—¡Sois unos monstruos! ¿Se puede saber qué tenéis planeado? ¡¿Por qué nuestros pokémon no nos han hecho caso?!
Los tres reclutas encargados de vigilar el gimnasio suspiraron al oír por enésima vez los quejidos de la líder. Si asaltar el gimnasio les había parecido agotador era porque no sabían lo que era tener que aguantar a una Blanca enfadada durante horas.
—Podrías callar un rato, monina. Me va a estallar la cabeza como te sigas quejando con tu voz de pito.
—Gracias por el cumplido, pero que sepas que no me pienso callar. Habéis entrado sin permiso, habéis asaltado mi ciudad, ¡os habéis hecho con mi gimnasio y nos habéis atado! —La líder se revolvió en sus ataduras, como si quisiera hacer énfasis en la última parte de su oración— ¡Exijo una explicación! ¡Cuando consiga liberarme se os caerá el pelo bien caído!
—Ya está, ¡ya no te aguanto más! ¡Si no te vas a callar te callaré yo misma!
La recluta de antes se quitó el cinturón y se acercó a la líder. Se situó detrás de ella para ponérselo en la boca, pero Blanca se lo impedía sacudiendo la cabeza incontrolablemente.
—Por favor, esto es ridículo. ¡Que alguien me ayude!
Los otros dos reclutas se acercaron y consiguieron inmovilizarla el tiempo suficiente para que su compañera pudiera amordazarla. Al acabar dio un suspiro de alivio y se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano.
—A ver si así estamos más tranquilas.
—No tenéis ni idea de lo que acabáis de hacer.
La rocket se dio la vuelta hacia la fuente del sonido y vio que se trataba de una de las modelos del gimnasio. Le miraba con rabia, pero sobre todo con impotencia por saber que era totalmente incapaz de asistir a su líder. La recluta bufó y se cruzó de brazos.
—¿También quieres acabar como ella? Nos quedan dos cinturones, ¿quieres tentar a la suerte?
No dijo nada, y la rocket sonrió satisfecha. Volvió a su puesto inicial junto a sus dos compañeros y siguió montando guardia, aunque no tardó en darse cuenta de que sin los gritos de la líder se aburría. Después de todo ahí no había nada que hacer, la verdadera acción estaba fuera, y tras unos instantes se preguntó si de verdad era necesaria tanta vigilancia para la líder. También había reclutas vigilando la entrada, y ella y todas las entrenadoras estaban atadas, ¿cuál era el peligro?
No es como si fuera a venir alguien a salvarlas. Para eso tendrían que atravesar toda la seguridad, que no es poca.
Casi como si alguien hubiera escuchado que se aburría, vio que una de las macetas que adornaban el gimnasio empezó a moverse. Uno de sus compañeros se dio cuenta también y fue a ver de qué demonios se trataba, pero cuando llegó dejó de moverse. Él le miró confundido y se encogió de hombros, pero cuando fue a dar un paso para volver con su grupo cayó al suelo de manera fulminante. La recluta abrió los ojos ante aquella escena, y habría ido a ver qué le había pasado, si no fuera porque sintió que alguien le dio una bofetada. Se giró y vio que su otro compañero estaba dando vueltas y haciendo movimientos erráticos, casi como si estuviera confundido. Antes de poder echarle una reprimenda sintió una ráfaga de aire frío por detrás, así que se dio la vuelta rápidamente para ver de qué se trataba, pero ahí solo estaban la líder y sus entrenadoras. Se llevó una mano a la Poké Ball mientras escudriñaba cada rincón de la sala, aunque no fue capaz de hacerlo, ya que las luces del gimnasio comenzaron a parpadear hasta que al fin se apagaron. Ella tragó saliva e intentó tranquilizarse, aunque no pudo evitar ponerse alerta cuando sintió una presencia a escasos centímetros de ella. Las luces volvieron a encenderse y ella se dio la vuelta lentamente, para ver de qué o quién se trataba.
Un hombre rubio más alto que ella se encontraba ahí, mirándole con unos ojos vacíos carentes de emoción. La recluta reprimió un grito, pues entre su expresión y la palidez de su piel parecía un fantasma en toda regla. ¿Y si era el fantasma del gimnasio que había ido a castigarles por lo que habían hecho?
—Bu.
El pequeño susto del chico fue suficiente para hacer que cayera desmayada al suelo. Gengar y Misdreavus se materializaron un par de segundos después, riendo a carcajadas tras ver que su entrenador al fin se había unido a ellos a la hora de asustar a humanos desprevenidos. Morti rodeó a la chica y entró en la última estancia del gimnasio, donde tenían lugar los combates y se encontraban las entrenadoras y la líder presas. Blanca abrió los ojos y empezó a revolverse en sus ataduras al verle, pero se detuvo cuando él se situó detrás y empezó a deshacer los nudos que le impedían moverse. Cuando acabó le quitó el cinturón de la boca y ella no tardó ni medio segundo en darse la vuelta para hacerle frente.
—¿Pero qué se han creído los del Team Rocket? Lo sabía, ¡sabía que algo pasaba en mi ciudad! ¡Pero atreverse a invadir mi gimnasio y atar a mis chicas! —Dejó de hablar cuando vio la mirada de su amigo. La preocupación se mezcló con el alivio en sus ojos, y le pareció ver que una ligera sonrisa empezaba a asomarse en sus labios. Le acarició el cabello y se la acercó al pecho para darle un abrazo que la líder correspondió casi al instante, intentando contener las ganas de llorar. Estuvieron así hasta que un ooh generalizado por parte de las entrenadoras les hizo recordar que no estaban solos, así que se separaron y comenzaron a desatarlas.
—Todavía no entiendo cómo ha podido pasar —decía Blanca mientras liberaba a una modelo—. ¡Fue todo tan rápido! ¡No tuvimos ni una oportunidad!
