(Madre mía cuánto tiempo. Perdonad la demora pero tuve varios problemillas y se me hizo difícil escribir durante una temporada pero ¡aquí estoy! ¡Ya he vuelto! Con todo lo que tengo hecho de Alma no pienso dejarla inacabada, vamos sería un crimen hacer algo así a estas alturas. Por suerte parece que las cosas están más tranquilas y ya tengo el guión de los siguientes capítulos hecho así que son suerte no tardaré tanto, iré escribiéndolos e intentaré volver a la publicación regular que solía hacer.
En fin, esta vez me he puesto a hablar al principio y no al final del capítulo porque quiero haceros una recomendación. Mini spoiler del cap: como sabréis por el título aquí Lira lucha contra las chicas kimono y a la hora de realizarlo me he basado en el tema que suena cuando bailan para llamar a Ho-Oh y/o Lugia. Os recomiendo que lo leáis con la música de fondo del vídeo titulado Kimono Summoning Dance Theme - Pokémon HeartGold & SoulSilver porque ahí se oyen las campanas a las que hago referencia y lo entenderéis mejor, o si sois como yo y a veces os cuesta leer con música de fondo ponérosla antes durante unos segundos para captar la idea y ya leéis. Ha sido un experimento que se me ocurrió de improvisto, ver si podía hacer algo basado en la música, y la verdad es que lo he disfrutado, ya me diréis que os parece.
Como siempre, gracias a todos los que me leen y comentan, paso a responder las reviews del cap anterior:
nadaoriginal: me temo que todo lo que veremos de Dialga será solo ese breve cameo. Podría incluir a más pokémon pero sentí que ya me estaba yendo por las ramas e iba a crear algo mayor de lo que tenía planeado y pensé dejarlo así para no agobiarme y acabar haciendo una historia que no sabría como llevar. Aun así tendremos muchas visitas inesperadas a lo largo de estos caps, espero que resulten igual de interesantes.
Grytherin18-Friki: con lo de Lance tenía pensado seguir la idea del juego de que no te enteras de que es el Campeón hasta muuuy tarde. Como bien dices, a estas alturas Lira podría haberse enterado de muchas maneras pero me gusta pensar que Johto es más tradicional por lo que no hay tanta tecnología y no te enteras de ciertas cosas si no preguntas. Ella proviene de un pueblo algo apartado y va un poco a la suya así que tampoco se molesta en investigar, además que el propio Lance le ha pedido a los líderes que no le digan nada porque quiere que le trate como un entrenador normal. Sobre Lugia, mi idea es que los legendarios son orgullosos, misteriosos y no confían con facilidad, así que si bien siente que Lira es la indicada quiere asegurarse de que no le va a salir rana hasta el punto de hacer las cosas que ha hecho, porque hay mucho en juego y no se quiere arriesgar. Son algo difíciles de tratar y muy suyos, por eso quieren asegurarse de que hagan lo que hagan saldrá bien. De todas formas esta es mi visión personal y por eso lo plasmo así aquí, como todo en esta vida habrá más formas de verlo).
¡Jajaja! Querida Johto, ¿nos oís? ¡Somos el Team Rocket! Después de tres largos años, al fin hoy resurgimos más fuertes que nunca. Si pensabais que estábamos acabados volved a pensar, porque los únicos acabados son aquellos que no pertenecen a nuestra organización. El asalto a Ciudad Trigal es solo el primer paso de nuestro plan, no estáis preparados para la que se os viene encima. Giovanni, ¿nos oyes? ¡Lo hemos conseguido! ¡Ya puedes volver con nosotros! A ver quién nos puede parar ahora, porque con nuestra pequeña sorpresa nadie será capaz de hacernos frente.
Aquel mensaje se repetía una y otra vez en el interior de una de las cuevas que había entre Johto y Kanto. La radio que lo emitía tenía un buen par de años pero todavía funcionaba a la perfección, a eso había que sumarle el aprecio que su propietario sentía hacia ella, razón por la cual aunque podía permitírselo de sobra no quería encontrarle un reemplazo todavía.
—Sí, os oigo alto y claro, y estoy muy orgulloso de vosotros —dijo el dueño del objeto, que se encontraba de pie a escasos centímetros de este, como si sus subordinados pudieran oírle de alguna forma—. Sin embargo, me temo que todavía tengo algo que hacer antes de acudir a vuestro encuentro. Atlas hizo un buen trabajo pero no acabó con nuestra pequeña amenaza.
El hombre se alejó de la radio y se acercó a la obertura de la pequeña cueva en la que se encontraba. Al hacerlo, el sonido del mensaje de sus subordinados se fue perdiendo gradualmente hasta ser sustituido por el rumor de las cascadas que había ahí dentro. Era curioso, como la historia tenía la costumbre de repetirse y como un par de niños podían llegar a representar un peligro mayor que las autoridades supuestamente competentes de las dos regiones. Tal vez se debía a que tenían más agallas por su juventud o menos miedo por su libertad, lo que estaba claro es que no tenían a nadie que les dijera que se estaban metiendo en la boca del lobo y eso era una verdadera lástima para ellos.
—Es entrañable que quieras parar algo mayor que tú, supongo que todavía no has aprendido que quien juega con fuego se acaba quemando —dijo mientras retrocedía y volvía a situarse al lado de la radio. Una sonrisa siniestra cruzó sus labios—. Pero no pasa nada, no me importa enseñarle lecciones a los niños que las necesitan. Así que si vienes prepárate y ven con todo, Lira, porque me aseguraré personalmente de que no vuelvas a entrometerte en nuestros planes, ya sea por las buenas —sus ojos se apagaron durante un suspiro— o por las malas.
—Empezamos —Tamao sonrió y asintió, sacando de su manga finalmente una Poké Ball que le mostró a la joven entrenadora.
—No esperaba menos de vos. No os contengáis ni un pelo, muéstrenos como ha sido capaz de llegar hasta aquí y por qué ha sido elegida. Adelante, ¡Umbreon!
Un pokémon que Lira no había visto hasta ese entonces se materializó delante de ella. Se trataba de un cuadrúpedo de pelaje corto y negro, con diversos círculos amarillos dispersos por este, y ojos rojos, fríos y calculadores. Parecía tranquilo, correcto, educado: era como ver a Tamao reflejada en su pokémon, era como ver a otra chica kimono sentada delante de ella. Lira se preguntó si también bailaría y, tratando de no formar esa imagen en su cabeza, eligió una Poké Ball al mismo tiempo que las artistas alzaban su brazo derecho. Eso le sorprendió un poco, pero no le impidió pulsar su botón y liberar a Feraligatr, al mismo tiempo que ellas bajaban el puño derecho sobre el izquierdo.
Ding
El sonido de unas campanillas llenó el escenario del teatro. Al oírlo Umbreon se levantó instintivamente, como si su voluntad estuviera ligada al sonido de aquellos instrumentos. Parecía el inicio de una función planeada con cuidado y que Feraligatr hubiera salido un poco a destiempo no le daba a ella una buena imagen.
Ding
Las campanillas volvieron a sonar y las cuatro chicas se pusieron a bailar con una sincronización sin igual. Empezaron a dar vueltas sobre sí mismas y a intercambiarse el sitio con la hermana que tenían más cerca, al mismo tiempo que realizaban unos movimientos tan amplios que parecían llenar todo el espacio sobrante, cuando en realidad no salían de un cuadrado de escasos centímetros cuadrados.
Ding
—Rayo confuso.
Lira estaba tan embelesada con la función que casi olvidó que estaba en mitad de un combate y toda la atención tenía que centrarse en este. Para cuando dejó de mirar a las cuatro bailarinas solo acertó a ver como una diminuta bola de luz creada por Umbreon envolvía a Feraligat siguiendo el ritmo de las campanillas. Su pokémon intentó seguirla con la mirada y, por eso, acabó mareándose.
