Esa vez había algo distinto. No sabía decir el qué exactamente, ya que de momento solo podía oír el rumor de la corriente, pero solo con eso sintió que ese sueño no iba a ser como los otros. Pasaron unos segundos y al fin logró abrir los ojos, lo que le permitió confirmar que, en efecto, ese no iba a ser como los anteriores.

El punto del mar en el que se encontraba estaba en calma. No había ningún remolino a la vista y pudo apreciar que la luz del sol llegaba ahí con más facilidad. Los otros sueños eran oscuros y enigmáticos pero ese le invitaba a relajarse, a dejar sus preocupaciones de lado y disfrutar de la tranquilidad que le brindaba. Era cálido, acogedor, y por un momento dudó que el legendario fuera a aparecer, pues el paisaje era demasiado idílico como para enturbiarse con su grave presencia.

Sin embargo, dicho pokémon no tardó mucho más en hacerse presente.

Lira se sorprendió al verle surgir como si nada, mostrándose como la criatura que Shin le había enseñado tiempo atrás en vez de la sombra que se extendía por los rincones de sus sueños. Lugia se mostró ante ella en toda su inmensidad y claridad, dejando al descubierto su gran cuerpo blanco con forma de dragón, su enorme par de alas y varias placas azules que se distribuían a lo largo de su espalda. Sus ojos reflejaban una calma contagiosa, parecían una balsa momentos antes de iniciarse una furiosa tormenta, y eso hizo que ella se preguntara si se trataba de la misma criatura que la había visitado las veces anteriores.

Te he estado esperando, Lira.

Ella no dijo nada. Se le había quedado mirando boquiabierta, olvidando sus modales por completo, pero no pudo evitarlo al tener delante a un ser tan grandioso y bello. Si el legendario se sintió incómodo o molesto en algún momento por eso no llegó a expresarlo.

Supongo que tendrás muchas preguntas. Ahora es el momento de hacerlas.

Él le dio la espalda y agachó el cuello. Lira se le quedó mirando dubitativa, ¿acaso estaba…? ¿De verdad podía…? Como se quedó quieto supuso que habría interpretado bien su oferta así que se subió a su lomo. Sus manos rozaron su piel, lo que le hizo darse cuenta de que era completamente lisa. Ella se quedó en trance durante unos momentos, pues cuando Lugia empezó a nadar la corriente comenzó a acariciarle el rostro como si se tratara del equivalente a la brisa marina. Era un viaje hipnótico, el suave movimiento de Lugia la inducía a apoyarse en su lomo por completo y cerrar los ojos, pero Lira no tardó en recordar que algo faltaba, algo de vital importancia. Cuando fue consciente de eso se sentó de nuevo y abrió los ojos, casi maldiciéndose por no haberse dado cuenta antes.

—¿Dónde está la otra chica? ¿Por qué secuestraste a esos cuatro jóvenes? —Le había dicho que era la hora de hacer preguntas y eso era lo que iba a hacer, resolver las incógnitas que no paraban de acecharla. Lugia hizo un giro sobre su eje y siguió nadando.

Directa al grano. Es sencillo, porque necesitaba un seguro, algo que te animara a conseguir las ocho medallas por si te desanimabas a lo largo de tu aventura. Si pasaba algo que te hiciera tirar la toalla y abandonar tu objetivo de conseguirlas todas, las acabarías reuniendo por ellos.

—¿Y si hubiera decidido no hacerlo igualmente?

En ese caso tu falta de empatía me habría indicado que fallé al elegirte.

La contundencia con la que lo dijo hizo que se estremeciera un poco. Era un legendario, después de todo, y lo mostraba muy bien con la rotundidad y seguridad con las que se comunicaba. Aunque ella era la Elegida no podía olvidar con quien estaba hablando, así que tuvo que tomarse unos segundos para serenarse antes de seguir con la conversación.

—Eso me lleva a la siguiente pregunta, ¿por qué me elegiste? Tenías a Morti, a Débora, a Lance…

Sí, entrenadores fuertes que destacan por su gran habilidad a la hora de combatir. No niego que me haya sentido atraído hacia ellos en algún momento pero necesitaba algo más que fuerza, necesitaba que la Elegida tuviera una capacidad abrumadora de establecer vínculos con los pokémon gracias a su benevolencia.

—Carol-

La guardiana del Encinar es muy buena persona, hacía tiempo que no veía una bondad como la suya, pero no muestra mucho interés en el combate y yo necesito a una persona que también sea buena entrenadora. Lira, aunque haya personas que te superan en habilidad y bondad, la combinación equilibrada que posees de estas características te convierte en la persona que necesito.

La entrenadora no dijo nada al respecto. Aunque estaba tranquilo, Lugia imponía incluso cuando no tenía la intención de hacerlo, todavía tenía que acostumbrarse al aura poderosa que emanaba de él. Como veía que ella no iba a hablar, el legendario volvió a tomar el turno de palabra para evitar caer en el silencio.

Me gustaría aprovechar este momento para disculparme por lo que hice en las Islas Remolino. Espero que no te asustara demasiado.

—Pues sí que lo hizo —respondió sin temor, olvidando lo que sentía por un momento al recordar aquella traumática escena—. Estaba tan tranquila con mis pokémon y de repente un remolino amenaza con llevarme a lo más profundo del mar, cualquiera se habría sobresaltado.

Lo sé, soy consciente de que fue algo repentino. Lo hice porque me habría gustado verte en persona para habértelo explicado todo mejor pero entonces el Descendiente del clan Endrino intervino. No quise causar más problemas así que dejé que te rescatara.

—¿Cuál de los dos?

El mayor.

Lira no supo como sentirse al enterarse de que Lance le había salvado aquella vez. Parecía estar muy entrometido en todo ese asunto para tratarse de un entrenador normal, aun siendo un Descendiente, y no entendía por qué mostraba tanto interés en el legendario y el Team Rocket si no eran temas que le afectaban directamente. ¿De verdad era tan altruista? ¿Acaso tenía algún interés oculto? No quería sospechar de él pero le parecía extraño verle tan implicado en algo que no le incumbía. Sus pensamientos fueron frenando conforme lo hizo el legendario, y en ese momento se dio cuenta de que el mar había empezado a volverse más oscuro.

Me temo que nos queda poco tiempo —se dijo a sí mismo con cierto pesar, para después dirigirse de nuevo hacia la joven—. Lira, la fiesta está a punto de empezar. Recibirás una llamada a lo largo de este día que te indicará el lugar al que debes acudir, a partir de ahí los sucesos se irán desencadenando hasta llegar al inevitable final y entonces todo estará en tus manos. Nos volveremos a ver muy pronto, cuídate

Una fuerte corriente hizo que se soltara del lomo del legendario. Lira se dejó llevar por ella como si nada, aunque luego recordó algo que la hizo gritar e intentar atraer la atención de Lugia.

—Espera, ¡la chica que falta! ¡No la has liberado!

No te preocupes, saldrá cuando todo esto haya acabado —se limitó a responder mientras batía sus alas—. Nos veremos pronto, Elegida.

Y, con eso, ella ascendió a la superficie gracias a la última corriente que generó el legendario, dando por finalizado lo que suponía que era el último sueño.


Lira dio un gran salto cuando se despertó. Sus ojos se abrieron de golpe y su respiración se volvió agitada, tuvieron que pasar unos segundos para que pudiera tranquilizarse y recordar donde estaba. La única luz que alumbraba la habitación del Centro Pokémon en la que se encontraba era la que se colaba entre las cortinas, así que sus pupilas tardaron un poco en acostumbrarse a la oscuridad del lugar. Al hacerlo, otra fuente de luz se encendió a su izquierda, la cual provenía de la cama de Eco. La joven miró a su amigo con los ojos entrecerrados, pues la intensidad de la linterna de su Pokégear todavía le resultaba cegadora.

—¿Estás bien? —preguntó preocupado. Al parecer llevaba un par de minutos despierto y estaba preparándose la mochila para ese día, o eso parecía por los objetos que había dispersos por su cama. Como eran mejores amigos de la infancia no les había dado pudor compartir habitación, de hecho, estaban más que acostumbrados a hacerlo en Pueblo Primavera, donde podían contar por centenas las noches que se habían quedado desvelados jugando a la Mii. Lira sacudió a cabeza y se quitó las sábanas que todavía le cubrían.

—Tengo que llamar a Lance.

—¿Por qué? ¿Ha pasado algo? —inquirió, mostrándose suspicaz— Vamos a verle enseguida. Hoy Silver reta a Débora, ¿recuerdas? Hemos quedado en el hall en media hora.

—¡Pero no tengo media hora! —exclamó alterada mientras se levantaba y se llevaba la ropa al baño para cambiarse. Antes de hacerlo le envió un mensaje al domadragón para que fuera cuanto antes al Centro Pokémon, y cuando se puso su atuendo habitual y se aseguró de que tenía buen aspecto, salió corriendo de la habitación sin decirle nada a Eco. Su amigo se quedó mirando la puerta con una mezcla de recelo y preocupación, pero siguió preparando sus cosas en vez de ir tras ella.

En cuanto bajó las escaleras que llevaban al hall, Lira escaneó el lugar con la misma ansia que tendría una madre en busca de su hijo perdido. No tardó en verle, pues el lugar estaba prácticamente vacío y era de los que no pasaban muy desapercibidos, así que cuando establecieron contacto visual se reunieron y se fueron a una de las esquinas del edificio, para que ninguno de los escasos entrenadores que había presentes pudieran escucharlos.

—¿Qué te ha dicho? —preguntó Lance intentando aparentar tranquilidad, pero se notaba que estaba ansioso por saber lo que le había contado el legendario en su sueño.

—Varias cosas. Por fin hemos tenido una conversación civilizada —contestó Lira antes de hacer una pausa para recuperar el aliento e intentar ordenar los sucesos de su sueño. El principio se le hacía algo difuso y lejano, estaba segura de que si se esforzaba lo acabaría recordando todo, pero lo que tenía más fresco era lo último que había ocurrido y algo le decía que también era lo más relevante, así que decidió contarle esa parte. Tomó aire y se preparó para volver a hablar—. Lo más importante es que, según él, la fiesta está a punto de empezar y que hoy recibiré una llamada que desencadenará una serie de sucesos que nos llevarán al inevitable final, luego estará todo en mis manos. También me ha dicho que no soltará a la chica que queda hasta que todo esto haya terminado, así que no nos queda más remedio que ganar —Lance asintió y se cruzó de brazos, mostrándose preocupado y pensativo.

—Así que es hoy —susurró de forma grave. Lira sintió que se estremecía; se lo había dicho el legendario, y ella misma se lo había dicho a Lance, pero no fue hasta que él formuló esa idea en voz alta que se dio cuenta de lo que eso realmente significaba e implicaba. La joven no pudo reprimir el escalofrío que le recorrió la columna.

—Me habría gustado que me lo dijera con más antelación —susurró mientras se abrazaba con nerviosismo—. Sabía que este momento iba a llegar, pero con tan poca información y tan de repente…

—Tranquila, estamos preparados —dijo él en un intento de calmarla. Lira quiso creerse esas palabras, algo que no le resultó muy difícil por la seguridad con la que las dijo, pero aun así no dejaba de agobiarle pensar que quedaba muy poco para el desenlace.

—Pero ¿qué hacéis los dos ahí apartados? ¿Estáis jugando al escondite con el otro o qué? No, mejor no me lo digáis, creo que prefiero no quiero saberlo.

Por suerte o por desgracia, su pequeña conversación y sus preocupaciones fueron interrumpidas por una persona que no parecía estar del mejor humor aquella mañana. Ambos giraron la cabeza al oír que alguien se dirigía a ellos y, al hacerlo, vieron que se trataba de Silver, que les estaba mirando como si estuvieran haciendo lo más raro que había visto en mucho.

—¡Silver! —exclamó Lira mientras se acercaba a él, ignorando la expresión que se le había quedado al joven— ¿Qué tal, te encuentras bien? ¿Cómo lo llevas?

