Año 37 - Alguien que solía conocer
Kathleen Parma, 17 años
Distrito 1
"De vez en cuando pienso en todas las veces que me jodiste. Como me hacías creer que era algo que yo había hecho. No quiero vivir así, analizando cada palabra que dices."
—Despierta, bella durmiente —susurra mi aliado en mi oído—. La marea ya está en su punto más bajo.
Abro los ojos en cuanto oigo la primera palabra.
Desde que Bart murió de aquella infección, estar con él me intranquiliza. Indigo es demasiado críptico y ambiguo. Cuando las crueldades de la Arena comenzaron a cernirse entre nosotros y fuimos cayendo, debo admitir que recé para que se lo llevaran a él. Y ahora para agregar una preocupación más a la lista, ha sido él precisamente de los otros cinco el que ha sobrevivido.
Se me pasa por la cabeza el matarlo mientras duerme en mi próxima guardia, pero la inseguridad de ir en solitario cuando aún quedaban cinco personas vivas a parte de nosotros, tres de ellas en la misma alianza y dos en otra, los del cinco. Sonaba poco apetecible yendo yo solo.
Porque sí. Hay veces en las que la Arena por sus características beneficia a los chicos de los distritos más que a los profesionales. Lo vimos con Seeder, tan acostumbrada a pasar necesidad que prevaleció entre los demás, o con Merrimack, el pescador fluvial y primer vencedor del Distrito 7. Pues bien... esta es una de ellas.
Los del Distrito 8 están aún vivos por ahí, escondidos en algún rincón como las ratas que son, como esas que plagan sus sucias fábricas de ropa, junto con el chico del 11. Ese presidiario que debe estar aquí en esta prisión como pez en el agua. Escoria de los distritos periféricos. No deberían esos delincuentes tener ventaja sobre los ciudadanos de bien como nosotros.
—¿Alguna novedad mientras estaba dormida? —pregunto.
—Un cañonazo más. ¿No lo oíste?
—Me pareció oír alguno entre sueños. Así que ha muerto alguien más...
—Obviamente.
Eso significa que quedamos seis... Cuatro más por matar y luego...
—¿Crees que han sido los del 8? Tal vez ya hayan empezado ellos a traicionarse.
—Traicionarse. Esa palabra tan temida cuando vamos siendo tan escasos. Ah, todo apunta a que es así. Los de la cueva del islote se han asomado hace poco. Lo que significa que han sido los otros tres. Mi teoría es que se han deshecho del presidiario. Cosa que por otro lado es lógica dadas las circunstancias.
Indigo me observa. Espera una reacción mía a lo que acabo de decir. ¿No podría dejar de hacer esos comentarios? Ya es bastante difícil.
—¿Qué? —espeto.
—¡Nada! Sólo decía. Ya queda poco, Kath. ¿Tienes miedo?
—No.
—Pues deberías. No te lo voy a poner fácil cuando nuestra alianza se rompa.
—Eres tú quien debería tenerlo —digo, con los ánimos crispados.
—¡Calma! Lo decía porque si no hubiera sido porque me apiadé de ti no estarías aquí ahora. Te recuerdo que hace dos días mataron a mi compañera de distrito porque tú te dormiste durante tu guardia.
—¡No me dormí! Solo que fueron tan sigilosos que no me di cuenta —me defiendo.
—Lo cual es casi peor que dormirte. Al menos eso no pone tu utilidad en entredicho. Menos mal que soy buen aliado.
Y yo tengo que contenerme. Porque a estas alturas y teniendo un arma a mano, las discusiones pueden escalar mucho.
—Bueno, dejemos que las armas decidan esta discusión en su debido momento, vamos a por esos dos, si la marea vuelve a subir no podremos echarles mano hasta dentro de unas horas. ¿No? —digo.
Dejamos las mochilas atrás y tomamos solo las armas. Yo mi ballesta y él su arpón. El lugar ha estado lleno de goteras, ruidos, puertas que rechinan y alimañas. No puedo esperar a dejarlo atrás. No dejaré que Indigo me pille desprevenida, él ha entrenado por su cuenta mientras que a mí me ha formado la misma Glory Smitten. No le daré la oportunidad.
