Quería pensar que aquella sería una mañana tranquila en el santuario, aunque lo dudaba, y mucho. Tenía sus buenas razones para ello, ya que cada vez que sus dos nietos iban a visitarle juntos había una alta probabilidad de que se pusieran a discutir por el camino, y teniendo en cuenta lo que Débora le había contado relacionado con los sucesos de Ciudad Trigal sabía que su nieta seguiría estando muy enfadada con su primo. Seguramente se pasaría el trayecto molestándole, Lance intentaría mantener la calma y Débora sacaría un tema sensible para él, entonces los dos se pondrían a discutir. Ryuu se secó la frente con la manga de su túnica y e inspiró hondo, hacía semanas que no estaba para tonterías y no le apetecía tener que soportar a sus nietos hablándose de malas maneras, así que confiaba en que supieran comportarse aquella vez.
Por desgracia para él, no fue así. Ya podía oír algunos susurros exasperados al otro lado de la puerta, y tuvo que dar un largo suspiro antes de darles permiso para entrar cuando llamaron a esta. Al hacerlo, Lance y Débora entraron con unas expresiones que revelaban su mal humor, y se pusieron de pie delante de él procurando que cada uno estuviera en un extremo, intentando mantenerse lo más lejos posible entre ellos.
—Me alegra que hayáis venido —dijo sin intención de animar el ambiente, pues sabía que cuando estaban así no había nada que animar—. ¿Podemos empezar?
En vez de responder se quedaron callados. Lance miró a su izquierda para observar la pared que tenía a su lado, que por lo visto le parecía más interesante que su prima, quien se encontraba en el extremo derecho. Él seguía de brazos cruzados, al igual que ella, pero a diferencia de su primo no tardó en abrir la boca.
—Sí, Lance puede empezar a alabar a Lira. Es lo que todos estamos esperando —soltó Débora como si se tratara de un dardo envenenado del que goteaba el sarcasmo. Ryuu miró con cautela a Lance para ver cuál sería su reacción, y pudo ver que su mandíbula se tensó por completo, pero siguió sin dirigirse a ella.
—Lira vendrá dentro de un par de días. Como líder del clan Endrino que eres imagino que te interesará saber que la Elegida vendrá a tu ciudad dentro de poco —dijo mientras se centraba en él. Ryuu vio que los ojos de su nieto, normalmente alegres y cálidos, transmitían la misma frialdad que los azules de Débora.
—Me interesa, me interesa —afirmó Ryuu mientras asentía un par de veces—. Me gustaría conocerla si es capaz de probar su valía ante Débora.
—Cosa que no va a conseguir —se apresuró a añadir la domadragón. Lance dejó de ignorarla y finalmente fijó su mirada en ella.
—Hablas muy rápido.
—Y tú muy lento —Ya estaban otra vez. Ryuu estaba preparado para cortar de raíz su discusión pero no le hizo falta, ya que Débora se dirigió a él—. No es para tanto, abuelo. La he visto en persona y no impresiona.
—Tampoco impresionaba a los ejecutivos y ya has visto cómo han acabado.
En otras circunstancias habría sido divertido ver al Campeón de Johto comportándose como un niño al caer en las provocaciones de su prima con tanta facilidad, pero a Ryuu ya no le hacía ninguna gracia. Su nieto era una persona madura y llena de paciencia pero Débora siempre se las arreglaba para hacerle entrar en su juego y enfadarle. Era la única persona que podía hacerlo, lo cual podía ser visto como un logro en cierto modo, pero Ryuu prefería que su nieta centrara sus esfuerzos en otras cosas que podrían resultarle más útiles.
—¿Por qué estás tan seguro de que me va a ganar? —le preguntó su prima mientras hundía sus uñas en la palma de su mano— ¡Soy la entrenadora más fuerte de Johto! —Lance alzó una ceja— La segunda más fuerte.
—Intenta no confiarte demasiado, puede que tu arrogancia te haga perder esta vez —Débora tardó un poco más en responder. Se quedó mirando a su primo con los ojos abiertos y la boca entreabierta, parecía estar atónita y algo dolida.
—No me lo puedo creer. Prefieres que gane alguien de fuera antes que tu propia sangre.
—No es eso.
—¡Sí lo es!
—¿Vais a seguir así o podemos continuar con la conversación como personas civilizadas? —Los dos se callaron y Ryuu prosiguió— ¿Qué querías decirme de ella, Débora?
—Que no es para tanto. ¡Abandonó a Lance en la Torre Radio cuando estaba siendo custodiada por los rockets! —estalló la líder mientras señalaba a su primo. Lance se sorprendió al oír aquello y quiso contestar, pero ella siguió hablando antes de que él pudiera intervenir— ¡Dime tú qué clase de heroína abandona a alguien en una situación así! ¡Tuve que ir corriendo a salvarle mientras ella estaba por ahí combatiendo contra los ejecutivos para ganar más fama y prestigio! ¡Casi muere por su culpa!
