La ciudad había sufrido grandes daños. El asfalto de las calles estaba muy deteriorado, lleno de grandes grietas que lo resquebrajaban por completo, y algunos edificios habían sufrido varios desperfectos importantes, pero por suerte no había que lamentar daños personales. La batalla ya estaba llegando a su fin, y gracias al cuidado que tuvieron los líderes a la hora de combatir ningún ciudadano sufrió las consecuencias, lo cual él como Campeón agradeció enormemente.

—Ay.

Lance no pudo reprimir un siseo de dolor al pisar la calle. Sus heridas le seguían recordando que estaban ahí de vez en cuando, y la de su pierna se lo recordaba cada vez que daba un paso. Ese raticate le había clavado bien los colmillos, tuvo suerte de que no tocara ninguna arteria ni ninguna vena.

—¿Estás bien?

Pegaso apareció detrás de él, ya que después de encargarse de los rockets de la azotea entró en la radio para ver si Lance y Débora necesitaban ayuda. Se las estaban apañando bien ellos solos, pero no les vinieron mal un par de manos extras que hicieron la tarea de atrapar a los ejecutivos mucho más fácil y rápida.

—Sí, pero creo que después de esto tendré que irme directo al hospital.

—Crees no, irás.

Aunque no necesitaba ayuda para caminar, Pegaso rodeó su cintura con uno de sus brazos y con el otro le hizo a él rodear sus hombros. Lance agradeció que el líder de Ciudad Malva se prestara a hacerle de apoyo, ya que así no tendrían que esperar cinco minutos a que él recorriera un metro.

Avanzaron hacia el final de la calle, que coincidía con el centro de la ciudad, donde ya se encontraban los seis líderes descansando. Antón estaba sentado en el suelo y el resto de pie, pero el especialista en tipo bicho se levantó de un salto en cuanto vio que el Campeón y Pegaso se dirigían hacia ellos.

—¿Qué tal? ¿Cómo ha ido?

—Bien. Débora está con los ejecutivos y los rockets que quedan dentro no podrán moverse hasta dentro de unas horas.

Al acercarse a Antón, Lance le revolvió el cabello y aprovechó para inspeccionarle brevemente. Al ver que no tenía ninguna herida bajó su mano a su nuca y se lo acercó, después dirigió su mirada al resto de sus compañeros.

—¿Y vosotros? ¿Estáis bien? —A pesar de que todos asintieron él escudriñó a los seis con la mirada, y hasta que no vio por él mismo que estaban ilesos no se quedó tranquilo.

—Todo perfecto, jefe —dijo Aníbal alzando un pulgar al mismo tiempo que sonreía—. Nada que estos músculos no puedan aguantar —Blanca se hizo la sorprendida al oír eso y le miró de arriba abajo.

—¿Músculos? ¿Dónde? ¿Debajo de la barrigota? —La alegría de Aníbal desapareció de golpe mientras que una sonrisa traviesa se hacía hueco en los labios de Blanca. Morti negó con la cabeza y se llevó una mano a la frente.

—Blanca, sé más delicada con esos temas por favor…

—¡No es para tanto! ¡Solo he ganado cinco kilos y puedo perderlos cuando quiera! ¡Mira los bíceps que tengo!

Fredo dio un paso al frente mientras ignoraba la pequeña discusión que había surgido sobre el físico del líder de tipo lucha, pues consideraba que tenían cosas mucho más importantes de las que hablar.

—Estamos bien y, como ves, nos hemos encargado de todo. No es por nada pero si entre los ocho no hubiéramos sido capaces de frenar al Team Rocket creo que tendrías que buscar a otros líderes más competentes. Ahora la policía está haciendo lo que queda, así que no te preocupes por eso.

—Aunque no ha sido solo gracias a nosotros —intervino Yasmina con una pequeña sonrisa—. Karen nos avisó y tanto ella como Mento, Koga y Bruno nos guiaron de maravilla desde la Liga. Sin ellos no nos habríamos coordinado tan bien, nos asignaron un sector de la ciudad por parejas y a partir de ahí fuimos trabajando —explicó la líder, que al parecer fue la primera en darse cuenta del estado del Campeón por la forma en que sus ojos se abrieron ligeramente—. ¿Y tú, Lance? ¿Lo de la ropa es sangre? ¿Qué ha pasado? —Sus preguntas hicieron que el resto de líderes dirigieran su atención al Campeón. Solo entonces empezaron a darse cuenta de que su uniforme estaba algo rasgado y que no estaba apoyado en Pegaso por puro capricho.

—Los rockets se encargaron de hacer que no me olvide de ellos dejándome recuerdos por todo el cuerpo. Algunos se tomaron tan en serio lo de eliminar a los intrusos que les pidieron a sus pokémon que me atacaran, pero por suerte estoy bien, no dañaron nada vital —Los líderes se relajaron un poco al oír la explicación de su jefe, excepto Blanca, que cerró las manos en dos puños, preparándose para darle un par de golpes al primer rocket que pasara delante de ella.

