Cualquiera hubiera dicho que por la mañana había habido una gran batalla en Ciudad Trigal, pues el ambiente que había allí era muy distinto al que uno se podía esperar. Los únicos indicadores de la existencia del combate eran las enormes grietas en el asfalto que ahora adornaban la ciudad, las cuales esa noche estaban siendo completamente ignoradas por los ciudadanos. La líder de gimnasio de aquel lugar, sus entrenadoras y todos los voluntarios que se ofrecieron a prestar su ayuda habían montado una fiesta de tal envergadura que hizo que todos se olvidaran de lo que había ocurrido, al menos durante un par de horas. La ciudad estaba decorada con banderines y farolillos de papel de distintos colores, y conforme la gente se iba acercando al centro de la ciudad podía ver que iban apareciendo puestos de comida y bebida en las avenidas principales, junto algunos juegos típicos de feria.

Pero era en el centro donde estaba la verdadera fiesta, con altavoces que reproducían a todo volumen canciones que invitaban a todo el mundo que pasaba por allí a bailar, pues la líder se había encargado de escoger personalmente aquellas que eran verdaderos temazos. Muchas personas de la región acudieron allí para celebrar que al fin el Team Rocket había sido vencido, así que podría decirse que gran parte de Johto estaba de fiesta, y aquellos que no tuvieron tiempo de llegar o simplemente no querían desplazarse tanto celebraban en sus casas el fin de la organización.

Sin embargo, aunque todo estaba muy bien montado, el centro de la ciudad era solamente uno de los dos lugares habilitados para el baile. El centro comercial de Ciudad Trigal había sido "secuestrado" para transformarlo en una gran discoteca de varias plantas, ya que era uno de los pocos edificios que estaba completamente intacto. Las bolas de discoteca disparaban rayos de luz de diversos colores en distintas direcciones, lo que ayudaba a crear un gran ambiente fiestero. También había varias mesas con comida y bebida y, claro está, unos altavoces por los que sonaban las mismas canciones que en la calle.

Lira se encontraba en la tercera planta de dicho centro, apoyada en la pared y con la mirada perdida. Su semblante serio contrastaba con la alegría que derrochaban todos los presentes. Parecía que sus ojos estaban en el suelo pero en verdad ella estaba muy lejos de allí, pensando en los sucesos de esa misma mañana. Lance no había aparecido y se veía incapaz de disfrutar de la fiesta hasta que hubiera discutido todo lo que había ocurrido con él, pues no se quedaría tranquila si no lo hacía. Alzó la vista y le sonrió a un grupo de personas que pasaron bailando delante de ella, tampoco quería ser la aguafiestas que arruinara la diversión con su cara de amargada, pero se veía incapaz de hacer como si todo estuviera resuelto cuando eso no era así. Sintió que alguien le tocó el hombro y giró su cabeza hacia la izquierda. Se trataba de Blanca, que le dedicó una amplia sonrisa alegre, y ella intentó devolvérsela lo mejor que pudo.

—¿Pasa algo, Lira? Estás muy seria —preguntó más por curiosidad que por preocupación, ladeando ligeramente la cabeza. Lira negó con la cabeza y sacudió una mano en el aire.

—No, no pasa nada —En un principio esa iba a ser su respuesta, simple, y conocía lo suficiente a Blanca como para saber que no se conformaría con una respuesta simple, así que decidió alargarla—. Solo estoy esperando a Lance, dijo que vendría pero está tardando un poco —Una sonrisa traviesa se asomó en los labios de la líder al mismo tiempo que sus ojos brillaron con malicia.

—Ah, así que es eso —Blanca enderezó su postura y se cruzó de brazos—. Menuda pillina estás hecha —Lira le miró confundida y Blanca soltó una risita—. Desde luego no tienes mal gusto. Tú apuntas alto, ¿eh? Mejor, no hay que conformarse con lo primero que una encuentra, que luego te das cuenta de que podrías haber acabado con alguien mejor y vienen las desilusiones y las lamentaciones.

Al darse cuenta de lo que estaba insinuando un ligero rubor se esparció por las mejillas de Lira. Ella extendió los brazos y movió las manos frenéticamente, con la esperanza de quitarle de la cabeza a tiempo cualquier idea loca que se le hubiera ocurrido a la líder.

—¿Qué? ¡No! O-oye, yo no… ¡Yo no me refería a-!

—Tranquila. No eres la única de la región que le tiene el ojo echado, ¿sabes? —Pero la líder la cortó antes de que pudiera defenderse. De hecho, el intentar negarlo con tanta insistencia solo hacía que Blanca creyera que estaba en lo cierto— A mí me pareció muy atractivo la primera vez que lo vi, y me lo sigue pareciendo, pero no es mi tipo —La líder se llevó el dedo índice a sus labios mientras fruncía el ceño y alzaba la mirada al techo—. Lo malo es que es un hombre muy solicitado pero ¡oye! ¡Algo se nos ocurrirá para llamar su atención!

—¡Pero que no es eso! Blanca, ¡a mí no me gusta! —exclamó Lira con la cara totalmente roja por la vergüenza. Ella se cubrió el rostro con su gran sombrero, deseando estar en cualquier parte menos ahí. Blanca volvió a reír y puso una mano en su hombro.

—Tranquila, que estamos en confianza. Entre amigas no hay secretos y menos de este tipo. Espera, voy a por una bebida fría para que te relajes un poco, ¡que estás que ardes, chica!

Tras decir eso Blanca desapareció entre la marabunta de gente, dejando a Lira sola y bastante abochornada. Ella volvió a colocarse el sombrero y trató de calmar los nervios, si lo hubiera sabido no le habría dado más detalles. Buscó con la mirada algo con lo que pudiera distraerse y al final esta cayó en los líderes de Ciudad Malva y Pueblo Azalea, que se encontraban al lado de una mesa llena de canapés. El primero seguía el ritmo de la música con unos movimientos algo extravagantes y una expresión totalmente seria, mientras que el segundo trataba de imitarle cuando no le entraba la risa por ver a su compañero actuando de esa manera. Después de todo, seguían siendo un par de adolescentes. Lira sonrió al verles y se acercó a ellos, con la esperanza de olvidar la conversación que había tenido con la líder de Ciudad Trigal.

—¡Hola, chicos! —gritó sobre la música cuando llegó a su lado. Ellos dejaron de bailar y le miraron— Quería daros las gracias por lo de esta mañana, si no hubierais llegado a tiempo no sé qué habría pasado.

—Bah, no te molestes —dijo Pegaso mientras rodeaba los hombros de Antón con una sonrisa. El especialista en tipo bicho también mostró sus dientes y le guiñó un ojo a Lira.

—¡Para eso estamos! El dúo más fresco de Johto ataca de nuevo —dijo mientras chocaba su puño con el de Pegaso—. Seríamos unos líderes muy patéticos si no pudiéramos proteger a nuestros ciudadanos. Con nosotros dos vigilando la región desde los aires no hay nada que temer, ¡ninguna llamada de auxilio será ignorada! —Lira tuvo que reprimir una risa al verles actuar así.

—Sois un par la mar de divertido —acabó diciendo. Ellos asintieron.

—La verdad es que nos llevamos de maravilla. Desde un principio nos caímos muy bien, pero como encima nos tocó patrullar juntos el tiempo nos ha ido uniendo todavía más —dijo Pegaso.

—Cierto —continuó Antón—. Toda una suerte, ¿no crees? Por si no lo sabías los líderes nos unimos por parejas para patrullar la región de tanto en tanto. Pegaso y yo somos una pareja, Blanca y Morti otra, Aníbal y Yasmina la tercera y Fredo y Débora la última. Revisamos las zonas que rodean nuestros pueblos y ciudades para asegurarnos de que todo está en orden y ningún entrenador se ha perdido, tal vez en las primeras rutas no ocurra gran cosa pero en las últimas si suelen haber más problemas. El caso es que a veces esto se hace un poco pesado pero con un compañero resulta mucho más ameno y divertido.

