estas estaban llenas de moratones, cortesía de las caídas que había sufrido durante esos días.

—También creo que estoy lista para la revancha —dijo con decisión. Sentía que había mejorado mucho durante esos días y se sentía preparada para demostrárselo al líder.

—Ese es el espíritu —Lance se acercó y posó una mano sobre su hombro, apretándolo ligeramente—. Vamos, te acompaño.


Parecía que había pasado mucho, pero apenas hacía una semana de su derrota. Lira no pudo evitar estremecerse cuando llegó a la puerta del gimnasio, pues los recuerdos de aquel día se abalanzaron sobre ella como un alud. De nuevo, la duda surgió en su interior, ¿tenía lo que había que tener para ganar?

—Recuerda lo que hemos hecho estos días y todo irá bien. No eres ni de lejos la entrenadora que le desafío por primera vez.

Asintió ante las palabras de Lance. Tenía razón, se había esforzado un montón, solo tenía que tranquilizarse y centrarse en el combate. Le miró durante unos segundos, agradecía enormemente su ayuda y quería decírselo, pero estaba tan nerviosa por el enfrentamiento que no podía abrir la boca. Él pareció entenderlo y le dedicó una cálida sonrisa.

—No te preocupes, lo harás bien. Te estaré esperando por aquí.

Lira asintió de nuevo y, al fin, entró en el gimnasio. El hombre de los consejos le saludó y ella le devolvió el saludo, sentía bien tener a alguien ahí dentro que le tratara con un mínimo de amabilidad. Patinó hasta llegar hacia el otro lado y sonrió al ver que lo había hecho mucho mejor que la otra vez, ya no parecía un stantler dando sus primeros pasos.

Abrió la puerta y vio que en la segunda estancia había dos entrenadores. Eso le extrañó, hasta que recordó que la otra vez no hubo ninguno porque Fredo abrió antes de hora, así que era lógico que ocuparan sus puestos, pues había ido a desafiar el gimnasio en el horario normal. Sin embargo, el líder tuvo que decirles algo, pues le dejaron pasar como si nada hasta la última habitación.

En la tercera estancia había tres entrenadores, pero como los otros dos, le dejaron llegar hasta Fredo sin ningún tipo de problema. Estaba igual que como le recordaba, con las dos manos apoyadas sobre el bastón y una mirada capaz de congelar a cualquiera que le hiciera enfadar. No cambió su expresión al verla llegar, y ella no supo si interpretarlo como algo bueno o malo.

—¿Ya has vuelto? Menuda rapidez. ¿Crees que has sido capaz de mejorar en tan solo seis días? —Ahí estaba, lo había hecho de nuevo. Eran como las palabras de la última vez, quería meterle miedo y hacer que se cuestionara sus habilidades antes de empezar el combate. Recordó los últimos días en la Ruta Helada, todo lo que había sufrido y había trabajado, y decidió que no iba a permitir que nadie pusiera en duda su esfuerzo. Esas palabras tendrían que haber sembrado la duda en ella, pero en vez de eso encendieron una pequeña llama. No iba a permitir que nadie le cuestionara como entrenadora, ya iba mentalizada y esa vez no iba a caer en sus trampas. No vaciló ni un segundo a la hora de responder.

—No creo que haya mejorado, sé que he mejorado. Me he estado entrenando a fondo y estoy lista para esta revancha, voy a demostrar de lo que soy capaz en este combate —Para su sorpresa, Fredo sonrió ante sus palabras.

—Veo un brillo distinto en tus ojos, no eres la misma entrenadora que vino la otra vez —Asintió para sí mismo y agarró una Poké Ball de su bolsillo—. Creo que este sí será un combate interesante, veamos qué has aprendido durante estos días. Seel, ¡adelante!

—¡Espeon!

Ya que el felino había conseguido derrotar al tipo agua en el combate anterior, Lira pensó que lo mejor sería repetir lo que le había funcionado para asegurarse una pequeña victoria. Además, esa decisión formaba también parte de su estrategia.

—¡Granizo!

Seel alzó los brazos y creó la famosa granizada que tanto había atormentado a Lira la otra vez. La entrenadora se cubrió la cabeza pero mantuvo la vista en el combate, no iba a dejarse amedrentar de nuevo.

—¡Psicorrayo!

—¡Viento hielo!

Ambos ataques colisionaron, pero psicorrayo resultó ser más potente y fue el que acabó dando en el blanco. El movimiento empujó un poco a Seel pero este logró recuperarse y volvió de nuevo a su posición inicial.

—Sé más rápido. ¡Viento hielo!

—¡Esquívalo! —Espeon saltó ágilmente en el último segundo y evitó el movimiento del tipo agua. Antes de que bajara al suelo, Lira ya estaba dando su próxima orden— ¡Psicorrayo!

Seel no vio venir el ataque, así que fue alcanzado por el movimiento. Las cosas le estaban saliendo bien pero Lira no quería emocionarse, sabía que todavía era el principio y que si se confiaba no prestaría tanta atención, algo que Fredo no dudaría en usar en su contra.