—Esos desgraciados, ¡si les tuviera delante les daría una buena lección! ¡Ya verías cómo se les quitaban las ganas de volver a intentar algo parecido, ya, que te lo digan los que fueron perseguidos por Miltank! ¡Tendrán pesadillas hasta el fin de sus días!

—Tranquila, que yo me he encargado de eso.

Una voz que se oyó detrás de Lance y Pegaso hizo que todos miraran tras ellos dos. Se trataba de Débora, que avanzaba hacia el grupo con los brazos cruzados y con Dragonite cargando a los tres ejecutivos en el lomo, completamente atados. Cuando ella llegó al lado de su primo se detuvo.

—Bájales.

El dragón asintió y dejó caer con toda la delicadeza que pudo al trío criminal, que no paraba de revolverse y de gritarse entre ellos.

—Todo esto es culpa vuestra, ¡vuestra! ¡Tú por no saber manejar las ondas y dejarte atrapar y tú por dejarte vencer por una mera cría de un pueblucho!

—¿Mi culpa? ¡Pero si lo hice todo a la perfección, seguí tus pasos! ¡A lo mejor lo que falló fue tu experimento y todavía no estábamos listos para dar el siguiente paso!

—¡¿Yo?! ¿Se te olvida que también te venció a ti, mi querida Atenea? ¡Asume tu parte de responsabilidad y deja de echarme el muerto!

—¡Yo no soy la que va presumiendo de ser la más temeraria y sanguinaria, como siempre ladras mucho y a la hora de la verdad muerdes poco! ¡Y tú eres un completo descerebrado, las ondas funcionaban perfectamente y su alcance era a nivel regional, habrás tocado algo y la habrás pifiado!

—Ya, ya. Muy bien, lo hemos entendido todos, ¡AHORA CALLAROS! —Los tres ejecutivos se quedaron en silencio tras el rugido de Débora, aunque no tardaron en volver a susurrar entre ellos. Lance se pasó una mano por el cabello y suspiró, el cansancio estaba empezando a hacerle mella pero debía aclarar un par de cosas antes.

—A ver, tengo que explicaros su plan brevemente. Hicieron un par de experimentos en el Lago de la Furia que consistían en intentar someter a los pokémon bajo su poder y, de paso, hacerlos más fuertes, por eso un magikarp cualquiera evolucionó al gyarados shiny enfurecido del que todos hemos oído hablar. Siguieron investigando hasta que al final consiguieron que las ondas fueran efectivas a nivel regional y, para asegurarse de que estas funcionaban, esta mañana hicieron una prueba, por eso pudieron tomar el control de Ciudad Trigal con tanta rapidez, con la intención de hacerse con toda Johto más tarde. Os daré una explicación más detallada cuando estemos más tranquilos —Los líderes fueron asintiendo poco a poco, asimilando la información que les había proporcionado el Campeón. Atenea abrió los ojos y se giró hacia sus compañeros, acusándoles con la mirada.

—¿Quién se lo ha explicado? —demandó la pelirroja. Protón se encogió de hombros y Petrel no dijo nada.

—Yo nunca le explico nuestros planes a gente ajena al Team Rocket, ya lo sabes —contestó el considerado como el miembro más sádico de la organización. Eso le dio la respuesta que necesitaba a la ejecutiva, que no pudo evitar dar un largo suspiro.

—De verdad, menudo bocazas…

Todos se quedaron en silencio después de eso, pensando en los sucesos acontecidos y en lo mal que podría haber acabado todo para ellos y para Johto. Yasmina frunció el ceño pasados unos segundos, al caer en la cuenta de algo que no acababa de cuadrarle, y fue la primera en volver a hablar.

—Lance, ¿has dicho que las ondas eran de alcance regional? —El Campeón asintió— Entonces eso significa que, en teoría, ¿esta mañana los pokémon de la región estuvieron bajo su control durante el tiempo que durase su prueba?

—Correcto —Yasmina se llevó una mano a la barbilla mientras rodeaba su cuerpo con su otro brazo. Eso le confundió todavía más.

—Hm, qué raro. En Ciudad Olivo los pokémon no parecían afectados por la señal, y eso que estuve un buen rato en la ciudad hasta que Karen me llamó.

—Sí. Me fui pronto, pero parecía que en Ciudad Iris los pokémon no habían sido abducidos.

—En Ciudad Orquídea tampoco.

—Ni en Ciudad Malva.

Los líderes se miraron entre ellos, extrañados. Atenea también se sorprendió al oír eso, y le dirigió una mirada fulminante a Petrel.

—Pedazo de cabeza hueca, ¡¿qué has hecho?! ¡Los datos eran correctos! ¡Seguro que los has introducido mal!

