—¿Qué está pasando? ¿Han derrotado a Giovanni?
—No… No me digas que ese niño ha…
—¡Maldición! ¿Y ahora qué hacemos?
—¡Tenemos que huir antes de que venga la policía! ¡Rápido!
El interior de Silph S.A. se volvió un caos después de que llegaran las noticias de que Giovanni, el líder del Team Rocket, había sido derrotado por un niño de diez años. Algunos reclutas corrían de un lado para otro con la esperanza de llegar a tiempo a la salida, otros lloraban desconsoladamente, y pocos habían aceptado su destino y estaban esperando a que viniera la policía a arrestarles. Entre todo ese alboroto, Carol estaba intentando comprender qué había pasado para que todo el mundo actuara así, se sentía desorientada en un lugar tan grande rodeada por gente que no paraba de gritar.
—¡Carol!
Se dio la vuelta y vio que Mary iba corriendo hacia ella. Carol se acercó a su amiga, ver a una cara conocida entre tanta confusión le tranquilizó bastante.
—Mary, ¿qué está pasando?
—Han derrotado a Giovanni, puede que el Team Rocket se disuelva.
—¿Se disuelva? —Los ojos de la niña se abrieron ante esa noticia— ¿Eso significa que volveremos a ser libres?
—Eh, bueno, imagino… —dijo en un susurro. Por alguna razón no se le veía tan animada como a su amiga.
—Espera, ¿dónde está Silver? —Se dio la vuelta para buscar a su amigo pero al hacerlo vio que alguien se había situado justo detrás de ella. Alzó la cabeza y vio que se trataba de Atlas.
—No os preocupéis, que el Team Rocket está lejos de disolverse, este ha sido un mero contratiempo. Carol, Mary, acompañadme, vosotras y un par más seréis resguardadas para poder seguir con nuestro plan cuando las cosas se calmen.
Tras decir eso, el ejecutivo tomó la mano de ambas niñas y las guio por el edificio. Su tranquilidad tendría que haber resaltado entre tanta locura, pero los reclutas estaban tan preocupados por su futuro inmediato que no le prestaron ningún tipo de atención. Consiguieron llegar al ascensor y bajaron a la planta baja, donde les estaba esperando un vehículo en la puerta.
—Tendremos que mantener el perfil bajo durante unos meses… O forzarle a hacer eso. Si no es posible nos las arreglaremos para salir adelante, todavía tenemos recursos para ello —susurró antes de salir del edificio y dirigirse al coche. Carol echó un último vistazo a Silph S.A. antes de entrar, al parecer derrotar a Giovanni no era requisito suficiente para acabar con la organización.
¿Qué tendría que pasar para que tanto ella como sus amigos pudieran ser libres al fin?
…
Era como volver a ese día hace tres años, solo que el actual líder no había sido derrotado y el ejecutivo que le estaba esperando era Protón.
Los reclutas le llevaron a la base secreta de Ciudad Trigal, conduciéndola por los pasillos que tantas veces había recorrido hasta llegar al despacho del ejecutivo, quien ya le estaba esperando. Sonrió al verla entrar, como si hubiera estado esperando ese momento desde hace tiempo.
—Mi querida Carol, pensé que había sido muy claro con la norma de que no podías salir de Ciudad Trigal.
—Y lo fue, señor. Solo quería tomar el aire durante unos minutos, no tenía pensado demorarme mucho.
—Ahí está, solo querías tomar el aire durante unos minutos. Y con los slowpoke fue que no querías ser tan cruel, siempre tienes una excusa para todo y parece que puedes saltarte las normas solo porque quieres. Has aprovechado todo lo que has querido y más la posición de intocable que te dio Giovanni, y ten por seguro que eso es lo que te ha librado de recibir el castigo que mereces —El ejecutivo se acercó a ella con una sonrisa que se iba agrandando por momentos, Carol por su parte sentía que ella se iba encogiendo—. Pero por fin ha llegado la hora, la hora de que pagues por todo lo que nos has molestado haciéndonos un gran favor. Tengo que admitirlo, cuando Atlas me lo dijo hace un par de días pensé que estaba bromeando, pero entonces entendería por qué ha pasado por alto todas tus insolencias. Sin duda ha merecido la pena.
Chasqueó los dedos y los reclutas que le habían llevado hasta ahí le forzaron a ponerse de rodillas. Con el rabillo del ojo vio que uno de ellos intentaba no establecer contacto visual, como si no quisiera inmovilizarla y eso le avergonzara. Al prestar más atención, vio que se trataba del rocket al que había acompañado en el Teatro de Danza.
—¿Tienes algo que decir al respecto?
—Que no vais a ganar.