Ding
Umbreon se tensó ligeramente y se preparó para atacar.
—Pulso umbrío.
El pokémon cerró los ojos y alzó una pata.
Ding
Para bajarla en el momento en el que los instrumentos volvían a sonar. Al hacerlo creó unas ondas oscuras que se deslizaron por el suelo y le dieron a Feraligatr en el contratiempo mientras él seguía dando vueltas. Cuando le llegaron hizo una mueca de dolor pero aun así siguió bailando, como si el espectáculo debiera continuar. Umbreon alzó de nuevo la pata pero antes de que pudiera bajarla Lira gritó su orden.
—¡Surf!
Ding
Como sería casi imposible hacer que cuchillada, colmillo hielo y triturar dieran en el blanco, Lira pensó que surf sería la mejor opción ya que había más posibilidades de que una gran ola le diera al objetivo. Por desgracia, con lo que no contó fue con que Feraligatr lo hiciera justo cuando la estaba mirando a ella, así que recibió el ataque de lleno y cayó al suelo por la fuerza de este. La joven sacudió la cabeza y no pudo evitar sentirse algo avergonzada, pues tenía la sensación de que estaba haciendo el ridículo desde el primer momento, pero intentó que eso no le afectara. Estuvo a punto de impulsarse para levantarse pero desde esa posición pudo ver, con claridad, que Feraligatr giraba al son de las campanillas justo como las bailarinas. Fue ahí cuando se dio cuenta de que no podía ignorarlas por completo, el patrón de sus movimientos marcaba el ritmo del combate y si ella no estaba atenta y jugaba fuera de ese ritmo acabaría mal, tal y como había comprobado en los primeros turnos. Se puso de pie completamente maravillada ante esa revelación, estaba combatiendo contra una pero eran las cuatro ajenas quienes escribían el guión que había que seguir.
Era la primera vez que tenía un combate de esas características y, lejos de abrumarla, eso le llenó de determinación.
Ding
—¡Surf!
Esa vez esperó a que Feraligatr, las bailarinas y las campanillas se alinearan para dar la orden. La tendría que haber dado un poco antes para que fuera el movimiento de su pokémon y no su voz la que cuadrara con el tiempo pero aun así la ola consiguió dar en el blanco. Un poco descentrada, pero era mejor que nada.
—Bola sombra.
Ding
La que conseguía hacer que los movimientos de su pokémon cuadraran sin aparente esfuerzo era Tamao. Lira se preguntó cuántos días y cuántas noches tendrían que haber practicado las artistas para que les saliera de forma natural, seguro que hacía años que seguían un entrenamiento estricto. Eso hizo que el respeto por sus contrincantes aumentara todavía más y fue el último empujón que necesitó para meterse de lleno en el combate. Umbreon cargó una bola oscura y la lanzó contra Feraligatr.
—¡Abajo!
Ding
Feraligatr se agachó justo a tiempo para evitar que la energía oscura le diera. El reptil se tambaleó un poco por moverse tan rápido cuando todavía seguía confundido pero logró mantener el equilibrio.
—Última baza.
Ding
Umbreon atacó y tiró a Feraligatr al suelo. El reptil se quedó boca arriba y Lira vio, aliviada, que sus ojos habían vuelto a la normalidad. Si ya era un combate difícil de por sí lo era todavía más si su compañero no estaba al cien por cien, ahora podía intentar darle la vuelta a la situación.
—Pulso umbrío.
Ding
—¡Salta!
Umbreon bajó la pata en el tiempo y Feraligatr logró ponerse a cuatro patas y saltar en el contratiempo para esquivarlo limpiamente. Lira abrió los ojos: era la primera vez que un paso de Umbreon y Feraligatr se sincronizaba a la perfección, lo que daba la impresión de que se trataba de una coreografía bien preparada. Sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba, eso era lo que tenía que hacer para asegurar la victoria.
—Bola sombra.
Ding
—¡Cuchillada!
Si Umbreon se movía en el tiempo entonces ella lo haría en el contratiempo, se convertiría en la sombra del tipo siniestro. Umbreon lanzó su ataque y Feraligatr lo encajó para darle un buen arañazo que hizo sisear a su adversario. Lira volvió a tensarse, le había hecho daño pero él también había sufrido por adelantarse.
—Con calma. No te precipites, sigue el ritmo.
Feraligatr asintió pero Lira sabía que no le haría caso, no porque no quisiera, sino porque no podía. Su pokémon era energía pura y acostumbraba a atacar de forma dinámica y rápida guiado por los impulsos de dicha energía cuando ella se lo ordenaba. Para él solo existía la voz de Lira y el adversario en los combates, no podía seguirle el ritmo a un juego externo. Recaía en ella como su entrenadora la labor de guiarlo lo mejor posible pese a todo, así que se armó de paciencia y volvió a la carga.
—Pulso umbrío.
Ding
—¡Salta! —Feraligatr iba a saltar pero entonces Lira se fijó en que Umbreon cambió la dirección del pulso. Lo dirigió hacia arriba porque ya había visto que Feraligatr saltó la otra vez y quería asegurarse de que esa vez le daría— ¡Ah! ¡Rueda y saca las garras! —Él hizo lo que le pidió y acabó tumbado al lado del tipo siniestro. Lira aguantó un segundo y volvió a hablar— ¡Cuchillada!
Ding
El ataque dio en el blanco cuando las campanillas sonaron y eso hizo que Lira se sintiera el doble de satisfecha, era un cosquilleo agradable notar que todo se alineaba. Ese cosquilleo se acrecentó cuando vio que tanto Feraligatr como Umbreon estaban jadeando, lo que indicaba que el final del combate estaba cerca. Ya quedaba poco, tenía que sacar a relucir todo su ingenio.
—Bola sombra.
Ding
—¡Gira! —Feraligatr giró, lo que hizo que su cola le diera a la bola de energía oscura y la mandara de vuelta a Umbreon. Él se dio cuenta y la esquivó por los pelos, tal y como Lira pensó que haría— ¡Surf!
Umbreon fue capaz de esquivar su propio ataque pero no la ola. Esta le dio justo cuando sonaron las campanillas por última vez, y su sonido se quedó suspendido en el aire durante los segundos que tardó el agua en desaparecer. Él no se levantó, las cuatro artistas dejaron de bailar y Tamao asintió solemnemente. Lira no se dio cuenta porque su atención estaba puesta en las cinco mujeres pero si hubiera estado un poco más atenta habría captado el débil aplauso de su maravillado mejor amigo.
—Un combate justo e igualado. Espero que os mostréis igual de tenaz ante mis hermanas.
Con eso dicho Tamao volvió a su puesto y la mujer que se encontraba en el extremo izquierdo del escenario caminó hasta situarse delante de Lira. La joven aprovechó ese momento para retirar a Feraligatr, que estaba visiblemente agotado, y esperó a que se presentara.
—Sois verdaderamente fuerte. Fui testigo de cómo derrotasteis al Team Rocket en el Pozo Slowpoke y ayudasteis a César; por si eso fuera poco, luego me rescatasteis en el Encinar. Soy Umeko y tiendo a perderme, pero cuando se trata de música y combates no hay nadie más centrada que yo. Vi de lo que erais capaz de hacer en aquel entonces así que ahora os ruego que demostréis vuestra valía una vez más en un combate pokémon.
Umeko sacó una Poké Ball y de ahí salió un pokémon que a Lira le resultó más que familiar. Se trataba de un espeon muy parecido a su compañero, pero ese no le miraba con el amor que estaba acostumbrada a ver en los ojos del suyo cada vez que cruzaban miradas (algo completamente lógico, pues no se trataba de su entrenadora). Lira acarició su cinturón de Poké Balls y detuvo la mano en una en particular, la cual agarró y lanzó al suelo del escenario.