Ajústate a las capacidades de cada uno y sácales ventaja. Tu Espeon es rápido y sumamente inteligente, puede entender, encadenar y ejecutar varias órdenes a la vez, así que te vendrá de perlas a la hora de combatir contra un pokémon veloz o contrarrestar los movimientos de alta prioridad. También te será de ayuda para acabar los combates que no quieras alargar demasiado, tenlo en cuenta a partir de ahora.

Las palabras de Lance no paraban de resonar en su cabeza durante el combate. Gracias a él había aprendido mucho durante esos cinco días, y es lo que le había ayudado a formar su estrategia para aquel combate. No quería dejarlo todo al azar, o esperar a que se le ocurriera algo en mitad del enfrentamiento, ya había visto que eso no siempre daba buen resultado la última vez. Tenía que ir con un plan y, al mismo tiempo, ser capaz de adaptarse a la situación cuando las cosas no iban saliendo como ella esperaba, y para ello tenía que conocer los puntos fuertes y débiles de su equipo y usarlos a su favor. No era fácil, pero esa era la diferencia entre ser un entrenador y un buen entrenador, y ella quería demostrar que era una buena entrenadora.

—Te veo más despierta que la otra vez, eso me gusta. Espero que no te moleste que seamos nosotros los que nos durmamos ahora. Seel, ¡descanso!

Ahí estaba, junto con granizo tenía que ser el movimiento que más odiaba de aquel combate. Pero tenía pensado sacarle ventaja, iba a vengarse de lo que tanto ella como sus pokémon habían sufrido la otra vez.

—Espeon, ¡ahora!

La gema roja de su frente se iluminó, y el granizo que caía sobre Lira se vio envuelto por una tenue luz verde. Las bolas de hielo que se iluminaron se quedaron suspendidas en el aire, y pasados unos segundos estas fueron como proyectiles hacia Seel. Como estaba durmiendo no pudo esquivar ninguna, así que la foca quedó muy malherida tras ese ataque. Entreabrió los ojos tras notar que había sido golpeado repetidamente por algo, y Lira no quiso arriesgarse a que volviera a dormirse de nuevo.

—¡Embístele y psicorrayo!

El felino cruzó la estancia en un abrir y cerrar de ojos, y aprovechó esa velocidad para darle más fuerte a Seel. Este acabó estampado contra la pared, y antes de que pudiera levantarse, fue alcanzado por el psicorrayo del tipo psíquico, tras el cual no hizo ningún intento de volver a moverse. Lira suspiró, el primer obstáculo había sido superado.

—Nada mal, nada mal —Fredo retiró a Seel y agarró su siguiente Poké Ball—. Aunque tengo que decir que no esperaba menos, habría sido decepcionante que no hubieras mejorado nada durante este tiempo. Dewgong, ¡adelante!

Su siguiente pokémon salió a escena y Lira aprovechó ese momento para hacer un cambio. Retiró a Espeon y sacó a Ampharos, pues confiaba en que la ventaja de tipos le sería de ayuda en ese combate. No le había hecho combatir antes contra Seel porque quería que estuviera en plena forma, ya sabía a lo que se enfrentaba y no iba a correr el riesgo de perder porque Ampharos estuviera algo cansada tras combatir primero contra el tipo agua.

—Dewgong, ¡rayo aurora!

—¡Chispazo!

El entrenamiento en la Ruta Helada sirvió tanto para que Ampharos se hiciera más fuerte como para que aprendiera un nuevo movimiento. Estaba al tanto del efecto perjudicial que podía tener para su equipo ese ataque en los combates dobles, por suerte el que estaba disputando no era de ese tipo. Tras encajar como pudo el rayo aurora, Ampharos se vio rodeada de electricidad y soltó una descarga que habría alcanzado a los dos combatientes si no se hubieran agachado a tiempo. Lira hizo una nota mental de perfeccionar ese ataque tras recuperarse del susto, mientras que Fredo por su parte no parecía muy afectado por ello. Dewgong fue alcanzado por aquel movimiento y tembló un poco tras recibirlo, pero logró mantenerse firme.

—¡Canto helado y descanso!

Como ya hizo en el enfrentamiento anterior, Dewgong mordió el hielo del suelo y se lo lanzó a Ampharos, tras lo cual cerró los ojos y se tumbó para recuperar vitalidad.

—Carga.

Ampharos comenzó a almacenar parte de la electricidad que generaba, lo que le ayudó a prepararse para el siguiente ataque y mejorar su defensa especial. Tras verle combatir un par de veces, Lance se dio cuenta de que ella recurría siempre a movimientos ofensivos, y le invitó a probar de vez en cuando otros que ayudaran a mejorar las características de sus pokémon. A partir de ahí, ya decidiría si quería seguir optando por la vía ofensiva o cambiaba un poco los movimientos de su equipo.

