El contraste de temperatura al salir de la Ruta Helada fue agradable. Fuera hacía frío, mucho, pero no era el mismo que te hacía pensar que dejarías de sentir tus piernas de un momento a otro. Los tres jóvenes se sorprendieron cuando salieron y vieron que en vez de nieve estaban pisando hierba, tal vez no era época de nevadas en aquel lugar. Desde esa posición todavía no veían la ciudad, así que tuvieron que andar un poco más para girar a su derecha y entrar definitivamente en la urbe.

Ciudad Endrino no se parecía en nada a lo que habían visto hasta ese entonces. La ciudad se encontraba en plena montaña, la cual la rodeaba como si se tratara de una muralla natural, que bien podía proteger a los habitantes del exterior o al exterior de los dragones. Sus calles tenían varios desniveles y eran tranquilas, solo podía oírse el rumor del viento y del lago que había al norte de allí, tras lo que parecía ser el gimnasio. Todas las casas parecían refugios de montaña preparadas para soportar los inviernos más duros, de las cuales no paraba de salir humo de las chimeneas. El Centro Pokémon y la Tienda se encontraban en la zona sur, cerca de lo que parecía ser una de las salidas de la ciudad, que consistía en un puente bajo el que discurría un río cuya entrada estaba custodiada por dos árboles sin hojas.

—Guau, ¡mirad!

Eco señaló algo que había delante de ellos y Lira y Silver vieron a lo que se refería. Las personas que se encontraban paseando iban acompañadas por pokémon de tipo dragón, desde especies autóctonas como dratini hasta alóctonas, como flygon y gabite. No pudieron evitar sentirse algo sorprendidos e intimidados al ver a tantos pokémon de ese tipo a la vez ya que era la primera que veían tantos juntos. Era una escena que no se veía todos los días, por eso el joven investigador se encontraba dando saltos de alegría.

—¡Ah! ¡Esto es fantástico! ¡Con la cantidad de pokémon de tipo dragón que hay por aquí seguro que podré descubrir algo que le sea de utilidad al profesor Elm! —exclamó mientras se ponía delante de Lira y Silver— ¿A dónde vamos primero, eh? ¡A dónde vamos!

—Al Centro Pokémon —respondieron los entrenadores a la vez. Por muchas ganas que tuvieran de explorar la ciudad necesitaban un descanso, y aunque a Lira le supo mal aguarle la fiesta a Eco tanto ella como su equipo tenían que reponerse del cansancio.

—Ah, sí, cierto —dijo él mientras un ligero rubor se extendía por sus mejillas y se rascaba la nuca—. Me he precipitado un poco, me pasa cuando veo a tantos pokémon juntos.

—No pasa nada, es normal. ¡Esta ciudad tiene pinta de ser increíble y de albergar a entrenadores muy fuertes! —exclamó Lira mientras miraba a su amigo y los dos se emocionaban a la vez. Silver les miró con una ceja alzada y empezó a caminar de nuevo.

—Desde luego sois tal para cual —comentó mientras se dirigía al Centro Pokémon. Los dos oriundos de Pueblo Primavera le siguieron al darse cuenta de que les estaba dejando atrás, sin dejar de comentar ente ellos lo increíbles que les parecían las criaturas que veían por ahí.

—Oye, Lira —dijo Eco en un momento dado mientras bajaba la voz—. Ahora que hemos llegado podrías llamar a tu amigo, ¿no?

—¿Qué amigo? Ah, ya —La entrenadora se lo pensó durante unos segundos—. Lo haré si me prometes que no me dejarás en evidencia.

—Vamos, ¿cuándo te he dejado yo en evidencia? —Por mucho que intentara recordar alguna situación en la que su amigo le hubiera dejado con la cara colorada delante de alguien no fue capaz, porque tal y como él había dicho nunca había sucedido algo así. Ella sonrió más tranquila, ya que era cierto que, aunque de vez en cuando se gastaban bromas, nunca habían intentado hacer quedar mal al otro con los demás. Los dos aceleraron y se pusieron al lado de Silver, momento en el que la joven se preguntó si estaría cómodo con ellos o si ya le estaban empezando a molestar, pero de momento no parecía reacio a estar juntos, así que pensó que no pasaría por mantenerse unidos un poco más.

Cuando al fin entraron en el Centro Pokémon un agradable calor les dio la bienvenida dentro. Lira llegó a pensar en quedarse allí y no salir hasta el día siguiente, pues hacía días que no estaba en un lugar tan cálido y su cuerpo tenía ganas de descansar un poco de tanto frío. Ella y Silver se aceraron al mostrador pero Eco se dirigió a la esquina derecha superior del centro, lugar en el que se encontraban los monitores, para hacer una videollamada con el profesor Elm y contarle todo lo que había visto hasta llegar a Ciudad Endrino. Los dos entrenadores dejaron a su equipo en el mostrador y esperaron a que la enfermera saliera a atenderles.

—Un momento, ahora vuelvo —dijo Silver mientras se iba tras ver que la enfermera se hacía cargo de su equipo. Lira se hizo a un lado para no entorpecer por si otro entrenador aparecía necesitando sus servicios y se apoyó en el extremo derecho del mostrador mientras veía como curaban a su equipo. Estaba tan concentrada que no oyó que las puertas del centro se abrieron, ni se dio cuenta de que alguien se puso detrás de ella hasta que le tapó los ojos con sus manos. Ella frunció el ceño.

—¿Ya estamos con las bromitas, Eco? Vete a molestar al profesor —dijo mientras le apartaba las manos sin darse cuenta de que estas eran demasiado grandes para ser las de su amigo. La persona que estaba tras ella tuvo que reprimir una risa.

—¿Eco? ¿Ya me has reemplazado? Qué rápido.

Al oír esa voz Lira se dio la vuelta rápidamente, primero porque no era la de su mejor amigo, y segundo porque le resultaba muy familiar. Al hacerlo vio que quien estaba allí no era el investigador, sino un hombre alto y pelirrojo que llevaba su característica capa puesta y sonrió cuando cruzaron miradas. Ella también lo hizo.

—¡Lance! —exclamó mientras se abalanzaba sobre el domadragón sin darse cuentas de las miradas que atrajo al hacerlo. Él sí fue consciente pero le devolvió el abrazo igualmente— Menuda coincidencia, iba a avisarte dentro de un rato.

—Mis fuentes se te adelantaron —dijo mientras se apartaban—. Estos son los dominios de mi familia, lo tenemos todo controlado.

—Cierto, heredero —Con el rabillo del ojo Lira vio que Eco ya había acabado la llamada y se acercaba lentamente a ellos. Él se detuvo al ver que estaba con alguien más, ya que no sabía si podía unirse o no, así que ella fue a por él y le acercó para poder presentarles—. Lance, este es Eco, mi mejor amigo de la infancia. Se está formando bajo la tutela del profesor Elm para convertirse en un profesor también. Eco, este es Lance, creo que ya te he hablado bastante de él.

