Esta vez voy a contestar a los comentarios aquí porque, bueno, puede que la escena final de este capítulo sea un poco fuerte y quiero poner antes una advertencia. Tampoco quiero asustaros porque si fuera algo muy fuerte este fic estaría en M, y no sabía si advertir o no porque a lo mejor lo leéis y pensáis que no es para tanto y hago medio spoiler, pero por si acaso sois delicados con este tema... Alguien se tira desde un edificio al final. No es gráfico y no es un suicidio, pero entiendo que hay personas que pueden verse afectadas al leer algo así por x motivos, así que avisados estáis por si acaso. Tal vez sea yo exagerando, pero quiero asegurarme de no haceros leer temas que pueden ser sensibles para vosotros sin avisar.
nadaoriginal: sí, hay que tener cuidado con el Team Rocket, pero en parte eso es lo que les hace tan famosos y temidos. Tienes razón, Silver está cambiando como entrenador, lo malo es que no le pudo pasar en peor momento. O quien sabe, a lo mejor resulta que es el mejor momento de todos.
Grytherin18-Friki: a veces describo a los rockets de forma que den pena a propósito. No sé, me imagino que muchos están en la organización más que para ser "malos", porque es el único lugar en el que se sienten queridos y parte de algo. Lira ya se ha enfrentado a dos ejecutivos, veremos cómo le va en este capítulo.
danielapmatute: la verdad es que me gustó muchísimo escribir este capítulo de Atlas, así que espero que te guste. Me alegra que te pareciera hermoso el momento entre Blanca y Morti, porque me gusta pensar que más líderes están involucrados a la hora de salvar Ciudad Trigal, y creo que las interacciones entre estos dos pueden ser muy bonitas.
Las puertas se abrieron con un ding y Lira salió del ascensor. Se encontraba en la planta superior de la Torre Radio, un observatorio cuyas paredes estaban formadas por grandes ventanales y desde el cual se podía ver gran parte de toda la región con claridad, y en su totalidad si se llevaban prismáticos. Lira se quedó embelesada con las vistas, pues desde ahí podía ver a lo lejos el Encinar y a su derecha las Islas Remolino. Se habría quedado viendo el panorama más tiempo pero las puertas se cerraron, y ese sonido le hizo recordar por qué estaba ahí y a quién debía enfrentarse, así que apartó la vista del bello paisaje y empezó a caminar.
Avanzaba lentamente. El silencio sepulcral que había ahí le incitaba a pensar que no había nadie, pero pronto se dio cuenta de que estaba equivocada. Al dar la vuelta al ascensor vio que ahí había un hombre, de pelo aguamarina y traje blanco, impoluto. Estaba de espaldas a ella, con los brazos cruzados tras él y una pose tan recta que podía confundirse con el palo de una escoba.
—He estado esperando este momento, Lira.
Al fin se dio la vuelta, y la joven pudo ver que llevaba el escudo del Team Rocket en el pecho derecho, al igual que el uniforme de Atenea. Sin embargo, eso era lo de menos para ella, lo que le había dejado sorprendida y algo inquieta era que él le había llamado por su nombre.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Te he estado observando. Me gusta tener a mis enemigos controlados, si no, puede que te ataquen cuando menos te lo esperes. La preparación y la previsión son vitales para que cualquier plan funcione.
Él avanzó unos pasos y dio un par de vueltas alrededor de ella, observándola con detenimiento. Lira se quedó completamente inmóvil y se limitó a seguirle con la mirada, por si acaso hacía algún movimiento extraño. El hombre volvió a detenerse delante de ella y le sonrió.
—Me presento. Soy Atlas, el líder provisional del Team Rocket y la gran mente que ha estado planeando nuestro resurgir desde las sombras. Si no te hubiera estado vigilando desde que derrotaste a uno de mis mejores hombres en Pozo Slowpoke pensaría que tu presencia aquí se trataría de un mal chiste, pero te has ganado a pulso el lugar en el que estás. Eres una oponente formidable.
Atlas rodeó sus hombros con su brazo y le empujó para que avanzara un poco junto a él, acercándola a los ventanales. Desde ahí podía ver el Pokéathlon, el Parque Nacional, la Torre Quemada y la Torre Campana de Ciudad Iris y Pueblo Caoba y su Lago de la Furia. Al aproximarse a los ventanales, Lira se dio cuenta de que uno de ellos estaba abierto y que ese llevaba a una pequeña terraza exterior.
—¿Sabes? Me recuerdas a Rojo. Él era un niño como tú, venía de un pueblo olvidado solo conocido por ser donde se encuentra el laboratorio de un reconocido profesor pokémon. Nadie se tomó en serio su fuerza, nadie se molestó en tomar las precauciones necesarias por si nos hacía frente, y al final acabó derrotando a Giovanni en más de una ocasión y le obligó a tomar la drástica decisión de disolver el Team Rocket. Todos nuestros sueños, aquello por lo que luchamos, la familia que creamos… Todo eso fue arrebatado de nuestras manos por un entrenador que estaba empezando en el mundillo.
Lira notó que Atlas hizo un poco de fuerza sobre sus hombros antes de seguir hablando.
—¿Cómo te sentirías si un niño de diez años te quitara lo único que le da sentido a tu vida? Es patético, ¿no crees? La impotencia, la humillación… Todo lo que sentí sigue grabado a fuego en mi alma, nunca olvidaré aquel día.
Al fin le soltó y se acercó al ventanal, dándole la espalda de nuevo. Admiró las vistas durante unos segundos y tras otro corto silencio volvió a hablar.
