La sala de reuniones del Alto Mando no solía ser una habitación alegre, pues allí se discutían todos los temas pertinentes a la región, pero aquel día era todavía más sombría de lo normal. Esta contaba con una enorme mesa ovalada de mármol negro en el centro que podía albergar a todos los líderes de gimnasio en caso de que hubiera que tratar un tema importante, pero en aquel momento solo había tres personas sentadas. El resto de la habitación, cuyo suelo era negro y sus paredes rojas, estaba tenuemente iluminada y vacía, exceptuando un gran monitor que se encontraba en la pared, gracias al cual se podían tener videoconferencias con Campeones de otras regiones o con quien fuera necesario.

Karen envolvió un mechón de pelo en su índice mientras miraba a los dos hombres que tenía sentados delante. Koga se encontraba justo frente a ella, mientras que Bruno se hallaba a la derecha del maestro ninja. Nadie había dicho nada en el poco tiempo que llevaban allí sentados, pues a los dos hombres no les gustaba hablar por hablar, solamente abrían la boca para discutir temas importantes, y hasta que no empezara la reunión no se diría nada relevante. Karen miró a su derecha y se entristeció al ver que el asiento estaba vacío, la condición de Mento había empeorado y el especialista en tipo psíquico se había visto incapaz de acudir. Con él allí el ambiente sería distinto, pues se trataba de un hombre risueño y alegre que, junto a ella, levantaba el ánimo cuando hacía falta. Pero no estaba, y los otros dos no dirían nada, así que permaneció callada.

Siguieron así hasta que la pantalla del monitor se encendió. Los tres miraron hacia su izquierda y esperaron a que la imagen se fuera aclarando hasta que mostrara la figura del Campeón. Al Alto Mando le sorprendió recibir aquella mañana un mensaje de él convocando una videollamada de emergencia, tan urgente que al parecer no podía esperar a desplazarse para comentarles cuál era la situación en persona. Los tres estaban al tanto de las normas de su clan, por eso les pareció raro saber que les llamaría desde la Guarida Dragón y no desde cualquier otra zona de Ciudad Endrino. Aun así los dos hombres no dijeron nada, pero Karen sí se animó a expresar en voz alta aquello que todos estaban pensando.

—Creía que la tecnología estaba prohibida en el santuario.

—Lo está —respondió Lance mientras ajustaba su cámara. Era toda una suerte que uno de los monjes hubiera accedido a llevarle un ordenador y una cámara del exterior, por suerte algunos ahí dentro simpatizaban con él y entendían que como Campeón tenía una serie de deberes que cumplir. Solo le faltaba cruzar los dedos para que la conexión no le fallara, estaba compartiendo los datos de su Pokégear con el ordenador y sabía que era difícil que llegaran ahí abajo, pero tenía que intentarlo. También esperaba que su abuelo no entrara en su habitación en plena llamada, pues no solo estaba utilizando un ordenador cuando la tecnología estaba terminantemente prohibida sino que también le estaba desobedeciendo al no descansar como él dijo. El castigo sería ejemplar—. Pero esto es una emergencia, así que por mucho que odie romper las normas no me queda otra —Cuando lo tuvo todo listo y configurado se relajó y por fin echó un vistazo a su pantalla. Se sorprendió al ver que faltaba un componente del Alto Mando—. ¿Dónde está Mento?

—Durmiendo —respondió Koga—. Ya sabes lo sensible que es a todo esto.

—Ya veo —dijo en un susurro. No era ningún secreto que era muy sensible a las ondas que emitía el legendario, si Lugia estaba nervioso Mento lo sentiría y acabaría agotado. Como últimamente el legendario estaba muy inquieto no era de extrañar que el especialista en tipo psíquico apenas pudiera levantarse de la cama—. Cuidadle entre todos, por favor, no tiene que estar pasándolo bien.

—Descuida, jefe. Aquí no dejamos a nadie de lado —dijo Bruno con una gravedad que dejaba claro que iba en serio.

—Me alegra saberlo —Lance hizo una pausa. Quería ir directo al grano, pero antes de eso quería congratularles por un trabajo bien hecho—. Antes de empezar quisiera felicitaros por vuestra labor a la hora de dirigir a los líderes de gimnasio en Ciudad Trigal, fue impecable. Gracias a eso conseguimos apresar a todos los reclutas y a los ejecutivos de la organización.

—Sí, aunque hubo ciertas complicaciones. Alguien no hizo caso a mis llamadas —comentó Karen pensando en cierta líder de gimnasio—. Pero al final todo salió bien.

—Casi —dijo el Campeón. Los tres miembros del Alto Mando se miraron entre ellos, aunque más que preocupados, parecía que sabían qué era lo que les iba a decir—. Veréis-

—Lance, si es por eso ya lo sabemos —le cortó Karen. Lance les miró sorprendidos—. Nos lo ha contado Mento —Claro, sus poderes tampoco eran para tomárselos a broma, después de todo era uno de los mejores psíquicos de la región. Tendría que habérselo imaginado.

—Bueno, eso facilita las cosas —Si ya sabían todo lo acontecido en Ciudad Trigal entonces podrían avanzar y acabar antes la videollamada. Cuanto menos durara menos probabilidades tenía de que su abuelo le descubriera—. En ese caso vayamos al siguiente punto.

—Espera un momento, antes de seguir quisiera hacer una pregunta —dijo Koga levantando una mano, atrayendo toda la atención de los allí presentes. Cuando se aseguró de que le estaban mirando la bajó y empezó a hablar— ¿Estamos seguros de que Lira es la Elegida?

Su pregunta hizo que se formara un silencio raro, pues tomó por sorpresa a todos. Bruno y Karen se miraron mientras que Lance mantenía sus ojos en Koga, esperando a que él elaborara más la pregunta.

—¿A qué viene eso, Koga? —Karen fue la primera en volver a hablar, aunque todavía seguía algo sorprendida. El maestro ninja se encogió de hombros.

—A nada, solo quiero saber si estamos seguros de ello.

—Pues claro que estamos seguros, ¿cómo no vamos a estarlo? Sinceramente, hacer esa pregunta a estas alturas me parece comerse la cabeza innecesariamente y tener ganas de generar incertidumbre porque sí.

—¿Sí? —Koga alzó una ceja— Yo no lo tendría tan claro. Lo pregunto porque estuvo a punto de abandonar su viaje cuando Fredo le derrotó y fue incapaz de frustrar por completo los planes del Team Rocket. ¿Estamos seguros de que es ella?

—Por favor, ¡es una niña! —exclamó la especialista en tipo siniestro poniendo ambas manos en la mesa— ¡Y una entrenadora que está haciendo su primer viaje! ¡Es normal que se sienta insegura, es normal que cometa errores, lo raro sería que lo hiciera todo perfecto a la primera!

—Pues a eso me refiero, Karen. ¿Seguro que es lo mejor para la región? ¿Lo que necesitamos? No me malinterpretéis, no quiero sembrar la semilla de la duda porque sí, solo quiero asegurarme de que estamos vigilando a la persona adecuada para que no llegue el momento de la verdad y sorpresa, no es ella, sorpresa, no tenemos ni idea de quién podría ser, sorpresa, no tenemos tiempo para buscarla y, sorpresa, todo acaba terriblemente mal por apresurarnos y no cuestionarnos las cosas cuando debimos hacerlo.

Karen solo podía mirar a su compañero completamente incrédula. No entendía por qué había empezado a hacer esas preguntas, ni por qué las estaba haciendo en ese momento y no antes, cuando habría tenido más sentido. ¿Qué le había hecho sentirse tan inseguro de repente?

—Pero ¿qué te pasa?

—Tranquilizaos, los dos —intervino Lance antes de que pudieran seguir discutiendo. Supuso que su abuelo se tendría que sentir de forma parecida cada vez que él y Débora se hablaban de manera similar—. Koga, Lira es la Elegida, de eso podemos estar seguros.

—¿Seguros? Shin dijo que estaba un noventa y nueve por ciento seguro, eso deja un uno por ciento de duda, que os parecerá irrisorio, pero para mí no lo es. Eso no es estar seguro, es estar casi seguro, quiero una certeza del cien por cien.

—¿Desde cuándo eres tan quisquilloso?

—Desde siempre, Karen. No me gusta dejar espacio para la duda, tu enemigo puedo aprovecharlo y utilizarlo en tu contra —La especialista en tipo siniestro quiso responder pero prefirió quedarse callada. No sabía muy bien qué decir cuando no entendía por qué había salido esa pregunta en primer lugar, así que Lance decidió continuar por ella.

—Está bien, Karen, no pasa nada porque tenga dudas. Y en cuanto a ti, Koga, Lira ha tenido sueños con Lugia y los chicos desaparecidos, los cuales no vio hasta llegar a Ciudad Olivo. ¿Cómo explicas eso?

—Pudieron ser alucinaciones y ni siquiera me tengo que ir tan lejos, nuestro cerebro percibe más información de la que creemos y luego la procesa mientras dormimos. A lo mejor vio fotos de ellos de reojo en las noticias y luego su mente se dedicó a fantasear, tampoco sería tan raro —Karen negó con la cabeza y cerró los ojos.

—Koga, sinceramente y desde todo el respeto que te tengo, me parece que ya te estás pasan-

Antes de que Karen pudiera acabar de hablar y de que la discusión pudiera seguir avanzando las puertas de la sala se abrieron repentinamente. Los cuatro dirigieron su mirada hacia ella, sorprendidos, y se sorprendieron todavía más al ver que quien las había abierto no era otro que Mento. El miembro del Alto Mando estuvo quieto durante unos segundos, apoyándose en ellas, lo que les permitió ver que llevaba puesto un pijama morado de manga larga y su característica máscara. Además, tenía el pelo completamente despeinado.

—¡Mento!

El Alto Mando cerró las puertas y se dirigió lentamente a la mesa. Karen se puso de pie, Bruno le miró sorprendido y Koga se mantuvo impasible. Lance, por su parte, se preocupó al ver con sus propios ojos el estado en el que se encontraba su compañero.

—Deberías descansar —le aconsejó el especialista en tipo lucha en un tono que dejaba claro que no le hacía ninguna gracia verle ahí. Mento siguió caminando y se sentó al lado de Karen sin decir ni una palabra. Ella miró a Lance, con la esperanza de que el Campeón pudiera hacerle entrar en razón.

—Lance, ¡dile algo! —Él iba a pedirle que se fuera, pero antes de que pudiera abrir la boca Mento le dirigió una mirada que le impidió hacerlo, y eso que tenía los ojos tapados por la máscara.