—Encantado —dijo el domadragón con una sonrisa mientras extendía su mano. Eco la miró y después de unos segundos la estrechó.

—E-encantado —dijo mientras cerraban la presentación con un apretón de manos. Lira se alegró al ver que esa había ido mucho mejor que la de la Ruta Helada, pues aunque su amigo se veía algo nervioso por lo menos no se había formado un ambiente tenso e incómodo.

—Así que ahora vas acompañada —comentó Lance. Ella asintió.

—Sí. Mi viaje puede serle útil a Eco para recabar información sobre los pokémon de la zona norte así que ahora vamos juntos.

—Eso está bien, los viajes con buenos amigos siempre son memorables —La enfermera interrumpió brevemente su conversación para informarles de que los dos equipos ya estaban curados. Lira recogió el suyo y al hacerlo le dio la impresión de que la enfermera se había vuelto todavía más risueña al ver que Lance estaba con ellos—. ¿Y esos pokémon? ¿Son de Eco?

—No, son-

—Míos.

Detrás del trío volvió a aparecer Silver de manera repentina, lo que hizo que los dos jóvenes se sobresaltaran. El entrenador avanzó hacia el mostrador y tomó a su equipo de la bandeja para guardarlo con cuidado, Lira pensó que ese era el momento adecuado para hacer la segunda presentación.

—Lance, este es-

—Nos conocemos —le cortó Silver mientras se ajustaba el cinturón de Poké Balls y se daba la vuelta para hacerles frente. Lance parecía sorprendido pero si quiso decir algo al final no lo hizo—. ¿Ya estamos?

—Sí, los tres listos —dijo Lira alegremente—. ¿Nos enseñas la ciudad? —preguntó mientras miraba al domadragón. Él sonrió y asintió.

—Claro, seguidme —Lance se dio la vuelta y abandonó el Centro Pokémon con los tres jóvenes siguiéndole de cerca. Pasados unos segundos Eco se relajó y suspiró.

—Uf, intimida un poco —susurró mirando a su amiga. Los dos entrenadores le miraron sorprendidos.

—¿Quién, él? —preguntaron al unísono. Lira rio.

—Pero si es un trozo de pan.

—No digo que no pero madre mía, menuda presencia —comentó el investigador mientras se rascaba el cabello y fijaba su mirada en el domadragón—. No me gustaría hacerle enfadar.

—Pues si él te intimida espera a conocer a su prima —dijo Lira, recordando al hacer ese comentario que Débora se encontraba en esa ciudad y solo era cuestión de tiempo que volviera a encontrarse con ella. Un escalofrío le recorrió el cuerpo—. Ella sí te va a dar razones para temerla, aunque a lo mejor Silver es capaz de hacerle frente —dijo mientras miraba al entrenador—. Ahora tengo ganas de que os conozcáis.

—Dudo que sea capaz de intimidarme. A estas alturas pocas cosas lo hacen —respondió sin apartar la mirada del frente. Eco se adelantó un poco para poder verle mejor ya que Lira iba entre ellos dos.

—Así que… ¿también estás reuniendo las medallas? —preguntó en un intento de mantener una conversación con él. No acababa de hacerle mucha gracia que fuera con ellos pero estaba dispuesto a hacer un esfuerzo por su amiga; si ella confiaba en él entonces haría lo posible por intentar llevarse bien. Silver asintió y se detuvo, y los otros dos no entendieron por qué paró hasta que estuvieron a punto de chocarse con Lance. El domadragón se había detenido delante de una casa que a primera vista era como las demás, pero en el letrero que había fuera ponía Casa de los movimientos.

—Ya sabéis dónde están el Centro Pokémon y la Tienda, así que os he traído al siguiente lugar que como entrenadores os resultará muy útil —dijo mientras señalaba la casa—. Ahí dentro prestan un tipo de servicio que no se encuentra en ninguna otra parte de Johto. Estas cuatro personas pueden hacer que vuestros pokémon olviden cualquier movimiento que saben y también hacerles recordar uno que han aprendido o todavía no lo han hecho. Además, si tenéis un pokémon de tipo dragón con el que os lleváis muy bien y un inicial pueden enseñarles un movimiento que solo ellos pueden aprender —Conforme Lance iba hablando Eco iba tomando notas y asintiendo de tanto en tanto. Al verle tan concentrado Lira se acercó a él para ver qué estaba escribiendo.

—¿Por qué apuntas lo que dice? No eres un entrenador.

—¿Y? El saber no ocupa lugar. Me gusta estar bien informado sobre todo, aunque no pertenezca al campo en el que me especializo —Después de decir eso pasó una página e hizo rápidamente un dibujo que le enseñó a su amiga—. Mira, voy a hacer un mapa de la ciudad conforme Lance nos la va enseñando para añadir mis propias anotaciones, a lo mejor nos resulta útil más adelante.

—Si es que siempre has sido un cerebrito —dijo ella. Eco asintió con una sonrisa y guardó su libreta—. ¿A dónde vamos ahora?

—Al siguiente lugar que interesa a los entrenadores: el gimnasio —Las ganas que tenía Lira de seguir viendo la ciudad se esfumaron de repente, pues sentía que no estaba preparada para hacer frente a la líder todavía. Lance pareció notar su disconformidad—. Tranquila, eso no significa que tengáis que combatir contra ella ahora pero así sabéis como llegar.

—Sí, qué ganas.

El grupo retomó la marcha y fue entonces cuando el trío se dio cuenta de algo curioso, y es que la gente que había por las calles sonreía al verles pasar y algunos llegaban a hacer reverencias. Los tres jóvenes no entendían a qué se debía aquello hasta que un grupo de chicos de su misma edad se acercó a Lance para pedirle consejo sobre como entrenar a sus dragones. La gente se portaba así por él.

—Sí que es popular el chico dragón —comentó Silver mientras veía el pequeño grupo de gente que se estaba formando alrededor. Eco se acercó a Lira cuando vio que cada vez más y más personas se aproximaban a ellos.

—No me dijiste que era tan popular —susurró asombrado.

—No sabía que era tan popular —respondió ella atónita—. Es la primera vez que esto sucede, a lo mejor es porque es el sucesor del clan de esta ciudad.

—Pues sí que les tiene que tratar bien para que se porten así con él —dijo Silver antes de verse superado por la marabunta y escapar de ahí. Lira y Eco hicieron lo mismo hasta que Lance se disculpó con el grupo y les dijo que tenía unos asuntos que atender y que volvería a pasarse más tarde.

—Perdonad, hace mucho que no paseo por aquí y se ve que me echan de menos —dijo mientras se ajustaba la capa—. Sigamos, el gimnasio está al norte.