—¿Era muy fuerte o nosotros muy confiados? Puede que una mezcla de las dos, pues algunos éramos nuevos en el mundo de las organizaciones criminales y él acabó convirtiéndose en el Campeón de Kanto —Se dio la vuelta y clavó su mirada en los ojos de Lira—. Sea como fuere perdimos, y parece que hoy los hechos se repiten. Tú, una mera niña proveniente de un pueblucho apartado, ha conseguido apañárselas para llegar hasta lo alto de uno de los edificios más importantes de su región y desafiar al líder del Team Rocket. Supongo que algo de razón hay cuando dicen que la historia se repite, pero esta vez el final será muy distinto —Atlas extendió sus brazos y su sonrisa también creció al hacerlo—. Observa bien a tu amada región, Lira, pues será la última vez que la verás siendo libre.
Fue como si eso le diera a un interruptor en su cabeza que le hizo salir del trance en el que se encontraba. Lira parpadeó un poco y se cruzó de brazos, podía llegar a entender las intenciones del Team Rocket pero todo aquello le parecía excesivo.
—Comprendo vuestra situación y que queráis recuperar a vuestro líder pero ¿por qué tanto empeño en someter a Johto? ¿No hay otra manera más fácil y menos costosa de llamar la atención de Giovanni? —Atlas bajó los brazos y negó con la cabeza mientras cerraba los ojos.
—No lo entiendes, no se trata solo de llamar a Giovanni. El orgullo del Team Rocket está herido, fuimos derrotados por un crío y la gente empezó a burlarse de nosotros, perdimos prestigio. Hay que demostrarles que no somos una organización cualquiera, que vamos muy en serio y nos tienen que temer. La conquista de Johto servirá para dejar claras nuestras intenciones, después de eso estamos convencidos de que Giovanni se sentirá lo suficientemente seguro como para volver con nosotros de donde sea que esté. Ah, sí, y otra cosa —Atlas agarró una Poké Ball de su cinturón y la lanzó varias veces en el aire—. Me tendrás que perdonar pero soy humano. No pude darle su merecido a aquel niño, pero ahora se me presenta la oportunidad de derrotar a una niña igualita a él que cree que puede hacerle frente a nuestros planes y necesito darle una lección. ¿Qué te parece? Si pierdes te quedas como espectadora y ves en primera línea cómo controlamos a tu amada región, pero si ganas, disuelvo la organización delante de tus ojos y aquí no ha pasado nada.
Lira alzó las cejas ante su propuesta. Lo que había dicho Atenea resonó en su cabeza durante unos instantes, ya lo tenían todo para poner el plan en marcha, ¿por qué arriesgarse a perder el fruto de sus esfuerzos por un mísero combate? ¿Tal era su sed de venganza que estaba dispuesto a desperdiciar el trabajo de años solo para intentar humillarla?
—Me cuesta creer que quieras arriesgarlo todo en el último momento.
—Pues si quieres salvar a Johto empieza a creértelo, porque ganarme en un combate es la única manera de hacer que cambie de opinión.
Lira se le quedó mirando durante un rato. Estaba tan herido que le daba igual echar a perder su trabajo, solo quería ganar. Lo pensó con detenimiento, otra derrota para él sería fatal, y la humillación sería tal que no sería capaz de seguir adelante con la organización, pues el Team Rocket quedaría en evidencia por segunda vez. Lo consideró durante un tiempo, y al final se encontró asintiendo.
—Está bien, acepto tu reto —La sonrisa de Atlas creció todavía más—. Si gano disuelves el Team Rocket.
—Eso es lo que he dicho —Atlas dejó de jugar con su Poké Ball y apuntó al suelo con ella—. Y si pierdes te quedas quietecita sin molestar, ¿te parece bien?
—Me parece perfecto.
—Muy bien, no lo alarguemos más. Houndour, ¡dalo todo por la organización!
De la Poké Ball del líder en funciones salió un pokémon parecido a un perro de corto pelaje negro, vientre y hocicos rojos y orejas puntiagudas. Lira acarició su cinturón, pensando cual podría ser la mejor opción para ese combate. Algunos ya estaban cansados, y tenía que tener eso en cuenta a la hora de escoger. Sintió que la adrenalina empezó a fluir por sus venas cuando hizo su elección, pues el combate más importante de su aventura hasta ese momento estaba a punto de comenzar.
—Sal, ¡Ampharos! —Dicha pokémon salió enérgica, con más ganas de combatir que nunca— ¡Puño trueno!
—¡Colmillo ígneo!
El pequeño pokémon fue raudo a atacar a su adversario, dándole una mordedura en toda la pierna que hizo a Ampharos retroceder un poco, quedándose a punto de perder el equilibrio. Al clavar sus afilados colmillos estos se calentaron tanto que empezó a salir fuego de ellos, lo que hizo que Ampharos reaccionara al dolor dándole un puñetazo electrificado con el que consiguió quitárselo de encima. Houndour salió volando pero logró aterrizar en sus cuatro patas y volver a su posición inicial.
Es más ágil que Ampharos pensó Lira. Tengo que hacer algo para ralentizarle, su velocidad puede llegar a ser un problema.
—Ampharos, ¡onda trueno!
—¡Finta!
Ampharos emitió una serie de ondas eléctricas dirigidas al can pero este desapareció durante unos instantes, por lo que consiguió evitarlas. Lira miró por toda la estancia, tratando de averiguar dónde se había metido, aunque no le hizo falta buscar mucho ya que en cuestión de segundos volvió a materializarse detrás de su pokémon, embistiéndole con fuerza antes de que pudiera avisarla.
—¿Quieres rendirte? Aún estás a tiempo.
—Si el combate acaba de empezar, y no, no me voy a rendir ahora ni dentro de diez turnos. Ampharos, ¡puño trueno!
Ampharos se dio la vuelta rápidamente para tratar de darle otra vez a Houndour, pero este esquivó el ataque y volvió a darle por detrás. Ampharos no paraba de girar sobre sí misma para intentar darle pero Houndour conseguía esquivar los golpes y escabullirse entre sus piernas. Eso estaba empezando a cansarla, y Lira dedujo que podría tratarse de una estrategia para cansarla.
