Por si no tuviera poco con el Team Rocket la reunión con el Alto Mando le dejó más intranquilo de lo que ya estaba. Si Mento estaba en lo cierto el otro legendario de Johto podría unirse a la ecuación contra todo pronóstico y eso podía suponer volver a empezar con la búsqueda del Elegido, si es que había otra persona además de Lira, y si es que dicho legendario iba a participar después de todo. ¿Estaría dormido y se dedicaría a vigilar como dijo Mento? ¿O despertaría de su sueño en el momento más inesperado? Si ya tenía problemas para dormir esas incógnitas no ayudaban a mejorar su insomnio.
Pero por muchas vueltas que le diera al tema tenía que admitir que no tenía ni idea y no iba a sacar nada en claro por sí mismo. Los entendidos de los legendarios eran los del clan Iris, ellos dedicaban sus vidas a estudiarlos y a cuidar sus lugares de culto, por no decir que sus poderes los mantenían, en cierta medida, más unidos que el resto. Su clan se dedicaba a sacar todo el potencial de los dragones y como mucho su abuelo podría llegar a tener alguna visión corta y esporádica si algún legendario se ponía muy nervioso, pero ahí acababa todo lo que podía saber sobre ellos. Estaba en un callejón sin salida y necesitaba ayuda para seguir avanzando.
Toc toc
Así que lo que hizo fue pedirla.
—Adelante.
La puerta de su habitación se abrió lentamente. Un hombre rubio de ojos morados entró con cautela, como si le diera respeto estar allí. Al hacerlo empezó a escanear el dormitorio con curiosidad, aunque no había mucho que ver, pues la habitación de suelo y paredes grises contaba con una cama, donde se encontraba sentado Lance, una mesa pegada a la pared, una silla y una alfombra azul con la estampa de un dragón.
—Hace mucho que no me paso por aquí —dijo Morti mientras cerraba la puerta con cuidado. Lance vio que llevaba una bolsa de tela—. ¿Cómo estás?
—Bien, si dejamos de lado muchas cosas —El líder se acercó a la mesa y dejó ahí la bolsa—. De arresto domiciliario —Morti sonrió.
—Los abuelos tienen que demostrar que son los que siguen mandando de alguna forma, ¿eh? —dijo mientras depositaba los contenidos en la mesa: un ramo de rosas recién cortadas, una caja de caramelos furia y una tarjeta en la que ponía Recupérate pronto. El líder tomó la tarjeta y se acercó al Campeón.
—¿Y las flores? Huelen muy bien.
—Son de la floristería que hay al lado del gimnasio de Blanca, insistió en que te las trajera —dijo mientras se sentaba en el borde de la cama y le daba la tarjeta—. Toma, está firmada por todos los líderes —Lance la tomó y leyó los mensajes que le habían dejado sus compañeros. Algunos eran cortos y escuetos, como el de Fredo, y otros más largos, como los de los líderes más jóvenes.
—Qué bonito detalle —dijo después de leerlos y dejar la tarjeta a su lado—. Dales las gracias de mi parte.
—Lo haré —Morti se alisó la ropa y entrelazó los dedos—. Bueno, no quiero parecer borde pero quiero ir directo al grano. Débora me dijo que estabas impaciente por hablar conmigo, ¿pasa algo?
—Sí. ¿Cómo van las cosas por Ciudad Iris? —El líder pareció sorprenderse ligeramente por esa pregunta— La Torre Campana, para ser más exactos.
—¿A qué te refieres?
—Verás, tuve una reunión con el Alto Mando y Mento me dijo que sentía un par de ondas débiles provenientes de allí. ¿Sabes algo al respecto?
—Hm, ¿estás implicando que…? —Morti paró a mitad de frase y cerró los ojos. Se tomó unos segundos para pensar y al volver a abrirlos se acarició la barbilla— Así que Ho-Oh… Me resultaba extraño no saber nada de él, aunque las palabras de Mento me extrañan todavía más. Si estuviera despierto mi abuelo y yo nos habríamos dado cuenta.
—Dijo que las ondas eran débiles y esporádicas y que se confundían fácilmente con las de Lugia. No sé, a lo mejor no es él, ¿tal vez son los perros legendarios?
—No, los perros se fueron de la ciudad cuando Lira llegó y no se han vuelto a ver desde entonces. Ellos no son, por mucho que me sorprenda tiene que ser él.
—Ya veo… ¿Sabes? Dijo algo curioso, comentó que no estaba muy claro que estuviera del todo despierto, sino que más bien era como si quisiera recordarnos que también está presente —La mirada de Morti se perdió durante un instante—. ¿Eso significa que hay otro Elegido por ahí? —El líder frunció el ceño, mostrándose escéptico ante esa posibilidad.
—Si así fuera mi abuelo lo habría detectado. No, no, si Ho-Oh fuera a actuar como Lugia… Eso… Argh —Morti se cubrió la cara en una evidente mueca de dolor. Lance inclinó su torso hacia él instintivamente.
—¿Estás bien? ¿También te duele la cabeza?
—Me está volviendo loco, cada vez está más nervioso y se nota —Lance no pudo evitar preocuparse al verle así. La reacción del líder le recordaba mucho a la de Mento hace unas semanas y eso no era nada bueno, no quería que acabara tan cansado como su compañero del Alto Mando—. Mi abuelo y yo solo podemos pensar en él, nos estamos esforzando mucho para ver si podemos obtener algo útil de las visiones y ahora… Resulta que por eso a lo mejor hemos pasado por alto al otro, no me lo puedo creer.
—Tranquilo, Mento dijo que le resultó difícil diferenciar las ondas. Si Lugia no para de enviar señales y tienes varias cosas en la cabeza es normal que no las detectaras.