Los cuatro continuaron con su camino, aunque para llegar a su destino tuvieron que subir un par de cuestas. Eco se fue quedando atrás poco a poco y Lira tuvo que retroceder para hacerle compañía, mientras que Silver y Lance siguieron hasta llegar a la parte más alta de la ciudad.

—¿Es que no había otro lugar donde construir la ciudad que en una montaña? —preguntó el investigador cuando consiguió alcanzarles— Conozco su historia y entiendo que se hiciera en un lugar apartado para aprender a controlar el poder de los dragones sin ocasionar daños a la civilización pero ¿no había un terreno más llano?

—Esa es solo una razón, Ciudad Endrino también se fundó con la intención de ser un refugio de montaña para todos aquellos que conseguían atravesar la dura Ruta Helada —explicó Lance—. De hecho, cuando el fundador de mi clan llegó aquí ya había varios campamentos, pero no se consagró como ciudad ni empezó a prosperar hasta que se hizo famosa por ser la única en Johto donde se podía extraer todo el potencial de los dragones y se convirtió en un símbolo de fuerza y esfuerzo.

—Ah, ahora que sale el tema de la historia de tu clan —dijo Lira con curiosidad—. ¿Que el fundador fuera miembro del clan Iris te convierte en familia de Morti? ¿Y eso significa que tenéis poderes?

—Podría decirse que Morti y yo somos familiares muy lejanos, sí, y sobre lo de los poderes —Lance le dedicó una enigmática sonrisa—. ¿Tú qué crees?

—¿Puedes leerme la mente? —Eco se llevó una mano a la frente, exasperado.

—Lira, por favor, eso es una completa estupidez. La magia no existe.

—Ya estamos. No me arruines la ilusión y dale una oportunidad.

—Sí, Eco. Dame una oportunidad —Lance cerró los ojos y se cruzó de brazos. Lira le miró con atención, su amigo negó con la cabeza y Silver desvió la mirada. Cuando pasaron unos segundos Lance volvió a abrirlos y estos desprendieron una intensidad que hizo que la entrenadora estuviera a punto de retroceder un par de pasos—. Lira está pensando en su equipo, Eco en que eso es muy predecible y que es predecible que él piense eso así que lo ha cambiado a las últimas investigaciones del profesor Oak, y Silver en que esto es una pérdida de tiempo.

Cuando Lance acabó de hablar los tres jóvenes le miraron como si acabara de cometer un acto de brujería. El terror y el asombro estaban dibujados en sus caras a partes iguales, que después pasaron a ser alegría en el caso de Lira, incomprensión en el de Eco e indiferencia en el de Silver.

—P-pero, cómo… ¿C-cómo? —El joven investigador se quedó sin palabras, a diferencia de Lira, que empezó a dar pequeños saltos mientras le pedía que lo repitiera de nuevo.

—Otra vez, otra vez. ¿En qué estoy pensando?

—En nada —Lira se llevó las dos manos a la boca y sonrió porque había acertado de nuevo. Eco sacudió la cabeza para intentar aclarar la confusión que estaba empezando a sentir.

—No puede ser, ¡es imposible! ¡Exijo una explicación lógica y racional!

—Hay cosas que no tienen esa clase de explicación —dijo el domadragón mientras se dirigía al gimnasio—. Ahora Silver está aliviado porque al fin nos movemos.

—Para —dijo el entrenador molesto mientras se tapaba los oídos. Lira rio y se situó al lado de Lance mientras que Eco, por su parte, todavía seguía pensando en como era posible adivinar lo que otra persona estaba pensando con tanta precisión.

Al fin llegaron a las puertas del gimnasio, en cuya entrada había un cartel que rezaba Débora: la gran experta en pokémon dragón. Lira dejó de sonreír al leerlo y su amigo se dio cuenta.

—¿Tan terrible es? —preguntó al ver su reacción.

—No te haces ni una idea —respondió ella. El investigador pensó que su amiga estaba exagerando un poco, o que se sentía insegura por no haber podido estudiar mucho sobre el tipo dragón, pero pronto entendió por qué se comportaba así. El sonido de unos tacones acercándose fue el único aviso que tuvieron de que una persona poco contenta se dirigía a ellos, pero como estaban admirando el gimnasio no se dieron cuenta.

—Vaya, ¿así que ya estás aquí?

Los dos amigos se dieron la vuelta rápidamente al oír una voz femenina tras ellos. Silver se limitó a mirar por encima del hombro antes de hacerle frente a la mujer que había aparecido mientras que Lance, por su parte, solo se sorprendió al verla allí.

—Débora, ¿qué haces aquí? —preguntó extrañado— Pensé que estarías dentro del gimnasio.

—Esta mañana lo estaba pero entonces me enteré de que la chica del momento ha llegado a nuestra ciudad —respondió la líder mientras miraba a su primo—. Perdón, me he dejado el libro de protocolo en casa, ¿tengo que hacer una reverencia o dos?

—Una si es día impar, dos si es par —respondió Silver. Lira tuvo que emplear todas sus fuerzas en no reírse, pues lo último que quería era hacer algo que enfadara más a la líder, pero el comentario de su rival había sido tan inesperado que le estaba costando aguantarse las ganas. Débora clavó su mirada en el entrenador como si fueran dos afilados cuchillos de hielo pero él ni se inmutó bajo su mirada.

—Vaya, así que tenemos a un graciosillo también. ¿Tú quién eres? ¿El presidente de su club de fans?

—Nada más lejos de la realidad. Soy su rival y el próximo en derrotarte —La convicción con la que lo dijo hizo que Débora sonriera y enderezara su postura para poder erguirse sobre ellos y mirarles desde lo alto con un aire de soberbia.

—Vaya, así que en un día voy a pasar de ser invencible a que me derroten dos críos —dijo mientras jugaba con su pelo—. No suena muy creíble.

—No sería la primera vez que algo así pasa —intervino Lance. Débora dejó de sonreír y volvió a centrar su mirada en él.

—Sí, pero yo no soy tú —remarcó fríamente. Lira miró brevemente a Lance, sin saber muy bien a qué se había referido con eso, ¿tal vez él había sido derrotado en el pasado por dos niños? No tuvo tiempo de preguntárselo ya que Débora se acercó a ella y se inclinó para estar cara a cara, lo que le impidió apartar sus ojos de la líder.

—Escúchame bien, si has venido a retarme más te vale no hacerme esperar, estoy deseando acabar contigo para que la gente vea que no eres para tanto —susurró mientras le señalaba con el índice—. También tengo que aclararte un par de cosas, viendo que a pesar de todo tienes la poca vergüenza de seguir junto a mi primo. Tú y yo tenemos mucho que solucionar así que cuando antes vengas, mejor.

Después de eso Débora se apartó y estuvo a punto de entrar en el gimnasio, pero se detuvo cuando las puertas automáticas se abrieron para girar su cabeza y mirar a Silver.