—Ah, claro —A Protón se le iluminó el rostro, como si hubiera recordado algo—. Seguro que tenías algo planeado para este día, no me sorprendería en absoluto si así fuera. Pero déjame decirte, querida, que a estas alturas nada puede detenernos.
—Eso no lo sabes. No sabes si he planeado algo, y aunque lo haya hecho no tienes ni la más mínima idea de qué se trata —Protón se encogió de hombros y cerró los ojos, como si quisiera decir "me has pillado".
—Es cierto, no lo sé, porque justo cuando el pidgey tenía que hablar no ha hablado —Carol le miró confundida, pues no entendía a qué venía esa expresión en ese momento. El ejecutivo se dio la vuelta para hablarle a los reclutas que tenía a sus espaldas—. Adelante, es hora de que sepa cómo es su amiguita en realidad.
La primera fila de reclutas se hizo a un lado, revelando a una segunda fila que estaba reteniendo a alguien. Dicha persona estaba arrodillada, amordazada y maniatada, y estaba intentando liberarse por todos los medios posibles. A Carol se le abrieron los ojos al reconocerla.
—¿Mary? —Su amiga se puso más nerviosa al oír que se dirigía a ella— ¿Qué estáis haciendo? ¡Soltadla! ¡Ella no tiene nada que ver!
—Oh, créeme, justamente ella tiene mucho que ver. Por dónde empiezo, ¿nunca te has preguntado cómo es posible que lo sepamos todo sobre ti? ¿Por qué parece que vamos un paso por delante y sepamos qué es lo que vas a hacer a continuación? —Mary se revolvió con más insistencia pero Protón se acercó a ella y de una patada le tiró al suelo, para posteriormente poner un pie en su abdomen e impedir así que pudiera moverse— ¿No te parecía extraño? Pues estás a punto de saber por qué. Verás, desde el primer día esta chica se ha dedicado a contárnoslo tooodo sobre ti. Qué hacías, qué pensabas, cuáles eran tus verdaderas intenciones… Se acercó a ti por puro interés, y ha mantenido la fachada hasta el último día. Ha resultado ser una gran aliada para nosotros, y tú pensando que era tu amiguita.
Carol miró a Mary tras escuchar aquello y ambas cruzaron miradas. Mary negó con la cabeza y Carol le miraba como si no pudiera creérselo, tenía la boca entreabierta como si quisiera decirle algo pero el shock era tal que no podía formar una frase coherente. Protón sonrió al ver su reacción.
—Aunque para ser justos… Esta vez no ha dicho nada, y como no me fiaba ni un pelo de ella le he pedido a un grupo que me la trajera hasta aquí.
—¿Es eso verdad? —consiguió decir al fin. Mary seguía negando con la cabeza pero no podía decir nada, pues seguía estando amordazada.
—Ah, cierto. Dejemos que la acusada se defienda.
Protón se agachó y le quitó el esparadrapo de la boca. Mary tomó una gran bocanada de aire y se puso a hablar tan rápido como pudo.
—Carol, es cierto pero no es lo que tú crees, ¡en serio! Fue un encargo de Altas, me pidió que me hiciera tu amiga para mantenerles al tanto de lo que hacías, pero con el tiempo empecé a apreciarte y no sabes cuánto valoro tu amistad. Quise parar, ¡de verdad que sí! Pero para entonces ya era tarde, y me amenazaron con echarme de la organización si me echaba atrás.
—¿Cómo has podido? —dijo en un susurro casi inaudible.
—Lo siento, de verdad que no me quedaba otra opción —En los ojos de Carol no había enfado, solo decepción—. Por favor, no me odies —La recluta bajó la mirada, visiblemente dolida, y no dijo nada más—. Carol-
—Ya es suficiente —Protón volvió a taparle la boca a Mary y se levantó—. Atadla a ella también y vigiladla hasta que lleguen nuevas órdenes.
Carol no opuso ningún tipo de resistencia cuando el resto de sus compañeros empezaron a inmovilizarla. Mary seguía moviéndose pero ella no le hizo caso, seguía manteniendo la mirada en el suelo y acabó por cerrar los ojos. Pensaba que con la ayuda de su hasta entonces amiga podrían ganar, pero después de conocer cuáles habían sido sus intenciones desde el principio lo dudaba. A saber si habría cumplido su parte del plan, y a saber si Lira se las habría apañado para echar a los reclutas del Túnel Trigal. Aunque se había intentado mostrar optimista, después de aquello no pudo evitar pensar que la victoria estaba más lejos que nunca.