—Adelante. ¡Ampharos!
Tal y como pasó anteriormente, las chicas kimono empezaron a bailar en cuanto el pokémon de Lira apareció en escena. A la joven le hizo gracia ver que, a diferencia de Feraligatr, Ampharos captaba tan bien el ritmo que movía su cola al son sin darse cuenta, casi parecía un metrónomo con patas.
Ding
—Psíquico.
—¡Onda trueno!
Las órdenes se dieron a la vez y Lira se quedó un poco confundida. Estaba acostumbrada a que Umbreon atacara en el tiempo pero al parecer Umeko tenía otro estilo con Espeon y prefería el contratiempo. El tipo psíquico logró usar los poderes de su ataque para evitar las ondas de Ampharos como si nada y logró que su ofensiva diera en el blanco.
Ding
—Psíquico.
—Eh…
Espeon atacó de nuevo y acertó. Lira se maldijo a sí misma, ¡no podía confundirse con tanta facilidad! Pero ella no estaba acostumbrada a dejarse guiar por la música y ya le había costado adaptarse al estilo de Tamao como para tener que descifrar el de Umeko. Tenía la sensación de que le estaban hablando muy rápido en un idioma que no conocía y eso hizo que empezara a frustrarse.
Ding
—Psíquico.
—¡No sigas el ritmo!
Ampharos dejó de mover la cola y se quedó quieta durante un segundo, luego se desplazó bruscamente hacia la derecha. Ese cambio de última hora no fue previsto por Espeon, que no pudo fijarse bien en Ampharos y acabó atacando a la nada.
Ding
—Rapidez.
A Lira no le dio tiempo a celebrarlo, porque la canción no se detenía y Umeko seguía dando órdenes de forma constante. Esa constancia le impedía pararse a pensar con detenimiento, así que se vio obligada a usar estrategias anteriores para ir haciendo algo y ver si tenía la ocasión de acertar.
—¡Carga!
Hubo dos ráfagas por parte de Espeon: una en el contratiempo y otra en el tiempo. Ampharos esquivó la primera pero no se esperó la segunda y le acabó rozando el brazo. Aun así logró recuperarse y empezó a almacenar electricidad, tal y como le había pedido su entrenadora.
—¡Chispazo!
Ampharos alzó los brazos y creó una gran bola de energía. Todo apuntaba a que la lanzaría cuando las campanillas sonaran, pero empleó la electricidad que había almacenado con carga para acelerar el proceso y atacar dos segundos antes, lo cual fue suficiente para pillar desprevenido a Espeon e impedir que tuviera tiempo para reaccionar. Lira no pudo evitar dar un salto de alegría y le costó mucho controlarse para no ir y darle un abrazo a Ampharos: había sido capaz de entender y romper las reglas del juego para anotar un punto a favor sin que ella tuviera que decirle nada. Su pokémon se dio la vuelta brevemente y sonrió antes de volver a centrarse en su adversario, pues sabía que era peligroso darle la espalda a un contrincante poderoso.
—Psíquico.
—¡Onda trueno!
Ding
Espeon tardó un poco en reincorporarse, lo que le dio a Ampharos el tiempo justo para esquivar el ataque y contraatacar con sus propias ondas. El tipo psíquico quedó paralizado y Lira quiso aprovechar esa situación para tomar la delantera.
—¡Puño trueno!
Sin embargo, la emoción le hizo olvidarse de que había algo que marcaba la evolución del combate, y de forma instintiva sin que Umeko le dijera nada Espeon ya se había preparado para atacar cuando sonaran las campanillas.
Ding
Y eso es lo que hizo, tomando por sorpresa a Ampharos y enviándole una ráfaga en su dirección gracias al movimiento rapidez, lo que le salvó de recibir el puñetazo. Ella retrocedió, asombrada y molesta, pero logró mantenerse en pie para aguantar otra ronda.
—Tranquila, lo ha hecho bien pero ya no tendrá tiempo para prepararse. ¡Chispazo! ¡Y acaba con puño trueno!
Ampharos atacó y, tal y como dijo Lira, Espeon no pudo ni esquivar ni contraatacar. El felino recibió el primer impacto y ya quedó muy mal para evitar el segundo, así que lo recibió lo más dignamente que pudo y las campanillas dejaron de sonar cuando cerró los ojos definitivamente. Umeko asintió como había hecho su hermana al perder y retiró a Espeon al mismo tiempo que Lira retiraba a Ampharos para que tuviera un más que merecido descanso.
—Sois fuerte, de eso no hay duda. No bajéis la guardia con el resto de mis hermanas —Umeko volvió a su sitio al mismo tiempo que del extremo derecho del escenario se aproximaba otra de sus hermanas para tomar su puesto. Cuando lo hizo se aseguró de que tenía el kimono impecable y, una vez comprobado, comenzó a presentarse.
—Es la segunda vez que nos vemos aquí. Muchas gracias por defenderme de ese danzarín del Team Rocket pero ¿pensáis que no podría haberme encargado de él personalmente? Aunque no lo creáis, tengo algunos ases escondidos en la manga del kimono. Me presento: soy Satsuki. Mostradme de nuevo como os desenvolvéis en un combate pokémon.
De la Poké Ball de la artista salió otro cuadrúpedo cuya piel naranja parecía aclararse y convertirse en algodón en la cabeza, alrededor del cuello y en la cola. Parecía alegre y juguetón, tal vez eso fue lo que hizo que Lira eligiera de forma inconsciente al siguiente miembro de su equipo que se enfrentaría a las chicas kimono.
—Vamos. ¡Togetic!
Togetic salió gritando de alegría al mismo tiempo que las artistas retomaban su danza. Él y Flareon se miraron y sonrieron; a Lira y a Satsuki les dio la impresión de que tenían ganas de jugar pero por desgracia eso tendría que esperar. Lira sonrió apenada y la chica kimono le devolvió la sonrisa mientras asentía; otra vez sería.
—Fuego fatuo.
—¡Velo sagrado!
Ding
Por suerte los dos pokémon se pusieron a combatir sin demora. Togetic se balanceaba en el aire al son de las campanillas y Flareon hacía que las pequeñas llamas se dirigieran a él siguiendo ese ritmo. En vez de esquivarlas, se cubrió con el velo y dejó que chocaran con él, creando una pequeña nube de chispas y humo que le envolvió brevemente antes de desaparecer. Un ooooh se pudo oír por parte de alguien del público pero todas estaban tan centradas en lo suyo que no lo oyeron.
—Llamarada.
Ding
—¡Poder pasado!
Togetic invocó las rocas para usarlas como escudo, lo que hizo que la llamarada se dividiera en dos al chocar con ese muro improvisado e iluminara todavía más el escenario. Luego, cuando acabaron su primera labor, las rocas empezaron a caer una tras otra siguiendo el tiempo y el contratiempo e hicieron una especie de círculo alrededor de Flareon hasta que finalmente cayeron sobre él. El tipo fuego salió de debajo de ellas como buenamente pudo e intentó aparentar que no había quedado muy tocado.
—Ataque rápido.
Y lo hizo a la perfección, porque atacó tan rápido que consiguió darle a Togetic antes del tiempo.
Ding
Lira frunció el ceño ligeramente. Así que las chicas kimono también estaban dispuestas a adelantarse o atrasarse con tal de dar en el blanco. Bueno se dijo es un combate pokémon al fin y al cabo y lo que más importa ahora es ganar, ya se preocuparán de seguir el ritmo en las actuaciones.
—Última baza.
—¡Vuelo!