—Ampharos, para —Ella hizo caso y se detuvo, aunque al hacerlo Houndour tuvo más facilidad para atacarla y le embistió de nuevo.
—¡Colmillo ígneo!
El can dio un gran salto y esa vez le mordió en el cuello. Ampharos le dio otro puñetazo y consiguió sacárselo de encima, pero Lira no tardó en darse cuenta de que no podía estar todo el rato así. No podía estar esperando a que Houndour atacara para poder contraatacar, si no el combate acabaría muy mal para ella. No era muy fan del movimiento que iba a ordenar, pero confiaba en que su potencia le ayudaría a tener algo más de ventaja.
—Ampharos, ¡chispazo!
Ampharos creó una gran bola de electricidad y la sostuvo sobre su cabeza. Houndour fue corriendo hacia ella pero frenó en seco al ver lo que estaba haciendo, y cuando trató de dar la vuelta Ampharos se la lanzó, dándole en toda la espalda. El can fue arrastrado un poco y al detenerse Lira vio que un par de chispas salieron de él, pero no fue suficiente para dejarle paralizado.
—Ya veo que puedes ser bruta cuando quieres. Me gusta, no quiero que te contengas. ¡Finta!
Houndour se levantó como pudo y desapareció de nuevo como la otra vez. Lira se dio cuenta de que había tardado un poco más en desvanecerse, señal de que ya estaba cansado. Si estaba atenta y jugaba bien sus cartas, podría acabar con él de una vez.
—Ampharos, carga. ¡Prepárate!
Ampharos empezó a acumular electricidad y adoptó una pose ofensiva, esperando a que su contrincante surgiera en cualquier momento y desde cualquier lugar. Tras unos segundos, Houndour volvió a hacerse visible delante de ella, pero en vez de atacarla sucedió algo completamente distinto.
—¡Rugido!
Houndour dio un potente ladrido, tanto que hizo que Ampharos retrocediera y volviera a su Poké Ball. Después de eso otra se abrió, liberando a Espeon, que se sostenía sobre sus temblorosas cuatro patas como podía. Ya se había esforzado mucho durante ese día y Lira dudaba que pudiera hacer más esfuerzos, pero si le cambiaba Atlas podría volver a pedirle a su pokémon que hiciera ese movimiento y podría hacerle salir de nuevo, lo que era un fastidio. Houndour también estaba cansado, así que decidió intentar derrotarle con su tipo psíquico.
—Espeon, ¡ataque rápido!
—¡Finta!
Houndour desapareció, pero Espeon logró localizarle gracias a sus poderes y consiguió darle. Este retrocedió un poco por el ataque, pero se recuperó y se abalanzó sobre el felino, mordiéndole en el cuello antes de que su entrenador se lo pidiera. Se apartó de nuevo y Espeon intentó levantarse, pero ya le resultaba casi imposible.
—¡Finta!
El can desapareció, y al volver a aparecer embistió a Espeon, que ni siquiera volvió a moverse tras recibir el ataque. Lira le retiró y besó la Poké Ball, había hecho un gran trabajo y por fin se merecía un buen descanso. Agarró la cápsula que contenía a su siguiente compañero y la lanzó, se le estaba empezando a alargar el combate contra Houndour.
—Vamos, Togetic. ¡Poder pasado!
Nada más salir Togetic invocó un par de piedras, como hizo contra Golbat, y se las lanzó a su desprevenido adversario. Aunque intentó esquivarlas no fue lo suficientemente rápido, y un par de ellas le dieron en la cabeza, así que como Espeon cayó debilitado ante ese ataque. Atlas le retiró y agarró su próxima Poké Ball con calma.
—Los dos tenemos una baja, ¿estás nerviosa?
—Yo tengo más pokémon que tú.
—Cierto, y a estas alturas deberías saber que eso no importa mucho. Koffing, ¡adelante!
Después de enfrentarse a tantos ya debería estar acostumbrada al hedor que emanaba esa especie de pokémon, pero no, a Lira le seguían entrando náuseas cada vez que le tocaba combatir contra uno de ellos. Hizo su mejor esfuerzo por no hacerle mucho caso y centrarse en el combate, aunque al posar sus ojos en él lo que sucedió con Protón le vino a la mente y eso le hizo dudar un poco a la hora de dar su próxima orden, a diferencia de Atlas.
—¡Pantallahumo! —Lira no podía creérselo. ¡Otra vez, cada vez que se enfrentaba a un koffing su entrenador recurría al mismo truco de siempre! Cerró las manos en dos puños y sintió que su cuerpo comenzó a temblar de rabia.
—¡¿Es el único movimiento que conoce ese pokémon?! —gritó alterada, olvidando por completo el incidente con Protón. Atlas se encogió de hombros y sonrió ante la indignación de la joven.
—¿Qué le vamos a hacer si resulta efectivo?
Su sonrisa fue lo último que vio antes de que la sala se llenara del famoso humo negro. Si Espeon estuviera en condiciones de combatir… No tenía más remedio que apañárselas como fuera. Se llevó ambas manos a las caderas, eso podría llegar a ser un auténtico fastidio. Tenía que pensar en algo para disipar el humo, aunque lo mejor sería derrotar al pokémon directamente ya que podría volver a expulsar sus gases tantas veces como quisiera.
—Vuelo, a ver qué ves desde arriba.
Togetic se alzó unos metros sobre el suelo y echó un vistazo desde los aires, pero no consiguió ver nada desde su posición. Dio un par de vueltas para ver si captaba aunque fuera una sombra moviéndose, pero tuvo que apartarse bruscamente al ver que una masa morada viscosa salió del humo en su dirección y casi le da. Lira escuchó a Koffing reír.
—Casi. Lo bueno de pantallahumo no se limita a que nos puede esconder, sino que además podemos atacar y el adversario no se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde porque no nos puede ver —Sí, Lira lo había sufrido en sus carnes en uno de sus anteriores combates—. Tu Togetic tiene buenos reflejos, debo felicitarte por ello.
—Gracias, aunque preferiría que le dijeras a tu pokémon que parara de expulsar tantos gases y se hiciera visible para poder combatir en igualdad de condiciones.
—Pero entonces esto no tendría ninguna gracia. Mira.
Al acabar su frase otra masa viscosa surgió del humo y, esa vez sí, logró darle a Togetic en todo el vientre. Su pokémon se sacudió para intentar quitársela, pero cuando lo consiguió Lira se dio cuenta de que lo había logrado tarde, pues su blanca piel adquirió una tonalidad violácea. Había sido envenenado.
—Perfecto, ¿ahora tu pokémon explotará entre risas como los demás también? —No, se le acababa el tiempo para pensar y tenía que dejar de caer en las provocaciones de Atlas, no podía descentrarse por eso. Inspiró hondo e intentó tranquilizarse, tenía que atacar a Koffing, lo que hiciera o dejara de hacer no importaba tanto—. Togetic, ¡poder pasado hacia abajo!
Tal vez una lluvia de pedruscos le obligaría a salir, o a lo mejor tenía suerte y una le daba y todo. Los ojos de su pokémon desprendieron una luz azul y volvió a invocar las rocas de antes, las cuales lanzó hacia abajo de manera indiscriminada. Eso hizo que el humo se difundiera más, pero Lira también escuchó algunos gruñidos por parte del tipo veneno, y eso le motivó a repetir la orden.
—¡Poder pasado!
Togetic intentó repetir el movimiento, pero entonces su piel se volvió morada de nuevo y se vio obligado a posarse en el suelo. El envenenamiento le estaba pasando una mala jugada y estaba empezando a notar sus efectos. Lira no quería que tuviera que sufrir más así que se acercó a él y le dio una baya meloc, gracias a la cual Togetic volvió a recuperar el color de su piel y alzó de nuevo el vuelo, esa vez con una sonrisa.
—¡Placaje!
Como si de una bala se tratara, Koffing salió del humo que le cubría disparado hacia Togetic, y el tipo volador se vio forzado a retroceder por el impacto. Lira no se quedó inmóvil y aprovechó esa oportunidad.
—¡Paranormal!
Al haber salido de su refugio era completamente visible para su pokémon, que giró hábilmente en el aire y envió una serie de ondas que le empujaron de nuevo al humo. Por lo menos había recibido una buena cantidad de daño antes de volver a esconderse.
—¡Poder pasado!
Togetic invocó de nuevo una lluvia de rocas que lanzó hacia abajo, y tras realizar el ataque Koffing salió de nuevo, pero empezó a girar sobre sí mismo y vomitó una sustancia venenosa que bañó de nuevo a Togetic y le obligó a posarse en el suelo, pues sus alas se llenaron de esa masa viscosa.
—Togetic, ¿estás bien? —Él asintió, aunque parecía estar bastante malherido. Ya no podía volar y el humo seguía estando presente, así que solo podía atacar a ciegas— Entonces ¡paranormal! ¡De izquierda a derecha!
Si hacía ese barrido alguna de las ondas tendría que darle, y si no le obligaría a salir para evitarlas. Bingo, Koffing subió para evitar el ataque de Togetic, lo que le hizo visible de nuevo para todos los presentes. El tipo volador cambió la dirección de su ataque para darle al tipo veneno, que no se lo esperó y recibió el ataque de lleno, cayendo al suelo de manera fulminante. Tanto Lira como Togetic miraron la cortina de humo expectantes, ya que no sabían si habían derrotado al tipo veneno o no. Aunque pudiera parecer que sí por la forma en la que había caído, los gases seguían ahí, lo que les hacía dudar sobre el estado de su adversario
—Muy bien Koffing, regresa.
Lira se relajó al oír aquello, pero volvió a ponerse en alerta en cuanto vio que otra masa morada salió del humo y fue hacia Togetic. Se trataba de un engaño, tendría que haberlo sabido.
—¡Paranormal!
Togetic reaccionó a tiempo y disparó las ondas, las cuales atravesaron la masa y entraron en la cortina de gases. Por desgracia, como atacó no le dio tiempo a evitar los residuos, así que estos le dieron en el pecho y le obligaron a arrodillarse por el dolor. Lira se acercó a él alarmada y se agachó cuando llegó a su lado, lo que le impidió ver que los gases fueron desapareciendo poco a poco hasta que se desvanecieron por completo, revelando a la figura de Koffing debilitada en el suelo. Atlas le retiró y ella sacó rápidamente el uniforme rocket para quitarle los residuos a Togetic, pero cuando consiguió limpiarle las alas él se apoyó en ella y cerró los ojos, indicando que también había sido debilitado. La entrenadora tembló de rabia y se lo acercó al pecho, aunque esa acción hiciera que parte de la masa viscosa acabara en su ropa. Después de sostenerlo en sus brazos durante un tiempo le retiró, y se quedó agachada unos segundos más hasta que se levantó lentamente.
—Los dos hemos tenido otra baja de nuevo. Las cosas se ponen interesantes, ¿no crees? Digno de un enfrentamiento final.
Atlas agarró su última Poké Ball y Lira copió el gesto. Solo le faltaba un pokémon y ella ya había hecho su elección, con la que esperaba ponerle punto final al combate. Ambos entrenadores lanzaron sus Poké Balls a la vez, liberando a sus compañeros más fuertes al mismo tiempo.
—Houndoom, ¡adelante!
—¡Feraligatr!
El pokémon del líder en funciones era la evolución del primero que había sacado. Además de ser más grande, su cola era más larga y acababa en forma de flecha, y también le habían salido unos grandes cuernos blancos que le conferían un aspecto amenazador. Para rematar, llevaba lo que parecía ser un collar con una pequeña calavera en este.
Lo primero que hizo Feraligatr al salir fue inspeccionar a Lira. Gruñó al ver que estaba cubierta de nuevo por esa asquerosa masa viscosa, pero antes de que pudiera alterarse más ella le tranquilizó.
—Tranquilo, él no ha tenido nada que ver —El reptil dejó de gruñir, pero aun así se le seguía viendo muy enfadado. Limpió a su entrenadora de nuevo con una pequeña ola y le dio la espalda, listo para enfrentarse cara a cara a la máxima autoridad del Team Rocket.
—¿Estamos listos? Perfecto. ¡Que dé comienzo el gran final! ¡Finta!
Houndoom desapareció y Feraligatr se puso a cuatro patas, pues quería saltar al ataque rápidamente en cuanto volviera a hacerse visible. Su adversario se materializó detrás de él y le embistió, pero lejos de verse afectado Feraligatr se dio la vuelta rápidamente. Por desgracia, había vuelto a desaparecer.
—Tranquilízate, estás muy nervioso —Su pokémon no paraba de mirar hacia ambos lados frenéticamente, deseando que Houndoom apareciera para poder saltarle al cuello. Lira esperó pacientemente, pues después de haberle visto ordenar ese movimiento tantas veces ya sabía que los pokémon de Atlas atacaban por la espalda cada vez que usaban finta. Solo tenía que fijarse bien para darle al reptil la orden adecuada en el momento justo. Le pareció ver que una masa oscura empezó a materializar tras su pokémon, y fue entonces cuando vio la oportunidad—. ¡Detrás de ti!
Feraligatr dio un gran coletazo que impactó con el cuerpo de Houndoom al volver a materializarse detrás de él, lo que le desplazó un par de metros. El reptil fue corriendo hacia él y le mordió en el cuello, aunque el tipo siniestro no se vio muy afectado por él y desapareció de nuevo tras expulsar una gran humareda por su hocico. Feraligatr retrocedió rápidamente y se cubrió la nariz al mismo tiempo que tosía, Lira pudo ver que un par de lágrimas se asomaron en sus ojos.
—No debería acercarse tanto, los gases tóxicos de polución no sientan muy bien cuando la víctima los inhala tan de cerca. A ver si eso le enseña a mantener las distancias.
Lira decidió ignorarle y centrarse en el combate. Tenía que volver a identificar el momento en el que Houndoom se materializaría para avisar a Feraligatr, pero para su sorpresa y fastidio, esa vez no reapareció detrás de su pokémon. Lo hizo delante, y volvió a expulsar esos gases tóxicos que le cegaron durante unos instantes y le hicieron volver a toser de forma descontrolada. Lira se mordió el labio con tanta fuerza que sentía que se iba a hacer sangre, pero se relajó al ver que la garra de Feraligatr empezó a brillar y le dio un zarpazo rápidamente a Houndoom, que retrocedió tras dar un aullido de dolor con la marca del arañazo en su hocico. Había usado cuchillada como acto reflejo para defenderse.
—¡Agáchate! —El reptil había vuelto a ponerse de pie al retroceder por polución, pero Lira le pidió que intentara mantenerse lo más cerca posible del suelo para evitar inhalar el humo. Tenía que protegerse como fuera, pues se negaba a que otro de sus pokémon volviera a envenenarse.
—Hm, no solo te limitas a atacar, también piensas. Eso está bien, estaba empezando a pensar que estaba luchando contra una descerebrada. Houndoom, ¡mordisco!
Houndoom sacudió la cabeza para intentar ignorar el dolor que le producía el gran arañazo que le había dado Feraligatr y se lanzó al ataque, clavando sus colmillos en las duras escamas del reptil. Feraligatr se sacudió, y al no poder sacárselo de encima volvió a defenderse con cuchillada. Si triturar le hiciera más daño Lira le enseñaría quien era el verdadero rey de los mordiscos, pero al ser del mismo tipo que Houndoom no resultaba muy eficaz. Pasaba algo similar con colmillo hielo, así que solo podía contar con cuchillada y surf. Tenía que encontrar la manera de engañarle para que se confiara y estuviera presente el tiempo suficiente para enviarle una gran ola.
—Feraligatr, ¡apártale y quédate de pie!
El reptil hizo lo que le pidió, en parte. Le apartó, pero después de eso alzó los brazos, la señal de que iba a crear una ola. A Lira casi se le paró el corazón, si Atlas descubría que su pokémon podía hacer ese movimiento antes de tiempo tendría más cuidado y le costaría más pillarle desprevenido. Houndoom estaba a cuatro patas, podría esquivarlo con una finta sin mayor problema, tenía claro que ese no era el momento de ejecutar surf.
—¡Feraligatr, ya está bien! —le regañó a su inicial. No podía permitirse que le desobedeciera en un combate tan importante— ¡Sé que estás enfadado, yo también, pero si nos dejamos llevar por la ira vamos a acabar revelando todas nuestras estrategias y perderemos, y eso es justo lo que él quiere! ¡No caigas en su juego, no te dejes provocar!
Feraligatr se quedó quieto durante unos segundos, y al final acabó bajando los brazos a regañadientes. Quería darle una lección a Houndoom, pero también confiaba en que su entrenadora sabría qué era lo que había que hacer. Se quedó quieto y de pie, esperando las órdenes de Lira.
—¡Finta!
El reptil iluminó su garra, pero Lira no dijo nada. Ella contuvo la respiración, y no dio ninguna orden cuando vio al tipo siniestro aparecer tras su inicial. Feraligatr se dio la vuelta con el brazo extendido en cuanto sintió que le había embestido, con la esperanza de volver a arañarle, pero ya era demasiado tarde, había vuelto a desaparecer. Pasó un tiempo e hizo lo mismo, Feraligatr estaba volviendo a impacientarse, pero Lira confiaba en que esa vez conseguiría controlarse. Solo había que esperar al momento adecuado, y confiaba en que quedaba poco.
Al fin, Houndoom reapareció delante de Feraligatr, y no solo eso, sino que además abrió bien el hocico con la intención de liberar más gases que le pudieran intoxicar. Lira frunció el ceño, ese sí era el momento.
—¡Surf!
Feraligatr sonrió y levantó los brazos rápidamente, desconcertando tanto a Houndoom como a Atlas, antes de invocar una gran ola que se llevó al pokémon por delante y le arrastró un par de metros hasta llevarle al lado de su entrenador. Houndoom se sacudió antes de levantarse para intentar quitarse el agua y volver a pelear, pero se notaba que el ataque le había afectado bastante. Los arañazos le habían hecho daño, y si a eso se le sumaba la gran ola que le había barrido no era de extrañar que sus piernas comenzaran a temblar en cuanto consiguió levantarse. Si atacaba con rapidez…
No tuvo que decir nada, ya que Feraligatr fue corriendo hacia él y le dio otro arañazo en el lomo. Aun así Houndoom aguantó, y después de eso volvió a desaparecer. Lira miró brevemente a Atlas para saber cuál había sido su reacción, y le sorprendió ver que estaba extrañamente tranquilo.
—Parece que es hora de ir acabando. ¡Finta!
Feraligatr ya conocía el patrón, y cuando Houndoom apareció tras él se giró rápidamente y creó otra ola que arrastró de nuevo a su adversario. Al llegar al lado de Atlas este no se movió lo más mínimo, y los dos entrenadores esperaron un rato para ver si volvería a levantarse.
—Bueno, mira eso. Supongo que la historia sí se repite después de todo —Atlas retiró a Houndoom y agachó la cabeza con una triste sonrisa. Lira se quedó quieta durante unos segundos, atenta a cuál sería su próximo movimiento. Atlas volvió a alzar la mirada y borró la sonrisa de su cara, mostrando una expresión solemne—. Después de esto me ha quedado claro que nunca estuve a la altura, resucitar al Team Rocket fue un gran error por mi parte. Protón, Petrel, Atenea… Lo siento mucho, tal vez vosotros habríais sido unos líderes mejores. Los tres os esforzasteis mucho durante estos años, y estoy seguro de que no habría llegado hasta aquí sin vuestro duro trabajo, pero uno ha de saber cuándo rendirse. Ahora comprendo lo que sintió Giovanni y por qué decidió tomar esa decisión cuando fue derrotado por Rojo. No tiene sentido continuar, no después de esto. Yo, Atlas, como líder actual del Team Rocket, hago como Giovanni aquel día y ¡disuelvo la organización en este mismo instante!
Durante los primeros instantes Lira no reaccionó. No podía creer lo que había escuchado, ¿lo había conseguido? ¡Lo había conseguido! ¡Había derrotado a Atlas y al fin había acabado con el Team Rocket! Una sonrisa empezó a hacerse hueco en sus labios, la cual fue creciendo hasta que sintió que sus mejillas se iban a rasgar. ¡Había salvado a Johto! Quería gritar, quería saltar, quería bailar… Pero no hizo nada de eso al ver que Atlas había vuelto a sonreír de nuevo. Ella le miró confundida, y a modo de respuesta los ojos del líder desprendieron un brillo maligno.
—Eso es lo que te gustaría que hubiera dicho, ¿verdad?
Atlas chasqueó los dedos y del ascensor salió una oleada de reclutas que rodeó tanto a la entrenadora como al ejecutivo. Feraligatr les gruñó y adoptó una pose ofensiva, mostrándose dispuesto a despedazarles uno a uno si se atrevían a hacerle algo a su amada entrenadora. Ya le había visto sufrir a manos de Protón y se negaba a que esa escena pudiera volver a repetirse.
—¡Fera!
Mostró sus colmillos a los reclutas más cercanos, lo que hizo que retrocedieran un par de pasos. Lira se agachó a su lado y le acarició para intentar calmarle, era la primera vez que le veía tan alterado y eso no le gustaba nada.
—Tranquilo, no hagas nada todavía —No es que ella estuviera muy tranquila, estaba más nerviosa que su pokémon, pero no quería que hiciera una locura que le pudiera catalogar como un pokémon agresivo. Como no paraba de gruñir Lira le guardó en su Poké Ball para poder prevenir cualquier desastre. Eran demasiados, y estaba segura de que cuando atacara a unos los otros saldrían en su defensa y todo acabaría mal para ella. Solo podía esperar para ver cuáles eran las verdaderas intenciones del líder.
—No te preocupes, que no tengo pensado hacerte nada —Aunque parecía sincero, Lira ya no podía creerse nada de lo que decía después de lo ocurrido—. Solo quiero que veas cómo tus esfuerzos han sido en vano.
Uno de los reclutas del lado derecho avanzó un poco y saludó a Atlas con una pose digna de un militar. Tras unos segundos, bajó la mano y cruzó sus brazos detrás de su espalda.
—Señor, me temo que al final las ondas no funcionan como es debido. Me temo que alguien ha conseguido meterse en el despacho del director y hacerse con el USB que contenía la información, eso o el experimento no salió tan bien como creíamos.
—Ya veo —Atlas suspiró y se dio la vuelta para dirigirse de nuevo al ventanal que estaba abierto. Tomó un poco de aire y alzó el tono de voz para que Lira pudiera oírle mejor—. Nos acercamos a otro momento crítico. El futuro del Team Rocket vuelve a pender de un hilo, ya me lo imaginaba con la prueba de esta mañana. Por alguna razón las ondas solo surtían efecto en Ciudad Trigal, en el resto de la región no se detectó que los pokémon estuvieran bajo nuestra influencia, a pesar de que Atenea me aseguró y reaseguró que las ondas eran efectivas y su alcance era a nivel regional. Por si eso fuera poco, ahora parece que alguien ha conseguido llegar hasta el despacho del director y hacerse con el pendrive que contenía toda la información relativa a las ondas y su funcionamiento. De nuevo, el tiro nos ha salido por la culata.