—Fíjate, los dos estamos aprovechando para descansar y recuperar fuerzas —Lo había dicho con… ¿una sonrisa? Notaba a Fredo más amable con ella en ese combate, ¿tal vez la percepción que tenía de ella como entrenadora había cambiado al ver que se tomaba la situación más en serio?—. Pero no podemos quedarnos así para siempre. ¡Sonámbulo!

Dewgong abrió la boca y liberó un rayo de hielo que Ampharos no llegó a esquivar. Sacudió la cabeza tras recibir el ataque y volvió a centrarse en almacenar electricidad, la cual iba acumulando poco a poco en su brazo izquierdo. Lira esperó unos segundos, hasta que consideró que ya estaba preparada para ejecutar el siguiente ataque.

—Ampharos, ¡puño trueno!

Ampharos fue directa a por Dewgong y le dio un puñetazo en toda la mandíbula que le obligó a darse la vuelta y abrir los ojos. Además, a Lira le pareció ver que surgían algunas chispas de él, ¿había conseguido paralizarle? No pudo alegrarse por ello, pues Fredo no vaciló a la hora de dar su siguiente orden.

—¡Granizo!

A pesar de la posición en la que se encontraba, Dewgong pudo invocar una nueva granizada, que hizo que Lira y Ampharos se vieran obligadas a cubrirse de nuevo. Las bolas de hielo caían sobre ellas sin piedad alguna y con más fuerza que las anteriores, algo que la entrenadora ya sabía, pero aun así le costó un poco acostumbrarse a ellas.

—¡Rayo aurora!

A través del granizo pudo ver que ese ataque hizo retroceder a Ampharos, lo que le alejó bastante del tipo hielo. Tendría que volver a atravesar el campo de combate si quería propiciarle otro puño trueno.

—¡Rayo aurora a sus pies y descanso!

Al recibir el rayo de hielo los pies de Ampharos se congelaron, y tras eso Dewgong se dio la vuelta y volvió a dormirse como si nada. Lira vio que las chispas de su alrededor desaparecieron, así que dedujo que ese movimiento no solo hacía que recuperara vitalidad, sino que además curaba los cambios de estado. Por un lado se alegró, ya que eso había resuelto una de sus dudas, pero por el otro no pudo evitar maravillarse y frustrarse a partes iguales. Había conseguido darle un golpe fulminante a Dewgong, pero Fredo supo qué hacer para alejar a su Ampharos, evitar que atacara de nuevo y frenarla para que no pudiera interrumpir la siesta reparadora de su pokémon. También, al ser un blanco inmóvil, le resultaría mucho más fácil atacarla mientras dormía. Cada vez que estaba cerca de derrotarle conseguía darle la vuelta a la situación, no había duda de que se encontraba ante un gran entrenador. Sonrió al sentir que su cuerpo liberaba adrenalina, era la primera vez que sentía que se enfrentaba a un gran obstáculo y tenía toda la intención de superarlo. No se iba a permitir el lujo de una segunda derrota, así que centró toda su atención en el combate que estaba disputando.

—¡Onda trueno!

Podía recuperarse de los cambios de estado si se dormía, pero no mientras dormía, ¿verdad? El movimiento de Ampharos hizo efecto y, de nuevo, empezaron a surgir chispas del tipo hielo. Lira titiritó y se abrazó con fuerza, estaba intentando soportar el frío de la mejor manera pero ya estaba empezando a hacerle efecto. No, no se podía desconcentrar, ese era un momento decisivo y tenía que dirigir a su pokémon costase lo que le costase.

—¡Puño trueno en el suelo! ¡Tienes que liberarte!

Ampharos golpeó el suelo repetidamente y logró crear un par de grietas en este, pero no fueron suficientes para poder sacar los pies del hielo. Era una capa muy resistente y no podía romperse así como así, Fredo había preparado su gimnasio para asegurarse de ello y utilizarlo a su favor.

—Dewgong, ¡sonámbulo!

Lira se mordió el labio al ver que Ampharos no podía esquivar el ataque en ese estado. Por si eso fuera poco, su compañera ya se estaba cansando, se notaba en la forma en la que había empezado a jadear y en que cada vez golpeaba con menos fuerza.

—¡Sonámbulo! —Dewgong tembló y Lira suspiró aliviada. Por fin la parálisis surtía efecto, tenía que aprovechar ese respiro para contraatacar y hacer que el combate fuera suyo.

—¡Haz un último esfuerzo! ¡Rompe el hielo! —Ampharos tuvo que sentir la determinación de su entrenadora, porque empleó sus últimas fuerzas para salir al fin de sus cadenas— ¡Puño trueno! —Intentando ignorar el cansancio, Ampharos cruzó el campo de combate y consiguió darle a Dewgong— ¡Dale otra vez!

—¡Sonámbulo!

En el momento en el que Ampharos volvía a darle un puñetazo a Dewgong, este abría la boca para liberar un rayo de hielo que le dio en el pecho. Ambos pokémon retrocedieron, y al pasar unos segundos Lira vio que su compañera cayó al suelo de manera fulminante.