El Túnel Trigal estaba tan vacío que lo único que podía oír Lira era el sonido de sus pisadas. Se notaba que había habido vida hasta hace poco, pues el suelo estaba repleto de latas de refresco y de envoltorios de comida basura medio llenos, lo que indicaba que quienes se encontraban ahí se habían visto obligados a abandonar el lugar a toda prisa. Ella siguió caminando, intentando ignorar la suciedad que había allí y centrándose únicamente en llegar a su destino.
Tras bajar las escaleras continuó por el pasillo hasta llegar casi al final de este. A su izquierda el corredor continuaba, y como todavía no había visto a ninguna chica kimono se adentró para ver si se encontraba ahí. Tanto las paredes amarillas como el suelo parecían estar pringosos, lo que le indicaba que los rockets no eran las personas más aseadas del mundo precisamente.
Se llevó ambas manos a las caderas al inspeccionarlo, pues allí no había nadie. ¿A lo mejor no había llegado todavía? Un escalofrío recorrió su espalda cuando se le ocurrió una posibilidad más aterradora. ¿Y si había sido una emboscada después de todo y los reclutas solo estaban escondidos esperando a que entrara para atraparla?
—Vos sois Lira, ¿cierto?
Se dio la vuelta al oír que alguien se dirigía a ella y vio, aliviada, que se trataba de una chica kimono, seguramente de la que Carol le había hablado. La artista estaba a un par de metros de ella con la cabeza ligeramente ladeada, tratando de averiguar si se trataba de la entrenadora que estaba esperando o de una recluta del Team Rocket. Parecía que al final no se trataba de ninguna emboscada. Lira asintió.
—Sí, soy yo.
—Me lo imaginaba. Si hubierais sido una recluta habríais empezado a vociferar como una bestia que me fuera de aquí y viva el Team Rocket y demás lemas lavacerebros —La chica kimono se acercó a ella, pero aun sabiendo que era Lira le siguió escudriñando con la mirada, como si quisiera extraer toda la información posible de la joven. Al fin, se detuvo cuando solo las separaban un par de centímetros—. Una pobre chica que se ve envuelta en todo esto, y tiene que ver con impotencia cómo sus amigos se sacrifican para abrirle el camino, pues es la única que puede hacerle frente a la amenaza —Lira no dijo nada. No se sentía muy animada, y lo que menos le apetecía era hablar—. Cierto, no es momento para conversar. Aquí tenéis, el objeto que os permitirá seguir adelante con vuestra empresa.
La chica kimono se metió una mano en una de sus mangas y sacó una tarjeta, tal y como le dijo Carol que haría. Se la entregó y Lira la tomó de sus delicados dedos, a primera vista no parecía nada especial.
—Al final de este pasillo hay una puerta que solo se abre con esta tarjeta, el resto lo iréis descubriendo conforme sigáis avanzando —Lira volvió a dirigir su mirada a la artista. Una duda asaltaba su mente desde hacía un par de minutos y no pudo evitar preguntársela a la bailarina.
—¿Cómo habéis conseguido llegar hasta aquí?
—Uno de mis maestros me ayudó, aunque no os penséis que no tengo mis propios métodos. Una entrenadora debe saber valerse por sí misma —La chica kimono hizo una reverencia y antes de desaparecer le dijo una última cosa a la morena—. No decaigáis, estamos seguros de que podréis con todo. Hay una razón por la cual tamaña responsabilidad ha sido depositada en vuestros hombros, seguid adelante y no dejéis que nada os pare. Me temo que Johto no puede permitirse ese lujo.
Con eso dicho se dio la vuelta y abandonó al fin el Túnel Trigal. Lira se quedó un rato pensando en sus enigmáticas palabras, pero no tardó en volver en sí y dirigirse al final del túnel, donde vio que había una puerta y a su lado una ranura. La joven pasó la llave por esta y tras sonar un clic la puerta se abrió. Tomó aire y entró, no sabía qué podría encontrarse ahí dentro.
La primera estancia estaba vacía, solo había un par de cajas pero ni rastro de reclutas. Al fondo había unas escaleras, así que Lira atravesó la habitación y las bajó para bajar al siguiente piso.
O esa había sido su intención, si alguien no le hubiera agarrado del brazo y le hubiera frenado de golpe. Al darse la vuelta vio que se trataba de Silver, así que instintivamente agarró una Poké Ball y preparó su pierna por si tenía que dar una patada.
—¿Vas a intentar quitarme la camiseta otra vez? —Al ver que había adoptado una pose ofensiva el pelirrojo le soltó el brazo y retrocedió un par de pasos. Parecía que estaba más tranquilo que en la radio pero eso no hizo que la entrenadora le pusiera buena cara.
