Año 22 - El tiempo se acaba

Doka Ashtear, 16 años

Distrito 3

"Nuestro tiempo se acaba. No puedes ocultarlo. No podemos parar de gritarlo."


El amanecer está cerca en éste treceavo día en la Arena. A lo lejos, oigo un lobo aullar. Se han estado escuchando muchos, pero no nos han molestado, no a mí al menos, pero no descarto que ataquen si las cosas siguen en calma por más tiempo.

Con un poco de suerte hoy podré salir de aquí, caminando o con los pies por delante. Obviamente prefiero lo primero y si lo logro me convertiría en la primera vencedora de mi distrito. Muchos chicos y chicas de casa han llegado a los tres últimos varias veces. En una ocasión incluso llegaron ambos, pero al final siempre pasó algo que hizo que la suerte se decantara por otro tributo.

Sin embargo aquí estoy, yo sola junto a dos de las llamadas profesionales. Así es como se han estado refiriendo en televisión a la alianza de los distritos 1, 2 y 4 que cada año desde hace una década más o menos se presentan voluntarios a su suerte. En teoría entrenar para los Juegos no está permitido, y siendo esos tres los distritos más adinerados, no me extrañaría que de alguna manera ellos hayan sido eximidos de la norma.

Así de justo es éste país, siempre favoreciendo las diferencias entre unos y otros.

Una ráfaga de aire helado sacude el lugar, helándome los huesos. Mis dientes castañean y justo cuando voy a ajustarme la cazadora mejor, la punzada de dolor de mi pierna izquierda me obliga a amortiguar un grito. Me subo la manga del pantalón para echarle un vistazo a la mordedura que aquella mangosta me hizo cuando intenté sacarla de mi trampa en la cual había caído. Cada vez tiene peor aspecto y lo que más me aterra es que sospecho que no es normal que un animal de ese tipo consiga que todas las venas de mi pierna aparezcan marcadas en la piel, la cual se torna cada vez más oscura, como en una necrosis. Dicen que conforme pasan los días, las condiciones se endurecen. Yo lo he notado. Las lluvias se espacian, la temperatua cae y los animales se vuelven más listos y peligrosos.

Pero tengo que hacer un esfuerzo, tengo que aguantar sólo un poco más. Si ignoro el dolor, la infección y la fiebre ahora podré obtener las recompensas después. En el Capitolio siempre lo arreglan a uno. Muchos chicos terminan destrozados cuando los recoge el aerodeslizador como Vencedores, y luego en la entrevista y la coronación lucen bien de nuevo.

Aprieto los dientes y me asomo tras el gran árbol sin hojas que me hace de trinchera. La chica del dos acaba de despertarse y la del cuatro prepara todo para proseguir la caza. Mi caza.

Desde que nos quedamos las tres solas las he estado siguiendo. Cada minuto aquí se hace peor que el anterior, pero es mi única alternativa. Un enfrentamiento directo está más que descartado, dada mi condición física. Así que lo único que me queda es esperar en la retaguardia. Encontrar el momento oportuno para jugar alguno de mis ases en la manga, si es que tal cosa llega alguna vez.

Es costumbre que cuando quedan tres tributos, los vigilantes intervienen para reunirlos para terminar los juegos rápido. Sin embargo ésta vez no lo han hecho. Será porque todo el tiempo hemos estado prácticamente reunidas y quieren observar nuestra evolución natural.

Y eso no le ha dado aún ni una pista a ellas. Será que el cerebro no les funciona tan bien después de todo.

—¡Mags, envíanos agua!— oigo decir a una de ellas.

El corazón me da un vuelco. No. Si les envían algo estaré en seria desventaja.

Los minutos pasan y cuando se hace obvio que nada va a suceder, hago un esfuerzo para reprimir una carcajada, lo cual se traduce en otra oleada de dolor. Una botella de agua incluso de las más pequeñas debe costar una fortuna a éstas alturas. Mala suerte. No creo que encuentren ya a nadie dispuesto a desperdiciar su dinero en ellas. No cuando sus posibilidades están tan claras como las mías.

—¡Davor! ¡Sage! ¡Alguien, por favor ayuda!— suplica la otra.

Ahí es donde yo quería que estuvieran. He esperado pacientemente a que se quedaran sin provisiones para arrastrarlas a mi trampa, en la que me lo juego todo al doble o nada. Tengo que actuar rápido antes de que la audiencia se aburra demasiado.

Primero preparo el pequeño frasquito de veneno que había en la mochila que me asignaron en el banquete. Luego busco una piedra en el suelo. Mi visión empieza a oscurecerse y lo veo todo doble, pero finalmente doy con una y la tiro cerca de donde ellas están. En cuanto las veo venir hacia mí, huyo cojeando cuesta abajo hacia el charco de agua helada del que he estado bebiendo.

Las manos me tiemblan, la cabeza me arde, pero consigo concentrar en mí la suficiente cordura como para vaciar el contenido de la botella en el charco cuando paso por su lado y seguir corriendo.

Un poco más adelante miro hacia atrás. Como predije, dejan de perseguirme en cuanto ven el agua. Saben que estoy herida, que cojeo y ellas están bien, y estarán mejor en cuanto sacien su sed. Ellas tienen tantas ganas de irse a casa como yo. Intento alejarme un poco más, por si el veneno es de efecto retardado, pero al parecer he gastado ya demasiada energía. El mareo y la fiebre se vuelven tan fuertes que me obligan a doblar las rodillas. Los contornos se difuminan y oscurecen, las sombras en mi campo de visón no me dejan ver bien, el dolor es insoportable.

Se acabó. Hasta aquí voy a llegar.

Una milésima antes de perder el conocimiento, escucho un cañonazo. Y no consigo ni distinguir si es el mío o el de alguien más.

Lo curioso es que llegado a este punto, ninguna de las dos opciones me disgusta.


Canción: "Time is running out" de Muse.

Tres más para el Vasallaje. Sí, lo estoy deseando. Aún hay tres distritos sin vencedor, el 3, el 6 y el 12. Veamos si este año Doka puede lograrlo.

Phoenix, amo a Larius. Es mi segundo vencedor, y era algo más joven que la media, tal vez porque al principio estaban todos mucho más desorientados y él le puso mucho empeño a regresar.

Pink, qué bueno que haya sido tu favorito. Ellos dos también me gustan mucho, ella absorbe más las vibraciones del entorno. La escolta le contestó alterada y ella le respondió alterada, Larius le habló con calma y ella se tranquilizó. Yo los visualizo llevándose bien, y apoyándose. Ya Layla se hizo mentora y lo llevó bien. Larius tiene dos hijos pequeños y para ellos y su esposa Layla es ya de la familia. :)

Por cierto, como se me estaba haciendo difícil llevar la cuenta de mis propios vencedores, he creado un blog donde podrán saber un poco más de ellos. Está actualizado hasta Woof y es nada más que para mi consulta personal pero están invitados a echarle un vistazo si quieren. La dirección es los75 punto blogspot punto com.

Ah y por si alguien tenía dudas, la Arena de éste año corresponde a la de la estepa patagónica. O algo muy similar a eso.

¡Gracias a todos por leerme y hasta la próxima!