—¡Ampharos! —Al mismo tiempo que ella se desmayaba, la granizada amainó. Lira se acercó a ella y se arrodilló a su lado, la pobre estaba temblando y tenía pequeñas placas de hielo en el pecho. Lira le acarició el hocico y le dio un beso antes de retirarla, para posteriormente alzar la mirada y ver que Fredo había retirado también a Dewgong. Ambos pokémon habían sido derrotados, lo que le dejaba un sabor agridulce. Todavía tenía que enfrentarse al miembro más poderoso de su equipo y ella había perdido a una gran ayuda, lo peor estaba por venir.

—Por fin hemos llegado al final, pero no creas que todo se decide en el último combate. Muchos creen que depende de él y eso no es cierto, el resultado final será el conjunto de todas las decisiones que has tomado durante el combate, incluso aquellas que parecen más insignificantes. ¿Esas elecciones te habrán llevado a la victoria o a la derrota? Todavía no hay nada escrito así que no te confíes, ni tires la toalla. Piloswine, ¡adelante!

De la última Poké Ball del líder surgió un gran pokémon cubierto por una gran mata de pelo marrón, de la cual surgían dos colmillos blancos y una nariz rosada. Lira acarició una Poké Ball y la agarró, era hora de que su recién evolucionada compañera se luciera.

—Ninetales, ¡adelante!

La vulpina salió, radiante, y aterrizó con elegancia sobre la capa de hielo. Permaneció inmóvil mientras estudiaba con atención a su oponente, quería extraer la máxima información posible de él antes de empezar a combatir.

—¡Granizo!

—¡Fuego fatuo!

Lira ya no tenía que seguir preocupándose por el frío, pues la mitad de las llamas que creó su pokémon le envolvió en un cálido remolino. Sintió que sus músculos se relajaron considerablemente y que ya no tenía la necesidad de estar encorvada, podía corregir su postura y centrarse completamente en el combate. La otra mitad, en vez de envolver a Piloswine, acabó desperdigada por el campo de combate, aunque una parte importante se concentró bajo el suelo que él pisaba.

—A ver con qué me sales ahora. ¡Bomba fango!

—¡Lanzallamas!

Después de dirigirle una gran llamarada al tipo hielo, Ninetales se vio cubierta por un lodo espeso. Se sacudió e intentó quitárselo, pero por mucho que se esforzara no había manera de deshacerse de él. Empezó a dar vueltas sobre sí misma pero Lira le tranquilizó antes de que pudiera ponerse más nerviosa.

—Tranquila, chica. Sé que puedes recuperar la calma, pon toda tu atención en él —Ninetales se detuvo y volvió a centrarse en su adversario, aunque se notaba que el barro le seguía molestando—. Así me gusta. ¡Lanzallamas!

—¡Ventisca!

El movimiento de Piloswine era de una potencial tal que menguó bastante el ataque de Ninetales. La gran llamarada se convirtió en una pequeña, y las llamas que había esparcidas por el campo también disminuyeron en tamaño.

—¿En serio? —Lira rechinó los dientes. Fredo estaba intentando frustrar su estrategia de nuevo pero no podía permitirse ese lujo, no estando tan cerca del final— ¡Fuego fatuo!

De nuevo, un par de llamas se desperdigaron sobre la capa fría que hacía de suelo de gimnasio. Lira empezaba a ver un par de grietas en la parte en la que se encontraba Piloswine, pero todavía no era suficiente para que esta cediera. Necesitaba un poco más de calor.

—¡Lanzallamas!

—¡Bomba fango!

Ninetales saltó, lo que le permitió esquivar el barro, y lanzó su ataque desde las alturas. Este dio en el blanco y Lira sonrió, aunque dejó de hacerlo en cuanto vio que Fredo también sonreía. Su pokémon agachó la cabeza y empezó a masticar algo, al mismo tiempo que su entrenador gritaba otra orden.

—¡Bomba fango!

Al encontrarse todavía en el aire, Ninetales no pudo esquivar el ataque esa vez, así que fue cubierta de nuevo por el barro que tanto le molestaba. Aterrizó de forma algo aparatosa y comenzó a jadear, los ataques de tipo tierra no le sentaban nada bien y tener lodo por todo su cuerpo le dificultaba bastante respirar.

—No te preocupes, ya queda poco —Es lo que quería pensar, pero Fredo estaba muy tranquilo y su pokémon parecía haber recuperado un poco de vitalidad, algo que no le gustaba nada a la joven—. ¿Qué ha comido?

—Una baya zidra. Te recomiendo que uses las bayas en los combates, siempre vienen bien y te pueden dar un empujón cuando más lo necesitas. ¡Ventisca!

—¡Fuego fatuo! —Ventisca haría peligrar de nuevo la integridad de las llamas así que Lira decidió reforzarlas otra vez, pues no tenía la más mínima intención de que estas se apagaran. Sin embargo, Fredo parecía estar igual de determinado en acabar con ellas, lo que le complicaba bastante las cosas.

—¡Bomba fango en las llamas!

—¡Impídelo!