—Lo sé pero aun así… Ah, sus poderes son fascinantes, me queda tanto por aprender —se lamentó el líder. Los dos hombres se quedaron en silencio durante un rato después de eso, hasta que Morti decidió volver a hablar—. Me resulta difícil de creer pero tengo que comentárselo a mi abuelo cuanto antes, puede que estemos a tiempo de actuar. ¿Sabes? Si al final resulta ser cierto por un lado me reconforta que Ho-Oh decida mostrarse dispuesto a ayudar pero por el otro… ¿Dos legendarios? ¿No basta con Lugia que también él quiere hacerse presente? De ser así la situación me preocupa bastante.
—Tampoco debemos precipitarnos, Mento no tenía claro que fuera a actuar.
—Que se muestre dispuesto ya es motivo suficiente para pensar que lo va a hacer.
—Pero en ese caso buscaría a un Elegido, ¿no?
—No, a estas alturas otro Elegido… Ya te lo he dicho, si fuera algo tan importante mi abuelo, Mento o yo lo habríamos detectado seguro.
—¿Entonces actuará en solitario? —Morti estuvo a punto de responder pero entonces cerró la boca. Aunque sus ojos estaban fijos en Lance no le estaba mirando a él, su mente estaba en otro lugar, considerando varias opciones. Al Campeón le pareció ver que el rostro de su compañero se iluminó durante un breve segundo mientras se hundía en sus reflexiones.
—O tal vez… Hmm, claro —La mirada del líder se fue centrando de nuevo poco a poco cuando consiguió ordenar las ideas—. ¿Puedo pedirte algo?
—Claro —La expresión de Morti se volvió seria, aunque sus ojos se llenaron de curiosidad. Parecía estar tan intrigado por algo que el Campeón desconocía que a Lance le habría gustado saber en qué estaba pensando.
—Que Débora venga, tenemos que hablar los tres.
La despedida fue mejor de lo que pensaba. Su madre lloró cuando le dio el último abrazo pero le confortó saber que su hija no tardaría tanto en volver de nuevo a casa. El profesor Elm también salió a decirles adiós y Lira se encargó de hacerle saber que como su mujer le llamara diciendo que se había vuelto a pasar la noche en el laboratorio le enviaría a Feraligatr para que le diera un buen mordisco. Elm no supo si tomárselo a broma o no, pero le prometió que intentaría que eso no volviera a pasar.
Con todo listo Eco y ella pusieron rumbo a Pueblo Caoba para seguir con su viaje desde donde lo dejó. Ya había pasado un buen tiempo desde la última vez que visitó el norte de su región y eso le había hecho olvidar el frío que podía hacer allí, algo que no había echado nada de menos, pues la sensación de que se le congelaban los huesos y no sentía la punta de los dedos no le resultaba muy agradable y, a juzgar por la expresión de Eco, a él tampoco le hacía ninguna gracia. Obviamente ella se había puesto su abrigo rojo, sus leggins y guantes negros, mientras que Eco llevaba un gran impermeable amarillo y un chándal negro, pues ninguno de los dos tenía intenciones de constiparse.
Llevaban ya un par de días en la ruta 44, la cual no tenía ninguna formación parecida al Monte Mortero, pero sí había paredes rocosas que parecían ser pequeñas montañas. También había un gran lago con algunas placas de hielo en su superficie y la verde hierba que había al lado del camino de tierra estaba cubierta de nieve, así como los árboles que había ahí. Un paraje así se recorría mejor con un pokémon de tipo fuego al lado, sin duda, por eso Lira había decidido sacar a Ninetales. La entrenadora le preguntó a Eco que porque no sacaba a Quilava y él le respondió que con Ninetales era más que suficiente. El joven llevaba su bloc de notas en una mano y un boli en la otra para hacer todas las anotaciones pertinentes, pues no paraban de encontrarse con pokémon y él quería apuntar todo lo que hacían para poder analizar su conducta más adelante. Lira era la encargada de asegurarse de que ninguno se acercaba a él más de la cuenta pero lo cierto era que el investigador se mostraba muy prudente e intentaba no molestarlos observándolos desde la distancia.
Siguieron caminando durante un rato y al final llegaron a los pies de un montículo. Este contaba con unas escaleras que llevaban a la cima así que los dos amigos las subieron y llegaron a la entrada de la Ruta Helada, una obertura en la pared rocosa de la que salían vientos helados que congelaban a todos los que tenía intención de entrar, invitándoles a dar media vuelta. Eco se la quedó mirando algo inseguro.
—¿Es por aquí? —preguntó tras unos segundos de duda.
—¿No habías sacado un diez en geografía? Bueno, y en todas las asignaturas. Pues claro que es por ahí, genio —respondió Lira—. A no ser que tengas una idea mejor.
—Una de las salidas de la Cueva Oscura da a la ruta 45, que está al sur de Ciudad Endrino. Podríamos ir por ahí.
—¿La Cueva Oscura? Tú estás loco, seguro que nos perdemos ahí dentro. De todas formas no pienso dar media vuelta y perder el tiempo cuando Ciudad Endrino está justo después de esta ruta que, por cierto, ¿te he dicho que está llena de pokémon de tipo hielo? —Al mencionar ese dato la expresión de Eco cambió por completo. Su incertidumbre e inseguridad pasaron a convertirse en emoción y alegría.
—Es verdad, casi lo había olvidado. ¡Por la ciencia! —exclamó con el dedo índice alzado antes de entrar corriendo. Lira meneó la cabeza con una sonrisa y miró a Ninetales.
—¿Vamos nosotras también? —La vulpina asintió y las dos entraron al fin.
La ruta seguía estando igual que la última vez. Tenía en general una tonalidad azulada y placas de hielo que cubrían parte del suelo, con varias estalagmitas desperdigadas junto con algunas estalactitas de las que caía agua, así que ocasionalmente podía oírse un goteo. Ninetales olfateó el aire y sonrió al darse cuenta de que ese fue el lugar donde evolucionó, lo que le trajo buenos recuerdos. Siguió avanzando dando pequeños saltos de alegría pero se detuvo casi al instante, en cuanto vio que Eco estaba quieto a escasos metros de ellas. Las dos se acercaron preocupadas al ver que estaba tiritando.
