Año 17 - Sinfonía agridulce

Woof Casino, 16 años

Distrito 8

"Dejo la melodía brillar. Dejo que limpie mi cabeza. Me siento libre ahora."


—¡Buenas noches!

El gigantesco ángel de piedra se gira lentamente en el pasillo tan solo iluminado por la luz de la luna que se cuela por los ventanales. El que hay delante también lo hace, el del ala rota. Se la rompió una de las chicas fuertes antes de que la estatua le quebrara el cuello como si fuera un palillo. No creo que olvide ese sonido jamás.

Los dos ángeles caminan hacia mí y entonces me doy cuenta de que escondida en la penumbra, hay una tercera figura que no había tenido en cuenta. La estatua salpicada de sangre de una mujer cubierta con un manto y un velo. Lleva una cabeza en la mano sujeta por el pelo.

—Mierda... —susurro bajo mi aliento.

Me he expuesto a más riesgo del que calculé.

Pero ya no tiene caso, tengo que seguir adelante con el plan. Mientras las tres estatuas avanzan hacia mí, yo retrocedo a la par, agarrando fuertemente el candelabro viejo. Lo más parecido que tengo a un arma.

—Bueno ¿Qué tal? ¿A cuántos han matado ya?

Nunca me imaginé a mí mismo hablando con los mutos de la Arena pero llevo como una semana escondido, saliendo de día cuando ellos no están a recoger agua bendita o fruta de los árboles del cementerio. Hace tres días que no muere nadie y los pocos que quedamos estamos escondidos, pensando que estamos a salvo indefinidamente si permanecemos así. Tuve mucho, mucho tiempo para meditar y llegué a la conclusión de que lo mejor es actuar yo mismo, antes de que los Vigilantes lo hagan por mí.

Tengo que voltear la situación a mi favor y tomar la iniciativa. Es lo mejor.

—Saben... he trabajado toda mi jodida vida en una fábrica de botas, catorce horas al día, seis días a la semana por un sueldo miserable. Y miren donde acabo. ¡En los Jodidos Juegos Anuales del Hambre!

Vuitton me dijo que cuidara la lengua. Pero no es algo que se me de muy bien. Igual seguro que no transmitirán ésto.

—Y... lo que menos me gustaría de todo es acabar como ese tipo de ahí —Prosigo señalando la cabeza en evidente estado de descomposición—, que ya empieza a oler algo feo por cierto.

Dios ¿Qué estoy diciendo?

Las estatuas aceleran el paso y yo con ellas, doblando esquinas y corriendo sin mirar hacia atrás, sólo guiándome por la intensidad y el ritmo de sus pasos al andar.

—Creo que me acostumbré muy rápido a los manjares capitolinos. Una cocina excelente, ya se lo dije a Caesar en mi entrevista... ¿Han probado la codorniz con almendras? Exquisita.

Siento un golpe seco en la espalda, y cuando me giro, veo la cabeza amoratada del pobre chico. Después vienen las nauseas, y el ácido sube por mi garganta hasta que llega agrio y desagradable a mi boca.

—Tomaré eso por un no...

Parece que alguien en la sala de control está apretando la tecla de velocidad de los mutos. Ya casi me obligan a correr a toda marcha. Si me atrapan acabaré como los otros.

Doy un giro brusco y subo la escalera hacia el piso superior. Sé que ahí hay alguien escondido, he estado observando las posiciones de los tributos restantes y sé que al menos hay dos personas. O alguien a quien le gusta hablar solo.

Es una ratonera. Arriba, las cosas son distintas, la arquitectura es simple y modesta y no hay espacio para huir. Tomo el pasillo más angosto y me paro frente a la puerta del fondo, calculando cuánto tardará el primer ángel en llegar, me tiro al suelo en el último segundo y la puerta se abre debido al golpe de su puño.

Oigo un grito de chica a la vez que doy media vuelta y paso por al lado de las otras dos estatuas, usando el candelabro como escudo. Esquivo por los pelos el ataque del segundo ángel, pero la mujer consigue darme un puñetazo en el costado.

Doy un grito a la vez que maldigo, pero sigo corriendo, visiblemente doblado hacia el lado derecho de mi cuerpo. Tras de mí, los ángeles se están entreteniendo con la gente hacinada en el pequeño cuarto, mientras que eso no parece impresionar a la tercera estatua que me sigue a pesar de todo.

Es en las escaleras cuando se me ocurre una nueva estrategia. Tiro el candelabro al suelo, justo a sus pies. Ella lo pisa y pierde el equilibrio, cayendo al vacío tras romper con su propio peso la balaustrada de madera.

Al mirar hacia abajo, veo que se ha roto en varios pedazos, ya no se mueve. Seguidamente, suenan tres cañones. Tres, mucho mejor de lo que pensaba. Ya tendré tiempo de rezar por sus almas, pues me doy cuenta por primera vez de lo mucho que me duele el costado. Me quito la camisa y hecho un vistazo. No pinta bien. La zona se volvió morada y duele al tocarla. También siento una desagradable presión al respirar.

—Vuitton, si quieres hacer algo útil éste es tu momento.

El paracaídas llega un minuto más tarde. Lo agarro al vuelo con manos temblorosas. Dentro hay una compresa de gel congelado y un botecito de analgésicos extra fuertes. También un papel.

Escóndete, imbécil. -V

—Muy en tu línea. Y luego te atreves a llamarme bocazas.

Pero lo cierto es que mi mentor tiene razón, aquí estoy muy expuesto. Pongo mis nuevas posesiones en la tela del paracaídas y recupero el candelabro y la ropa. Necesito algo de reposo y después... ya veré qué hago después.


Canción: Bittersweet Symphony de The Verve.

En verdad lo que me inspiró fueron dos cosas, una la parte en la que dice "eres un esclavo del dinero y después te mueres", también el famoso videoclip, en el que el tipo va caminando por la calle y atropellando personas. De hecho he decidido que Woof se parece a Richard Ashcroft, pero cuando era joven, que el hombre ya está algo mayorcito.

Elenear, si es que conociéndome alguna vez tenía que salir, jajaja. Aún tengo pendiente ese Gale x Darius, algún día. A Axel le costó algo caro el conseguir ayudita, pero Cyprus lo tratará bien. :D En el siguiente ya toca pro. Ya tengo canción.

Pink, me pasa siempreee, quiero escribir mucho más, y tengo que ir descartando ideas. En verdad Cyprus se la jugó mucho también para conseguir información para él. Lo de la Arena lo averiguó a posta y con ello quería transmitir lo lejos que pueden llegar los capitolinos por un caprichito, en este caso Axel.

Sirenita, lo sé, lo sé... no tengo excusa para eso la verdad. Es algo de lo que ya era consciente y me preocupaba bastante, pero siempre me puede la flojera y lo dejaba así. Como ves me ha servido de motivación y he seguido tu consejo y los demás capítulos los planeo ir cambiando poco a poco. Pensaré en eso que dices, un saludo y gracias por comentar!

Phoenix, tuve que salvar a Axel, yo también me enamoré de él. Pero no te preocupes, no lo venderán por ahí, Cyprus es celoso y lo quiere sólo para él. :) He estado pensando qué actor famoso le vendría bien a Axel y se me ocurrió Douglas Booth.

¡Gracias a todos por leerme y hasta la próxima!