Ding
Togetic alzó el vuelo y logró esquivar el ataque pero Lira se dio cuenta tarde de que el techo no era lo suficientemente alto como para que su pokémon pudiera hacer un placaje potente. Y así fue, Togetic embistió a Flareon pero no le hizo todo el daño que podría haberle hecho si las condiciones fueran más favorables, y no solo eso, sino que el tipo fuego aprovechó la proximidad para hacer que su llamarada le diera de lleno en el pecho. Togetic se vio obligado a retroceder y volver a su posición inicial; aun así Lira no se preocupó mucho, y es que a pesar de sus esfuerzos por aparentar lo contrario poder pasado había dejado a Flareon muy malherido.
—¡Poder pasado!
Ding
—Ataque rápido.
Flareon esquivó las rocas gracias a ataque rápido y logró embestir a Togetic. Sin embargo, lo que no esperaba era que Lira tuviera un plan B por lo que pudiera pasar.
Ding
—¡Paranormal!
Togetic dirigió el movimiento a las rocas para poder manejarlas a su voluntad y hacer que le dieran a Flareon. Estas se amontonaron y cayeron encima de él cuando Togetic dejó que la gravedad hiciera su trabajo. Flareon intentó ponerse de pie pero Lira repitió la estrategia.
—¡Paranormal!
Ding
Y las campanillas sonaron por última vez en ese combate.
Satsuki retiró a Flareon sin decir nada y asintió ligeramente con una pequeña sonrisa. Con ella Lira se dio cuenta de que, más que asentir, parecía que estaban haciendo una pequeña reverencia. Aunque las bailarinas se comportaban de forma parecida (se movían lenta y grácilmente, no parecían desesperarse ni preocuparse en los combates cuando empezaban a torcerse para ellas y aceptaban la derrota con integridad) cada una tenía una manera de actuar que mostraba su personalidad. Estaba claro que Tamao era la líder, por ser la que estaba situada en el centro y la que le había explicado todo al principio; Umeko parecía ensimismarse mucho fuera de los combates y de la danza y Satsuki parecía algo más callada y reservada, pues no se había despedido con palabras como lo habían hecho sus dos hermanas y parecía preferir comunicarse con el lenguaje no verbal, como hacía con las continuas sonrisas. Ella volvió a su sitio y la segunda bailarina de la izquierda empezó a andar para posicionarse donde había estado su hermana segundos antes. Su rostro alegre y jovial, algo más encendido que el resto, hizo que Lira fuera capaz de reconocerla como la artista que la ayudó en la Ruta Helada.
—¡Un combate ardiente si se me permite decirlo! Vos y yo lo pasamos muy bien de camino a Ciudad Endrino —dijo antes de saludar discretamente a Eco y Silver—. Pero ya no estamos jugando y ahora no tengo que ayudaros. Me presento formalmente: soy Sakura, la que desliza sobre el frío hielo. Desde fuera del santuario oí que superasteis la prueba en la Cueva Dragón con todos los honores y no sabéis lo contenta que me puse. Todo indica que sois la indicada pero tenemos que asegurarnos. ¡Mostradme vuestra valía en un combate pokémon!
Al decir eso sacó una Poké Ball de la manga de su kimono y liberó a su pokémon. Tenía el aspecto de un zorro de pelaje amarillo acabado en punta y cuello blanco, lo que indicaba que se trataba de un tipo eléctrico, el mejor para una persona tan enérgica. Lira retiró a Togetic y decidió sacar a Ninetales para ese enfrentamiento. Le había ido muy bien en el combate contra Satsuki, tal vez porque estaba empezando a entender la dinámica y porque tenía un movimiento muy eficaz contra el tipo de su pokémon, pero no podía permitirse el lujo de confiarse.
Ding
—¡Doble equipo!
Varios clones de Jolteon aparecieron en el escenario, tan parecidos al original que era imposible distinguirlos. Lira tenía que deshacerse de ellos de alguna forma para poder atacar al verdadero y eso hizo que le viniera una idea a la mente.
—¡Lanzallamas!
—¡Rayo!
Algunas copias desaparecieron gracias al barrido horizontal que hizo Ninetales con sus llamaradas pero otras saltaron junto al original y Lira se quedó con las ganas de saber quien era el auténtico. Todos los jolteon cegaron momentáneamente a los presentes con el brillo de sus pelajes y seguidamente lanzaron una lluvia de rayos que no hizo nada a Ninetales.
Ding
Hasta que sonaron las campanillas y uno le dio de lleno, el que habría lanzado el verdadero. Los clones no servían solo para distraer a la hora de atacar sino a la de defenderse, así era imposible saber de quien tenía que estar pendiente.
—¡Fuego fatuo!
Ninetales contrajo sus colas y al estirarlas liberó una gran cantidad de llamas diminutas. Algunas le dieron a los clones y estos desaparecieron, muchos las esquivaron, pero lo bueno de ese ataque era que la vulpina podía mover las llamas como quisiera así que hizo que las que fallaran volvieran y les dieran a todos. Las réplicas desaparecieron en cuestión de segundos y Jolteon acabó quemándose, ya había logrado anotarse un punto a favor.
—¡Doble equipo!
Jolteon volvió a crear varias copias y estas también simularon estar quemadas. Aun así Lira intentó no preocuparse mucho, por lo menos con la quemadura se iría resintiendo poco a poco hasta que lograra encontrar la forma de atacarle. Era mejor que nada.
—¡Rayo!
—¡Lanzallamas!
Ding
De nuevo algunas copias esquivaron el ataque y otras desaparecieron por el fuego. Lira le pidió a Ninetales que se moviera cuando sonaran las campanillas para evitar que el rayo le diera pero, para su sorpresa, esa vez no ocurrió nada. No, la descarga cayó en el contratiempo, cuando no se lo esperaba, así que su pokémon no pudo esquivarla. Lira se frustró un poco de nuevo, era incapaz de saber cuándo atacarían esas mujeres, pues seguían el ritmo marcado por la música con la misma facilidad con la que respiraban. Podrían utilizar un montón de estrategias más basándose en conceptos de los que no había oído hablar en su vida y ella no tendría forma de saberlo, la música era un campo del cual tenía unas nociones muy básicas y las artistas parecían haberse entregado a él durante toda su vida, no había forma humana de poder superarlas en ese aspecto. Solo le quedaba confiar en su equipo y fijarse en los detalles para sacar a relucir sus dotes como entrenadora.
—Veamos, ahora tengo que actuar rápido o se me tiene que ocurrir una estrategia —susurró para sí misma aunque acabó teniendo una idea mejor. ¿Por qué no ambas?—. ¡Fuego fatuo!
Ding
Las llamas fueron saliendo al son de la música y cada vez que las campanillas sonaban algunas copias desaparecían junto al sonido. Otras las esquivaban y no las perdían de vista para evitar que volvieran y les dieran, como había sucedido antes, por lo que estaban demasiado ocupadas para centrarse en Ninetales.
—¡Rapidez!
La vulpina se impulsó y se llevó por delante a todos los jolteon que pudo. Uno de ellos resultó ser el verdadero, que acabó dando vueltas por el escenario y terminó tumbado sobre su lado izquierdo. Sin embargo, Lira no pudo alegrarse por eso, ya que vio con horror como Ninetales se estremeció y unas chispas salieron de su pelaje tras volver a su posición inicial. Jolteon se había aprovechado de la cercanía para paralizarla con onda trueno y con eso había perdido parte de la velocidad necesaria para superar a las copias.
—¡Doble equipo y última baza!
Que volvieron a multiplicarse y amagaron con atacar a la vez, pero solo un golpe fue el que le hizo daño a su compañera.
Ding
Uno estaba quemado, la otra paralizada. Se encontraban en un momento crítico y es que con cada segundo la energía que tenían para combatir disminuía. Ninetales no podía moverse y Jolteon se escudaba tras doble equipo porque otro golpe podía resultar fatal por la acumulación de las quemaduras.
—¡Rayo!