—Debían tenerlo todo preparado. Nos atacaron desprevenidas y cuando quisimos actuar ya era demasiado tarde.
—¿Qué ha pasado exactamente? —preguntó Morti. Blanca frunció el ceño mientras deshacía los nudos que retenían a la última entrenadora.
—Estábamos abriendo el gimnasio cuando de repente entraron decenas de rockets. Comenzaron a atacarnos a discreción y aunque quisimos defendernos no tardamos en vernos superadas, nos ataron en cuestión de minutos.
—Bueno, ahora que sois libres podremos encargarnos de ellos. No habrá que bajar la guardia, no sabemos de lo que son capaces de hacer —Blanca negó con la cabeza.
—No, Morti. Tenemos que quedarnos aquí.
—¿Por qué?
—Porque nuestros pokémon no nos obedecieron cuando les sacamos a combatir —Los ojos del líder se abrieron al oír aquello—. Fue como si algo les hubiera sometido, por eso acabaron con nosotras tan rápido. Es peligroso salir en estas condiciones, si nuestros pokémon no siguen nuestras órdenes no duraremos mucho.
—Pero Gengar y Misdreavus me han hecho caso —Como si hubieran sido invocados, los dos pokémon aparecieron al lado de su entrenador. Ambos rieron—. Probad con vuestros pokémon ahora —Las entrenadoras sacaron a sus compañeras y vieron que esa vez, al parecer, estaban libres de lo que fuera que les hubiera sometido. Les sonrieron a sus entrenadoras y parecían ajenas a todo lo que había ocurrido. Al ver aquello Blanca asintió.
—Entonces no podemos perder el tiempo, aprovechemos ahora que podemos.
—En ese caso deberíamos ir a la Torre Radio. Lance y Lira también han venido y seguro que necesitan nuestra ayuda —Blanca se llevó una mano a la frente y suspiró.
—Madre mía, menudo lío tenemos entre manos —La líder retiró a sus pokémon y avanzó un par de pasos—. Chicas, ¿vosotras qué haréis?
—Nosotras nos quedaremos por aquí para intentar ahuyentar a los rockets de la zona. Veremos si podemos ayudar a los ciudadanos más cercanos.
—Perfecto. Vámonos, Morti, mi ciudad no puede esperar más.
Los dos líderes cruzaron el gimnasio y al llegar a la entrada se detuvieron. Tomaron aire y se miraron, seguramente se encontrarían con muchas dificultades, pero no podían quedarse de brazos cruzados y permitir que el Team Rocket campara a sus anchas. Asintieron y estuvieron a punto de salir, pero antes de abandonar el gimnasio alguien llamó a Morti. Él sacó su Pokégear y al ver quien era, Blanca pudo notar que aceptó la llamada con una mezcla de nerviosismo y alivio.
—¿Sí? ¿Karen?
Su preocupación crecía conforme se iba acercando.
Los desperfectos de la Torre Radio eran cada vez más evidentes, pues además del humo que surgía de esta Lira también pudo ver que la mayor parte de las ventanas estaban destrozadas. Supuso que Lance habría intentado defenderse lo mejor posible, pero también era consciente de que él no podía usar toda su fuerza porque acabaría derrumbando la torre. Esperaba que eso no le hubiera supuesto un problema ni que se hubiera visto obligado a rendirse.
Al fin entró de nuevo, y esa vez sí que ayudó a las recepcionistas. Con todos los rockets ocupados ninguno le daría importancia a esas tres mujeres, así que se dio prisa y al fin las liberó. Ellas se lo agradecieron y le dijeron que tuviera mucho cuidado, pues la torre había temblado un par de veces y de vez en cuando oían rugidos procedentes de las estancias superiores. Lira asintió y subió a la primera planta, dispuesta a acabar con todo cuanto antes.
Lo que vio allí le abrumó. Había infinidad de pokémon debilitados y de reclutas al borde de la inconsciencia que lamentaban lo ocurrido, por no mencionar que la habitación estaba patas arriba. Ella avanzó lentamente con la vista al frente, intentando ignorar los quejidos de los rockets, pero se vio forzada a parar cuando sintió que uno le agarró del tobillo.
—No… sola… espera… refuerzos.
Ella levantó la pierna de golpe del susto y aligeró el ritmo, aunque no pudo evitar sentir algo de pena por ellos. Que tuvieran que pagar por lo que habían hecho no significaba que tuvieran que sufrir de esa manera.
Llegó al fin a la segunda planta, donde el panorama era parecido. En esa sala había más material, pues estaba llena de ordenadores y demás equipo, así que el destrozo fue todavía más evidente. Ella avanzó hasta el final y pudo ver que ahí se encontraba la puerta que le llevaría a lo más alto, así que se apresuró en sacar la tarjeta que le dio el director y pasarla por la ranura. Tras un clic esta se abrió, y así pudo al fin subir las escaleras que se encontraban tras esta.
Al subir no encontró nada que indicara que una cruenta batalla había tenido lugar. Se trataba de una pequeña estancia vacía, casi vacía, con dos ventanas que al final tenía otra escalera que le llevaría a otro piso superior. Hubiera avanzado sin más dilación, si no fuera porque justo frente a ella se encontraba uno de los ejecutivos del Team Rocket. Le reconoció al instante, fue el hombre a quien se enfrentó en Pozo Slowpoke.
—Mira quien ha venido. Temía que te vieras superada por las circunstancias pero te las has apañado para seguir adelante —Su sonrisa crecía conforme iba hablando—. Aunque a juzgar por tu expresión y el temblor de tus piernas estás a nada de dar media vuelta.
—Estoy a nada de hacer que deis media vuelta.
—Desde luego, como los dragones de tu compinche sigan haciendo de las suyas todos acabaremos huyendo por patas. Hablando de él, ¿sabes si está bien? Si se ha visto obligado a subir es porque se ha visto superado por nosotros —Los ojos de Lira se abrieron y Protón sonrió—. Seguro que no habías caído en eso. Puedes ir a ver cómo está, pero puede que cuando vuelvas para hacernos frente ya sea demasiado tarde. ¿Qué dices?