La última parte la exclamó en un grito ahogado al borde de las lágrimas. Los dos hombres se sorprendieron al oírla hablar, sobre todo Lance, que no se esperaba que llevara todo eso dentro. Su reacción hizo que se tranquilizara un poco y que sintiera más empatía por ella.
—Débora…
—¡Tú te callas! —dijo mientras le dirigía una fría mirada— ¡También te metiste de lleno en el peligro para hacerte el héroe y mira cómo acabaste!
—¡No fue para hacerme el héroe! —Al final, Lance acabó explotando también y terminó por elevar su tono de voz. Estaba harto de que su prima lo malinterpretara todo e hiciera oídos sordos cada vez que intentaba explicarle la situación— Tenía que distraer a los rockets para que Lira fuera a por Atlas, por eso me adentré solo en la torre. Si ella hubiera venido conmigo nos podrían haber atrapado a los dos y eso sí que hubiera sido un gran problema. También lo hice para que los líderes pudieran entrar con más facilidad en la ciudad, ¿no crees que es mucho más cómodo entrar cuando en las calles hay cien reclutas en vez de quinientos? Si yo causaba un alboroto muchos vendrían a la radio. No era mi intención que me atrapasen, pero si liberaba todo el poder de mis dragones al final el edificio acabaría derrumbándose, era un riesgo que tenía que correr. Además, al capturarme se confiaron y eso hizo que se relajaran. ¿No lo entiendes, Débora? ¡Todo estaba pensado!
—¡Lo que tú no entiendes es que había formas más seguras de hacerlo!
—¡Ya está bien! ¡Los dos! —exclamó Ryuu con todas sus fuerzas. Sus nietos se giraron y le miraron sorprendidos, pues era la primera vez que le veían en ese estado— ¡Está prohibido gritar en sitios sagrados! ¡Y estoy harto de que casi siempre que os veo juntos no paréis de discutir! ¡Llevo días con una migraña terrible y no necesito que me la empeoréis! ¡Ya no sois los críos de antes, comportaos como los Descendientes hechos y derechos que sois! ¡Demostrad que este clan tiene algo de honor!
Tan pronto como dijo todo aquello se arrepintió. No le gustaba nada reñir a sus nietos, y tampoco gritar, pero ya estaba llegando a su límite y tenía que hacer que pararan de alguna forma. Lance se quedó quieto en el sitio, mientras que su nieta parpadeó un par de veces y le miró incrédula.
—¿Es que no has escuchado lo que acabo de decir?
—Lo he escuchado todo, Débora.
—¡¿Y te da igual?! —Ryuu iba a responder pero su nieta actuó antes de que pudiera hacerlo— ¡Esto es increíble!
Sin decir nada más la líder se fue corriendo de allí, dando un gran portazo tras de sí. Lance miró la puerta y sus hombros se relajaron, su expresión se fue suavizando poco a poco y toda la tensión de su cuerpo acabó por irse. Se dio la vuelta para hacerle frente a Ryuu e hizo una pequeña reverencia; el anciano pudo ver en sus ojos que estaba muy arrepentido.
—Lo siento, abuelo.
—No es a mí a quien le tienes que pedir perdón.
—Lo sé pero —Lance se enderezó y se cruzó de brazos—. No me gusta nada, me siento fatal cuando discutimos. Intento no hacerlo, de verdad que sí, pero...
—Pero no te lo pone fácil —Lance negó con la cabeza.
—Eso no es excusa. Soy el heredero del clan, tengo que aprender a controlarme en todas las situaciones.
—Cierto. Tampoco te atormentes por esto, lo haces muy bien, solo te queda aprender a no caer en las tentaciones de Débora —Lance asintió y Ryuu decidió retomar el tema que habían dejado pendiente—. Ahora que se ha ido, ¿quieres contarme tu versión de lo ocurrido?
—Ya la he contado, es lo que he dicho antes —dijo el domadragón mientras pasaba una mano por su nuca—. Lo que Débora no me deja explicarle es que Lira quería acompañarme, pero no la dejé por el peligro que eso podía suponer para todos.
—Hm, ya veo —Ryuu se acarició su larga barba blanca, pensativo—. Eso ya me cuadra más con la figura de la Elegida.
—¿De verdad pensabas que me había abandonado? —preguntó Lance sorprendido.
—Eso parecía por cómo lo había contado Débora. De todas formas ya me conoces, no voy a creerme nada de lo que diga ella, ni tú. Quiero ponerla a prueba yo mismo para ver cómo es en realidad.
—¿Vas a hacerle pasar el test?
—Puede. Si consigue derrotar a Débora —Lance volvió a tensarse un poco. Parecía algo inseguro tras escuchar las intenciones de su abuelo.
—No creo que sea lo mejor. Quiero decir, si pasa el test Débora se enfadaría incluso más. Todavía no lo ha superado, imagínate la que podría montar si Lira lo aprueba antes que ella —Ryuu esbozó la primera sonrisa del día en aquel momento. Le estaba empezando a hacer gracia la actitud que mostraba su nieto hacia la Elegida.
—Débora tiene razón, ¿por qué estás tan seguro de que va a ganar? ¿Y de que va a pasar el test? ¿Detecto cierto favoritismo?