—Sigo pensando que estás haciendo el ridículo pero haz lo que quieras —Se llevó una mano al cabello y miró hacia la derecha. Parecía pensativo y contrariado, algo que sorprendió enormemente a la entrenadora, pues estaba acostumbrada a verle alterado por cualquier cosa. Tras unos segundos volvió a clavar sus ojos en los de ella—. Nuca deberías hacerte pasar por alguien que no eres. Tu identidad es lo más valioso que tienes, no deberías venderla tan fácilmente.
—¿Has venido hasta aquí solo para hacerte el maduro y darme lecciones? —preguntó mientras se cruzaba de brazos. Silver chasqueó la lengua, y la morena vio que la ira volvió momentáneamente a sus ojos.
—Estoy intentando tranquilizarme, no me lo pongas más difícil —dijo en un áspero susurro. Lira rodó los ojos, pero le dejó hablar—. Cuando me encontré contigo en la radio, cuando el tipo de la capa me retuvo y me inmovilizó me puse a pensar. ¿Por qué por mucho que me esfuerce no consigo ganar? Ya no solo en los combates, sino en la vida real. ¿Por qué al final siempre acabo huyendo? ¿Por qué siempre me encuentro con alguien más fuerte que yo? —La mirada de Lira se endulzó al oír aquello— Yo he pasado por mucho más que tú, he visto el lado cruel de la vida y aun así parece que tienes más fortaleza que yo. ¿Es cierto lo que me dijo? ¿Me hace falta amor y confianza? ¿Es que con la fuerza no basta? ¿Qué debo hacer para conseguir mis objetivos?
Se le veía bastante afectado por todo aquello. Ahora no veía a un chico llevado por la ira cuyas acciones escapaban a su entendimiento, veía a un chico partido en dos que no sabía cómo seguir hacia adelante. Parecía perdido. Lira abrió la boca para decir algo e intentar ayudarle pero él le cortó antes de que pudiera pronunciar una sola palabra.
—No puedo perder el tiempo pero necesito combatir. Solo me queda una oportunidad y tengo que salvarla como sea, tengo que aclarar mis pensamientos para no cometer más errores y convertirme en el mejor entrenador de todos. Uno contra uno, nuestros pokémon más fuertes.
El tiempo corría en su contra, pero Lira aceptó. No sería un combate para ganar, sería uno para que el pelirrojo se replanteara todo en lo que había creído hasta ese entonces. Ambos se separaron un poco y cuando estuvieron a una distancia prudencial sacaron a sus dos iniciales.
—Meganium, ¡reflejo!
—Feraligatr, ¡colmillo hielo!
Ambos pokémon surgieron rugiendo sus nombres. Delante de Meganium apareció una barrera de luz que brilló durante unos segundos y luego desapareció, mientras que Feraligatr se lanzó a por el cuello del tipo planta. Aunque era débil frente al hielo no pareció sufrir tanto como debería, así que el tipo agua retrocedió a su posición inicial, esperando las órdenes de su entrenadora.
—¡Danza pétalo!
Meganium creó un gran remolino de pétalos que lanzó al reptil y este fue incapaz de esquivarlo. El tipo planta creó otro remolino y volvió a lanzárselo a su adversario, pero Lira ya tenía algo planeado.
—¡Surf!
La ola se juntó con el remolino, creando un torbellino de pétalos que se quedó girando en medio del improvisado campo de combate y acabó esfumándose. Tanto el agua como los pétalos quedaron desperdigados por el suelo.
—Hm, justo lo que creía —Silver se miró la palma de la mano y la cerró en un puño—. Tengo ventaja por la compatibilidad de tipos pero es como si estuviéramos igualados. ¿Tienes algo que yo no? —La volvió a abrir y fijó su mirada al frente. Tenía que seguir luchando, tenía que averiguarlo. Su pokémon había lanzado otro remolino que el tipo agua había logrado esquivar, y Lira le había ordenado otro colmillo hielo que consiguió dar en el blanco. Meganium estaba confundido por el esfuerzo realizado pero él se acercó y le dio una baya caquic— ¡Síntesis!
Lira sonrió al ver que Silver no estaba centrado solamente en hacerle daño. Había parado la ofensiva para asegurarse de que su pokémon estuviera en condiciones de seguir combatiendo, parecía que sí había aprendido algo después de todo. Meganium recuperó energía gracias a ese movimiento y gritó su nombre, demostrando que estaba más que preparado para continuar con el combate.
—Así me gusta. ¡Danza pétalo!
—¡Triturar!
La morena miró momentáneamente a su rival y le pareció ver que estaba empezando a sonreír. Tenía la mirada clavada en su pokémon y estaba completamente centrado en el combate, determinado a averiguar qué es lo que le hacía falta para convertirse en un entrenador mejor. Eso encendió la llama de Lira, que estaba igual de decidida a ayudar al pelirrojo.