—Ves preparándole un chiste o algo para animarla cuando pierda, lo va a necesitar.

Con eso dicho entró al fin, perdiéndose de vista definitivamente cuando las puertas se cerraron. Lance estaba acostumbrado a pedir disculpas a casi todo el mundo por la actitud de su prima pero consideró que en aquella ocasión no lo haría, ya que si los entrenadores pretendían enfrentarse a ella tendrían que ir acostumbrándose a su carácter, y esa había sido una actuación muy light de su parte comparado con lo que solía hacer cuando estaba enfadada. Silver se mantuvo igual de imperturbable después de su primer encuentro con la líder y Eco, para sorpresa de su amiga, se quedó mirando las puertas con sumo interés.

—Lira, derrotarla te va a ser más fácil de lo que crees —dijo tras unos segundos. La entrenadora suspiró.

—Eco, aprecio que quieras animarme pero-

—Pero nada, escúchame —Lira se calló y le miró sorprendida, pues no estaba acostumbrada a que Eco la cortara de esa manera. El investigador dejó de mirar las puertas y se centró en su amiga—. ¿La has visto? Está enfadada —La mirada de la entrenadora se volvió incrédula tras oír aquello.

—Sí, creo que todos nos hemos dado cuenta —contestó algo molesta, pues pensó que si le había cortado sería para decirle algo menos obvio y más relevante, pero si su amigo lo notó hizo como que no se había dado cuenta.

—Exacto. ¿Y qué pasa cuando alguien está enfadado? ¿Qué pasa cuando combates enfadada? —La entrenadora tardó unos segundos en dar su respuesta. Se llevó el índice a los labios y lo pensó con detenimiento, sin estar muy segura de a qué venía esa pregunta.

—¿Que combato con más ganas? —respondió dubitativa. Su amigo asintió.

—Sí, y que tu atención disminuye, o al menos eso es lo que le pasa a ella —Al ver que Lira seguía igual de confundida Eco procedió a elaborar su respuesta—. Fíjate, cuando ha venido solo se ha dirigido a ti porque solo te veía a ti, a pesar de que los cuatro estábamos juntos. No ha reparado en Lance ni en Silver hasta que han hablado y seguramente no se ha dado cuenta de que yo estaba aquí, aunque estaba justo a tu lado. Eres el foco de su ira y eso hace que se centre en ti y no preste atención a lo que sucede alrededor, por eso omite los detalles. Eso es algo que puedes usar en su contra en el combate, ¿no? —Lira miró a su amigo como si acabara de hacer una gran revelación. Ella estaba demasiado preocupada como para haberse dado cuenta de eso, pero su amigo había logrado extraer información valiosa sobre la líder manteniéndose al margen y observando con detenimiento y frialdad su forma de actuar.

—Pero qué bien se te da analizar.

—Pues claro, voy a dedicarme a eso —dijo con una sonrisa que logró tranquilizar a Lira—. No quiero decir que tu combate vaya a ser fácil pero si logras mantener la cabeza fría, si consigues dejar tus emociones de lado y ser más racional, puedes explotar su punto débil y sacarle ventaja.

—¿Dejar mis emociones de lado? Para ti será fácil pero para mí es un poco difícil.

—Difícil pero no imposible, seguro que puedes. Sé racional, dale un enfoque objetivo —Eco se acercó a su amiga y le agarró la cabeza con delicadeza para juntar sus frentes y mirarle a los ojos—. Piensa con la cabeza, Lira, úsala que para algo la tienes.

—Te quiero —dijo ella mientras le daba un abrazo. No era la primera vez que eso pasaba, sabía que cuando sus emociones le impedían pensar con claridad podía contar con Eco para despejarle la mente y tranquilizarla, algo que agradecía de todo corazón. Él sonrió.

—Yo también —dijo el investigador mientras se lo devolvía. Lance sonrió al ver la tierna escena entre los amigos pero Silver se mantuvo igual de impasible.

—Si habéis terminado tenemos cosas que hacer —dijo cuando consideró que el abrazo ya estaba durando demasiado. Los dos amigos se separaron y le miraron—. Imagino que querrás conseguir la octava medalla cuanto antes —Lira asintió con determinación.

—Por supuesto, es nuestro objetivo. No lo he olvidado.

—Eso espero, hay mucho en juego —La forma en la que los rivales volvieron a mirarse hizo que Eco empezara a sospechar de ellos.

—Deberíamos entrenar un poco más antes de retarla, me gustaría prepararme como toca para este combate. ¿Volvemos a la Ruta Helada?

—Creo que será lo mejor —Lira se puso al lado de Silver y los dos entrenadores estuvieron a punto de irse, pero antes de que ella diera un paso se dio la vuelta y miró a Eco.

—¿Te vienes o te quedas? —El investigador se cruzó de brazos. No le apetecía nada tener que volver a ese lugar y menos cuando se limitaría a ver a los dos rivales entrenando mientras pasaba frío, pero tampoco quería quedarse solo. Lance pareció darse cuenta de su debate interno así que acudió en su rescate.

—Si estás interesado en conocer más cosas sobre Ciudad Endrino y sus tradiciones estaré encantado de enseñártelas. Puedes hacerme todas las preguntas que quieras, luego te responderé las que pueda —El domadragón se llevó una mano a su cinturón y presionó el botón de la Poké Ball de Dragonite, liberándole al instante—. También puedes hacerle preguntas a él si quieres.

—¿Sí? ¿En serio? —Todos pudieron ver la emoción en los ojos del investigador, aunque intentó que no se notara mucho su entusiasmo. Él miró a su amiga para asegurarse de que le parecería bien y ella sonrió.

—A mí no me mires, es a él a quien le tienes que responder —Eco se dirigió a Lance y asintió.

—Si no es mucha molestia me encantaría.

—Si fuera una molestia no lo habría sugerido.

—Entonces me quedo —decidió con una sonrisa, pues prefería mil veces quedarse y saciar su sed de conocimiento que pasar frío sin ningún motivo. Lira también se quedó satisfecha al ver que su amigo se quedaba en buenas manos.

—Cuando acabemos de entrenar puedo llevarte a la ruta para que recabes más información sobre sus pokémon, si quieres, así le llevas material al profesor Elm —dijo la joven mientras se despedía de ellos con la mano y seguía a Silver, que echó a andar en cuanto escuchó la decisión que tomó el investigador—. ¡Pasadlo bien!

—¡Vosotros también! —respondió Eco mientras veía como los rivales se iban a entrenar. Mantuvo una sonrisa en la cara hasta que su amiga desapareció de su campo de visión, entonces esta se esfumó y su rostro expresó toda la preocupación que sentía. Lance lo notó.

—¿Todo bien? —preguntó el domadragón.

—No sé, creo que me ocultan algo.

—¿Por?