La prisión estaba cerrada en principio pero los del Distrito 5 consiguieron volar uno de los muros exteriores y refugiarse en la cueva mientras la marea estaba baja. Ahí les ha ido bien pero esa suerte se va a acabar ya.
Indigo va primero, sale del agujero e inspecciona la orilla para ver por qué lugar es mejor saltar al agua. Yo lo sigo lo más sigilosamente posible. Nuestros trajes naranjas no ayudan. El trío de los del 8 se las ingenió para oscurecerlos usando ceniza y basura. Estos también están sucios preo no hasta ese punto.
El agua nos llega a la rodilla. Levemente iluminado por la tenue luz de la luna llena, el islote se alza ante nosotros, con la cueva que normalmente queda casi a la altura del nivel del mar sobresaliendo de una pila de rocas. Son más o menos cien metros de caminata. Indigo revisa también el otro lado de las rocas y busca un lugar para el ascenso. El mar está en calma pero las rocas están húmedas y resbalosas por el musgo, así que pongo todo mi empeño en no caerme mientras escalamos. Esto no es nada comparado con las pruebas de escalada de la Academia. Aunque nos llevaban a lugares montañosos a veces a realizar tests, jamás lo hicimos con un acantilado mojado.
Una vez arriba, esperamos un rato antes de entrar a la cueva.
—Hay que ser rápidos —dice Indigo—. Antes de que la luna ascienda más y se comience a llenar el hueco.
Él entra en la cueva y yo lo sigo. Adentro comprobamos que los chicos habían encendido un pequeño fuego, tal vez alentados por el complicado acceso a la isla, Indigo dispara su arpón a uno de ellos y yo hago lo propio con la otra. Ellos casi ni lo ven venir. El chico cae de espaldas con el cráneo atravesado por el arpón. La chica nos ve, pero para el momento en que se incorpora y trata de hacer algo, la saeta ya la ha alcanzado en plena espalda.
Dos cañonazos nos indican que han muerto. Tras eso, Indigo y yo vamos a recuperar nuestras armas.
—Dos más —murmuro, cargando de nuevo mi arma.
—Dos más —repite Indigo y con un rápido movimiento, saca su arpón de la cabeza del chico y me lo clava en el pecho—. En verdad uno. Tú.
Antes que el dolor, me alcanza la incredulidad.
—Indigo... ¿P-por...?
—Oh eso. Antes te mentí. No hubo un cañonazo, hubo tres. Estos eran los dos últimos. Saluda al vencedor, Kath.
Con mi último aliento, logro disparar mi ballesta. Mi intención era darle en un punto vital pero estoy demasiado débil. En su lugar, se clava en su vientre, lo cual va a necesitar cirugía urgente de todos modos, para evitar que los jugos gástricos del estómago lo disuelvan por dentro. Oírlo gritar me reconforta un tanto.
—No te esperabas eso. ¿Eh, Indig...?
Luego toso una importante cantidad de sangre y la vista se me oscurece. Habré perdido, pero ese traidor va a pasar un mal rato hasta que lo rescaten. Es mi único consuelo.
Canción: "Somebody that I used to know" de Gotye.
Sé que ha pasado tiempo, pero aquí estoy de vuelta con otro vencedor. Esta vez Indigo del Distrito 4, que va a ser del grupo de los hijos de perra. La canción se daba a eso. Al fin de una relación, reproches y malentendidos.
cire, tienes razón este Titus es algo diferente al canon ya tenía esa idea en la cabeza de basarlo en la historia de Issei Sagawa, no se si te sonará. Creo que este Titus está más cuerdo (algo más) que el tipo al que Katniss se refiere. También tiene su explicación en que con el paso de los años exageraron mucho su leyenda para hacerlo ver como un loco de remate. Si quieres ver un capítulo realmente gore puedes pedirlo y haré lo que esté en mi mano. Siempre estoy abierta a desafíos. Igual en menos de diez capítulos se viene un tributo que fue bastante sanguinario y cruel, no es canon pero no es primerizo en el Alphaverse. :D Y de esos que pones espero con ansias renovadas el de Lyme, ya que después de ver la película y ver que se trataba de la actriz que interpreta a Brienne de Tarth en Juego de Tronos ya me he montado la película en su cabeza, y que va a estar basada en el personaje de Brienne. Siento que esta actualización se tardara, a veces la inspiración se atasca xD Saludos y gracias por tus amables palabras.
