Aviso de: gore.


Año 46 - Vlad el empalador

Barren Watling, 15 años

Distrito 9

"Cortar gargantas. Que la sangre fluya, espesa, fresca. Los placeres simples de la vida que tienes que probar."


Quedan dos horas para el anochecer.

Siempre pensé que le tendría pánico a la oscuridad en la Arena, pero ha resultado ser al revés. El sol es nuestro enemigo. Su radiación es tóxica, y en unos días será mortal. Porque este año, el tema de los juegos son los vampiros.

Asomado a la enorme cortina negra que cubre la ventana, observo el jardín de la mansión donde estamos. Nada se mueve ahí afuera, todos los tributos deben estar en sus respectivos refugios esperando a que el sol se ponga para salir a buscar provisiones.

Una mano se posa en mi hombro y un segundo después, la cara de Sophie mi compañera de distrito aparece sonriente sobre mi hombro.

—No te molestes, nadie estaría tan loco como para estar ahí afuera, y desde aquí tenemos ventaja.

Agita su ballesta frente a mi cara, haciéndome fijar la vista en el suelo.

—No hagas eso. Me pone nervioso —le pido.

—Esta belleza ya nos ha salvado el culo una vez —dice, recordándome el momento en que la tomó de la cornucopia.

Por aquel entonces no sabíamos muy bien como usarla, y uno de los chicos nos la intentó quitar. Cuando Sophie por fin la pudo cargar, le disparó en el centro del pecho, casi a bocajarro.

—Es por eso precisamente por lo que me pone nervioso —murmuro.

Es una buena protección, pero ahora tiene esa vivencia de muerte asociada a ella. Jamás había visto morir a alguien, en directo quiero decir y aunque sé que nuestra vida peligraba y es lo mejor que pudo pasar, me impactó.

—Lo que debería hacer es dejarte más tranquilo. He estado practicando mucho mi puntería desde que llegamos. Mientras tengamos esto estaremos bien protegidos. No tienes por qué temer.

Me guiña un ojo, justo en el momento en que nuestras otras tres aliadas pasan al salón.

—Vengan. Tenemos que planear la noche —dice Audrey del Distrito 8 sentándose en uno de los sofás. Es la mayor de todos nosotros, por eso la elegimos como nuestra líder.

Nos unimos a ellas, tomando asiento en los sillones cercanos. Sophie agarra mi brazo y lo aprieta ligeramente, aún no me relajo del todo, pero saber que está esmerándose tanto por mantenernos seguros ayuda.

—El día tres está a punto de acabar y estamos mal de agua. Yo y Zoelle iremos a la fuente a por un poco. Con respecto a la comida, hoy pediré algo de pan a mi mentor antes de que los regalos se vuelvan caros, cualquiera de ustedes puede pedirle al suyo algo para acompañar, con eso podemos aguantar un día más.

—¿No sería mejor que te acompañase yo? —pregunta Sophie—. Están arriesgando mucho sólo con ir ahí afuera, la jabalina de Zoelle es buena, pero creo que con la ballesta y tu cuchillo largo estaríamos mejor protegidas.

—Además, Sophie es más valiente que yo. Si ella se presenta voluntaria no pongo objeciones. Prefiero quedarme en la seguridad de la casa —dice Zoelle.

—El problema es que con la ballesta aquí el refugio estaría mejor protegido. Esta debe ser la mejor guarida de la Arena, y debemos conservarla —objeta Audrey.

Mi compañera de distrito se levanta de su sillón y se deja caer en el sofá a su lado, pasándole un brazo por el hombro.

—Pero no vamos tan lejos, no creo que nos tome más de veinte minutos. Además, hemos revisado todas las puertas. Todo está bien. Estoy segura que Zoelle, Barren y Katia podrán ocuparse ellos solos de defender la casa. ¿A que sí?

—¡Por supuesto! —dice Katia.

—Prefiero que se haga a mi manera, pero si tanto una como la otra quieren hacerlo así, se hará así —contesta Audrey al fin tras pensarlo un poco.

—¡Y eso es por lo que Audrey es la mejor líder de todas! —exclama Sophie—. Escucha a sus súbditos y tiene en cuenta sus opiniones.

—Dentro de lo razonable —apuntilla Audrey.

—Súbditos es una palabra algo fuerte —dice Zoelle, levantándose—. De todos modos... Debo ir a hacer pis... Espérenme.

—¿Algún voluntario para escoltarla? —bromea Sophie—. ¿Barren?

Cuando consigo ponerme rojo de la vergüenza las chicas se ríen.

—¿No se supone que deben escoltarse entre ustedes? —protesto—. ¡Así pasa en mi escuela!

—¡Tranquilo, sólo me meto un poco contigo! Pensaba ir yo de todos modos —dice, poniéndose en pie y yendo tras Zoelle.

—No tienes por qué venir, todo está bien, Sophie. En serio —dice la chica del Distrito 12—. ¡Sólo voy al baño!

—Escóltala —dice la líder con una leve sonrisa en la cara—. La seguridad ante todo.

Una vez se han ido, ninguno de los tres dice nada. A Sophie la conozco mejor, tuvimos tiempo de socializar en el tren. De hecho, íbamos a aliarnos sin ellas, pero el último día Woof llamó a Lynne y Marian para ofrecerle el trato. Seríamos cinco, una alianza bastante numerosa. Lynne se opuso pero a Marian le pareció una buena idea y Sophie no necesitó demasiado convencimiento. En el fondo, me alegro de haber aceptado, aunque como soy el único chico se meten mucho conmigo.

—No te lo tomes tan en serio, estamos bromeando. Lo sabes ¿verdad? —pregunta Audrey, rompiendo el silencio.

—Eso ya lo sé. Es solo que... Tantas chicas y yo aquí solo... —confieso.

Aparto la mirada un momento, y cuando miro de nuevo a Audrey, ella asiente.

—Lo entiendo, pero debía preguntar y aclararlo. Cualquier cosa, por muy insignificante que sea, puede acabar haciendo un castillo de un grano de arena en los Juegos del Hambre. Hemos visto otros años como la tensión y la paranoia acaban con más gente que la misma Alianza Primaria. Símplemente no quiero nada de eso aquí entre nosotros. Cualquier cosa que te moleste, dilo. Estoy segura que podemos resolverlo sin mayores problemas.

—Yo también lo creo —respondo.

En realidad yo tampoco quiero líos.

—Barren tú... No pareces demasiado acostumbrado a tratar con chicas —interviene Katia del Distrito 5.

—Tengo tres hermanos, y mi madre trabaja en el turno de noche y duerme de día. Se podría decir que lo que dices es cierto —digo.

—Eres observadora —dice Audrey—. Eso nos vendrá...

BOOM

Nos quedamos los tres muy quietos ante el sonido del cañón que marca que uno de nosotros ha caído. Ha sonado cerca de aquí, muy cerca. Casi se podría decir... Que dentro de la casa. