—¡No puede hacer eso! ¡Va contra las normas!

La Guarida Dragón era una cueva que se hallaba al cruzar el lago que había tras el gimnasio. Después de pasarse por el Centro Pokémon para que los pokémon de Lira pudieran recibir la atención que necesitaban, el trío se dirigió hacia esta sin demora gracias a la ayuda de Feraligatr, que llevaba a los tres en su lomo con mucho orgullo. Lira le acariciaba de vez en cuando para darle ánimos y agradecerle el trabajo que estaba haciendo, aunque al reptil no parecía costarle mucho hacer de transporte.

—Pues ya ves lo que le importa saltárselas —le dijo a su amigo con cierto aire de resignación—. No creas que le resultó difícil, tal vez no es la primera vez que se niega —Eco se cruzó de brazos y frunció todavía más el ceño.

—Esto es indignante. Seguro que se puede denunciar —Un escalofrío le recorrió la espalda a Lira en cuanto escuchó aquello.

—Déjalo, lo último que necesito es enfrentarme a ella en un juicio. Seguro que acabaría tirándome el mazo del juez a la cabeza en cuanto tuviera la oportunidad.

—Eso te pasa por provocarla —comentó Silver, haciendo que los dos amigos se dieran la vuelta para poder verle—. No me parece mal, la gente así se lo merece, pero tienes que aprender a medir las consecuencias de tus actos.

—Vaya, ¿ahora tú eres la voz de la razón o qué? —preguntó Eco, molesto, aunque al pelirrojo no le dio tiempo a responder porque llegaron rápidamente a la otra orilla.

Los tres se bajaron en cuanto Feraligatr tocó el suelo y, al hacerlo, este se puso al lado de su entrenadora para caminar junto a ella. Ellos anduvieron en silencio hasta llegar a la entrada, donde se encontraron con un anciano que, al parecer, era quien custodiaba aquel lugar. Los jóvenes dudaban que él pudiera hacerle frente a aquellos que poco les importaran las normas y decidieran pasar a la fuerza, pero luego notaron que, tal vez, quienes se encontraban dentro de las Poké Balls que llevaba en el cinturón sí eran más que capaces.

—Hm… Encajas con la descripción que me ha dado Lance. Supongo que eres Lira —dijo mirando a la joven. Ella asintió. El anciano observó a los otros dos chicos con detenimiento—. También me dijo que a lo mejor vendrías acompañada. No es habitual pero no soy quién para cuestionarle, ya nos basta con tener a Débora enfadada. Podéis pasar.

El anciano se hizo a un lado y la entrenadora entró en la cueva. Eco le siguió junto a Silver, pero antes de que ellos dos pudieran entrar él volvió a bloquearles el paso.

—Aunque a vosotros os tengo que hacer un par de preguntas antes. No es nada personal, solo el protocolo.

Lira se detuvo al oírle hablar y se dio la vuelta. No sabía si esperarles o continuar, pero ellos asintieron hacia la cueva, indicándole que siguiera avanzando, así que inspiró hondo y al fin se adentró en ella.

A primera vista, la Guarida Dragón parecía una cueva normal. Lo único que tenía de extraordinario eran las pinturas rupestres que representaban las figuras de varios dragones luchando entre ellos y siendo domados por humanos. ¿El resto? Paredes de roca, suelo de tierra y unas escaleras de madera que llevaban a la estancia inferior. Lira miró a Feraligatr y él la miró a ella antes de decidirse a bajar a la siguiente sala, donde se dio cuenta de que había juzgado muy rápido aquel lugar.

Tal vez la primera estancia no había sido nada del otro mundo, pero la que la seguía sí. Un gran lago subterráneo de agua cristalina constituía la mayor parte de la planta inferior, en el cual podía ver a varios pokémon jugando. La mayoría eran magikarp pero Lira también divisó a algunos azules con forma de serpiente cuyo vientre y orejas era blancos. Dratini. Le habría encantado seguir admirando su divertido y elegante comportamiento si no fuera porque la construcción que había al final de la estancia se llevó toda su atención. Parecía ser un santuario erigido sobre el lago, rodeado por vallas rojas y al cual se accedía cruzando un puente de madera, o así es como tendría que haber sido antes, porque ahora estaba parcialmente destruido. El santuario no era muy grande, pero Lira sentía que una gran fuerza manaba de él, una fuerza que le empujaba y le atraía al mismo tiempo. Feraligatr también se quedó cautivado por este y la entrenadora se preguntó si de verdad merecía estar en un lugar como aquel, pero al fin pudo superar sus inseguridades y logró avanzar de nuevo.

El santuario le había asombrado de tal manera que no se dio cuenta de que allí había entrenadores hasta que pasó delante de uno. El chico, que llevaba capa, estaba tieso como el palo de una escoba y, aunque se esforzaba por aparentar serenidad y autoridad, se mostraba incapaz de controlar el temblor de su cuerpo.

—D-Débora nos ha informado, p-puedes pasar —dijo mientras intentaba reponerse del susto. Lira le hizo caso y siguió caminando, sintiéndose un poco mal por él, pues ya había vivido en primera persona lo terrorífica que podía llegar a ser la líder.

No tardó mucho en llegar a la orilla, desde la cual pudo ver con mayor claridad a los pokémon. El agua era tan limpia que parecía que le estaba invitando a darse un baño y, de hecho, no tardaron en entrarle ganas de meterse en ella para jugar, pero antes de que pudiera hacerlo dos niñas aparecieron a su lado. Tenían que ser gemelas porque eran iguales: vestían la misma túnica blanca y tenían el pelo castaño recogido en dos coletas. Sus labios se curvaron en la misma sonrisa traviesa cuando cruzaron miradas, un detalle que la entrenadora no pasó por alto.

—Hola —dijeron a la vez.

—Hola —respondió insegura. La sonrisa de las gemelas creció todavía más.

—¿Eres Lira? —preguntó la de la derecha. La entrenadora asintió y la de la izquierda empezó a saltar.

—¡Lo sabía, lo sabía! ¡Por fin viene! —exclamó mientras juntaba sus manos— ¿Es verdad que te llevas bien con Lance?

—Pues-

—¿Sabes que es nuestro amigo?

—Eh-

—¿Es verdad que luchasteis juntos contra el Team Rocket?

—Sí-

—¿Sabes que conseguimos derrotar a un dragonair con su ayuda?

—¿Es verdad que le abandonaste en la Torre Radio?

—¿Sabes que nos hace regalos siempre que viene?

—¿Es verdad que a Débora le caes mal?

—¿Sabes que a Débora nadie le cae bien?

Las dos gemelas rieron al ver la expresión confundida de Lira, pues se había perdido con tanta pregunta y se sentía un poco desorientada. La cabeza le dio un par de vueltas después de aquello, así que no vio acercarse a la persona que se situó detrás de las dos pequeñas, y ellas tampoco se dieron cuenta de su presencia hasta que decidió hablar.

—¿Qué estáis tramando ahora, par de dos? —preguntó él. Las gemelas dejaron de reírse al oír la voz del hombre, pero lejos de asustarse se pusieron todavía más contentas al reconocerle.

—¡Lance! —exclamaron mientras se daban la vuelta y le daban un gran abrazo. Él se agachó para corresponderlas y revolverles el cabello afectuosamente con una pequeña sonrisa— Estábamos asegurándonos de que esta chica no es un peligro.

—Ya veo. Sois unas vigilantes muy eficientes —Las dos asintieron orgullosas y, por un momento, a Lira le parecieron adorables, si obviaba el brillo travieso que permanecía en sus ojos. Algo le decía que no siempre actuaban con la mejor de las intenciones.

—¡Pues claro! Es nuestro deber- —La oración se quedó a medias cuando las dos giraron sus cabezas casi instintivamente hacia las escaleras. Lance y Lira hicieron lo mismo y ambos vieron que Eco y Silver ya estaban bajando al santuario, momento en el que el domadragón señaló a los dos jóvenes con su índice.

—¿Podríais hacerme otro favor y echarles un vistazo a esos dos mientras estamos dentro? —preguntó a las niñas. Ellas asintieron enérgicamente.

—¡Por supuesto! —exclamaron al unísono mientras se alejaban con los brazos entrelazados y riendo de nuevo. Lance se levantó y se quitó el polvo de la ropa.

—Lena y Lin. Ten cuidado que como te enreden no te sueltan; son un amor y unas domadoras prometedoras pero también lo más travieso que te encontrarás en tu viaje.

—Sí, me he dado cuenta —Lira no pudo reprimir una sonrisa al ver las reacciones de los chicos cuando las gemelas fueron a su encuentro. Eco se agachó inmediatamente con una sonrisa al ver que las dos se acercaban a ellos mientras que Silver intentó mantener las distancias. No sabían la que les esperaba, y con pesar recordó que a ella tampoco es que le esperara una reunión muy agradable. Miró a Lance un poco preocupada—. ¿Cómo está Débora? —El cambio repentino en la expresión del domadragón le indicó que nada bien.

—Muy alterada, al menos con mi abuelo delante se controla un poco —dijo él mientras miraba el santuario—. Deberíamos ir cuanto antes.

—Sí —Lance sacó a Dragonite, así que la entrenadora supuso que la única manera que había de llegar al otro lado era con la ayuda de un pokémon. Sus ojos se posaron con curiosidad en los restos del puente de madera—. ¿Qué le pasó? —Lance se llevó una mano a la nuca, ligeramente abochornado.

—Débora y yo siempre nos hemos tomado muy en serio nuestros combates. Un día se nos fue de las manos —confesó antes de llevarse un índice a los labios y dirigirle una mirada cómplice a Lira—. Nuestro abuelo piensa que fueron los pokémon del lago —La entrenadora sonrió.

—Supongo que nunca hay que subestimar la fuerza de los pokémon salvajes —Lance sonrió también al ver que su secreto estaba a salvo y se subió a los lomos de Dragonite.

—Tengo que ir primero. Nos vemos dentro.

Con eso dicho el dragón emprendió el vuelo. Lira miró a Feraligatr y él dio una vuelta sobre sí mismo lleno de emoción antes de meterse en el lago. Ella se subió a él y dejó que le llevara al otro lado, disfrutando de la sensación que le producía el agua cada vez que le salpicaba el rostro y le acariciaba el brazo que había metido dentro. Un par de dratini curiosos se acercaron a ellos y nadaron a su alrededor, mirándolos con curiosidad mientras los acompañaban en su pequeño trayecto hasta que llegaron al otro lado. Entonces se escondieron entre las rocas y Lira les perdió la pista, pues fue incapaz de verlos en su madriguera.

Cuando la entrenadora volvió a poner los pies en tierra no supo muy bien qué hacer. Tenía la puerta del santuario delante de ella y se sentía un poco nerviosa, pues al estar tan cerca sentía con más intensidad la fuerza que salía de ahí. ¿Entraba sin más? ¿Llamaba primero? Decidió darle un par de toques y esperar que alguien la recibiera, por si se consideraba de mala educación entrar como si nada. Al cabo de unos segundos la puerta se abrió, y un hombre de mediana edad con una túnica marrón se asomó para ver de quién se trataba.

—Adelante —se limitó a decir cuando la reconoció. El hombre se apartó y Lira entró después de hacer una reverencia, pues pensó que era lo correcto antes de adentrarse en un sitio así.

El interior del santuario era relativamente simple. El suelo de madera estaba descubierto, había dos puertas a cada lado de la estancia y una al final. De las paredes, grises y rojas, colgaban algunos retratos, los cuales estaban ordenados de mayor a menor antigüedad a partir de la entrada. Lo más destacable eran las enormes estatuas de dragones, las cuales constituían, junto a los retratos, el único elemento decorativo. Allí reinaba un silencio sepulcral, solo se oía el crepitar del fuego de las antorchas, así que Lira avanzó lentamente para no disturbar la paz de aquel lugar.

Para calmar un poco sus nervios intentó distraerse mirando los retratos. Todos ellos representaban a hombres y mujeres de apariencia seria y fuerte, los cuales despertaban algo de temor y respeto dentro de la joven. Aunque se trataban de pinturas antiguas, estas captaban muy bien su poderosa aura amenazadora, una que ni el tiempo había sido capaz de borrar. Cuando llegó al final de la sala, Lira vio que ya no había pinturas, si no fotos en blanco y negro, y la última de todas fue la que más le llamó la atención. En ella aparecía un hombre joven que sonreía, a diferencia de la seriedad que habían mostrado sus antepasados, pero eso no era todo, pues aquel hombre era la viva imagen de Lance. No tenía el pelo en punta, este caía sobre sus hombros, pero dejando ese y algún que otro detalle de lado era como ver una foto de su amigo. La joven sonrió, sintiéndose reconfortada gracias a esa mirada tan familiar.

—El maestro se parece a su nieto, o su nieto se parece a él, mejor dicho, ¿no cree? —susurró alguien de repente a su lado. Lira dio un salto y miró a su derecha, donde había otro hombre parecido al de la entrada admirando el retrato. Fue entonces cuando se dio cuenta de que ahí dentro había un par de hombres y mujeres como él, vestidos con túnicas marrones y rapados al cero— Supongo que lo llevan todo en la sangre. La fuerza, la belleza, la presencia…

El hombre se apartó y se fue, dejando a la joven sola de nuevo. Ella se quedó mirando aquella foto un rato más y cuando se centró de nuevo vio que tenía delante una puerta doble. Algo le decía que quienes la esperaban se encontraban tras ella, así que tomó el pomo con decisión e inspiró hondo antes de entrar, pues no quería que los nervios le hicieran pasar una mala jugada.

No pudo admirar el interior de esa sala con detenimiento cuando puso un pie dentro. No se fijó en los pequeños detalles, no buscó más retratos, ni siquiera reparó en lo sorprendentemente minimalista que era, porque las tres personas que había al final de esta se llevaron toda su atención. Sintió que se congelaba bajo la mirada atenta que estos le dirigían, lo que le impidió reparar en cualquier otra cosa que no fuera ellos. Débora se encontraba a la izquierda, de brazos cruzados y mirándole con la misma rabia de siempre. Lance se encontraba a la derecha, cruzado de brazos también y serio, lo que le daba un aire solemne e imponente. Era la primera vez que Lira le veía así, y la primera que se sentía algo intimidada bajo su mirada, aunque no había ningún brillo hostil en sus ojos. Por último, en el centro y algo más adelantado que los dos entrenadores, arrodillado sobre un cojín se encontraba un anciano con los ojos cerrados que, aunque no estaba de pie, Lira pudo intuir que era alto y delgado. Su larga barba blanca descendía hasta rozar el suelo, la cual cubría parcialmente el estampado de un furioso dragón que llevaba impreso en su túnica azul oscuro. Su calva brillaba bajo la luz de las antorchas, y sus labios se curvaron en una dulce sonrisa al oírle entrar.

—Ah, por fin llegas —dijo mientras levantaba una mano para indicarle que se acercara—. Adelante, no te sientas intimidada, aquí eres bienvenida.

Lira asintió y se forzó a andar, dando un paso detrás de otro. Cabeza fría. Al recordar las palabras de su amigo enderezó la postura y caminó con más confianza hasta situarse delante del anciano. Al llegar ahí se dio cuenta de que este y sus nietos estaban subidos en una tarima de medio metro de alto, delante de la cual había otro cojín. Ella se arrodilló encima de él y Feraligatr se tumbó a su lado.

—He oído hablar mucho de ti, Lira —dijo cuando oyó que la entrenadora había tomado su sitio. Ella se preguntó si sería ciego, pero antes de que pudiera seguir pensándolo él abrió sus ojos, y la joven tuvo que usar todas sus fuerzas para evitar poner una mueca de sorpresa. Estos eran marrones y cálidos, justo como los de Lance, aunque los tenía algo rasgados, lo que le recordaba a Débora. Su sonrisa también le recordaba a su nieto, junto a la suavidad de su voz, la cual sin darse cuenta había conseguido calmarla un poco. Era como una versión mayor de Lance mezclada con varios rasgos de Débora—. Me llamo Ryuu y soy el líder actual del clan Endrino. Estos dos de aquí son mis nietos, los cuales me han contado cosas muy interesantes y distintas sobre ti. Cada uno te ve de una forma distinta y ha interpretado tus acciones a su manera, así que me gustaría hacerte un pequeño test para conocerte mejor y juzgarte por mi cuenta, si no te importa.