—¡Pero si solo me he limitado a conectar el pendrive! ¡A lo mejor la información que recabaste era errónea y el experimento fue un fracaso!

—Pero… Cómo te atreves, ¡serás-

—Ejem, si me permitís —Lance se aclaró la garganta y toda la atención recayó en él de nuevo—. Todavía no he acabado. Es cierto que en teoría todos los pokémon tuvieron que estar bajo su control pero creo que puedo explicaros lo que pasó.

—Perfecto, ahora el genio nos va a ilustrar —Atenea rodó los ojos pero dejó que Lance les contara lo que tenía que decirles. El pelirrojo tomó aire y procedió a relatar los hechos.

—Bien, tenemos que remontarnos al día en el que Lira y yo nos infiltramos en el escondite del Team Rocket. Nos separamos en un momento determinado y yo aproveché para dar media vuelta y hacerle una visita a un científico que había sido electrocutado por su pokémon momentos antes. El hombre ya había despertado pero seguía aturdido, así que no fue capaz de distinguir si era alguien enemigo o no.

—Pues mira que es bien fácil, si no lleva nuestro uniforme lo es —susurró la ejecutiva para sí misma, intentando controlarse ante la ineptitud de sus subordinados.

—No quise levantar sus sospechas con preguntas indiscretas, así que le dije que uno de los ejecutivos me enviaba para pedirle que borrara parte de los datos recabados, ya que eran erróneos. No le dije que borrara todos por la misma razón por la que no le hice preguntas, no quería decir ni hacer nada que le hiciera sospechar. Me preguntó que cuales y le dije que los referentes a las últimas investigaciones. Los ordenadores del escondite están conectados entre sí, comparten la misma base de datos, así que los borró de ahí —Los ojos de Atenea se abrieron y su cuerpo se tensó por completo.

—No puede ser… Esos especificaban las características de las ondas para que fueran efectivas a nivel regional, ¡las de los primeros experimentos solo eran efectivas a nivel local!

—Sin embargo —continuó Lance— sabía que era más que probable que uno de los ejecutivos tuviera los datos correctos consigo y estuviera listo para huir con ellos. Tenía que interceptarle como fuera. La verdad es que los reclutas fueron muy amables, aunque fue la presencia de Dragonite la que ayudó a que se mostraran tan colaboradores. Me dijeron que Petrel era el encargado de llevar los datos a Ciudad Trigal, que Atenea solo se había encargado de supervisar las investigaciones y su labor ya había terminado. Le dije a Lira que nos encontraríamos en el despacho de Petrel, pero ella se adelantó y se enfrentó a él sin mí. Cuando me envió el mensaje de que le había vencido y que huyó al perder volví corriendo a la salida. Le esperé allí, y pasados unos minutos apareció —A Petrel le entró un escalofrío al recordar la escena—. Le dije que sus reclutas me lo habían contado todo y que solo quería el pendrive que llevaba, que no causaría más problemas y que me iría en cuanto lo tuviera. Él me lo dio sin oponer resistencia, porque pensaba que los datos seguirían estando en la base de datos, y entró de nuevo al escondite a por ellos, imagino. Lo que no sabía es que los datos que necesitaba ya no existían.

—¡Imbécil! ¡¿Y no te diste cuenta?!

—¡Yo solo copié la carpeta que me dijiste! ¡Sabes que no me entero con estas cosas! ¡¿Cómo iba a saber que había hecho todo eso?!

—Esperad, que hay más. Todavía quedaban los datos de las primeras investigaciones, así que cuando abandonasteis el escondite llamé a un informático de la Liga y a un miembro del Alto Mando, el primero para que viniera y borrara toda la información que contenían vuestros ordenadores y la nube a la que estaban conectados, y el segundo porque es un habilidoso ninja que me ayudó a escudriñar todo el escondite por si habíais dejado algo que os permitiría retomar los experimentos en caso de que decidierais volver en un futuro. Pero tranquilos, que no está todo perdido —Lance metió una mano en su bolsillo y sacó un pendrive—. Esta es la memoria que trajo Petrel, la que contiene la información que queda de vuestras investigaciones. Todavía estaba en el despacho del director, menos mal que fui precavido y revisé todo el edificio para asegurarme de que no os habíais dejado nada. Si pensabais que me iba a arriesgar a dejar algún cabo suelto, estabais muy equivocados —Tras decir eso soltó el pendrive y lo pisó, rompiéndolo en pequeños trozos delante de los ejecutivos. Si no estuvieran maniatados se habrían llevado las manos a la cabeza y se hubieran lanzado para que Lance les pisara a ellos en lugar del USB.

—No… Decidme que alguno de vosotros dos hizo alguna copia en otro pen por si acaso. ¡Decídmelo! —Los dos hombres permanecieron callados— ¡Argh! No me lo puedo creer, ¡estoy rodeada de incompetentes!