—Feraligatr-
—Pero ¿qué está pasando aquí?
Una voz proveniente de las escaleras hizo que los dos dirigieran su atención a estas, lo que detuvo el combate al instante. Se trataban de dos reclutas del Team Rocket, que habían subido a ver qué estaba formando tanto revuelo. Los ojos de ambos se abrieron al ver no solo que un combate estaba teniendo lugar, si no que uno de los dos combatientes era el de sobra conocido hijo de Giovanni.
—¿Cómo? ¡Esto tiene que ser una broma! Primero lo de la radio y ahora esto —La mirada del recluta cayó en Feraligatr—. ¿Y ese pokémon? A los reclutas no nos dan especies de ese tipo. ¿Tú quién eres?
Lira retrocedió un par de pasos, hasta situarse al lado del pelirrojo. Eso le dio a los reclutas toda la información que necesitaban.
—Así que has conseguido infiltrarte en nuestras filas. No sabemos quién eres ni qué quieres, pero vamos a echarte de aquí como hacemos con todos los intrusos. Koffing, ¡adelante! ¡Pantalla de humo!
—¡Gloom! ¡Polvo veneno!
Lira miró a Silver y él le devolvió la mirada. Era un combate doble en toda regla, pero no estaba segura de si su rival querría ser su pareja en ese enfrentamiento. El pelirrojo volvió a mirar a sus dos adversarios sin decirle nada a la morena.
—Meganium, vuelve —Silver retiró a su inicial y agarró otra Poké Ball—. Golbat, ¡aire afilado!
—Vuelve, Feraligatr. Ninetales, ¡lanzallamas!
Golbat batió sus alas y creó una ráfaga de aire que dispersó tanto el humo como las esporas de Gloom, y además le hizo daño a los dos pokémon. Ninetales abrió el hocico y liberó una bocanada de fuego que hizo retroceder a Gloom y alcanzó un poco a Koffing, dejando al tipo planta bastante tocado.
—¡Ataque ala!
—¡Lanzallamas de nuevo!
—¡Residuos!
—¡Megaagotar!
Gloom le quitó algo de energía a Ninetales, pero Golbat se lanzó sobre ella y le hizo un corte tan profundo que quedó fuera de combate. La vulpina dirigió su ráfaga de fuego a Koffing, que después de recuperarse lanzó una masa viscosa que fue interceptada por Golbat. Al ser de tipo veneno, no recibió mucho daño.
—Tch, será posible —La recluta retiró a su pokémon caído y sacó a otra Gloom—. ¡Paralizador!
—¡Aire afilado!
Silver actuaba como una barrera frente a Gloom, pues evitaba que cualquier movimiento capaz de producir un cambio de estado llegara a Golbat y a Ninetales. Lira aprovechó su ayuda para atacar a Koffing, pero el recluta se le adelantó a la hora de dar la orden.
—¡Autodestrucción!
Tal y como sucedió en el escondite de Pueblo Caoba, el pokémon rio antes de provocar un fogonazo ensordecedor. Los cuatro se cubrieron los ojos rápidamente en cuanto vieron la luz, y cuando el ataque acabó notaron que los oídos les pitaron durante un par de segundos. Al volver a centrar la mirada en el improvisado campo de combate vieron que tanto Gloom como Koffing estaban debilitados, mientras que Golbat y Ninetales seguían en pie pero visiblemente afectados por el ataque. La recluta abrió los ojos al ver que su adorada pokémon había sido derrotada y se acercó a ella rápidamente.
—Pero ¡¿qué te pasa en la cabeza?! ¡Mira lo que le has hecho a Gloom, era la última que me quedaba! —le espetó a su compañero. Él le miró molesto.
—¿Y qué quieres que haga? ¡Era uno de mis movimientos más fuertes y lo necesitábamos para tener posibilidades de ganar! ¡No es mi culpa que seas una incompetente! —La recluta retiró a su pokémon y se puso de pie. Miró con desprecio al otro rocket durante unos segundos, parecía que la próxima en estallar sería ella.
—Ah, ¿sí? ¡Pues si tan competente eres acaba tú con ellos! ¡Yo voy a avisar a los superiores! —dijo mientras se dirigía a la salida. Los ojos del recluta se abrieron al darse cuenta de que le iba a abandonar sin ningún tipo de miramientos.
—Eh, un momento. ¡Espérame!
La recluta abandonó la estancia rauda cual rayo y su compañero, después de guardar a su pokémon, se apresuró para seguirla y no quedarse solo frente a los dos entrenadores. Silver retiró a Golbat y Lira hizo lo mismo con Ninetales, tras lo cual se quedaron en silencio durante un rato. Después de unos segundos Lira fue la primera en hablar, pues quería ver si era capaz de aprovechar la situación a su favor.
