La suave caricia de la brisa de Ciudad Olivo le hizo sonreír. Después de los últimos meses había olvidado lo que se sentía al estar en paz en el puerto, mirando el mar, dejando la mente en blanco mientras permitía que la corriente se llevara todas sus preocupaciones. Aunque sabía que no podía tardar mucho en volver a la rutina, agradecía tener unos minutos de tranquilidad antes de volver al estrés del día a día.
—Así que esto no se ha acabado, ¿eh? —preguntó una voz masculina tras ella. La sonrisa de Yasmina se volvió algo triste.
—No, parece que solo fue el comienzo del final.
Aníbal se apoyó en la barandilla en la que se encontraba su compañera. Ella vio el reflejo que se formó en la superficie del agua cuando se acercó, el cual se deformaba cada vez que las olas pasaban sobre este.
—Al menos ahora estamos preparados —dijo mientras veía como los barcos volvían al puerto, aunque hacía poco que habían salido a faenar. El ceño de la líder se frunció casi imperceptiblemente.
—No, no lo estamos —dijo con un deje de amargura—. Tenemos una ligera idea de su plan pero no sabemos cómo atacarán, ni cuándo, ni dónde. Ciudad Trigal todavía se está recuperando y Blanca… —Su ánimo decayó junto al tono de su voz— Está empezando a tener pesadillas y flahsbacks de su secuestro. La he visto esta mañana y tiene un aspecto horrible.
—Por lo que tengo entendido, muchos ciudadanos se encuentran en una situación similar —comentó el líder de Ciudad Orquídea, inquieto—. Ha sido una experiencia traumática para todos.
Yasmina no dijo nada, pues prefería guardarse sus temores para sí misma. Pasaron unos agradables minutos en silencio hasta que unos susurros agitados hicieron que Aníbal dirigiera su mirada a la costa.
—¿Crees que sospechan algo? —preguntó mientras vigilaba a los civiles que veían con curiosidad el regreso de los barcos.
—Puede. No es normal que la flota se retire tan pronto, algo se olerán —contestó ella sin apartar los ojos del mar—. Pero las órdenes son claras; debemos mantener despejado el camino a las Islas Remolino y vigilar que nadie se acerque.
—Lo que indica que el momento se aproxima —comentó Aníbal con una mezcla de emoción y preocupación mientras alzaba la vista y se fijaba en el cielo. Costaba un poco de ver desde ahí pero fue capaz de divisar, a lo lejos, que un grupo de nubes blancas se aproximaba lentamente a las mencionadas islas—. Casi puedo oír el tic-tac que nos empuja al enfrentamiento final.
—¿Cara o cruz?
—Cruz.
—Cara.
Lance asintió y lanzó la moneda al aire. Era una mañana fría y nublada en Ciudad Endrino, como cualquier otra, y el trío de jóvenes había decidido levantarse temprano porque ese era el día que los dos rivales tenían pensado retar a la líder, y querían que les diera tiempo a hacerlo a los dos en la misma jornada. Por desgracia, no lograban ponerse de acuerdo con el orden de los turnos, así que prefirieron dejar que el azar lo decidiera mediante una mano inocente para evitar futuros reproches. La moneda que lanzó el domadragón dio un par de vueltas en el aire y cayó al suelo con un sonido metálico, fue algo que duró unos segundos, pero a los dos rivales se les hizo eterno. En cuanto esta dejó de girar se agacharon rápidamente, para ver cual había sido el resultado que marcaba el orden.
—Cruz, qué bien —dijo Lira de forma sarcástica. Silver se levantó sin decir nada—. No sé si alegrarme o fingir que tengo un catarro.
—Te toca a ti, ¿no? —preguntó Eco. Ella asintió— Qué bien, así te lo quitas de encima.
—Lo dices como si no fuera nada —se quejó con un suspiro. Normalmente se moriría por combatir, pero le estaba costando mucho encontrar las ganas teniendo en cuenta quien era su contrincante y el poco aprecio que le tenía.
—No es para tanto. Ningún entrenador ha acabado en urgencias todavía —comentó Lance con una sonrisa, pero su intento por animar a los dos no fue muy bien recibido. Lira pareció ponerse más nerviosa y Silver desvió la mirada—. Venga, no os pongáis así. Tampoco os va a comer.
—Yo no lo tendría tan claro —susurró la joven mientras empezaba a subir la cuesta que llevaba al gimnasio, pero alguien le agarró del brazo e hizo que se detuviera en seco. Se dio la vuelta algo sorprendida y vio que quien lo había hecho era Eco.
—Oye, seguro que puedes con ella. Si sigues de una pieza después de todo lo que has hecho durante tu viaje conseguirás derrotarla —dijo mientras levantaba un pulgar y le dedicaba una sonrisa radiante—. Recuerda lo que te he dicho, aprovecha su punto débil y ve a por todas. Cabeza fría.
—Sí. Cabeza fría —repitió ella devolviéndole la sonrisa—. Seguro que puedo.
—Ese es el espíritu.
Cuando los cuatro estuvieron preparados empezaron el trayecto para llegar al gimnasio. Lira aprovechó ese tiempo para poner en marcha el consejo de Eco y enfriar su cabeza, algo que no le pareció tan fácil a pesar de encontrarse cerca de la Ruta Helada. Clavó las uñas en la palma de la mano e intentó ignorar los malos pensamientos, aunque no pudo evitar dejarse llevar por alguno de ellos, y justo cuando estaba empezando a cambiar de mentalidad y darse ánimos vio que ya habían llegado. Se dijo que no podían haber llegado tan rápido, pero por mucho que quisiera retrasar el momento no podía negar lo evidente.
—Eco, dile a mi madre que la quiero —dijo con solemnidad. El joven asintió seriamente y Silver rodó los ojos, antes de ponerse detrás de su rival y agarrarle los hombros con firmeza.
—Deja de quejarte y entra de una vez, que es para hoy —dijo mientras le daba, literalmente, el empujón que necesitaba. La joven logró mantener milagrosamente el equilibrio, aunque entró trastabillando, y le habría cantado las cuarenta a su rival si no fuera porque Débora se encontraba justo ahí, mirándole de brazos cruzados como si hubiera cometido el peor de los crímenes, con gotas de sudor bajándole por las sienes. Lira tuvo que ahogar un grito al verla, pues no pensó que estaría esperando en la entrada, y tal fue el susto que le dio que no reparó en el asfixiante calor que hacía ahí dentro.
—Mi primo dijo que vendríais hoy. ¿Quién es el primero? —preguntó la líder en un tono autoritario mientras alternaba la vista entre los dos rivales. Lira levantó la mano tímidamente.
—Yo —contestó con la poca calma que fue capaz de reunir. Los ojos de la líder se fijaron en ella en cuanto respondió, como si fuera una cazadora acechando a su presa.
—Muy bien, empecemos —dijo mientras le agarraba del brazo y le daba un fuerte tirón—. Vamos a combatir ahora para ver si de verdad tienes lo que hay que tener.
—Tampoco te pases —le dijo Lance advirtiéndole con la mirada, pero Débora se mantuvo impasible.
—Me pasaré lo que me tenga que pasar, que para algo es mi gimnasio —contestó con la misma frialdad que reflejaban sus ojos—. Esperad aquí, será un enfrentamiento breve.
Con eso dicho la líder tiró de nuevo de Lira y la arrastró al interior del gimnasio. El hombre de los consejos no dijo nada, y la joven entrenadora tampoco, aunque le extrañó ver que se desviaban hacia la izquierda en vez de seguir el camino que tenían enfrente, pero no le apetecía molestarla cuestionando sus acciones así que se mantuvo en silencio.
—Esto… Débora.
Por suerte o por desgracia, uno de los entrenadores del gimnasio sí se atrevió a decirle algo. La líder fijó su mirada en él y este tragó saliva antes de juntar el valor necesario para dirigirse a su superior, siendo consciente de la tremenda reprimenda que estaba a punto de recibir.
—Erm, no me quiero entrometer pero según las normas… no debería… ya sabes, luchar primero contra noso-
—¡QUÉ TE HACE SIQUIERA PENSAR QUE TENÉIS UNA OPORTUNIDAD! ¿¡NO VÉIS QUE LUGIA SE HA FIJADO EN ELLA Y EN VOSOTROS NO SE FIJA NI VUESTRA MADRE, PANDA DE PALETOS!? ¡VOLVED A VUESTROS PUESTOS Y A CALLAR!
Su rugido resonó por todo el gimnasio y de repente a Lira no le pareció una idea tan mala dejar el desafío de la Liga ahí mismo. Débora presentaba la ferocidad del tipo que entrenaba y algo le decía que iba a sudar para tener que conseguir su medalla, dejando la cuestión del calor aparte. El entrenador asintió y volvió corriendo a su puesto, dejando que la líder se acercara finalmente a una especie de teletransportador que llevó a las dos a la otra punta del gimnasio, donde se encontraba el campo de batalla. Débora soltó a Lira en uno de los extremos y ella se fue al otro, y fue entonces cuando la joven pudo apreciar la arquitectura del gimnasio.
Grandes piscinas de lo que parecía ser lava inundaban el lugar, y para que la gente pudiera desplazarse a pesar de ellas, había un par de plataformas de piedra que le permitía a los entrenadores andar libremente. Una serie de columnas con forma de colmillo impedían que cualquiera pudiera caerse a ellas, pues por el calor que emanaban no debía ser una experiencia muy agradable acabar ahí dentro. El lugar tenía un aura poderosa e imponente, digna de ser el último desafío antes de poder retar al Alto Mando. Lira se quedó mirando las piscinas con temor y curiosidad, y al final no pudo evitar formular la pregunta que no paraba de rondarle por la cabeza.
—¿E-es lava de verdad?
—¿Quieres comprobarlo?