—¡Cierra el pico, Atenea! —Al final Protón estalló contra su compañera— Te quejas de nosotros pero tú tampoco hiciste ninguna copia. Estábamos demasiado eufóricos como para preocuparnos por eso y tampoco es como si fuéramos a hacer veinte copias. Tienes la misma culpa que nosotros, no vengas de digna ahora.

—Meses… ¡meses de investigación echados a perder! —La ejecutiva agachó la cabeza, tratando de contener las lágrimas. Los otros dos reaccionaron de manera similar, todo el esfuerzo que habían hecho durante los últimos tres años había sido en vano— Si al menos Atlas estuviera con nosotros… ¿qué haremos ahora? —susurró en un afligido susurro. Por otra parte, los líderes se iban sintiendo cada vez más tranquilos y contentos, pues era como si un gran peso hubiera sido levantado de sus hombros al escuchar que ya no tenían nada que temer.

—Fíjate —Tras salir de su asombro, Fredo esbozó una sonrisa y soltó una gran carcajada—. ¡Y yo que pensaba que como la niña era la Elegida habías dejado tus responsabilidades como Campeón de lado!

—Pues claro que no —Lance sonrió—. Lira es la Elegida pero yo sigo siendo el Campeón de Johto, y mi deber como tal es proteger la región. Una cosa es que a veces me quede en segundo plano para poder evaluarla y asegurarme de que es capaz de desempeñar su rol como es debido, y otra muy distinta olvidarme de mis responsabilidades y dejarle todo el trabajo sucio a ella. Lo tenía todo bajo control, Fredo, no creas que iba a dejar que el Team Rocket se fuera de rositas.

—Ya veo, ya —Yasmina esbozó una ligera sonrisa—. Siempre has sido de los que recaba toda la información posible antes de actuar, para tomar una decisión siendo plenamente consciente de lo que ocurre. Parece que no haces nada pero en realidad estás esperando al mejor momento para acabar con el problema de raíz.

—¡Lo cual puede llegar a ser bastante estresante, si me preguntas! —Exclamó Blanca— ¡A veces te esperas hasta el último minuto y parece que todo se va a ir al retrete! ¡Pensé que hoy no lo contaba!

—Lo entiendo, y entiendo que estés enfadada, pero si hubiera atrapado a Atenea y a Petrel en el escondite, o a cualquier otro ejecutivo en cualquier otro momento, como bien dice Yasmina no habría podido acabar con el problema de raíz. Habrían seguido operando desde las sombras, y nosotros iríamos a ciegas porque no podríamos seguir ningún rastro, tendríamos que ir esperando a que atacaran para atrapar a otra parte diminuta de la organización que sería reemplazada en un abrir y cerrar de ojos. Les tuve que dejar ir para que se confiaran y se juntaran todos en el mismo lugar, así es como hemos podido tenderles una trampa y acabar con todos a la vez.

—Ya veo, pero qué quieres que te diga, no es nada divertido ver cómo invaden tu ciudad y no puedes hacer nada por impedirlo —susurró la líder mientras se cruzaba de brazos y desviaba la mirada. Lance esbozó una triste sonrisa.

—Lo sé. De todas formas no tienes que seguir preocupándote por mi gestión, puede que mis días como Campeón estén contados.

—¡¿Qué?!

—Nada.

—No, ¿qué es lo último que has dicho? ¡A qué te refieres! —Blanca seguía insistiendo en que repitiera la última parte de su oración pero Lance ignoraba sus demandas moviendo una mano en el aire. Débora, que se encontraba a su lado, solo podía mirarle con una mezcla de enfado e incredulidad.

—Independientemente de como lo hayas gestionado —intervino Fredo, acallando así a la líder de Ciudad Trigal— es innegable que has conseguido mantener la paz en Johto durante estos tres años, sin olvidar que has tenido que velar por Kanto también. Al final hemos conseguido superar este obstáculo, juntos, y creo que hablo en nombre de todos cuando digo que estamos muy orgullosos de nuestro Campeón y de la labor que ha desempeñado. Gracias por todo.

—No, gracias a vosotros, un Campeón no es nada sin su Alto Mando y los líderes que le apoyan siempre fielmente. Si ninguno de vosotros hubiera aportado su grano de arena hoy ni hubiera confiado en mí durante todo este tiempo todo habría acabado de una manera muy distinta. No hay alguien que sobresalga sobre los demás, ha sido una victoria conjunta y todos tenemos el mismo mérito. Bien hecho, equipo, creo que se ha vuelto a demostrar una vez más que somos algo más que compañeros, somos una gran familia que se apoya y siempre sale al rescate de quien lo necesita. No puedo estar más orgulloso de vosotros, no pude escoger a mejores personas que desempeñaran vuestros puestos y me lo demostráis día a día. Felicidades, creo que después de esto nos merecemos un buen descanso.