Ale, me hace tan feliz que te haya gustado el capítulo de Titus, hace unos meses leí mucho al respecto de Issei Sagawa y ese fetichismo japonés que giró en torno al asesinato de la chica francesa, a cómo ella era tan bella y le encandilaba tanto que quería hacer sus buenas cualidades parte de él. No tengo remedio jajaja me llaman mucho la atención estas cosas, espero que no piensen mal de mí xD, Jesse Pomeroy, el Petiso Orejudo, Nevada-chan que asesinó a su compañera de clase a la tierna edad de 12 años. Siempre quiero saber qué hay detrás de esas mentes. Y yo muy contenta que lo hayas apreciado y hayas entendido el trasfondo, creo que escribiendo juntas podríamos ser muy maquiavélicas. Pobres tributos jajaja.
Ana88, efectivamente es una zoonosis pero afecta indirectamente a los humanos ya que se tienen que sacrificar muchas reses y eso conlleva escasez de alimentos y hambruna.
Stelle, es cierto creo que a Coriolanus no le temblaría la voz al decir algo de semejante calibre. Él dice que es ahorrador, que no le gusta derramar sangre inutilmente. Uno fue suficiente y la elegida al final fue su abuelita. :( Conozco a Casius, la verdad es que da un poco de miedo pero el bruto tenía su corazoncito, me pregunto si Titus lo tiene xD
Bueno gente, antes de despedirme les dejo con otro relato. No forma parte del Alphaverse porque el personaje no es mío. Es un regalo que le hice hace mucho tiempo a un amigo de fanfiction llamado Danro. Él y yo teníamos personaje en un SYOT, esta fue la chica que ganó y quise darle mi enhorabuena haciéndole un regalo. La historia no se encuentra actualmente online, pero aunque no hay más detalles perfectamente podría ser un capítulo de esta historia, en el que no están todos los datos pero eso no importa tanto. Está basado en la misma canción que esta historia, aunque la parte de la letra es distinta.
¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!
Año 37 - Alguien que solía conocer
Marina Crestwave, 18 años
Distrito 4
"Pero no tenías por qué hacerme el vacío, hacer como que nunca fuimos nada. Ni siquiera necesito tu amor, pero me tratas como a un extraño y se siente raro."
—Mañana llega el vestido. ¿Quieres que vayamos a recogerlo juntos? —propongo.
—Sí. ¿Por qué no? —responde él.
"¿Por qué no?" se ha convertido en su respuesta para todo. Tyler no solía ser así. Teníamos un vínculo mucho más estrecho.
Desde que volví de la Arena me he centrado en olvidar todo lo vivido dentro de ella. De día sonrío como si estuviese en mitad de la grabación de un anuncio de dentífrico. Aún está fresca mi victoria y tengo mucha gente con la que hablar y entrevistas que conceder. Y de noche, cuando me quedo sola en mi nueva mansión, lloro hasta que siento que me va a explotar la cabeza. Lloro por Agatha, y por mi inocencia. Ambas fallecidas en la Arena. Lloro por lo inconsciente que fui. No me cabe en la cabeza cómo no vi antes la forma en que todo iba a terminar si ganaba.
Sólo mi madre sabe por lo que estoy pasando. Ella ha decicido aceptar la verdad sobre mí.
No sé si habré dado un buen homenaje a las personas que maté y a las que conocí allí y murieron. Me preguntaron por Agatha y rápidamente cambié de tema porque no sabía si podría soportarlo. Por eso me centré en hablar de Tyler, de nuestra historia juntos y nuestros planes futuros.