—No lo sé, pero creo que Lira no me ha contado todo lo que ha pasado en su aventura y que esos dos quieren hacer algo más que conseguir la octava medalla —dijo mientras se cruzaba de brazos y miraba el suelo, pensativo—. Es como si tuvieran un objetivo mayor.

—A lo mejor lo hace para no preocuparte.

—Me preocupa más que lo esconda, ¿qué clase de cosas no le contarías a alguien a quien se lo cuentas todo? —Eco alzó la vista y miró a Lance— ¿Tú sabes lo que se traen entre manos?

—No —mintió. La mirada del joven se volvió más intensa.

—Así que no puedes leer la mente —sentenció. Lance le miró sorprendido pero no tardó en esbozar una pequeña sonrisa. Aunque sí sabía qué querían hacer Lira y Silver era cierto que no tenía ese poder del que había alardeado antes, y Eco se había encargado de desenmascararle de una forma muy sutil. No había duda de que era un joven muy inteligente.

—No, no puedo. Me has pillado.

—¿Cómo has hecho lo de antes?

—Observación, deducción y algo de intuición. Lira es una entrenadora genial que lo daría todo por su equipo, es normal que sea lo primero en lo que piense cuando le digas que piense en algo, tú eres un chico de ciencia que no cree en este tipo de cosas así que tratarías de cambiar de pensamiento en el último segundo para pillarme y hacer ver al resto que no tengo poderes. En cuanto a Silver, su expresión corporal me indicaba que estaba aburrido y solo quería que dejáramos de jugar. Básicamente he hecho lo mismo que has hecho con mi prima —Eco asintió lentamente al escuchar su explicación.

—Sí, se puede obtener mucha información de alguien si te fijas bien. Ya sabía yo que eso de los poderes no existe.

—Sí que existe —El investigador le miró extrañado—. Pero algo me dice que no me creerás por mucho que te lo explique.

—No es nada personal —dijo mientras se encogía de hombros—. Es solo que no me creo nada que no se pueda demostrar.

Mientras ellos dos se quedaban hablando en la ciudad los dos rivales ponían rumbo a la Ruta Helada. Lira todavía no tenía muy claro cuales eran las intenciones de Silver pero sabía que lo sucedido en Ciudad Trigal había acelerado su proceso de cambio. Tal vez todavía seguía algo confundido, pero él tenía claro cuál era su objetivo y haría lo que fuera para conseguirlo, incluso unir fuerzas con ella. No se atrevió a preguntarle por si acaso le molestaba y acababa yéndose, al menos parecía dispuesto a poner de su parte para salvar a Johto y mejorar como entrenador, con eso le bastaba.


Una gota de sudor cayó por la frente de Eusine. El investigador se la habría secado si no estuviera tan concentrado en lo que tenía delante, pues su prestigio dependía de ello. Enfrente tenía sentado a su peor enemigo, quien le miraba con la sonrisa de alguien que sabía que había ganado y estaba esperando a que su rival hiciera el último movimiento antes de acabar con él.

—Adelante, es tu turno.

Eusine tragó saliva. Miró las cartas que había en la mesa y después las que tenía él, aunque sabía que ya no había forma humana de ganar aquella partida. Shin le miró pacientemente sin intención de presionarle, pues no quería influir de ninguna manera en su toma de decisión. Quería que su victoria sobre el maestro de las cartas fuera limpia y justa, sin ningún tipo de condicionante que abocara a su contrincante a la derrota. Pasaron los segundos, los minutos, y el investigador pareció resignarse a su destino. Agarró el borde de una carta con los dedos temblorosos y tiró de ella, con la intención de perder con la mayor dignidad posible.

Ding dong

Pero antes de que pudiera dejarla en la mesa alguien llamó al timbre. Eusine miró a Shin y el anciano le sostuvo la mirada. Al final su sonrisa acabó ensanchándose.

—Vaya, te has vuelto a librar —dijo mientras se levantaba para ver quién era. Eusine suspiró y se hundió en el sillón, dejando caer sus brazos fuera de este. Se relajó tanto que estuvo a punto de soltar las cartas que todavía sostenía—. Lo tuyo sí es suerte y lo demás tonterías —El investigador resopló.

—No es justo, maestro —se quejó Eusine, molesto porque la partida había sido interrumpida pero aliviado porque eso significaba que su racha de victorias se mantenía intacta—. ¿Seguro que no hace trampas? Siempre consigue ponerme contra las cuerdas.

—No, hijo, te aseguro que no. Lo que pasa es que tengo unos cuantos años más que tú y eso me da la ventaja de la experiencia. Lo curioso es que nuestras partidas siempre acaban interrumpiéndose por alguna razón, ¿no serás tú el que hace trampas?

Eusine no dijo nada, pues todavía estaba recuperándose del susto por haber estado a punto de perder. Shin sonrió mientras abría la puerta, orgulloso de haber sido capaz de haberle puesto en un aprieto de nuevo.

—Buenos días, ¿en qué puedo ayudar-? —La pregunta se quedó a medio formular en cuanto vio de quién se trataba. El anciano se frotó los ojos, pues no podía creerse que, después de tanto, él fuera la persona que había llamado. Tenía entendido que ya no salía mucho, por eso dejaron de verse en persona, así que tenerlo en la puerta de su casa sin previo aviso fue sorprendente, cuanto menos. Cuando se aseguró de que no era una ilusión ni ningún fantasma queriendo gastarle una broma una sonrisa más grande que la anterior apareció en su rostro— ¡Ryuu! Pero bueno qué sorpresa más agradable. ¿Hace cuánto que no nos vemos?

—Muchos años, demasiados —respondió el líder del clan Endrino sonriendo—. ¿Puedo entrar?

—Por supuesto, sabes de sobra que aquí siempre eres bienvenido —Ryuu hizo una reverencia y entró en la casa. Shin le condujo al salón principal, donde todavía se encontraba Eusine reuniendo las cartas. Jugó un poco con ellas y después las ordenó con una agilidad sorprendente para guardarlas en el bolsillo de su traje.

—Maestro, creo que ya me voy —dijo mientras se levantaba. Al dirigirse a la puerta se cruzó inevitablemente con los dos ancianos, y tras mirar durante un momento a Ryuu y reconocerlo dio un salto. De nuevo, comenzó a temblar y gotas de sudor aparecieron en su frente—. ¡Hala! ¡Los líderes de los dos clanes a la vez! Madre mía, ¿cómo tengo que actuar? ¿Cuántas reverencias tengo que hacer?

—Ninguna, Eusine. Solo tranquilízate y trátanos como personas normales —Aunque Shin encontró esa reacción divertida también le pareció algo excesiva. A él nunca le gustó que los demás le vieran como alguien superior y a Ryuu tampoco. Parecía que el investigador no le había escuchado, porque seguía con la mirada clavada en ellos y con la misma expresión de asombro.