Aun así Lira tenía que hacer algo, pues la derrota llegaría seguro si se quedaba quieta. Se había quedado sin forma de deshacerse de los clones así que solo le quedaba averiguar quién sería el verdadero. Ese sería el único que haría un ataque efectivo, el único cuya electricidad sería algo más que una simple ilusión.
Hmmm. ¿Y sí...?
—¡Recíbelo y cabezazo zen!
Ding
En otras circunstancias habría sido gracioso ver como la vulpina tembló al son de las campanillas pero en esa ocasión resultó hasta un poco tétrico. Ninetales cerró los ojos cuando recibió el impacto y se quedó unos segundos quieta, dando la impresión de que se había sumergido en su propio mundo.
—¡Doble equipo!
Sakura mandó la orden con la intención de confundir más a Ninetales y hacer que se diera por vencida pero no dio resultado. La vulpina abrió los ojos y clavó su mirada en Jolteon, lo que hizo que este se estremeciera. Había sido capaz de identificarlo con sus poderes gracias a la atención que había prestado al recibir su rayo, pues al hacerlo dejó un rastro de electricidad que conducía hasta él, por eso no importó que sus réplicas se pusieran delante para tratar de evitar la ofensiva. Ninetales creó una bola de energía delante de su frente y le dio un cabezazo tan fuerte que salió despedida a una velocidad incapaz de esquivar, así que terminó por darle a Jolteon. Él trató de recibirlo lo mejor posible, pero se quedó tendido en el suelo y cerró los ojos cuando las campanillas sonaron por última vez, marcando el final del cuarto combate y de la vida de los clones. Sakura lo retiró sin demora y Lira hizo lo mismo con Ninetales, que ya se había tumbado debido al cansancio del combate. No habría aguantado otro golpe ni con toda la suerte del mundo.
—Vaya, y yo que creía que los clones servirían para despistaros —se lamentó la bailarina—. ¡Estuve cerca! Pero está claro que no fue suficiente. Aun así no estoy triste porque tanto yo como Jolteon lo hemos dado todo. Ha sido un buen combate, seguid así.
Sakura hizo una reverencia y abandonó su puesto. Finalmente, la chica kimono que quedaba salió de su puesto del lado derecho del escenario y se acercó a Lira, con la misma gracilidad con la que lo habían hecho sus hermanas.
—Yo soy la última. Os vi en el Subterráneo de Ciudad Trigal y a pesar del contratiempo que sufrimos sé que podemos confiar en vos, aun así me gustaría medir vuestra fuerza personalmente. Soy Komomo, la que danza incluso bajo tierra. ¡Demostradme vuestra valía en este combate final!
De su Poké Ball salió un pokémon azul y de orejas amarillas y puntiagudas. Tenía una cola parecida a la de un pez, una serie de picos escamosos por toda la columna, una gorguera blanca, una aleta en la cabeza y una sonrisa muy bonita que irradiaba seguridad en sí mismo. Lira tenía dos pokémon para elegir pero una no tenía la experiencia necesaria para hacer frente a la bailarina, así que decidió sacar al otro.
—Adelante. ¡Espeon!
El felino aterrizó elegantemente en el campo de batalla y el combate dio comienzo cuando sonaron las campanillas.
—Surf.
—¡Psíquico!
Lira se cubrió la cara con los brazos aunque eso no hizo nada por impedir que la ola le mojara. Era la segunda vez aquel día, llevaba toda la vida pensando que el agua era un imán para ella pero estaba empezando a pensar que a lo mejor era al revés. Bajó los brazos y vio que Espeon parecía confundido y cuando dirigió su mirada al campo de batalla entendió por qué. El escenario tenía una fina película de agua, solo esa película de agua, Vaporeon no estaba visible por ninguna parte. Era como si se hubiese evaporado sin más. Tanto Lira como Espeon trataron de localizarle pero fueron incapaces de dar con él.
—Rayo aurora.
Ding
De un punto del agua salió un rayo de hielo que le dio a Espeon en el costado. El tipo psíquico dirigió su mirada hacia el lugar donde detectó el movimiento pero luego volvió a mostrarse perdido. ¿Tal vez Vaporeon se había camuflado en el agua? Pero no solo se había camuflado, Espeon estaba teniendo problemas para detectar su presencia, ¿se habría fundido con ella hasta el punto de que era imposible distinguir al pokémon del agua? ¿Cómo podría entonces reunirse para atacar? ¿Y cómo podría su pokémon atacarle a él? ¿Cómo se le hace daño al agua? Si Espeon conociera algún movimiento de tipo eléctrico la cosa sería más fácil pero no tenía esa suerte.
—Surf.
Y más agua.
Ding
Así sería ya casi imposible acertar. No tenía sentido atacar a diestro y siniestro porque seguro que se iría desplazando por el agua para evitar los movimientos. No, tenía que localizarlo de alguna forma y entonces ir a por él con todo.
—Premonición —Espeon cerró los ojos y la gema de su frente brilló durante unos instantes, tras lo cual volvió a abrirlos. Había hecho su apuesta, solo le quedaba esperar—. ¡Esquiva todo lo que puedas!
—Rayo aurora.
Ding
Espeon hizo su mejor esfuerzo por esquivar los rayos que iban en su dirección pero aun así no pudo evitar ser alcanzado por algunos. Intentó devolver algunos con sus poderes con la esperanza de que le dieran a quien los había lanzado en su dirección pero eso no sucedió. A Lira le pareció una eternidad por los nervios pero finalmente la gema de la frente de Espeon brilló otra vez y el agua tembló, momento en el que el felino dirigió su mirada hacia el lado izquierdo del escenario.
—¡Psíquico!
Ding
Y ahí fue donde él lanzó el ataque. Lira escuchó un gemido y suspiró aliviada; gracias a premonición Espeon pudo detectar una pequeña diferencia en la vibración de las moléculas de agua y localizar a su adversario para poder atacarle. Sería un combate un poco más lento pero al menos había encontrado la forma de no quedarse estancada.
—Rayo aurora.
—¡Premonición! ¡E intenta hacerte con todos los rayos posibles!
Ding
Espeon cargó el ataque y usó parte de sus poderes para detener algunos de los fragmentos de hielo que iban dirigidos a él aunque no pudo pararlos todos. El felino hizo que se quedaran levitando a su lado y esperó y esperó. Tuvo que pasar un rato hasta que premonición hiciera efecto y entonces pudo notar de nuevo en qué zona estaba camuflado, momento en el que Lira dio su orden.
—¡Lánzalos y psíquico!
Los fragmentos de hielo se estrellaron en el suelo y fueron seguidos de un potente psíquico que hizo que se escuchara otro siseo de dolor. El agua tembló durante unos segundos y empezó a formar una figura que resultó ser Vaporeon, herido y molesto porque su tapadera no estaba siendo tan eficaz como pensó que lo sería. Se estaba tambaleando así que Lira no se lo pensó dos veces.
—¡Psíquico!
—Rayo aurora.
Los dos ataques chocaron, lo que resultó en una explosión que terminó por llenar el escenario de un humo que hizo que solo se pudiera adivinar la silueta de dos sombras, una de las cuales acabó cediendo y se quedó tendida en el suelo.
Ding
La última campanilla sonó cuando la nube se disipó y se vio que quien había caído era Vaporeon. Durante unos segundos no pasó nada, pero entonces Komomo lo retiró e hizo una reverencia mientras sonreía a Lira; la joven hizo lo mismo con Espeon.
—Ha sido un combate excelente. Gracias por dar el máximo y no confiaros.
Cuando acabó de hablar volvió a su sitio y Tamao se posicionó de nuevo delante de la joven, en el lugar que había ocupado al principio. La bailarina enderezó su postura y Lira parpadeó un par de veces para volver a la realidad, pues sentía que acababa de salir de un sueño. Se había sumergido de lleno en el combate y despertar del embrujo del baile de las hermanas no le estaba resultando nada fácil, pero cuando vio la grave expresión de la que tenía delante entendió que estaba a punto de suceder algo importante y necesitaba prestarle toda su atención.