—Me parece bien, no tengo ningún problema con ello —Ryuu la miró con cierto pesar, como si le avergonzara un poco encontrarse en esa situación tan peculiar.

—También lo hago porque al parecer mi nieta no te considera digna de la octava medalla, pero con esto se nos irán todas las dudas en un momento. No son muchas preguntas así que acabaremos pronto, ¿estás lista? —Lira asintió y Ryuu cerró los ojos—. Muy bien. Empecemos. ¿Qué son los pokémon para ti?

—Familia —dijo casi al instante. Ryuu murmuró algo y pasó a la siguiente pregunta.

—¿Qué te ayuda a vencer en combates?

—Pues… Un poco de todo. Tienes que saber adaptarte al transcurso de cada uno pero sin una buena estrategia puede llegar a ser difícil ganar. Creo que lo importante es conocer bien a tu equipo para explotar sus puntos fuertes, mejorar los débiles y poder utilizar lo que más necesites en un combate —Ryuu asintió pero no hizo ningún comentario al respecto.

—Ya veo. ¿Contra qué clase de entrenador prefieres luchar? —Lira no entendió muy bien esa pregunta. Le habría pedido que se la explicara pero Ryuu no había cambiado de expresión tras escuchar sus dos respuestas, y no sabía si esa era una buena o mala señal. No quería quedar mal delante de él así que intentó responder lo mejor que pudo.

—Me da igual, creo que se puede aprender de todos. Fuertes, débiles, veteranos, amateurs… Cada uno tiene algo que aportar en un mundo tan grande y variado —De nuevo, el líder se mantuvo serio. Lira intentó no sacar ninguna conclusión precipitada, pues no sabía lo que estaba pensando, así que decidió centrarse únicamente en las preguntas que le quedaban por contestar.

—¿Qué es lo más importante para mejorar un pokémon?

—Amor —dijo mientras acariciaba a Feraligatr casi sin darse cuenta. Su pokémon sonrió y a Lance también se le escapó una pequeña sonrisa al ver aquel gesto, aunque no tardó en borrarla y ponerse tan serio como antes.

—Pokémon fuertes. Pokémon débiles. ¿Cuál es el más importante? —Aquella pregunto hizo que la joven se indignara un poco. Sabía que había gente que clasificaba así a los pokémon pero no podía evitar enfadarse ante lo que consideraba una distinción pobre y absurda.

—¿Y qué más da? Un pokémon es tan fuerte como su entrenador. Si lo entrenas bien llegará lejos, si no, no. No podemos echarle la culpa por la incompetencia de quien lo cría, aunque, si como entrenador solo te interesa capturar a pokémon fuertes —dijo mientras se encogía de hombros y cerraba los ojos durante unos segundos—, ¿acaso eres un entrenador? Quiero decir, el trabajo ya está hecho, el pokémon ya es fuerte de por sí así que no te necesita. Serías alguien a quien le gusta presumir de fuerza, nada más, lo cual no es malo, pero creo que como entrenador tienes que ser capaz de hacer un equipo con los pokémon que quieres y encontrar la forma de sacarlos hacia delante sin fijarte en lo fuertes que son de por sí —Ryuu asintió y finalmente abrió los ojos, mostrándole a la joven una mirada igual de neutra que la expresión que había mantenido durante la prueba. ¿Había sido esa la última pregunta?

—Creo que después de esto lo tengo todo claro —dijo mientras se giraba para mirar a su nieta. Débora sonrió, convencida de que Lira había fallado el test. Hinchó el pecho y esperó a que su abuelo dijera aquello que estaba esperando, saboreando los segundos que antecedían a la dulce frase—. Débora, dale la medalla dragón.

—¿Qué?

Pero para su sorpresa y fastidio, las palabras que salieron de la boca de su abuelo fueron completamente opuestas a las que esperaba. Ella se le quedó mirando con incredulidad pero eso no hizo que Ryuu cambiara de decisión.

—¿No me has oído? He dicho que le des la medalla.

—Sí p-pero… Pero… He realizado el test muchas veces y estoy segura de que he contestado como ella en alguna ocasión. ¿Por qué ella sí lo pasa y yo no?

—Porque ella siente y hace lo que dice, al igual que tu primo, y tú no. Esta prueba no es como una lotería en la que cada vez dices una cosa a ver si hay suerte, aquí se pone a prueba la valía de un entrenador como persona en un test muy serio. Puedo saber si alguien miente o no, puedo saber si alguien realmente cree en lo que dice, y la persona que tengo aquí delante se cree todo lo que me ha respondido. Dale la medalla, Débora, se la ha ganado.

Débora permaneció callada durante un buen rato. Quería gritar, quería montar un buen escándalo y negarse a darle la medalla, lo veía en sus ojos, pero hacía tiempo que Ryuu había dejado de sonreír y se mostraba tan serio que Lira estaba segura de que ni a un dragón le apetecería crear estragos delante de él. Por muchas ganas que tuviera de hacer lo que quería, Débora no podía rebelarse contra su abuelo, así que no le quedó más remedio que agachar la cabeza y cumplir su orden.

—Se la daré fuera —dijo a regañadientes mientras bajaba las escaleras de la tarima y abandonaba la sala. Lira se relajó cuando oyó el sonido de sus tacones alejarse después de que cerrara la puerta pero Lance suspiró.

—Voy yo —dijo mientras bajaba de la tarima y se iba sin decir nada más. Por su parte, Lira se quedó arrodillada sin saber muy bien qué hacer ni decir al quedarse a solas con el líder del clan Endrino, pero no tuvo que preocuparse mucho más, pues fue él quien rompió el silencio.

—Siempre tiene que ser como ella quiere —se lamentó en un susurro mientras se llevaba una mano a la frente—. Lo siento, Débora es muy orgullosa y no acepta bien las derrotas, pero no es mala persona. Te dará la medalla, de eso puedes estar segura, y en el improbable caso de que no te la dé te la dará Lance —Una sonrisa volvió al rostro de Ryuu. Parecía que después de esa disculpa se había dado cuenta de algo, algo que le hizo relajarse y mostrarse feliz—. Así que eso significa que ya puedes desafiar a la Liga.

—Es verdad —dijo Lira en un susurro, pues con todo el revuelo que se había formado aquella mañana no había caído en la cuenta todavía. Una sonrisa empezó a formarse en su rostro, una que pareció hacerse más grande de lo que era anatómicamente posible. Sus ojos resplandecieron con la euforia que empezó a sudar por los cuatro costados, una que le resultó contagiosa al anciano—. ¡Es verdad! —chilló mientras se ponía de pie y levantaba a Feraligatr para que lo festejara con ella. El reptil se puso de pie por su cuenta, porque por muy emocionada que estuviera su entrenadora no tenía la fuerza suficiente para levantarlo, y se puso a bailar con ella al instante y a dar círculos mientras saltaban de alegría, olvidando por unos instantes que se encontraban en un lugar sagrado.

—Pero todavía no hemos acabado —indicó el líder tras dejarle bailar durante unos segundos, lo que hizo que la joven detuviera su improvisada celebración y le mirara con una mezcla de vergüenza y curiosidad—. Falta algo por hacer —dijo mientras se sacaba una Poké Ball de la manga y le miraba con severidad. Lira contuvo la respiración, ¿acaso la iba a retar?

—¿Quiere probar mi valía en un combate? —preguntó sorprendida, pensando que a lo mejor se trataba de la última parte de la prueba. Ryuu sonrió.

—No, dejé lo de los combates hace mucho, aunque no pienses que no podría defenderme en uno —dijo mientras le acercaba la Poké Ball. Lira la miró dubitativa y después miró al líder—. No tengas tantas dudas. Has pasado la prueba y todas aquellas personas que la superan, que no son muchas, reciben una muestra de ello —Ryuu meneó la Poké Ball para que Lira la tomara. Ella lo hizo con cuidado, y tras inspeccionarla durante un rato presionó el botón central para sacar al pokémon que había en su interior. Al ver cuál era no pudo evitar llevarse las manos a la boca en un gesto que revelaba su asombro y emoción, pues era lo último que esperaba recibir aquel día—. Los pokémon de tipo dragón son el símbolo de nuestro clan. Tienen una fuerza superior al resto y cuestan algo más de entrenar, pero al derrotar a mi nieta y pasar la prueba has demostrado que se te puede confiar uno. Cuídala bien.

Delante de ella, erguida en su inmensidad, tenía a Dratini mirándole con curiosidad. Para ser una preevolución era grande, pues rozaba los dos metros de altura, así que tuvo que agacharse para inspeccionar a su nueva entrenadora. Lira le acarició la frente y el pokémon cerró los ojos, disfrutando de las caricias que le daba la joven.

—Suelen ser pacíficos y no dan muchos problemas, es el mejor primer dragón que puedes tener. Aun así son algo orgullosos, como todos los de su tipo, así que procura que no pierda muy a menudo si no quieres que se enfade contigo.

—Lo haré —Dratini se apartó y envolvió a Lira cuidadosamente con su cuerpo. Apoyó su cabeza en su hombro y cerró los ojos de nuevo, mostrándose a gusto con su nueva entrenadora—. G-gracias —dijo intentando deshacer el nudo que se le había formado en la garganta. Eran demasiadas emociones para una mañana, y todas muy intensas. El combate contra Débora, la prueba, la obtención de la medalla y ahora eso. Como el día siguiera así tenía la certeza de que acabaría desmayándose.

—La mejor forma de darme las gracias es hacer que alcance su último estado evolutivo. No es nada fácil pero merece la pena —Al acabar de hablar Ryuu alzó un brazo. Lira lo miró, y se dio cuenta de que estaba señalando un gran retrato que tenía detrás de él. Se trataba de una pintura que era tan alta como la pared, la cual representaba a un hombre sentado con un puño cerrado. Por desgracia, estaba algo deteriorada, así que era imposible verle el rostro con claridad—. Ya que has llegado tan lejos me gustaría hablarte de él, es el fundador de nuestro clan. Algunas personas nacen con poderes, dones o talentos que les ayudan a llegar a lo más alto, pero hay otras que no. En el caso de que pertenezcas al segundo grupo no hay que perder la esperanza, ya que con esfuerzo y constancia también se puede llegar muy lejos, tal y como demostró nuestro fundador al ser capaz de crear un poderoso clan tras ser expulsado del suyo por ser considerado débil. Él representa esos valores, los cuales tratamos de inculcar en nuestro clan de generación en generación, por eso formamos a entrenadores tan fuertes.

—Sí, tus nietos me han demostrado que los siguen a rajatabla —Ryuu bajó el brazo y asintió, satisfecho.

—Están donde están porque se lo merecen, nadie les ha regalado nada. Quería hablarte de él para que vieras que no hay nada imposible, Lira. El único truco para tener éxito es el esfuerzo. No importa lo difícil que sea el desafío, con una buena preparación serás capaz de conseguir todo lo que te propongas.

—Seguro que sí —respondió sintiéndose animada por las palabras del anciano. Dratini le soltó y le miró llena de energía, como si le estuviera indicando que tenía ganas de explorar el mundo exterior. Lira sonrió y le acarició de nuevo—. Muchas gracias, ha sido un detalle muy bonito.

—No ha sido un detalle, ha sido una muestra de tu valía. No vamos por ahí regalando dragones, de ser así reinarían el caos y la destrucción —Lira recordó lo que le dijo Lance sobre el puente del santuario. A veces ni los entrenadores más preparados eran capaces de dominar todo su poder, no podría quitarle el ojo de encima a su nueva compañera ni durante un segundo—. No te preocupes, puedes venir las veces que quieras a pedirme consejo, y estoy seguro de que Lance también estará encantado de ayudarte. Además de eso creo que ya no puedo hacer más por ti.

—No se preocupe, ha hecho más que suficiente —dijo la entrenadora mientras hacía una gran reverencia. Al final la reunión con el líder le había parecido una experiencia muy grata—. Gracias de nuevo por todo, maestro

—No las des, disfruta del resto de tu aventura y ve a por todas. Te deseo mucha suerte en lo que te queda de viaje, Lira —La joven le dedicó una última sonrisa y abandonó la estancia junto a su inicial y su última compañera. Ryuu la vio marchar también con una sonrisa, una sonrisa que se volvió triste cuando ella cerró la puerta—. Me temo que todavía la vas a necesitar.


—Débora, espera. ¡Débora!

Lance llamó en repetidas ocasiones a su prima pero ella no le hizo caso. El domadragón se dio prisa en llegar a la otra orilla del lago para alcanzarla pero por suerte vio que la líder se detuvo antes de subir las escaleras. Él inspiró hondo y se acercó lentamente, pensando con detenimiento cuales iban a ser sus siguientes palabras, pues sabía que en ese momento podía calmarla o enervarla todavía más.

—Débora-

—Dije que le daría la medalla fuera y se la voy a dar, no creas que soy tan ruin —susurró mientras le miraba molesta, como si ella pensara que él la veía como alguien que no cumple su palabra. Él dio un paso al frente lentamente, como si temiera que al hacer un movimiento brusco huiría de nuevo.

—En ningún momento he pensado que no se la vayas a dar, te conozco y sé que no eres así —Débora le dio de nuevo la espalda y se abrazó a sí misma.

—¿Así cómo? No, no importa, déjalo —Pero Lance no la iba a dejar. Cerró el espacio que había entre ellos dos y rodeó sus hombros con sus brazos para intentar tranquilizarla—. ¿La he vuelto a liar? —preguntó en un débil susurro.

—¿Tú qué crees?

—Perdón, pero es que me da mucha rabia —dijo mientras se apartaba bruscamente y se daba la vuelta para mirarle a los ojos—. Para empezar, tanto Morti como tú y yo llevamos toda nuestra vida entrenando como nadie y dejándonos la piel en ello. Sinceramente, me da igual que Lugia no se haya fijado en mí pero ¿en ella? ¿En alguien que no ha pasado ni por la mitad de lo que hemos pasado nosotros? Y encima va y mete la pata en Ciudad Trigal, cuando menos tiene que hacerlo —señaló mientras cerraba la mano en un puño y sacaba el pulgar para indicar que esa era la primera cuestión de la que quería quejarse. Después sacó el índice— Segundo, te abandona en la Torre Radio sin ningún tipo de miramiento y espera que la vea como una buena persona cuando te encontré en un estado tan lamentable. ¡Podrías haber quedado para el arrastre! Y tercero —La mano le tembló cuando sacó el dedo corazón—. Me derrota y consigue la aprobación del abuelo ¡sin haber tenido que pasar por ninguna de las duras lecciones que nos dio! ¡Yo todavía no la tengo a pesar de mi duro esfuerzo! ¡Y llega ella de la nada y lo consigue todo por su cara bonita! —exclamó mientras cerraba ambas manos en un puño, haciendo que sus ojos brillaban por la ira— Y encima te deja de lado cuando necesitas su ayuda. Yo por ahí no paso, no me fío de ella y no sé por qué tú lo haces.

Hacer entrar en razón a Débora era una de las cosas más difíciles del mundo, principalmente porque solo hacía caso a dos personas y solo les hacía caso cuando quería. Lance era una de ellas, y su abuelo la otra, y aunque Débora seguía enfadada le miraba con la esperanza de que él pudiera aclararle sus dudas y despejarle la cabeza, como tantas veces había hecho cuando eran pequeños. Esa era su oportunidad, si elegía sus palabras sabiamente podría hacer entrar en razón a su prima.

—Entiendo cómo te sientes y entiendo tu reacción —Ella bufó y se cruzó de brazos.

—No, no lo entiendes. Tú eres el perfecto, el que lo hace todo bien —Lance alzó una ceja y miró incrédulo a su prima.

—¿Que yo soy el perfecto? ¿Lo dices en serio? ¿Crees que nunca me he sentido humillado y que no he cometido ningún error? —Esas preguntas captaron el interés de su prima, que le miró con curiosidad— Está bien, hablemos entonces. Hablemos de lo que sucedió hace tres años, cuando dos niños me derrotaron en un solo día y la gente se cuestionó durante un tiempo mis habilidades como entrenador. Hablemos de aquella vez en la que se me escapó Dratini unos días después de haberlo recibido y los problemas que podría haber causado si no le hubieran encontrado a tiempo. Estuve una buena temporada sin ver la luz del sol, ¿o es que has olvidado el castigo del abuelo? —El labio superior de la líder se contrajo casi imperceptiblemente.

—Como para olvidarlo. Creo que nunca lo he vuelto a ver tan enfadado.

—Exacto —Asintió él, algo más animado al ver que Débora parecía un poco más relajada. No era ningún secreto que, a pesar de la rivalidad que había entre ambos, su prima le tenía mucho respeto y casi en un pedestal. Podía parecer que cometía menos errores que ella pero eso se debía a que por la diferencia de edad había aprendido antes sus lecciones, un detalle que a la líder se le escapaba muy a menudo. Hacerle ver que era tan humano como ella ayudaba a que entendiera que él también se equivocaba, así que pensó que ya le haría caso al contarle lo de Ciudad Trigal. Bajó el tono de voz y su mirada se endulzó; tenía que ir con mucho cuidado—. Y hablemos también de lo que sucedió en la Torre Radio, cuando me adentré sin ayuda, cuando Lira insistió en acompañarme reiteradamente y yo le dije que no. Tenía poco tiempo para decidir, si usaba toda la fuerza de mis dragones para abrir el paso podía acabar derrumbando la torre así que preferí actuar como cebo para atraer a los reclutas y facilitaros el trabajo a todos, sin darle mucha importancia al estado en el que podía acabar, porque lo que me importaba era salvar a Johto —Débora volvió a fruncir el ceño, mostrándose insatisfecha de nuevo con su explicación.

—Me da igual, podría haber insistido más. No acabo de fiarme de ella, seguro que solo quería aprovecharse de tu fama de Campeón —Los ojos de Lance brillaron al oír el comentario de su prima, porque sintió que se lo acababa de poner en bandeja. Esa, esa era la oportunidad que había estado esperando, y la que podría hacer que ella al fin entrara en razón.

—Débora —dijo con toda la suavidad que fue capaz de reunir—, Lira no sabe que soy el Campeón, así que no puede aprovecharse de un prestigio y una fama que desconoce que tengo.

La expresión de la líder fue digna de enmarcar. Durante los primeros segundos se mantuvo impasible, pero cuando acabó de asentar las palabras de su primo su rostro cambió radicalmente. Sus cejas se alzaron y sus ojos estuvieron a punto de salírsele de las cuencas, al mismo tiempo que su barbilla amenazó con tocar el suelo cuando abrió la boca de manera desproporcionada. Fue incapaz de hablar durante un tiempo, así que intentó buscar en la mirada de su primo si aquello era verdad, y solo fue capaz de encontrar una sinceridad absoluta.

—Entonces… —Trató de empezar, pero tuvo que sacudir la cabeza un par de veces antes de continuar— Espera, eso quiere decir que… Los combates a tu lado, los viajes… ¿De verdad lo hizo simplemente porque te veía como un amigo y no buscaba sacar nada de provecho?

—Exacto. Es una de las amistades más desinteresadas que tengo —Débora cerró la boca e intentó adoptar una expresión neutra, pero Lance notó que esa revelación le había dejado muy sorprendida. Él no desaprovechó la ocasión, ahora que parecía receptiva tenía que seguir hablando—. Mira, entiendo muy bien que estés enfadada y te sientas humillada por perder porque pasé por lo mismo, pero te puedo asegurar que se ha esforzado. Entrenó conmigo durante cinco días seguidos en la Ruta Helada para hacerle frente a Fredo, a su edad ha tenido que infiltrarse en Ciudad Trigal y hacerle frente sola a sus ejecutivos, vio a Atlas precipitarse desde lo alto de la Torre Radio con una chica inocente y no veas lo que ha estado entrenando con su rival para poder ganarte. No es una chica que lo consigue todo por su cara bonita y que quiere encandilarnos para aprovecharse de nosotros en cuanto tenga la oportunidad; es una buena persona cuyo amor por los pokémon rebosa por los cuatro costados. Por eso atrae a tanta gente y por eso es tan fuerte, por eso Lugia se fijó en ella. No tenéis que ser amigas, ni siquiera te tiene que caer bien, pero sí deberías darte un tiempo para conocerla de verdad antes de formar una opinión sobre ella —Débora le seguía mirando con detenimiento. Parecía que estaba considerando esa nueva información, y por un momento Lance temió que fuera a darle la vuelta para que encajara con su visión de la realidad, como solía hacer, pero al cabo de un rato se limitó a asentir con lentitud.

—Se nota que le tienes aprecio.

—Hemos pasado tiempo juntos, eso me ha permitido conocerla y ver qué clase de persona es en realidad —Al oír eso su prima hizo algo que le descolocó un poco. Sonrió, y sonrió de verdad, como no lo había hecho en un buen tiempo. El hielo de sus ojos pareció derretirse cuando sus labios se curvaron hacia arriba y Lance tuvo que reprimir un suspiro de alivio. Calmar a Débora era todo un reto pero él estaba más que acostumbrado a domar bestias, y sabía que no había maldad en ella que le hiciera seguir acumulando odio cuando había conseguido hacerle ver que no había razones para ello. Además, solo por ver como su sonrisa iluminaba su rostro, embelleciéndolo al instante, merecía la pena el esfuerzo; le sentaba mucho mejor una sincera y alegre que las que solía poner cuando iba de soberbia.

—Hacía tiempo que no te veía así con alguien. Me alegra que hayas encontrado a otra más que te valora por tu forma de ser y no por un estúpido título.

—Y a mí me alegra que al fin lo entiendas. Lira nunca quiso aprovecharse de mí porque para ella siempre he sido un entrenador más —Su prima asintió de nuevo.

—Comprendo. En ese caso creo que puedo intentar tolerarla, aunque el fiasco que hizo en Ciudad Trigal me sigue chirriando un poco.

—Y lo entiendo, te lo he dicho antes. No tiene que caerte bien, me basta con que sepas cómo es en realidad —Al acabar de decir eso los dos oyeron un par de pasos tras ellos, y al darse la vuelta vieron que se trataba de Lira. La joven se acercaba tímidamente, pues no sabía cómo sería recibida por la mujer y no quería hacer nada que la pudiera alterar. Lance miró a su prima y vio que su sonrisa ya había desaparecido; esa vez se estaba mordiendo el labio inferior con fastidio. Sabía que tenía que pedir perdón por lo que había hecho, y él sabía que eso le costaba horrores, pero también era cierto que ella acababa haciendo lo correcto por mucho que tardase. El domadragón se hizo a un lado para no estar entre las dos y se quedó como un mero espectador—. Creo que ahora tienes que hacer algo.

—Sí, lo sé —dijo un poco molesta por haberle resaltado lo obvio. Débora se acercó a Lira y se aclaró la garganta; la joven la vigiló desde su posición con cautela—. Ejem. Verás, mi comportamiento el día de hoy… y los anteriores… ha sido de todo menos ejemplar. He dicho cosas que al parecer no eran ciertas y quiero pedir disculpas por ello. No tendría que haberte tratado así, me cegaron la rabia y los celos y me dejé llevar por mis emociones. Por si eso fuera poco, me negué a darte la medalla a pesar de que claramente la habías ganado, y te hice venir hasta aquí para que hicieras la prueba de mi clan cuando no tenía ninguna razón para ello, con la esperanza de que fallaras y pudiera proteger mi orgullo. Lo siento, me esforzaré para controlarme y evitar que esto se repita en el futuro, porque no es el comportamiento que debería tener una octava líder y alguien de mi clan —Lira estaba tan asombrada por su disculpa, que ni siquiera se fijó en que Débora se veía un poco avergonzada por lo que acababa de decir. La líder suspiró con pesar y al acabar de hablar se metió la mano en el bolsillo para sacar algo lentamente—. Así que aquí tienes, te la mereces, la medalla dragón.