—Ya veo, tiene que ser genial llevarte tan bien con un compañero de trabajo.

—¿Compañero? ¡Somos familia! —exclamó el especialista en tipo bicho emocionado— Los líderes, el Alto Mando y el Campeón formamos un equipo de categoría cuya relación va más allá de lo profesional. Obviamente unos nos llevamos mejor con otros pero en general siempre estamos ahí para apoyarnos pase lo que pase, tanto dentro como fuera del trabajo.

—Exacto. En nuestro caso, al ser los líderes más jóvenes y tener tantas responsabilidades a una edad tan temprana, Blanca, Antón y yo sentimos que el resto de líderes son nuestros hermanos mayores, aquellos que nos guían por el buen camino y nos indican lo que debemos hacer en todo momento. El Campeón es casi como una figura paternal, pues siempre está pendiente de nosotros y se asegura de que podamos llevar a cabo todas nuestras tareas, y como te habrás dado cuenta al ver que Blanca es la líder de una ciudad tan importante como Trigal, confía mucho en nuestro potencial —concluyó Pegaso, satisfecho y con un matiz de orgullo en su voz. Al acabar de hablar le dirigió una nueva mirada a Lira llena de curiosidad—. Y ya que estamos hablando de líderes, Alto Mando y demás, ¿cómo vas con tu viaje? ¿Cuántas medallas has conseguido?

—Siete, me falta solo la de Débora —Los dos jóvenes silbaron y las sonrisas desaparecieron de sus rostros al escuchar el nombre de la domadragón.

—Chica, ya puedes prepararte bien —dijo Antón cruzándose de brazos—. En su caso los rumores no son una exageración, de hecho creo que se quedan cortos. Mi Scizor todavía tiene pesadillas por su culpa, solo la he retado una vez y con eso me basta.

—Bueno, tampoco la asustes —dijo Pegaso al ver la cara que ponía la joven—. Es cierto que es fuerte pero…

—¿Pero qué? —inquirió Antón cuando su amigo no continuó la frase. Pegaso se quedó unos segundos en silencio, considerando cuáles serían sus siguientes palabras.

—Sí, no he dicho nada. Será mejor que te prepares —acabó diciendo. Lira notó que un peso se depositó en sus hombros, ya se imaginaba que la última líder no sería fácil de vencer pero entre la presentación que había hecho de ella misma esa mañana y las palabras de Pegaso y Antón estaba empezando a temer que fuera mucho más difícil de lo que había pensado en un principio. Sin embargo, todos esos pensamientos desaparecieron de su cabeza en cuanto sintió que una fuerza más literal hizo presión en sus hombros, y cuando giró su cabeza para ver de qué se trataba vio que era el brazo de Blanca. La líder había vuelto a su lado.

—La dejo un momento sola y ya la estáis atormentando, por eso no sois capaces de montar una fiesta como toca —dijo ofreciéndole la bebida que llevaba en la mano del brazo que la había rodeado. Lira la tomó con cuidado y Antón sonrió enormemente al ver a la líder, tras lo cual señaló a Pegaso con su pulgar.

—Oye, Blanqui, Pegaso ha mejorado un montón sus pasos de baile desde la última vez que le viste. ¿Quieres comprobarlo? —Blanca gruñó y rodó los ojos mientras le daba un gran sorbo a su bebida, la cual llevaba en la otro mano.

—Prefiero irme de patrulla con Débora a la Ruta Helada, mis ojos todavía no se han recuperado de aquella abominación.

—Qué aburrida eres, seguro que Morti sabe apreciar sus dotes artísticas —Los ojos del especialista en tipo bicho escanearon la sala a conciencia, pero fue incapaz de encontrar al hombre que buscaba—. ¡Eh! ¿Dónde está? Juraría que le había visto hace nada.

—¿Hm? —Blanca miró hacia ambos lados, intentando localizar al líder de Ciudad Iris, y soltó un gruñido de frustración cuando no lo vio entre la gente— ¡Este hombre! ¡Otro que tal! ¡Me descuido cinco minutos y aprovecha para irse! —La líder dejó la bebida en la mesa y luego miró a Lira— Voy a ver si le encuentro, tú disfruta de la fiesta que vuelvo en nada. Tranquila que no he olvidado el tema de conversación que tenemos pendiente —Le dijo con un guiño mientras desaparecía entre el mar de gente. Lira se sonrojó de nuevo y Pegaso agarró la copa de Blanca con una mirada reprobatoria mientras negaba con la cabeza.

—Esta chica, ¿no sabe que es peligroso dejar bebidas por ahí sin supervisión? Cualquier día le meten algo y nos la duermen.

—Luego nosotros somos los cabezas huecas, ¿sabes? —dijo Antón encogiéndose de hombros— Unos tienen la fama y otros cardan la lana.

—Y que lo digas. Será mejor que nos deshagamos de esto, algo me dice que no volverá a por ello.

—Pues a la basura que se va —Antes de irse Antón miró a la entrenadora—. ¿Te vienes con nosotros, Lira? De paso damos una vuelta a ver si hay algo interesante que hacer.

—Vale.

Con eso dicho los tres dieron una vuelta por la sala, bailando al son de la música y parando de vez en cuando para acercarse a los puestos de comida a picar algo. Blanca apareció unos minutos más tarde, quejándose porque Morti, al parecer, había abandonado la fiesta sin decir nada. Pegaso le acarició la cabeza y Antón le ofreció con una radiante sonrisa un canapé que había en una bandeja cercana. Ella lo tomó y le dio un mordisco mientras miraba aparentemente a la nada, y sus ojos acabaron en el bolso de Lira, donde llevaba colgado su Pokégear. La luz de este brillaba tenuemente, de forma casi imperceptible entre todas las luces de discoteca.

—Te ha llegado un mensaje —le dijo a la entrenadora mientras le daba otro bocado al canapé. Lira agarró su Pokégear y vio que tenía una llamada perdida y un mensaje, el cual hacía un cuarto de hora que había recibido. No era de extrañar que no hubiera oído ninguna de las dos notificaciones, pues la música estaba muy alta—. ¿Es de Lance?

La pregunta había sido una broma, pero Lira no pudo evitar mirarla con los ojos abiertos porque, efectivamente, era de Lance. Al darse cuenta de que había acertado Blanca se atragantó con el canapé y empezó a toser descontroladamente.

—Estaba de coña, ¿¡tienes su número!? —exclamó mientras se acercaba a ella para ver la pantalla del Pokégear, pero Lira se apartó antes de que pudiera echarle un vistazo.

—Es mi madre, voy a ver qué quiere —dijo mientras dejaba atrás el grupo y se dirigía rápidamente a la puerta de la sala para salir de allí.

El pasillo al que salió apenas estaba iluminado, lo único que lo alumbraba eran las luces de emergencia y las que salían de debajo de la puerta de la discoteca improvisada. Lira fue a mirar qué ponía en el mensaje pero no le hizo falta hacerlo, pues la persona que se lo había enviado estaba apoyada en la pared, justo delante de ella. Ya no llevaba el uniforme del Team Rocket, ni su atuendo habitual, en su lugar llevaba unos vaqueros negros y una chaqueta y gorra rojas. Justo como el día del Pokéatlhon. Él sonrió y ella también.

—Llevo un rato buscándote, al final supuse que estarías aquí.

—¿Por qué no has entrado?