Todos sonrieron después de oír el discurso de Lance. Sus miradas reflejaban el cariño y el aprecio que todos sentían por todos, y los tres líderes más jóvenes se acercaron corriendo al pelirrojo para darle un gran abrazo que fue correspondido al instante. El resto se miró entre ellos con una alegría y tranquilidad que iban creciendo por momentos, por fin todo había acabado y Johto había sido salvada del Team Rocket. Débora miró todo eso desde una distancia prudencial, y tras unos segundos le pidió a Dragonite que volviera a cargar a los ejecutivos y le acompañara para entregárselos a la policía. Aunque era el pokémon de su primo él obedeció sin rechistar, pues confiaba en ella casi tanto como en su entrenador.

—¡Tenemos que hacer una fiesta! —exclamó Blanca cuando se separó del abrazo grupal— ¡Esta misma noche, aquí, en Ciudad Trigal! ¡Los ánimos no pueden decaer, tenemos que celebrar que hemos vencido al Team Rocket, toda la región está invitada!

—Pero Blanca, ¿has visto el estado en el que está tu ciudad? —preguntó Morti echando un vistazo a las calles— No sé si lo mejor sería hacer una fiesta ahora mismo.

—¡Pues claro que sería lo mejor! ¡¿Qué crees que nos motivará a limpiarlo todo mañana y nos dará fuerzas para arreglarlo todo?! ¡Somos una ciudad movida, alegre y fiestera, necesitamos movimiento para nutrirnos de energía! ¡Dame una tarde y te preparo la fiesta del siglo sin problemas!

—¿En serio puedes hacer algo de esa envergadura en tan poco tiempo?

—Cariño, se nota que nunca nos has visto en acción. Chicas, ¡a trabajar!

Blanca se fue dando saltos de alegría a su gimnasio y Morti le siguió, algo preocupado y cansado, mientras que el resto de líderes se quedaron donde estaban exceptuando a los de Ciudad Malva y Pueblo Azalea.

—Seguro que necesita algo de ayuda —sonrió Pegaso. Antón asintió.

—Sí, después de todo, ¡se necesita a mucha gente joven para volver a poner la ciudad en marcha! —dijo mirando a Fredo y a Aníbal con una sonrisa que mostraba todos sus dientes antes de desaparecer corriendo junto al líder de tipo volador en dirección al gimnasio.

—Pero ¿qué se han creído estos ahora? —Fredo bufó y Aníbal soltó una sonora carcajada— Se van a enterar de lo que vale un peine, la próxima vez que les tenga a medio metro les enseñaré por qué no deberían faltarle el respeto a sus mayores de esa manera.

—Déjales, Fredo. Son chiquillos, a su edad nosotros éramos iguales.

—Habla por ti. Yo siempre he respetado a mis mayores, por eso la generación de ahora está tan perdida, y no me refiero a la de ellos que todo empezó con la tuya —dijo el líder de tipo hielo al de tipo lucha. Yasmina se llevó una mano a la boca tras ver la expresión confundida de Aníbal y trató de contener una risita—. Menos mal que de vez en cuando sale gente como Yasmina, sino mi fe en la humanidad se habría ido hace mucho.

—Pero ¿qué he hecho yo ahora? ¡Solo era un comentario inocente! —Fredo se fue en la dirección opuesta al gimnasio seguido por Aníbal, que no dejaba de preguntarle qué había hecho mal. Yasmina miró a Lance y le sonrió mientras se encogía de hombros y seguía a los dos hombres, dejándole solo en el centro de la ciudad.

Él pasó una mano por su cabello y miró la ciudad, para lo que había pasado tampoco había quedado muy dañada. En un par de semanas volvería a ser la misma de siempre y no había que lamentar ningún tipo de bajas. Sonrió, aliviado de que al final tanto los líderes como Lira hubieran salido ilesos de todo.

¡Lira!

No la había visto desde que se separaron y ahora que caía en la cuenta tampoco la vio en la torre después de que Débora le salvara, y eso que inspeccionó cada rincón de esta. ¿Dónde estaría? ¿Habría logrado salir? Se dio la vuelta y fue corriendo hacia la torre, o mejor dicho lo intentó, pues su pierna le volvió a recordar que tenía una gran herida que le impedía desplazarse a gran velocidad. La arrastró como pudo y avanzó un par de metros, intentando ignorar los pinchazos que sentía, tenía que asegurarse de que estaba bien y de que de verdad no había habido ninguna víctima. Por suerte, no tardó en ver que no tendría que andar mucho más para averiguarlo.

Lira salió de la parte trasera de la Torre Radio frente a sus ojos, aparentemente ilesa. Caminaba sin rumbo, con la mirada perdida y clavada en el suelo, arrastrando los pies lentamente. Desde ahí no pudo verlo, pero tenía los ojos rojos e hinchados y los nudillos llenos de heridas. Se quedó quieta en mitad de la calle y luego alzó la vista mientras miraba hacia ambos lados. En ese momento sus miradas se cruzaron, y él le sonrió al mismo tiempo que ella abría los ojos considerablemente.