—¿Cómo lo voy a llevar? Estoy preparado para hacerme con esa medalla. Me pasé toda la tarde entrenando así que no estoy preocupado —Ella asintió y él miró hacia ambos lados—. Bueno, queda un cuarto de hora para en punto pero si ya estáis aquí podemos irnos, no tiene sentido esperar. ¿El chico de la ciencia no viene?

—Sí. Está haciéndose la mochila pero ahora le digo que baje.

Eco no tardó mucho en bajar tras recibir el mensaje de Lira. Se le veía algo molesto pero nadie se animó a decirle nada, así que cuando los cuatro estuvieron listos emprendieron el mismo trayecto que ya habían realizado a lo largo de los días anteriores. A diferencia de Lira en su momento, Silver se mostraba tranquilo, iba con la mirada centrada y con las manos en los bolsillos, como si solo fuera a una tienda para comprar el pan. La entrenadora aceleró el paso para ponerse a su lado.

—¿No estás ni siquiera un poco nervioso? —preguntó cuando le alcanzó. Él se encogió de hombros.

—¿Debería?

—Es tu última medalla.

—La octava, y ya tengo siete. Es otro combate de los muchos que tengo que librar para llegar a la cima, no veo dónde está la novedad.

—En que se trata de una líder muy fuerte que puede llegar a suponer un problema.

—Eso se verá en el combate, no me gusta adelantar acontecimientos —dijo sin apartar la mirada del frente. No parecía estar haciéndose el fuerte, el encuentro por su octava medalla no le inquietaba ni lo más mínimo y eso sorprendió a la joven, que no pudo evitar preguntarse qué clase de experiencias habría vivido para tener los nervios de acero.

Tras subir un par de cuestas al fin llegaron al punto más alto de la ciudad, donde se encontraba el gimnasio. Los cuatro entraron juntos y al hacerlo vieron que Débora les estaba esperando, tal y como había hecho el día anterior, solo que esa vez se la veía más calmada. A Lira eso le sorprendió y molestó un poco, ya que le habría encantado enfrentarse a la líder así, de esa manera su combate no habría sido ni la mitad de agresivo ni agotador de lo que fue. Pero no tenía sentido lamentarse, y se alegraba de que su estado de ánimo hubiera mejorado porque ya no parecía estar constantemente al borde de un ataque de ira, así las cosas serían mejores para todos.

—Cuánto público. A ver si resulta que tú también vas levantando pasiones por ahí y no es solo cosa de ella —dijo mientras alzaba las cejas al ver que Silver no había ido solo. Él se quedó quieto y no dijo nada, pero Lance avanzó y se situó delante del trío de jóvenes.

—Déjanos estar dentro, Débora —pidió firmemente. Ella le miró durante unos segundos con una expresión neutra, lo que parecía indicar que iba a rechazar su petición, pero acabó por encogerse de hombros.

—Vale, pero no me hago responsable si os desmayáis por el calor.

Con eso dicho dio media vuelta y se adentró en el gimnasio; los cuatro hicieron lo mismo. En vez de dirigirse al teletransportador, ella les hizo de guía y les condujo por todo el edificio, encargándose de mover las distintas plataformas que había sobre la lava para llegar a su destino final. Lance se fijó en que los entrenadores los miraban sorprendidos, querían acercarse para cumplir con su labor pero parecía que tenían miedo de hacerlo, y algo le decía que su prima era responsable de su extraño comportamiento.

—Débora, te recuerdo que las normas de la Liga están para que se cumplan —dijo mientras fruncía el ceño—. Los entrenadores de tu gimnasio no están de adorno. Tienen que enfrentarse a los retadores para probar su valía, a no ser que hayan hecho alguna especie de prueba anterior que lo convalide, y ese no es el caso ahora.

—Cállate. Hablas como si mandaras sobre mi gimnasio y no lo haces —dijo moviendo una mano en el aire para restarle importancia a sus palabras, aunque después de eso le dirigió una mirada llena de curiosidad por encima del hombro—. ¿O sí? —Lance entrecerró los ojos.

—Luego hablamos —sentenció en un tono firme, aunque a su prima no pareció intimidarle esa advertencia.

El resto del trayecto transcurrió en tranquilidad y silencio, pues ninguno de los cinco tenía muchas ganas de hablar. Cuando llegaron al campo de combate los tres jóvenes decidieron que ya habían aguantado suficiente y se quitaron los abrigos; Silver le dio el suyo a los dos que se quedaban sin combatir y se hizo una coleta alta antes de tomar su posición en un extremo del campo. Lance se sentó junto a Lira y Eco, a unos metros del campo de combate, y Débora se quedó en el extremo contrario que había elegido Silver. Cuando vio que estaba preparado se aclaró la garganta y empezó a hablar.

—Bienvenido al octavo gimnasio, es la última prueba que tienes que superar para poder retar al Alto Mando bla bla bla. Creo que a ninguno de los dos nos apetece tener que pasar por la formalidad del discurso —Silver se encogió de hombros, mostrándose completamente indiferente frente a esa situación.

—Si te hace ilusión adelante. No va a cambiar el hecho de que te voy a ganar.

—Oh —Débora cerró ambas manos en un puño y empezó a temblar. Esa se parecía más a la líder de los últimos días, parecía que a Silver no le había costado mucho ponerle de mal humor—. Qué chulito, si es que venís todos creciditos por haber conseguido siete medallas. Te vas a enterar, si piensas que esto va a ser un paseo por el parque ya puedes ir preparándote para volver a casa, niño. ¡Gyarados!

La terrorífica serpiente marina apareció dando un fuerte rugido que despeinó un poco a Silver, pero él no retrocedió ante la imponente bestia. Chasqueó la lengua y agarró una Poké Ball, después de haber llegado tan lejos no iba a dejarse intimidar por nada ni por nadie tan fácilmente.

—No malgastes saliva, la necesitarás para quejarte cuando pierdas. ¡Magneton! —El pokémon de tipo eléctrico y acero surgió en cuanto el haz de luz se disipó, orientando sus imanes hacia su próximo contrincante— ¡Supersónico!

—¡Furia dragón!

Y así, el combate dio comienzo. Las ondas de Magneton consiguieron confundir a Gyarados, que lanzó un rayo descontrolado de furia que acabó impactando en el cuerpo de su adversario, lo que le dejó una pequeña abolladura. Los tres ojos de Magneton giraron a la vez por el golpe recibido pero pudo recuperarse y lanzarse al ataque, que fue bloqueado por Gyarados, ya que al encontrarse confundida lanzaba mordiscos al aire y movía su cola en todas las direcciones sin tener ningún tipo de cuidado, lo que impedía que el tipo eléctrico y acero pudiera acercarse mucho. Aun así, él no se vino abajo, y acumuló un poco de electricidad para lanzársela en forma de una bola de energía que logró paralizarla. Aunque era solo el principio el combate, este ya prometía ser intenso, pues los tres espectadores podían sentir en sus cuerpos las vibraciones que producían el choque de los movimientos, unas vibraciones que le parecieron muy reales a Lira. Al prestar un poco más de atención se dio cuenta de que las que sentía tan cerca provenían de su bolso, no del combate, y cuando llegó a la conclusión de qué podía estar causándolas sintió que el corazón le dio un vuelco.

—Me llaman —susurró agitada mientras buscaba con manos temblorosas su Pokégear ahí dentro. Sentía que los nervios, la incertidumbre y la emoción le embargaban por lo que aquello podía significar, pero se forzó a mantener la calma después de que el móvil estuviera a punto de resbalársele de las manos por el tembleque de sus dedos. Inspiró hondo y al fin aceptó la llamada.

¡Lira! —La voz preocupada del profesor Elm sonó al otro lado antes de que ella pudiera preguntar quién era y, como era habitual en él, empezó a hablar sin darle tiempo a la joven a abrir la boca— ¡Esto… horr…! ¡Tien… que…!

—¿Qué? ¡Profesor! —Lira se tapó el oído para intentar bloquear el sonido del combate, pero dada la intensidad de este era una tarea que le estaba resultando imposible. Los rugidos de Gyarados y las ondas de Magneton le impedían escuchar con claridad lo que tenía que decir Elm, y eso la puso más nerviosa— ¡No le oigo! ¿Podría repetir lo que ha dicho?

¡Ven…! ¡… Mas.. Ball…!

—¿Qué? ¿Mas qué? ¡Profesor! —El profesor cortó la llamada y Lira gritó de frustración al oír el pitido que indicaba el fin de la conversación. Así era él, siempre con prisas— ¡Argh! ¡Ahora no! ¿Por qué es tan inquieto? —preguntó enfurecida mientras miraba la pantalla del Pokégear. Eco se dio cuenta del malestar que le había causado aquello y se dirigió a ella.

—¿Qué pasa? —preguntó el joven, pero cuando Lira alzó la mirada para responder centró su mirada en Lance, que había puesto su atención en ella en el momento en el que había empezado a buscar su móvil.

—Era el profesor Elm. Me ha dicho que tengo que volver a Pueblo Primavera —Al oír aquello Lance se levantó y silbó, lo que hizo que Gyarados se sintiera todavía más confundida y se quedara quieta durante unos segundos.

—¡Débora! —A pesar de estar completamente sumida en el combate, la líder miró a su primo en cuanto la llamó, y no pareció molestarse lo más mínimo a pesar de que la había interrumpido y distraído a su pokémon. Lance pasó su mano en horizontal por delante de su cuello y Débora asintió, pidiéndole a Gyarados que no volviera a atacar, lo que detuvo el combate en el acto.

—¿Qué? ¿Qué haces? —preguntó Silver extrañado y enfadado, pues no entendía por qué había parado tan pronto cuando todavía quedaba tanto por delante. A diferencia de él, Débora no reflejaba ninguna expresión que mostrara que estaba fastidiada por lo sucedido.

—El combate se detiene. Tenemos que irnos —contestó la líder con naturalidad mientras retiraba a su pokémon, como si parar combates de gimnasio fuera algo habitual en su día a día. Silver abrió los ojos al oír aquellas palabras y no se molestó en esconder su indignación.

—¿Irnos? ¿Irnos a dónde? ¡Pero si acabamos de empezar! ¡No puedes detener un combate de gimnasio así!

—¿Que no? Pues mira como lo hago —dijo ella antes de dirigirse al teletransportador con toda la tranquilidad del mundo y desaparecer de su vista como si nada. Silver miró la escena, incrédulo, y se dirigió a Lira, que no tardó en disculparse con la mirada.

—Te lo explico luego pero de verdad que tenemos que irnos —susurró apenada. Su rival no pareció contentarse con esa explicación tan pobre, pero poco podía hacer cuando la líder de gimnasio ya no se encontraba ahí, así que retiró a Magneton y se deshizo la coleta con resignación.

—Voy a tener razón con lo de que eres mi amuleto de la mala suerte. Esto no va a quedarse así —sentenció tras ir a por su abrigo y hacer el mismo camino que Débora, desapareciendo al situarse en el teletransportador. Lance, Eco y Lira hicieron lo mismo, por lo que los cinco no tardaron en salir del gimnasio. Una vez fuera la joven miró al grupo, preguntándose si era necesario que fueran los cinco, pues quería involucrar al mínimo número de personas posible.

—¿Vamos todos? —preguntó a Lance y él se limitó a asentir mientras sacaba a Dragonite. La joven no acababa de entender por qué tenían que ir sus amigos también pero no lo cuestionó, estaba muy nerviosa como para hacerlo.

Después de que Lance sacara a su pokémon Débora hizo lo mismo con Dragonair, Eco con Fearow y Lira con Togetic. Silver fue el único que no hizo nada, se les quedó mirando con una ceja alzada porque todavía no entendía muy bien qué sucedía y qué tenía que hacer, y se negaba a mover un músculo hasta tener un mínimo de información.

—¿A dónde vamos, exactamente?

—A Pueblo Primavera —respondió la joven entrenadora mientras se subía a los lomos de Togetic—. Averiguaremos más cosas durante el camino —Silver no se quedó muy complacido con esa contestación, pero se calló y sacó a Golbat, pues sabía que no iba a averiguar nada más.

No les costó mucho tiempo sobrevolar las rutas 45 y 46, utilizando el río que discurría por la primera como guía, y sintieron que conforme se iban acercando a su destino la temperatura iba en aumento. Se alejaban del norte y era algo que no tardó en notarse; en otras circunstancias aquel habría sido un momento maravilloso y emotivo, pues significaba el cálido regreso a casa tras una ardua aventura llena de todo tipo de vivencias, pero todavía quedaba por superar un último obstáculo antes de poner el punto final y se respiraba cierta tensión en el ambiente. Ni los molinos de viento que empezaron a hacerse visibles al cabo de un rato lograron dispersar la pesada atmósfera que los envolvía.

Los pokémon comenzaron a descender cuando se acercaron al claro en el que se encontraba situado el pueblo. Sus sombras avisaron a los habitantes de su inminente aterrizaje, y eso hizo que alguien que estaba muy pendiente de su llegada saliera corriendo a recibirles en cuanto vio que tocaban el suelo.

—¡Lira! ¡Lira! —exclamó Elm mientras salía de su laboratorio. La joven se acercó al profesor corriendo y él fue a su encuentro, aunque se quedó un poco sorprendido al ver a sus cuatro acompañantes tras ella— ¡Menos mal que ya estás aquí! Y veo que traes refuerzos. No sé si me parece exagerado o no, pero teniendo en cuenta lo que ha ocurrido supongo que toda ayuda es poca.

—¿Qué ha pasado, profesor? —preguntó la joven para ir al grano, pues sabía que él tenía cierta tendencia a irse por las ramas y le inquietaba no saber qué había sucedido para que se mostrara tan nervioso. ¿Habrían robado algún pokémon? No, reforzó la seguridad después del primer incidente para evitar un suceso parecido. ¿Sería que alguna expedición de sus ayudantes había salido mal? ¿Qué podría ser? Elm dejó de mirar al grupo y se dirigió de nuevo a la entrenadora con una expresión que no le gustó nada a ella.

—¿Recuerdas la Master Ball? ¿Aquella maravillosa Poké Ball de la que te hablé? —Lira asintió. No hacía mucho de cuando le explicó su función, recordaba qué la diferenciaba del resto y por qué era tan especial. La mirada del profesor se volvió más seria, si es que era posible, y eso despertó un mal presentimiento dentro de la joven— Pues bien, resulta que al final sí decidieron dármela por todo lo que mis trabajos han aportado al campo de la investigación. Se suponía que me la iban a enviar en breves pero ¡ha sucedido una desgracia! Lira, ¡la han robado! ¡Han robado una Master Ball perfectamente operativa!

—¡¿Qué?! —exclamó ella, aterrada. Al profesor no le quedaba nada para empezar a morderse las uñas y Lira sentía que aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto, porque no quería ni imaginarse lo que una persona con no muy buenas intenciones podía hacer con ella— ¡Pero eso es terrible! ¿Y si ha caído en malas manos?

—¡Ahí está el problema! ¡Ninguna persona con buenas intenciones robaría algo así! —exclamó mientras se llevaba las manos a la cabeza— Esto es un desastre. ¡Un auténtico desastre! ¡A saber qué puede hacer la persona equivocada con algo así! ¡Los progresos que realiza la ciencia son asombrosos pero si no se usan adecuadamente pueden llegar a provocar una catástrofe!

—¡Y que lo diga! ¿Han encontrado alguna pista? ¿Ya han llamado a la policía? —Hasta ese momento Elm había sido un manojo de nervios, pero esa pregunta pareció tocar algo dentro de él, porque de repente se calmó y todo el estrés que arrugaba su cara en una horrible mueca desapareció, haciendo que sus músculos faciales se relajaran casi por completo.

—Sí. Se ha abierto una investigación al respecto —contestó tranquilamente, como si nunca hubiera estado al borde de un ataque de pánico. Ese cambio tan repentino descolocó a Lira, pero estaba más preocupada por lo sucedido con la Master Ball, así que decidió no hacer ningún comentario y seguir con la conversación.

—Y si ese suceso ya está en conocimiento de gente experta ¿por qué quería que viniera? —Elm bajó un poco la cabeza y sus gafas se deslizaron por el puente de su nariz. A la joven no le agradó el repentino malestar que se hizo evidente en sus ojos.

—Lira, mi niña, ¿en qué estás metida? —preguntó en un suave susurro cargado de dolor. Ella tragó saliva y se hizo la despistada; no se estaría refiriendo a eso, ¿verdad? No era posible que él lo supiera, pues por muy inteligente que fuera no podría haberlo adivinado de la nada.

—¿Yo? En nada —afirmó con toda la convicción que fue capaz de reunir, pero la mirada del profesor Elm le decía que él sabía que no era cierto, y que ni todas las mentiras del mundo serían capaces de apagar la terrible sospecha que se había encendido dentro de él aquella mañana.

—Las chicas kimono han sido quienes me lo han dicho —Lira se tensó al oír aquello, pero prefirió no decir nada y dejar que él siguiera hablando—. Es una noticia que muy pocos conocen todavía, y yo seguiría sin saberlo si no fuera porque vinieron esta mañana para pedirme que te alertara de su robo. Me dijeron que te llamara para hacerte venir y decirte que te están esperando en el Teatro de Danza, pero que te prepares por lo que pueda pasar ahora que alguien tiene una herramienta tan poderosa en su poder. Así que te pregunto de nuevo, Lira, ¿en qué estás metida? ¿Qué va a pasar?

—Yo… yo no lo sé —susurró casi imperceptiblemente mientras veía como el profesor miraba con ojos implorantes a la persona que se había situado silenciosamente detrás de ella.

—Por favor, es una menor.

—Estará bien. Es una chica fuerte y yo estaré vigilando por si pasa algo —respondió Lance, y Lira sintió que se le hizo un nudo en la garganta. Había algo en la forma en la que el profesor Elm la miraba que hacía que se le quisieran salir las lágrimas; nunca le había visto tan afligido, tan perdido, tan contrariado. Él extendió su brazo y le revolvió el cabello con afecto, como tantas veces había hecho a lo largo de su infancia cuando había respondido bien alguna de sus preguntas o le había dado un sermón tras haber realizado alguna travesura.

—Ten mucho, mucho cuidado por favor —Ella asintió y retrocedió un par de pasos, con la esperanza de abandonar su pueblo lo antes posible.

—¡Lira!

Pero no pudo ser.

No tuvo que dirigir su mirada a la fuente de voz para saber que se trataba de su madre, pero lo hizo igualmente. La mujer iba corriendo hacia ella sin molestarse en esconder su preocupación y, al verla así, algo dentro de la joven la hizo salir de su trance para reunirse con su progenitora y fundirse en un gran abrazo.

—¿Qué pasa? ¿A dónde vas? —preguntó la señora Soul cuando alzó la mirada y vio a las cuatro personas que acompañaban a su hija, lo que le hizo abrazarla con más fuerza— ¿Ya has conseguido la octava medalla? ¿Por qué vinieron esas chicas esta mañana? ¿Qué te queda por hacer?

—Mami —En ese momento Lira sintió que quería contárselo todo. Quería aferrarse a ella y confesarle que aún se encontraban en peligro, que tenía que ir en busca de un legendario para conseguir su ayuda, que si no se iba pronto el Team Rocket regresaría y Johto podría quedar sumida en un caos eterno por su culpa. Pero en vez de hacer eso, aflojó su agarre y apartó la cabeza de su pecho para poder alejarse—. Déjame, me tengo que ir.

—¿A dónde? —Lira se separó de su madre y clavó la mirada en el suelo. No podía responder esa pregunta porque ni ella lo tenía muy claro, pero aunque lo supiera no se lo diría, porque lo último que quería era preocuparla todavía más. La mujer quiso volver acercarse a ella pero antes de que pudiera hacerlo Lance posó sus manos en sus hombros, lo que hizo que se quedara quieta donde estaba.

—Estará bien —dijo convincente. Su madre se le quedó mirando con los ojos abiertos, sorprendida por su repentina aparición, pero en cuanto el asombro se le pasó el enfado se abrió paso.

—Como le pase algo… —susurró de forma amenazante pero tuvo que parar para contener un sollozo. Después de eso inspiró hondo para calmarse y le señaló con el dedo índice, entrecerrando los ojos— Ni todos los dragones del mundo te protegerán de la furia de una madre.

—No le pasará nada. Doy mi palabra.

Parecía que la señora Soul quería añadir algo más pero se lo guardó para ella en el último momento. Lira sentía que los ojos desbordados de tristeza de su madre y el profesor le desgarraban el alma, así que giró la cabeza y Lance lo interpretó como la señal de que era hora de irse de allí. Soltó a la joven y ella se subió en Togetic, que no se veía muy contento porque podía sentir el dolor de su entrenadora. Los ánimos del resto tampoco estaban por las nubes.

—Pues yo sigo sin entender nada —masculló Silver, que no se había bajado de Golbat en todo el tiempo que llevaban ahí. Sin embargo, no se quejó en voz alta, ya que por las expresiones del resto entendía que no era el momento para eso.

Cuando todos estuvieron listos emprendieron el vuelo a Ciudad Iris, el cual les pareció corto a los cinco, tal vez porque tenían la cabeza llena de preocupaciones e interrogantes, demasiado ocupada como para poder centrarse en cosas tan banales como el tiempo. Aterrizaron en la puerta del Centro Pokémon, lo que causó un poco de exaltación, pues en una ciudad tan tranquila y pausada como aquella no era normal que cinco entrenadores bajaran de repente del cielo, dos de los cuales eran bastante famosos. Todos retiraron a sus pokémon y se dirigieron al teatro, que no quedaba muy lejos de allí, tratando de ignorar las discretas miradas y los agitados susurros de los ciudadanos.

La calma de aquel lugar logró serenarlos de alguna manera, aunque sabían que aquella sensación no duraría mucho. Silver entró en el edificio en cuanto llegó, pues estaba harto de secretos y de tener que esperar, pero Lira se detuvo en la entrada. Sintió que alguien le agarró del brazo y suspiró, ya le estaba resultando bastante difícil de por sí como para que él fuera a darle una de sus típicas charlas.

—Eco —dijo tajantemente, pensando que le diría algo para que se echara atrás en el último momento o se lo pensara bien. Sin embargo, para su sorpresa, lo que obtuvo como respuesta fue que la mano de su amigo se deslizó hasta que agarró la suya para darle un suave pero firme apretón.

—Me imagino que no tiene que ser fácil, sea lo que sea esto y lo que tengas que hacer ahora. No sé lo que está pasando pero sabes que cuentas con mi apoyo hasta el final. Podrás con esto, estoy seguro de ello.

Lira no supo como reaccionar. Eso era lo último que esperaba de alguien que siempre trataba de detenerla cada vez que iba a hacer algo mínimamente peligroso, y estaba convencida de que a esas alturas su amigo sabía de sobra que tenía que hacer algo muy serio. Pero ahí estaba, dándole su apoyo, como siempre hacía cuando más lo necesitaba. Ella no dijo nada, se limitó a aferrarse a su mano con fuerza y los dos entraron juntos en el teatro. Lance se quedó mirando aquella escena sin hacer nada pero al ver que la joven ya se adentraba en el edificio su instinto protector surgió de repente. Fue como si en ese momento se diera realmente cuenta de lo que estaba a punto de suceder y a lo que ella se tendría que enfrentar, así que alargó su brazo hacia Lira cuando ella entró, pero Débora le bloqueó con el suyo. Él la miró extrañado, pero su prima no le devolvió la mirada, pues la tenía puesta en la espalda de la joven.

—Es algo que tiene que hacer sola —dijo fríamente. Lance bajó el brazo y frunció el ceño.

—Es mi responsabilidad.

—Tu responsabilidad era vigilarla, no acompañarla —respondió mientras le miraba a los ojos, los cuales reflejaban la seriedad que se respiraba en aquel momento—. Sabes que va a haber un momento en el que os tendréis que separar y tendrá que valerse por ella misma.

—Lo sé, y confío en que será capaz de hacerlo, pero he dado mi palabra y tengo que asegurarme de que está bien —Su prima se le quedó mirando durante un rato, considerando algo en su cabeza. Lance no sabía si quería oír lo que tenía que decir o no, porque cuando ella se tomaba su tiempo para hablar era porque iba a soltar una dolorosa verdad como una catedral.

—No sé si eres consciente —dijo mientras apartaba su brazo y Lance se preparaba para lo que seguía— pero en parte es culpa tuya que esté en esta situación, pues fuiste de los primeros en animarla a meterse en todo este lío sin tener en cuenta su edad porque era sobresaliente, lo cual me parece perfecto. En serio, no es ironía, no me afecta, no es como si fuera mi hija o algo del estilo, porque llegas a empujar a mi hija al peligro y te arranco la cabeza —dijo encogiéndose de brazos, como si fuera la cosa más normal del mundo, lo que le hizo recordar la amenaza de la madre de Lira—. Pero después de todo lo que ha pasado no te arrepientas ahora, que por fin hemos llegado hasta aquí, ni hagas ninguna locura. Es la persona que la región necesita y podrá con ello, de no ser así Lugia no se habría fijado en ella.

Débora no le dejó tiempo para responder, porque entró en el teatro sin decir nada más y sin esperar a que contestara, dejándole fuera con una expresión que revelaba su asombro. No sabía si su prima le había regañado o le había animado, tal vez había hecho ambas cosas a la vez, pero lo que sí sabía era que tenía razón y el impulso que acababa de tener había sido una tremenda tontería. Se sentía estúpido, para lo temperamental que era a veces ella tenía la cabeza más fría que él. Sacudió la cabeza y se tranquilizó, tenía que estar centrado para lo que estaba a punto de suceder, porque el más mínimo despiste podría desencadenar en un final fatal y eso era lo último que quería que pasara.

Él fue el último en entrar así que cerró la puerta al hacerlo. No le sorprendió ver a Morti allí, ni a Shin, pero Lira sí pareció sobresaltarse un poco al ver a los dos hombres junto a las cinco chicas kimono. A Eco le brillaban los ojos de la emoción por ver a las bailarinas en el escenario mientras que Silver, por su parte, seguía confuso y algo malhumorado. Su prima le estaba dando la espalda, así que era incapaz de ver su expresión, pero suponía que no estaría irradiando felicidad.

—Bienvenida de nuevo al Teatro de Danza, Lira —dijo finalmente una de las mujeres, la que se encontraba en el centro del escenario situada en medio de sus hermanas. Morti y Shin estaban de pie delante de la primera fila de los asientos, mirando a los recién llegados con una expresión neutra—. Sube al escenario, por favor.

Ella miró a Eco, que le dio un último apretón antes de soltarle la mano para dejarla ir. Lance pensó que tras eso seguiría las indicaciones de la bailarina y subiría, pero antes de hacerlo le miró a él con una sombra de duda en los ojos. Aquello le pilló un poco desprevenido, pero logró asentir con confianza, lo que hizo que la joven se sintiera más tranquila. Ella repitió el gesto y subió finalmente. Por su parte, los cuatro recién llegados fueron a la primera fila para reunirse con quienes les estaban esperando y tomaron asiento. Morti se puso al lado de su abuelo, Lance al lado del líder de gimnasio y Débora junto a su primo. A Eco le dio algo de respeto sentarse tan cerca de ella, así que dejó un par de huecos entre ellos, y finalmente Silver acabó al lado del investigador. Cuando vio que los cuatro estaban listos y Lira ya se encontraba frente a ella, la chica kimono que la había recibido empezó a hablar.

—Nos alegra teneros hoy aquí entre nosotras. Mis hermanas y yo os damos la bienvenida —empezó con una delicada reverencia que repitieron las otras cuatro. Lira hizo lo mismo para devolverles el saludo—. Soy Tamao, nos encontramos en Ciudad Malva. Vos acababais de empezar vuestra aventura en un mundo que os resultaba completamente desconocido y miraos ahora —dijo extendiendo sus brazos hacia ella grácilmente con una pequeña sonrisa—. Sois conocedora de toda la belleza que guarda vuestra región y sus gentes, una entrenadora hecha y derecha con un corazón puro capaz de atraer a un legendario —Lira no se atrevió a darse la vuelta. No quería ver las expresiones de Eco y Silver, que no habrían pasado por alto el tono que la mujer había empleado, sobre todo su amigo, que estaría creando en su cabeza una teoría acertada de lo que estaba sucediendo. La mujer dejó de sonreír durante unos instantes y su semblante se volvió algo sombrío—. Pero la pureza y el amor no bastan, pues muchas han sido las buenas personas que han acabado sucumbiendo ante la fuerza de los pokémon —dijo con cierto pesar, lo que hizo que la entrenadora se preguntara si la artista habría vivido algún caso así de cerca, pero antes de que su ánimo siguiera decayendo recuperó la compostura y retomó su discurso—. Por ello necesitamos poner a prueba una vez más vuestra destreza a la hora de combatir. No podemos permitirnos el lujo de errar en un momento tan crítico, y no vamos a enviar a alguien tan joven a lo que puede ser una muerta segura —dijo llevándose una mano al interior de la manga de su kimono. Sus hermanas retrocedieron en cuanto la vieron hacer ese gesto—. Espero que estéis preparada, porque esta se trata de vuestra última prueba. Os enfrentaréis a nosotras, realizaréis cinco combates de uno contra uno y no podréis repetir pokémon, por lo que no habrá pausa entre ellos. ¿Empezamos?

Nunca, en lo que llevaba de viaje, se habría imaginado que acabaría combatiendo contra las chicas kimono. Parecían mujeres frágiles y delicadas, aunque también era cierto que, en todos sus gráciles gestos, había un toque de fuerza, seguridad y carácter que dejaba claro que no estaban hechas de papel. Sabían y podían defenderse por sí solas sin ningún problema, y Lira estaba a punto de comprobar la destreza que tenían en combate. Una ola de emoción le recorrió el cuerpo, dejándole la piel de gallina y acelerándole la frecuencia cardíaca; estaba más que preparada para lo que iba a vivir. Acarició una de sus Poké Balls e inspiró hondo, sintiendo que la adrenalina fluía de nuevo por sus venas y la empujaba a la acción.