—Que no sé por qué estás retrasando el combate —Protón agarró una Poké Ball de su cinturón y comenzó a juguetear con ella.
—Tranquila, muchacha. Te pones nerviosa y se te sale la fuerza por la boca, alguien debería darte una lección. Menos mal que aquí hay alguien, y ese alguien soy yo. Golbat, ¡adelante!
—¡Togetic!
Los dos pokémon voladores salieron al mismo tiempo y se encararon en el aire, esperando las órdenes de sus respectivos entrenadores para lanzarse al ataque.
—¡Rayo confuso!
—¡Paranormal!
Golbat creó una luz que giró alrededor de Togetic y este la siguió con la mirada, lo que hizo que se mareara en cuestión de segundos. El pokémon comenzó a girar sobre sí mismo y emitió un par de ondas que rebotaron contra la pared y obligaron a Lira a agacharse para esquivarlas.
—Empiezas bien. ¡Ataque ala!
Golbat se acercó a Togetic y le hizo un corte en el brazo, pero al estar confuso él no se dio cuenta. Siguió dando vueltas hasta que el murciélago le estampó contra la pared con otro ataque ala y gracias a eso consiguió salir de su confusión. Sacudió la cabeza para centrarse de nuevo y Lira repitió la orden.
—¡Paranormal!
Togetic liberó un par de ondas que hicieron retroceder a su adversario, pero Golbat se recuperó y se abalanzó sobre él de nuevo.
—¡Mordisco!
—¡Esquiva! —Togetic alzó el vuelo y esquivó el ataque por los pelos. Después se situó justo detrás de Golbat— ¡Poder pasado!
Togetic cerró los ojos y, al abrirlos de nuevo, estos desprendieron una tenue luz azul. Invocó un par de rocas que se vieron envueltas por el mismo color y antes de que Golbat pudiera reaccionar se las lanzó a él, dejándole sepultado bajo los pedruscos. Al desaparecer el brillo de los ojos de Togetic las piedras desaparecieron también, y aunque el murciélago pudo levantarse apenas podía mantenerse unos centímetros sobre el suelo.
—¡Chupavidas!
De los colmillos de Golbat surgieron dos proyectiles que acabaron en el cuello de Togetic, los cuales le drenaron vitalidad para pasársela al atacante.
—¡Paranormal!
Pero no bastó para hacer que Golbat fuera lo suficientemente rápido como para esquivar el ataque, ni para que pudiera soportarlo. Cayó debilitado después de verse afectado por las ondas, permitiendo a Togetic descender unos segundos para recuperar el aliento.
—Tch, qué aburrido. Tendré que darle un poco de emoción al combate —Protón retiró a Golbat y agarró la otra y última Poké Ball que le quedaba—. No hay gracia si no hay un poco de sangre, ¿no crees?
—Creo que estás loco —Protón echó la cabeza hacia atrás y soltó una enorme carcajada que llenó el silencio de la estancia.
—Me han dicho tantas veces esa palabra que ya me la tomo como un halago. No te confundas, querida, que yo estoy muy cuerdo. Que no sea tan delicado como tú y el resto de la región no significa que lo sea menos. Weezing, ¡anima un poco el ambiente! ¡Pantallahumo!
De la Poké Ball del ejecutivo surgió un pokémon parecido a Koffing. Solo se diferenciaba de este en que parecía que le había salido otra cabeza del cuerpo y en las expresiones de la cara, pues Koffing parecía más alegre que su evolución, tal vez porque al ser más pequeño los gases le afectaban más. El tipo veneno expandió su cuerpo y al volver a reducirlo soltó una mezcla de gases negros que se difundió por toda la habitación, lo que la llenó de un hedor nauseabundo. Lira se tapó la nariz y retrocedió un poco para no verse rodeada de esos gases, al mismo tiempo que retiraba a Togetic y sacaba a Espeon, pues pensó que sus grandes poderes psíquicos le serían más útiles a la hora de detectar y atacar a Weezing.
—Se ha escondido tras esa cortina pero sé que puedes averiguar dónde está. ¡Psicorrayo!
Al felino le empezó a brillar la gema de la frente nada más salir, y cuando localizó a su enemigo giró su cabeza hacia este para enviarle un gran rayo de un tenue color verde. Escuchó un grito por parte del tipo veneno así que supuso que Espeon había acertado, como siempre.
—Hm, hasta tus pokémon son igual de repelentes que tú. Supongo que de tal palo tal astilla. Weezing, vamos a dejarnos de chiquitas, ¡residuos! ¡Tal y como te dije que lo hicieras!
Weezing lanzó una masa viscosa venenosa, pero en vez de echársela a Espeon se la echó a Lira. Como no supo que iba hacia ella hasta que la vio salir de los gases no le dio tiempo a esquivarla. No tardó en sentir el ardor que esta producía en su piel y dio un grito de horror al darse cuenta de lo que había pasado. Intentó sacar a Feraligatr para que se la quitara con un movimiento de tipo agua pero los nervios le hicieron tardar en sacar a su compañero. Al ver lo que el tipo veneno le había hecho a su entrenadora, Espeon concentró toda su energía psíquica en hacer la presión suficiente sobre este como para debilitarle, al mismo tiempo que levantaba a Protón y le estampaba contra la pared. El ejecutivo rio al ver la escena, y si Lira hubiera podido abrir los ojos habría visto un brillo sádico en su mirada.
—¿Qué pasa? Te dije que te iba a dar una lección y eso he hecho. Ahora no eres tan gallita como antes, ¿eh?