—Porque no soy muy de fiestas, prefería esperar a que vieras el mensaje y salieras —Lance se apartó de la pared y empezó a caminar, haciendo al mismo tiempo un gesto con la mano para indicarle a Lira que le siguiera—. Ven, tengo que contarte algo, y tú a mí también.

Lira entreabrió la puerta de la sala y echó un último vistazo a la fiesta. Quería asegurarse de que Blanca no la había seguido para que no pudiera verla con Lance, así que se quedó muy tranquila cuando no la vio salir del mar de gente. Supuso que se habría creído que quien le había enviado el mensaje era su madre, así que habría optado por quedarse con los chicos. Cerró la puerta con cuidado y aligeró el ritmo para alcanzar al domadragón, aunque no le hizo falta ir muy rápido porque él iba cojeando.

—¿Cómo vas? —le preguntó ella.

—Bien. Al menos estoy mejor que esta mañana, pero algunas heridas van a tardar un poco en sanar por completo.

Después de esa pequeña charla los dos siguieron caminando en silencio. Llegaron a unas escaleras y las subieron hasta llegar al último piso, que se trataba de la azotea. Al salir al exterior la brisa nocturna le dio la bienvenida a Lira, lo que hizo que le entrara un escalofrío, ya que aunque las temperaturas no eran muy bajas hacía tanto calor dentro del centro comercial que el contraste al salir fuera era considerable. También había unos banderines y farolillos ahí arriba y algunas hamacas para que la gente pudiera subir a darse un respiro de tanta fiesta, pero por suerte para ellos ahí arriba no había nadie. Los dos siguieron andando hasta acercarse a una barandilla y enseguida Lira tuvo un déjà vu, esa situación le recordaba mucho a la primera conversación seria que tuvo con Lance. Apoyados en una barandilla y bajo la Luna, solo faltaba que en vez de edificios tuvieran delante una gran balsa de agua tranquila.

—Llevo toda la tarde interrogando a los ejecutivos —dijo Lance tras unos segundos, rompiendo el silencio. Lira dejó de mirar los edificios y se centró en él, pero el pelirrojo seguía manteniendo la mirada al frente—. Ha costado, pero uno de ellos ha acabado hablando.

—¿Quién?

—Petrel —Lance se quitó la gorra y pasó una mano por su cabello. Cerró los ojos por unos momentos, se le veía agotado, y las pequeñas arrugas que se le formaban alrededor de estos le indicaban a Lira que su vida tenía que ser un poco estresante—. Le presioné más porque era al que se le veía más probable que se derrumbara. Atenea y Protón parecían robots, sus rostros no reflejaban ninguna emoción y todavía no han dicho ni una palabra desde que fueron arrestados —Lira asintió, coincidía en que de los tres Petrel parecía ser el más probable a acabar confesándolo todo.

—¿Y qué ha dicho?

—Me lo ha contado todo, desde el principio. Es una historia un poco larga así que prepárate —Lance inspiró y ella le prestó toda su atención—. Hace unos años Giovanni fundó el Team Rocket, la organización que ahora todos conocemos de sobra. ¿Te suena ese nombre?

—Sí, los reclutas no paraban de repetirlo.

—Cierto, pero además de eso ¿no te suena por algo más? —Lira se llevó una mano a la barbilla y alzó la mirada, tratando de hacer memoria.

—La verdad es que no, no escuché ese nombre hasta que empecé mi viaje —admitió ella.

—Ya veo. Pues bien, antes de ser conocido por eso Giovanni era uno de los líderes de gimnasio de la región de Kanto —Lira sintió que estuvo a punto de caerse ante esa revelación. Si no lo hubiera dicho en un tono tan serio dentro de una conversación todavía más seria pensaría que Lance le estaba tomando el pelo.

—¡¿Qué?! ¡¿Líder de gimnasio?! —fue lo único que acertó a decir. Era el comienzo de la conversación y ya le estaba pareciendo muy surrealista, ¿qué más le quedaría por escuchar? Lance asintió.

—Así es, puedes imaginarte el revuelo que se formó al conocer la noticia. Desde la Liga llevamos, eh, se llevó una investigación a cabo sobre el tema, pero eso es algo que no nos incumbe ahora mismo. Utilizó sus influencias para poder operar en las sombras y conseguir parte de los recursos que necesitaba, consiguió crear un pequeño grupo y a partir de ahí fueron creciendo hasta que lograron consolidarse como organización.

—Comprendo —Lira se tomó unos segundos para asimilar que Giovanni había sido líder de gimnasio. No le cabía en la cabeza cómo alguien que desempañaba ese puesto podía crear una organización como el Team Rocket, una que perjudicaba tanto a los pokémon como a las personas, cuando la función que tenía que haber desempeñado era una totalmente distinta. Al ver que ella no iba a decir nada más Lance siguió hablando.

—Con el tiempo el Team Rocket fue creciendo y consiguió hacerse con un gran número de pokémon. Estuvieron a punto de suponer un peligro, pero entonces apareció un chico de un pueblo apartado y les hizo frente.

—Rojo… —susurró Lira. Si se hablaba de la organización se hablaba del entrenador, y viceversa, parecía que los caminos de ambos estaban íntimamente conectados. No pudo evitar sentir más curiosidad por él, la gente decía que se trataba de un gran entrenador y estaban empezando a entrarle ganas de conocerlo. Lance asintió.

—En efecto. Logró derrotar a Giovanni hasta en tres ocasiones y él decidió disolver la organización, pero, hubo alguien que se negó a que eso sucediera. Se trataba de la mano derecha de Giovanni, considerado el recluta más fiel de todos. Su nombre era Atlas —Lira sintió que un escalofrío le recorrió la espalda cuando Lance nombró al ejecutivo—. Se negaba a dejar morir el Team Rocket con tanta facilidad, se negaba a que la creación de su jefe desapareciera como si nada, así que tomó las riendas y estuvo preparando el resurgir de la organización durante estos tres años. Teniendo en cuenta que no nos hemos dado cuenta de eso hasta que ellos decidieron empezar a hacerse visibles, y que al final sí consiguió sacar a flote la organización, no hay duda de que se trata de alguien sumamente inteligente y competente. El resto de la historia ya la conoces así que no la repetiré.

Al acabar Lance se aferró con más fuerza a la barandilla. Parecía estar un poco nervioso, como si lo que estuviera a punto de contar a continuación le inquietara un poco.

—Hasta ahí te he contado lo normal, por así decirlo. ¿Estás preparada para lo que sigue?

—¿Queda algo más?

—Lo más importante, diría yo —El domadragón se dio unos segundos antes de continuar su relato—. Antes de que se fundara la organización Giovanni reclutó a una niña. Reclutar, según Petrel, es una forma muy bonita de decir que la secuestró.

—¿Secuestrar? —preguntó ella atónita. Estaba descubriendo muchas cosas nuevas de la organización esa noche y todas ellas estaban haciendo que la odiara incluso más— ¿Es que también secuestran a personas? ¿Qué será lo siguiente?

—Que se sepa solo secuestraron a una persona, pero eso no hace que el acto sea menos grave, claro está. No lo hicieron por capricho, esa niña tenía una habilidad que muchas personas codician. ¿Has oído hablar de Celebi? Es un pokémon capaz de viajar en el tiempo.

—Espera —interrumpió Lira, haciendo la conexión al instante—. La niña no se llamaría Carol, por un casual.

—¿La conoces? —preguntó sorprendido. Lira asintió.

—Fue la que me dijo lo que tenía que hacer para vencer a Atlas.

—Ya veo —murmuró Lance para sí mismo antes de volver a hablar en voz alta—. Pues sí, la secuestraron porque con ella a su lado no importaban las veces que fallaran, podrían dar marcha atrás cuando quisieran y volver a empezar de cero gracias a los poderes de Celebi. Los ejecutivos no sabían que era capaz de llamarle hasta hace un par de días, Atlas y Giovanni lo mantuvieron en secreto durante mucho tiempo.