—Empezamos —Tamao sonrió y asintió, sacando de su manga finalmente una Poké Ball que le mostró a la joven entrenadora.

—No esperaba menos de vos. No os contengáis ni un pelo, muéstrenos como ha sido capaz de llegar hasta aquí y por qué ha sido elegida. Adelante, ¡Umbreon!


Normalmente, los viajes en el tiempo le calmaban. El rato que pasaba dentro del túnel temporal que se formaba entre los dos portales que abría solía ser relajante y agradable, por un momento todo se detenía ahí y parecía que nada, ni bueno ni malo, podía suceder. A veces se quedaba minutos ahí y daba paseos por los dominios del tiempo, pero hacía tiempo que eso no sucedía, porque le interesaba ir y venir lo más rápido posible para no encontrarse con nadie. Mucho menos con él.

Pero él no es tonto se dijo con amargura. Le conocía, y sabía que habría notado el cambio en su comportamiento, y si no era así seguro que habría notado que hacía tiempo que viajaba acompañado. Quiso pensar que no le daría importancia, o que se habría quedado satisfecho con la explicación que le dio hace un par de días.

Pero al señor del tiempo no le gusta que tantos extraños crucen sus dominios, menos aún sin su permiso explícito.

Celebi estuvo a un palmo de cruzar el portal que le llevaría de nuevo a Carol, pero este se cerró justo en sus narices antes de poder atravesarlo. Habría maldecido en voz baja si no fuera porque el temor se apoderó de él y le impidió articular ninguna palabra; aunque no se materializó, sintió su presencia tras él, y algo le dijo que eso no podía significar nada bueno.

¿A dónde vas esta vez, Celebi?

Su voz resonó por todo el túnel. El pequeño tragó saliva antes de darse la vuelta, aunque poco importaba que lo hubiera hecho o no, porque él no se encontraba ahí, pero sus nervios le instaban a hacer cosas poco lógicas. Intentó tranquilizarse y, cuando se sintió preparado, alzó la cabeza para aparentar seguridad a la hora de responder.

—A Kanto, con Carol, en el momento en el que la dejé la última vez.

Hm, con tu amiguita. Últimamente viajas acompañado, ¿te sientes solo?

—No, señor.

¿Entonces por qué te veo cruzando mis dominios con extraños?

—Es por una buena razón, ya se lo conté —Aunque no podía verle la cara, sabía que esa respuesta le había dejado igual de insatisfecho que las veces anteriores. Su desapruebo era más que evidente en su voz y es que, después de todo, los legendarios no se molestaban en esconder su malestar cuando algo les molestaba.

Cierto, lo hiciste y no conseguiste tranquilizarme, como ahora. Me sigue pareciendo que lo estás complicando todo innecesariamente, sabes muy bien que no me gusta que se juegue con el tiempo por muy buenas que puedan llegar a ser las razones.

—Sí, y también sé que ahora todo parece un poco confuso y falible, pero le aseguro que lo tengo bajo control. De todas formas, sabe que si en algún momento desconfía de mí puede prohibirme que viaje. Algo que ojalá no llegue a suceder

Eso lo tengo muy claro, que no te quepa la menor duda. Espero de verdad que seas consciente de lo que estás haciendo y que todo acabe bien. No me gustaría que tus acciones acaben alterando el flujo del tiempo, un flujo que es muy inestable de por sí.

—Lo sé, señor, y no, señor, le aseguro que no habrá ningún conflicto.

Celebi esperó su respuesta, pero no hubo un eco de vuelta. En su lugar el portal de antes volvió a abrirse, así que el pokémon lo cruzó rápidamente por si al señor del tiempo le daba por cambiar de opinión. Suspiró en cuanto este se cerró tras él y, tras eso, emprendió de nuevo el vuelo hacia Carol, que se encontraba durmiendo en la habitación que actuaba como su celda.

Mejor, así no se habrá dado cuenta de mi ausencia.

El pokémon se sentó a su lado y esperó, pues esperar era todo lo que podía hacer en ese momento. Las piezas ya estaban perfectamente ordenadas en el tablero, preparadas para empezar la última partida que decidiría el destino de Johto. Esperaba que el final fuera definitivo y les resultara favorable, pues no tenía muy claro que su señor le dejara hacer más viajes si todo acababa en un gran desastre. De ser así ya podría ir buscando al Elegido de la región de Sinnoh para ganarse de nuevo su favor, porque no habría otra manera de recuperar la confianza que fue depositada en él.


(Grytherin18-Friki: sí, ya todo se va encaminado a la recta final y la verdad es que me emociona mucho haber llegado hasta esta parte. A partir de ahora se van a vivir momentos tensos, como es obvio, y no puedo esperar para mostraros todo lo que tengo pensado. Por un lado está el "miedo", por decirlo de alguna manera, de que decepcione, pero por el otro no puedo estar más entusiasmada por haber llegado tan lejos con Alma y estoy deseando mostraros como continua. Así que preparaos porque todavía hay acción para un par de capítulos.

nadaoriginal: sentía que nuestra cariñosa y lanzada protagonista tenía que darle un abrazo también a Débora en algún punto, y aunque obviamente la líder no se lo iba a devolver, creo que quedó bien como momento cómico después de toda la tensión. Puedes imaginarte la alegría que sentirá Elm cuando sea capaz de estudiar a Dratini de cerca, aunque ahora no es el mejor momento para eso.

LordFalconX: ¡Guau! Muchísimas gracias por ponerte al corriente tan rápido, de verdad, significa mucho para mí ver que hay personas que disfrutan tanto con mi fic, espero que lo que siga te guste también. Sobre lo de Kanto, la verdad es que en un principio no tenía pensado incluirla pero, y esto es algo que todavía no había dicho, estoy pensando en hacer una secuela. Es muy probable que haga algo con ella pero si llego a hacerlo sería en un fic aparte de Alma de Plata, porque la forma en la que tengo pensada abordarla es muy diferente a como tengo planteada Alma y siento que no quedaría bien incluir esta región en este fic, pero bueno para no liar mucho las cosas sí, tengo pensado hacer algo con Kanto que espero que guste.

Hasta la próxima~

PKMNfanSakura).