Al fin pudo liberar a Feraligatr y cuando el reptil vio el estado de su entrenadora no tardó en crear una pequeña ola que le quitó todos los residuos. Lira se frotó los ojos después de eso, pues le escocían demasiado, de la misma manera que también le dolía la garganta y estaba empezando a encontrarse muy débil. Al oír la risa de Protón, Feraligatr se dio la vuelta y sus ojos se inyectaron en sangre. Se lanzó a por el ejecutivo pero Espeon logró detenerle, pues por muchas ganas que también tuviera de acabar con él sabía que eso solo les traería problemas a ellos y a su entrenadora.
—¿Vas a permitir que me ataque? En ese caso no serías mejor que yo.
Lira rebuscó en su bolso y consiguió sacar una baya meloc. Se la comió y tras unos segundos comenzó a sentirse mejor, aunque el susto todavía seguía presente en su cuerpo. Retiró a Feraligatr y alzó la mirada lentamente hasta que estableció contacto visual con el ejecutivo.
—Espeon, sácale de aquí.
El felino asintió y le bajó al piso inferior con toda la amabilidad que fue capaz de mostrarle en ese instante, que fue la mínima para no romperle el cuello. Después se acercó a su entrenadora y Lira le abrazó con fuerza mientras le acariciaba el suave pelaje, Espeon por su parte frotó su mejilla con la de ella.
—Me da igual lo que diga, está loco —dijo en un agitado susurro. Todavía seguía temblando, era la primera vez que sufría el ataque de un pokémon en sus propias carnes y había sido una experiencia aterradora—. Espero que ese monstruo no le haya hecho nada malo a Carol.
Se apartó después de unos largos segundos y echó un vistazo a su traje. Estaba deteriorado y mojado por el ataque, y ya no solo eso, era incapaz de seguir viendo esa R en su pecho sin que le entraran náuseas. Decidió que ese era el mejor momento para cambiarse y volvió a ponerse su atuendo habitual, el cual había guardado en su bolso, antes de subir el siguiente tramo de escaleras.
La siguiente estancia era silenciosa también, aunque tuvo que detenerse cuando un gran rugido sacudió la torre durante unos segundos. Lira se apoyó en la pared durante el tiempo que duró el temblor y cuando este paró siguió caminando, con Espeon siguiéndole fielmente a su lado.
Al final de la habitación, a mano derecha, había dos puertas rojas que le indicaban a Lira que tras ellas se encontraba el ascensor que necesitaría tomar para seguir subiendo. Por desgracia, frente a ellas se encontraba la mujer pelirroja contra la que ya había combatido en el escondite rocket, y algo le decía que si quería continuar tendría que volver a vencerla. La ejecutiva estaba con las manos apoyadas en sus caderas, y su semblante serio no cambió ni lo más mínimo al verla.
—Así que al final has conseguido llegar hasta aquí, ¿eh? —A ella no se le veía tan animada como a Protón. De hecho, a pesar de que el Team Rocket todavía tenía una gran ventaja y el tiempo iba en contra de la joven, no parecía estar del todo tranquila—. Me sorprende un poco, la verdad, pensé que no serías capaz de superar todos los obstáculos.
—Me ayudaron —se limitó a decir, pues tenía prisa y quería avanzar cuanto antes. Sin embargo, parecía que la ejecutiva no estaba muy por la labor de combatir.
—Sabes, no entiendo a Atlas. Hace tiempo que no le entiendo —Empezó a decir mientras se cruzaba de brazos y perdía la mirada en los recuerdos—. Lo tenemos todo, absolutamente todo para conquistar a Johto, y él se resiste. Quiere enfrentarse contigo, no sé si para demostrar su superioridad y vengarse de lo que ocurrió hace tres años o qué, pero teniendo en cuenta que te las has apañado para llegar hasta aquí no me sorprendería que le ganaras, y eso me preocupa. Se está arriesgando inútilmente y soy incapaz de entender por qué.
Lira no dijo nada. Parecía que estaba pensando en voz alta más que hablando con ella, y para ser sincera, no se veía capaz de detenerla. Le parecía que era una mujer que había pasado por mucho y tras tanto pelear ahora estaba cansada, pero se veía incapaz de disfrutar de la recompensa de su esfuerzo porque las cosas, en el último momento, no estaban saliendo como pensaba.
—Tenemos varios ases bajo la manga, por eso hemos tardado tanto en resurgir, pero la verdad es que ahora no tengo nada claro. ¿Ganaremos o perderemos? Ya no sé qué pensar.
Su mirada se centró de nuevo y descruzó los brazos, parecía que su viaje al pasado había acabado. Miró a Lira y fue como si al fin se diera cuenta de que la joven estaba ahí.
—Míranos, parece que nos han invitado a las dos a un funeral —La ejecutiva rio con sarcasmo y negó con la cabeza—. No me imaginaba este día así, la verdad, pero ¿cuántas cosas me han salido como quería a lo largo de la vida? Se pueden contar con los dedos de una mano, ¿no es un poco triste? —Cerró los ojos durante unos minutos y pareció reconsiderar un par de cuestiones—. En fin, no estoy aquí para contar mis penas. Tengo una misión… Una misión que cumplir como ejecutiva del Team Rocket —Al volver a abrirlos parecía que había sufrido una transformación total. No había ni rastro de la mujer dubitativa, y hasta frágil, de antes. La locura se reflejó en sus ojos al mismo tiempo que sus labios formaban una sonrisa maniática—. Y esa misión es detener a todo aquel que se interponga en nuestros planes, ya sea una niña o una adulta. Lo he decidido, me entregaré al Team Rocket en cuerpo y alma hasta el final porque es la única decisión que he tomado de la que no me he arrepentido, y no voy a hacerlo ahora. Si la organización cae, caeré con ella. Arbok, ¡adelante!