—No soy el único que debería estar descansando —Touché. Él era el primero que seguía trabajando aunque su abuelo se lo había prohibido para tener el descanso que bien merecía, así que no era el más indicado para decirle a su compañero qué tenía que hacer.

—Mento, por favor —susurró Karen mientras volvía a sentarse—. Si no vas a hacerlo por ti hazlo por nosotros.

—No —Aunque hablaba con un hilo de voz, esta era tan firme como su voluntad. Quería estar ahí y no se iba a ir tan fácilmente—. Yo… Yo soy un miembro del Alto Mando. Conseguí que me aceptarais hace poco después de pasar mucho tiempo entrenando y esforzándome al máximo, no voy a tomarme un descanso cuando solo llevo meses ejerciendo este puesto. Mi deber es estar en esta sala, en esta reunión, y eso es lo que voy a hacer. Por el bien de mi región.

—Nadie va a cuestionar tus habilidades por tomarte un más que merecido descanso. Nos contaste a los tres lo de Celebi cuando sucedió, no eres un inútil —le dijo Karen mientras le acariciaba el antebrazo. Mento no era así, estaba acostumbrada a verle alegre y sonriendo, con ganas de aprender pero confiando en sus capacidades. Verle de esa manera le estaba empezando a preocupar.

—Lo sé, pero es que hay algo importante que tengo que deciros. Esto lo tenéis que saber cuanto antes —Al oír eso los cuatro le prestaron toda su atención y él se quitó la máscara. Tenía los ojos cerrados, y no los abrió hasta que pasó el dorso de la mano por su frente para secarse el sudor y se volvió a poner la máscara—. Percibo vibraciones de Ciudad Iris. Son esporádicas y débiles, tan débiles que son casi imperceptibles y se confunden con las de Lugia fácilmente, pero yo me he entrenado para esto y soy capaz detectarlas.

—Espera, voy a detenerte antes de que empiece a pensar cosas que no son —intervino Bruno—. Has dicho que se confunden con las de Lugia, así que no son las de Lugia.

—Exacto, son otras parecidas pero distintas. No son tan intensas y tampoco son continuas, puede que lo que las emita esté dormido, lo que está claro es que no está tan agitado como el señor de los mares pero… Está, y esas ondas son su forma de decir que a pesar de estar tranquilo también nos está vigilando.

De nuevo el silencio se hizo en la sala. Mento apoyó su cabeza en la mesa y el resto empezó a formular hipótesis en su cabeza, unas que no necesitaron expresar en voz alta ya que estaban seguros de que sus compañeros pensaban lo mismo. Tras unos segundos Koga meneó la cabeza y resopló.

—Qué bien, ¿esto también lo sabíais? ¿O estabais noventa y nueve por ciento seguros de que solo intervendría Lugia? ¿Eso significa que hay dos Elegidos o es que los dos quieren a Lira? —preguntó mirando a Karen. Ella le devolvió la mirada y hundió sus uñas en la palma de la mano.

—Koga, no es el mejor momento.

—¿Y cuándo lo será, Karen? ¿Cuando sea demasiado tarde?

—Mento ha dicho que puede que esté durmiendo. ¡A lo mejor ni interviene!

Un golpe seco proveniente del monitor hizo que todos se callaran. Cuando los cuatro miraron a Lance vieron que se había escondido tras su cara de póker, era imposible intuir lo que estaba pasando por su cabeza.

—Gracias por tu valiosa información, Mento, se lo haré saber a Morti lo antes posible para que esté pendiente. En cuanto a lo que nos concierne y el objetivo de esta reunión, sabemos que el Team Rocket ha conseguido huir con Celebi y la guardiana del Encinar, lo cual nos impide ir tras ellos porque no tenemos forma de viajar en el tiempo. Tenemos que esperar a que vuelvan pero no sabemos cuando lo harán ni donde, así que ahora tenemos que estar más preparados que nunca. ¿Bruno?

—Puedo movilizar a varios efectivos por la región para reforzar la seguridad y mejorar nuestra defensa para retenerles hasta que venga la ayuda, pero sin una mínima idea de donde pueden atacar tampoco puedo hacer mucho más.

—Seguro que vuelven a Ciudad Trigal, es la capital y donde fueron humillados. ¿Qué mejor lugar para volver que ese?

—Concuerdo con Koga, no creo que el resto de pueblos y ciudades les resulte interesante.

—Estoy de acuerdo, Karen, aun así no quiero dejar el resto de la región desprotegida. A lo mejor deciden ir reapareciendo poco a poco para ganar más terreno o para pillarnos desprevenidos, esta vez no podemos confiarnos —Lance se tomó unos minutos para pensar, tenía que tomar una decisión importante para empezar a actuar—. Prioricemos la vigilancia en Ciudad Trigal y repartamos el resto de las patrullas por Johto. Los líderes estarán al tanto de todo y tendrán mayor control sobre sus pueblos y ciudades para controlarlas como consideren conveniente, es necesario que tengan los recursos necesarios para prepararse frente a un posible ataque. ¿Os parece bien? —El Alto Mando asintió— Perfecto, entonces está decidido. ¿Tenéis alguna pregunta o un tema que queráis tratar?

—Nada de nada —respondió Karen en nombre de todos.