—Ha-hace mucho frío —dijo mientras se abrazaba a sí mismo. Al verle en ese estado Ninetales se acercó y se restregó contra él—. ¡Ay! ¡Muchísimas gracias bonita! —exclamó el investigador mientras se agachaba y le abrazaba con fuerza, aferrándose al calor del tipo fuego.
—Venga, vamos, que me veo que nos vamos a quedar aquí para siempre —dijo Lira mientras avanzaba un par de pasos y se daba la vuelta. Silbó y Ninetales alzó las orejas y abandonó a Eco para ir al encuentro de su entrenadora, lo que desanimó al investigador.
—Oye, ¡que me estaba calentando!
—Pero prefiere a su mami, te fastidias. Si tienes que depender de Ninetales para avanzar nunca te acostumbrarás al frío.
—Vale, l-lo que tú digas —dijo mientras se hacía a la idea de que el pokémon de su amiga no volvería ayudarle—. Por cierto ¿p-por qué estás como si nada? No tiemblas tanto como yo.
—Porque Lance me trajo aquí para entrenar así que ya estoy acostumbrada. Te lo conté, ¿no te acuerdas?
—¿Que te trajo aquí? —preguntó con una mezcla de terror y asombro— ¡Me dijiste que estuviste entrenando cinco días seguidos! ¿Pero ese hombre te quería matar o qué?
—Pues gracias a él conseguí ganar, así que no te pongas en ese plan —Lira agarró a su amigo del brazo y tiró de él al ver que se había quedado quieto—. Venga, vamos, que todavía nos queda un buen trecho por recorrer.
Aunque en su momento no se adentró mucho con Lance supuso que la Ruta Helada no sería precisamente corta. Si era el último obstáculo antes de llegar a Ciudad Endrino ese recorrido no sería un paseo por el parque, pero tampoco esperaba nada menos de ese lugar. Caminaron un poco más y en cuanto llegaron a la primera placa de hielo Lira sonrió y fue corriendo hacia ella, deslizándose con la soltura que adquirió durante los días de su entrenamiento. Se dio la vuelta y vio que su amigo estaba en el borde, inspeccionando el hielo con cautela.
—Venga, no es tan complicado —le animó ella. Eco alzó la cabeza.
—Porque tú lo digas —dijo mientras se apoyaba en la pared e intentaba avanzar paso a paso. Desde su posición veía, incrédulo, como su amiga se deslizaba sobre el hielo sin ninguna dificultad—. ¿Por qué se te da tan bien?
—Porque Lance me enseñó.
—Oh, bueno. Disculpe mi lentitud, señorita, pero no todos hemos tenido el placer de recibir clases de patinaje de Lance.
—Bah, menos quejas y más acción. ¡Vamos! —Lira se acercó a su amigo y le agarró de las muñecas para tirar suavemente de él— Tranquilo, no te voy a soltar.
—Y-ya sé que no me vas a soltar —dijo Eco mientras intentaba aferrarse a los brazos de Lira, completamente tenso— p-pero ¿y si me caigo y te tiro?
—Pues nos levantamos, ¿crees que no me caí ninguna vez? Venga, no tengas miedo que lo tengo todo bajo control.
Lira fue guiando a Eco poco a poco por la placa, aunque cayeron un par de veces en el proceso. La entrenadora reía cada vez que eso sucedía y el investigador acabó haciéndolo también, por lo que no tardó en relajarse y adquirir más confianza en sí mismo. Tras trastabillar un poco consiguieron cruzarla, y al llegar al otro lado vieron que la vulpina les había adelantado y les estaba esperando. También había un grupo de swinub por ahí cerca y Eco se acercó rápidamente para observarlo y tomar un par de notas. Lira dejó que tardara lo que quisiera, pues desde ahí había visto que tenían otra placa de hielo delante de ellos y consideró que lo mejor sería que su amigo descansara haciendo lo que más le gustaba antes de continuar.
Cuando Eco acabó siguieron caminando y cuando tuvieron que cruzar la segunda placa no tardaron ni se cayeron tanto como en la primera. Lira bromeó diciendo que después de pasarse el día allí los dos podrían convertirse en patinadores profesionales pero Eco no se entusiasmó mucho ante esa idea.
—Gracias, pero mi especialidad es la investigación y me gustaría que siguiera siendo así.
—Y puede seguir siéndolo. Imagínatelo, dejas a los pokémon embobados con tus dotes de patinaje y ¡zas! Los capturas antes de que se den cuenta.
—Deja que lo considere… No —Lira rio pero paró en cuanto su amigo le agarró del brazo. Ella le miró confundida y él señaló hacia adelante. Al seguir su dedo con la mirada vio que estaba apuntando a un pokémon con el que no se habían cruzado antes en la ruta. No era muy alto, su pelaje era azul y de su cabeza sobresalía lo que parecía ser una pluma roja, también contaba con afiladas garras en cada mano que indicaban que convenía no molestarle.
—¿Qué pasa? ¿Quieres atraparlo? —Eco entrecerró los ojos.
—Este no es el hábitat de sneasel —dijo mientras bajaba la voz—. No sé cómo habrá llegado hasta aquí pero tenemos que ir con cautela.
—Tranquilízate, si no es de aquí seguramente será de alguien.
—¿De quién? No hemos visto a nadie en el rato que llevamos aquí —Eco miró hacia ambos lados y volvió a susurrar—. Lira, esta especie no es conocida por su bondad precisamente, debemos tener cuidado.
—Hablas como si mi equipo no pudiera hacerle frente.