Sintió que el tiempo se detuvo cuando una ola de alivio recorrió su cuerpo, liberándole de toda la tensión de sus músculos y haciendo que casi se cayera al suelo por relajarse tanto. Quiso dar un paso, pero se detuvo en cuanto vio que Lira empezó a andar en su dirección y luego aceleró, corriendo a la mayor velocidad que le permitían sus piernas. Él extendió sus brazos, esperando el abrazo que casi le tiró al suelo por la fuerza con la que fue dado. Lance dio un par de vueltas por la inercia y al detenerse sintió que Lira se aferró a su pecho con un gran agarre, al mismo tiempo que él rodeaba su cintura con sus brazos y se la acercaba todo lo que podía.

—Estás bien —susurró ella en su pecho. Él sonrió y le acarició el cabello.

—Sí, estoy bien —O bueno, todo lo bien que podía estar con múltiples heridas por su cuerpo. Se separaron un poco y él le acarició la mejilla—. Te dije que todo saldría bien.

Ella sonrió ante la muestra de afecto y cerró los ojos. Protón le hizo preocuparse y llegó a temer que algo malo le hubiera pasado, pero por suerte no había nada que lamentar. Él estaba con ella. De repente, Lira abrió los ojos y la sonrisa se le borró de golpe de la cara, pues no había olvidado lo que había sucedido en la azotea y era algo que debía discutir con el domadragón.

—Lance, tenemos que hablar. Es urgente —dijo mientras se separaba completamente de él. A Lance le pilló un poco desprevenido su repentino tono serio pero se cruzó de brazos y asintió.

—Adelante, soy todo oídos.

—Vale. A ver —Ella miró al suelo y empezó a juguetear con los tirantes de su peto. Parecía pensativa, como si estuviera ordenando los sucesos en su cabeza para poder dar un relato coherente de los hechos. Sus piernas empezaron a temblar y eso preocupó al domadragón.

—Lira, ¿estás bien?

—S-sí —Ella tomó aire y alzó de nuevo la mirada—. Verás-

—Esta es… ¿La Elegida?

Los dos entrenadores miraron detrás de Lira para ver quién había hablado. Se trataba de Débora, que estaba a escasos metros de ellos, de brazos cruzados e inspeccionando a Lira con la mirada como si fuera una de las peores criminales de la región.

—Débora.

Su prima se acercó a Lira y se detuvo cuando solo las separaba medio metro de distancia. La líder puso ambas manos en sus caderas y flexionó el torso ligeramente para poder mirarla bien, pues quería examinarla a fondo.

—Me esperaba alguien más… Mayor, formal, serio, maduro, intimidante, y muchos adjetivos más que podría decir pero no lo haré porque podríamos quedarnos hasta la noche.

Débora volvió a enderezar su postura y Lira simplemente se le quedó mirando. Desprendía un aura intimidante que le hacía temerla pero, al mismo tiempo, parecía tan fuerte que no podía evitar quedarse cautivada por ella.

—Débora, creo que ahora no es el mejor momento.

—Tú a callar. Vaya, por fin te conozco y lo primero que haces es decepcionarme, dejando a mi primo abandonado a su suerte —Todo el encandilamiento de Lira se disipó al oír la última parte de su oración. ¿Primo? ¿Lo había oído bien?

—¿Primo? —preguntó extrañada mientras dirigía su mirada a Lance. Él suspiró y señaló a la mujer con su mano.

—Lira, te presento a Débora, mi prima. Es la octava líder de gimnasio de Johto, también pertenece al clan Endrino y, por tanto, es una Descendiente, candidata a ser Elegida.

—Preséntame como toca. Soy el último obstáculo que tienes que superar antes de tener la posibilidad de enfrentarte al Alto Mando, eso te dará una idea de lo fuerte que soy. Quiero que sepas antes de que intentes soñar con derrotarme que soy conocida por haber acabado con la carrera de muchos entrenadores, llegan creciditos al final y yo me encargo de barrer el suelo con ellos. Espero que tengas una voluntad de hierro, porque si no mis dragones acabarán comiéndose a tu equipo y después a ti.

Después de oír su introducción Lira alternó su mirada entre Lance y Débora. No podía ser, ¿cómo podían ser familia? Lance era risueño, amable, cariñoso y cercano, y Débora… Era intimidante, fría, seria y distante. No se parecían en nada, no podía creerse que les unieran lazos de sangre.

—No me mires con esa cara que ya sé lo que estarás pensando. Que seamos familia no significa que tengamos que ser como dos gotas de agua —dijo la líder visiblemente molesta y de forma casi automática, como si hubiera repetido esa frase muchas veces en el pasado—. ¿Y bien? ¿Vas a explicarme por qué dejaste a mi primo a su suerte?