Débora abrió la palma de la mano y le ofreció la medalla a Lira que, tras vacilar durante unos segundos, finalmente encontró la manera de mover las piernas y acercarse a la líder. Con dedos temblorosos la tomó de sus manos y admiró aquello que tanto le había costado conseguir. Tenía la forma de la cabeza de un dragón negro cuyos contornos eran grises, y sus ojos cerrados y cuernos, rojos. Alzó la vista y le sonrió a la líder, intentando contener las lágrimas que amenazaban con caer de un momento a otro.

—Gracias —dijo en un susurro mientras la guardaba en el estuche con el resto de medallas. La céfiro, la colmena, la planicie, la niebla, la tormenta, la mineral, la glaciar y la dragón. Las ocho estaban ahí, tan relucientes como el día en el que las obtuvo. Una ola de satisfacción y de orgullo recorrió su interior; lo había conseguido, había conseguido completar el desafío y obtener su pase para retar al Alto Mando—. ¡Gracias! —exclamó llena de alegría mientras se abalanzaba sobre la líder para darle un abrazo. Débora se tensó por completo y ahogó una exclamación de sorpresa; Lance se quedó inmóvil pero dio un paso al frente cuando salió de su estupor, para separarlas antes de que su prima reaccionara de malas maneras, pero por suerte no le hizo falta intervenir ya que la joven se dio cuenta de lo que había hecho y se apartó rápidamente, con la cara roja por la vergüenza— ¡Lo siento! ¡Lo he hecho sin pensar, ha sido la emoción!

—Sí… Me lo imaginaba —respondió la líder visiblemente incómoda. Lira se tapó la cara con su sombrero y Lance miró hacia otro lado, mientras que Feraligatr no se molestó en contener lo que pareció ser una risa—. Pero bueno, no te culpo, es normal que reacciones así. Al fin y al cabo, ahora puedes retar al Alto Mando —dijo mientras ponía ambas manos en las caderas y le dirigía una de las aterradoras miradas que tantas veces le había dedicado en el gimnasio, aunque menos cargada de odio—. Más te vale darlo todo en la Liga, ¿me oyes? Me sabría fatal haber perdido contra ti si luego alguno de esos cuatro te gana, o peor, ¡te rindes! ¡No vas a rendirte, ¿a que no?!

—¡No, señora! ¡Voy a darlo todo! —respondió la joven mientras hacía un saludo militar. Débora asintió satisfecha.

—Eso espero por tu bien, porque como no sea así te encontraré y te quitaré la medalla dragón a la fuerza si hace falta. Es cierto que el Campeón no es nada fácil de vencer, por eso es el Campeón, así que si pierdes contra él te lo perdono —dijo mientras miraba disimuladamente a su primo, pero él no le devolvió la mirada—. Pero no creas que eso significa que puedes relajarte. Me enteraré si no lo has dado todo en los combates y como sea así no tienes región para correr para huir de mi furia. No hay cosa que más odie en este mundo que a los vagos y a los incompetentes.

—Tranquila, pienso darlo todo en ese combate —respondió más calmada. Su mirada se perdió momentáneamente cuando empezó a fantasear con todo lo que todavía le quedaba por delante—. El entrenador más fuerte de la región. Me pregunto cómo será y si estaré a su nivel —Débora se encogió de hombros.

—Lo único que puedo decirte es que está más cerca de lo que piensas —A Lance le costó mucho controlarse para no reaccionar al comentario de su prima, pero aun así la líder notó su tensión y esbozó una sonrisa. El domadragón se aclaró la garganta para intentar desviar la atención de lo que estaban hablando y cambiar de tema completamente.

—¿No tienes que prepararte para tu próximo combate? Silver va a retarte hoy también —La felicidad de Débora fue reemplazada por una molestia evidente. Movió una mano en el aire y miró hacia otro lado, como si quisiera desentenderse del tema.

—Sí, cierto. Sobre eso, he decidido que voy a cerrar el gimnasio hasta mañana porque hay que arreglar el campo de combate y demás, no se puede recibir a un retador en las condiciones en las que se encuentra ahora —Lance sonrió al oír su respuesta, y a Lira le pareció ver que en sus ojos brilló una chispa traviesa.

—Dijiste que no sonaba muy creíble que en un día pasaras de ser invencible a ser derrotada por dos críos. No tendrás miedo de que al final eso acabe sucediendo, ¿verdad? —La molestia de Débora también pasó a convertirse en enfado por el pique de su primo. Cerró las manos en dos puños, su cara se puso roja como una baya tamate y, por un momento, Lira pensó que estallaría como un volcán que destruiría todo a su paso, pero en el último segundo consiguió calmarse. Inspiró hondo y le dirigió una mirada asesina a su familiar.

—Tú estás muy gracioso últimamente. Sigue así y acabarás como el día de tu decimoséptimo cumpleaños —se limitó a decir, lo que hizo que un escalofrío le recorriera la espalda a Lance. Débora se quedó complacida al ver que había captado su amenaza—. Así me gusta, a ver si aprendes a cerrar la bocaza. Espero que me dejes tranquila hasta mañana, ha sido un día muy intenso y necesito despejarme. Me encantaría seguir perdiendo el tiempo aquí con vosotros dos, aunque en verdad no tanto, y tengo prisa, así que mejor me voy ya —Al acabar de hablar miró a Lira, y la joven se aseguró de no romper el contacto visual con ella—. Supongo que nos volveremos a ver antes de que te vayas. De no ser así… Que gane el mejor si consigues llegar hasta el Campeón.

Con eso dicho, la líder se dio la vuelta y abandonó la guarida, dejando que el cese del eco de sus tacones indicara que ya se había marchado. Lance y Lira se quedaron mirando las escaleras en silencio, envueltos en la rara atmósfera que había dejado Débora al irse.

—¿Ves? No es mala, solo… —empezó a decir el pelirrojo en un tono suave y dulce, tratando de encontrar la palabra que mejor describía a su prima— Complicada —concluyó. Lira asintió, mostrándose de acuerdo con ese adjetivo. Por mucho esfuerzo y tiempo que le costara, al final la líder sabía reconocer cuando se equivocaba y pedía perdón, eso era algo que no todos eran capaces de hacer. Le perdían las formas y tenía un carácter fuerte que le hacía sacar su peor lado muchas veces pero Lira no veía maldad en ella. Irritabilidad, prepotencia, chulería… Pero no maldad.

—Supongo que tienes que darte tiempo y paciencia para poder conocerla del todo —añadió. Lance no dijo nada y ella le miró con curiosidad, pues no había olvidado lo que había dicho su prima antes de irse—. Por cierto, ¿qué pasó el día de tu decimoséptimo cumpleaños?

—Algo que me gustaría olvidar —respondió de una forma que dejaba claro que no quería hablar del tema. Apartó los ojos de las escaleras y miró a la joven—. En fin, eso es poco relevante ahora. Vamos a lo que importa, ¿estás preparada para esta noche?

—¿Esta noche? —preguntó confundida, aunque no tardó en entender a qué se refería— ¡Es verdad! ¡El último sueño!

—Sí, si Lugia no ha cambiado de planes, que espero que no sea así. A ver si con suerte nos arroja algo de luz sobre lo sucedido en Ciudad Trigal y nos guía un poco, necesitamos toda la ayuda posible —comentó mientras se fijaba en el cinturón de Poké Balls de la joven. Alzó la ceja al ver que tenía una sexta, pues habría jurado que hasta entonces contaba solo con cinco—. ¿Y eso? ¿Nuevo miembro?