—Silver, dejemos de lado por un momento nuestras diferencias y aunemos fuerzas. Entre los dos podemos parar esto, ¿no es eso lo que quieres? Si nos unimos podremos avanzar más rápido —El pelirrojo se quedó pensativo durante un momento. Consideró durante unos segundos la propuesta, y al final acabó por dar su respuesta.
—Tenemos objetivos parecidos, pero por razones distintas. Hemos combatido juntos porque no había otro remedio, no porque quería colaborar contigo, no te confundas. Tengo que asegurarme de algo antes de acabar por completo con la organización, iré contigo hasta que dejes de serme útil —La morena no se tomó muy bien la última parte pero no hizo ningún comentario al respecto, de momento le bastaba con que fueran juntos lo que quedara de trayecto. Retomaron el camino y bajaron las escaleras, adentrándose así al fin en las profundidades del Túnel Trigal.
Sabía que eran demasiados, y sabía que era muy probable que acabara acorralado, pero lo que no se imaginaba es que los reclutas le pidieran a sus pokémon que le atacaran a él. Sus tres dragonite hicieron lo posible por defenderle, pero alguno siempre se escabullía y conseguía alcanzarle. Se mantuvo firme y se quedó junto a ellos, ya que no le parecía bien huir y dejar que su equipo hiciera el resto, pero tras recibir una mordedura en la pierna que le hizo sangrar decidió que lo mejor sería ponerse a salvo por el momento.
Sus dragonite consiguieron distraer a los reclutas el tiempo suficiente para que él subiera por las escaleras y llegara a la última planta, el despacho del director. Rezó todo lo que sabía para que allí no hubiera nadie, pues bajar a la calle ya no era una opción y ese era el único lugar en el que podría estar seguro. Abrió la puerta y la cerró con tanta fuerza y rapidez que casi la rompe, pero estaba demasiado preocupado como para tratarla con delicadeza. Se apoyó en esta y empezó a jadear, ya podía sentir el dolor de las heridas. Al principio todo había ido bien, pero tras unos minutos decenas de reclutas acudieron al rescate de sus compañeros, y si bien sus dragones eran lo bastante fuertes como para apañárselas por ellos mismos él no podía decir lo mismo. Su cuerpo no aguantaría los ataques de un gran equipo de pokémon enfurecidos, y eso que estaba preparado para lidiar con dragones. Estaban jugando sucio, y si quería salir de ahí sin mayores percances tenía que encontrar la manera de permanecer en un lugar seguro hasta que las cosas se calmaran un poco.
—Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí. El Campeón acorralado por el Team Rocket, esta es una escena para enmarcar.
Lance apartó su mirada de la puerta y la dirigió hacia el hombre que estaba hablando. Estaba sentado tras un escritorio y parecía ser el director de la Torre Radio, pues era igual que aquel anciano de aspecto bonachón, pero Lira ya le había dicho que el verdadero se hallaba retenido en el Túnel Trigal y esa sonrisa maliciosa solo corroboraba aquello. Frunció el ceño al verle.
—Tú no eres el director.
—No, no lo soy. Enhorabuena, solo te ha costado un par de meses darte cuenta.
El impostor mostró sus dientes blancos en una sonrisa más amplia que la anterior, claramente estaba disfrutando ese momento. Lance solo podía escudriñarle con la mirada, podría tratarse de un recluta pero algo le decía que no iban a dejarle la tarea de suplantar al director a un mero rocket. Tenía que ser alguien de un rango superior.
—Como veo que no tienes la mínima idea de quien puedo ser voy a orientarte un poco. Nos vimos no hace mucho en el escondite rocket y, como es obvio, soy hombre —Un rocket de alto rango que se encontró en Pueblo Caoba… Solo había una persona que encajaba en esa descripción.
—¿El ejecutivo Petrel?
—El mismo que dejaste escapar —Lance frunció el ceño y Petrel rio—. No te preocupes, todos cometemos errores en nuestro trabajo. Por cierto, te veo algo tenso, ¿por qué no te relajas un poco? No tengo pensado hacerte nada, herir a personas nunca fue mi estilo, para eso tenemos a Protón.
—No me creo nada de lo que digas —El ejecutivo se encogió de hombros.
—Nadie lo hace, no sé por qué —Por la manera en la que lo decía parecía que realmente no comprendía por qué nadie le daba credibilidad a sus palabras—. Pero no es como si tuvieras muchas opciones. Te he dicho que no te haré nada, y es cierto, siempre y cuando sepas comportarte. Como te pases de listo o intentes algo llamaré a los reclutas que están luchando con tus adorados dragones en las plantas inferiores, y más te vale creerme cuando te digo que ellos no serán tan benévolos como yo.