—No nos cabe la menor duda. Ahora sabemos con certeza que sois la Elegida y que estáis preparada para desempeñar vuestro rol —sentenció de manera clara y firme al mismo tiempo que volvía a introducir una mano en la manga de su kimono. Lira no pudo evitar estremecerse al oír aquello—. Eso significa que ahora necesitaréis esto —continuó la artista mientras sacaba un objeto y se lo daba. Se trataba de una campana plateada que contaba con el dibujo de un par de olas en su superficie—. Es la Campana Oleaje, debéis tenerla en vuestra custodia porque la necesitaréis en breves.
Lira se quedó mirando aquel objeto durante unos segundos. Por alguna razón verlo le provocaba cierta intranquilidad, sentía que se le cerraba la boca del estómago y que la cabeza le daba vueltas. Lo guardó antes de que se pusiera peor y se quedó ahí plantada sin saber muy bien qué más hacer o decir. Por alguna razón las cinco hermanas parecían haberse puesto un poco tensas tras la entrega y ella no entendía por qué, si ni siquiera sabía para qué servía aquel objeto. La joven se dio la vuelta para mirar al público por primera vez desde el combate y vio que Eco y Silver parecían estar igual de confusos que ella, pero las otras cuatro personas que había sentadas compartían la misma inquietud que las hermanas. Quería preguntar qué pasaba, y Tamao estuvo a punto de añadir algo más, pero antes de poder hacerlo la puerta del teatro se abrió de golpe, revelando a una niña pequeña que no tendría más de diez años y que compartía algunos rasgos con las chicas kimono.
—¡Hermanas! —gritó de una forma que hizo que cualquiera se sintiera obligado a acudir en su ayuda, fuera familiar o no. Las cinco bailarinas bajaron del escenario rápidamente para reunirse con ella, pero antes de que Lira pudiera seguirlas el teatro tembló. Todos se quedaron quietos en el sitio, expectantes, y otro temblor sacudió de nuevo el edificio.
Crack
Ese sonido indicó que una grieta se había formado en alguna parte de la estructura. Lira miró a su alrededor pero no vio nada y, para empeorar las cosas, escuchó que después de ese crujido le siguieron varios. Finalmente observó que un poco de polvo cayó a sus pies y cuando alzó la mirada para ver de qué se trataba deseó no haberlo hecho.
Porque vio como un enorme boquete se formó en el techo, al mismo tiempo que una buena parte de este se desprendía y caía sobre ella.
No pudo gritar. No pudo alarmarse ni echarse a un lado, porque sintió que se había quedado paralizada y no lograría apartarse a tiempo, pero por suerte un fuerte empujón la envió lejos del derrumbamiento. Lira sintió que la persona que lo hizo envolvió sus brazos alrededor de ella e hizo que ambos giraran hasta que toparon con la pared que había al fondo del escenario. Ella cerró los ojos con fuerza al escuchar el gran estruendo que eso había ocasionado, y sintió que todo le daba vueltas y que el corazón se le iba a salir del pecho de un momento a otro. Durante unos instantes sintió que no podía hacer nada, hasta que la voz de la persona que le había salvado le hizo volver en sí.
—Ya ha empezado.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Normalmente la presencia de Lance le tranquilizaría en cualquier situación pero el significado de esas palabras era demasiado fuerte e importante como para impedir que los nervios dominaran cada célula de su ser. Al fin se animó a abrir los ojos y descubrió al hacerlo que se había formado un gran agujero en el techo por el que se colaba la luz del sol y se asomaban algunos pokémon de tipo volador con miradas siniestras. Después de aquello giró la cabeza y vio que en las butacas también había restos de escombros, y que Débora estaba cubriendo a Eco y Silver, quienes habían sido desplazados de sus asientos por ella. La líder se había lanzado a tiempo para evitar que el techo se les cayera encima, tal y como Lance había hecho con ella. Los rápidos reflejos de los primos les habían salvado la vida a los tres, y si bien eso era algo por lo que se sentían agradecidos, el estado de shock en el que se encontraban les impedía expresar debidamente su gratitud.
—Tenemos que irnos —terminó por decir el domadragón con voz grave. Él se puso de pie y le tendió una mano a Lira, que se la quedó mirando y tardó un rato en tomarla.
—¿Qué ha pasado? —preguntó lentamente mientras Lance tiraba de ella. Él miró el boquete del techo y la joven hizo lo mismo, más por imitación que por curiosidad.
—Creo que ha sido la señal —se limitó a responder. Bajó la mirada y miró a Lira seriamente—. No tengo muy claro qué ha pasado pero creo que a partir de aquí nos separamos.
—¿Nos separamos? ¿A dónde iremos?
—Yo me quedaré aquí para proteger la ciudad y la región pero tú-
—Lira, tú tienes que ir a las Islas Remolino —anunció Shin mientras subía las escaleras del escenario. Los dos entrenadores le miraron sorprendidos, lo que contrastaba con la nula expresión que reflejaba el rostro del anciano—. Las chicas kimono han hecho camino, te estarán esperando en el puerto de Ciudad Olivo. No puedes demorarte mucho más.
—Sí. Tienes que irte, ya —repitió Lance con urgencia—. La cosa solo va a empeorar si no hacemos algo. Me quedaré aquí para proteger la región pero tú tienes que irte, Lugia te está esperando.
—Vale —dijo algo más animada. Aunque estaba temblando por dentro las expresiones de los adultos indicaban que la hora de la verdad se aproximaba y no podía mostrarse débil en un momento tan crítico como ese, así que reunió el valor que había ganado a lo largo de su viaje y dejó los miedos a un lado. Los dos entrenadores asintieron para darse ánimos, pero antes de irse Lira le dio un abrazo a Lance que fue correspondido casi al instante.
—Tranquila, todo saldrá bien.
—Siempre dices lo mismo.
—Y siempre tengo razón —contestó él con una sonrisa. Le acarició el cabello por última vez y se apartó de ella—. Ve, el destino de Johto está en nuestras manos.
Lira asintió por última vez y bajó las escaleras con toda la rapidez que le permitieron sus piernas. Al llegar a lo que quedaba de la primera fila de butacas se encontró con Silver, y en ese momento sintió que debía tener un par de palabras con él antes de irse. El joven le había dicho en reiteradas ocasiones que quería obtener la ayuda del legendario para conseguir su objetivo, por eso se sentía un poco mal por haberle ocultado su rol como Elegida desde lo sucedido en Ciudad Trigal, pero no había encontrado el momento oportuno de decírselo. Tragó saliva y se acercó a él rápidamente, tenía que solucionarlo cuanto antes.
—Silver, lo siento, a lo mejor te lo tendría que haber dicho antes pero-
—Ya me lo explicarás luego —le cortó secamente mientras se quitaba el colgante que siempre llevaba y se lo daba con urgencia, lo que sorprendió a la joven—. No hay tiempo así que seré breve: esto me lo dio Carol y Celebi se lo dio a ella. Es una especie de talismán protector, me dijo que el sonido del cascabel es capaz de calmar a los pokémon, tal vez por eso mi equipo no me abandonó ni me atacó a pesar de lo mal que les trataba —dijo con un evidente resentimiento hacia él mismo. Lira lo miró dubitativa, pues no sabía si debía aceptar algo que podía tener mucho valor para él, pero al ver que ella no se movía Silver se impacientó y se lo puso él mismo—. No te lo pienses tanto, después de lo que ha dicho la chica kimono creo que lo vas a necesitar más que yo. Al fin y al cabo, yo no me voy a explorar las Islas Remolino con un par de bailarinas en busca de un legendario —Cuando Silver acabó de hablar apretó los hombros de Lira con fuerza y clavó su mirada en los ojos de ella—. Salva a Carol, Lira, no me decepciones.