—Seguro que sí pero —Sneasel se acercó a ellos y sonrió. Los dos jóvenes le miraron con detenimiento y se pusieron alerta, pues los ojos de aquel pokémon no transmitían buenas intenciones. Se quedaron un rato mirándole y antes de que pudieran reaccionar él saltó y le quitó la Pokédex a Eco, la cual llevaba atada a su antebrazo—. ¡Oye!
—¡Pero bueno! —Sneasel se burló de ellos y salió corriendo. Cuando los amigos salieron del asombro Lira fue tras él y Eco le siguió— Eh, ¡devuélvelo! ¡No es tuyo!
—¡Nine! —Ninetales también se unió a ellos, lo que dio inicio a la persecución.
Los tres siguieron al pokémon lo más rápido que pudieron, aunque estaba claro que no podían alcanzarle, ya que Sneasel se movía con una agilidad sorprendente al encontrarse en su elemento por lo que les sacaba una ventaja considerable. Lira y Ninetales intentaban mantener el ritmo como podían pero Eco se fue quedando atrás, pues no estaba acostumbrado a esas carreras. En un momento determinado el pokémon dobló una esquina y desapareció momentáneamente del campo de visión de las dos, pero ellas hicieron un sprint y lograron meterse por donde él había huido. Cuando lo hicieron vieron que se encontraba ahí y que no estaba solo, pues se subió rápidamente al hombro de un chico pelirrojo con abrigo negro y de la misma edad de Lira, que alzó una ceja en cuanto la vio. La entrenadora reaccionó de manera similar al darse cuenta de quien era.
—¿Silver? ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Lira, jadeando y sorprendida. Sneasel le sacó la lengua y sonrió, sabiendo que estaba seguro en el hombro de su entrenador.
—¿Tú qué crees? Llevo días en esta ruta del demonio, no encuentro la forma de seguir avanzando —dijo bastante molesto—. Lo cual me ha venido bien para fortalecerme pero ya va siendo hora de ir a por la octava medalla. No sé si este lugar está diseñado así de manera natural o alguien lo modificó pero está claro que es un auténtico rompecabezas —Lira se dio unos segundos antes de hablar para recuperar el aliento pero antes de que pudiera decir nada oyó la voz de Eco detrás de ella.
—¿Le… has alcanzado? —preguntó exhausto. Al final consiguió llegar al lado de Lira y cuando lo hizo vio también a Silver. Se le quedó mirando durante unos segundos y cuando le reconoció su cansancio desapareció mágicamente para convertirse en indignación— ¡Tú! ¡Eres el ladrón! —exclamó mientras le señalaba con el dedo.
—¡Sneas! —gritó el pokémon con orgullo. Eco miró a su amiga completamente serio, encajaba con la descripción que ella dio hace tiempo del ladrón del laboratorio pero quería asegurarse de que era él.
—Lira, es él, ¿verdad? El tipo que robó a Chikorita del laboratorio del profesor Elm. ¡Y ahora me ha robado la Pokédex!
—¿Te la ha robado? —preguntó Silver mientras miraba a su pokémon— Le dije que buscara algo que nos ayudara a salir de aquí pero no era mi intención que hiciera algo parecido. Devuélveselo —Sneasel asintió y se bajó de su hombro. Se acercó a Eco y le dio la Pokédex con una sonrisa que seguía indicando que no tramaba nada bueno, pero cuando Eco la tomó de sus garras no hizo ninguna travesura, solo se limitó a volver con su entrenador.
—Muy bien, y ahora el pokémon —dijo el investigador mientras extendía la palma de la mano. Lira miró a los dos chicos algo nerviosa y se acercó a su amigo.
—Eco.
—¿Qué? ¿Le vas a defender? —Lira le agarró del brazo y le alejó un par de metros para que pudieran hablar sin que el otro chico les oyera.
—Mira, sé que robó a un pokémon, y está mal, pero no es el de antes. Está cambiando poco a poco y estoy segura de que se arrepiente de lo que hizo.
—¿Y? ¿Como se ha vuelto una buena persona hacemos borrón y cuenta nueva y nos olvidamos del mal que ha hecho?
—No, va a tener que pagar por lo que hizo y va a devolver a ese pokémon pero ¿puedes esperar un poco? Te aseguro que es por una buena razón.
—Os estoy oyendo —gritó Silver mientras se cruzaba de brazos—. Mirad, la ruta es muy grande, enorme, si no queréis estar conmigo podéis tomar otro camino.
—¡Dame un minuto! —le dijo Lira antes de centrarse de nuevo en su amigo— Eco, sé que no te hace ninguna gracia y me conoces, no le estaría defendiendo si no fuera por un buen motivo.
—¿Y cuál es ese motivo? —Lira se quedó callada. No iba a contarle lo sucedido en Ciudad Trigal, no iba a decirle que los dos estaban luchando a contrarreloj para encontrar la forma de evitar que el Team Rocket atacara de nuevo desde donde fuera que estuviera. No era el momento y no quería preocuparle más de lo necesario. Su amigo pareció intuirlo— No me lo vas a decir, ¿a que no?
—Por favor —le suplicó. Eco le miró intensamente durante unos segundos.
—¿Tú confías en él? —acabó preguntando. Lira lo consideró durante un momento, si le hubieran hecho esa pregunta al principio de su aventura su respuesta habría sido un no rotundo, pero ya no estaba al inicio, y después de lo ocurrido en Ciudad Trigal sentía que él estaba cambiando y que merecía otra oportunidad.
—Sí —acabó diciendo. Eco se quedó callado durante unos instantes y Lira temió por un momento que fuera a negarse pero al final suspiró.
—Vale, si confías en él puedo tolerarle —La entrenadora sintió que una ola de alivio recorrió su cuerpo.
—Gracias —dijo mientras volvían a acercarse al entrenador. Silver les miró con desconfianza—. Ya está todo solucionado.
—¿Solucionado el qué?
—Nada —Con un brazo Lira señaló al investigador y con el otro al entrenador—. Silver, este es Eco, mi mejor amigo de la infancia, se podría decir que nos conocemos desde que nacimos. Eco, este es Silver.