El recluta volvió a su puesto y Atlas se dio la vuelta para mirar de nuevo a Lira a los ojos.
—¿Recuerdas lo que te dije al principio? ¿Que la preparación y la previsión son vitales para que cualquier plan funcione? A la hora de imaginarme este momento le di muchas vueltas al resultado final. Nos podría salir muy bien, bien, regular, mal o fatal, y parece ser que todo ha terminado en catástrofe. Todo lo que podía fallar ha fallado, cualquiera se habría venido abajo en esta situación, pero por suerte yo no soy cualquiera. Tengo un as bajo la manga, créeme cuando te digo que lo tenía todo calculado y bajo control. ¿En serio creías que iba a dejar el destino del Team Rocket en manos de la suerte? ¿En serio creías que iba a arriesgarme a echar todo el trabajo a perder en el último segundo por un simple combate y anteponer mi sed de venganza al objetivo de toda la organización? ¿En serio creías que era tan estúpido? No, Lira, no. Aprendí muy bien la lección ese día, se acabó subestimar al adversario, y se acabó no tener un plan B cuando las cosas fallan.
Él se acercó a ella con un semblante intimidante y la joven sentía que no podía reaccionar. Estaba en clara desventaja frente a todos ellos, y no solo eso, se sentía como una completa imbécil por haberse creído las palabras de Atlas. Pues claro que no iba a disolver el Team Rocket tan fácilmente, pues claro que iba a tener algo preparado, ¿cómo podía haberse dejado engañar por él tan fácilmente?
—¿Algo que decir? —Añadió cuando estuvo lo suficientemente cerca. Lira tragó saliva.
—Yo… te he ganado —Fue lo único que consiguió susurrar. La sonrisa de Atlas creció todavía más al escuchar aquellas palabras.
—Ah, has ganado, y seguro que te has esforzado para ello, ¿verdad? Has reunido medallas, has desafiado a infinidad de entrenadores, has conseguido infiltrarte en la ciudad y llegar hasta aquí. Lo has dado absolutamente todo y, aun así, todos tus esfuerzos han sido en vano. Dime, Lira, ¿qué se siente al saber que a pesar de haber ganado, has perdido?
Al decir eso, del grupo del lado derecho surgieron dos reclutas sosteniendo a otra. Los ojos de Lira se abrieron al reconocerla, pues se trataba de Carol, que estaba maniatada y no podía liberarse del agarre de ambos por mucho que lo intentara. Una parte de ella se alegró de ver que estaba bien, pero la otra no pudo evitar preocuparse por el estado en el que se encontraba. Atlas sonrió al verla y se acercó a ella lentamente, con una expresión que no le gustó nada a la morena.
—Por fin nos vas a ser útil —dijo mientras le levantaba el mentón, forzándole a mirarle a los ojos—. Al final Giovanni tenía razón, y vas a ser lo que evite nuestra ruina. Aguantar tus tonterías valió la pena —Con eso dicho, le agarró del brazo y se la acercó, para posteriormente darle un leve empujón. La espalda de Carol chocó contra la pared y ella se deslizó lentamente por esta, hasta acabar sentada en el suelo. Lira gruñó mientras se clavaba las uñas en las palmas de las manos.
—¡No tienes derecho a tratarla de esa manera!
—Vaya, por fin hablas sin tartamudear. Te invito a que intentes detenerme, aunque antes te recomendaría que le echaras un vistazo a tu alrededor para que seas consciente de la situación en la que te encuentras —Lira chirrió los dientes para intentar contener más gritos. No podía hacer nada, por mucho que le costara admitirlo, y eso le dolía más que las heridas que se estaba empezando a hacer por clavarse las uñas con tanta fuerza.
—No hay razón para perder el tiempo, ya sabes lo que tienes que hacer —Carol alzó la cabeza cuando escuchó que Atlas volvía a dirigirse a ella, y le desafió con los ojos cuando sus miradas se cruzaron.
—No pienso hacerlo. Has perdido, acéptalo y haz lo que se debió hacer en su momento hace tanto tiempo.
A pesar de la situación en la que se encontraba, la recluta conseguía mantener una voluntad de hierro envidiable. Lira no tenía ni idea de qué era lo que tenía que hacer, pero fuera lo que fuera le sorprendió que Carol fuera capaz de plantarle cara a su superior en una situación como esa. ¿Ella sería su as bajo la manga? ¿No quería hacer nada porque entonces el Team Rocket se saldría con la suya? Le pareció oír que las puertas del ascensor se abrieron, y al hacerlo Atlas se encogió de hombros.
—Está bien, como tú veas.
Lira no tardó en escuchar unos gritos que le parecieron familiares, y al abrirse el grupo izquierdo y dejar pasar a quienes habían subido vio por qué le sonaban tanto.
—¡Soltadme, malditos degenerados!
Otros tres reclutas llevaban como podían a Silver, que a diferencia de Carol no estaba maniatado. Lira supuso que sería porque no se habría dejado atrapar como si nada. No tardaron en ser asistidos por sus compañeros al ver que tenían problemas, ya que el pelirrojo no era de los que se dejaba someter con facilidad.
—¡Atlas! ¡Suéltame ahora mismo pedazo de-!
—Tranquilo, Silver. Esa no es manera de tratar a un aliado de tu padre.
Un aliado… ¿De su padre? ¿El padre de Silver trabajaba en el Team Rocket? ¿Entonces por qué odiaba tanto a la organización? Lira se quedó asombrada ante aquella revelación, pues era un giro que nunca habría visto venir y eso hizo que le surgieran varias dudas. Por su parte, el pelirrojo no paraba de moverse, estaba tan enfadado que ni siquiera había escuchado lo que el líder había dicho. Solo paró cuando se dio cuenta de que su amiga también estaba allí, maniatada y lista para ser usada por el Team Rocket. Eso hizo que se enfureciera más y pareciera una bestia, con los ojos inyectados en sangre y a punto de salírsele de las cuencas.