Ninetales recibió el ataque para evitar que este apagara el fuego, pero por desgracia no fue capaz de aguantarlo. Demasiado barro para un tipo fuego. Lira le retiró para sacar rápidamente a su siguiente pokémon, no quería echar a perder la gran oportunidad que le había brindado su compañera e iba a darle las gracias ganando ese combate.

—Feraligatr, ¡triturar en el lomo!

—¡Feraaaaligatr!

Nada más salir el tipo agua hizo lo que se le pidió, abalanzándose sin piedad sobre Piloswine. La fuerza que ejerció sobre él hizo que al fin el hielo que había bajo sus pies cediera, quedándose encajado en el propio suelo. Eso causó una gran grieta que se extendió por todo el campo de combate, lo que dejó al descubierto parte del agua que había bajo este.

—Ahora sí, ¡surf!

En condiciones normales el agua se habría congelado, como pasó la vez anterior, pero gracias al fuego fatuo de Ninetales la temperatura subió lo justo como para que el ataque pudiera ejecutarse sin ningún problema. Piloswine no pudo moverse, y aunque hubiera podido no habría logrado esquivar el ataque, pero al estar clavado en el sitio el agua le dio con más fuerza. Por desgracia, eso hizo que las llamas se apagaran, pero Lira ya no las necesitaba más. Un breve vistazo al tipo hielo era suficiente para saber que estaba en las últimas.

—¿Cómo? Hm, eso es nuevo —Fredo agachó la cabeza durante unos segundos y murmuró algo para sí mismo—. Pero no pienso rendirme ante la adversidad, lo daré todo hasta mi último aliento. Piloswine, ¡ventisca!

—¡Triturar!

Feraligatr se quedó quieto durante los instantes en los que duró la ventisca, la cual congeló de nuevo el suelo, pero al acabar volvió a morder en el lomo al tipo hielo y le acabó tumbando. No se levantó, así que eso solo podía significar una cosa.

—Hemos… ganado.

Lira cayó de rodillas, pero esa vez por una razón muy distinta a la anterior. Sintió de nuevo las ganas de llorar y dejó que las lágrimas cayeran libremente por sus mejillas, toda la tensión y las dudas de los últimos días se estaban esfumando tras ver que había sido capaz de derrotar al séptimo líder. Feraligatr se acercó y ella le dio un abrazo, aunque hizo una nota mental de darle las gracias debidamente al resto de su equipo en cuanto se recuperara. Habían ganado, y había sido gracias al esfuerzo de todos.

—Lo siento si fui algo duro contigo en el combate anterior, no creas que fue algo personal.

Lira alzó la mirada y vio que Fredo se dirigía lentamente hacia donde estaba ella. La joven se levantó y se secó las lágrimas, al mismo tiempo que guardaba a Feraligatr en su Poké Ball.

—Verás, me gusta poner a prueba a todos los entrenadores que consiguen llegar hasta aquí. Muchas veces os centráis tanto en vuestros equipos que os dejáis de lado a vosotros mismos y no cultiváis vuestra fortaleza psicológica, que es igual de importante que el resto de aspectos.

—Sí, supongo que le dedicamos tanto tiempo a nuestros compañeros que nos olvidamos de nosotros mismos.

—Así es, lo cual es un gran error. Podéis veniros abajo ante el primer gran obstáculo que os salga en el camino, y si no sabéis cómo gestionarlo, os quedaréis estancados y no querréis ni sabréis continuar. Mi combate es otra prueba, en cierto modo, una prueba que os obliga a repensar vuestro viaje y considerar si de verdad estáis dispuestos a esforzaros al máximo para llegar a ser un buen entrenador. Quería llevarte al límite para ver cómo reaccionarías, el camino que te espera a partir de ahora es más duro de lo que piensas y no todo el mundo está preparado para afrontarlo, pero tú has sabido reponerte ante mis duras palabras y entrenar para hacer que me las trague. No sé si podrás con todo lo que se te viene encima, pero sé que ahora estás más preparada que hace unos días —El líder metió una mano en el bolsillo de su gabardina azul y rebuscó algo durante unos segundos—. Aunque un pidgey me ha dicho que te han ayudado, pero está bien. No hay que rechazar la ayuda cuando hace falta, también hay que aprender a apoyarse en los demás. Lira, ahora sí, me enorgullezco de hacerte entrega de la medalla glaciar. Te la mereces con creces.

Fredo se acercó a ella y le dio la medalla. Lira la tomó y la observó con una gran sonrisa, era parecida a un copo de nieve azul claro. La admiró durante unos segundos y después la guardó con el resto, antes de hacerle una reverencia al líder.

—Muchas gracias, Fredo. Siento que he aprendido mucho con tus dos combates.

—Eso forma parte también de tu objetivo, ¿no? Aprender a través de los combates que libras en tu viaje, tú también le has enseñado un par de cosas a este viejo. Recuerda que no hay edad límite para eso, Lira, el aprendizaje se lleva a cabo durante toda nuestra vida. Jóvenes o ancianos, todos podemos aprender de todos y debemos colaborar para construir un mundo mejor, solo un necio pensaría que lo sabe todo y ya no hay nadie que le pueda aportar nada. Pero bueno, mírame, ya te estoy soltando la chapa como el abuelo que soy —Lira rio y Fredo negó con la cabeza—. Venga, sígueme, que te acompaño a la salida. Seguro que estás deseando salir de aquí.