La famosa cobra salió de la Poké Ball de la ejecutiva y le siseó a Lira nada más verla. Espeon dio un par de pasos y se situó delante de su entrenadora, Lira pudo ver cuando pasó por su lado que sus de normal calmos ojos solo reflejaban ira. Tal vez seguía afectado por lo de antes y se negaba a permitir que alguien volviera a hacerle daño.
—Espeon, ¡psicorrayo!
—Arbok, ¡triturar!
La cobra intentó constreñir con su cuerpo al felino para poder atacarle mejor, pero él dio un ágil salto y consiguió evitarlo con facilidad. La gema de su frente brilló intensamente y de esta surgió un rayo que acabó dándole al tipo veneno en la cabeza, lo cual le dejó algo desorientada, pero seguía estando en forma para continuar con el combate.
—¡Deslumbrar!
Arbok le dedicó una mirada tan aterradora a Espeon que le acabó paralizando. Al estar en ese estado el tipo veneno sí pudo enroscarse a su alrededor, y esa vez aprovechó para clavar sus colmillos en el cuello del felino. Espeon soltó un chillido de dolor y Lira pudo ver que intentaba quitarse a su adversario de encima por todos los medios posibles, pero al estar paralizado no pudo hacer gran cosa.
—Tranquilízate, Espeon. ¡Usa tus poderes para liberarte!
Poco a poco, Arbok se vio envuelta por una tenue luz verde que hizo que se desenroscara paulatinamente del felino, pero este tuvo un espasmo por estar paralizado y la luz desapareció, permitiendo a la cobra volver a retenerle.
—¡Triturar de nuevo!
Arbok volvió a morder a Espeon y, esa vez, la luz que le envolvió fue todavía más fuerte. Consiguió apartar a la cobra del todo y la estampó contra la pared para alejársela lo máximo posible. El felino comenzó a jadear, así que Lira se acercó y le roció con un antiparalizador al mismo tiempo que le acariciaba y le besaba la frente. Ya quedaba poco, si podía moverse con libertad acabaría con Arbok en nada.
—¡Deslumbrar!
—¡Cierra los ojos!
Al fin y al cabo, no los necesitaba para localizar al enemigo. Espeon cerró los ojos, lo que evitó que se quedase paralizado, y volvió a lanzarle un rayo a Arbok, que retrocedió hasta chocar con la pared de nuevo. Atenea apretó los puños y empezó a temblar de rabia.
—¡No dejes que acabe contigo! ¡Constricción!
—¡Un último psicorrayo! ¡Vamos!
Arbok intentó enroscarse alrededor de Espeon otra vez, pero el felino saltó alto y desde ahí le lanzó el rayo que le dejó fuera de combate. No volvió a levantarse, y al caer al suelo Lira vio que su pokémon tampoco estaba en muy buenas condiciones. Había abusado mucho de sus poderes psíquicos y eso tenía que haberle dejado mella.
—He estado a nada, si no hubiera cerrado los ojos… —Atenea retiró a Arbok y agarró otra Poké Ball—. Espero que hoy hagas algo más que repetir frases, porque entonces sí que me haré un sombrero contigo. ¡Sal, saco de plumas!
—¡Sal, saco de plumas!
De la Poké Ball de Atenea salió el murkrow que ayudó a Lira en el escondite rocket de Pueblo Caoba, y a juzgar por la sonrisa que llevaba en el pico no había cambiado nada desde entonces. La entrenadora retiró a Espeon y sacó a Ampharos, cuando antes acabara con el combate mejor.
—Ya empezamos… ¡Impresionar!
Murkrow se acercó rápidamente a Ampharos y se situó justo delante de sus ojos, lo que hizo que el tipo eléctrico retrocediera un par de pasos por el susto. Murkrow rio y Atenea sonrió.
—¡Tinieblas!
El pokémon batió sus alas y creó una niebla espesa que cubrió toda la habitación. Lira no podía ver un palmo más allá de sus narices, y supuso que Ampharos tampoco. Ambas afinaron el oído para ver si podían escuchar algo que les permitiera conocer el paradero del pokémon, tal vez el sonido de su aleteo podría darles una pista, pero no oyeron nada.
—¡Krow!
Hasta que fue demasiado tarde.
Después del grito de Murkrow, Lira escuchó que Ampharos chilló de dolor. La morena se mordió el labio inferior mientras trataba de pensar una estrategia que les permitiera ver aunque fuera un poco, pues estaba claro que era la única forma que tenían de asestar un golpe certero.
—Ampharos, carga. Así podrás iluminar un poco la estancia.
El tipo eléctrico hizo caso y empezó a almacenar electricidad en su cuerpo, lo que le permitió brillar durante unos instantes. Tanto ella como Lira entornaron los ojos para intentar captar cualquier mínimo indicio de movimiento. Tras unos segundos, a la morena le pareció ver una sombra por la derecha.
—¡Puño trueno a la derecha!
Ampharos dirigió toda la electricidad a su puño y atacó en la dirección que su entrenadora le indicó. Le dio a algo, algo que acabó cayendo al suelo y tras lo cual hizo que toda la niebla se disipara.
—¿Qué? ¡¿Pero cómo es posible?!
En el suelo yacía Murkrow, que había vuelto a levantarse después del tremendo golpe que había sufrido. Alzó el vuelo de nuevo aunque con algo de dificultad, pues se negaba a perder tan fácilmente, pero el ataque de Ampharos le había dejado algo tocada.
—Venga, otra vez. ¡Tinieblas!
—¡Chispazo!
Ampharos generó una gran bola de electricidad y la lanzó al techo, lo que permitió disipar las sombras que había creado Murkrow. Al volver a estar a la vista de todas, Ampharos bajó la bola y la dirigió hacia el pájaro, que no pudo hacer nada por esquivarla y acabó de nuevo en el suelo. Para asegurarse de que no volvería a levantarse, Ampharos fue corriendo hacia ella y le dio otro puño trueno, lo que le dejó finalmente fuera de combate. Atenea rechinó los dientes.