—Pobrecita…

Eso le ayudaba a entender muchas cosas, entre ellas por qué Carol estaba en la organización a pesar de ser tan buena persona y por qué se negaba a cumplir las órdenes del Team Rocket. Lira no pudo evitar sentir lástima por todo lo que la rocket había pasado, hasta que conectó lo último que había dicho Lance con el suceso de esa misma mañana. Sintió que su cuerpo se congeló por completo, al mismo tiempo que sus ojos se abrían tanto que llegó a preocupar al domadragón. Su mente se quedó en blanco por el miedo que estaba empezando a sentir.

—Espera, entonces…

—¿Entonces qué? —Lira se quedó callada durante unos segundos. Quería pensarse muy bien lo que iba a decir, pero sobre todo no quería precipitarse a la hora de hacer teorías.

—Que conseguí llegar a lo alto y gané a Atlas —explicó lentamente—. Pero él no se dejó vencer tan fácilmente. Agarró a Carol y la forzó a tirarse desde lo más alto con él.

—Pero eso no puede ser —se apresuró a decir Lance—. Se ha inspeccionado la ciudad a fondo y no se ha encontrado ningún cadáver.

—Exacto —Lira tragó saliva. Cuanto más lo pensaba más sentido tenía, y eso le aterraba sobremanera—. Atlas le pidió a Carol que llamara a Celebi pero ella no quiso, entonces le obligó a tirarse con él, pero cuando me asomé no vi nada porque desaparecieron misteriosamente antes de llegar al suelo. Eso era lo que quería decirte esta mañana.

Silencio. Solo podían escucharse las canciones marchosas que todavía sonaban en las plantas inferiores del centro comercial para celebrar la libertad de Johto, las cuales hacían que el suelo retumbara un poco. No podía haber peor música de fondo para aquella escena, pues los ritmos alegres no encajaban con la desesperanza que el dúo estaba empezando a sentir, el cual temía que se estuviera celebrando una fiesta demasiado pronto. Lira se atrevió a mirar a Lance con la esperanza de que él le restaría importancia al asunto y le daría una explicación coherente de aquello, una que no fuera la que ella estaba pensando, pero solo vio que su rostro reflejaba el horror absoluto, algo que le intranquilizó todavía más.

—Eso… —dijo después de unos largos segundos. Pasó un tiempo y el domadragón logró adoptar una expresión completamente seria, como si no estuviera sintiendo nada. Su voz fue mucho más firme y alta cuando volvió a hablar— Eso tiene mucho sentido. Atlas es un hombre frío y calculador, pero Petrel me dijo que cuando está contra las cuerdas es capaz de hacer cualquier cosa con tal de lograr sus objetivos. Por lo visto, teniendo en cuenta lo que me has dicho, estaba dispuesto a suicidarse con tal de que Celebi apareciera y poder crear de nuevo la organización.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Lira al oír lo último que había dicho Lance. Eso hizo que se repitiera en su mente el momento que había sido incapaz de olvidar durante un segundo, cómo el ejecutivo había agarrado a Carol y se la había llevado con él, obligándole a tirarse desde lo más alto de la Torre Radio. Él podría haber muerto, pero ella también, y no pareció importarle ni lo más mínimo.

—Podría haber matado a Carol —dijo en un susurro con el ceño fruncido.

—Y le habría dado igual. Solo la querían porque es la guardiana del Encinar, y si ya no les servía de ayuda poco importaba lo que le pasara.

—¿La guardiana del Encinar? —repitió Lira extrañada. Lance alzó la vista y se acarició la barbilla.

—No muchas personas saben que existe esa figura, pero tengo entendido que ese es el nombre que se le da a las personas en las que Celebi confía, aquellas a las que se les aparece. Tuvo que ver algo en ella para que entablaran amistad desde una edad tan temprana. Bueno, el caso, resulta que Celebi no puede estar siempre en el Encinar, aunque se le considere su guardián, por eso le delega parte de sus responsabilidades a uno o varios humanos que se ganan su confianza. A esos humanos se les denominan guardianes del Encinar, puesto que Celebi les ha dado el honor de compartir su tarea con ellos. Los guardianes establecen un vínculo con este pokémon que les permite llamarle por voluntad propia.

—O sea, ¿que pueden llamarle cuando quieran?

—Así es. Cuando y donde quieran, sin importar las circunstancias —Lira dirigió su mirada a sus zapatos durante unos instantes.

—Carol dijo que no podía invocarle porque necesitaba paz, y no creo que sientas mucha paz cuando alguien te tira desde lo alto de un edificio en contra de tu voluntad —acabó diciendo.

—Seguramente lo diría para evitar que el Team Rocket empleara sus poderes para sus fines egoístas. En el caso de que lo que dijera fuera verdad y realmente necesitara paz, al estar tan unidos Celebi sintió que la vida de Carol corría peligro, por eso acudió en su rescate. Crearía un portal en el último segundo para salvarla. Atlas sabía que vendría si ponía a Carol en una situación tan peligrosa, pero tenía que estar cerca de ella para poder atravesar el portal que Celebi crearía, ya que si se limitaba a tirarla Celebi la salvaría y él se quedaría sin nada.

—Está loco —sentenció Lira al oír aquello. Se había arriesgado demasiado, basándose en una conjetura que podría ser o no cierta. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de cumplir su objetivo, y no había nada más peligroso que alguien que estaba dispuesto a perderlo todo para conseguir lo que quería—. Pero aun así, no lo entiendo. Si Celebi puede viajar en el tiempo, ¿no podría haberlo hecho en su momento para evitar que Carol fuera secuestrada?

—Claro, y también podría viajar para evitar todos los atracos, y asesinatos, y desastres naturales —Lance negó con la cabeza—. Si empezamos a usar los poderes de Celebi para evitar desgracias estaríamos dando marcha atrás constantemente.

—¡Pero Carol es la guardiana! ¿No tendría que ser especial por eso?

—Me temo que no.

—Pues qué bien —dijo ella en un tono sarcástico tras dar un bufido. Entendía que Celebi no diera marcha atrás todo el tiempo para evitar desgracias pero ¿no podía hacer una excepción con la humana que tanto quería? Eso dejó de importarle pronto cuando otra pregunta surgió en su mente—. ¿Y dónde estará ahora?

—No tengo ni idea, pero si no aparece en los próximos días podemos empezar a prepararnos.

Lira iba a preguntar por qué tendrían que prepararse pero prefirió no hacerlo. El plan de Atlas era utilizar a Carol para que llamara a Celebi y pudiera volver atrás en el tiempo para que el Team Rocket tuviera otra oportunidad de ganar, así que si Carol no aparecía no hacía falta ser un genio para deducir qué podía haber pasado. Eso hizo que se le erizara el vello de la piel.

—Vale, ahora sí que no lo entiendo. Celebi puede volver a nuestra línea temporal con ella cuando quiera, ¿no? ¿Por qué se quedaría donde sea que pueda estar con el peligro que eso puede suponer para todos?

—Cierto —Lance se quedó pensando en silencio durante unos segundos, sumido en una concentración total. Lira casi pudo ver en sus ojos cómo los engranajes giraban en su cabeza para intentar dar con una respuesta—. Si no vuelve con ella, tal vez —empezó lentamente, arrastrando cada palabra con cuidado, como si temiera decir algo incoherente o descabellado—, es posible que Celebi haya querido aprovechar esta ocasión para zanjar el problema con el Team Rocket de una vez por todas, sea donde sea que haya ido a parar.