—No te haces ni una idea.

Fredo asintió y se dio la vuelta para dirigirse a la pared que estaba de espaldas a él. Lira no se había fijado por el combate, y porque estaba camuflada ya que tenía el mismo color que la pared del gimnasio, pero ahí había una puerta. El líder la abrió con una llave que se sacó del bolsillo y entró en lo que parecía ser una especie de pasillo estrecho e iluminado tenuemente por un par de bombillas que parpadeaban de forma intermitente. Lira le siguió, y tras recorrerlo llegaron a otra puerta, que les dejó en la entrada del gimnasio. No sabía que los gimnasios escondían ese pequeño truco pero le pareció bastante práctico, así cada vez que un líder tuviera que salir o entrar no tendría que atravesar todo el gimnasio para ello.

Los dos salieron al fin y al hacerlo fueron recibidos por Lance, que les estaba esperando desde hacía un rato. Se acercó a ellos con la intención de preguntar cómo había ido el combate, pero la sonrisa de Lira le dijo todo lo que tenía que saber.

—Veo que ha ido mucho mejor que la otra vez.

—Así es, al final ha conseguido ganar, se ve que le ha echado agallas. Me recuerda un poco a ti, la verdad. Por cierto —Después de eso, Fredo le dio con su bastón en la espinilla al pelirrojo. Lance se dobló por el dolor y se acarició la zona afectada, después alzó la cabeza y le miró con incomprensión al líder.

—¡¿Y eso por qué?!

—Porque has ejercido de hermano mayor y te has pasado un poco con la ayuda. Tengo ojos por esta zona, recuérdalo, y a ti te tengo muy vigilado —Lira tuvo que cubrirse la boca para forzarse a no reír, las interacciones entre ellos dos le parecían muy divertidas—. Bueno, ¿vienes por algo? ¿O solo querías ver si el tiempo que has dedicado en entrenarla ha valido la pena?

—Ah, sí —Lance se enderezó y su semblante se volvió algo serio—. La enfermera me ha dicho que Gyarados ya está en plena forma, Lira —A la joven se le fueron las ganas de reír tras escuchar esas palabras. Sus ojos se abrieron y al mismo tiempo se iluminaron de esperanza.

—¿Sí? ¿Seguro?

—Segurísimo. Ella quería dártelo pero le he dicho que iría a verte, así que me lo ha dado para que te lo entregue —Mientras decía eso, Lance agarraba una Poké Ball de su cinturón—. ¿Sabes qué vas a hacer con él? Todavía tienes un hueco libre en tu equipo.

—Sí, pero ya tengo a un pokémon de tipo agua —Lira se quedó mirando la Poké Ball durante unos segundos, aunque ya tenía su decisión tomada desde el momento en el que lo capturó. La aseguró bien en el cinturón y alzó la cabeza con determinación—. Voy a liberarlo, su hogar es el Lago de la Furia. Solo lo atrapé para que recibiera la atención que necesitaba, ahora que está bien es hora de que vuelva a casa.

—¿Cómo? —Fredo alzó una ceja ante la respuesta de la joven— ¿Me estás diciendo que vas a liberar así como así a un shiny, como decís hoy en día? Eso tengo que verlo con mis propios ojos.

—No perdamos el tiempo, pues. Vayamos al Lago de la Furia, Dragonite puede llevarnos a los tres —Lance miró de reojo a Fredo con una sonrisa pero el líder no parecía estar tan emocionado como el pelirrojo.

—Pero qué manía tienes con que me suba a esa cosa. Mejor vamos en el coche de san Fernando, un ratito a pie y otro andando.

—Esperad, ¿podríamos ir al Centro Pokémon antes de eso? Mi equipo necesita descansar.

—Por supuesto, saldremos en cuanto estemos todos listos.


Después de atravesar la ruta 43 sin tener ningún percance con ningún girafarig, el trío por fin llegó al lago. Había vuelto a llover, pero no era ni de lejos la tormenta que formó Gyarados cuando estuvo enfadado. Lira dio unos pasos y se acercó a la orilla, dejando a los dos hombres atrás.

—Gyarados, sal.

Presionó el botón de la Poké Ball y de esta salió el gran pokémon. Seguía teniendo cara de pocos amigos, pero al menos no se le veía molesto. Cuando vio a Lira agachó la cabeza y le inspeccionó con curiosidad.

—Sé que lo has pasado mal pero ya no sufrirás más, Lance y yo nos hemos encargado de ello. Esas ondas no volverán a molestarte, ni a ti ni a tus compañeros —En un primer momento Lira no supo decir si le había entendido, pero supuso que sí al ver que se acercó a ella todavía más. La joven cerró el espacio entre ambos y le acarició el hocico—. Por fin vuelves a casa.