—Tch, vaya tela —Retiró a Murkrow y agarró su última Poké Ball, con la cual jugueteó un rato antes de sacar a su próximo pokémon—. Pero no importa lo que pase, no puedo permitir que llegues hasta Atlas, aunque eso sea lo que él quiere. Voy a darlo todo en lo que queda de combate, porque el futuro del Team Rocket está en juego y no pienso tomármelo a la ligera. Vileplume, ¡adelante!
De la Poké Ball surgió un pokémon parecido al último que la ejecutiva sacó en el escondite rocket, pero tenía que haber evolucionado, pues el capullo había florecido y en su lugar había una hermosa flor roja con motas blancas que adornaban sus pétalos. Tras observarla durante un rato Lira retiró a Ampharos y sacó a Ninetales, ya solo le quedaba un último obstáculo que superar y, como la ejecutiva, pensaba darlo todo en ese combate.
—Veamos cómo acaba todo esto. ¡Somnífero!
—¡Fuego fatuo!
Al mismo tiempo que Vileplume liberaba una gran nube de polen, Ninetales enviaba en su dirección un par de llamas diminutas que rodearon al tipo planta e hicieron que se quemara. Por su parte, la vulpina se quedó dormida tras inhalar el polen, y Lira tuvo que retroceder un par de pasos para evitar quedarse dormida también.
—¡Ácido!
Como sabía que no podía hacer nada hasta que se despertara, Lira se quedó inmóvil mirando como Vileplume aprovechaba el estado de su pokémon y le atacaba una y otra vez, parando cada vez que las quemaduras hacían que se resintiera. Mantuvo la calma y esperó a que su pokémon abriera los ojos, pues ya sabía por experiencia que perder los nervios en ese tipo de situaciones era lo peor que podía hacer. Cuando vio que Ninetales empezó a parpadear, dio su orden sin vacilar.
—¡Ataque rápido!
La vulpina se levantó y embistió al tipo planta con tal velocidad que fue incapaz de reaccionar hasta que fue demasiado tarde. Vileplume se levantó y trató de liberar más esporas, pero las quemaduras volvieron a surtir efecto y se lo impidieron.
—¡Lanzallamas!
Ninetales abrió el hocico y soltó una gran bocanada de fuego en dirección a Vileplume.
—¡Megaagotar!
Que no fue suficiente para debilitarla, porque esta consiguió algo más de vitalidad gracias a ese ataque y consiguió aguantar el golpe. Aun así, era evidente que ya estaba muy malherida por las quemaduras, y tanto Lira como Atenea sabían que no aguantaría mucho más.
—Vamos Vileplume, ¡tú puedes! ¡Ácido!
Pero la ejecutiva estaba dispuesta a darlo todo hasta el final, y Lira pudo ver que su pokémon estaba igual de determinada a pesar de las heridas que tenía por todo el cuerpo. Le supo mal ordenar otro lanzallamas, pero era lo que tenía que hacer si quería seguir avanzando. Cuando el fuego alcanzó a Vileplume ella se mantuvo de pie durante unos segundos más, pues quería que su entrenadora se sintiera orgullosa de ella, pero al final acabó cayendo al suelo. Al contrario de las veces anteriores, Lira no se alegró al ver que había ganado.
—Hm, pues claro, claro que ibas a ganar.
La ejecutiva cayó de rodillas al suelo después de retirar a su pokémon. La Poké Ball rodó de su mano al suelo y chocó con el pie de Lira. Parecía derrotada, pero no solamente por la batalla, algo más le había vencido. Su mirada había vuelto a perderse y la entrenadora dudaba que fuera a decirle algo más. Lira se agachó, tomó la Poké Ball, dio un par de pasos y se arrodilló frente a la ejecutiva para dejársela en la palma de la mano. Apretó su hombro y volvió a levantarse para dirigirse finalmente al ascensor, pues ya no había nada ni nadie que pudiera impedírselo.
Las puertas se abrieron con un ding después de apretar un botón cercano a ellas. Antes de entrar retiró a Ninetales, y cuando las puertas se cerraron, caminó hasta la otra punta del ascensor y se dejó caer al suelo mientras se apoyaba en la pared.
…
Silencio.
Hacía mucho que no se encontraba completamente en silencio, desde que empezó su aventura si quería ser exacta. Tenía la sensación de que no había descansado desde entonces, y que por una razón u otra siempre estaba rodeada de sonidos. Ya fueran los gritos de sus pokémon, las órdenes de los entrenadores y líderes contra los que combatía, aquellos sueños que no le dejaban descansar ni aunque estuviera dormida y hasta el propio Team Rocket. Siempre había algo que le mantenía alerta, y extrañamente se estaba dando el lujo de tomarse un pequeño descanso en mitad de todo el peligro, cuando más atenta tenía que estar, en el peor momento de todos.
Cerró los ojos, inspiró y espiró. La tensión de las últimas horas y los combates contra los ejecutivos le habían dejado para el arrastre, de hecho, todavía tenía la garganta algo irritada por el enfrentamiento contra Protón, pero tenía que seguir hacia adelante. Solo… necesitaba unos minutos para descansar.
…
Volvió a abrir los ojos.
Por primera vez estaba siendo consciente de que el futuro de su región estaba en sus hombros, y todo lo que eso conllevaba. La presión de llevar tal responsabilidad empezó a sofocarla y sintió que le faltaba el aire dentro de esas cuatro paredes. Ya no había marcha atrás, y aunque la hubiera no la daría, pero ¿estaba preparada para lo que estaba a punto de vivir en unos minutos? Atlas podría estar tendiéndole una trampa, y ella entraría en la boca del mightyena con la única ayuda de sus pokémon.
…
Y sabía que con eso le bastaba, pues si había llegado tan lejos era gracias a ellos.