—No es favoritismo. He luchado y he viajado junto a ella, simplemente sé de lo que es capaz. No hay que subestimarla —dijo él tajantemente. Ryuu asintió, su nieto le había mantenido al tanto de todo lo que había hecho Lira por la región, y a Shin también. Supuso que era normal que acabara sintiendo algo de aprecio por ella después de pasar tanto tiempo juntos.
—Nadie la está subestimando, pero me gustaría ponerla a prueba por mí mismo antes de emitir algún juicio. De todas formas no has venido para hablar sobre ella, ¿verdad? Estás muy tenso, ¿qué es lo que me quieres contar, hijo?
—Como siempre, estás en lo cierto —Lance se pasó una mano por el pelo y esperó un poco antes de contarle a su abuelo sus preocupaciones—. Me temo que no hemos tenido en cuenta una parte muy importante de la ecuación y eso nos ha salido caro.
—Explícate.
—El Team Rocket tenía a la guardiana del Encinar bajo su custodia, un as bajo la manga que no han dudado en usar —Ryuu cerró los ojos y agachó la cabeza lastimosamente.
—Celebi. Mi migraña ha empeorado estos días, ¿deduzco que algo ha salido mal?
—Muy mal. Por lo visto Atlas consiguió hacer que Carol, la guardiana, invocara a Celebi en el último momento, y ahora mismo ambos están en paradero desconocido —Ryuu se masajeó las sienes.
—Imagino que eres consciente de lo que eso puede suponer. Pues claro que eres consciente, por eso estás tan tenso —El líder bajó las manos y las apoyó en sus rodillas—. Eso explica mi dolor de cabeza. Lugia se está impacientando, Johto sigue en peligro y quiere que la Elegida muestre su valía cuanto antes para poder hacer frente juntos a la amenaza.
—Lira vendrá en un par de días —dijo Lance mientras pataleaba el suelo—. No va a demorarse mucho más que eso. Confío en que Lugia se le aparecerá cuando consiga las ocho medallas.
—Seguro que sí. Lo hace cada dos medallas, ¿no?
—Hasta ahora sí. Esperemos que no le dé por cambiar de idea en el último segundo.
—Esperemos —Lance se calló y dirigió su mirada al suelo. Su abuelo intuyó que no iba a decir nada más, así que decidió volver a cambiar el tema de la conversación—. ¿Cómo estás? Débora me ha dicho que acabaste hecho un desastre —Al hacer esa pregunta su nieto se miró los brazos.
—Bien, podría haber sido mucho peor. Creo que habrá exagerado un poco —La expresión de Ryuu se suavizó hasta formar una triste sonrisa.
—No seas tan duro con Débora, por favor. Sé que puede parecer muy irritable y una cabezota pero es solo porque te quiere mucho y se preocupa por ti —Su nieto alzó la cabeza—. Eres la única familia que le queda junto a mí, y no hace falta ser un genio para darse cuenta de que no me queda mucho tiempo. No menosprecies sus sentimientos, no discutáis por tonterías. Intentad entenderos y llevaros lo mejor posible.
—No te preocupes, abuelo. Nos queremos, es solo que nuestra relación es un poco rara.
—Porque no acaba de haber una buena comunicación. ¿Crees que hablarse a gritos es una buena forma de mantener una conversación? —Lance se cruzó de brazos algo incómodo.
—Yo pongo todo de mi parte.
—Y ella también, pero tenéis que encontrar un punto medio en el que os podáis entender. Tendréis que ceder en algunos aspectos pero creo que la recompensa lo merece, ¿no crees? —Él asintió. Ryuu suspiró, quería que la reunión acabara con un buen sabor de boca para su nieto al menos, ya que Débora se había ido como se había ido— Mira, los dos tenéis buenas intenciones, y ya tienes muchas cosas en la cabeza como para añadir otra preocupación. Descansa durante estos días y espera a que venga Lira, ¿sí? Solo te podrá venir bien.
—¿Descansar? —repitió sorprendido y casi ofendido— Tengo que hablar con el Alto Mando, reunirme con los líderes… —Ryuu frunció el ceño. Su nieto siempre anteponía sus obligaciones a su salud y consideraba que ya iba siendo hora de cambiar eso, antes de que acabara realmente mal por todo aquello.
—Ya, pues eso tendrá que esperar. Te prohíbo salir de aquí hasta nuevo aviso —dijo sin darle la oportunidad a Lance de acabar de contar todo lo que tenía que hacer. El domadragón dejó de hablar y le miró mientras abría los ojos todo lo que podía.
—¿Qué? —preguntó para asegurarse de que lo había oído bien.
—Te fuiste del hospital tan pronto como te trataron sin esperar a que tus heridas se curaran, llevas semanas sin pegar ojo y mucho estrés acumulado, eso no puede ser. Tanto tu mente como tu cuerpo necesitan un descanso, te quedas en el santuario hasta que te lo diga.
—¿Me estás castigando?