Por un momento ninguno de los dos dijo nada. Esa tenía que haber sido la presentación más fría que Lira había presenciado y no porque estuviera en la Ruta Helada.
—Encantado —dijo Silver. Eco se cruzó de brazos.
—Supongo que debería decir lo mismo.
—¿Veis? A que no era tan difícil —De nuevo, no dijeron nada. Lira suspiró por dentro, si eso había ido así entonces ya se imaginaba qué responderían a su propuesta—. Veréis… He pensado que-
—No —dijo Eco tajantemente. Lira le miró sorprendida.
—Ni siquiera sabes lo que voy a decir.
—Sí lo sé, te conozco como si fuera tu padre. Que vayamos los tres juntos para aunar fuerzas, ¿verdad? La respuesta es no.
—¿Y qué quieres? ¡Estamos igual de perdidos! —exclamó irritada— Eco, tú y yo no tenemos ni idea de cómo es esta ruta más adelante, tal vez con la información que nos dé Silver eres capaz de crear un mapa mental y encontrar la forma de avanzar. ¿No crees que en esta situación es mejor ir juntos? —El investigador escudriñó al otro chico con la mirada—. Dijiste que le ibas a tolerar.
—¿Él también quiere que vayamos juntos? —Silver se encogió de hombros.
—Mientras no me molestéis a estas alturas todo me da igual.
—Genial, ¡pues está decidido! —dijo Lira mientras miraba a Eco con una gran sonrisa pero él seguía igual de enfadado— ¡Y tú deja de poner esa cara! ¡A veces necesitas la ayuda de los demás para continuar!
—Y no me parece mal pero —Lira le agarró del brazo y tiró de él, ignorando sus quejas. Los tres anduvieron en silencio hasta que bajaron por unas escaleras y llegaron a una estancia un poco rara, ya que tenía varios agujeros repartidos por todo el suelo.
—Es esta sala, aquí empieza el caos —dijo Silver mientras extendía el brazo—. Hay un montón de toboganes de hielo que llevan a la estancia inferior.
—¿Toboganes? —preguntaron los dos oriundos de Pueblo Primavera. Silver les miró y esbozó una pequeña sonrisa, divertido. Los dos se quedaron todavía más confundidos— ¿Qué?
—Tenéis un acento de pueblo que no podéis con él —Eco y Lira se miraron sorprendidos, pues consideraban que no habían estado tanto tiempo en casa como para que se les volviera a pegar el acento—. Pero bueno, sí, toboganes. No sé si tendrán un nombre científico pero es lo que parece, son unos túneles de hielo que te llevan a la estancia inferior.
—Y son la mar de divertidos.
Los tres dieron un brinco al escuchar una voz desconocida. Se dieron la vuelta rápidamente y vieron que tras ellos había una mujer muy elegante, vestida con un kimono rojo y verde y con su pelo negro recogido en un moño. También llevaba una diadema roja con flores amarillas que tenía un adorno similar a una Poké Ball en cada extremo de esta. Al reconocerla los ojos de Eco se abrieron, llenos de emoción y admiración.
—¿Eres una chica kimono? —preguntó antes de que ella pudiera presentarse. La mujer sonrió y asintió.
—Así es. Me llamo Sakura, la que desliza sobre el frío hielo.
—Aaah, ¡qué genial! ¡No puedo creerme que estemos frente a una gran artista! —chilló emocionado— ¡Vuestras danzas transmiten la historia de nuestra región de la forma más bella posible! ¡Llevo tiempo queriendo ver alguna de vuestras actuaciones!
—Vaya, pero qué jovencito más educado —comentó la bailarina mientras se cubría la boca con una mano—. Me alegra ver que parte de la juventud se interesa por la cultura y aprecia nuestra labor.
—Solo un ignorante sería capaz de despreciar vuestro arte —Silver le miró extrañado y Lira sonrió ante su entusiasmo—. ¿Y qué hace una bailarina como vos en un lugar como este?
—Estoy patinando, es lo que me gusta hacer en mis ratos libres —dijo mientras ladeaba la cabeza y les estudiaba con la mirada—. Veo que estáis un poco perdidos, ¿puedo ayudaros?
—¿Conoces este sitio? —preguntó Lira esperanzada.
—Como la palma de mi mano.
—¿Podrías llevarnos a la salida? La que da a Ciudad Endrino —La mujer sonrió de nuevo.
—Por supuesto, será un placer.
Con eso dicho la mujer les adelantó y les guio por la estancia. Silver le siguió prudentemente con las manos en los bolsillos mientras que Eco y Lira iban emocionados detrás de ella.
—Me dijiste que te encontraste con cuatro en tu viaje, ¿son como ella?
—Exactamente iguales, podrían ser quintillizas.
—Jo, qué suerte. No todo el mundo puede decir que se cruzó con las chicas kimono y tú has visto a las cinco, ¿qué se siente?
—Es como si viajaras atrás en el tiempo, te quedas hechizado por su forma de hablar y sus suaves pero firmes movimientos. Podemos ir a verlas bailar un día a Ciudad Iris, seguro que es un espectáculo muy bonito —Eco asintió con una gran sonrisa, imaginando ya el momento. Siguieron caminando hasta que Sakura se detuvo delante de un tobogán y lo señaló con el índice.
—Este tobogán en concreto lleva al punto exacto en el que hay que caer para poder avanzar en la estancia inferior —indicó mientras recogía los bajos de su kimono y se sentaba en el borde de este—. Iré yo primero para que veáis que podéis fiaros de mí —dijo intentando camuflar las ganas que tenía de tirarse por él. Después de impulsarse se deslizó sobre la superficie helada hasta llegar a la planta inferior, y durante lo que duró su trayecto los tres jóvenes habrían jurado que oyeron un par de risitas. Silver fue el siguiente en acercarse al tobogán e inspeccionarlo.