Se levantó y se acercó de nuevo a las puertas, ya que a su lado se encontraba el botón que tenía que pulsar para poner en marcha el ascensor. Al presionarlo este tembló un poco y comenzó a ascender, acercándole con cada segundo al último obstáculo que tenía que vencer para acabar de una vez por todas con el Team Rocket. Tragó saliva y asintió para darse fuerzas.
Estaba preparada para el enfrentamiento final.
—Silver, ven. Tengo una sorpresa para ti.
El niño dejó de jugar con unos juguetes que ya le estaban empezando a parecer aburridos y alzó la mirada para ver qué quería su padre. Se encontraba en la puerta de su habitación, con una de sus imborrables sonrisas que no parecían esfumarse ni en el peor de los momentos. Aunque le había dicho que fuera, Silver no se levantó del suelo.
—¿Qué quieres?
—Esa no es forma de hablarle a tu padre, y menos después del regalo que estoy a punto de darte.
Si el regalo iba a ser otro juguete que acabaría aborreciendo a la semana prefería seguir con sus cosas. Estuvo a punto de ignorarle y volver a lo suyo, pero antes de desviar la mirada Giovanni se apartó un poco, revelando a una persona que Silver conocía muy bien. Los ojos del niño se abrieron tanto que estuvieron a punto de salírsele de las cuencas, y se los frotó un par de veces para asegurarse de que no estaba imaginando cosas.
—Mira quién va a vivir con nosotros a partir de ahora, tu amiguita.
Pero no. Por mucho que quisiera no verla, detrás de su padre se hallaba Carol. Su amiga tenía los ojos rojos y los labios temblorosos, como las pequeñas manos que sujetaban la Poké Ball de Zoah. Silver se quedó boquiabierto al mismo tiempo que su padre le empujaba para que entrara en la habitación.
—A ver si eres capaz de calmarla, creo que se ha asustado al ver que vivimos en un lugar tan grande. Podéis jugar hasta la hora de la cena.
Sin decir nada más Giovanni se fue, dejando a los dos niños solos. Silver no había entendido aún lo que había sucedido, su amiga ya tenía un hogar, ¿por qué iba a vivir con ellos? La niña se acercó a él dando pequeños pasos, temblando todavía por el disgusto.
—Silver —acertó a decir tras unos segundos—, ¿es verdad que ya no puedo volver a casa?
Al final cayó de rodillas y empezó a llorar descontroladamente. Eso sirvió para espabilar al pelirrojo, que se levantó y fue corriendo a darle un abrazo. Carol no paraba de preguntar por qué no volvería a ver a su abuelo y Silver solo podía quedarse ahí, atónito ante lo que había acabado de pasar.
¿Qué demonios había hecho su padre ahora?
…
¿En serio pensabas que era tan estúpido como para creer que lo habías hecho por mí y no por ti?
Silver le dio un puñetazo a una de las paredes del Túnel Trigal. No importaba el tiempo que hubiera pasado, no importaba las veces que repitiera la escena en su mente, aquel momento le seguía causando la misma rabia e impotencia que la primera vez.
Y aunque de verdad hubiera sido por mí no tenías derecho a arrebatarle su vida.
Apartó el puño de la pared y se miró los nudillos. Se había hecho un poco de sangre, pero nada grave que no le impidiera continuar con su misión.
Tienes que dejar de ser tan bruto, algún día te harás daño de verdad y lo lamentarás.
La voz de su amiga resonó en su cabeza. Un par de días antes se habría esforzado por echar esa voz de su mente y seguir con lo suyo, pero algo le hizo parar a pensar.
Él solo había conocido la violencia y los gritos como método para conseguir sus objetivos. El más fuerte ganaba, y eso había sido así durante gran parte de su vida, nunca lo había puesto en duda porque todas las experiencias que había vivido habían corroborado que así era. El secuestro de su amiga, el robo de pokémon por parte del Team Rocket, los miles de intentos fallidos de huir de aquel lugar…
Si en vez de gritarle como un poseído le hubieras animado y tratado con cariño tal vez hubieras tenido alguna oportunidad.
Pero al salir de la organización se dio cuenta de que no todo el mundo compartía esa visión, es más, la violencia era rechazada y hasta condenada. Fue un choque muy fuerte para él, así que la primera vez que oyó esas palabras por parte de Lira quiso echarla a los houndour. El amor no servía para nada, ¡para nada! Lo había visto de primera mano con Carol, había sido bondadosa dentro del Team Rocket y era la más débil de todas. No podía defenderse de las burlas, ni de los robos, siempre tenían que estar Mary y él pendientes para que nadie le hiciera nada. La bondad y el amor solo le trajeron problemas en un mundo lleno de gente despiadada.
Ciertamente me has derrotado, pero deberías mejorar la forma en la que tratas a tus pokémon. La fuerza no te llevará muy lejos si no les tratas con cariño.
Lira no fue la única que se lo dijo, después de su primer enfrentamiento llegó a la Torre Bellsprout y el anciano del piso superior le vino con el mismo cuento. No entendía cómo era capaz de decir eso cuando él le había derrotado momentos antes usando simplemente la fuerza, obviamente tenía que estar equivocado.
La culpa no es de los pokémon, la culpa es tuya. Les tratas como si fueran meras herramientas y eso te pasa factura, tal vez si les mostraras algo de amor establecerían un vínculo más profundo contigo y responderían a él, siendo capaces de superar situaciones adversas, como han hecho los míos.
Le derrotó dos veces, y él pensó que se trataba de la suerte del principiante. Estaba teniendo mucha, tal vez le había caído en gracia a algún pokémon que concedía deseos y le estaba ayudando en su viaje. Esa tenía que ser la única explicación lógica, pues él conseguía aplastar a cualquiera que se entrometía en su camino, solo había tenido problemas con ella.
No es suerte, ya te lo he dicho pero no me haces caso. Si trataras a tu equipo con amor…
Tonterías y más tonterías, pensaba. Se negaba a pensar que eso fuera verdad, antes se creería que alguien le había echado una maldición y por eso no paraba de perder. Además, ¡ella no era tan fuerte! Tampoco era nada del otro mundo.