—Ha s-sido un placer —dijo mientras hacía varias reverencias seguidas en su camino a la salida, y no paró hasta que estuvo fuera de la casa. Shin meneó la cabeza y después se rio.

—Bueno, ese era Eusine, ya lo conoces.

—Es un jovencito… curioso. Es tal y como me lo describiste.

—Es único e inconfundible, tal y como te habrás dado cuenta —Shin señaló el sofá y Ryuu se acercó a este. Él se sentó ahí y Shin en el sillón que había ocupado Eusine, sin prisa pero con ganas de conocer el motivo de la visita de su viejo amigo, así que intentó ir directo al grano—. Bueno, dime, hace mucho que no sales del santuario. ¿Qué te trae por aquí, Ryuu? ¿Cómo están Débora y Lance?

—Muy grandes y muy guapos —respondió el anciano mientras sacaba una foto de la manga de su túnica. En ella podía verse al líder del clan sentado y rodeado por sus dos nietos, los tres estaban sonriendo ampliamente—. Es de hace un par de meses —Shin rio al ver la imagen.

—Así que tú también los llevas a todas partes, ¿eh? —dijo mientras sacaba una foto en la que se le veía junto a Morti— A estas edades son lo más importante para nosotros.

—Totalmente cierto. Son lo mejor que me ha dado la vida —Ryuu sonrió al ver la foto por última vez antes de guardarla—. Aunque a veces sean cabezones y les dé por saltarse las normas.

—¿Sí? ¿Qué ha pasado?

—Lance, se piensa que no me doy cuenta de todo lo que ocurre en el santuario —dijo mientras recordaba el momento en el que pasó por la puerta de su habitación y oyó a la perfección las voces de los compañeros de su nieto—. Puedo ser viejo pero no tonto. Tuvo una videoconferencia con el Alto Mando cuando le prohibí terminantemente que hiciera otra cosa que no fuera descansar. Le habría interrumpido si no fuera porque me enteré de algo muy interesante, por eso he venido.

—Ya veo. Pues adelante, cuéntame —dijo Shin con sumo interés, pues si Ryuu se había desplazado hasta allí después de tanto tenía que tratarse de algo muy importante. El líder del clan Endrino cerró los ojos y se rascó la barba.

—No sé como decirlo de una manera suave —dijo pensativo. Shin se encogió de hombros.

—Tranquilo, ese no es nuestro estilo, solo di lo que escuchaste.

—Está bien, allá voy —dijo mientras volvía a abrir los ojos—. Uno de sus compañeros, Mento, el que también tiene poderes, dijo que había notado unas ondas esporádicas y débiles procedentes de Ciudad Iris, parecidas a las de Lugia —Los ojos de Shin se abrieron ligeramente. Parecía sorprendido pero no tanto como esperaba Ryuu—. ¿Podría tratarse de Ho-Oh?

—Sí pero, sinceramente, no es tan sorprendente. Los legendarios siempre emiten ondas, a veces de forma más continua y estable y otras de forma más irregular e imprecisa, eso no significa nada.

—¿Así que no actuará?

—Tampoco he dicho eso —Shin se reacomodó en el sillón, que de repente pareció volverse algo incómodo para él—. Verás, los legendarios son seres cuyas acciones resultan impredecibles. Digamos, por ejemplo, que la función de uno es proteger la región. Pues bien, hay muchas formas de proteger, ¿atacar para acabar con el peligro, defender? Puedes saber el objetivo que tiene cada uno y puedes intuir más o menos qué hará pero nunca lo sabrás a ciencia cierta. Mira el caso de Lugia, que eligió a una niña que no es Descendiente para actuar. A veces sus elecciones escapan a nuestro entendimiento pero siempre hacen lo mejor para la región.

—Hm, comprendo… Entonces es imposible saber si Ho-Oh también actuará —Shin no respondió al instante.

—Es imposible pero se puede deducir —dijo lentamente al mismo tiempo que su mirada se endurecía—. Ryuu, queda menos para que ataquen, y sea lo que sea que tienen preparado es mucho mayor que la otra vez. Lugia irá con Lira a enfrentar lo que tengan que enfrentar pero ¿y mientras? ¿Si ellos atacan quién defenderá? ¿Dejarán a Johto desamparada?

—No creo.

—Yo tampoco, y ahí es donde puede entrar en juego Ho-Oh —Ryuu asintió lentamente. Aunque la situación no dejaba de ser confusa y todo se basaba en supuestos y teorías al menos hablar con el líder del clan Iris le había ayudado a aclarar algunos interrogantes. Cuando ordenó toda la información en su cabeza otra pregunta salió a la luz, así que se vio en la obligación de formularla.

—¿Habrá otro Elegido? —De nuevo, Shin no respondió. Se quedó mirando a su amigo fijamente, aunque más que a él parecía que estaba mirando un punto fijo tras el otro líder.

—Un momento.

Shin se levantó y abandonó el salón, dejando a Ryuu a solas. El líder del clan Endrino aprovechó ese momento para reflexionar sobre lo que habían hablado y tratar de darle sentido a todo. Cuando ya llevaba un rato preocupado porque Shin estaba tardando demasiado este apareció con un maletín negro, lleno de candados, que protegían lo que fuera que había dentro.

—Perdón, estaba bien guardado —dijo mientras lo dejaba en la mesa. Ryuu notó que estaba cubierto por una gran capa de polvo, señal de que hacía mucho que nadie lo tocaba—. No sabemos si Ho-Oh querrá actuar por su cuenta o si decidirá prestarle su ayuda a un humano. En el caso de que suceda el primer escenario sabes que es muy peligroso dejar que un legendario ataque empleando todo su poder sin control, aunque sea para el bien de la región —Shin fue metiendo la combinación en todos los candados con cuidado, como si temiera que un movimiento brusco pudiera hacerle daño. Al cabo de un rato consiguió abrir el maletín—. Así que en caso de que eso suceda tenemos esto. Creo que nunca te he enseñado la reliquia de nuestra familia.

Shin la admiró durante unos segundos y al final le dio la vuelta al maletín lentamente. Ryuu se sentó en el borde del sofá para poder verla mejor, aunque estuvo a punto de caerse en cuanto vio de qué se trataba. Sus ojos se abrieron como nunca lo habían hecho al darse cuenta de lo que tenía frente a él. Un ala con los colores del arco iris que brillaba tenuemente. Estaba tan sorprendido que no se dio cuenta de que Shin frunció el ceño al ver que la pluma relucía.

—Hm, está brillando —susurró mientras echaba un vistazo por la ventana para ver la Torre Campana—. Tenemos que estar más atentos.

—E-eso, ¿eso es-? —Shin cerró el maletín y se aseguró de utilizar todos los candados para ello.