—Algo así —Lance seguía sorprendido. Seguramente estaba esperando a que su abuelo le dijera que era una broma pero él iba muy en serio, su nieto no se iría de ahí hasta que estuviera en mejores condiciones y aprendiera a cuidar mejor de sí mismo—. Venga, vete a tu cuarto. ¿O le vas a rechistar al líder de tu clan? —dijo con un tono que le dejó claro que hacerlo conllevaría graves consecuencias. Era la primera vez que Ryuu veía a su nieto tan confundido y contrariado, pero al final hizo una reverencia y se fue de allí lentamente. El líder del clan Endrino suspiró y se llevó ambas manos a la frente, aunque después se le escapó una risita. Nunca se habría imaginado que tendría que seguir criando y educando a sus nietos a esas edades, si no le doliera tanto la cabeza por Lugia tal vez habría encontrado la situación más divertida.
—A lo mejor yo también debería descansar un poco, pero sé que así no se me va a ir la migraña —susurró mientras se masajeaba las sienes—. Ojalá no tardes mucho, Lira. Más gente de la que crees depende de ti, espero que no nos decepciones.
—Básicamente, eso es lo que ha pasado hasta ahora.
Lira chasqueó la lengua al ver que de nuevo Eco le había adelantado en la última curva y le había ganado por un par de segundos de diferencia. Ya llevaba dos días en su pueblo y, al escuchar que había regresado, su amigo volvió corriendo de su viaje para pasar algo de tiempo con ella. En ese momento se encontraban en la habitación de la entrenadora jugando a Kario Mart después de estar varios meses sin tocar ni una mísera consola, y se notaba, pues la morena todavía no había ganado a su amigo en el juego en el que se autoproclamaba como la mejor. Eco se quedó en silencio durante unos segundos, ni siquiera le había restregado sus victorias y eso le preocupaba a la joven.
—¿Tu madre sabe todo eso?
—Dejando de lado los incidentes con el Team Rocket y demás… —Eco volvió a callarse. Lira le miró de reojo y vio que él tenía la mirada clavada en la televisión y que sujetaba el mando de la Mii con demasiada firmeza. Al final pulsó un botón y puso en pausa el juego, para dejar con cuidado el mando en el suelo y mirar a su amiga.
—¿Estás loca?
Lira se sorprendió ante aquella pregunta. Había intuido que tal vez a su amigo no le gustarían ciertas partes de su viaje pero tampoco se esperaba que fuera a reaccionar así.
—¿Por qué lo dices?
—¿Por qué lo digo? ¿Pero tú te has oído? —Eco giró su cuerpo para hacerle frente a su amiga. Con una mano iba contando gracias a los dedos de la otra todos los sucesos peligrosos que había vivido Lira— Te adentraste en Pozo Slowpoke cuando estaba lleno de rockets armados tú sola empezando tu aventura, cruzaste las Islas Remolino sobre el lomo de un pokémon que no estaba en su última etapa evolutiva, te enfrentaste a un gyarados salvaje y enfurecido que habría podido acabar contigo perfectamente, te infiltraste en una guarida llena de rockets y, por si eso fuera poco, ¡te infiltraste en Ciudad Trigal cuando estaba plagada de rockets! —Lira se cubrió la cara con su gran sombrero. Le había contado todo aquello con la esperanza de poder desahogarse, así que lo último que quería era que su amigo le reprendiera.
—Ay, no. Por favor, no me sermonees.
—Pues claro que te voy a sermonear. ¿Eres consciente de todo lo que has hecho? ¿De la suerte que has tenido? Los rockets del pozo podrían haberte atacado, podrías haberte ahogado en los remolinos, ese gyarados podría haberte comido de un solo bocado y en cuanto a las otras dos situaciones, el Team Rocket podría haberte secuestrado y a saber lo que podrían haber hecho contigo.
—Ya te he dicho que la mayor parte de las veces estaba con Lance —añadió en un susurro. Eco bufó y se cruzó de brazos.
—No sé cuánto me puedo fiar de un adulto que permite que alguien de nuestra edad se adentre con tanta facilidad en lugares tan peligrosos —Lira le dedicó una mirada llena de ira, tanta incomprensión estaba empezando a hartarla.
—¡Es que no sé por qué te pones así! ¡Tampoco es para tanto!
—¡Sí, sí que es para tanto! Te sientes atraída al peligro como los combee a la miel, Lira, desde siempre. De pequeña igual, te adentrabas en la ruta 29 cuando te daba la gana, te tirabas al río sin ningún tipo de supervisión adulta, y así podría estar contándote más y más anécdotas. No has cambiado nada, al menos antes estaba yo para pararte los pies pero ahora vas a tu libre albedrío y te has vuelto todavía más temeraria. ¿Acaso piensas antes de actuar? ¿Por qué no permites que se encargue de eso gente adulta y responsable?
—Porque ya habría sido demasiado tarde, a veces tenía que actuar al instante o las consecuencias iban a ser fatales —Eco miró al suelo. Su gorra se deslizó un poco y le cubrió los ojos—. ¿Es que no confías en mí?