Lance le miró, procesando todo lo que había dicho. En eso sí tenía razón, estaba acorralado y solo podía quedarse de brazos cruzados en aquella habitación si quería preservar su integridad física. Se sentó en el suelo y apoyó la espalda en la pared, al mismo tiempo que alzaba la mirada para echarle un vistazo al reloj de pared que había sobre la cabeza del ejecutivo.
—¿Por qué no les llamas? Deshacerse del Campeón de la región que queréis invadir sería un buen mensaje para la población, el triunfo del mal sobre el bien —No es que quisiera que les invocara, pero no lograba entender sus intenciones y eso le inquietaba. Nada le aseguraba que en cinco minutos cambiara de idea y entraran cientos de reclutas por la puerta, dispuestos a atacar sin ningún tipo de piedad. Petrel se recostó en su asiento y entrelazó las manos sobre el abdomen antes de responder.
—Porque es mucho más divertido ver como sufres al ver que tu adorada región queda bajo nuestro control y tú no puedes hacer nada al respecto. Tenemos unas vistas muy bonitas desde aquí arriba, ¿no crees? Se ve toda la ciudad. Será un buen espectáculo, relájate y ponte cómodo.
Lance volvió a comprobar la hora y bajó de nuevo la mirada. Petrel no le quitaba el ojo de encima, y él tampoco lo haría, aunque poco podía hacer si le daba por romper su promesa. Suspiró internamente mientras inspeccionaba que su herida no fuera a peor, solo podía esperar ahí arriba y confiar en la palabra del maestro de los engaños.
Había pocos reclutas, pero aun así la zona estaba bien vigilada. Aunque estaban seguros de que podrían hacerles frente, tanto Lira como Silver prefirieron avanzar poco a poco para no ser detectados, escondiéndose tras las grandes cajas de madera que había por ahí desperdigadas. Si la situación lo requería ella saldría para hablar con algún recluta y distraerle para que Silver pudiera pasar sin que se diera cuenta, así es como consiguieron avanzar durante gran parte de las instalaciones. El pelirrojo no paraba de mirar hacia ambos lados, como si estuviera buscando algo con insistencia. Lira se dio cuenta pero no quiso decir nada, parecía que cada vez se iba poniendo más nervioso y no quería alterarle más.
Después de pasar un buen rato esquivando a los reclutas consiguieron llegar al final de la estancia. A la derecha había unas escaleras mecánicas que volvían a conducir al piso superior, mientras que por la izquierda todavía quedaba un pasillo por explorar. Ambos decidieron explorar el pasillo, pues ninguno de los dos había encontrado lo que estaba buscando allí.
Tras dar un par de giros y caminar un poco más llegaron a un recoveco donde había un hombre mayor atado. El anciano iba bien vestido, pues llevaba un sombrero y un traje que indicaban que tenía que tratarse de alguien importante. Lira se apresuró a arrodillarse a su lado y a empezar a quitarle las ataduras.
—Pero ¿qué haces? ¿Quieres que venga un recluta y nos vea? —susurró Silver exasperado.
—Hace mucho que no nos cruzamos con ninguno, no creo que vengan ahora. Además este hombre es el director de la Torre Radio, si queremos acabar con el Team Rocket necesitamos su ayuda —respondió Lira mientras desataba los nudos de la cuerda. Silver se llevó una mano al cabello y echó un breve vistazo al pasillo, no había reclutas a la vista pero no quería jugársela a que les hicieran una emboscada.
—Como nos atrapen te juro que te enteras.
Lira deshizo el último nudo y echó un vistazo al señor. Estaba dormido y no tenía muy buen aspecto, a saber en qué condiciones le habría tenido el Team Rocket. Le dio un par de toques en el brazo para despertarle y al fin abrió los ojos, aunque lo hizo paulatinamente.
—Qué… ¿dónde estoy? —Al mirar a la persona que le había despertado casi se desmaya— ¡Ah! ¿Qué queréis de mí ahora? ¡Ya os he dicho todo lo que sé!
—¿Quiere hacer el favor de hablar más bajo? ¡Esa chica ha venido a rescatarle, pero si sigue así nos van a encerrar a los tres!
El hombre miró a Silver sorprendido, primero porque no le había visto hasta ese entonces, y luego porque no llevaba el uniforme del Team Rocket. Volvió a mirar a Lira con desconfianza y ella le dedicó una de sus mejores sonrisas.
—Así es, he venido a sacarle de aquí. Por eso le he desatado —El anciano alzó los brazos y se miró las muñecas, comprobando que efectivamente ya había sido liberado.
—Esto… ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho?