Lira presionó el botón de la Poké Ball de Gyarados durante diez segundos y al hacerlo, esta se reinició. Gyarados se separó de ella y miró a ambos lados, como si hubiera pasado algo que le hubiera confundido. Al fin, había sido liberado. Le echó un último vistazo a la morena y se hundió en el lago, probablemente iría a descansar a su refugio.

—Pues no mentías, no —Fredo fue el primero en romper el silencio tras unos segundos. Los tres se habían quedado con la mirada fija en el lago, felices por ver que la gran serpiente marina había vuelto sana y salva a su hogar.

—Claro que no. Cuando se trata de pokémon, yo nunca miento.

Al ver que Gyarados no volvería a surgir, Lira dirigió su mirada al pelirrojo que tenía al lado. Él estaba de brazos cruzados, manteniendo la vista clavada en el lago y con una sonrisa de satisfacción adornando sus labios. La morena sintió que una ola de determinación recorrió su cuerpo, sin lugar a dudas se sentía preparada para lo que estaba a punto de plantear.

—Lance —El pelirrojo le miró cuando dijo su nombre. Lira sonrió y agarró una de las Poké Balls de su cinturón—. Te reto a un combate. ¡Aquí y ahora!

Los ojos del pelirrojo se abrieron ante aquella propuesta, pero después de la sorpresa inicial, le pareció gracioso darse cuenta de que había sido retado más veces en la última semana que en los últimos meses.

—¿Aquí y ahora?

—Así es. Eres un gran entrenador y he aprendido mucho durante estos días contigo, pero quiero comprobar de primera mano lo fuerte que eres. Seguro que me será de gran ayuda para el viaje —Eso sonaba bien, pero Lance sabía que no podía hacerlo. Ya había roto las normas con aquel niño pelirrojo en el escondite, y lo hizo porque pensó que eso le ayudaría a cambiar, pero no tenía ningún motivo de peso para aceptar el reto de la entrenadora y volver a saltarse la normativa.

—Me temo que no puedo aceptar tu reto, Lira. No creo que este sea el mejor momento —La morena se desanimó ante la negativa. Pensó que, al menos, el pelirrojo se lo pensaría un poco más antes de dar la repuesta—. Pero te prometo que, cuando reúnas todas las medallas, combatiremos. De eso puedes estás segura.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—Bueno, bueno. Que sí, que lo hemos entendido, tampoco os pongáis así ahora —Fredo se acercó al dúo y se interpuso entre ellos para llamar su atención—. Si no tenéis nada mejor que hacer sugiero que volvamos a Pueblo Caoba, todavía tengo un par de cosas pendientes que hacer.

—Cierto, aunque yo debería tomar el camino a Ciudad Endrino. Tengo que tratar un asunto con mi abuelo.

—Yo también debería ir a Ciudad Endrino. Me gustaría conseguir la octava medalla cuanto an-

Riiing riiing

Antes de que la morena pudiera acabar la frase, su Pokégear sonó. Y no solo el de ella, también el de Lance. Ambos se miraron, confundidos, y aceptaron las llamadas casi al instante.

¡Lance!

¡Lira!

—¿Karen?

—¿Profesor Elm?

Esto es terrible, ¡terrible digo! —La voz preocupada del profesor hizo que se le erizara el vello de la nuca— Ni yo sé cómo explicarlo. Pon la radio, Lira, ¡es mejor que lo escuches por ti misma!

Lance, esto se ha ido completamente de las manos. ¡Pon la radio ya! ¡Cualquier emisora sirve!

Ambos entrenadores miraron a Fredo, que era el único que no tenía su Pokégear ocupado. El líder lo sacó y puso la radio, puesto que había oído a la perfección las demandas desesperadas de las dos personas que se encontraban al otro lado de la línea. Lance y Lira se acercaron a él para poder oír mejor.

¡Jajaja! Querida Johto, ¿nos oís? ¡Somos el Team Rocket! Después de tres largos años, al fin hoy resurgimos más fuertes que nunca. Si pensabais que estábamos acabados volved a pensar, porque los únicos acabados son aquellos que no pertenecen a nuestra organización. La toma de Ciudad Trigal es solo el primer paso de nuestro plan, no estáis preparados para la que se os viene encima. Giovanni, ¿nos oyes? ¡Lo hemos conseguido! ¡Ya puedes volver con nosotros! A ver quién nos puede parar ahora, porque con nuestra pequeña sorpresa nadie será capaz de hacernos frente.

—No puede ser…

El mensaje volvió a repetirse, era lo único que se podía oír en cualquier emisora. Lance palideció y pareció considerar algo durante un par de segundos.

—Karen, luego te llamo. Estad atentos por si dicen algo más.

¿Quieres que hagamos algo?

—De momento no, voy a investigar para comprobar qué ocurre de primera mano. Quedaos ahí y estad pendientes por si os vuelvo a llamar, a lo mejor os necesito para coordinarlo todo desde allí —Lance colgó y Lira hizo lo mismo—. Lo siento Lira, me temo que tu combate por la octava medalla tendrá que esperar.