—No se trata de confiar o no, Li —Acabó diciendo después de dar un suspiro y levantar la cabeza—. Pondría mi vida en tus manos en cualquier situación, solo quiero que reflexiones. ¿Qué quieres? ¿Que sonría y te anime a adentrarte en la boca del lobo? ¡Eres genial, Lira! ¡Venga, sigue así, vayamos ahora a por los cárteles de la droga! —dijo con una expresión cómica que no tardó en volverse seria cuando habló de nuevo— Necesitas que alguien te pare los pies, no que te proteja del peligro, y no tienes a nadie así junto a ti en tu aventura. Es lo que me preocupa, no quiero despertarme un día y que salga en las noticias que mi mejor amiga ha muerto intentando salvar el mundo cuando ese no es su trabajo.
—Eso no va a pasar, te lo aseguro. No te pongas tan dramático, he venido buscando comprensión y un hombro sobre el que desahogarme y me he encontrado con una riña en toda regla.
—Comprensión por mi parte tendrás la que quieras siempre, lo que no tendrás es admisión para hacer lo que te dé la gana si eso compromete tu seguridad —Eco puso sus manos en los hombros de su amiga y le miró directamente a los ojos—. Prométeme que tendrás cuidado y no harás más locuras.
—Lo prometo.
—No —Eco frunció el ceño e hizo más presión en sus hombros—. Prométemelo. De verdad —Lira le miró y consideró su respuesta. Al final, la cambió.
—Haré lo que pueda —El joven le miró durante unos segundos y acabó suspirando, ya tendría que conocer a su amiga. Lira agradeció internamente no haberle contado todo el tema de la Elegida y el legendario, estaba segura de que de ser así él no le habría dejado salir de casa.
—Mientras sigas de una pieza supongo que me vale —dijo dejando caer sus brazos. Qué le iba a hacer si era así de cabezona. Tomó su mando y ambos volvieron a jugar, hasta que la madre de Lira les llamó desde la estancia inferior.
—Chicos, ¡ya está el almuerzo!
Eco pausó el juego de nuevo y los dos bajaron las escaleras corriendo, empujándose y dándose codazos como los niños que pensaban que ya no eran, para ver quien llegaba primero. El joven entró rápidamente en la cocina, pero Lira fue interceptada por su madre y no pudo avanzar porque le retuvo con un gran abrazo.
—Argh. Mami, no puedo-
—Tengo que aprovechar ahora y darte todos los abrazos que quiero antes de que vuelvas a irte.
La señora Soul se apartó y miró con gran amor a su hija. Lira pudo ver que algunas lágrimas estaban formándose en sus ojos, pues aunque ya llevaba allí un par de días su madre seguía llorando de vez en cuando por la emoción de tenerla en casa otra vez.
—Es increíble lo que has crecido en un par de meses —le dijo mientras escondía un mechón de pelo tras su oreja. Le pareció oír que Eco hizo un sonido con el que dejaba claro que no estaba de acuerdo con esa afirmación.
—Será físicamente porque en lo que a madurez se refiere… —murmuró el investigador mientras le daba un mordisco a un sándwich. Lira frunció el ceño.
—Te recuerdo que estás en mi casa.
—¿Eso me impide decir la verdad? —La señora Soul rio al ver a los dos jóvenes discutir.
—No habéis cambiado nada.
—Sí, Eco sigue igual de amable que siempre.
Al final la madre de Lira la soltó y ella fue a la cocina. Se sentó enfrente de su amigo, agarró un sándwich y le dio un par de mordiscos, pero paró en cuanto vio que él no dejaba de mirarla fijamente.
—¿Qué quieres? Tienes más ahí —dijo señalando con la cabeza la bandeja llena de sándwiches que había en la mesa. Aun así él seguía con sus ojos negros fijos en ella, como si estuviera pensando en tomar una decisión importante.
—Sé que no te va a hacer ni pizca de gracia y probablemente me vas a odiar —dijo mientras empujaba un poco su plato—. Pero a estas alturas me da igual. Voy a acompañarte —A Lira casi se le cayó lo que estaba masticando al abrir la boca. La cerró de golpe y se lo acabó antes de que pudiera atragantarse.
—¿Qué?
—Voy a acompañarte en lo que te queda de viaje —Lira soltó una risa nerviosa y negó con la cabeza. De ninguna de las maneras iba a permitir que eso sucediera.
—Ah no, eso sí que no.
—Ah sí, eso sí que sí. ¿O quieres que le cuente a tu madre lo que has hecho con el Team-? —Lira se levantó de su asiento y le tapó la boca a Eco con sus dos manos. Él alzó una ceja, preguntándole con la mirada aquello que ella no quería que expresara en voz alta.
—Eres un maldito bocazas y un sucio traidor —susurró con las mejillas ardiendo por la indignación. Al final ella apartó sus manos y Eco negó con la cabeza.
—No soy un traidor, soy alguien que se preocupa por ti. Ya has pasado por muchos peligros y es hora de que te frenen un poco. Además, me vendría genial para estudiar a los pokémon de la zona norte, está muy lejos y mi equipo no es tan fuerte como para aguantar ahí.