Vas a hacer que tus pokémon sufran innecesariamente solo porque no sabes cuándo rendirte, un equipo no debería sufrir nunca por la incompetencia de su entrenador. Eres fuerte, pero sin amor y confianza la fuerza no sirve de nada, el combate se acaba aquí.
Pero el entrenador de la capa sí era fuerte, muy fuerte. Más fuerte que él, más fuerte que los ejecutivos, más fuerte que su padre, incluso. Era tan fuerte que había sido capaz de derrotar a su mejor pokémon de un solo movimiento y de hacerle volar a él mismo por los aires sin siquiera llegar a usar todo su potencial. Y él pensaba lo mismo que el anciano, que Lira, que Carol, y parecía que después de todo el amor sí funcionaba en algunos casos.
¿Estaré equivocado?
No había dejado de darle vueltas al tema desde aquel enfrentamiento. Las palabras del domadragón se quedaron grabadas en su mente como un eco eterno, que le obligaron a replantearse todo en lo que había creído hasta ese entonces. Si tenía razón, entonces entendería por qué Lira parecía ir siempre un paso por delante, por qué Carol a pesar de todo parecía que aguantaba mejor estar encerrada en el Team Rocket que él, y por qué un hombre de la edad de aquel anciano podía seguir combatiendo día sí y día también en lo alto de aquella torre.
¿Sería verdad? ¿Era eso lo que necesitaba para soportar todo lo que le echaran y seguir hacia adelante?
El combate contra Lira le estaba ayudando a entender muchas cosas, pero entonces surgieron los rockets a estropearlo todo. O eso había pensado, pues el combate doble acabó dándole la oportunidad de observarla de cerca, y desde esa proximidad fue capaz de sentirlo todo. La confianza que desbordaban tanto ella como Ninetales era tan abrumadora que por un momento se sintió atacado, era imposible no sentirse intimidado ante la clara conexión que había entre ellas dos. El amor que sentían la una hacia la otra era muchísimo más fuerte que cualquier lazo que había establecido con su equipo a base de insultos y amenazas, y en ese instante lo entendió todo.
Ya sabía de dónde sacaba la fuerza su rival.
No iba a ser capaz de alcanzar su nivel a tiempo, todavía no tenía muy claro cómo debía darle amor a su equipo exactamente, pero sí sabía que le debía una disculpa y esa era una buena forma de empezar de nuevo. Irónicamente, Carol le había dado la clave para ser el mejor durante todos esos años, pero él había estado demasiado ciego para verlo.
Se llevó ambas manos al cinturón, pero se detuvo en cuanto le pareció ver una sombra con el rabillo del ojo. Su naturaleza desconfiada le impidió ignorar lo que sus sentidos habían captado, así que se dirigió a las escaleras del túnel, donde le había parecido ver a alguien.
—¡Te tenemos!
Tan pronto como se asomó un grupo de reclutas se abalanzó sobre él, inmovilizándole en el acto y tirándole al suelo. Silver se revolvió con todas sus fuerzas e intentó agarrar una Poké Ball, pero los rockets se lo impidieron al instante.
—¡¿Qué hacéis?! ¡Soltadme de una vez y enfrentaros a un combate pokémon, que es lo que toca!
Oyó unos pasos que se acercaban por detrás y al alzar la vista vio que se trataban de más reclutas. Uno de ellos, que parecía ser el líder del grupo, suspiró y se rascó la nuca.
—Ya sabíamos que te ibas a resistir pero tampoco es para ponerse así. Estás en clara desventaja, ¿por qué no te rindes?
—¡Porque yo no me rindo! ¡No habré perdido hasta que deje de darlo todo, así que si pensáis que me voy a dejar atrapar por vosotros estáis muy equivocados!
El recluta chasqueó los dedos y los de su grupo se unieron a los que estaban inmovilizando a Silver. Entre todos lograron ponerle de pie y sacarle del Túnel Trigal a rastras mientras él soltaba todo tipo de improperios y conseguía darle codazos a algunos de ellos. El rocket se quedó mirando las escaleras durante un par de segundos y al final esbozó una gran sonrisa, todo estaba saliendo según lo planeado y ya no quedaban cabos sueltos, tal y como había planeado Atlas. Sintió que el pecho se le lleno de alegría al ver que todo estaba saliendo tan bien para ellos, por fin podrían vengarse de lo que ocurrió hace tres años.
Sí, definitivamente iban a ganar esa vez.
(Grytherin18-Friki: me temo que no sabremos si estas dos podrán solucionar su amistad hasta dentro de un par de capítulos, se tendrá que ir viendo. Si bien es cierto que se olía que el Team Rocket no jugaría limpio, Lance tampoco se esperaba que ordenasen a sus pokémon atacar con tanta ferocidad a un ser humano hasta el punto de hacerle tantas heridas.
nadaoriginal: exacto, lo de Mary ya ha sido la gota que ha colmado el vaso para la pobre Carol. El problema de Lance es que, al traer a pokémon tan fuertes, si no tiene cuidado la torre puede venirse abajo, así que lo que en un principio le podría haber salvado ha acabado siendo su perdición. Ya hemos visto cómo le ha ido a Lira contra Protón y Atenea, falta Atlas.
danielapmatute: muchísimas gracias por tu comentario, de lo que más quería hacer con este fic era resaltar la interacción entre los personajes así que me alegra que te guste. Me habría dado algo más de libertad con los shipps pero sabemos que algunos fans pueden ser bastante intransigentes en este tema, así que he preferido curarme en salud y evitarme posibles malos rollos. Aun así, se pueden apreciar algunas pistas que voy dejando por ahí.
Muchísimas gracias por vuestros comentarios, espero que os esté gustando la historia.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