—¿Y Carol cómo estará?

—Si Celebi está con ella, estará bien —Lira se aferró con más fuerza a la barandilla. Su indignación había alcanzado un tope y sentía que no podía oír nada más sin estallar.

—Estará bien, tal vez, es posible. ¿Tenemos algo claro? —dijo bastante alterada— Nos estamos basando en teorías y suposiciones muy optimistas pero lo único que sabemos seguro es que no tenemos ni idea. Podría estar en cualquier tiempo y en cualquier lugar, podría estar en Pueblo Azalea y nosotros aquí hablando como un par de tontos, podría estar retenida por un Team Rocket que ya sabe qué tiene que hacer para ganar y está preparando su gran regreso. ¡Podría estar sola en mitad de la nada! ¡Podría estar pasando cualquier cosa!

Lira no se dio cuenta de que Lance se había puesto detrás de ella hasta que sintió que sus manos se posaron en sus hombros. Primero los apretó con fuerza, como si quisiera calmarla deteniendo de esa manera su cadena de pensamiento, luego aflojó el agarre y simplemente los dejó ahí en una señal de apoyo.

—Alterarnos y ponernos en lo peor no sirve de nada —dijo con una tranquilidad que contrastaba con el nerviosismo de ella—. Lo sé por experiencia. Es cierto que podría estar pasando cualquier cosa, justo por eso tenemos que prepararnos para lo que se nos puede venir encima, pero hay que mantener la cabeza fría. Los líderes, el Alto Mando y todas las fuerzas de seguridad estarán al tanto, esta vez sabemos quién es el enemigo y podemos estar preparados para cuando decida atacar.

—Vale, ¿y yo qué hago? —Lira se dio la vuelta y Lance apartó las manos de sus hombros. Ella clavó sus ojos en los del domadragón y él le devolvió la mirada— ¿Qué hago, Lance? Porque no pienso quedarme de brazos cruzados. No voy a creer que todo está bien por una suposición, no voy a mirar hacia otro lado y seguir con mi viaje como si nada solo porque, en teoría, Celebi lo tiene todo bajo control. ¿Y si no es así? ¿Y si necesita ayuda? Dime, Lance, ¿qué hago?

Lance le miró con la misma intensidad que ella desprendía. Podía ver que sus ojos ardían con ganas de solucionar lo ocurrido, las mismas que él tenía de poner punto final a un peligro que ya llevaba demasiado tiempo campando a sus anchas.

—Lugia —dijo firmemente. Los ojos de Lira se abrieron—. Lugia no ha montado todo su espectáculo por nada. Sabía que la región estaba en peligro y, muy probablemente, sabía que acabaríamos en esta situación. Quiere ayudar y no escogió a Morti, ni a Débora, ni a mí para ser los salvadores de la región, a pesar de que tenemos un gran poder. Te escogió a ti porque necesitaremos algo más que fuerza esta vez. Los legendarios no toman decisiones erróneas, siempre deciden lo mejor para la región. ¿Quieres hacer algo? Recuerda la conversación que tuvimos antes de llegar al Lago de la Furia. Continúa tu viaje, consigue la última medalla, conviértete en una entrenadora fuerte y ten el último sueño, estoy seguro de que entonces Lugia te dirá algo. Aunad fuerzas y salvad la región, eso es lo que puedes y debes hacer.

No podía creérselo, pero con todo el lío del Team Rocket y Celebi ya casi se había olvidado del legendario. Estuvo a punto de gruñir de frustración por no haberse acordado, pues él podría indicarle el camino a seguir, aunque si era sincera consigo misma le seguía inquietando un poco. Los sueños no eran nada reconfortantes y todavía no había olvidado lo sucedido en las Islas Remolino, pero estaba claro que si quería continuar tenía que conseguir la octava medalla para averiguar qué es lo que quería de ella.

—Es como haber avanzado mucho y nada a la vez —acabó diciendo ella tras dar un suspiro—. Estoy un poco cansada, la verdad.

—Normal, ya llevas mucho tiempo viajando.

—No, no es por el viaje, es… —Lira dibujó un gran círculo en el aire con sus brazos— Todo. Siento que ya llevo mucho acumulado y puedo estallar de un momento a otro.

—Podrías tomarte un breve descanso, no creo que te venga mal. Muchos entrenadores deciden hacerlo antes de enfrentarse a un gran obstáculo.

Hubo un silencio entre ellos dos después de eso. Ambos tenían la cabeza ocupada, pensando en sus cosas, en qué harían después de esa noche y cómo se prepararían para afrontar un futuro que les resultaba incierto. Al final, Lira fue la primera en volver a hablar.

—Me gustaría volver a casa —acabó diciendo en un susurro. Se quedó un rato en silencio pero después se apresuró a acabar la frase—. Solo unos días. Hace mucho que no veo a mi madre y me gustaría recargar las pilas antes de enfrentarme a lo que me queda.

—No es mala idea, seguro que le das una alegría —Lance se llevó una mano a su cinturón y agarró una Poké Ball—. Puedo acercarte si quieres.

—¿Ahora?

—No tengo nada que hacer y creo que Dragonite tampoco —Lira esbozó una sonrisita y Lance también—. Oye, no te rías, que es un pokémon muy ocupado —La forma en la que lo dijo le impidió saber si lo decía en serio o estaba bromeando—. A no ser que quieras irte mañana, a lo mejor quieres quedarte en la fiesta.

Lira consideró la opción durante unos segundos. Había sido un poco repentino, pero ya llevaba unos días con morriña y lo cierto es que había pensado en volver un par de veces. La oferta le parecía demasiado tentadora como para rechazarla.

—Tendría que avisar a Blanca, me fui corriendo y a lo mejor se preocupa si ve que no vuelvo a aparecer —dijo pensativa.

—Puedo hacerlo yo si quieres, después de dejarte volveré para vigilar la ciudad un rato —Lira asintió pero casi al instante se dio cuenta de lo que eso podía suponer. Sus mejillas se ruborizaron al imaginarse la sonrisa de la líder cuando el domadragón le dijera que él le había acercado a casa. No podía permitir que eso ocurriera de ninguna de las maneras, no podía darle más leña con la que alimentar el fuego de sus fantasías.

—Vale, pero dile que me he ido por mi cuenta, nada de que me has acompañado —Lance alzó una ceja y le miró extrañado, pero Lira se limitó a sonreír tímidamente mientras escondía las dos manos detrás de su espalda.

—Está bien —dijo lentamente tras unos segundos, con una entonación que más que una afirmación parecía una pregunta. Lance sacó a Dragonite y el pokémon sonrió al verla. Lira le devolvió el gesto—. Pueblo Primavera, ¿no?

—Sí.

Ella fue la primera en subirse y después lo hizo Lance. Él le dio dos toques en el lomo a Dragonite y este alzó el vuelo, elevándose varios metros sobre los edificios de la ciudad para no chocarse con ellos al empezar a volar. Cuando ya estaba a una buena altura el dragón puso rumbo al pueblo natal de la morena, a una velocidad que distaba mucho de la que había empleado aquella mañana. El dragón les llevó lo más rápido que pudo a Ciudad Trigal, así que Lira era plenamente consciente de lo veloz que podía llegar a ser, por eso le extrañaba que ahora fuera tan lento en comparación. Aun así lo prefirió, ya que no le apetecía que el viento le azotara en la cara por ir con prisa.