—Genial, tú serás mi niñero y yo tu guardaespaldas.
—Siempre ha sido así, ¿no? —Eco sonrió y Lira se encontró sonriendo también, aunque no tardó en volver a ponerse seria. Recorrer la región con su amigo no sonaba nada mal si lo pensaba con detenimiento, pero ella quería hacerlo sola para demostrar que podía valerse por sí misma y sobrevivir con la única ayuda de sus pokémon. Aunque claro, si se negaba él acabaría contándoselo todo a su madre, así que no podía decirle que no. Maldito chantajista.
—Sí, sí. Vale, te vienes conmigo —dijo mientras volvía a morder su sándwich. Le consolaba pensar que creía haber demostrado bastante al haber llegado hasta Pueblo Caoba sola. Además, ella se encargaría de la seguridad de ambos, así que en cierta medida dependían de ella para seguir avanzando, Eco solamente se limitaría a echarle un ojo.
—Tampoco es que tuvieras muchas opciones —dijo él con una sonrisa que no borró ni cuando esquivó por los pelos un trozo de pan que Lira le tiró con todas sus fuerzas. Los dos volvieron a actuar con normalidad en cuanto la madre de Lira entró en la cocina con una sonrisa, que no tardó en reemplazar por un ceño fruncido en cuanto se acercó a su hija.
—¿No te tira el mono? —preguntó mientras estiraba un poco el final de este, pues se había dado cuenta de que le venía más corto que la última vez. Lira lo miró y asintió.
—Sí, la verdad es que la ropa lleva un tiempo apretándome.
—Y no te compras algo nuevo, será porque no tienes dinero —dijo la señora Soul con un suspiro. Eco se quedó mirando a su amiga y tras unos segundos hizo su petición.
—Deshazte las coletas, Li —Ella se le quedó mirando durante un rato pero acabó haciéndole caso. Al quitarse las gomas su pelo cayó hasta un poco más de la mitad de su espalda. Eco sonrió—. No has tenido el pelo tan largo en tu vida.
—A lo mejor me lo dejo así.
—¿En serio?
—No —contestó ella con una sonrisa mientras volvía a hacérselas—. Voy a tener que arreglarme un poco antes de retomar mi viaje.
—Más te vale, jovencita. No voy a permitir que vayas recorriendo la región de cualquier manera.
—Sí, mamá —contestó Lira rodando los ojos. Eco se acabó su segundo sándwich y se limpió con una servilleta, después se levantó de golpe y apoyó sus dos manos en la mesa.
—Vamos.
—¿A dónde? —preguntó Lira extrañada.
—Al laboratorio del profesor Elm —contestó él mientras se dirigía a la puerta de la cocina. Antes de salir se dio la vuelta y miró a su amiga—. Tiene un montón de libros sobre pokémon, seguro que encontramos información sobre el tipo dragón. Te sería muy útil contra la última líder, ¿no?
—Pues sí —dijo ella mientras se le abrían los ojos y le brillaban por la genial idea de su amigo. Agarró un sándwich para después y se levantó de un salto—. Y de paso veo como está tratando a mi equipo. Nos vamos, mami. No nos esperes para comer.
—No tenía pensado hacerlo —dijo con una sonrisa mientras le daba un beso en la frente para despedirla.
Tras asegurarse de que tenían todo lo que necesitaban en sus mochilas los dos jóvenes se fueron al laboratorio, con la esperanza de encontrar algo que le pudiera servir a la entrenadora para su combate por la última medalla.
Normalmente Morti se quedaría hasta la medianoche como mínimo entrenando, pero aquel día no se encontraba muy bien. Eran las diez de la noche cuando salió del gimnasio, más pálido que de costumbre, y eso asustó a las entrenadoras y al hombre de los consejos por igual, pero él les dijo que no era para tanto y que se encontraba perfectamente. Se ofrecieron a llevarle a casa, pero él se negó amablemente y les pidió que cerraran el gimnasio por él.
Fue dando tumbos hasta que consiguió llegar a su casa. Metió la mano en el bolsillo para sacar las llaves pero tuvo que apoyarse en la pared para evitar perder el equilibrio. La cabeza le dolía horrores y había empezado a sudar, tenía que entrar antes de perder el conocimiento. Tras un par de intentos fallidos metió la llave en la cerradura y consiguió girarla con sus temblorosas manos, y al entrar en casa cayó de rodillas al suelo. Se llevó las dos manos a la sien y apretó los dientes con fuerza, intentando soportar aquel dolor que le hacía sentir que la cabeza le estallaría en mil pedazos. Solo podía esperar a que este pasara, y mientras intentaba no desmayarse, le pareció ver que unas imágenes se sucedían con rapidez en su mente.
¿Podría ser…?
…
—¿Entonces dices que queda poco?
—Sí, tendrá lugar dentro de unos días.
—Perfecto, tenemos tiempo de sobra para prepararnos.
—Ya lo creo. Esta vez sabemos cómo actuar, esa niña no podrá hacer nada para evitarlo.