—¡SOIS UNA PANDA DE DESGRACIADOS! ¡SOLTADLA AHORA MISMO! —rugió mientras conseguía liberarse, pues verla en ese estado le dio la fuerza que necesitaba para escapar del agarre de sus captores, pero uno de los reclutas encargado de retenerle le dio un golpe en la nuca y eso le hizo caer de rodillas al suelo. Atlas esbozó una triste sonrisa, fingiendo sentir el estado en el que se encontraban los dos.
—Lo siento, pero me temo que no podemos soltarla justo a ella. Es parte fundamental de nuestro plan —La mirada del líder volvió a caer en Carol. Ella le mantenía la mirada—. Hazlo.
—No.
El ejecutivo chasqueó los dedos, y los reclutas que retenían a Silver asintieron. Le tiraron al suelo y levantaron las piernas, como si quisieran darle patadas, él se llevó las rodillas al pecho para cubrirse el rostro y las manos a la nuca para protegerse de los golpes que iba a recibir. Los ojos de Carol se abrieron, y la fachada que se había construido para permanecer impasible ante el líder cayó.
—¡No! ¡No le hagas nada, por favor! ¡Él no tiene nada que ver! —Ella intentaba liberarse de sus ataduras pero era imposible. Lira se llevó una mano a su cinturón pero ese gesto fue repetido por el grupo de reclutas, que le dejaron claro que si ella atacaba ellos también lo harían. Sus dientes chirriaron al darse cuenta de que no podía hacer nada, solo podía mirar lo que estaba pasando como si fuera una simple espectadora.
—Una lástima, porque él va a pagar las consecuencias de tu desobediencia.
—¡Pero es que no puedo, de verdad! ¡Déjale en paz!
Atlas se había mostrado tranquilo y sereno la mayor parte del tiempo, pero la negativa de Carol tras ver que su amigo recibiría una paliza si no colaboraba hizo que su semblante cambiara a uno mucho más sombrío. La sonrisa y la felicidad desaparecieron por completo para ser reemplazadas por la ira y la impaciencia.
—Cómo que no puedes. Eso es mentira, sabemos que eres capaz, nos lo dijo él. ¡Por eso te secuestramos! ¡Llámale! —El ver que ella no tenía ninguna intención de hacerlo terminó por acabar con su paciencia—. ¡Llámale! ¡Llama a Celebi ahora mismo!
Todos los reclutas se sorprendieron al oír aquello. Se miraron y susurraron entre ellos, y al darse cuenta de lo que eso podía significar el murmullo fue creciendo hasta convertirse en un agitado rumor. Silver gruñó y Lira solo podía alternar su mirada entre el líder y la recluta, intentando procesar lo que acababa de decir Atlas.
—¡No puedo! —gritó Carol al borde de las lágrimas— En serio, ¡no puedo atraerle si estoy nerviosa! ¡Tiene que sentir que hay paz! Por favor, no le hagáis nada.
Por un momento, la ira desapareció de la mirada de Atlas. Los reclutas se callaron de golpe y Silver y Lira se quedaron expectantes. El líder cerró los ojos y bajó la cabeza, como si estuviera considerando su próxima decisión, lo que hizo que los reclutas volvieran a susurrar, preguntándose qué pasaría a partir de entonces.
—Mira, mocosa, estás empezando a cansarme —Al volver a levantar la cabeza y abrir los ojos, lo único que estos desprendían era determinación—. Hace tres años nos viniste con el mismo cuento y lo respetamos, ya que podíamos volver a surgir de las cenizas sin tu ayuda. Teníamos material, teníamos personal, teníamos ganas y teníamos motivación. Ahora no, no nos queda absolutamente nada, y necesitamos tu ayuda sí o sí para empezar de nuevo. He intentado hacerlo por las buenas y creo que he sido bastante comprensivo. ¿No quieres cooperar por tu cuenta? Ahora toca por las malas.
Atlas se acercó a Carol y le agarró por el cuello de la camiseta. Le levantó y le llevó a rastras hasta la terraza que había tras el ventanal abierto, a pesar de que ella intentaba evitarlo por todos los medios posibles. Al deducir qué es lo que iba a hacer, Silver empezó a revolverse con todas sus fuerzas, con la esperanza de poder librarse a tiempo del agarre de sus captores.
—¡Nooo! ¡Suéltala ahora mismo! —dio puñetazos y patadas a diestro y siniestro, luchando por zafarse de ellos. Al darse cuenta de que seguía avanzando y no tenía intención de parar un escalofrío recorrió el cuerpo de Lira, paralizándola e impidiéndole reaccionar durante unos segundos.
Mientras los dos jóvenes seguían atónitos, Atlas se subió a la cornisa y forzó a Carol a hacer lo mismo. Aunque ella intentaba escapar, el tener los brazos atados y menos fuerza que él se lo imposibilitaba. Para asegurarse de que no se le escurriría, Atlas pasó un brazo por su cintura y le agarró con fuerza. Eso hizo que Lira actuara de nuevo, llevándose una mano al bolso para sacar un revivir que necesitaría si quería usar al pokémon que tenía en mente.
—¡Espeon!
—¡Larga vida al Team Rocket!
Luego, todo sucedió a cámara lenta.
Atlas saltó de la cornisa, precipitándose al vacío de manera irremediable. Con él arrastró a Carol, que le dedicó una última mirada llena de horror a Silver y soltó un chillido desgarrador, mientras intentaba alargar su mano hacia él, antes de desaparecer junto al ejecutivo. Lira no pudo liberar a Espeon, y sintió que todo empezó a darle vueltas.
—¡AAAAAH!
—¡CAROL!