—Genial, en ese caso doy por finalizada la reunión de hoy —Y sin que su abuelo se hubiera dado cuenta, eso sí que era tener suerte—. No bajéis la guardia, si ocurre cualquier cosa o vuestras fuentes detectan algo extraño no tardéis en poneros en contacto conmigo, os avisaré en caso de que haga falta hacer otra reunión. Estaremos en contacto.

La pantalla del monitor se apagó y al instante los miembros del Alto Mando se relajaron, no se habían dado cuenta de cuanta tensión habían acumulado hasta entonces. Karen miró al hombre que tenía sentado delante y se disculpó con la mirada.

—Lo siento, Koga. No tendría que haberte contestado de esa forma, supongo que todavía sigo algo estresada.

—Como para no estarlo. Tranquila, tal vez tendría que haberle comentado mis inquietudes a Lance a solas, no pretendía empeorar el ambiente.

—Seguro que los dos teníais buenas intenciones, al igual que Mento, y mirad como está —Al oír a Bruno tanto Karen como Koga miraron al especialista en tipo psíquico. Seguía con la cabeza apoyada en la mesa y parecía que se había dormido—. Vamos a tener que llevarlo a la habitación.

—Este chico —dijo Koga mientras negaba con la cabeza. Bruno se acercó a Mento e intentó llevarle en brazos—. Me ha recordado a cuando Sachiko intentaba quedarse despierta hasta tarde conmigo para ver las películas de ninjas que echaban en la tele, pero al final siempre se acababa durmiendo.

—¿Puedes con él tú solo, Bruno? —preguntó Karen al ver las intenciones de su compañero, pero no tardó en ver que no tenía de qué preocuparse, pues se lo había cargado a la espalda sin menor dificultad— No sé por qué me preocupo.

—Pesa menos que lo que levanto en el entrenamiento —comentó sorprendido cuando consiguió colocárselo bien. Karen le miró escéptica y Koga resopló.

—No te hagas el fantasma, que tu especialidad es la lucha.

—Lo digo en serio, ¿queréis comprobarlo?

—Lo único que queremos es salir de aquí —dijo el maestro ninja mientras se dirigía a la puerta. Bruno se encogió de hombros y siguió caminando, Karen por su parte se puso a su lado mientras le miraba con interés.

—¿Podrías llevarnos a los dos a la vez?

—Sin problema.

—¿Y a los tres?

—También.

—Guau. ¿Hay algo que no puedas levantar?

—El mal humor de Koga —Al oír eso el aludido se dio la vuelta y le dedicó una mirada fulminante a su compañero, que siguió avanzando como si nada. Karen rio y los tres se dirigieron a sus aposentos para dejar a Mento en su cama y ponerse manos a la obra, pues tenían muchas cosas que hacer, y cuanto antes empezaran a organizarlo todo mejor.


Normalmente su padre se encontraba en su despacho y si no estaba allí alguien lo estaría vigilando, como los dos reclutas que se encontraban en su puerta. Podrían ser de los competentes o no pero eso a él no le preocupaba, pues tenía un plan en mente que haría que cualquier rocket abandonara su puesto. Acarició la Poké Ball que llevaba en su bolsillo y la sacó, presionando al hacerlo el botón del centro, lo que liberó a un raticate. Se trataba del pokémon de un recluta que se encontró durmiendo y, aprovechando su estado, se lo robó por si le hacía falta. Raticate empezó a andar y pasó corriendo por delante de los reclutas, que al ver al pokémon salieron tras él para intentar capturarle, tal y como él pensó que harían. Tras asegurarse de que ellos no volverían y de que el camino estaba despejado se acercó a la puerta y puso una mano en su pomo para tirar de ella y abrirla.

Cerrada. Claro, su padre no la dejaría abierta como si nada, no se arriesgaría a que nadie entrara en su ausencia y le echara un vistazo a su despacho. Aun así eso no desmoralizó al pequeño, que sacó un clip de su bolsillo y empezó a forzar la cerradura con soltura, como si no fuera la primera vez que hacía algo parecido.

Clic

Hecho. Silver se guardó el clip de nuevo en el bolsillo y entró en el despacho. Era sencillo, sus paredes eran blancas y el suelo de madera, tenía un par de estanterías con varios libros en ellas y un escritorio en el centro. Se acercó a él y lo rodeó para situarse detrás, donde había algunos cajones bajo este, algunos con cerradura y otros no. Silver repitió el proceso y forzó el primer cajón, tal vez lo que estaba buscando se encontraba en ese. Llevaba un tiempo queriendo hacerse con los planos de aquel lugar para ver si era capaz de idear una ruta de escape segura y eficaz para que Carol y él pudieran huir de allí, y suponía que unos documentos tan importantes estarían guardados a buen recaudo en el escritorio de su padre.

Clic

Otra cerradura forzada con éxito. Silver abrió el cajón y sacó todos los papeles que había, que no eran pocos, y empezó a echarles un vistazo para ver si alguno de ellos era lo que estaba buscando. Al principio los miraba con detenimiento, pero luego se dedicó a ojear rápidamente el título, pues había muchos y el tiempo que podía pasar ahí era limitado. La verdad es que todos le parecieron un completo aburrimiento: recibo por la compra mensual de suministros para el gimnasio de Ciudad Verde, cuentas del trimestre, petición de excedencia, proyecto M (nombre temporal)… Un momento, ¿proyecto M? Ese título sí le llamó la atención, tanto que dejó los otros papeles con cuidado en el suelo y empezó a leer aquel, olvidando la razón por la que estaba fisgoneando en primer lugar.