No volvió a abrir la boca. Los líderes a los que se había enfrentado parecían ser buenas personas, incluso Fredo mostró su lado amable con ella al final, pero Débora parecía otra cosa. Estaba frente a ella, de brazos cruzados y con una mirada capaz de doblegar la voluntad de cualquier dragón. La luz de la lava le daba un toque dorado a su largo pelo azul recogido en una coleta alta, y a su traje ceñido de dromagadón negro e igualmente azul. Cuando empezó a fijarse en más detalles se dio cuenta de que tenía una gran cicatriz a lo largo de su pierna izquierda, lo que acabó de dejarle claro que la ruta para convertirse en domadragón era una muy dura, pues todavía recordaba aquella que Lance tenía en la palma de la mano. Débora también le miró de arriba abajo, pero con desdén, y soltó un bufido de desaprobación al final.
—Mira, bonita, puede que hayas conseguido engañar a todos. Puede que hayas conseguido engañar a los líderes, puede que hayas conseguido engañar al Team Rocket, puede que hayas conseguido engañar a Morti, a su abuelo y al mío. ¡Hasta puede ser que hayas engañado a mi primo! ¡Y a ti misma! —exclamó sobresaltada, aunque se calmó un poco antes de volver a hablar— Pero a mí no me engañas, no me creo que alguien como tú vaya a ser la Elegida. Se nos pide a los líderes que luchemos con neutralidad y que lo demos todo, pero con moderación. Contigo no me voy a moderar, ni voy a ser neutra, voy a ir con todo porque el futuro de mi región está en tus manos y no me fío —dijo mientras entornaba los ojos y se llevaba una mano al cinturón para agarrar una Poké Ball—. Perdiste cuando más falta hacía ganar, por eso no puedo verte como la gran entrenadora que todos dicen que eres, así que voy a combatir como si fueras mi peor enemiga, como si nunca hubieras tenido que empezar tu viaje, para ver si de verdad tienes lo que hay que tener. Te pienso machacar y voy a hacer que vuelvas con el rabo entre las piernas al pueblucho del que provienes, ese del que nunca debiste salir. ¿Quieres ser la Elegida? ¡SUPERA MI BARRERA DE DRAGONES! ¡GYARADOS!
No, otra vez no.
Una gran serpiente azul surgió de la Poké Ball de la líder, dando un rugido que hizo temblar el gimnasio en su totalidad. Sus ojos desprendían el mismo brillo de ira y determinación que su entrenadora, así que si ese no hubiera sido un combate por la octava medalla, con todo lo que eso conllevaba, tal vez habría encontrado gracioso que Gyarados y Débora tenían la misma cara cuando estaban malhumoradas. Pero ese era su último enfrentamiento de gimnasio antes de tener la oportunidad de poder enfrentarse al Alto Mando, y las dos estaban enfadadas con ella, por eso más que divertido aquello le pareció aterrador.
—Lo siento por ti, porque esto es completamente personal. ¡Furia dragón!
Gyarados echó su cabeza hacia atrás y lanzó un potente rayo que pasó peligrosamente cerca de Lira. La entrenadora se cubrió la cara y esperó a que pasara la onda expansiva para bajar los brazos, el ataque había sido de una magnitud tal que estaba segura de que había dejado algún agujero en la pared del gimnasio. Se habría dado la vuelta para comprobarlo, si no fuera porque se había quedado en shock ante lo que acababa de vivir.
—¡Pero espera a que saque a mi pokémon!
—¡Tardas mucho! ¡Date prisa o le doy otra orden! —Por su expresión parecía que iba en serio. Lira recordó las palabras de Lance, aquellas que decían que ningún entrenador había acabado en urgencias, y también recordó la famosa frase que decía que había una primera vez para todo. No sabía a cual de las dos hacerle más caso.
—¡Está bien! —gritó mientras agarraba la Poké Ball de su compañera y la lanzaba con fuerza para que se materializara rápidamente en el campo de combate. Ella apareció en cuanto la cápsula se abrió, lista para darlo todo— Ampharos, ¡carga!
—¡Furia dragón!
Ampharos se envolvió en una corriente de electricidad al mismo tiempo que Gyarados disparaba un rayo lleno de rabia en su dirección. Dicho rayo le dio en el pecho y le sacó el aire de los pulmones, lo que le dejó algo aturdida durante un par de segundos.
—¡Ampharos! ¿Estás bien? —preguntó Lira, preocupada. Ampharos asintió— Menudo golpe… Tenemos que pasar ya a la ofensiva. ¡Chispazo!
—¡Furia dragón!
Ampharos creó una bola de electricidad y se la lanzó a Gyarados, pero esta se esfumó en cuanto el rayo la atravesó, y este le volvió a dar en el pecho de nuevo. Ampharos retrocedió y acabó en los brazos de Lira, quien no tardó en inspeccionar si se encontraba bien para continuar, pero su pokémon no tenía ninguna intención de rendirse tan rápido así que se levantó y volvió al campo de combate.
—Guau, qué fuerte —comentó Débora de forma sarcástica—. Ya empiezo a entender por qué tienes a todos encandilados, está clarísimo. ¡Furia dragón!
—¡Esquiva!
Ampharos logró esquivar el rayo pero este pasó muy cerca de Lira de nuevo. Ella se cubrió la cara, la onda expansiva que se formó cuando el ataque acabó en la pared del gimnasio hizo que estuviera a punto de salir despedida, pero logró mantenerse clavada en el sitio usando todas sus fuerzas. No tenía pensado darle el gusto a Débora de verle perder la compostura.
—Escucha, si quieres derrotarme más te vale tener algo más que la compatibilidad de tipos a tu favor. ¿Crees que sería la octava líder si fuera tan fácil vencerme? —preguntó mirándola intensamente. Lira pensó, tal vez si conseguía distraerla con una conversación podría aprovechar un descuido y asestarle un golpe, tal y como le había dicho Eco. La joven dejó de cubrirse y enderezó su postura.
—No, está claro que Lance y tú- —Error. Al oír el nombre de su familiar los ojos de la líder se abrieron en una mirada cargada de rabia que igualaba la fiereza del ataque de su pokémon.
—¡No nombres a mi primo! ¡Furia dragón! —Gyarados volvió a lanzar un rayo pero Ampharos logró esquivarlo de nuevo. Lira se secó el sudor de la frente, el calor que hacía en el gimnasio estaba empezando a sofocarla y más teniendo en cuenta que llevaba el abrigo encima. Eso podría impedirle pensar con claridad más tarde, así que intentó idear una estrategia en su cabeza mientras la tenía despejada.
—Está bien, no lo haré —dijo tranquilamente mientras se quitaba el abrigo y lo dejaba en el suelo. Cabeza fría. Lo que daría ella por tenerla fría literalmente. Por primera vez se fijó con detenimiento en Gyarados e intentó extraer información útil, como que a pesar de verse tan grande y amenazadora se encontraba fuera de su hábitat y eso le impedía moverse con libertad. No había agua en el campo de combate, eso hacía que se desplazara de forma muy lenta, de hecho todavía no le había visto desplazarse en todo el combate. Si lograba hacer que Ampharos se le acercara… —. Hablaremos solo de ti.
—No tengo nada que hablar contigo. ¡Furia dragón! —Ampharos esquivó el ataque pero para eso tuvo que retroceder de nuevo al lado de Lira. Ella se frustró por haber tenido que volver hacia atrás pero su entrenadora se acercó a su oído y le susurró algo. Ella asintió y volvió a fijar su mirada en su contrincante, lista para seguir con su labor.
—Pero si has sido tú quien me ha hecho una pregunta, yo solo iba a responderte.
—Ya está, además de fuerte también eres una listilla. ¿Qué sigue? —Ampharos empezó a correr por el lado izquierdo del campo de combate, procurando que Gyarados se encontrara entre ella y Débora en todo momento para que la líder no la viera avanzar— ¿Has oído hablar de las preguntas retóricas?
—Pensé que querías iniciar una conversación —Débora echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada que se pudo oír por todo el gimnasio.
—Y por qué querría yo hablar contigo. ¡Gyarados! —La serpiente marina centró su mirada, pero al hacerlo vio que su contrincante ya no se encontraba donde estaba la última vez. Al no verla por ninguna parte empezó a mirar hacia ambos lados frenéticamente, pero lo único que le dio tiempo a captar fue una mancha amarilla a su derecha. Lira cerró las manos.
—¡Puño trueno!
Ampharos dio un gran salto mientras cargaba su brazo de electricidad. Cerró su mano en un puño y, cuando tuvo el ataque cargado y se encontraba en el punto más alto, le dio un puñetazo en toda la mejilla a Gyarados. La serpiente marina cayó al suelo desplomada, levantando una polvareda de humo al hacerlo y llenando el gimnasio del sonido que hizo al precipitarse de una manera tan aparatosa.
—¡Gyarados! —La serpiente convulsionó después de recibir el golpe, y se pudo apreciar que varias chispas empezaron a surgir de su cuerpo, aunque no fueron suficientes para que se llegara a quedar del todo paralizada. La sonrisa de Débora se borró, y su mirada pasó a expresar una mezcla de asombro, preocupación e irritación a partes iguales en tiempo récord— ¡Cómo te atreves! —exclamó mientras miraba a Lira más enfadada que nunca. En otras circunstancias la entrenadora se habría sentido intimidada bajo su mirada, pero combatir le llenaba de una energía y confianza que le impedían venirse abajo frente a ella, así que no le costó plantarle cara.
—¡Es un combate! ¡Yo no me he quejado cuando has dejado a mi pokémon sin aire! —dijo molesta. Débora se sorprendió al ver que le contestaba, lo que lejos de bajarle los humos le encendió todavía más.
—¡Encima me respondes!
—¡Eres tú la que me habla!
—¡Cállate! —exclamó en un rugido que se pudo oír por todo el gimnasio, al mismo tiempo que daba un pisotón con tanta fuerza que estuvo a punto de partir el tacón de su bota. Gyarados había conseguido reincorporarse en el tiempo que habían estado hablando y Débora se moría por continuar con el combate para darle una lección a Lira, así que no tardó en volver a darle una orden— ¡Furia dragón!
—¡Chispazo!