Todos en el Capitolio ansiaban nuestro reencuentro, que fue cálido mientras las cámaras estuvieron delante. Pero cuando se fueron... todo cambió. El Tyler que me recibió no es el mismo Tyler que me despidió el día que me presenté voluntaria, que me puso un anillo en el dedo dentro del Edificio de Justicia y me pidió que me casase con él a la vuelta.
—¿No tienes nada más que añadir? Es nuestra boda. Me gustaría que la planeáramos entre los dos.
—Bueno, dicen que estas cosas se le dan mejor a las chicas. ¿No?
Lo miro dolida y él desvía la mirada. No es sólo la boda, ya son muchas cosas. Demasiadas.
—Antes no eras así —digo. Y él no dice nada lo que hace que todo me duela más porque el que calla otorga—. Tyler...
—¿Qué?
—Quiero llegar al fondo de esto. Dime qué ha cambiado —hago una pausa porque siento que voy a llorar. He soportado hasta los más duros reveses con una sonrisa en la cara... Y ahora esté a punto de romperme por la apatía de mi prometido—. Antes me mirabas a los ojos sonriendo y me decías que conocerme era lo mejor que te había pasado. Tenías detalles conmigo. Me quitabas el cabello de la cara en días de viento, tenías iniciativa para abrazarme y besarme, estabas contínuamente gastándome bromas, y lo que más me duele, me decías "Te quiero" sólo porque sí. Y ahora... ahora...
—Lo siento —dice él. Busco su mirada desviada incitándole a seguir hablando pero a la vez temiendo por lo que me vaya a decir—. No pensé que sería tan duro verte matando a esos chicos. Que la Marina a la que ví asesinando a sangre fría en televisión y tú... sean la misma persona...
Siento como si algo me oprimiera el pecho. Me siento como una apestada que nunca podrá quitarse el estigma de encima. Yo siempre hice lo que me pareció correcto para contentar a mi familia y para mí. Sabía que volvería asesina y no había marcha atrás, pero era un concepto que nunca supe entender del todo hasta que no me vi inmersa en la vorágine de los últimos días de Juegos. Mi padre me entrenó él mismo desde niña, me decía lo orgulloso que estaría de mí por verme vencedora, y que lo hacía sobre todo por mi propia seguridad. Fue el rostro de Agatha en el cielo lo que expuso la realidad, brutal y dolorosamente ante mis ojos. Ella que había sido mi mayor apoyo dentro de la Alianza Primaria, y que murió porque yo me separé del grupo para matar a alguien más. Podría haberla salvado. Podría al menos haber estado ahí para ella en sus últimos momentos.
Mi padre no pudo haberme mandado a un sitio tan horrible pensando en mi felicidad. Todo lo hizo para marcarse un logro a costa mía. Y yo estaba demasiado metida en mi papel de buena hija para darme cuenta.
Pero ya no hay vuelta atrás. Fui, maté y vencí. Y eso me está costando a Tyler.
Trato de mantenerme calmada, pero al final las emociones me desbordan y comienzo a llorar. Me hago un ovillo en la silla y cubro mi cara con las manos. No quiero que me vea así.
Pronto siento sus brazos rodearme igual que antaño.
—Me odias... —digo entre sollozos.
—No —contesta apretándome fuerte contra él—. Solo me cuesta acostumbrarme a lo que ahora eres.
Nos quedamos así por un largo tiempo sin decir nada.
—Escucha, dame tiempo. Quizá es lo único que necesito. Asimilarlo todo. Te quiero. Eso no ha cambiado —susurra tras un rato.
Lo miro sonriendo y lloro de nuevo, esta vez por otro motivo.
—Yo también, Tyler.
Y sus palabras me dan fuerza para luchar en este nuevo desafío que se presenta ante mí. Las secuelas de la Arena de las que tanto hablan los veteranos. Superaremos esto, y lo haremos juntos.