—No lo haré —Silver asintió y se hizo a un lado para que pudiera abandonar el teatro. Ella iba a hacerlo, pero no podía irse sin despedirse de alguien, alguien que le miraba como lo habían hecho su madre y el profesor Elm aquella mañana. Ella no pudo evitar volver a sentirse mal, pero sabía que lo que tenía que hacer era irse, por mucho que los ojos de su amigo le pidieran hacer otra cosa.
—Ten cuidado —le dijo Eco. Lira se acercó a él y le dio un gran abrazo que fue correspondido al instante.
—Haré lo que pueda —dijo en un susurro mientras le acariciaba el cabello—. Tú cuida a Silver.
—Haré lo que pueda —La joven rio tristemente y acabó apartándose. Le dedicó una última sonrisa a su amigo de la infancia y se fue, abandonando finalmente el edificio.
La situación que había en las calles no era idílica, precisamente. Parecía que varios pokémon se habían vuelto salvajes y estaban causando estragos, pues atacaban a todo lo que se movía y lo que no también. Algunos rattata habían empezado a morder los bancos de madera y los gastly atemorizaban a los ciudadanos, que corrían de un lado para otro tratando de deshacerse de los fantasmas. Por si eso fuera poco, muchos pokémon de tipo volador bajaban y trataban de acabar con los tejados de las casas, tal y como habían hecho con el del Teatro de Danza. Lira quería hacer algo para ayudar, pero eran muchos y sabía que su deber era dirigirse a Ciudad Olivo sin demora, así que sacó a Togetic de su Poké Ball y le dio una hiperpoción para curar sus heridas y asegurarse de que estaba bien antes de emprender el vuelo.
—Tenemos que ir a Ciudad Olivo, rápido —Lira se subió en él pero su pokémon no le hizo caso. Ella le miró extrañada y vio que comenzó a temblar; parecía que estaba asustado por algo, así que la joven se bajó de él rápidamente y se agachó a su lado—. ¿Te encuentras bien? —Togetic negó con la cabeza y comenzó a temblar todavía más— ¿Qué pasa, pequeñín? Solo tienes que llevarme hasta allí, no pasa nada.
Togetic miró a los pokémon que se habían vuelto salvajes y entonces Lira lo entendió. Tenía miedo de volverse como ellos, y aunque ella desconocía el motivo de ese extraño comportamiento, estaba segura de que ninguno de sus compañeros haría algo que pudiera perjudicarla. Pero Togetic no lo tenía tan claro y no quería arriesgarse a que aquello que enloquecía a los demás le hiciera volverse loco a él y acabara por tirar a su entrenadora desde una altura mortal.
—Mira, no tienes por qué preocuparte, Silver me ha dado esto —dijo mientras mostraba su colgante y lo movía de lado a lado para hacer sonar el cascabel. Togetic se tranquilizó un poco pero aun así se siguió mostrando reacio a llevarla. Lira se desanimó durante unos segundos, hasta que otra idea le vino a la mente. ¿A lo mejor eso le animaría? Por probar no perdía nada. Hurgó en su bolso y estuvo un buen rato buscando, hasta que sus dedos acariciaron su última esperanza—. Dime, te sentirías mejor… ¿si fueras más fuerte?
No pensó que sería así como le haría entrega de aquello, pero le pareció que era el momento adecuado. Lira sacó la piedra día ante la mirada atenta y animada de Togetic, que asintió enérgicamente en cuanto la vio. A lo mejor llevaba un tiempo queriendo evolucionar y no se había dado cuenta, siempre había sido el bebé del grupo porque era el único miembro que había estado con ella desde que era un huevo y le causaba ternura al resto de integrantes, pero no por ello tenía que olvidar que ya era un pokémon hecho y derecho que tenía el mismo derecho a crecer que todos. La joven dejó la piedra en el suelo, a escasos centímetros de él, y se alejó un poco.
—Pues ahí tienes, es toda tuya.
Togetic tomó el objeto con sus manos con una alegría evidente y empezó a brillar en cuanto entró en contacto con ella, con una luz más intensa que la de la propia piedra. Esta deformó su figura para convertirlo en un nuevo ser, y cuando finalmente la luz se disipó reveló a una nueva criatura. Se trataba de un pokémon con tres cuernos blancos, aunque el derecho contaba con una marca roja y el izquierdo con una azul. Sus patas eran más cortas que las de su preevolución pero sus alas más grandes y robustas, y todavía tenía en el pecho los triángulos rojos y azules característicos de sus versiones anteriores.
—¡Tooogekiss! —exclamó irradiando felicidad. Lira rio al verle tan feliz y sacó su Pokédex
Togekiss.
Descripción: la evolución de togetic. Se dice que aparece en zonas pacíficas y las bendice con sus dones.
—Mira qué bien, seguro que ya te sientes más seguro —Togekiss asintió y le dio la espalda a Lira para que pudiera subirse a su lomo. Ella adoptó un semblante serio y se subió finalmente, tratando de prepararse para lo que estaba a punto de suceder.
El cambio que notó a la hora de volar fue sorprendente. Antes sentía que tenía poco espacio en el lomo de Togetic y que a lo mejor le molestaba, pero Togekiss era más ancho y parecía ser más fuerte, así que tenía más espacio y se sentía más reconfortada. Era como volar sobre una nube y por ello sintió que empezaba a relajarse un poco, pero antes de poder tranquilizarse del todo una bandada de fearow apareció y se interpuso en su camino. Los pokémon tenían toda la intención de atacarles, y de hecho se lanzaron a por ellos en cuanto los vieron, pero antes de que Lira pudiera siquiera entender qué estaba pasando Togekiss hizo una pirueta para evitarlos y realizó un paranormal que derribó a tres de los siete que les seguían. Lira se aferró a los lomos de su pokémon y dejó que tomara las riendas de la situación, pues parecía que evolucionar le había dado la confianza necesaria para actuar por su cuenta y ella creía en él lo suficiente como para tener la certeza de que era más que capaz de sacarles de allí.
Su compañero dio otra pirueta y aceleró para tratar de llegar a Ciudad Olivo lo antes posible, aun así los fearow no se dieron por vencidos y siguieron persiguiéndoles. Togekiss dejó de avanzar y comenzó a ascender, lo que hizo que los siete fearow se situaran debajo de él, momento en el que sus ojos se iluminaron de una luz azul. Lira sabía lo que eso significaba y sonrió en cuanto unas rocas aparecieron junto a Togekiss y cayeron en picado gracias al efecto de la gravedad, lo que hizo que seis de los perseguidores quedaran fuera de combate. Poder pasado hizo que solo quedara un fearow en pie y Lira pensó que se iría al ver que sus compañeros habían sido derrotados pero no fue así, fue a por ellos como si no hubiera pasado nada. No le costó mucho a Togekiss librarse de él con otro paranormal, tras lo cual retomó la marcha para llegar a su destino lo antes posible, pero eso no hizo que Lira se quedara tranquila. Primero atacan el Teatro de Danza, luego atemorizan a los humanos y se ponen a destruir la ciudad, y por último se cruzan en su camino y van a por ella cegados de ira, como si fuera la responsable de alguna desgracia. Casi parecía que los pokémon…
…
Un escalofrío le recorrió el cuerpo y sintió que las fuerzas estuvieron a punto de abandonarla. No, no era posible, Lance destruyó todo lo que quedaba de aquel experimento y la seguridad había aumentado considerablemente en Ciudad Trigal, no había forma de que..
…
No, no era posible pero ¿entonces qué demonios estaba pasando?