Gyarados lanzó su rayo y Ampharos su bola de electricidad, pero en vez de dirigirla a su adversario, la lanzó hacia arriba. Esta estalló, cegando a todas las presentes, y ni Gyarados ni Débora supieron lo que estaba sucediendo hasta que la serpiente marina sintió que le dieron otro puñetazo electrificado en el estómago que le hizo soltar el aire de sus pulmones. Cuando los restos de chispazo desaparecieron y la líder pudo ver con normalidad no le agradó darse cuenta de que había sido una distracción para poder darle un golpe a Gyarados. Iba a volver a gritar, pero se dio cuenta de que Ampharos estaba muy cerca de su pokémon, y decidió usar eso a su favor.
—¿Sabes lo que te digo ahora? Que ya me he cansado de tus truquitos —dijo tranquilamente mientras chasqueaba los dedos. Al oír la señal Gyarados envolvió rápidamente a Ampharos con su cola en un agarre del que no pudo escapar, no solo porque la serpiente era fuerte, sino porque al atrapar a Ampharos se había asegurado de impedir que sus brazos quedaran fuera para que no pudiera darle más puñetazos. Los ojos de Débora se volvieron fríos pero, al mismo tiempo, brillaron en ellos una llama que clamaba venganza—. La primera parte se acaba aquí. ¡Furia dragón!
—¡Chispazo! —Pero Lira no se iba a rendir tan fácilmente, no ante ella y no después de todo por lo que había pasado. A Ampharos no le hacía falta brazos para emplear todos sus ataques así que no detuvo la ofensiva y creó la bola de electricidad. Por desgracia, solo cuando la joven dio la orden se dio cuenta de que los dos ataques chocarían irremediablemente. Y que estos generarían una gran onda expansiva. Y que Débora se encontraba justo al lado de ellos sin un lugar en el que poder ponerse a salvo— ¡Cuidado! —gritó mientras alargaba su brazo hacia la líder, pero el choque tuvo lugar y Lira se vio obligada a cubrirse. La colisión hizo que el gimnasio temblara y durante lo que eso duró no se atrevió a moverse, pues temía perder el equilibrio o ser víctima de los posibles daños que pudiera sufrir la infraestructura— ¡Débora!
La líder se encontraba agachada, cubriéndose con su capa. Cuando sintió que el temblor ya había pasado se levantó lentamente y se descubrió, revelando que estaba en perfecto estado y no había sufrido ningún daño. Lira se llevó una mano al pecho y suspiró, sin darse cuenta de que había estado conteniendo la respiración hasta ese momento.
—Como domadragón he vivido cosas mucho peores en mi entrenamiento —comentó en un tono sorprendentemente serio y carente de emoción—. Si vas a dedicar tu vida al tipo dragón tienes que preparar tu cuerpo para lo peor —dijo mientras miraba el campo de batalla. Lira también lo hizo y vio que Gyarados se encontraba fuera de combate, al igual que Ampharos. Ambas estaban tumbadas e inconscientes, y su pokémon seguía envuelta por la cola de Gyarados, aunque el agarre era muy flojo debido al estado en el que se encontraba la serpiente. Débora frunció el ceño y retiró a su pokémon, Lira hizo lo mismo sintiéndose preocupada. Había visto a su equipo debilitado en varias ocasiones pero esa era la primera que veía a Ampharos tan malherida. Normalmente ellos se moverían un poco o intentarían abrir los ojos para que se quedara tranquila pero ella se había quedado completamente inmóvil, no había hecho ningún movimiento, así que esperaba que eso no significara nada malo. Débora se peinó un mechón de pelo que se había quedado en su frente por el efecto de la onda expansiva y se llevó una mano al cinturón, sin verse tan afectada como Lira, tal vez porque ella estaba más acostumbrada a los combates de ese tipo—. Esto solo ha sido el principio, espero que estés lista para lo que se viene. ¡Dragonair!
Al apretar el botón de una de sus Poké Balls, un gran pokémon majestuoso con forma de serpiente azul y vientre claro se materializó frente a ella. El cuerno de su frente y las pequeñas alas de su cabeza también eran blancas, además, tenía tres esferas azules repartidas por el cuerpo, una en el cuello y dos al final de la cola. Lira se quedó cautivada por la belleza y la elegancia de aquel pokémon, el cual desprendía un aura muy poderosa, pero no tardó en recordar el lugar en el que estaba y lo que debía hacer, así que con una mano acarició su siguiente Poké Ball y la tomó delicadamente entre sus dedos.
—Adelante, Togetic —dijo mientras la lanzaba y su compañero aparecía en el aire. Este dio una pirueta y centró su mirada en Dragonair—. Debemos tener cuidado, es la primera vez que nos enfrentamos a un tipo dragón —Togetic asintió sin apartar la vista de su contrincante, esperando con paciencia las órdenes de su entrenadora.
—¡Onda trueno!
—¡Velo sagrado!
Togetic creó una fina capa de luz a su alrededor que inhibió las ondas que dirigió Dragonair en su dirección, lo que le libró de sufrir sus adversos efectos. Débora bufó y se cruzó de brazos.
—Vaya, escondiéndote, como siempre. Luego cuando las cosas se calmen saldrás para reclamar la victoria, aunque en verdad no has hecho nada y es tu compañero quien se ha sacrificado y te lo ha puesto todo en bandeja —Lira no entendió a que vino ese comentario por parte de la líder. Parecía estar genuinamente molesta, pero no porque Togetic se hubiera protegido, era como si ese acto le hubiera recordado una situación que le irritaba.
—¿De qué hablas?
—Sabes muy bien de lo que hablo. ¡Pulso dragón! —De la boca de Dragonair salió una bola de energía morada más poderosa que el rayo de Gyarados, que pareció contener toda la ira de su entrenadora. Esta le dio a Togetic e hizo que el pokémon cayera al suelo de espaldas, Lira quiso ir a ver si estaba bien pero él se sentó lentamente y la miró para indicarle que no tenía de qué preocuparse. La joven suspiró y miró a Débora, ya podía contestar tras asegurarse de que su pequeño no estaba muy malherido.
—No, no sé de lo que hablas y ¡no sé por qué te caigo tan mal si apenas nos conocemos! —gritó dejándose llevar un poco por los nervios. El calor del gimnasio contribuía a que se alterara con más facilidad, por mucho que intentara tranquilizarse la sensación de agobio y el sudor que le bajaba por todo el cuerpo le complicaban la labor, era un factor que ni ella ni Eco habían tenido en cuenta. Débora debería de haber estado más calmada, ya que no iba tan abrigada como Lira, pero lo cierto era que se veía tan alterada como la entrenadora de Pueblo Primavera.
—¡Sé todo lo que tengo que saber de ti! ¡No necesito escuchar tu palabrería! —vociferó mientras extendía el brazo y señalaba el pokémon de la joven, volviendo a centrarse en el combate— ¡Dragonair!
—¡Togetic! ¡Esquiva! —Togetic alzó el vuelo en el último segundo y esquivó el pulso dragón por los pelos. Se quedó dando un par de vueltas en el aire hasta que Lira decidió dar la siguiente orden— ¡Poder pasado!
—¡Esquiva!
Para sorpresa de Lira, la forma en la que Dragonair esquivó el movimiento no fue reptando, fue volando. Las pequeñas alas de su cabeza se volvieron más largas, con lo que consiguió alzar el vuelo, por lo que las rocas acabaron estrellándose en el suelo. Débora sonrió satisfecha al ver la cara de sorpresa que se le quedó a la retadora.
—Seguro que no sabías que podía hacer eso —dijo orgullosa—. Los pokémon de tipo dragón son todo un misterio para entrenadores corrientes y molientes. ¡Pulso dragón!
—¡Esquiva!
Dragonair se acercó a Togetic a toda velocidad para poder lanzarle el ataque sin darle la oportunidad de esquivarlo, y así fue, porque fue incapaz de evitar la ofensiva. Cayó de nuevo al suelo y esa vez no se levantó, hizo el amago de querer sentarse varias veces pero no tardaba en volver a tumbarse. Lira se mordió el labio inferior mientras se secaba la frente, intentando mantener la calma.
—Vamos, levanta, sé que puedes —susurró con la esperanza de darle ánimos. Parecía que Togetic no iba a moverse, pero tras descansar durante unos segundos logró sentarse poco a poco. Él miró a su entrenadora y asintió—. Eso es, ahora alza el vuelo —Al hacerlo una mueca de reprobación apareció en el rostro de Débora. La líder se cruzó de brazos y negó con la cabeza, sintiéndose desencantada con lo que acababa de presenciar.
—Este combate me está permitiendo ver que no me equivocaba contigo, no sé si alegrarme o decepcionarme todavía más. ¡Dragonair!
—¡Paranormal! —Los dos pokémon lanzaron sus respectivos ataques y ambos fallaron. Aunque su dragona no dio en el blanco, Débora sonrió al ver que Togetic también falló, cosa que no dudó en remarcarle a Lira.
—Vaya, mira tú por dónde. Si no está en condiciones de seguir combatiendo deberías retirarle para ahorrarle el sufrimiento —Pero la joven entrenadora no parecía frustrada por lo sucedido, ni siquiera un poco molesta. No, en vez de eso se la veía bastante seria y concentrada, algo que descolocó a la líder de gimnasio.
—No era para ella —dijo mientras señalaba el campo de combate, el suelo concretamente—. ¡Ahora!
Togetic alzó los brazos, y Débora vio demasiado tarde que su objetivo real habían sido las rocas de antes, no su pokémon. Estas se vieron envueltas por una luz verde y ascendieron al mismo tiempo que los brazos de Togetic y, antes de que la líder pudiera avisar a Dragonair, acabaron en su espalda. La dragona se vio forzada a bajar por la fuerza del impacto, que la dejó retorciéndose malherida en el suelo por la brusquedad del golpe. La líder cerró las manos en dos puños y comenzó a temblar de rabia.
—Tú y tus sucias artimañas —susurró indignada—. Eres más vil de lo que pensaba.