Mientras él estaba ocupado leyendo otra persona se aproximaba sin prisa pero sin pausa al despacho. El sonido de sus tacones podía oírse por todo el pasillo, pero el niño estaba tan concentrado que no los escuchó. La persona siguió caminando pero se detuvo brevemente al ver la puerta abierta, y tras darse cuenta de que eso no era producto de su imaginación fue corriendo hacia ella. Entró en el despacho y al no ver a nadie rodeó el escritorio, donde encontró a Silver agachado, rodeado de papeles y leyendo el proyecto más importante de su padre.

—¿Qué haces? No tienes que ver esto —le susurró la mujer mientras se lo quitaba bruscamente de las manos, lo que sobresaltó al pequeño. Ella lo volvió a guardar en el cajón junto al resto de papeles que había en el suelo y lo cerró antes de dirigirle una fría mirada a él. Los mechones de su pelo rojizo caían delante de sus ojos del mismo color, los cuales no reflejaban ninguna emoción positiva. Atenea.

—¿Qué era eso? Ponía algo de crear un nuevo pokémon. ¿Se puede hacer algo así?

—No es asunto tuyo —Cuando se aseguró de que todo estaba recogido Atenea levantó a Silver del suelo, le empujó fuera de la habitación, cerró la puerta del despacho y le agarró la mano con fuerza. Intentó asustarle con la mirada pero Silver no se inquietó ni lo más mínimo—. Silver, en serio, lo digo por tu bien. Cuanto menos te involucres en los asuntos de tu padre, mejor.

—Pf, como si tuviera que hacerte caso. ¿Quién eres? ¿Mi madre? —Por un momento le pareció ver que Atenea se entristeció, pero fue un momento, y tuvo que ser su imaginación, porque era imposible que alguien como ella tuviera sentimientos y menos de ese tipo.

—Venga, vamos a jugar con Carol —dijo después de dar un suspiro. La mujer tiró de él pero el niño no se movió del sitio, se quedó quieto como si fuera un clavo anclado en el suelo.

—Tengo hambre, no he merendado, y Carol está durmiendo la siesta así que ahora no podemos jugar con ella.

—Pues haber comido antes, ya sabes donde está la cocina —Silver se le quedó mirando sin decir nada más. Para tratarse de un niño la intensidad que desprendía su mirada era abrumadora, muchos adultos se habrían sentido intimidados por ella. Pero ella no era una adulta cualquiera, era Atenea, y nadie conseguía amedrentarla, mucho menos un crío—. No tienes por qué mirarme así, ni que fuera tu enemiga. Ven, sígueme, que se me ha ocurrido algo.

Atenea le condujo por la guarida sin soltarle de la mano y él tampoco intentó soltarse de ella. Durante el trayecto vio a varios reclutas: los que fueron tras Raticate y habían conseguido encerrarle en una habitación hasta que encontraran su Poké Ball, el recluta dormido a quien le pertenecía ese pokémon que estaba buscando la Poké Ball por todos sus bolsillos desesperadamente, algunos que había por ahí y no tenían mejores cosas que hacer que señalarles y reírse… Todos se callaron y empezaron a disimular al ver que Atenea se acercaba a ellos pero ella no les hizo ni caso. Cuando Silver se aseguró de que no les estaban mirando dejó caer la Poké Ball de Raticate de su bolsillo como quien no quería la cosa y siguió avanzando.

Después de andar durante un poco más llegaron a la puerta de la habitación de Atenea, que se encontraba en un sector apartado y reservado para los reclutas de mayor rango. Ella le soltó y abrió la puerta, pero antes de entrar se dio la vuelta y le miró.

—Espérame aquí.

Silver asintió y ella entró en su habitación. El niño esperó pacientemente hasta que la mujer salió, con una bolsa de plástico blanca en la que él pudo entrever que había una tarrina de helado de fresa y tres cucharas.

—¿Mi padre sabe que me vas a dar helado?

—Tu padre no tiene por qué saber todo lo que sucede aquí —le dijo mientras le volvía a tomar de la mano y desandaba todo el camino para ir a la habitación del niño. En el trayecto vio que los reclutas habían encontrado la Poké Ball y Raticate volvía a estar con su entrenador, el cual estaba llorando desconsoladamente. El pequeño ignoraba si era por la felicidad de haberle encontrado o por el alivio de no haber perdido a un pokémon.

Tras unos minutos llegaron al fin a la habitación de Silver, la cual compartía con Carol. Atenea abrió la puerta y encendió las luces, lo que les permitió ver que la niña se encontraba sollozando en la cama. Silver se soltó y fue corriendo a ver qué le pasaba, mientras que Atenea cerraba la puerta y se acercaba a ellos con lentitud.

—A ver. ¿Qué ha pasado, Carol?

La niña se sentó en la cama y se secó las lágrimas. Atenea le dio la bolsa a Silver para indicarle que tomara el helado y empezara a comerlo para dejar que ella se encargara de su amiga, cosa que él hizo.

—He tenido una pesadilla.