Al abandonar la ciudad y dejar atrás las luces artificiales, la luz de la luna se reflejó en las escamas del dragón, tiñéndolas de un hermoso plata. Lira miró sus brazos y vio que estos también adquirieron una tonalidad parecida. El cielo estaba despejado, así que podía ver con total claridad la ruta que estaban sobrevolando. Alcanzó a ver la guardería de los abuelos de Eco, y a lo lejos una gran luz intermitente le indicaba donde se encontraba exactamente Ciudad Olivo. Su región le parecía hermosa de siempre, pero aquella noche tuvo la oportunidad de verla de otra manera, y eso solo hizo que se enamorara todavía más de ella. No solía viajar a esas horas, y tampoco solía volar, así que tener la oportunidad de disfrutar del silencio de la noche adornado con los sonidos de los pokémon nocturnos, al mismo tiempo que admiraba el paisaje y veía que el viento mecía la hierba y los árboles, hizo que el vello de la piel se le erizara como nunca antes. Intentaba ver todo lo que podía desde ahí, pues no sabía cuando tendría una oportunidad parecida si es que volvía a tener una, así que se sorprendió un poco cuando, llegando al Encinar, vio que Lance se aferró al cuello de Dragonite con un brazo y, con el otro, le rodeó a ella la cintura y se la acercó un poco.

—Mira. Agárrate —le susurró después de inclinarse para que pudiera oírle mejor.

Lance silbó y Dragonite subió todavía un par de metros más. Al principio Lira no entendió por qué lo había hecho, hasta que el dragón cambió bruscamente de dirección y bajó en picado a toda velocidad. Lira se aferró a su cuello con una mano y con otra se agarró el sombrero para que no saliera disparado, y soltó un grito al mismo tiempo que sentía que su corazón empezaba a latir tan rápido que temió momentáneamente que se le fuera a salir del pecho. No podía parar de chillar al ver que se iban a estrellar contra el suelo y Dragonite no hacía nada por evitarlo, pero por suerte, en el último segundo, este dio una vuelta de ciento ochenta grados y volvió a ascender, levantando una gran polvareda tras de sí cuando su cola estuvo a punto de rozar el suelo.

Otra vez en el aire Dragonite volvió a descender en picado, pero en lugar de acercarse tanto al suelo aprovechó la inercia para hacer todo tipo de giros espectaculares y piruetas, como si fuera una atracción de feria. Los gritos de Lira pronto se convirtieron en una gran carcajada al ser consciente de lo que estaba haciendo, lo que le ayudó a relajarse un poco, pero sin llegar a soltarse del dragón. Sintió en el estómago un cosquilleo que le habría hecho vomitar si se hubiera comido más canapés de la cuenta, pero por suerte su cena se mantuvo todo el rato dentro de ella. No supo cuánto tiempo pasaron así, pero después de un rato Lance volvió a silbar y Dragonite acabó el último giro con suavidad, volviendo a estabilizarse y retomando el vuelo con normalidad, como si nada hubiera pasado.

—Nos enseñó Pegaso —le dijo Lance mientras acariciaba a su pokémon—. Fue idea suya, se le dan bien las piruetas y todo lo que tenga que ver con hacer cualquier maniobra en el aire. Dijo que tenía curiosidad por ver si Dragonite sería capaz de aprender, y ya has visto que es un gran alumno.

—Sí. ¡Ha sido muy divertido! —exclamó la joven sintiendo el efecto de la adrenalina en su cuerpo. Una refrescante brisa hizo que se calmara un poco, y esta trajo consigo un olor que le resultó muy familiar. Bajó la mirada y entendió por qué le sonaba; se estaban acercando a Ciudad Cerezo. Podía ver la mezcla de pétalos naranjas, morados y rosas que adornaban la ciudad gracias a la gran cantidad de jardines que había allí. La fragancia de sus flores era muy característica y estaba segura de que podría reconocerla en cualquier lugar y en cualquier momento, pues había pasado gran parte de sus veranos allí.

Al sobrevolar la ciudad cayó en la cuenta de que eso significaba que Pueblo Primavera estaba a la vuelta de la esquina y no pudo evitar sorprenderse, pues aunque Dragonite no había ido muy rápido le dio la sensación de que no habían tardado en llegar. A ella le costó mucho llegar a Ciudad Trigal caminando desde su casa, en cambio el dragón había hecho el recorrido en un abrir y cerrar de ojos casi sin despeinarse. Y pensar que podría haber acabado su recorrido mucho antes si hubiera tenido al dragón a su disposición, pero se dijo que si su viaje se hubiera limitado a ser llevada por un pokémon de aquí para allá no habría tenido mucha gracia, pues parte de su encanto era darse el gusto de conocer todos los rincones de su región caminando.

Lance le dio dos toques en el lomo a Dragonite antes de entrar en el pueblo, así que el pokémon aterrizó en la ruta 29. Primero se bajó el domadragón y luego la joven de un salto antes de acariciar al dragón por haberla llevado hasta su casa.

—Muchas gracias por acercarme.

—No las des —le dijo Lance con una leve sonrisa, que fue reemplazada rápidamente por una expresión más grave. Su voz también se volvió algo firme—. Ahora aprovecha para descansar y afrontar con energía lo que te queda —Lira se puso seria y asintió.

—Sí, no he olvidado qué es lo que tengo que hacer.

—Así me gusta —Lance se acercó a Dragonite y volvió a subirse en él—. Tu próximo destino es Ciudad Endrino, así que si no te demoras mucho tal vez nos podremos ver allí. Estaré unos días para tratar unos asuntos relacionados con mi clan, podría hacerte un tour por la ciudad si coincidimos.

—Yo podría hacerte uno por aquí pero —Lira se encogió de hombros con una modesta sonrisa— no hay mucho que ver, a no ser que te mueras de ganas de visitar el laboratorio del profesor Elm.

—Si no fuera tan tarde a lo mejor me animaba, pero creo que podré resistir la tentación. De todas formas ya he visto el laboratorio del bueno de Elm un par de veces —Lance le dio dos toques a Dragonite y este empezó a alzarse sobre el suelo—. Nos vemos, Lira. Buenas noches.

—Buenas noches —La joven agitó la mano en el aire hasta que Dragonite alzó el vuelo y se fue por donde había venido. Ella se dio la vuelta e inspiró hondo, intentando creerse que lo que estaba a punto de suceder no era un sueño. Después de tanto tiempo, por fin estaba en casa.

Se acercó a la entrada de su pueblo y sintió que la emoción le embargó, lo que hizo que las piernas le temblaran al dar el primer paso. Pueblo Primavera no había cambiado nada desde que se había ido, las aspas de los molinos seguían girando como siempre y las escasas casas que había ahí no habían sufrido ninguna modificación. Seguían manteniendo los tejados verdes, los cuales se camuflaban con los árboles que rodeaban el pueblo, lo que daba la sensación de que estaba integrado en el propio bosque. Las luces de estas estaban apagadas, menos las del laboratorio, algo que no sorprendió a la joven. Después de todo, el profesor Elm era conocido por enfrascarse tanto en sus investigaciones que se le acababa olvidando comer y dormir.

En un principio Lira decidió pasar de largo y hacerle una visita a la mañana siguiente, pero ya que estaba despierto pensó que no pasaría nada por saludar al hombre que hizo posible que comenzara su aventura. Lira se acercó al laboratorio y llamó dos veces a la puerta antes de abrirla un poco. El profesor se encontraba al fondo de este, sentado tras un escritorio con tantos papeles que era un misterio que todavía siguiera en pie. Él tenía la frente apoyada en la palma de su mano y, en la otra, un boli con la que hacía algunas anotaciones de vez en cuando. Aunque seguramente se habría pasado todo el día así, lo cierto es que no se le veía muy cansado.

—Lo siento, está cerrado, vuelva mañana —dijo sin molestarse en alzar la mirada para ver quién había llamado. Típico de él, era capaz de ignorar casi cualquier cosa cuando estaba centrado en sus estudios.

—Vaya, si lo llego a saber no vengo.