—No hay ninguna norma que diga que siempre hay que atacar de frente, tú también puedes emplear esas estrategias.
—¿Ahora me vas a decir cómo tengo que combatir?
—¡No te he dicho nada! ¡Solo lo estaba comentado!
—¡Pues deja de comentar, que no te he pedido consejo! —Durante el tiempo que estuvieron discutiendo Dragonair se recuperó y volvió a alzar el vuelo. Togetic no la estaba mirando y Lira tampoco, pero su entrenadora no le había quitado el ojo de encima en ningún momento, así que en cuanto vio que se encontraba bien le dio otra orden— ¡Dragonair!
—¡Togetic! —gritó Lira para alertarle, pero fue demasiado tarde. Togetic recibió el ataque de lleno y cayó por última vez al suelo, pues ese pulso dragón le quitó la poca vitalidad que tenía para seguir combatiendo. Lira atravesó corriendo el campo de combate para arrodillarse a su lado y comprobar su estado, y no pudo evitar estremecerse al ver que había quedado igual que Ampharos.
—Ya está, tranquilo. No te fuerces más, lo has hecho de maravilla —susurró antes de darle un beso en la mejilla y retirarle tras felicitarle por un trabajo bien hecho. Esa vez había sido ella la que se había dejado distraer por la discusión; podía ser una buena arma, pero si no la manejaba con cuidado también podía volverse en su contra. Cabeza fría. Cabeza fría. Lira meneó la cabeza y agarró su siguiente Poké Ball, tenía que procurar no entrar en el trapo pero el calor del gimnasio le irritaba y le hacía más propensa a contestar. Eso le hizo pensar que no le vendría nada mal refrescar un poco el ambiente—. ¡Feraligatr!
Su pokémon salió dando vueltas y creando una pequeña ola que le ayudó a combatir los efectos de las altas temperaturas. Al aterrizar le sonrió y ella sonrió de vuelta, él siempre sabía lo que ella necesitaba sin que tuviera que decirle nada. Hacía tiempo que las palabras dejaron de ser necesarias entre ellos dos.
—El mastodonte —susurró Débora con los ojos brillándole de emoción al ver que el reptil era el próximo en escena—. También he oído hablar mucho de él, tengo ganas de ver de qué pasta está hecha. ¡Pulso dragón! —Dragonair lanzó su ataque pero, en vez de esquivarlo, Feraligatr sacó pecho y decidió recibirlo de lleno. Débora alzó una ceja, él mostró sus colmillos con alegría y Lira se encogió de hombros mientras sonreía tímidamente.
—Le gusta presumir de su resistencia, pero no volverá a hacerlo porque en este combate no nos conviene recibir daño a lo tonto. ¿A que no? —Feraligatr negó con la cabeza y se puso a cuatro patas— Eso pensaba. ¡Colmillo hielo!
Al oír la orden el tipo agua se impulsó con sus piernas traseras, llegando más rápido a Dragonair de lo que ella y su entrenadora esperaban. El reptil inmovilizó a la dragona en el momento en que sus colmillos se vieron envueltos por una fina capa de hielo y, antes de que ella pudiera escapar gracias a su escurridiza piel, Feraligatr le dio un mordisco helado. Dragonair chilló y se revolvió en sus fauces pero no quedó libre hasta que el tipo agua lo quiso, momento en el que Débora arrugó su nariz en una mueca de desagrado.
—Tan desalmado como su entrenadora, que de nuevo ha tenido que recurrir a la compatibilidad de tipos. Todavía estoy esperando a que aparezca la chica de la que todo el mundo habla.
—Y yo todavía estoy esperando a que me digas qué he hecho mal —se quejó Lira, lo que hizo que la líder la mirase extrañada.
—Ya no sé si eres tonta o te lo haces pero poco me importa. ¡Pulso dragón!
Dragonair acumuló energía en su boca para cargar su ataque y lanzárselo a Feraligatr, pero el reptil pudo esquivarlo hábilmente. Lira se fijó en que a Dragonair le costaba mantenerse erguida, el ataque de Togetic había dañado su espalda considerablemente y el de Feraligatr le había dejado temblando, tal vez podría derrotarla con otro colmillo hielo. Sin embargo, aunque por fuera estaba malherida, su mirada le indicaba a Lira que por dentro su espíritu de combate ardía con fervor, haciendo alarde de una voluntad inquebrantable. No iba a perder tan fácilmente, y tratándose del último gimnasio la entrenadora no esperaba nada menos.
—Acabemos con esto rápido por si acaso. ¡Colmillo hielo! —Débora sonrió al ver que Feraligatr se acercaba de nuevo a su dragona y se relajó considerablemente cuando le dio la siguiente orden, momento en el que Lira abrió los ojos, llena de terror.
—Onda trueno.
—¡No!
Feraligatr trató de detener su ofensiva para poder frenar y esquivar las ondas, pero no pudo hacerlo a tiempo, así que estas lograron darle y paralizarle. Aprovechando su estado Dragonair cargó otro pulso dragón y lo lanzó en su dirección, lo que hizo que el tipo agua retrocediera por el impacto y se quedara a la altura de su entrenadora.
—Maldita sea —murmuró mientras se agarraba el sombrero con fuerza—. ¿Por qué parece que solo sabe pulso dragón? Está abusando de su fuerza y encima te ha paralizado —Feraligatr le miró con ganas de demostrar su valía, pero algo apenado por no haber sido capaz esquivar las ondas—. Tranquilo, esta ronda la vamos a ganar nosotros cueste lo que cueste. Lo malo es que no vas a ser más rápido que ella así que no podrás acercarte para darle otro colmillo hielo…
—¿Has acabado de cuchichear? ¿Vas a retirarle o no? —intervino Débora con impaciencia— ¿Eso es todo lo que puede hacer el miembro más fuerte de tu equipo? Me esperaba más después de todo lo que he oído —Feraligatr gruñó por las palabras de la líder pero Lira no pareció molestarse ni lo más mínimo. De hecho, ni siquiera parecía estar escuchándola; estaba pensando, y sus ojos reflejaron una chispa de alivio entre tanto nerviosismo cuando una idea le vino a la mente.
—Claro, es simple —susurró animada—. Si no puedes ir a por ella tendrás que hacer que venga a ti. ¡Surf!
Aunque tenía los músculos algo agarrotados, Feraligatr se esforzó por darle un efecto especial a la ola que creó, ya que pudo adivinar las intenciones que se escondían tras la orden de su entrenadora. Débora no le dijo nada a Dragonair, pensando que aquel ataque sería como una ducha para su amada dragona, pero cuando se dio cuenta de que lo que buscaba la joven con ese ataque no era infligirle daño ya se había visto envuelta por ella. La ola pasó por encima de Dragonair pero, en vez de desaparecer tras eso, esta la arrastró hacia el tipo agua. Lira lo vio claro.
—¡Vamos! ¡Colmillo hielo!
Siendo consciente de que podía ser su única oportunidad para acabar con ella, Feraligatr se acercó lo más rápido que pudo, tratando de ignorar el entumecimiento que le producía la parálisis. Por mucho que lo intentó, Dragonair no pudo luchar contra la corriente, así que acabó de nuevo en las fauces del tipo agua. Él la mordió con todas sus fuerzas, lo que hizo que la dragona se retorciera de dolor hasta que, al fin, se quedó sin energía. Ni si quiera tenía para quejarse. Feraligatr la dejó en el suelo delicadamente cuando sintió que ya no se movía, momento en el que una descarga eléctrica le sacudió de arriba abajo, como si ese hubiera sido el último coletazo de la dragona antes de caer debilitada. Débora no dijo nada, Lira vio que intentaba controlarse mientras retiraba a Dragonair y, aunque sabía que ella tenía que estar más contenta que la líder, se vio incapaz de disfrutar de aquella victoria cuando Feraligatr se encontraba en ese estado, paralizado y respirando con dificultad. Podía seguir combatiendo pero los ataques de la dragona le habían dejado muy débil, tanto que sabía que el siguiente pokémon de Débora podía llegar a derrotarle sin mucha dificultad. La líder no tardó en sacar a su siguiente integrante, Dragonair, la cual era muy similar a la anterior. ¿Serían hermanas, gemelas? Lira se dijo que poco le importaba mientras decidía retirar a Feraligatr para que descansara y sacaba a Ninetales, que se mostró dispuesta a darlo todo para que su entrenadora se llevara la octava medalla. Necesitaba a un pokémon que todavía estuviera en plena forma para poder hacerle frente.
—Bueno, al menos esta vez has tenido la decencia de cambiarle y ahorrarle el sufrimiento —comentó la líder mientras se cruzaba de brazos. En su voz todavía podía notarse la molestia que le había producido perder a Dragonair, pero aun así había algo que inquietaba a Lira, y es que a pesar de todo la notaba tranquila, como si supiera que tenía un arma que le aseguraría la victoria aunque el resto de su equipo cayera. La entrenadora prefirió no pensar mucho en eso—. Supongo que es un progreso.
—¿Por qué no paras de hacer comentarios de ese tipo? —preguntó para desviar la atención, e intentar de paso averiguar por qué se comportaba así, pero ella se limitó a encogerse de hombros.
—¿Pasa algo? ¿Te molestan? Solo estoy diciendo la verdad. ¡Pulso dragón! —Dragonair comenzó a acumular energía en su boca y Lira suspiró. Ahí iba de nuevo.
—Ya estamos otra vez. ¡Fuego fatuo!
Ninetales dio un salto y esquivó la bola que la dragona lanzó en su dirección. Al aterrizar de nuevo en el suelo, la vulpina creó un par de llamas que envolvieron a Dragonair y, para sorpresa de Lira, la dragona no solo no hizo el menor intento de esquivarlas, sino que Débora se rio a carcajada limpia cuando vio que el ataque le alcanzó. Ella se quedó atónita ante su reacción.
—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué me he perdido?