—Los niños primero —dijo mientras se apartaba y miraba a Eco. El investigador frunció el ceño.
—¿Qué? ¡Pero bueno! ¡Si tendremos la misma edad! —exclamó indignado mientras se acercaba al túnel. Echó un vistazo y Lira vio que parecía un poco inseguro, tal vez un tobogán de hielo no le inspiraba mucha confianza. No le culpaba, pues si no tenían cuidado podían llegar a quemarse.
—Vamos, Eco —le dijo mientras ponía una mano en su hombro y lo apretaba con delicadeza—, un investigador solo debe temerle al desconocimiento.
—Sí, es verdad —dijo más confiado. Eco se sentó en el borde y tomó aire antes de impulsarse, tal y como había hecho Sakura—. ¡Por la cienciaaaAAAAAAAH!
Su grito retumbó por toda la sala, asustando a los pokémon que había por ahí cerca. Silver se tapó los oídos y Lira cerró los ojos, eso no había sonado muy bien. Se asomó al tobogán pero no pudo ver si su amigo llegó sano y salvo, así que no tuvo más remedio que preguntar.
—¿Estás bien?
—S-sí, Sakura me ha ayudado a frenar —contestó él. La chica kimono rio.
—De nada —dijo la bailarina. Lira suspiró aliviada y se volvió a apartar, aunque pensó que tal vez ella debería ser la siguiente. Miró a Silver y él le devolvió la mirada, estaba muy serio y parecía estar pensando en algo. Lira iba a preguntarle si prefería ir él pero el entrenador actuó antes de que dijera nada.
—Iré yo —dijo mientras se acercaba y se sentaba en el tobogán. Sneasel, que todavía seguía con él, se aferró a su espalda y bajó con su entrenador al siguiente piso. Lira esperó unos segundos y cuando creyó que ya habría llegado se dirigió a Ninetales.
—Te guardo durante un momento, ¿vale? A lo mejor te resulta incómodo bajar por aquí —La vulpina asintió y volvió a su Poké Ball sin rechistar. Lira se sentó en el borde del tobogán y se aferró a este. Estaba impaciente por tirarse, pues desde su posición veía que tenía pinta de ser muy divertido—. ¡Por la cienciaaaAJAJAJA!
Su grito se vio interrumpido por una gran carcajada. Un cosquilleo recorrió su estómago durante lo que duró la bajada, que a la entrenadora le supo a poco, ya entendía por qué Sakura se divertía tanto ahí. Al llegar a su destino vio que el suelo de la planta inferior estaba completamente congelado, si querían seguir avanzando no les quedaba más remedio que volver a patinar.
—Te he oído —dijo Eco mientras extendía la mano. Lira no se había dado cuenta de que estaba ahí, a lo mejor le había esperado para asegurarse de que había bajado bien. Ella la tomó y su amigo tiró de ella para ayudarle a ponerse de pie.
—Tranquilo, que no lo he hecho para burlarme. Es como un grito de guerra, da mucha seguridad y te hace parecer inteligente.
—Sí, eso es cierto —dijo con una sonrisa. A sus espaldas Silver estaba inspeccionando la habitación con Sakura al lado, quien esperaba pacientemente a que todos estuvieran listos para continuar.
—Aquí es donde tengo el problema —dijo el entrenador—. Las rocas que veis por aquí las he tirado desde arriba por los toboganes porque bloqueaban el camino, y creo que nos pueden ayudar a avanzar, pero todavía no sé cómo he de deslizarme para llegar a la otra sala.
—Es algo complicado. La Ruta Helada está hecha así para confundir a los dragones que, hipotéticamente, pueden huir de Ciudad Endrino. Imaginaos el caos que puede generar uno de gran nivel suelto en el resto de ciudades, donde no hay entrenadores cualificados para hacerles frente. De esta manera los dragones no son capaces de llegar muy lejos y eso hace que el frío les vaya aletargando hasta que se duermen y un domadragón los encuentra.
—Es verdad, el frío no les sienta bien —comentó Eco mientras miraba a Lira—. Estaba en uno de los libros.
—Cierto, ¿querrá decir que el tipo hielo es efectivo contra ellos? —El investigador lo pensó durante un momento.
—Puede ser —dijo finalmente.
—Bien, si ya estáis listos podemos seguir —dijo Sakura mientras se deslizaba sobre el hielo. Lo hizo con una elegancia que dejó a los tres jóvenes fascinados, casi parecía que levitaba y bailaba sobre este. Cuando consiguieron salir de su asombro empezaron a seguirla y fue entonces cuando se dieron cuenta de que aunque parecía que iba lenta se desplazaba con rapidez, por lo que les quedó claro que además de bailarina era una gran patinadora.
Gracias a las rocas que tiró Silver desde arriba pudieron cambiar de dirección cada vez que era necesario, lo que les hizo el recorrido mucho más fácil. Lira vio que en el centro de la estancia había un par de estalagmitas y al dar la primera vuelta entrevió gracias a una pequeña obertura entre ellas que estas rodeaban unas escaleras. Silver las señaló cuando las vio.
—Ahí están las escaleras pero no consigo llegar hasta ellas.
—Las escaleras son aburridas —dijo Sakura moviendo una mano en el aire—. Estamos aquí para pasarlo bien, ¿no? —La chica kimono volvió a deslizarse y en un momento determinado giró a la derecha. Los tres la siguieron y al llegar a su lado vieron que estaba señalando a una de las esquinas de la estancia. A primera vista no vieron nada pero conforme fueron prestando más atención vieron que había un agujero en el suelo delante de esta.
—¿Qué es eso? —preguntó Silver.
—Una ruta alternativa, otro tobogán que nos llevará a la estancia inferior —dijo antes de tomar carrerilla y dirigirse a él a toda velocidad. Sakura levantó los brazos y los chicos vieron como desapareció súbitamente al caer por el agujero. Eso les preocupó en un primer momento pero no tardaron en relajarse al oír una risa, lo que indicaba que se encontraba bien.