Lira intentó encontrar el valor para hablar pero la mirada que le estaba dedicando la líder no ayudaba. Sintió que las palabras se le atragantaban en la garganta y no podía decir nada, y en el caso de que pudiera, no estaba muy segura de qué iba a decir, pues estaba demasiado nerviosa como para poder pensar algo con claridad.

—Débora, eso no fue lo que pasó, de hecho no puede estar más lejos de la realidad —Por suerte, Lance acudió en su rescate, dando una respuesta que hizo que Lira se tranquilizara un poco.

—Di lo que quieras. Ella te abandonó, se mire como se mire. De todas formas no te lo estoy preguntando a ti, se lo estoy preguntando a ella, ¿o es que no sabe hablar?

Por desgracia, Débora no estaba esperando una contestación por su parte, así que le ignoró solo como ella sabía hacer. Su mirada se enfrió todavía más y Lira sintió que el nudo de la garganta le apretaba cada vez con más fuerza, dificultándole el poder hablar. Pero no le quedaba otra, la líder quería escuchar su versión y no dejaría que se fuera hasta que le respondiera.

—Yo, yo… —Intentó empezar una oración pero volvió a callarse cuando alguien le embistió por detrás con una fuerza tal que estuvo a punto de dejarla sin aliento. El atacante rodeó su cintura con sus brazos, dándole un gran abrazo por la espalda que se encargó de quitarle el poco aire que le quedaba en los pulmones.

—¡Lira!

Solo había una persona en toda Johto capaz de dar esos abrazos asfixiantes, así que no le hizo falta darse la vuelta para saber de quién se trataba. La alegría y la energía que se desprendían de su voz solo le ayudaron a confirmar sus sospechas.

—Ugh, Blanca, no puedo…

—¡Te vi a los pies de la Torre Radio y parecía que estabas al borde de un ataque! ¿Estás bien? ¿Te han hecho algo? ¡Te juro que de esta se acuerdan!

Al fin la líder le liberó de su gran agarre y le dio la vuelta para poder verle la cara. Lira tomó una gran bocanada de aire y sintió que la vida volvía a ella, ya iban dos veces en el mismo día que sentía que estaba a punto de ahogarse.

—Sí, sí, estoy bien. ¿Y tú? ¿Y el resto?

—¡Perfectamente! —exclamó con una gran sonrisa. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de la presencia de los otros dos entrenadores y la líder silbó al verles—. Vaya, estás bien rodeada, ¿eh? La crème de la crème, te quejarás.

—Blanca, como siempre llegas en el peor momento —dijo Débora mientras se cruzaba de brazos—. ¿Podrías hacer el favor de irte? Estamos en medio de una conversación muy importante. Ya sabes, cosas de adultos.

—Bah, está claro que he venido en el mejor momento posible. Vengo a liberarla de tus garras —Le contestó la líder mientras le sacaba la lengua y rodeaba los hombros de Lira con su brazo. Blanca endulzó su mirada cuando volvió a mirar a la joven entrenadora y le sonrió de nuevo—. Los chicos y mis entrenadoras estamos preparando la fiesta del siglo, ¡esta noche celebramos que al fin estamos libres del Team Rocket! ¿Te apuntas? Cuantos más seamos antes acabaremos.

—Bueno… —Lira le dirigió una mirada insegura a Lance. Todavía tenía que contarle lo que había visto y eso le urgía, aunque prefería hacerlo asolas, y la forma en la que Débora le seguía escudriñando con la mirada le decía que no se iba a ir pronto. Lance pareció entenderlo y asintió, también quería saber cuanto antes qué quería decirle Lira, pero prefería esperar a que estuvieran los dos tranquilos y con menos público.

—Ve, luego te busco.

En cuanto Lance acabó de pronunciar esas palabras Blanca le agarró del brazo a Lira y la llevó a su gimnasio casi a rastras, antes de que cualquiera pudiera oponerse a ello. Los dos entrenadores se quedaron viendo a las dos jóvenes hasta que desaparecieron al doblar una esquina, y tras unos segundos Débora fue la primera en romper el silencio entre ellos.

—¿Ella es la razón por la que puede que tus días de Campeón estén contados?

—¿Hm?

—Nada —La líder se llevó una mano a la frente y suspiró—. No me puedo creer que hayas estado todo este tiempo paseando por la región con una niña. ¿Luego irás a buscarla para ir juntos de la manita a por un helado?

—Si crees que lo único que hemos hecho es pasear estás muy equivocada. Es cierto que la he acompañado, justo porque es una niña, que te recuerdo que se ha enfrentado sola a una organización criminal varias veces. Le prometí a Shin que le echaría un ojo por si al Team Rocket se le iba la mano con ella, y menos mal que lo hice, porque uno de los pokémon de su ejecutiva estuvo a punto de acabar con ella si no hubiera intervenido a tiempo.

—¡Peor me lo pones! —exclamó la líder alzando los brazos y poniendo el grito en el cielo— ¡Le estamos confiando el futuro de la región a alguien que no puede cuidar de sí misma!