—Claro que tendrá que esperar, no pienso ignorar esta amenaza —Lance asintió y dirigió su mirada a Fredo.

—Estate atento al Pokégear, por lo que pueda pasar.

—Por supuesto, sabes que nunca me separo de este cacharro. Ahora iros y paradles los pies a esos degenerados, solo Arceus sabe qué es lo que tienen pensado hacer.

—Eso haremos —Lance sacó a Dragonite de su Poké Ball y se hizo a un lado—. Vayamos en Dragonite, es más rápido así que estaremos allí en un abrir y cerrar de ojos.

—De acuerdo.

Lira se subió en él, y cuando el pelirrojo hizo lo mismo el tipo dragón alzó el vuelo y puso rumbo a Ciudad Trigal. Fredo se convirtió en un diminuto punto que no tardó en desaparecer, y unos segundos más tarde Pueblo Caoba también dejó de ser visible.

Si estuvieran volando por disfrute, Lira habría podido admirar la ruta 42 y Ciudad Iris en todo su esplendor, pero el nerviosismo le impedía relajarse y maravillarse ante la belleza de su región. Atravesaron al fin la ciudad de las leyendas y se adentraron en la ruta 37, aunque poco le importaba a la joven dónde se encontraba, mantenía la vista en el suelo con la esperanza de ver pronto bajo ellos los edificios de Ciudad Trigal. Fue gracias a eso que, cuando cruzaron el Parque Nacional y llegaron a la ruta 35, pudo ver a alguien que le resultó muy familiar. Era rubio, y desde arriba podía intuir el color morado de su vestimenta. La joven entornó los ojos, pero desde tan alto no sabría decir si estaba en lo correcto, ¿podría ser él?

—Espera un momento —Lira señaló la figura que había visto y Dragonite se detuvo—. ¿No es ese Morti?

Lance le miró con detenimiento, y al comprobar que sí lo era le pidió a su pokémon que aterrizara frente al líder. Morti frenó en seco al ver que la gran sombra del dragón descendía rápidamente ante él, y se cubrió la cara con los brazos para protegerse del viento que se levantó. Cuando este se posó en el suelo Lance y Lira se bajaron, y los dos no pudieron evitar preocuparse al ver que el siempre tranquilo líder parecía algo agitado.

—¿También vais a Ciudad Trigal? —preguntó apresurado.

—Sí, hemos escuchado su mensaje en la radio.

—¿Su mensaje?

—Sí, su —Lance paró en mitad de frase y negó con la cabeza—. Mejor te lo explicamos mientras vamos de camino, no hay tiempo que perder. Aunque, tal vez —El pelirrojo se llevó una mano a la barbilla mientras alzaba la mirada—. Ciudad Trigal tiene dos accesos. Somos tres, llamaríamos la atención si fuéramos juntos. Propongo que tú y Lira continuéis por la ruta 35, yo entraré por la ruta 34. Ella te pondrá al tanto de todo.

—Me parece bien, no hay tiempo que perder.

—¡Espera!

En un acto reflejo, Lira le agarró el brazo al pelirrojo antes de que pudiera subirse a los lomos de Dragonite. Él se dio la vuelta, sorprendido por aquel acto espontáneo, pero dejó que se explicara antes de irse.

—¿No es peligroso ir solo? A lo mejor alguien más debería acompañarte —Lance sonrió ante la preocupación de la morena.

—Estaré bien, ya has visto de lo que es capaz Dragonite —Se acercó a ella y le revolvió el cabello de forma afectuosa—. Nos vemos en la Torre Radio, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Sin más dilación, el pelirrojo se subió a Dragonite y emprendió el vuelo a la ruta 34. Lira miró a Morti y él le devolvió la mirada con la misma determinación que desprendía ella.

—¿Vamos? —Lira asintió.

—Vamos.


(Pido perdón por si este capítulo os pareció muy largo, pero es que no podía acortarlo. No había forma de dividirlo en dos y que quedara bien, y tampoco quería quitar escenas porque todas me parecían importantes. Espero que no os haya resultado muy pesado y que tengáis ganas de leer el siguiente, pues ahí ya empieza la inmersión en Ciudad Trigal.

Grytherin18-Friki: la verdad es que en un principio no tenía pensado hacer un capítulo de ese estilo, pero me surgió la idea de repente y vi que podía encajar y me animé a escribirlo. El resultado fue ese, creo que es bastante útil porque nos permite conocer tanto el pasado de Mary y Carol como el de la organización y su fundación, vista a través de los ojos de la rubia. Al final decidió ayudar a su amiga, veremos si las cosas les salen bien a ambas.

nadaoriginal: justo lo que dices, además de profundizar en el personaje de Mary y su relación con Carol quería que ese capítulo sirviera como pausa porque se avecina mucha acción, y quería daros un respiro antes de eso. También, esto servirá de ayuda para darle más emoción a una escena que tengo planeada en un cap futuro.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).