—Exacto, y en el improbable caso de que lo logre… Bueno, no tenemos que olvidar nuestro as bajo la manga.
—Cierto. Esto solo puede salir bien.
…
El dolor se fue paulatinamente cuando las imágenes desaparecieron. No se dio cuenta, pero estaba hiperventilando, y no intentó tranquilizarse hasta que se aseguró de que el dolor no volvería. Se levantó poco a poco, y cuando se sintió lo suficientemente bien cerró la puerta y se dirigió a la cocina para ponerse un vaso de agua.
—Tu primera visión.
Dio un salto al encender las luces. Su abuelo se encontraba sentado en el sofá con dos chicas kimono, ese era un recibimiento que no esperaba y menos a esas horas. Con el tiempo consiguió volver a tener una relación parecida a la de antes pero aun así Morti se seguía sintiendo algo dolido con él.
—Tú deberías estar acostado.
Entró en la habitación contigua, que era la cocina, y se preparó un vaso de agua. Se quitó la cinta de la cabeza y la sudadera morada, bajo la cual llevaba una camiseta de manga corta blanca, y se apoyó en la encimera. Tenía mucho calor y sentía que estaba empezando a sofocarse, así que agarró una bolsa de hielo del congelador y después de envolverla en un paño cercano se la puso en el cuello. Estuvo así hasta que empezó a sentirse mejor, entonces agarró el vaso de agua y fue de nuevo al salón, donde se sentó en un sillón al lado del sofá.
—Quiero hacer las cosas bien, ya he aprendido la lección.
—Me alegro —dio un sorbo y dejó el vaso en la mesa antes de mirar a su abuelo—. ¿Qué has aprendido exactamente?
—No callarme lo que sé, aunque en este caso no hace falta. Acabas de ver lo mismo que yo, ¿cómo te sientes después de tener tu primera visión?
—Mal —dijo con toda la sinceridad que pudo—. Era como si mil agujas se me estuvieran clavando en la mente.
—Las primeras visiones son las peores. Tu cuerpo no está acostumbrado a soportar tanta energía y todavía tiene que aprender a canalizarla, pero no te has desmayado con la primera, eso quiere decir que el entrenamiento está dando sus frutos y que no tardarás en dominarlas. Con el tiempo podrás manejarlas casi con total libertad, se nota que tienes un gran poder.
—Me alegro —dijo con la sombra de una sonrisa danzando en sus labios—. Pero creo que no debemos hablar de eso. He visto a dos hombres hablando pero no he podido ver bien sus rostros porque estaba muy borroso, también parecía que se encontraban en algún lugar muy oscuro. Decían que quedaba poco para que todo estuviera listo.
—Sí, así es —Shin dio un largo suspiro—. Me temo que a pesar de todo llegamos tarde —Al oír eso Morti miró a la chica kimono que estaba sentada a la derecha de su abuelo.
—¿Tuviste problemas, Komomo?
—Ninguno, maestro. Conseguí llegar al túnel y darle a la Elegida la llave.
—¿Entonces?
—Ella llegó a lo alto y derrotó a Atlas pero no fue suficiente para salvar a la guardiana del Encinar —Sus delicadas facciones se ensombrecieron por un instante—. Los del Team Rocket siempre juegan sucio.
—De eso puedo deducir que al final consiguieron hacer que invocara a Celebi y lo usaron a su antojo, ¿no?
—Es mi culpa —se apresuró a decir Shin—. Debería haber imaginado que no sería tan fácil, de la misma manera que debería haberme dado cuenta antes de que las veces que el Encinar aparecía en mis visiones era para indicarme que la guardiana también formaba parte de la ecuación, tal vez así podríamos haberla salvado actuando antes.
—Es normal que te costara, no mucha gente conoce la figura de los guardianes humanos del Encinar, y aquellos que lo hacemos a veces olvidamos su existencia justamente porque se habla poco de ellos. Lo que importa es que te diste cuenta a tiempo para intuir que estaba en peligro, a partir de ahí te esforzaste por tener visiones más esclarecedoras y fue así como averiguamos que estaba en el Team Rocket. Gracias a eso Komomo pudo hablar con ella y hacerse con la llave para que Lira pudiera obtener la tarjeta que le llevaría a Atlas y la pluma plateada, objeto que a lo mejor no habría podido conseguir de otra manera. No todo ha salido mal.
—Lo sé, pero aun así… —Shin se cubrió los ojos con la mano y negó con la cabeza— Ah, y pensar que tuvimos la victoria tan cerca. Se nos escurrió entre los dedos y ahora parece alejarse con cada día.
—No se preocupe, maestro —dijo Komomo mientras posaba una mano delicadamente en el antebrazo de Shin—. Pude ver a la guardiana. Se trata de una mujer bondadosa y fuerte, seguro que es capaz de retrasar los planes del Team Rocket y aguantar hasta que lleguen los refuerzos.
—Es lo que me gustaría pensar pero todavía no puedo ver la victoria en mis visiones, ni la derrota, y eso me inquieta. ¿Y si al final el Team Rocket gana y nosotros perdemos?