—Ay, has tenido una pesadilla, pobrecita —Aunque por el tono de voz podía parecer que no le importaba y estaba siendo sarcástica, Atenea se sentó en el borde de la cama y le acarició la espalda. La niña se acercó a ella y la mujer le siguió consolando, hasta que vio que el niño ya había comido mucho helado y no tenía intención de parar. Ella frunció el ceño y le apartó la tarrina con el pie.

—Más despacio, que tiene que sobrar para Carol y para mí —Silver levantó la cabeza y le dedicó la misma mirada intimidadora de hace unos minutos.

—Pues si se acaba vete a comprar otra tarrina, tú que puedes salir de aquí.

—Uh, pero bueno. Serás insolente —Eres como tu madre pensó ella.

Silver le sacó la lengua y Carol rio. Atenea se limitó a rodar los ojos, por muchas ganas que tuviera de reñirle esa vez lo dejaría pasar. Eran pocas las veces que podía estar así con él y quería disfrutarlas al máximo, no pasaría nada por consentirle un poco. Pero más le valía saber comportarse cuando salieran de la habitación, porque entonces no se reprimiría ni un pelo a la hora de hacerle saber cuál era su posición.

Su relación fue algo tormentosa pero Silver tuvo que admitir que Atenea siempre le había vigilado y cuidado, a su particular manera. No era la mejor madre del mundo ni por asomo, pero tampoco era la peor, supuso que intentaría hacerlo lo mejor posible dentro de un mundo que tampoco era fácil para ella. Tal vez tenía sentimientos encontrados, la lealtad que le juró a Giovanni chocaba con su faceta como madre, pues protegerle y encubrirle a veces significaba ir en contra de su jefe. Intentaba cumplir con los dos como podía, pero a veces tenía que elegir, y eso significaba que se acercaría a uno y se alejaría de otro. No justificaba sus actos pero poco a poco estaba empezando a entenderla, tal vez conforme la rabia iba disminuyendo su mente se iba aclarando. ¿Dónde estaría ahora? ¿La habrían apresado o habría logrado huir?

—¿Y por qué me acuerdo de ella justo ahora? Como si me importara —se preguntó a sí mismo molesto mientras sacaba su colgante y jugueteaba con él. Tal vez era porque había pasado por Pueblo Caoba y ese fue el último lugar en el que se vieron, o porque el frío de la ruta 44 le recordaba a los helados que le daba a escondidas de su padre de forma esporádica. Era de los pocos recuerdos felices que tenía de esa época, si es que podía llamarlos así. Sería mejor decir que eran menos malos que el resto.

—¡Sneas!

La voz de Sneasel consiguió sacarle de sus pensamientos, cosa que agradeció enormemente, porque no le apetecía seguir pensando en ella. Siempre que lo hacía un extraño sentimiento acababa inundando su pecho.

—¿Es seguro? —su pokémon asintió enérgicamente con la cabeza. Había llegado al final de la ruta 44 y se había encontrado con lo que parecía ser una especie de gruta helada, pero antes de adentrarse quería asegurarse de que no era un lugar peligroso. Podía haber estalactitas puntiagudas a punto de caer en cualquier momento, o bloques de hielo que bloquearan el paso. No quería arriesgarse a que pudiera tener un accidente así que envió al integrante de su equipo que mejor soportaba las bajas temperaturas para echar un breve vistazo. Sneasel se encontraba como pez en el agua allí, a diferencia de Meganium, al cual no le había sacado ni un segundo para ahorrarle pasar un mal trago— Pues vamos, tenemos que seguir avanzando.

Silver extendió su brazo y su pokémon dio un salto para subirse a este y trepar hasta llegar a su hombro para colgarse de él. Se había acostumbrado a hacerlo, y él se había acostumbrado a que lo hiciera, por alguna razón a Sneasel le encantaba ir en su hombro, tal vez veía mejor desde ahí. Sin más dilación entró en aquella gruta y siguió caminando, con el único objetivo de hacerse con la octava medalla cuanto antes.


—¡Buenos días, profesor!

—Buenos días, profesor.

El laboratorio del profesor Elm era como un laboratorio normal. La pared de la planta baja estaba pintada de un color café claro y el suelo de madera estaba cubierto casi en su totalidad por una moqueta aguamarina. En esa sala había varias estanterías que contenían información sobre todo tipo de pokémon y los fenómenos asociados a ellos, así como qué efectos causaban en ellos todo tipo de objetos, ya fueran naturales o artificiales, y algunos estudios publicados por el propio Elm y por el profesor Oak. Además, contaba con un ordenador que facilitaba enormemente sus investigaciones, y también contaba con una máquina para curar a los pokémon por si alguno de los que cuidaba resultaba herido. Lo curioso de aquel edificio era que la primera planta se trataba de su casa, donde vivían tanto él como su familia, y en la cual pasaba menos tiempo que en su laboratorio.

El profesor se apartó de su ordenador y se acercó a la entrada al ver que quienes le habían saludado eran los dos jóvenes. Fue hacia ellos con una gran sonrisa, contento de verlos juntos después de tanto tiempo.

—¡Buenos días, chicos! Qué alegría veros por aquí.

—Lo mismo decimos. Por cierto, ¿sabe qué? —La sonrisa de Eco se ensanchó enormemente— Lira ha accedido a llevarme con ella al norte de la región.