—No quiero que esté mucho tiempo fuera de su sitio, no me gustaría que le pasara algo —respondió fríamente—. Sí, es lo que crees que es, nuestra familia la tiene en secreto desde hace generaciones por lo que pueda pasar. Como puedes ver, Ryuu, estamos preparados, cuando se trata de legendarios los del clan Iris no queremos dejar nada a la suerte. Si Ho-Oh decide aparecer estaremos listos para recibirle —El líder del clan Endrino asintió, algo más tranquilo después de reponerse de la sorpresa inicial.

—Eso me alivia, me alegra haber venido hasta aquí. Mi migraña se estaba volviendo insoportable, lo último que necesitaba era tener la cabeza llena de dudas y preocupación.

—Tranquilo, por suerte o por desgracia ya queda menos para que se vaya —dijo mientras se levantaba y agarraba el maletín—. Quédate a comer, tenemos mucho de lo que hablar y no solo de legendarios. Guardo esto y vuelvo.

—Está bien.

Shin salió de nuevo del salón pero se detuvo brevemente en cuanto llegó al pasillo. Alzó la mirada a las escaleras que llevaban al segundo piso, el cual se encontraba en penumbra, y entre las sombras vio un par de profundos ojos morados que brillaron en la oscuridad. Shin asintió, y el hombre que se encontraba arriba, el cual había oído toda la conversación, también lo hizo. Después de eso el anciano procedió a guardar el maletín a buen recaudo y volvió al salón como si nada.


Llevaba tiempo queriendo ponerla a prueba y, como no acababa de hacerlo, al parecer el destino decidió darle el empujón que necesitaba. En uno de sus viajes por los bosques del mundo se vio envuelto en un incendio devastador, el cual consiguió extinguir tras duras horas de lucha, pero eso estuvo a punto de costarle la vida. Por suerte, consiguió reunir la fuerza suficiente para teletransportarse al Encinar, con la esperanza de que podría curarse a él mismo con las ofrendas que había ahí, pero al llegar se dio cuenta de que no podía moverse. Tenía la mayor parte de su cuerpo quemado y el más mínimo movimiento hacía que una ola de dolor lo recorriera, así que no pudo hacer nada por sí mismo. Solo le quedó rezar y esperar que nadie pasara por ahí hasta que consiguiera recuperarse un poco.

¡Aaah!

Aunque, claro, desear que nadie pasara por un lugar de culto era como desear que le tocara la lotería. Escuchó que alguien se acercó corriendo a él y se agachó a su lado, preocupado, y esa preocupación superaba con creces el miedo que sentía al ver a una criatura en una situación tan grave. Él no quería que nadie le viera, pero estaba agotado y no tenía la energía necesaria para escapar, así que no le quedó otra que quedarse tendido en el suelo.

Pero… Esto… ¿Cómo te lo has hecho? —preguntó una dulce voz. Quienquiera que fuera estuvo a punto de acariciarle el brazo pero en el último momento se dio cuenta de que no era lo más inteligente del mundo al tener la piel en un estado tan crítico. Tras unos segundos en los que esa persona estaría debatiendo algo pareció tomar una decisión al respecto— Vale, no he tratado muchas quemaduras… Pero algo podré hacer.

La persona se levantó y se fue corriendo de allí. Celebi perdió la consciencia después de eso y no volvió a recuperarla hasta que pasaron un par de días. Le seguía doliendo todo pero al menos ya podía abrir los ojos, y al hacerlo se dio cuenta de que su visión estaba algo borrosa. Por suerte, esta fue mejorando con los minutos, y cuando la recobró del todo vio con el rabillo del ojo que a su lado había una persona arrodillada. Su primera reacción fue intentar huir pero todavía seguía estando bastante malherido como para hacerlo, así que no tuvo más remedio que quedarse ahí.

¿Ya estás mejor? —preguntó la persona al ver que estaba completamente despierto— Cuánto me alegro, no tenías muy buena pinta —Celebi echó un vistazo a los alrededores, visiblemente nervioso. La persona también lo hizo y pareció intuir qué es lo que quería comprobar—. Tranquilo, no se lo he dicho a nadie, solo estamos nosotros. A veces cuando estás enfermo quieres estar solo pero la gente te agobia y… Es un fastidio, ¿a que sí?

Esa voz le pareció sincera y, al prestar un poco de atención, también le resultó familiar. Al fin se animó a ver quien había sido su salvación y al hacerlo se llevó una sorpresa, pues se trataba de la niña a la cual llevaba un tiempo vigilando. Ella se sonrojó y pareció volverse un poco vergonzosa.

Seguro que no he tratado muy bien tus heridas, he hecho lo que he podido con lo poco que sé. Lo siento, todavía me queda mucho por aprender, pero a lo mejor algún pokémon del Encinar conoce algún movimiento que te pueda ayudar.

No fue necesario, él mismo pudo curarse, solo le hizo falta recuperar algo más de energía. Cuando se encontró mejor se fue tratando poco a poco y tras unas semanas volvió a ser el de siempre. La niña permaneció a su lado todo el rato y guardó su secreto, también le cambiaba de sitio cada poco y le escondía en los lugares más apartados del Encinar para que nadie pudiera dar con él. Celebi no pudo creerse la suerte que tuvo de que fuera ella quien hubiera dado con él, a su tierna edad había demostrado ser lo bastante empática para preocuparse por el Encinar y todos los que vivían ahí, lo bastante madura como para impedir que los nervios no la dejaran actuar y lo bastante sabia para saber como atender sus heridas, ¿qué mejor humana podía pedir como compañera?

El día que al fin se recuperó por completo voló alrededor de la niña lleno de felicidad y ella rio. Había superado sus expectativas con creces, después de aquello tuvo claro que era la indicada. Como muestra de su unión decidió darle un colgante, un colgante con un cascabel que sellaría su amistad y serviría para protegerla, pues el sonido del cascabel era capaz de calmar a los pokémon. Con él puesto ninguno le haría daño, así podría seguir cuidándolos sin arriesgarse a que le atacaran al ver que una desconocida se acercaba cuando estaban heridos. A partir de ese día se hicieron inseparables, siguieron viéndose y jugando a escondidas incontables veces y el vínculo que les unía solo crecía con el tiempo. Ella le cuidó cuando más lo necesitaba así que él decidió devolverle el favor, asegurándose de protegerla siempre que estuviera dentro de sus posibilidades.