—Tal vez sea mejor así, no conocer el futuro, me refiero. No sería divertido actuar sabiendo lo que va a pasar de antemano, o la reacción en cadena que cada acción pueda causar, ¿no cree?
La que habló no fue Komomo, sino la chica sentada a la izquierda de Shin. Se trataba de Sakura, la más joven de las chicas kimono. Eso se podía intuir de su entusiasmo, ya que a diferencia de sus hermanas que intentaban mantenerse lo más neutral posible, ella parecía actuar con algo más de intensidad.
—Ah, Sakura, siempre tratando de ver el lado positivo —Shin le acarició el cabello y ella cerró los ojos con una sonrisa—. Eres la única que falta por conocer a nuestra Elegida.
—Lo sé, y estoy impaciente.
—¿Estás preparada para tu misión? —Los ojos de Morti se abrieron ligeramente al oír aquello.
—¿Misión? ¿Qué misión?
—Guiar a la Elegida por la Ruta Helada en caso de que necesite mi ayuda —contestó ella rápidamente antes de que Shin pudiera abrir la boca—. Y echarle un ojo para asegurarme de que va bien, no nos gustaría perderla en el último momento.
—Cierto, que ahora tiene que ir a Ciudad Endrino. Solo le queda la medalla dragón para conseguir las ocho —Morti se cruzó de brazos y se reacomodó en el sillón—. Me pregunto si será capaz de vencer a Débora.
—No lo sé, lo que sí sé es que Lugia cada vez está más impaciente, por eso hasta tú has tenido una visión —Shin alzó la mirada y se acarició la barba—. Tal vez debería de ponerme en contacto con Ryuu, ya que ella se dirige a su ciudad. Hace tiempo que no hablamos, aunque supongo que sus nietos le mantendrán al tanto de todo.
—Seguro que Lance le habrá contado todo lo relacionado con Lira, pero no estaría de más que le llamaras por si acaso. Tal vez no conoce todos los detalles de la guardiana.
—Puede que tengas razón, no estaría de más asegurarse —El anciano volvió a bajar la mirada y sonrió con tristeza—. Espero que os volváis a unir todos como habéis hecho en la Torre Radio, porque sin la colaboración conjunta será muy difícil ganar, por muchos Elegidos y Elegidas que tengamos.
—Eso no debería preocuparte, ya has visto cómo hemos reaccionado al peligro. Que Lira sea la Elegida no significa que sea la única que vaya a salvar la región, como ya hemos demostrado. Todos estamos poniendo de nuestra parte para ponerle fin al mal.
—Lo sé, es solo que no puedo evitar preocuparme por todo esto. Espero que seamos capaces de superarlo y de actuar a tiempo.
—A lo mejor es el sueño. Debería ir ya a dormir, maestro —intervino Komomo algo preocupada—. Ya es hora de que descanse, puede que el cansancio le esté afectando de más.
—Sí, puede ser. Uno ya no es lo que era —Shin se levantó del sofá y se dirigió lentamente a la puerta—. Seguiremos hablando mañana, si es que hay algo nuevo que contar. Buenas noches Morti, Komomo, Sakura.
—Buenas noches, maestro —respondieron las artistas.
—Buenas noches, abuelo —respondió su nieto. Después de despedirse Shin salió del salón, y las dos hermanas estuvieron a punto de irse también, pero Komomo se disculpó para ir a la cocina un momento, así que se quedaron solos allí el líder de Ciudad Iris y la otra bailarina.
—Conque la Ruta Helada —empezó Morti—. ¿Te gusta el frío? —Sakura asintió una vez.
—El hielo es mi elemento, de pequeña gané muchos trofeos de patinaje artístico. Me deslizo con la suavidad de una brisa primaveral —Morti sonrió y Sakura ladeó la cabeza—. Podría haceros una demostración algún día, si queréis.
—Me gustaría mucho, Sakura —dijo él mientras miraba por la ventana brevemente, la cual daba a la Torre Campana. Si la hubiera mirado durante un par de segundos más habría visto que esta brilló momentáneamente con los colores del arco iris—. Me gustaría mucho.
(La Sakura que aparece al final no es un self-insert que me he marcado de gratis para estar en mi fanfic con mis personajes favoritos, es el nombre de la chica kimono que aparece en la Ruta Helada, podéis comprobarlo en cualquier sitio, yo lo miré un par de veces por si acaso. Menuda coincidencia, ¿eh?
Grytherin18-Friki: pensé que un poco de humor no vendría mal, así que me alegra que te pareciera graciosa la charla entre Blanca y Lira. Como ya has podido ver Eco volvió al pueblo, y todavía veremos más de él en futuros capítulos, espero que os guste lo que se viene.
nadaoriginal: la fiesta fue mi oportunidad para mostrar algo más de las interacciones que hay entre los líderes, sobre todo entre los más jóvenes. A estas alturas los veo casi como a los hermanos pequeños de la familia, que van juntos de aquí para allá casi todo el rato, y sabes que si te miran y se ríen no planean nada bueno.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