—Nada, nada —respondió moviendo una mano en el aire. Esa respuesta, junto al gesto y la sonrisa que le dedicó, no le gustaron ni un pelo. La líder no hizo ni dijo nada más y Lira se quedó expectante, viendo como las diminutas llamas quemaban de tanto a tanto a Dragonair. Sin embargo, eso no duró mucho, ya que tras unos segundos su piel comenzó a brillar, sorprendiendo y asustando a Lira a partes iguales. Por un momento pensó que iba a evolucionar en pleno combate pero no tardó en ver que lo que sucedió fue que estaba mudando de piel y, cuando esta dejó de brillar, sus quemaduras desaparecieron sin dejar rastro. A Débora se le notó de repente más contenta y orgullosa—. Mudar. Es una habilidad que permite curar los problemas de estado del pokémon —explicó antes de dejar de sonreír repentinamente y chasquear los dedos de una forma que hizo estremecer a Lira. Al oírlo Dragonair se lanzó a por Ninetales y enroscó su cuerpo a su alrededor, asfixiándola como había hecho Gyarados con Ampharos. Lira se sobresaltó al ver de nuevo esa escena.
—¡Intenta morderla para poder escapar! —le pidió agitada, pero no podía. Ninetales se retorcía en un fútil intento de huir de su agarre y, aunque eso tendría que haberle arrancado otra sonrisa a la líder, parecía que le molestaba que no fuera capaz de librarse de su pokémon.
—Mírate, me tienes harta —dijo con cierta impaciencia—. No entiendo por qué causas tanta expectación, no entiendo qué ve el resto en ti. Dicen que eres una gran entrenadora pero eso todavía está por ver —Chasqueó de nuevo los dedos y Dragonair hizo más presión—. Todos te alaban, todos pierden la cabeza por ti, pero no he visto ninguna prueba de tu tan aclamado valor. Está claro que has conseguido acabar con dos de mis preciadas compañeras pero no he visto que hayas hecho nada del otro mundo durante este combate, aunque eso podría llegar a entenderlo. Lo que no entiendo —Débora hizo una pausa, y a la joven no le gustó el tono con el que la líder volvió a hablar— es cómo fuiste capaz de perder ante el Team Rocket en un momento tan crucial. ¿De verdad que no se te cae la cara de vergüenza?
Oír esas palabras fue como recibir un puñetazo en el pecho para Lira. No se esperaba que Débora fuera a sacar ese tema en el combate, y no sabía si lo había hecho para descentrarla, pero por la mirada que le estaba dirigiendo no parecía tratarse de una estrategia, simplemente había esperado el momento adecuado para soltarle todo aquello que llevaba dentro. Habría respondido, pero sentía que la culpa le oprimía de nuevo el cuello, y el recuerdo de lo sucedido le debilitó lo suficiente como para que se sintiera pequeña bajo los atentos ojos de la líder, que solo guardaban desprecio para ella. Fue un duro golpe que recibió desprevenida, y por desgracia para ella, la líder no iba a detenerse ahí.
—Por las cosas que decía Lance lo estabas haciendo bien hasta entonces —continuó intentando mostrarse tranquila—. No sabes las ganas que tenía de verte en acción para poder juzgarte por mí misma y ver de lo que eras capaz, pero justo cuando puedes lucirte… Lo fastidias todo. ¿Cómo quieres que te vea como una entrenadora formidable después de eso? ¿Sabes las vidas de cuántas personas pusiste en peligro por tu incompetencia? —Débora se iba enfureciendo por momentos y Lira buscaba la manera de mantener la cabeza fría a pesar de todo— Tuvimos que ir nosotros a salvar el día cuando esa era, en teoría, tu labor, cuando tú eras la joven prodigio que nos protegería del peligro. Por eso todos te querían, ¿no? ¿No se suponía que ibas a salvarnos? ¿No se suponía que Lugia se había fijado en ti por eso? ¿Sí o no? —Lira no dijo nada y eso hizo que la líder diera un fuerte pisotón con toda la ira contenida— ¡Parece que estoy hablando sola! ¡Responde!
—¡Tú no estuviste ahí para ver lo que sucedió! —explotó finalmente. Había intentado no darle el gusto de responder pero no soportaba que hablara como si ella no hubiera sufrido, como si no lo hubiera dado todo, como si no le costara aceptar que, por mucho que alguien se esfuerce, no siempre se puede conseguir un final feliz. Lira sintió que empezó a temblar pero no pudo controlarlo, ni eso ni las palabras que salían de su boca— Gané, gané el combate limpiamente, pero Atlas jugó sucio y aprovechó que mi equipo estaba exhausto después de haber combatido tanto para tenderme una emboscada y hacer que un grupo de rocktes me rodeara. ¡Tenía las manos atadas! ¡Habrían acabado conmigo si hubiera intentado algo!
—¡¿Me estás diciendo que tenías miedo de un par de reclutas mal pagados?! —preguntó alterada por la respuesta de la joven entrenadora, que consideró insatisfactoria— ¡No me cabe en la cabeza cómo esos enclenques pueden ser una amenaza para una entrenadora formidable! ¡Estarías cansada y no tendrías ganas de luchar! ¡O te daría igual el resultado y hasta lo preferías para poder dar pena y hacer que los demás estuvieran pendientes de ti!
—¡¿Que me daría igual?! —repitió atónita y dolida, llevándose una mano al pecho y sintiendo que el calor de su rabia se desplazaba a sus ojos— ¡¿Cómo puedes siquiera pensar eso?! ¡¿Crees que me apetecía que el Team Rocket sometiera a Johto?! ¡¿Crees que me daba igual tirar todo nuestro esfuerzo por la borda?! ¡¿Crees que me daba igual pensar que todos, incluidos mis seres queridos, iban a sufrir un destino horrible?! ¡¿Crees que tenía ganas de ver cómo tiraban a una chica inocente por la terraza mientras no podía hacer nada?!
—¡¿Quieres saber lo que creo?! ¡Creo que eres patética! —sentenció con otro pisotón— ¡No sé cómo habrás llegado tan lejos, si ha sido suerte o la ayuda de mi primo, pero lo que está claro es que no vales para esto! ¡No pudiste hacer aquello que se te encargó, eres un fracaso como entrenadora se mire como se mire! ¿La salvadora de Johto? ¡La desgracia de Johto! ¡Eres débil, eres una llorona, eres insuficiente, eres, eres-!
—¡NIIIIIIIIINE!
Un rugido ensordecedor que sacudió el gimnasio detuvo la discusión de inmediato. Lira y Débora miraron el campo de combate, confundidas, y vieron que la que se había quejado de tal manera no había sido otra que Ninetales. Las dos también vieron, asombradas, como la vulpina clavaba los dientes en el cuerpo de Dragonair con una fuerza casi igual a la de Feraligatr y, aunque la dragona intentó resistir lo que pudo, al final se vio obligada a soltarla para que dejara de morderla, pues aquella dentellada estaba empezando a hacerle mucho daño. Cuando fue libre Ninetales se encaró con la domadragón y adoptó una pose ofensiva, mostrando sus colmillos y erizando su lacio pelaje mientras sus nueve colas se ponían en punta. Sus de normal calmos ojos resplandecían de ira, y aunque solía guardar sus garras, esa vez las había sacado para verse más amenazadora. Lira no podía procesar lo que estaba viendo; su amada vulpina, la integrante más tranquila y serena de su equipo, aquella que nunca se sobresaltaba por nada, estaba enfadada, muy enfadada. Era la primera vez que la veía así y se preguntó si sería porque Dragonair ya le estaba asfixiando y no aguantaba más o por las duras palabras de Débora, pero no tardó mucho en descubrir que se trataba de lo segundo, cuando Ninetales exhaló una bocanada de fuego y dibujó un arco sobre ella antes de dirigirle una desafiante mirada a la líder. No había ninguna duda, le habían dolido las palabras que le había dirigido a su entrenadora y estaba preparada para demostrarle a la domadragón que se equivocaba con ella. A Lira le embargó la emoción al ver que su pokémon salió en su defensa de aquella manera, y pensó que lo menos que podía hacer era devolverle el favor dirigiéndole lo mejor que podía en el combate. Asintió y al hacerlo la confianza y la energía volvieron a surgir en su interior como si nunca se hubieran ido, como si esa discusión no hubiera tenido lugar.
—Ninetales, ¡lanzallamas! —gritó a pleno pulmón, olvidando las palabras de Débora. El fuego que exhaló la vulpina calcinó la culpa y debilidad de su entrenadora y la piel de Dragonair, aunque Lira sabía que no llegaría a hacerle mucho daño, pero ella era una de los dos pokémon que le quedaban en plena forma y quería reservar al que le quedaba para el final, por lo que pudiera tener preparado la líder, que todavía seguía sorprendida por la reacción de Ninetales. No podía entender por qué se lo había tomado tan a pecho, pero no siguió dándole muchas vueltas, pues Lira ya había dado una orden y ella no iba a quedarse atrás.
—Dragonair, ¡pulso dragón! —ordenó cuando volvió en sí. Ninetales saltó y logró esquivar el ataque, por lo que la bola de energía acabó estrellándose en el suelo y creando un socavón. En ese momento Lira se dijo que las arcas del gimnasio debían estar llenas, pues no era normal que a Débora no parecieran importarle los destrozos que estaban creando sus dragonas, como si luego no hiciera falta reparar los daños ocasionados. También era cierto que no muchos entrenadores conseguían llegar hasta allí, tal vez eso explicaba por qué podía darse ese lujo.
—Mientras no se nos caiga el techo encima… —murmuró mientras alzaba la mirada. Parecía que la estructura era sólida y estaba hecha para aguantar la furia de los dragones pero nunca se sabía, tenía la horrible sensación de que Débora podía hacer que se derrumbara si quisiera. Con un escalofrío volvió a centrarse en el combate, prefiriendo dejar esa idea de lado por si atraía la mala suerte.
—¿Estabas rezando? —preguntó la líder, socarrona— Ni con esas podrás ganar, solo los débiles recurren al falso consuelo de los dioses. La única forma de conseguir algo es esforzándote y haciéndolo por ti misma, como te voy a demostrar ahora. ¡Dragonair!