—Bueno, accedido, si dejamos de lado que me hizo chantaje… —susurró la entrenadora mientras desviaba la mirada. Los ojos de Elm empezaron a brillar de la emoción al oír las palabras de su aprendiz.

—¿En serio? ¡Eso es fantástico! Muchísimas gracias por aceptar, Lira, seguro que gracias a eso Eco conseguirá recopilar información muy relevante para mis investigaciones.

—Eso espero. Si resulta ser una pérdida de tiempo le cobraré —contestó ella mientras se cruzaba de brazos y le sonreía a su amigo. El ánimo del joven investigador decayó visiblemente.

—¿Dónde quedó el altruismo? —preguntó después de dar un suspiro— En fin, a lo que veníamos, nos preguntábamos si podíamos tomar prestados algunos libros para recopilar información para el viaje.

—Claro que sí, Eco, siempre y cuando los devolváis a su sitio y los dejéis tal y como estaban.

—¡Descuide, profesor!

Con eso dicho el joven se dirigió a las estanterías con la esperanza de encontrar información sobre el tipo dragón. Lira se quedó de pie ahí, pues tenía más interés en saber cómo estaba su equipo que en buscar un par de libros.

—¿Qué le han parecido mis pokémon, profesor?

—Magníficos, brillantes. ¡Toda una obra de arte! Mira, mira —Elm se dirigió al final del laboratorio y ella le siguió. Allí se encontraba Espeon, que sonrió al verla y se acercó para restregarse contra ella. Lira se agachó y le acarició el lomo—. Tu Espeon es increíble, intuye lo que quiero y me lo da sin que yo le diga nada. ¡A veces sabe lo que quiero antes que yo! —Al oír eso el felino abrió los ojos y estos brillaron. En unos segundos Lira y Elm vieron que un café flotante se acercaba a ellos, envuelto por una tenue luz verde, y este acabó en la mano derecha del profesor. Él se dio la vuelta y sonrió enormemente al ver la hora que marcaba su reloj de pared— ¡Las doce, la hora de mi café! ¡Y no me había dado cuenta! Gracias a él estoy comiendo y bebiendo a horas normales, es impresionante.

—Si la única manera que hay de que no se olvide de comer es que un pokémon psíquico se lo recuerde le conseguiré uno, seguro que su mujer me lo agradece —Elm le dio un trago a su café y cuando acabó negó con la cabeza.

—La empatía que Espeon ha desarrollado hacia los humanos gracias al amor que le has dado le permite percibir detalles que otros no, ha sido un objeto de estudio muy interesante. Ojalá pudiera investigarle un poco más.

—Cuando acabe mi viaje se lo dejaré todo el tiempo que quiera, y al resto también.

—¿Cuándo te vas?

—Seguramente saldremos mañana al amanecer, no quiero demorarme mucho más.

—Eso está bien. Recuérdame que le dé mi Fearow a Eco, así no haréis sufrir a tu Togetic.

Mientras ellos seguían hablando Eco volvió a su lado después de acabar su búsqueda. Tenía un libro fino en una mano y otro un poco más grueso en la otra, y una expresión en su cara que revelaba su confusión.

—Profesor, o he buscado muy mal o hay muy poca información sobre los pokémon de tipo dragón —Su intervención hizo que Lira y el profesor dirigieran su atención hacia él. Elm se reacomodó las gafas y asintió.

—La hay, Eco, la hay. En Johto los pokémon de ese tipo se encuentran en la Guarida Dragón, lugar inaccesible para la mayor parte de la población. Solo los miembros del clan Endrino y aquellas personas que el líder considere dignas pueden entrar, y me temo que los investigadores no somos tan dignos como para que nos dejen estar el tiempo que queramos. Lo que tienes en tus manos es lo único que hemos podido extraer de las pocas veces que nos han dejado entrar.

—¡Pues menuda faena! —exclamó Eco indignado— ¡Están interfiriendo en el avance de la ciencia, tal vez ahí dentro hay información que nos puede resultar muy útil!

—Puede, Eco, pero son sus tradiciones y debemos respetarlas. Valoran mucho su intimidad y no hay nada de malo en eso, recuerda que su fundador fue rechazado del clan Iris porque se consideró que sus poderes eran muy débiles, seguramente en ese momento querría aislarse del mundo para centrarse en fortalecerse y el resto de generaciones ha seguido su ejemplo. Pero ya ha pasado mucho de eso y cada vez se van mostrando más abiertos y cooperativos, así que si Lira derrota a la líder, que es miembro del clan, a lo mejor os consideran dignos —Eco miró a su amiga y se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

—Lira conoce al heredero, de hecho son amigos. ¿Eso es suficiente para que nos dejen pasar? —Elm parpadeó un par de veces, sorprendido, y también miró a Lira.

—¿Eso es cierto?

—Sí, pero si Eco va a empezar a gritarle que le deje entrar en la guarida de su clan por la ciencia no sé si se lo voy a presentar —Eco se sonrojó y Elm entrecerró los ojos.

—¿Así que conoces a Lance?

—Sí.

—¿El heredero del clan Endrino? —Lira tardó un poco en responder. Ya habían dejado eso claro, ¿por qué se lo estaba preguntando otra vez?

—¿Sí?

—¿Y nada más?

—¿Nada más de qué?