—Ah, sí. Me la ha dado tu abuelo —respondió Lira con una radiante sonrisa mientras presionaba el botón central de esta. Dratini salió al instante, mostrándose llena de energía—. ¡Es monísima! ¡Todavía no me creo que tenga un tipo dragón!

La pequeña gran dragona adoptó una pose digna de un concurso de belleza antes de envolver cariñosamente de nuevo a su entrenadora. Lira le acarició el hocico mientras intentaba reprimir una risita, al parecer su nueva compañera era un poco presumida. Lance miró la escena con una mezcla de agrado y ternura.

—La verdad es que es una muy buena primera opción si te gustaría empezar a entrenar dragones. Solo te queda la capa, conozco una tienda muy buena en Ciudad Azulona, seguro que encontramos una que te quede bien —Lira rio y Lance sonrió—. Fuera bromas, felicidades por haber pasado la prueba y conseguir las ocho medallas. Seguro que estás pletórica.

—¿Pletórica? ¡Eso es poco! ¡Siento que voy a explotar de un momento a otro! —exclamó mientras envolvía al pelirrojo en un fuerte abrazo. Lance se lo devolvió, acostumbrándose cada vez más a las súbitas y explosivas muestras de afecto de la joven— Por cierto, que sepas que no me he olvidado de lo que me prometiste en el Lago de la Furia —dijo mientras alzaba la cabeza para poder verle. Él le miró extrañado.

—¿De lo que te prometí? —Lira se apartó y le miró con una sonrisa pícara.

—Que combatiríamos cuando consiguiera las ocho medallas, cosa que ya he hecho —dijo mientras tomaba una Poké Ball y le señalaba con ella—. Ves preparando a tu equipo, porque eres el siguiente al que pienso derrotar.

—Vaya. Vencer a mi prima te ha puesto un poco chulita, ¿no crees? —preguntó con la misma expresión que tenía la joven en el rostro— Estaré encantado de bajarte los humos.

—¡Ja! Y dices que yo soy la chula. Pienso sacarle brillo a los colmillos de Feraligatr para nuestro enfrentamiento. ¡Te vas a enterar! —El mencionado reptil sonrió, mostrando al hacerlo que sus dientes estaban en perfecto estado. Los dos entrenadores se quedaron envueltos por una cómoda complicidad después de aquello, hasta que Lira pareció recordar algo y se sobresaltó repentinamente— ¡Ah! ¡Tengo que contarle esto a Eco cuanto antes! Seguro que se desmaya al ver a Dratini, ¡ya verás lo contento que se va a poner! Y el profesor Elm también, seguro que se le caerán las gafas de la emoción y todo —La joven se aseguró de que tenía las seis Poké Balls bien ajustadas y le dedicó una última sonrisa al pelirrojo antes de irse— Voy a ver si le encuentro por aquí. ¡Nos vemos luego!

—Nos vemos —dijo él mientras le despedía con la mano. Lira se fue corriendo y él se quedó allí un poco más, hasta que decidió subir las escaleras para abandonar la cueva.

No había caído en que su enfrentamiento contra Lira estaba más cerca que nunca, si es que conseguía derrotar al Alto Mando primero y el Team Rocket no se salía con la suya. Todavía tenía muchas cosas en las que pensar antes de empezar a prepararse para ese combate, pero no pudo evitar preguntarse cuál sería la reacción de la joven al ver que el Campeón era él, ni más ni menos. ¿Se lo tomaría bien? ¿Le sorprendería? ¿Le parecería mal que se lo hubiera ocultado? Había muchas posibilidades y le ponía un poco nervioso no saber cuál era, pero no tardó en decirse que era un poco inútil preocuparse por eso a esas alturas. Sería lo que tendría que ser. Al salir de nuevo al exterior sacó a Dragonite y se subió a su lomo; no intercambiaron ninguna palabra, pero aun así el dragón supo que lo que su entrenador quería era volar por su ciudad durante un rato para dejar de lado, aunque fuera por unos minutos, las preocupaciones que no paraban de asaltarle.


Silver se encontraba dentro de la Guarida Dragón, sentado y apoyado en la pared. Hacía poco que las gemelas se habían cansado de jugar a las preguntas y al fin les habían dejado en paz, así que decidió esperar tranquilamente a que Lira saliera de su reunión y pudiera retar a la líder. Esperaba no tener que pasar por lo mismo que ella en caso de vencerla, pues su paciencia se acababa enseguida con las tonterías y no estaba dispuesto a seguir tolerando los caprichos infantiles de personas supuestamente adultas. Ya había aguantado unos cuantos a lo largo de su vida y consideraba que había tenido bastante a pesar de su corta edad.

—Deja de esconderte. Sé que estás ahí.

Una sombra se movió entre las rocas cuando alzó la voz, confirmando las sospechas que le habían surgido gracias a la información que habían captado sus agudos sentidos. Pensó que Eco estaría investigando a los pokémon que habitaban la cueva, ya que por lo visto se moría de ganas de hacerlo, pero al final tuvo que parecerle más divertida la opción de espiarle. El joven salió de su escondite y se sentó en la orilla del lago, como si no hubiera ocurrido nada, y sacó su libreta para empezar a hacer un par de anotaciones.

—¿Qué me quieres preguntar? —dijo el pelirrojo tras unos minutos de silencio. Por la tensa postura del investigador era evidente que este quería consultarle algo, pero por alguna razón no había acabado de animarse a hacerlo. Al final, y tras pasar unos segundos, Eco dejó de escribir y se dio la vuelta para mirarle a los ojos.

—No comprendo por qué ahora vas con Lira y por qué ella permite que vengas con nosotros después de lo que has hecho. Tenía entendido que os odiabais —admitió finalmente. Silver apoyó su cabeza en la pared y miró hacia arriba; esa era una cuestión a la que él mismo le había dado muchas vueltas, y parecía que al fin había llegado a formular su propia conclusión. Por un momento pensó en no contestar al investigador, ya que consideraba que no le debía nada, pero acabó diciéndose que no pasaría nada por compartir sus ideas con él.

—Sinceramente, no creo que lo entiendas, eres muy cuadriculado —Eco alzó una ceja y Silver bajó la mirada para volver a verle—. En tu cabeza yo soy malo y ella es buena, por eso según tú no hay forma de que podamos entendernos, ¿verdad? Pero el mundo no es siempre blanco y negro, y tanto las personas como los pokémon y las circunstancias cambian. Yo he tenido una infancia diferente a la tuya y a la de muchos, a mí me enseñaron por las malas que el más fuerte sobrevive y que para eso, como su nombre indica, necesitas fuerza. El amor y el cariño eran a lo que se aferraban los débiles para intentar ser alguien. Recuerdo que cuando conocí a Lira pensé que era el vivo reflejo de la debilidad, por eso le tenía tanto desprecio, y por eso me enfadaba cada vez más cuando me ganaba. ¿Por qué no soy capaz de ganar a alguien débil? ¿Es que también lo soy? —preguntó mientras se miraba las manos. Eco ya se había olvidado por completo de su libreta, pues su atención estaba puesta en el joven que había decidido compartir sus inquietudes con él— Luego fueron pasando cosas, tuve muchos combates a lo largo de mi aventura que me obligaron a reflexionar y a cambiar poco a poco mi mentalidad. No fue algo repentino, de hecho creo que todavía pienso igual en algunos aspectos, pero sí he tenido un cambio.

—Bueno, es normal —intervino Eco para la sorpresa del pelirrojo—. Has pensado de una determinada forma durante toda tu vida, no vas a cambiar de la noche a la mañana como si nada. Dices que has empezado a cambiar y eso está bien. ¿Ha mejorado la forma en la que tratas a tus compañeros? —Silver tardó un poco en responder. Pensó que el investigador no le daría mucha importancia a sus palabras pero parecía interesado en lo que tenía que decir.

—Sí, algo así —contestó lentamente—. Pero voy a serte sincero, no empecé a darles amor desinteresadamente de buenas a primeras, lo hice porque pensé que así sería más fuerte. Ya sabes, no me ha funcionado un método así que voy a probar otro, pero… Fue raro, cuanto más lo hacía más bien me sentía. Ellos se extrañaron las primeras veces, y yo también, fue un poco incómodo y artificial para todos pero poco a poco se fue sintiendo más natural. No soy el chico más cariñoso del mundo pero al menos ya… Ya no les maltrato.