—Los legendarios nunca toman decisiones erróneas, ¿o es que ahora vas a saber más que Lugia? —Débora se cruzó de brazos y le miró fríamente— Ya lo dijo el abuelo, el Elegido, o Elegida en este caso, necesita tener algo más que fuerza, por eso se fijó en ella.

—Podéis decir lo que queráis, tú, el abuelo y quien sea, pero yo no me fío de ella. Todavía me tiene que demostrar por qué Lugia la escogió para salvar a Johto —Al decir eso los ojos de Lance se abrieron considerablemente. Las palabras de su prima le hicieron reflexionar sobre algo de lo que no se había dado cuenta hasta ese entonces, y eso hizo que estuviera pensando en silencio durante unos segundos. Al final, se animó a compartir sus inquietudes en voz alta con ella.

—Débora.

—¿Sí?

—La Elegida es, supuestamente, aquella persona elegida por el legendario para salvar la región junto a él.

—Exacto.

—Y lo que amenazaba a Johto era el Team Rocket, ¿verdad?

—Muy bien, te enteras de las cosas.

—Pero el Team Rocket ha sido vencido entre todos y no ha hecho falta que el legendario intervenga —La líder alzó una ceja—. Entonces ¿por qué creó todo ese revuelo en un primer lugar si las cosas se iban a solucionar así? No necesitábamos Elegida ni nada por el estilo, nos las hemos apañado entre todos, no tiene sentido.

—Y a mí qué me cuentas. Los legendarios no toman decisiones erróneas, ¿o es que ahora vas a saber más que Lugia?

—¡Lo digo en serio!

—¡Y yo también lo digo en serio!

Lance iba a responder pero se calló. Algo no cuadraba, y Débora parecía estar más empeñada en querer discutir con él que en intentar averiguar qué es lo que sucedía de verdad. Los legendarios no tomaban decisiones erróneas, eso era cierto, ¿entonces cuál era el problema? ¿Cuál era la amenaza? Tuvo que reprimir un escalofrío cuando la intranquilidad se apoderó de él. No habrían cantado victoria demasiado pronto, ¿no?

—Débora, creo que esto no se ha acabado hoy —dijo él en un susurro. Tenía muchas dudas, y temía cuáles iban a ser sus respuestas, pero su deber como Campeón era llegar hasta el final de todo. Una cosa estaba clara, y es que no averiguaría nada pensando por sí mismo, pero a lo mejor los ejecutivos sí podrían serle de ayuda—. ¿Me llevas al hospital? Tengo que interrogar a esos tres en cuanto antes pero no puedo hacerlo en estas condiciones.

Ella no dijo nada. Se le quedó mirando durante un rato, con unos ojos que parecían analizarle y juzgarle con una frialdad que él no entendía.

—He dejado a Dragonite con la policía, espérame aquí —dijo con una voz carente de emoción mientras se daba la vuelta y volvía a dejarle solo. Por si hubieran pasado pocas cosas ahora su prima parecía estar muy molesta con él y, esa vez sí, no tenía ni idea de por qué. No tuvo más remedio que esperar a que volviera, intentando calmar sus pensamientos que amenazaban con volverlo loco.


(Bueno, como podéis ver volvemos a los capítulos tranquilos después de unos muy intensos. ¿Qué os han parecido? Todavía queda uno para que se cierre definitivamente el arco del asalto a Ciudad Trigal y volvamos a la aventura de Lira pero será parecido a este. Paso a responder los comentarios.

nadaoriginal: todavía queda un poquito para ver qué sucede con Carol, aunque la semana que viene podréis ver un adelanto. Y te entiendo perfectamente, el OST del combate contra Lance es de mis favoritos de toda la saga, me parece tan épico... Y me trae muchos recuerdos, así que póntelo y disfrútalo porque es de lo mejor del juego.

Grytherin18-Friki: de nuevo, tus preguntas serán contestadas en futuros capítulos. Me parecía muy surrealista que una ciudad, y no una ciudad cualquiera, sino la más importante de Johto, fuera secuestrada por una organización criminal y no apareciera ningún líder de gimnasio ni el Campeón ni nadie para ayudar. ¿De verdad me tengo que creer eso? Esta era una de las cosas que quería modificar sí o sí en mi fic, así que es lo que he hecho, además con lo que adoro a todos los personajes era la oportunidad perfecta para juntarles y mostrar su buena química. Todavía veremos algo más de algunos en el próximo capítulo.

danielapmatute: sí, ese cap fue algo fuerte, pero lo bueno o malo, depende de cómo se mire, es que volvemos a la tranquilidad de nuevo. No creo que hayan más escenas así en lo que queda de fic, no me gusta abusar de ellas y procuro usarlas solo cuando creo que es estrictamente necesario para la historia. Espero que lo que se venga te resulte más agradable.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).