Ninetales esquivó de nuevo el ataque saltando y, desde el aire, creó una lluvia de fuego con su lanzallamas que cayó sobre la dragona. Esa imagen, junto a la lava y el calor del gimnasio, hizo que diera la impresión de que se encontraban en el infierno, lo que le quitó el aliento a Lira durante un par de segundos e hizo que mirara la estampa boquiabierta. Cuando el fuego se disipó y Ninetales exhaló un poco de humo residual la figura de Dragonair volvió a hacerse visible y, para sorpresa de ambas entrenadoras, la dragona parecía haber sufrido más daño del que esperaban. No estaba muy malherida pero por su expresión se notaba que aquel ataque le había molestado así que, en un intento de vengarse, serpenteó hacia ella para volver a asfixiarla. Ninetales se revolvió e intentó morderla de nuevo pero Dragonair ya había tomado nota de la última vez y esquivaba con gracilidad sus fauces, lo que solo enfurecía más a la vulpina.
—¡Rapidez! —exclamó Lira con la esperanza de que, al ir rápido, su pokémon sería capaz de tirar a la dragona. Ninetales comenzó a correr por todo el campo pero no le hizo falta hacerlo durante mucho tiempo, pues fue la misma Débora la que le pidió a Dragonair que dejara de ahogarla. Ella se bajó y la vulpina paró, jadeando tanto por la falta de oxígeno que sufría a causa del esfuerzo realizado como por el segundo intento de asfixia. Aun así se la veía radiante, la furia actuaba como gasolina para ella y las palabras de Débora resultaron ser el combustible perfecto para darle fuerzas.
—¿Ya se ha cansado? Qué lástima. ¡Pulso dragón! —Por desgracia para ella, su estado le impidió reaccionar a tiempo y, esa vez sí, recibió el ataque, el cual le desplazó un par de metros e hizo que acabara tumbada al lado de su entrenadora. Lira se acercó a ella pero Ninetales se levantó como pudo, aunque no encajó bien esa ofensiva. Otro ataque así y estaba fuera, por mucho que se esforzara las dos restricciones por parte de Dragonair le habían hecho mella y la sensación de asfixia que tenía le debilitaba considerablemente.
—Vale, pongamos a prueba lo aprendido —susurró Lira. Ninetales asintió y dio un paso al frente—. Con un poco de suerte se quedará tranquila un rato. ¡Cabezazo zen!
Una luz de tonos verdes y morados empezó a formarse lentamente enfrente de la vulpina. Ella echó la cabeza hacia atrás y, cuando la bola de energía estuvo completada, le dio un potente cabezazo que la envió directa a la frente de la dragona. Eso hizo que Dragonair se quedara aturdida durante unos segundos, oportunidad que Lira no pensaba desaprovechar.
—¡Rapidez!
Ninetales echó a correr de nuevo y se dirigió velozmente hacia su objetivo. Lira sentía que la adrenalina daba paso a la euforia, cabezazo zen había achantado a Dragonair así que no podía atacar ni esquivar, era la oportunidad perfecta para acabar con ella. La vulpina ya estaba a punto de asestar su ataque final pero, justo en ese momento, Débora sonrió, haciendo que a Lira se le encendieran todas las alarmas. ¿Iba a contraatacar? Estaba atemorizada, no podría hacer nada en ese estado, ¿no?
Qué equivocada estaba.
—¿Sabes que hay algo llamado actuar? —preguntó antes de que Dragonair se apartara en el último segundo. Lira y Ninetales no procesaron qué había sucedido, y tampoco les dio tiempo a hacerlo antes de que la líder volviera a hablar—. Por cierto, aunque no lo parezca mis dragonas pueden realizar movimientos de otro tipo, como... Acua cola.
Fue inevitable. Ninetales tuvo que frenar de sopetón para evitar salirse del campo del combate, así que no le dio tiempo a echarse a un lado para evitar el coletazo envuelto en agua que le dio Dragonair por la espalda. Ese fue el empujón necesario para sacarla del campo y, por desgracia, para debilitarla. A Lira le costó asimilarlo, pues estaba segura de que iba a ser la vencedora de aquella ronda, pero contra todo pronóstico acabó perdiendo de nuevo. Retiró a su pokémon con una expresión sombría y se acarició el cinturón con suavidad. Solo le quedaban dos y uno estaba en las últimas. No, la cosa no pintaba bien para ella.
—Supongo que habrá sido un balde de agua fría para ti —dijo la líder antes de soltar una carcajada. La joven frunció el ceño y agarró con decisión una Poké Ball.
—Frío es lo que viene ahora. ¡Feraligatr! —Su reptil salió pletórico, como siempre, aunque todavía seguía paralizado y su vitalidad había descendido bastante. La joven se acercó a él y le dio una baya zreza, pues no estaba para tentar a la suerte. Él sonrió y se puso a cuatro patas— ¡Colmillo hielo!
—¡Pulso dragón!
A Lira le pareció ver que Dragonair suspiró al oír la orden. Tenía el cuerpo lleno de marcas de quemaduras y un moratón en la frente, Ninetales no había conseguido derrotarla pero le había dejado en un estado lamentable, el cual le impidió cargar su ataque a tiempo. Cuando abrió la boca para empezar a acumular energía Feraligatr ya estaba a su lado y no tardó en darle un mordisco que le heló la sangre. La dragona chilló pero no se revolvió, no le dio tiempo, pues se quedó inconsciente casi al instante de recibirlo.
—Menos mal —susurró Lira para sí misma. Al soltar a su contrincante Feraligatr se tumbó y empezó a respirar con dificultad así que su entrenadora le retiró sin pensárselo dos veces. Sabía que ese había sido su último aporte en esa batalla y se lo agradecía de corazón, todos y todas lo habían dado todo en ese enfrentamiento y estaba segura de que el que quedaba también pondría la carne en el asador. Podría decirse que tanto ella como Débora solo tenían un pokémon, esa sería la última ronda del combate y la joven estaba cansada. Quería esperar un poco antes de empezar, así que pensó que sería buena idea revivir la conversación que se quedó a medias—. Ahora que estamos más tranquilas, antes habías dicho que me odiabas por ser débil y patética, ¿no?
Débora no respondió al instante. Se quedó mirando a Dragonair durante un buen tiempo, y la entrenadora casi pudo ver en sus ojos el dolor que le producía verla así. Finalmente se llevó una mano al cinturón y presionó el botón central de su Poké Ball para retirarla, haciendo que desapareciera después de ser alcanzada por el haz de luz.
—Mi abuelo nos dijo que tu valía no residía únicamente en la fuerza —empezó lentamente. Al fin alzó la vista y miró a Lira, clavando con firmeza sus ojos en ella—. Supuestamente tenías algo más, algo además de eso, y todavía sigo sin verlo.
—¿El qué? —preguntó cansada de tanto secretismo, pero con la esperanza de que al fin se lo diría. Débora volvió a quedarse callada y, por un momento, Lira temió que no fuera a decirle nada más, pero por suerte habló de nuevo.
—Bondad —contestó arrastrando la palabra—. Amor para dar y regalar, pero no veo dónde está el amor en aquello que hiciste.
—Sí, en dejar que el Team Rocket venciera y tuviera la oportunidad de controlar a todos los pokémon de Johto.
—No —respondió muy seria, y ese tono no le gustó nada a la joven, que temía las siguientes palabras de la líder—. Cuando tú quieres algo, o a alguien, haces lo que sea por protegerlo, tal y como ha hecho Ninetales contigo hace un rato. Vio que mis palabras eran hirientes y consiguió liberarse de la constricción de Dragonair para defenderte, y estoy segura de que tú habrías hecho lo mismo en su lugar, ¿verdad? Con ella y con todos sus amigos.
—Así es —Débora asintió y Lira lo interpretó como una señal de que se había quedado satisfecha. La líder se cruzó de brazos y la miró atentamente, preparándose para lanzarle la última pregunta.
—Entonces, si no me has mentido y es cierto que proteges a todos tus amigos del peligro, ¿puedo saber por qué abandonaste a mi primo en la Torre Radio? —Lira tuvo que esforzarse para no rodar los ojos. Lance trató de aclarárselo en su momento pero ella se negó a escucharlo, ¿qué probabilidades había de que se creyera lo que tenía que decir? Si ya se había formado una idea al respecto y no iba a salir de ahí por mucho que hablara.
—Te lo intentó explicar-
—Me da igual lo que diga porque está cegado —le cortó mientras le miraba de arriba abajo con desprecio. Lira no lo vio, pero Débora se clavó las uñas en las palmas de sus manos antes de seguir hablando—. ¿Crees que no te tengo calada? Todas sois iguales, todos sois iguales, solo vais con él por su fama y prestigio y cuando ya no os sirve ¡le dais una patada en el trasero y le abandonáis sin pensároslo dos veces!
—¡Oye! ¡Eso no es ver-
—¡Ni se te ocurra intentar excusarte porque lo que hiciste no tiene nombre! —exclamó con una potencia que silenció cualquier intento de réplica por parte de Lira— ¡¿Por qué permitiste que entrara solo en una torre infestada de enemigos?! Ah, no me lo digas, para que pudiera despejarte el camino y así pudieras enfrentarte a Atlas sin tener que combatir contra todos los rockets y quedar como la heroína a su costa. ¡Con amigas así no quiero enemigos!
—¡Déjame hablar por favor! —suplicó Lira, agitada, pero Débora negó con fuerza la cabeza, sacudiendo hacia ambos lados su larga coleta.
—¡Ya es tarde para eso! ¡Debiste hablar con él para convencerle de que esperara y no lo hiciste, me dan igual tus excusas! ¡No borrarán la imagen que se me quedó grabada aquel día! ¡No borrarán el hecho de que elegiste el reconocimiento antes que su vida! ¿Esa es la bondad que nos va a salvar? ¿Ese es el amor que atrajo a Lugia? ¡¿Eso es lo que quieres a mi primo?! —Lira solo podía escuchar con impotencia sus acusaciones. Cerró ambas manos en dos puños y trató de controlar el temblor de su voz, aunque el nudo que tenía en la garganta se lo estaba poniendo muy difícil.