—Togekiss, vamos —le imploró a su pokémon. Sabía que iba lo más rápido que podía y no quería meterle más presión de la que ya tenía pero estaba empezando a ponerse muy nerviosa por la situación y quería llegar ya. Por suerte no hubo más contratiempos y su pokémon solo frenó cuando llegaron a Ciudad Olivo, y fue entonces cuando el malestar de Lira creció, pues fue testigo de que se estaba repitiendo el mismo escenario de Ciudad Iris y de los cielos de su región.
Por alguna razón los pokémon también parecían haberse vuelto locos allí. Poliwag y poliwrath se rebelaban contra los marineros y le daban cabezazos y puñetazos a todo lo que se cruzara en su camino. Algunos ciudadanos intentaban hacer barricadas con lo que podían y trataban de protegerse en sus casas, otros les hacían frente a los pokémon y procuraban que se quedaran encerrados en algún sitio en vez de atacarlos directamente para no hacerles daño. Lira no podía dar crédito a lo que estaba viendo, entre eso y la fuerte tormenta que se había desatado parecía una de las películas que simulaban el fin de mundo, solo que aquello no tenía nada de ficticio. Se quedó viendo la escena completamente atónita, y no fue hasta que alguien la llamó por su nombre que por fin reaccionó.
—¡Lira!
La joven buscó a la persona con la mirada y al fin la encontró. Se trataba de Yasmina, que alzó el brazo para captar su atención y señalar el puerto. Delante de ella estaba Steelix, que se encargaba de poner a raya a aquellos pokémon que intentaban acercarse al puerto.
—¡Las chicas kimono te están esperando en el puerto! —gritó sobre la tormenta sin dejar de señalarlo— ¡Vete!
Una parte de ella quería quedarse a ayudar, pues parecía que la situación le estaba sobrepasando a la líder, pero la otra le decía que lo mejor que podía hacer era reunirse con las chicas kimono cuanto antes, así que asintió y se fue a donde le dijo. Sin embargo, antes de darse la vuelta vio un brillo extraño en los ojos de Steelix, y tras unos segundos la serpiente de acero dejó de atacar a los pokémon. Esta se volvió a su entrenadora y la miró fijamente durante unos instantes en los cuales su cola empezó a iluminarse gradualmente. Yasmina no se dio cuenta porque le seguía dando indicaciones a Lira, y la joven solo se vio capaz de gritar su nombre lo más alto posible.
—¡YASMINA!
La líder miró a su pokémon tras el aviso y el horror absoluto se dibujó en su cara. Lira se quedó paralizada, Yasmina trató de decirle algo a Steelix para calmarla pero al ver que iba a atacar de forma inminente se agachó y se cubrió la cabeza con los brazos. Steelix levantó la cola y la bajó lo más rápido que pudo con la intención de atacarla con cola férrea.
CRASH
Pero no llegó a darle a la líder. Un rayo de hielo salió disparado tras Yasmina y le dio a la enorme serpiente de acero, lo que la obligó a retroceder. Steelix no pareció muy afectada por aquel ataque sorpresa pero fue lo suficientemente potente como para alejarla e impedir que cometiera una tragedia. Cuando pasó el tiempo y no sintió nada Yasmina se descubrió lentamente y miró hacia ambos lados con la intención de entender lo que había ocurrido mientras que Lira siguió la dirección de la cual provino el rayo y no pudo evitar quedarse maravillada al hacerlo.
Porque ahí, en todo su esplendor, se encontraba Suicune.
Su cabellera morada ondeaba elegantemente gracias al viento y su tranquilidad en medio de todo ese caos le confería un aura más cautivadora de lo habitual. Su mirada penetrante se posó en Lira y ella tuvo la sensación de que le estaba pidiendo que se diera prisa y acudiera al muelle cuanto antes, que él ya se encargaba de controlar las cosas ahí. Yasmina se le quedó mirando sorprendida y el pokémon se puso a su lado, como si esa fuera su forma de decirle que contaba con él para proteger la ciudad. Steelix volvió a fijarse en ella y Suicune dio un paso adelante mientras empezaba a crear una neblina, con la intención de reducir la visibilidad de los pokémon y ayudar a los ciudadanos a pasar más desapercibidos.
—Creo que estaremos bien, haz lo que tengas que hacer —dijo la líder todavía algo perpleja mientras se levantaba poco a poco. Lira asintió y se dirigió al puerto sin más demora, sirviéndose de la neblina para pasar desapercibida y evitar altercados con otros pokémon.
Tal y como le había dicho Yasmina, las bailarinas se encontraban allí, subidas en una embarcación que al parecer sería el medio de transporte que las llevaría a su destino final. Lira se subió en él rápidamente y en cuanto lo hizo las artistas abandonaron el puerto, dirigiéndose sin más dilación hacia las Islas Remolino.
—Diría que aquí estamos a salvo pero no lo tengo muy claro —Se lamentó Satsuki al asomarse y ver que un banco de tentacool liderado por unos furiosos tentacruel amenazaba con atacar el barco hasta hundirlo. Al escuchar aquello Sakura caminó grácilmente por la cubierta para dirigirse a la proa, sin mostrarse ni la mitad de preocupada que la otra bailarina.
—No temáis, hermanas, a ver si se atreven a atacarnos después de esto —dijo mientras sacaba a su fiel compañero—. ¡Jolteon!
Gracias a la gran tormenta que crecía por momentos, el tipo eléctrico fue capaz de usar las condiciones del ambiente a su favor y lanzar un potente rayo que estuvo a punto de dejar frito al banco de pokémon. Lira se sobresaltó, pues el ataque creó un par de olas que hicieron tambalear la embarcación y la obligaron a sentarse por seguridad, pero antes de que pudiera preocuparse mucho más Tamao se acercó y se agachó delante de ella.
—Vuestros pokémon no han recibido el cuidado que se merecen después de nuestro combate y eso es imperdonable por nuestra parte, más teniendo en cuenta que os vais a encontrar con el legendario. Permitidme —dijo mientras extendía la mano para que Lira le diera sus Poké Balls. Así lo hizo ella, y en cuanto movió el brazo para acercárselas vio que algo en su bolso empezó a brillar. Lira lo abrió para ver de qué se trataba y al hacerlo de él salió una pluma, la pluma plateada que le entregó el director de la Torre Radio. Parecía que había cobrado vida y seguía su propio camino, adentrándose en el mar y alejándose con la ayuda de las ráfagas de viento.
—¡Seguidla! —gritó Umeko al verla aparecer. Lira no sabía a quien se lo estaba diciendo pero teniendo en cuenta que Komomo no estaba ahí con ellas supuso que a lo mejor era la encargada de dirigir la embarcación.
Tal y como indicó Umeko, el pequeño barco hizo lo posible por seguir el rumbo de la pluma, que cada vez brillaba con más intensidad. Los pokémon que amenazaban con atacarlas se mantenían a raya gracias a los ataques de Jolteon, que se encargaba de que ninguno se atreviera a acercarse. Sin embargo, en un momento determinado los pokémon empezaron a alejarse y las dejaron solas, algo que sorprendió a las seis. Tamao le devolvió las Poké Balls a Lira y se levantó pero la voz de Komomo le advirtió del peligro antes de que pudiera verlo.
—¡Torbellino!
Y así era; la pluma se situó en el centro de un enorme remolino que tragaba todo lo que le llevaba la corriente. Las seis sabían que esa era la entrada que tenían que cruzar para llegar a su destino pero eso no hizo que la idea les resultara más agradable. Komomo no aminoró el ritmo y pronto se vieron atrapadas por el enorme torbellino que las condujo hacia el centro de este. La embarcación empezó a girar rápidamente y las chicas kimono se sentaron junto a Lira e hicieron una piña para tratar de darse seguridad antes de ser absorbidas. De repente el agua empezó a entrar y en cuestión de segundos el barco se hundió, aunque para cuando lo hizo tanto la joven como las bailarinas ya habían perdido la consciencia. El torbellino desapareció y allí solo se quedaron los pokémon que ya no tenían nada que atacar.