—Uf, ese sí que no tiene pinta de ser muy seguro —dijo Eco mientras lo estudiaba desde la distancia—. Al menos con el otro tenías algo de control antes de tirarte, con este te precipitas a toda velocidad. Nos podemos dar un buen golpe y quedar para el arrastre.
—Sí, impresiona un poco, pero si Sakura nos ha llevado por aquí será porque no es peligroso —dijo Lira mientras ponía sus manos en la cintura de su amigo—. Venga, vamos juntos.
—Vale, pero no me empujeeeEEEEEH —La petición de Eco se quedó en un grito cuando Lira le empujó para dirigirse a toda velocidad hacia el agujero. El investigador cerró los ojos y su amiga se aferró a él para darle más seguridad, aunque se soltó un poco cuando al fin se deslizaron por el tobogán. Ella rio de nuevo y Eco se negó a abrir los ojos, convencido de que acabarían estampándose contra una pared de hielo. No se atrevió a abrirlos hasta que sintió que ya habían parado y que Lira se había levantado.
—Lira… —dijo jadeando mientras levantaba la cabeza. Se llevó una mano al pecho y miró a su amiga, quien le estaba sonriendo junto a Sakura— Tú me quieres matar y no sabes cómo, ¿verdad?
—No, no quiero que el miedo te frene de vivir experiencias maravillosas —dijo mientras le ayudaba a ponerse de pie. Cuando el investigador ya se había recuperado un poco del susto Silver bajó y se integró de nuevo en el grupo sin dar señales de haber sido intimidado por la brusca bajada. Eco se dirigió a la chica kimono y le miró como si le estuviera pidiendo piedad.
—¿Por dónde se sigue? Dime que no hay más toboganes por favor.
—No, por desgracia no los hay, ya no se puede bajar más —comentó Sakura con cierta tristeza, aunque no tardó en volver a sonreír—. Así que eso significa que solo podemos subir, por lo que tenemos que ir al rocódromo de hielo.
—Eso es geni- Espera, ¿rocódromo de hielo?
—¡Así es! ¿No es fantástico? ¡Esta zona es como un parque! —exclamó emocionada mientras les daba la espalda para seguir hacia adelante.
—¡Sneas! —Al oír aquello Sneasel se bajó del hombro de Silver y siguió a la mujer. Eco sintió que estuvo a punto de desfallecer y Lira tuvo que darle un par de palmaditas en la espalda.
—Tranquilo, seguro que estamos a mitad de camino.
—Cuánto me reconforta eso —dijo sarcásticamente. Como se quedaron hablando Silver se adelantó, y cuando el investigador sintió que ya tenía fuerzas volvieron a reunirse con el grupo. Sakura les estaba esperando frente a una obertura en el hielo que parecía tener varias presas aseguradas de manera artificial, se trataba del rocódromo que había mencionado anteriormente.
—Tranquilo, si lo prefieres hay unas escaleras si sigues este camino de la izquierda —dijo señalando dicho camino—. A partir de ahí es subir hasta que no haya más.
—Pues por las escaleras que voy —dijo Eco mientras empezaba a andar. Lira estuvo a punto de detenerle para ofrecerle a uno de sus pokémon para acompañarle por si se encontraba en peligro, pero antes de que pudiera llevarse una mano al cinturón Silver dio un par de pasos en la dirección del investigador.
—Yo también iré por ahí, no me apetece seguir jugando —dijo para el asombro de los amigos. Eco le miró y luego miró a Lira, sin saber si prefería ir por la seguridad de las escaleras pero junto a Silver o por el rocódromo pero con la seguridad de tener a su amiga al lado. Tras unos escasos segundos de deliberación le quedó claro que prefería ir con su amiga, pero si cambiaba de opinión justo después de que el entrenador dijera que quería ir por el mismo camino que él podría generar un ambiente incómodo. Silver pasó de largo y Eco agachó la cabeza resignado mientras le seguía, maldiciéndose a sí mismo por no haber permanecido junto a Lira.
—Tienes unos amigos muy aburridos —dijo Sakura cuando se fueron. Lira se encogió de hombros.
—Ellos se lo pierden, no es mi culpa que no sepan divertirse.
—Al menos este pequeñín no tiene el gusto de su entrenador —comentó mientras se agachaba para acariciar a Sneasel. El pokémon respondió de forma positiva a su muestra de afecto y cuando acabó subió rápidamente por la pared, utilizando sus garras para escalar por esta. Lira se tomó un momento para comparar la actitud de Sneasel con la de Meganium, todavía recordaba los ojos tristes del último en Pueblo Caoba, los cuales estaban un poco más vivos en Ciudad Trigal. Pero Sneasel era otra historia, parecía mucho más activo y contento que su compañero de equipo, ¿tal vez Silver había empezado a tratarles mejor después de aquello?
—¿Vamos nosotras? —preguntó Sakura al ver que se había quedado pensativa. Lira parpadeó un par de veces y asintió.
—Sí, vamos.
Al parecer Sakura también era una gran escaladora, porque subió por la pared como si se hubiera pasado toda su vida viviendo allí. Lira no fue tan ágil, se agarraba con fuerza a las presas y se iba impulsando poco a poco pero no era suficiente para mantenerle el ritmo. Resbaló un par de veces y estuvo a punto de caer pero por suerte conseguía aferrarse a las presas a tiempo, y más le valía seguir haciéndolo si no quería hacerse mucho daño.
Tras lo que le pareció una eternidad y media, y cuando empezó a preguntarse si el rocódromo tendría fin, vio que Sneasel bajó y empezó a señalar hacia arriba enérgicamente. Le estaba animando, con suerte quedaría poco. Lira hizo un último esfuerzo y por fin vio el agujero que indicaba que estaba a punto de llegar a la cima. Allí vio asomada a Sakura, que al parecer le estaba esperando.