—¿Por qué eres tan cruel? —preguntó en un susurro, lo que hizo que a Débora se le abrieran los ojos de par en par.
—¿Cruel? Cruel fue lo que vi, cruel fue saber que si hubiera tardado en llegar a lo mejor me habría quedado sin primo. ¡Cruel es saber que la amiga de la que no para de hablar y con la que tan ilusionado se le ve le habría dejado morir si eso significaba conseguir que todos la idolatrasen!
Lira sintió que algo se quebró dentro de ella al oír aquello. Cerró los ojos e inspiró hondo, intentando calmar el remolino de emociones que se estaba empezando a crear dentro de ella. En medio de ese caos y confusión intentó visualizar la imagen de Eco, pues cada vez que se veía sobrepasada por lo que sentía su amigo le ayudaba a tranquilizarse. Él no estaba ahí en ese momento, pero sí podía recordar su consejo, que en ese momento pareció resonar en su cabeza con más fuerza que nunca. Cabeza fría. Cabeza fría.
—Eso… no es verdad —dijo abriendo los ojos de nuevo, reuniendo poco a poco la calma que necesitaba—. No es verdad, Débora, nada de lo que piensas lo es, tienes una idea muy equivocada de mí y de todo. Puedo llegar a entender tu enfado y tu frustración, también admito que me equivoqué, pero yo solo tenía buenas intenciones —dijo mientras se llevaba una mano a su última Poké Ball. Ella tenía claro quién era y cómo era, y no iba a permitir que unas falsas creencias le desestabilizaran—. Está claro que da igual lo que te diga porque no vas a cambiar de opinión tan fácilmente, así que por eso te voy a ganar, para que te des cuenta de que no soy tan mala como piensas.
La líder le miró fijamente. Era la última ronda, las dos tendrían que estar sudando adrenalina, pero parecía que el ánimo había decaído hasta el subsuelo. Lira vio que Débora negaba lentamente con la cabeza al mismo tiempo que el dolor se hacía evidente en su rostro y entrecerraba los ojos, dando la sensación de que el enfado se convertía en tristeza durante un segundo.
—Yo solo oigo palabrería barata —dijo finalmente en un tono monótono—. Si tan claro tienes que me vas a ganar, hazlo.
Tras pronunciar esas palabras, la líder sacó a su último pokémon. Se trataba de un enorme dragón marino azul de vientre amarillo y mirada feroz, cuya presencia intimidatoria dejaba claro que se trataba del último obstáculo que se debía superar si se quería conseguir la octava medalla. Lira tomó aire y le copió el gesto a la líder, liberando al compañero que le quedaba para hacerle frente a la dragona.
—Adelante, Espeon —dijo la entrenadora mientras sacaba al felino. Espeon se materializó en el campo de combate y, casi al instante, Lira empezó a sentirse mejor. El tipo psíquico giró la cabeza y ella vio que la gema de su frente estaba brillando; hacía poco que, jugando con sus ondas, descubrieron que con ellas podía influir un poco en el estado de ánimo de aquellos que se encontraban a su alrededor. No podía controlar las emociones del resto, pero sí podía provocar un ligero cambio si se concentraba lo suficiente. Lira sonrió, sintiéndose conmovida por aquel gesto, y cuando Espeon volvió a mirar al frente vio que Débora abrió los ojos ligeramente, como si algo la hubiera sorprendido, y después de eso se relajó. Si iban a combatir lo harían en igualdad de condiciones.
—Kingdra. ¡Hidrobomba!
—Espeon. ¡Psicorrayo!
Los dos ataques colisionaron, dando así inicio al último combate. El chorro de agua de la dragona acabó ganándole terreno al rayo del felino, que tuvo que echarse a un lado para evitar que le diera. Si él no fuera un pokémon tan rápido seguramente el ataque le habría alcanzado. Con eso quedó claro desde el principio, por si había dudas, que Kingdra era superior en cuanto a fuerza, pero la joven entrenadora confiaba en que la velocidad de Espeon le sería útil para ayudarle a evadir sus potentes ofensivas. No le agradaba la idea de tener que estar esquivando constantemente, pero no todas las batallas podían ser como ella quería, de ser así su aventura no tendría ninguna dificultad ni ninguna gracia.
—Vamos a tener que estar atentos para aprovechar cualquier posibili- —trató de decirle al felino, pero se detuvo en cuanto vio que Kingdra ya estaba cargando su siguiente ataque— ¡Salta!
Espeon saltó pero lo hizo demasiado pronto, porque la dragona no había lanzado su ataque, así que pudo dirigirlo hacia él en el último segundo. Al encontrarse en el aire no pudo hacer nada por evitar que el chorro de agua a presión le diera y le lanzara al techo, lo único bueno de aquello es que pudo caer de pie. Las piernas le empezaron a temblar y Lira se mordió el labio inferior; ¿cómo era posible que su amado pokémon acabara así tras recibir un solo ataque?
—Kingdra fue mi primera compañera, hemos estado juntas desde que éramos pequeñas. Podría decirse que somos como Lance y Dragonite —comentó la líder al ver el horror en el rostro de la entrenadora—. No eres la primera que se sorprende ni vas a ser la última, ahora ves que no exageraba cuando te dije que soy conocida por haber acabado con la carrera de muchos entrenadores. Podría decirse que has hecho un buen combate, pero nadie consigue derrotar a Kingdra, así que espero que hayas disfrutado de tu viaje porque se acaba aquí. ¡Hidrobomba!
Espeon esquivó el ataque y, tan pronto como la dragona cerró la boca, le lanzó un rayo que hizo que retrocediera un par de metros. Lira se desmoralizó al ver que no había quedado tan malherida como su pokémon, aunque eso no tendría que sorprenderla, sería una ilusa al pensar que podía igualar a un fenómeno de la naturaleza como ella. No tenía su fuerza… Pero ¿podría usarla en su contra? Ese pensamiento hizo que se le abrieran los ojos, ¿podría? Solo tenía que intentarlo. Silbó y Espeon se giró rápidamente para verla. No necesitó decirle nada, con verle los ojos su pokémon podía averiguar qué estaba pensando. Él se dio la vuelta de nuevo y esperó el momento adecuado para poner en práctica el nuevo plan.
—¡Pulso dragón!
Lira alzó una ceja. ¿Por qué había ordenado un movimiento menos potente? Si otro hidrobomba alcanzaba a Espeon quedaría fuera de combate, aunque también era cierto que tenía que estar un poco cansada después de encadenar tres ataques así. Kingdra acumuló energía en su boca y se la lanzó al felino pero él no se apartó. La gema de su frente brilló intensamente y, de repente, la bola de energía morada se vio envuelta por una luz verde que la frenaba gradualmente. Lira vio que Espeon empezó a temblar otra vez, pero el felino consiguió mantener la compostura y, al final, cuando el ataque de Kingdra estuvo a punto de tocarle su gema emitió un brillo momentáneo que cegó a todos los presentes. Cuando se apagó, ni Kingdra ni Débora fueron capaces de averiguar qué había pasado hasta que vieron que su pulso dragón volvía rápidamente hacia ella, sin darle la oportunidad de esquivarlo, por lo que su propio ataque acabó en su vientre, lanzándola a la otra punta del gimnasio. Cuando el humo que se formó a raíz de la colisión se disipó pudo verse que la dragona se encontraba muy malherida, quedando en un estado similar al de Espeon.
—¡Toma! ¡Qué bien nos ha salido! —exclamó la entrenadora mientras daba un salto, aunque se arrepintió al ver el rostro enfurecido de Débora. No convenía hacerla enfadar en ese momento si quería ganar, ya tenía las cosas bastante difíciles de por sí como para complicaras todavía más provocándola, pero parecía que esa podía ser una buena oportunidad y no pudo evitar que le embargara la emoción. Quiso darle una orden a Espeon pero él también parecía estar agotado, y es que tuvo que gastar mucha energía para frenar un ataque tan poderoso y dirigirlo a su voluntad. Sus poderes psíquicos eran inmensos pero, como todo, tenían un límite al que no tardaría en llegar si seguía así.
—Sí, eso es. Alégrate, así cuando pierdas te dolerá más —dijo la líder con una extraña sonrisa. Kingdra agachó la cabeza y, al principio, Lira no entendió por qué lo hizo, pero cuando volvió a levantarla vio que estaba masticando algo que le estaba ayudando a sanar sus heridas. Tuvo que reprimir el impulso de querer tirarse de los pelos cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando; de nuevo, un líder había usado el truco de la baya para que su pokémon pudiera regenerarse en mitad del combate—. ¡Hiperrayo!
—¡Ah! ¡Salta! —Espeon logró esquivar el ataque por los pelos pero tropezó y cayó. Lira se acercó a él con una hiperpoción en la mano y le susurró algo en el oído mientras se la daba. Había estado tan cerca, si lo hubiera puesto en práctica antes… Pero ya no podía lamentarse. Se levantó y volvió corriendo a su sitio, al mismo tiempo que el felino acababa de recuperarse y Kingdra entraba de nuevo en el campo de combate. Podían hacerlo, solo tenían que aguantar un poco más.
—Usa todas las pociones que quieras, eso solo vuelve a poner en evidencia tu inferioridad. ¡Hidrobomba!
Ahí iba. Espeon repitió el truco anterior, aunque esa vez le costó más hacer que le saliera bien, pues ese ataque resultaba ser más potente que el anterior. Como se dio cuenta de que no conseguiría controlarlo en su totalidad decidió centrarse en una parte solamente, así que la mitad del chorro le dio a él y la otra mitad volvió a Kingdra. No le hizo tanto daño como pulso dragón pero sí la dejó algo tocada y, por suerte para Débora, en un mejor estado que Espeon. El felino había vuelto a temblar y se le veía demasiado cansado como para repetir el truco que tanto le estaba sirviendo.