Carol no sabría decir cuántos días llevaba allí, ni dónde estaba, pues apenas le permitían salir del dormitorio en el que la habían dejado, pero esa era la menor de sus preocupaciones. No dejaba de darle vueltas a lo sucedido, no paraba de preguntarse por qué Celebi había cumplido los deseos de Atlas y le había llevado, aparentemente, a donde él quería. Podría haberles dejado en otro tiempo y en otro lugar, unos en el que el líder en funciones no tuviera la ayuda de nadie y podría haber sido capturado, pero el pokémon acabó cumpliendo sus deseos. ¿Por qué? ¿Lo hizo por ella, para que Atlas no le hiciera nada? Eso no tenía mucho sentido ya que Celebi podría haberle hecho frente fácilmente…

Fuera la razón que fuera el guardián del Encinar no había querido responder de forma clara a sus preguntas, solo se limitaba a decir que era lo mejor para todos. Aun así no podía estar molesta con su amigo, primero porque confiaba en él y sabía que siempre hacía lo correcto, y segundo porque estaba haciendo todo lo posible para entretenerla y hacer su encierro mucho más llevadero. Todos los días le llevaba algo nuevo, ya fuera un libro, una consola con el último juego de moda o un reproductor de música con todo tipo de canciones animadas. Cuando estaba de humor los dos se ponían a bailar, y cuando no, se limitaba a ver al pokémon haciendo todo tipo de piruetas al son de la música. Además, también le llevaba todo tipo de comida en cuanto tenía un poco de hambre. Esos cuidados casi le hicieron olvidar la situación en la que se encontraba, pero por desgracia para el pokémon no fueron suficientes.

—Ayúdame a salir, Celebi.

No era la primera vez que se lo pedía, y no era la primera vez que se iba a negar, pero había un brillo en su mirada que le decía que no iba a aceptar el no como las otras veces. El pokémon miró a su alrededor, nervioso.

Carol, creo que es mejor que te quedes aquí, créeme.

—¿Por qué? Solo será una vuelta rápida. Quiero saber dónde estoy y dónde tienen a Zoah, quiero recuperar a mi amiga e investigar un poco. No es para tanto.

Celebi le miró fijamente durante unos segundos antes de desvanecerse. Cuando volvió a aparecer vio que llevaba en sus manos una cápsula roja y blanca muy familiar, la cual llevaba dentro a un pokémon todavía más familiar.

Ya está, aquí la tienes dijo mientras le daba la Poké Ball. Carol se sorprendió al tomar la Poké Ball de su compañera, ya le había pedido varias veces a Celebi que se la trajera pero siempre se había negado, ¿por qué se la daba ahora? ¿Cuando solo había insistido un poco más en que quería salir?

—Gracias, pero aun así quiero salir —dijo mientras sacaba a Zoah y se aseguraba de que estaba bien. El pokémon se acercó a su entrenadora y se restregó contra ella antes de separarse y comprobar que no le habían hecho nada a Carol. Celebi volvió a mostrarse nervioso.

Es que… detecto algo raro dijo mientras dirigía su mirada a la puerta. Es una presencia muy inquietante y poderosa.

—Seguro que puedes hacerle frente.

A lo mejor sí, o a lo mejor no, no lo tengo tan claro Celebi miró a Carol y le rogó con la mirada una última vez. Carol, por favor… Viendo la inquietud de su amigo al final ella se vio obligada a ceder.

—Vale, si te da tanto miedo no saldré —El pokémon dio un suspiro de alivio—. Pero ¿podrías decirme dónde estoy? Si no voy a poder salir al menos quiero saberlo porque siento que me estoy volviendo loca.

Vale, vale. Te lo diré.

Celebi se acercó a ella pero se detuvo abruptamente cuando estuvo a escasos centímetros de distancia. El pokémon dio una vuelta sobre sí mismo y se dispuso a inspeccionar cada punto de la habitación, como si hubiera notado algo raro y quisiera asegurarse de que ahí dentro no había nada ni nadie más.

—¿Qué pasa?

Nada.

El temor en su voz no pasó desapercibido para la joven, pero ella no le presionó. Celebi le miró a los ojos y ella le miró a él, y en ese mismo momento vio a otra criatura aparecer justo detrás del guardián del Encinar. Fue durante unos segundos, y no pudo verla bien, pero su mera presencia hizo que se estremeciera tanto que se le cayó la Poké Ball de Zoah al suelo. Al ver su reacción Celebi se asustó.

¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Lo has visto? preguntó mientras se ponía delante de ella y adoptaba una postura defensiva. Así que lo que he sentido es verdad, ha entrado comentó mientras creaba una barrera. Protección.

—Celebi, ¿q-qué-?

Habrá detectado que he ido a por Zoah. Tch, no se le escapa ni una, ya sabrán que tienes a tu pokémon aunque con eso de su parte les dará igual. La joven no entendió nada de lo que dijo. Celebi se dio la vuelta y, por primera vez en su vida, le dedicó una mirada severa. No te voy a decir lo que es, es mejor que no lo sepas, y también sería ideal que no volvieras a pensar en salir de aquí, ¿me has entendido?

Carol estaba temblando. Los ojos de aquella criatura se habían quedado grabados a fuego en su cabeza, desprendían un enfado y un odio que no había visto nunca antes, y eso que había pasado la mayor parte de su vida en el Team Rocket. No había podido distinguir su figura pero tenía claro que era la primera vez que veía algo así, y esperaba que también fuera la última. La expresión de Celebi se endulzó, no había querido ser tan brusco con ella, pero la presencia de aquella criatura le inquietaba y no quería que nada malo le pasara a Carol.

Lo siento dijo mientras se acurrucaba en el pecho de la joven. A ella le costó responder pero acabó por darle un abrazo.

—No pasa nada, no es tu culpa.

Pero debería haber tenido más tacto Tras unos segundos Celebi se separó y deshizo la barrera al sentir que aquella criatura ya no se encontraba cerca. ¿Bailamos?

—Baila tú —dijo en un susurro. Todavía tenía el susto en el cuerpo y dudaba que esa noche fuera a conciliar el sueño, ni las piruetas que hacía Celebi eran capaces de calmarla por completo. Zoah se acurrucó a su lado y Carol le acarició, al menos se sentía un poco mejor gracias a ellos, pero esas muestras de afecto no fueron suficientes para borrar por completo esa mirada de su mente. Celebi tendría que darle las gracias a la misteriosa criatura, pues por su culpa no le volvieron las ganas de querer salir de aquel cuarto durante un buen tiempo.


(Grytherin18-Friki: la Ruta Helada es una zona que de normal se suele complicar un poco porque tienes que saber cómo deslizarte para llegar al lugar que necesitas, le quité parte de la dificultad que le dan los juegos incluyendo a Sakura para hacerlo más ameno porque sino sería muy mecánico y no quería hacerlo tan aburrido. Ya veremos si los rivales son capaces de obtener la octava medalla.

nadaoriginal: de hecho tenía planeada una escena más para ese capítulo, pero estaba muy espesa y me costó un montón acabarlo, y como no quería que se os hiciera muy largo la quité. Fue cuando me di cuenta de que necesitaba más tiempo para hacer mejor los capítulos, espero que el de hoy os guste.

danielapmatute: te puedo asegurar que la batalla será bien ruda e intensa, ya estoy trabajando en ella y tengo ganas de compartir el resultado final.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).