—Hm, ¿no sabes que también es…? —En el último momento Elm se calló. Volvió a abrir los ojos y se encogió de hombros, si no se lo había contado no le correspondía a él decírselo— Bueno, da igual, sus razones tendrá. Ya me diréis qué tal os va por ahí.

—Seguro que bien, a pesar de todo Lira es una gran entrenadora —La joven puso sus manos en sus caderas y le dirigió una fría mirada a su amigo.

—¿Como que a pesar de todo?

—¡Ah! Ahora que habéis dicho todo —exclamó Elm emocionado—. Venid, quiero enseñaros algo.

El profesor los llevó hasta su ordenador, el cual encendió para meterse en su correo electrónico. Después de introducir su nombre de usuario y su contraseña en la pantalla apareció su bandeja de entrada. Se metió en uno de los correos que había recibido recientemente y abrió el archivo que este contenía, el cual era una imagen que mostraba el diseño de una Poké Ball morada con una M blanca y dos zonas rosadas en la parte superior de esta.

—¿Qué es eso, profesor?

—¿Habéis oído hablar alguna vez de la Master Ball? —Los dos jóvenes negaron con la cabeza— Es un prototipo de Poké Ball creada por Silph S.A. capaz de capturar a cualquier pokémon.

—Como… ¿una Poké Ball normal?

—No, Eco, no he terminado. Es capaz de capturar a cualquier pokémon sin fallar —Los dos jóvenes silbaron al oír eso—. Como podréis imaginar es un descubrimiento de gran importancia que nos sería muy útil en el campo de la investigación. Sin embargo, cuesta mucho crearlas, así que hay muy pocas unidades y no se las dan a cualquiera —La sonrisa de orgullo que esbozó el profesor después de decir eso fue evidente—. Pero tal vez me den una por la contribución que he hecho en el campo de la investigación Pokémon gracias a mis estudios. ¿Qué os parece?

—¿En serio? ¡Eso es genial, profesor! —exclamó Lira— Seguro que está muy contento.

—Sí y no. Me encantaría tener una pero ¿con qué pokémon la utilizaría? ¿Y si me la roban? ¿Y si olvido donde la guardé? O pero, ¿y si la pierdo? —Eco le dio un codazo a Lira y se acercó para susurrarle algo.

—La verdad es que no me extrañaría que la perdiera —La entrenadora quería reírse por su comentario pero no lo hizo por considerar triste que una de las mentes más brillantes del mundo fuera también una de las más despistadas.

—A mí tampoco, suerte que no pierde la cabeza —Eco soltó una risita y Elm se puso pensativo, ajeno a los comentarios de los dos.

—En fin, supongo que tendría que comprar una caja fuerte en el caso de que me la den. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, o eso dicen. Imaginaos el caos que podría ocasionar en las manos equivocadas —El profesor apagó el ordenador y se apartó de él—. Bueno, tengo que seguir con mi trabajo pero podéis estar aquí el tiempo que queráis. Pasaros a despediros antes de retomar el viaje, y Eco llévate a Fearow para que Togetic no muera en el intento de llevar volando a dos personas. El resto de tu equipo está en la máquina curativa, Lira, recógelo cuando quieras.

—Genial, muchas gracias profesor.

—A vosotros —Con eso dicho Elm volvió a su mesa y dejó a los dos jóvenes allí. Eco miró los dos libros que todavía cargaba con inseguridad, no tenía mucha esperanza en que fueran a decirles algo relevante.

—Dudo que haya gran cosa pero es mejor que nada. ¿Te parece bien que los leamos después de comer? Lo puedo hacer por ti si quieres —Lira negó con la cabeza.

—No, yo también los leeré. Podemos repartírnoslos y juntar la información que hemos extraído, así acabaremos antes —Eco parpadeó un par de veces y le miró extrañado.

—¿No te importa pasarte la tarde investigando?

—Tengo que estudiar a mi oponente para crear una estrategia, no atacar a lo loco. Puede que la fuerza me sirva contra los adversarios más débiles pero si quiero ganar a alguien como Débora necesitaré más que eso —El investigador le siguió mirando perplejo.

—Espera, ¿seguro que eres Lira? ¿Dónde está mi amiga de toda la vida, la que aborrece quedarse en casa leyendo y prefiere mil veces salir a dar una vuelta? —La entrenadora puso los ojos en blanco.

—No te pongas así. He cambiado mucho durante mi viaje, ya lo irás viendo —Lira le quitó el libro más grueso y sonrió—. Venga, vamos, que estos libros no van a leerse solos.


(Grytherin18-Friki: lo único que diré de Eco es que a él no le gusta tanto entrenar y se centra más en investigar, ya que su sueño es llegar a ser un profesor Pokémon como Elm. Con él quiero mostrar otra faceta de los jóvenes, que no todos quieren ser entrenadores, creo que puede resultar un cambio interesante y una combinación muy buena con Lira. Menuda decepción me llevé cuando vi que Sakura tenía un Jolteon y no un Glaceon, le habría venido como anillo al dedo, pero bueno qué le vamos a hacer.

nadaoriginal: sí, como habrás visto en este capítulo también todos se están preparando para la que se viene, y encima parece que va a haber otro actor en todo esto. Podría decirse que más que celosa Débora está bastante molesta, ¿conseguirá calmarse?

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).