La última parte de su discurso se le atragantó en la garganta, se notaba que no estaba orgulloso de lo que había hecho. Silver gruñó y giró la cabeza, ya que pareció encontrar interesante de forma repentina las rocas que había a su lado, pero Eco se le quedó mirando durante un rato más. No parecía estar fingiendo pero quería comprobar que de verdad había habido un cambio y, de paso, ver cómo estaba.

—¿Puedo verlo? Al que robaste —pidió finalmente. Silver se llevó una mano a su cinturón y presionó el botón central de una de las Poké Balls. De ella salió Meganium, que sonrió ampliamente al ver a su entrenador, y agachó la cabeza para que él se la pudiera acariciar. Eco se dio cuenta de que el otro chico también sonrió sin darse cuenta, y el investigador sintió una punzada de dolor y culpa mientras agarraba con fuerza una de sus propias Poké Balls.

—Mira, si ahora voy con Lira es porque me he dado cuenta de que estaba equivocado, y porque necesito toda la ayuda posible para recuperar a alguien —dijo mientras acariciaba el collar que llevaba—. Ella se habrá dado cuenta de que he cambiado, por eso me habrá dejado ir con vosotros. En cierta medida me recuerda al alguien que te he dicho, y ese alguien es la persona más fuerte que conozco.

Al acabar de hablar el pelirrojo retiró a su pokémon y el investigador dejó de aferrarse a su Poké Ball. Soltó la mano y agarró un boli, prefiriendo centrarse de nuevo en sus investigaciones antes de que acabara sintiéndose mal.

—Lo devolveré cuando acabe lo que tengo que hacer —le aseguró Silver. Eco asintió y no dijo nada más, tampoco lo hizo el otro joven. El investigador volvió a mirar la orilla para observar a los pokémon y tomar notas mientras que el entrenador se limitaba a ver aquellos que salían a la superficie a curiosear. Los dos volvieron a verse envueltos en el silencio que acostumbraba a formarse cada vez que se quedaban solos pero, aquella vez, tuvieron la sensación de que era un poco menos incómodo.

—¡Ya la tengo! ¡Ya la tengo!

Aunque esa tranquilidad no les duró mucho.

Los dos miraron a su izquierda al oír los gritos que llenaron la cueva y vieron que se trataba de Lira, que se acercaba a ellos a una velocidad alarmante. La joven sujetaba algo entre sus dedos por encima de su cabeza, con una sonrisa que les indicaba que se trataba de algo muy valioso. Al principio no distinguieron muy bien qué era, pero cuando se detuvo delante de ellos y se lo enseñó vieron que se trataba de la octava medalla. Silver abrió los ojos ligeramente y a Eco se le contagió la gran sonrisa de la joven.

—¡Ya la tienes! ¡Ya la tienes! —exclamó él mientras se ponía de pie y abrazaba a su amiga. Ella le devolvió el abrazo y los dos empezaron a dar vueltas mientras seguían juntos, dejándose llevar por la euforia que compartían en ese momento.

—¡Y mira! ¡Mira! ¡Me la ha dado el líder del clan! —exclamó Lira mientras señalaba al nuevo miembro de su equipo, que se acercó a ellos junto a Feraligatr. Eco no pudo reprimir, y su hubiera podido no habría querido, un grito de emoción al ver que se trataba de un tipo dragón.

—¡Qué dices! ¡¿Sabes la alegría que se va a llevar el profesor?! ¡¿Lo mucho que podemos aprender?! —preguntó antes de acercarse a ella para poder observarla con detenimiento. Dratini le miró con la misma curiosidad que él, dio una vuelta a su alrededor y cerró los ojos y alzó el mentón, tratando de hacer su mejor pose para que el joven pudiera verla en todo su esplendor.

—Genial. Por fin llegó mi turno para conseguir la octava medalla —dijo Silver mientras se levantaba y se daba unas palmadas en el pantalón. Al oír eso la joven se mordió el labio inferior; tenía noticias para él y estaba segura de que no le iban a gustar ni un pelo.

—Ya, sobre eso… —empezó dubitativa— Verás, Débora ha cerrado el gimnasio por hoy porque el campo de combate ha quedado en un estado lamentable, así que tendrás que esperar a mañana para poder retarla.

—¡¿Qué?! ¿Me estás tomando el pelo? —exclamó su rival. La incredulidad y la molestia fueron evidentes en su rostro, pero por desgracia para él no se trataba de ninguna broma. Lira le sonrió tímidamente y Silver se llevó una mano a la frente— De verdad, eres mi amuleto de la mala suerte.

—Oye, no te pongas así, que gracias a mí vas a tener un día más de preparación —Él negó con la cabeza, sintiéndose frustrado—. Si ganas será gracias a este tiempo extra que te he conseguido.

—Si vas a ir con esas entonces es correcto decir que tú también has ganado gracias a mí, que te recuerdo, por si lo has olvidado, que si pudiste entrenar en condiciones fue porque accedí a que lo hiciéramos juntos —Lira iba a contestar, pero cerró la boca en el último momento al darse cuenta de que era verdad. Silver le sonrió y ella le sacó la lengua, pues fue la única forma que se le ocurrió de responderle.

—Sí, bueno, como sea. Yo voy a tomarme el día libre porque no puedo más con mi vida, estoy agotada y necesito descansar —dijo la joven mientras estiraba los brazos. Al bajarlos miró a los dos jóvenes y ladeó ligeramente la cabeza— Qué decís, ¿os hace una carrera hasta el Centro Pokémon?

—Pero si acabas de decir que estás cansada, Li —remarcó Eco. La entrenadora le iba a decir algo, pero entonces su amigo hizo un sprint en dirección a la salida y se perdió de vista entre las rocas. La joven se sorprendió al verle correr tan rápido, pero enseguida se recuperó y no tardó en verse molesta por la acción de su amigo.

—¡Eh! ¡Pero serás tramposo! ¡A ver cómo cruzas el lago porque dudo que Marill pueda con el peso de tus traiciones! —exclamó indignada antes de empezar a perseguirle, con Feraligatr y Dratini siguiéndole de cerca. Silver suspiró al ver la escena.

—Se supone que estamos en un lugar sagrado en el que no se puede gritar… —le dijo a nadie, pues los dos oriundos de Pueblo Primavera ya se habían ido. No llevaba mucho tiempo con los dos pero estaba casi seguro de que entre unas cosas y otras acabarían tirándose al lago; podían llegar a ser bastante enérgicos cuando se juntaban, sobre todo Lira, que parecía activar al investigador de vez en cuando. El pelirrojo acarició su colgante de nuevo y le echó un vistazo. Si ella estuviera ahí con él a lo mejor no irían de cabeza al lago, pero acabarían encontrando la manera de divertirse de una forma más civilizada. Se aferró a él con fuerza durante unos segundos y lo soltó antes de dirigirse lentamente a la salida.

Ganaría el combate. No era una posibilidad, no era una opción; era una obligación si quería volver a verla y él lo deseaba con todo su ser. Ya podían plantarse delante de él cien dragones, que si tenía que derrotarlos para conseguir la última medalla lo haría con sus propias manos gustosamente.


(Grytherin18-Friki: ya sabes que hay personas que solo son capaces de ver defectos y fallos en los demás y no en ellos mismos. Aunque he hecho quedar a Débora como alguien despreciable durante gran parte del fic, basándome un poco en la personalidad que muestra al principio en los juegos, la verdad es que es un personaje que me gusta mucho y al que le tengo aprecio, así que espero haberle hecho justicia con este cierre y que no os deje con una impresión muy mala.

nadaoriginal: no sabemos qué estaba más caliente, si el gimnasio o Débora (?) Es cierto que es una mala perdedora, pero es capaz de rectificar y pedir perdón cuando hace falta, aunque le cueste la vida y sea porque su abuelo o su primo le convencen para que lo haga, pero al menos ya es más de lo que hacen muchas personas.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).