Su pequeña broma despertó una reacción en el hombre, que al fin fue capaz de despegar sus ojos de los papeles. Al oír la voz de Lira el profesor alzó la mirada rápidamente, y cuando vio que se trataba de ella parpadeó un par de veces. La joven vio que sus de por sí notorias ojeras se habían hecho todavía más visibles en su ausencia, lo que dejaba claro que alguien debía tener una buena charla con Elm, y algo le decía que tendría que ser ella la que intercambiara un par de palabras con él antes de retomar su aventura. Aun así, estas no pudieron eclipsar la alegría que sus ojos reflejaron al ver a la entrenadora, una alegría que estaba segura que ella también transmitía a través de su sonrisa.

—¡Lira! ¡Pero cuánto tiempo! —exclamó mientras se levantaba de golpe y se acercaba a ella dando grandes zancadas. Al acercarse a Lira, Elm se detuvo abruptamente y se la quedó mirando con asombro y curiosidad; a ella también le sorprendió que no tuviera que echar tanto hacia atrás su cuello como antes para poder verle la cara— Madre mía, ¡cuánto has crecido! ¡Pero si estás hecha toda una mujer!

—No soy la única que ha crecido —dijo con una gran sonrisa mientras agarraba la Poké Ball de su inicial. Sabía que el profesor tendría muchas ganas de ver cuánto había cambiado aquel pokémon que le dio, así que sin pensárselo dos veces lo liberó en el laboratorio sin previo aviso.

—¡Feraaaaligatr!

El reptil se hizo presente con un gran rugido que hizo que el profesor estuviera a punto de caerse del susto. Feraligatr sonrió y flexionó los brazos, mostrando sus enormes músculos y sus afilados colmillos. El profesor se limpió las gafas y se las reacomodó en la nariz, mientras una gran sonrisa se asomaba en sus labios.

—¿Este es Totodile? ¿El mismo Totodile que te di? —Feraligatr sonrió y Lira pudo ver que los ojos de Elm brillaron con emoción, como si fuera un niño pequeño viendo un gran monstruo. Se acercó a él y empezó a acariciarle las escamas mientras le inspeccionaba— Es un buen ejemplar, tiene las escamas duras y brillantes. Me encantaría poder observarlo con más detenimiento con el equipo que tengo en el laboratorio.

—Y yo estaré encantada de prestarle al resto de mis pokémon para que les eche un vistazo también pero ¿podría ser mañana?

—¿Mañana? —Elm le miró confundido— Pero bueno, ¿qué hora es? No puede ser tan tarde —El profesor sacó un reloj de bolsillo de su bata blanca y al ver la hora que marcaba estuvo a punto de caerse por segunda vez— ¡Pero bueno! ¡¿Ya es de madrugada?!

—No sé para qué tiene un reloj si no le hace caso —dijo Lira sin saber si tomarse la situación a risa o no.

—Me lo regaló mi mujer, a quien sí debería hacerle más caso —respondió Elm mientras volvía a guardar el reloj—. Vámonos, será mejor que sigamos hablando mañana.

Después de salir del laboratorio y despedirse del profesor Lira siguió caminando hasta llegar a su casa. El corazón le latía con más rapidez, no tendría que ponerle nerviosa ver a su madre pero al ser la primera vez después de tanto tiempo no pudo evitar que un torbellino de emociones la asaltara. Las luces de su casa estaban, obviamente, apagadas, y se preguntó si sería buena idea despertarla.

Tras unos segundos de deliberación decidió pulsar el timbre. Podría entrar con sus llaves pero prefirió no hacerlo para ahorrarle el susto a su madre de que un posible ladrón había entrado en casa, aunque en su pueblo no solían haber muchos robos, por no decir ninguno. Tras unos segundos las luces del piso de arriba se encendieron, y después de un rato las luces del piso inferior también lo hicieron. Si vivieran en una ciudad tal vez su madre no se habría molestado en bajar a ver quién era, pero al ser un pueblo tan pequeño todos se conocían entre todos, así que podían considerarse una pequeña comunidad, por eso si alguien llamaba a esas horas era porque necesitaba ayuda o había ocurrido algo importante, razón por la que cualquiera bajaría a ver qué ocurría fuera la hora que fuera.

Lira escuchó que su madre giró las llaves para abrir la puerta. Contuvo la respiración cuando vio que esta empezó a moverse, bañando así la hierba a sus pies en un color dorado por la luz que salía del interior de su casa. Apartó la vista rápidamente, y cuando sus ojos se acostumbraron a la luz volvió a mirar al frente, y al fin la vio. De pie bajo el marco de la puerta, con su camisón de tirantes fucsia y una mirada cansada y preocupada. Tenía su corto pelo castaño despeinado y los ojos marrones entreabiertos, pero estos se abrieron del todo en cuanto vio que quien había llamado no era otra que su hija.

—Hola, mami.

Lira le dedicó una de sus mejores sonrisas a la mujer, que respondió dando un gran portazo. La sonrisa de la entrenadora se esfumó tan rápido como apareció, y antes de que pudiera procesar lo que había ocurrido su madre abrió de nuevo la puerta. Parpadeó un par de veces y se frotó los ojos antes de llevarse una mano a la boca.

—Lira… ¿Eres tú? ¿No es otro sueño? —preguntó con los ojos vidriosos. Al volver a escuchar la voz temblorosa de su madre Lira sintió que algo se removió dentro de ella. No se había dado cuenta de lo que realmente le había echado de menos hasta que volvió a tenerla delante de ella.

No pudo contener el impulso de abrazarla, y aunque hubiera podido no habría querido. La apretó entre sus brazos con tanta fuerza que temió que la fuera a dejar sin aire, pero se veía incapaz de aflojar el agarre. Su madre le correspondió el abrazo con una fuerza igual o superior, y cuando tuvieron que separarse para evitar morir por ahogamiento ambas rieron. Su madre rodeó sus hombros con su brazo y la condujo al interior de la casa, momento en el que le pareció casi imposible contener las ganas de llorar. Después de lo sucedido aquella mañana en Ciudad Trigal sentía que necesitaba un lugar seguro y familiar al que volver, uno en el que poder descansar, y ver que su casa seguía igual que siempre le dio la sensación de que todo iba a estar bien, algo que consiguió reponer sus fuerzas. Las dos subieron las escaleras y fueron al cuarto de Lira, que seguía estando igual de limpio y aseado que cuando se fue, y se quedaron tumbadas en su cama hasta las tantas, con la joven contando varias anécdotas de su viaje y su madre escuchándola atentamente mientras le acariciaba el cabello. Por fin, parecía que todo había sido una pesadilla y que ya no había ningún mal sobre el que sentirse preocupada.

Parecía.


El Encinar solía ser un lugar tranquilo y poco transitado, pues eran pocos los entrenadores que lo cruzaban de tanto en tanto para llegar a la siguiente ciudad. Los únicos que solían visitarlo con frecuencia eran los habitantes de Pueblo Azalea, para hacerle ofrendas al guardián, y aquellas personas que pasaban más de un par de horas allí se podían contar con los dedos de una mano. Eran tres, para ser exactos: un adulto encargado de cortar árboles para crear carbón posteriormente, un niño que sentía tanta fascinación por los pokémon de tipo bicho que se podía pasar el día entero viéndolos y una niña que a veces le acompañaba y a veces daba paseos por allí ella sola.

—A ver, si te pongo esta tirita aquí y te doy una baya aranja creo que debería bastar.