—¿Ves? Acabas de darle una poción y vuelve a estar en las últimas —dijo la líder con el rostro radiante, anticipando su próxima victoria—. Te lo dije, puedes usar todo lo que quieras que no conseguirás cambiar lo inevitable. ¡Pulso dragón!
—¡Psicorrayo!
Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, Espeon se adelantó para ser el primero en atacar, pero el rayo que impactó en Kingdra no fue suficiente para detener su carga de energía. Tras unos segundos la dragona liberó su furia en el tipo psíquico, que no pudo ni defenderse ni esquivar, así que recibió dignamente el golpe, que le dejó de nuevo tumbado en el suelo. Lira miró lo sucedido con seriedad, centrando toda su atención en los ojos morados de su compañero, que se esforzaban por mantenerse abiertos para indicar que todavía no había sido derrotado.
—Veo que es un hueso duro de roer —murmuró Débora para sí misma, antes de cruzarse de brazos y dirigirse a Lira con una gran sonrisa—. Antes de empezar este combate dijiste que querías demostrarme que eras una buena persona, así que voy a darte una oportunidad para hacerlo. Ríndete y ahórrale el sufrimiento a Espeon, está claro que aunque siga despierto no puede continuar, y yo tengo pensado acabar este enfrentamiento sea como sea —Lira le sostuvo la mirada con firmeza. Se le presentaba de nuevo la opción de retirarse a tiempo, pero ella ya había tomado una decisión que no pensaba cambiar por nada del mundo—. Si no le retiras lanzaré mi ataque final sin ningún remordimiento.
—Ya me rendí una vez. No lo volveré a hacer —dijo tajantemente. La líder suspiró después de encogerse de hombros y negar con la cabeza.
—Bueno, te he dado otra oportunidad para hacerme cambiar de idea y la has desperdiciado. Luego no me vengas llorando ni suplicando —Débora extendió el brazo y señaló al semiinconsciente Espeon, que a pesar de su estado no le había quitado el ojo de encima en ningún momento—. Disfruta de los últimos segundos de tu aventura porque se acaba aquí. Kingdra, ¡hiperrayo!
Kingdra abrió la boca y Lira se clavó las uñas en las palmas de la mano. Quería cerrar los ojos pero Espeon los estaba manteniendo abiertos por ella, así que lo menos que podía hacer era aguantar como él. La entrenadora vio que un rayo de energía estaba a punto de salir de la boca de la dragona, lo que hizo que todos sus instintos le gritaran que guardara a Espeon en su Poké Ball, pero ella decidió confiar hasta el final. Kingdra echó la cabeza hacia atrás y volvió a levantarla, pero cuando tuvo que lanzar el rayo se quedó paralizada. Débora alzó una ceja y Lira contuvo el aliento, esperando, y tras unos segundos ambas vieron que Kingdra se estremeció. No fue un pequeño escalofrío, fue una fuerte sacudida que acabó en una convulsión, una convulsión que hizo que Kingdra cerrara los ojos y cayera al suelo, desmayada. Los ojos de Débora se abrieron de par en par y Lira siguió conteniendo el aliento, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho en cualquier momento.
—No. ¿Qué? No —susurró la líder. Dio un paso hacia atrás, temerosa, pero no tardó en acercarse a su pokémon al ver que no se movía—. No, esto no puede estar pasando, esto es un error. ¡Kingdra! —gritó cuando se agachó a su lado. Débora la sacudió para intentar despertarla pero no había manera, pues no podía abrir los ojos cuando había quedado fuera de combate. Lira cayó de rodillas al suelo y volvió a respirar de nuevo, convirtiéndose de inmediato en el blanco de la furiosa mirada de la líder— ¡Tú! ¡¿Qué le has hecho?! ¡¿Qué has hecho ahora?! ¡¿Qué clase de truco es este?!
—Premonición —susurró a duras penas. Estaba temblando como un flan y se sentía tan acabada como Espeon aunque, al igual que él, todavía tenía un poco de energía para aguantar lo que quedaba. Los ojos de Débora desprendieron un brillo asesino al oír la respuesta y los dientes empezaron a chirriarle poco después.
—No me lo puedo creer. ¿Cuándo ha sucedido?
—Cuando le di la hiperpoción-
—¡Pero qué rastrera! —exclamó indignada mientras se ponía de pie, cortando de golpe su respuesta— ¡¿En serio tienes que ir cuchicheándole tus planes a tu equipo?! ¡¿No puedes decirlos en voz alta como una entrenadora decente?! ¡Dónde está tu sentido del honor! —Parecía un volcán a punto de estallar y por un momento Lira temió por su seguridad. Débora dio un paso al frente pero luego se detuvo y empezó a negar con la cabeza— ¡No, no y no! ¡No es justo, no ha sido una batalla justa, eres una entrenadora muy sucia y por eso no mereces la medalla dragón! —sentenció mientras retiraba a Kingdra. Lira le miró sorprendida, pues no daba crédito a lo que estaba oyendo, así que la indignación no tardó en dibujarse en su rostro. Estuvo a punto de protestar pero la líder se le volvió a adelantar— Si tienes alguna queja al respecto ves al santuario que hay al norte de aquí, cruzando el lago. Mi abuelo lleva tiempo queriendo verte y es un hombre sabio, con criterio. Si dice que la mereces te la daré, pero dudo mucho que lo haga cuando le cuente esto. ¡Te vas a quedar con las ganas de tener las ocho medallas!
Con eso dicho, la líder pasó de largo y utilizó el teletransportador con el que habían llegado hasta allí para dirigirse a la entrada. Lira se quedó unos segundos más arrodillada, tratando de procesar las palabras de la líder y encontrarle un sentido a su razonamiento, pero por mucho que lo intentó no fue capaz, lo que hizo que la rabia se abriera paso en su interior. Técnicamente, había ganado, pero no podía disfrutar de esa victoria cuando le negaban el premio por el berrinche de una mala perdedora. Su enfado solo crecía por momentos, y solo fue capaz de calmarse cuando escuchó un maullido de Espeon. Por un momento la ira se esfumó de golpe y, como un resorte, se puso de pie en un segundo al oír las lamentaciones de su compañero.
—Lo siento —se apresuró a decir mientras se acercaba a él para arrodillarse a su lado—. Has aguantado como un auténtico campeón, estoy muy orgullosa de ti.
Ella agachó su cabeza y restregó su frente contra la suya. Espeon sonrió y le correspondió el gesto; ambos estuvieron así durante un rato hasta que Lira le guardó en su Poké Ball para dejarle descansar. La joven entrenadora se levantó y echó un breve vistazo al campo de combate, que había quedado completamente arrasado después del enfrentamiento. Con amargura se recordó que no era lo único que había quedado en un estado lamentable, pues su equipo había sufrido en sus propias carnes la furia de los dragones y estaba en una condición que requería una urgente asistencia médica. Recogió su abrigo, que seguía en el suelo, se lo puso y también se subió en el teletransportador. Reapareció en la entrada y vio que allí se encontraba el hombre del gimnasio, aturdido y sin palabras. Ella tampoco sabía qué decir, así que le dejó ahí y salió del gimnasio.
Lo que se encontró al volver al exterior fue algo que no le sorprendió mucho. Eco y Silver estaban allí, mirando hacia su derecha. Su amigo parecía estar algo asustado mientras que su rival solo veía un poco sorprendido. Cuando ambos escucharon que las puertas del gimnasio se abrieron miraron rápidamente hacia estas, sobresaltándose un poco al ver la expresión de la joven.
—¡Lira! —exclamó Eco mientras le agarraba los hombros y le inspeccionaba con la mirada detenidamente— ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? Débora ha salido hecha una furia y Lance ha tenido que ir corriendo tras ella, ¿todo bien? —preguntó preocupado. Silver bufó y movió la cabeza con brusquedad para intentar recolocar un rebelde mechón de pelo que le tapaba el ojo izquierdo.
—Bueno, qué. ¿Has ganado o has perdido? —Intentó mostrarse apático, pero Lira notó un deje de preocupación en su voz. Miró a su amigo y miró a su rival, alternó la mirada entre ambos y dio un paso atrás, sintiéndose todavía algo mareada. Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos y al fin consiguió centrarse, los dos estaban esperando una respuesta y no quería retrasarla más.
—Tengo dos noticias, una buena y una mala. La mala es que no tengo la medalla —dijo mientras se encogía de hombros e intentaba sonreír pero, después de lo sucedido, lo único que apareció en su rostro fue una mueca de cansancio. Miró a Eco, que tenía los ojos abiertos, y le dedicó un guiño—. La buena te va a gustar. Chicos, parece que, al fin, tenemos permiso para entrar en la sagrada Guarida Dragón.
(Esta vez sí que he tardado… Lo siento. Las clases, los trabajos y la vida en general han hecho que me demore, porque además ha sido un capítulo largo e intenso, pero ya está. Este combate ha sido, con diferencia, al que más tiempo le he dedicado en lo que llevamos de historia y el que más me ha costado de estructurar, pero la verdad es que lo he disfrutado y estoy contenta con el resultado final. Las emociones han jugado un papel importante y eso es lo qe más me gusta escribir. No os preocupéis por la extensión del siguiente capítulo, que será más cortito, pero me resultaba imposible reducir este.
nadaoriginal: mi visión personal es que Silver es un poco sarcástico y vacilón. Después de todo lo que ha vivido en el Team Rocket ya no le teme a nada y va respondiendo así a aquellas personas que intentan imponerse por las malas. En cuanto a las preguntas que haces sobre Celebi, solo diré que ya he dejado caer de qué se trata en uno de los capítulos anteriores. ¿Cuál? Tampoco lo diré jeje.
Grytherin18-Friki: esos dos van a pasar más tiempo en la Ruta Helada que haciendo otra cosa. No saben el privilegio que han tenido al tener un guía tan codiciado, el resto de la población muriéndose de envidia y ellos sin saber por qué. Sobre Celebi, repito lo que he dicho un poco más arriba, he dejado caerlo en algún momento pero de forma muy sutil. Quiero que sea una sorpresa para el gran final.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