—Envié al pequeñín para comprobar que estabais bien, como tardabais un poco empecé a preocuparme —dijo mientras extendía una mano. Lira la tomó y se impulsó gracias a ella, tumbándose boca abajo en el frío suelo al salir para recuperar fuerzas. Cuando se sintió mejor se dio la vuelta y vio que Eco y Silver también estaban allí, tal vez las escaleras habrían sido una mejor opción para ella. Su amigo sonrió cuando cruzaron miradas.
—Tengo buenas noticias —dijo señalando a su izquierda. Lira siguió su índice y vio que una placa de hielo se extendía frente a ellos pero eso no fue lo único que captaron sus ojos. Un poco más adelante, después de esta, había un camino que conducía a una obertura en la pared que parecía dar al exterior—. Venga, ya casi estamos.
—¿Eso es Ciudad Endrino?
—Así es —respondió Sakura. Lira se puso de pie rápidamente al oír eso—. ¿A que conmigo se os ha hecho corto? Vamos, no queda nada.
Sakura se deslizó sobre el hielo y los jóvenes la observaron con detenimiento para memorizar el patrón. No era una placa muy extensa, de hecho a la bailarina le costó poco colocarse para llegar al otro lado. Cuando tuvo la salida justo delante se impulsó y estuvo a punto de llegar a su destino, pero al intentar pasar por un hueco estrecho se quedó atrapada entre dos rocas.
—Uf, sabía que tenía que haberme puesto algo más ajustado —se quejó mientras se revolvía para intentar salir de ahí—. Me temo que me he quedado encajada, ¿alguno de vosotros podría prestarme su ayuda?
—¡Ya voy! —exclamó Lira mientras repetía el recorrido hecho por Sakura y se situaba detrás de ella. Contó hasta tres, se impulsó y le dio un gran empujón que logró sacarla de ahí y llevarla al otro lado, pero por desgracia también se quedó atrapada en las rocas por culpa de su abrigo. Intentó salir por ella misma pero no pudo, necesitaba que alguien le sacara como había hecho con la bailarina.
—¡Lira! ¡Espera que voy!
Al ver la situación en la que se encontraba su amiga Eco se quitó el impermeable y se lo puso bajo el brazo. Patinó hasta situarse detrás de Lira y ella giró la cabeza para verle antes de que hiciera nada.
—¿A la vez? —preguntó con una sonrisa. Él se la devolvió.
—Claro. Uno… dos… ¡Tres!
—¡Por la ciencia! —exclamaron al unísono al mismo tiempo que Eco empujaba a Lira y la sacaba de allí. Como el investigador no llevaba el impermeable puesto también pasó entre las rocas y los dos llegaron al otro lado, pero no pudieron frenar adecuadamente a tiempo y cayeron cuando salieron del hielo. Los dos rieron y no pararon hasta que el sonido de unas pisadas les hizo abrir los ojos. Al hacerlo vieron un par de sandalias marrones y los bajos de un kimono frente a ellos y alzar la cabeza se encontraron con la dulce sonrisa de la bailarina.
—Muchas gracias por vuestra ayuda y por acompañarme en esta gélida ruta, espero que los tres encontréis lo que buscáis en esta ciudad.
En cuanto se aseguró de que Silver llegó al otro lado sin ningún problema Sakura hizo una reverencia y abandonó rápidamente la Ruta Helada sin darle ninguna oportunidad a los jóvenes de despedirse de ella. El entrenador se puso el abrigo que se había quitado para poder pasar entre las rocas y Eco al levantarse hizo lo mismo. Lira se puso de pie en cuanto sintió que su amigo ya no estaba encima de ella.
—Así que… Ahí está. Ciudad Endrino —dijo la entrenadora mirando hacia la salida.
—Sí, la octava medalla —añadió Silver. Él y Lira se miraron y asintieron, lo que dejó a Eco un poco descolocado.
—Erm… ¿Me he perdido algo? —preguntó mientras se rascaba el cabello. Los dos entrenadores avanzaron hacia la salida sin decir nada y el investigador se apresuró en seguirles para no quedarse atrás, sintiéndose confundido por esa breve interacción entre los rivales pero aliviado por salir de ese laberinto de hielo.
Había costado sangre, sudor y lágrimas, pero al fin se acercaban a su objetivo final. No solo se aproximaba el momento en el que podrían consolidarse como los entrenadores más fuertes de toda Johto, sino que también esperaban encontrar allí la manera de solucionar lo que se quedó a medias en Ciudad Trigal, pues tal vez la obtención de la octava medalla les abría el camino que necesitaban para llegar hasta Carol. Sea como fuere no podían evitar sentirse emocionados, y es que no era para menos, porque después de tanto al fin la ciudad de los dragones se encontraba a la vuelta de la esquina.
(Antes de responder los comentarios quería decir que seguramente vuelva a tardar una semana y media/dos en publicar, primero porque en nada se acaban mis vacaciones y no podré mantener el ritmo, y segundo porque no quiero que la imposición que me hice de publicar cada semana afecte a la calidad de los capítulos, ya que los que vienen a partir de ahora necesitan algo más de tiempo y no quiero daros algo hecho rápidamente por cumplir con una fecha. Así que eso, muchas gracias por seguir leyendo y voy con los comentarios.
Grytherin18-Friki: no, Lira todavía no sabe que es la Elegida, solo posible candidata, pero como bien dices no tardará en descubrirlo. Tengo algo interesante pensado para Eco y la relación que tiene con su equipo pero eso se verá más adelante. Y por último, concuerdo con que verle a él gritándole a Lance que le deje entrar en la guarida de su clan sería muy gracioso.
nadaoriginal: el pobre profesor Elm es un caso aparte, suerte que tiene gente alrededor que le quiere tal y como es. En cuanto a lo de Lance ya verás si tuvo suerte o fue otra cosa, no todo es lo que parece.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