Como guardián del Encinar que era, su labor consistía en vigilarlo y asegurarse de que aquellos que entraran tenían buenas intenciones. Todos cumplían con ese requisito, pero había una persona en especial que había conseguido llamar su atención, pues su bondad era superior a la del resto. Sus intenciones para entrar al Encinar eran distintas a las del resto, pues ella no iba para hacerle ofrendas, ni para estudiar a los pokémon, iba para asegurarse de que todos estaban bien y echar una mano a aquellos a los que tenían algún tipo de problema.

—Ya está. Mucho mejor ahora, ¿no?

Tal y como estaba sucediendo frente a sus ojos en ese momento. La niña estaba ayudando a un caterpie que había quedado muy malherido después de haber tenido un combate contra otro pokémon por un par de bayas. Ella le había atendido las heridas y se había asegurado de dejarle en un lugar seguro antes de marcharse, pero antes de poder irse muy lejos el pokémon se acercó a ella y la tiró al suelo para poder restregar su cabeza contra su mejilla, haciéndola reír en el proceso.

—¡Carol!

La niña se dio la vuelta en cuanto alguien le llamó. Sonrió ampliamente al ver quién era y después de despedirse del caterpie fue corriendo hacia él.

—¡Abuelo!

—Ya me tenías preocupado, te dije que volvieras a la hora de comer.

—Lo siento, es que me he distraído un poco.

La niña le tomó de la mano y los dos se alejaron lentamente de allí. Ella le iba contando todo lo que había hecho y el anciano asentía de tanto en tanto con una pequeña sonrisa en sus labios. Se dirigían a la salida, pero sintió que se detuvieron abruptamente cuando pasaron delante del santuario.

—Ay, ¡le he dado la baya que me diste para lo ofrenda a un pokémon! —Se lamentó la niña. El hombre mayor rio.

—Estoy seguro de que el guardián prefiere que le des la baya a un pokémon que lo necesita antes que a él. Mira el santuario, está a rebosar.

La niña pareció murmurar una disculpa y finalmente se fueron de allí. Cuando sintió que habían salido y que nadie volvería a entrar se acercó al caterpie malherido. En cuanto el pokémon le reconoció intentó hacer una reverencia pero él le detuvo antes de que pudiera hacer algo. Le inspeccionó y vio que estaba en buen estado, esa pequeña humana sabía lo que hacía cuando trataba a los de su especie. Asintió satisfecho para sí mismo y volvió a esconderse, tal vez ella podría ser una de las indicadas.

El silencio de la sala era sobrecogedor. Llevaba despierta un par de minutos pero no había abierto los ojos por temor a lo que podía encontrarse, pues estaba maniatada y esa no era una buena señal. Al atreverse a echar un vistazo pudo ver que la habitación estaba iluminada tenuemente por una bombilla que parpadeaba de vez en cuando, gracias a la cual vio que ahí solo había cajas. Se reincorporó como pudo y se apoyó en la fría pared, intentando hacer memoria para ver si recordaba lo que había sucedido.

—Argh, me duele la cabeza —se quejó en voz baja mientras cerraba los ojos. Así no había manera de recordar nada, ¿tal vez se habría dado un golpe? ¿Qué hacía en esa habitación? ¿Y por qué estaba maniatada? Estaba empezando a hacerse muchas preguntas y le inquietaba que no tuviera ninguna respuesta, pero todo el ajetreo de su mente se detuvo en cuanto le pareció oír algo. Una voz.

Te habrás mareado al dar el salto.

Carol alzó la vista y miró hacia ambos lados de la habitación. Esa voz era muy familiar, tan familiar que no le costó reconocerla, y cuando lo hizo casi gruñó. Quien estaba hablando con ella no tenía por qué hallarse en ese cuarto, podría encontrarse a kilómetros de distancia perfectamente. Después de todo, se comunicaba gracias a la telepatía.

—Celebi —murmuró mientras escaneaba la sala con sus ojos. Aun así no quiso desistir en su búsqueda, tal vez tenía suerte y se encontraba allí dentro—. ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

Le pareció oír movimiento detrás de un par de cajas y fue ahí donde dirigió su mirada. La sala estaba pésimamente iluminada, pero aun así le pareció ver que una pequeña figura salió de estas. El destello de la bombilla le permitió ver durante un segundo que se trataba de una criatura verde y con alas, cuya cabeza tenía forma de una flor de azucena sin abrir y unos preciosos ojos azules.

Estás a salvo, y lo vas a estar, no voy a permitir que te hagan nada.

—Lo sé, y eso me tranquiliza mucho, de verás —Carol volvió a moverse, con la esperanza de aflojar el nudo que la retenía, pero no hubo suerte—. Ahora lo digo en serio, ¿dónde-?

La puerta de la habitación se abrió de repente, llenando la estancia de una cegadora luz blanca artificial. Celebi se desvaneció rápidamente y ella cerró los ojos, pues no pudieron acostumbrarse tan rápido a ese cambio repentino en la iluminación.

—Así que ya estás despierta. Menos mal, no sería agradable que te ocurriera algo malo.

La voz que habló también le resultó familiar, pero tuvo en ella el efecto opuesto que la de Celebi. Celebi la calmaba, él no. Le había oído muchas veces en el pasado, y volver a escucharle fue como si todos los malos recuerdos se apelotonaran en su mente otra vez, uno tras otro. Pensó que no volvería a verle y que estaba lejos de él, pero claramente se equivocaba. El vello de la nuca se le erizó cuando pudo entreabrir los ojos y ver su silueta desde la puerta, y si bien no pudo verle la cara, su forma de vestir le indicó que sus sospechas eran acertadas. Era quien creía. Casi pudo escuchar la sonrisa en sus próximas palabras, y eso la hizo estremecerse de puro pavor.

—Hola, Carol. Ha pasado mucho tiempo, ¿no crees?


(Ahora sí que sí, dejamos oficialmente Ciudad Trigal y cambiamos de arco. No esperé que este capítulo fuera a quedarme tan largo, pero me emocioné con la fiesta y los líderes, luego con la charla a la luz de la luna, también quería mostrar el regreso de Lira a casa y parte de lo que sucede con Carol... Vamos, que pensé iba a poder contarlo en menos palabras pero claramente no fue así. No lo he dividido en dos partes porque quería acabar ya con todo lo sucedido en Ciudad Trigal, que si no me daba la sensación de que ya lo estaba alargando mucho. Ya estoy acabando el siguiente capítulo y puedo decir que no es tan largo como este, espero que os haya gustado.

nadaoriginal: al fin Lira ha encontrado algo de paz al final de su momento en este capítulo, pero como se irá viendo es una paz temporal. Todavía tiene que acabar su viaje y enfrentarse a Débora, que no será una contrincante nada fácil, y por si eso fuera poco luego tendrá que ver qué tiene Lugia reservado para ella. Se acercan capítulos interesantes, aunque tardaremos un poco en ver qué está pasando en las sombras.

Grytherin18-Friki: la interacción de los líderes fue una de mis partes favoritas a la hora de escribir, adoro pensar en cómo se relacionan y me gusta creer que se comportan como una familia. Aquí se ha visto algo más de su relación, pero espero poder explorarla algo más en futuros capítulos. Y sí, quise dar una explicación a por qué Lance dejó ir a los ejecutivos y, básicamente, hacer ver que tanto los líderes como el Alto Mando y él se preocupan por su región y de verdad toman cartas en el asunto cuando hace falta. Exacto, Débora también está algo molesta con Lira porque se imaginaba que la Elegida sería alguien más "espectacular".

danielapmatute: muchas gracias por tu comentario. En los próximos capítulos veremos cómo sigue Lira su viaje y me he tomado la libertad de añadir un par de detalles que creo que lo harán más divertido. Mientras, iremos viendo poco a poco lo que podría estar pasando con Carol, aunque no se revelará del todo hasta dentro de unos cuantos capítulos.

Muchísimas gracias por seguir leyendo. Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).