—Porque me he infiltrado en el Team Rocket para poner fin a sus planes y me han comentado que usted podría ayudarme. Tengo que llegar a lo alto de la Torre Radio, ¿podría darme la tarjeta que necesito para continuar?
El director se quedó inmóvil durante unos segundos, con la mirada fija en sus muñecas. Parpadeó un poco y alzó la mirada, como si acabara de salir de un trance.
—Sí, claro que puedo. Esta llave abre una puerta que se encuentra en la segunda planta, espero que puedas hacerle frente a esos desalmados.
El hombre se llevó una mano a uno de los bolsillos internos de su chaqueta y sacó una tarjeta que observó durante unos segundos. Le dio un par de vueltas y la miró pensativo, se había mostrado muy colaborativo al principio pero algo le impedía entregársela a Lira.
—Aunque no sé si debería dártela, ellos son muy peligrosos y tú eres una niña.
—Una niña que ha conseguido llegar hasta aquí —El anciano siguió admirando la tarjeta, pero antes de dársela a Lira volvió a meter la mano en el mismo bolsillo.
—Verás, antiguamente había una torre en el lugar donde se encuentra la Torre Radio. Durante las obras para reconstruirla encontramos esta pluma, que si bien yo no le veo nada de especial, la he usado como amuleto de la suerte desde entonces. Supongo que algo de buena fortuna sí me ha traído, ya que yo no he salido muy mal parado y tú has venido a salvarme. Ten, quiero que ahora te proteja a ti.
Al fin, el director le dio tanto la tarjeta como la pluma. Lira las tomó con cuidado y las inspeccionó con curiosidad, la tarjeta era como las que había visto a lo largo de su aventura, pero la pluma le pareció más especial. Tenía un hermoso brillo plateado, y sentía que de alguna forma le llamaba. La miró durante unos segundos, no sabría decir por qué pero se sentía atraída hacia ella.
—Perfecto, ¿entonces podemos irnos ya? —La voz de Silver le sacó de su fascinación. Lira guardó ambos objetos en su bolso y se levantó.
—Sí, ya podemos irnos Silver. ¿Viene con nosotros? —El director negó con la cabeza y sonrió tristemente.
—Me temo que lo mejor será que me quedé aquí de momento, llamaría mucho la atención si me vieran caminando libremente por ahí. Esperaré a que el Team Rocket sea expulsado de Ciudad Trigal, confío en vosotros.
Lira asintió y volvió al lado del pelirrojo para poder retomar el camino y llegar a la Torre Radio. Volvieron al lugar donde se bifurcaban los caminos y ella se dirigió a las escaleras mecánicas, pero él no le siguió.
—¿Qué haces? No hay tiempo que perder.
—Te lo dije, te iba a acompañar mientras me fueras útil. No he encontrado a quien estaba buscando y no voy a seguir perdiendo el tiempo, no tengo razones para volver a la Torre Radio así que vuelvo por donde he venido, tal vez encuentre algo que me sirva. Nuestros caminos se separan aquí.
Lira quiso decir algo, pero antes de que pudiera hacerlo Silver se dio la vuelta y se adentró de nuevo en los pasillos que habían recorrido antes. Se le quedó mirando hasta que le vio desaparecer y entonces subió las escaleras mecánicas. Había visto que había cambiado un poco durante el combate pero las personas no se convierten en otras de la noche a la mañana, así que su actitud no tendría que haberle extrañado mucho.
Llegó a otra sala llena de cajas, donde había varios machoke y personas que extrañamente no parecían pertenecer al Team Rocket. Divisó un ascensor en medio de la estancia y se dirigió allí escondiéndose tras las cajas, con la suerte de que ninguno de los allí presentes pareció darse cuenta de su presencia. Una vez dentro apretó el botón que le llevó a la planta baja y al salir se dio cuenta de que se encontraba en el Centro Comercial de Ciudad Trigal, ni más ni menos. Los clientes que se hallaban retenidos le dirigieron miradas llenas de odio, así que se apresuró en salir de allí en cuanto antes. Una vez fuera puso rumbo a la Torre Radio, desde la cual pudo ver que surgían varias columnas de humo. Un nudo se le formó en el estómago.
Solo esperaba que Lance estuviera bien.
(Grytherin18-Friki: pues sí, si Carol y Mary no les hubieran ayudado lo habrían tenido mucho más difícil para entrar, tal vez habrían tenido que recurrir a la fuerza para abrirse paso y eso no habría acabado muy bien.
nadaoriginal: ya veréis lo que ocurre con Morti en el próximo capítulo, ya, es una de mis escenas favoritas. De hecho se vienen varias escenas que me gustan y solo quedan dos capítulos para que llegue el que os hará ir WHAAAT y ya tengo ganas de que lo leáis.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
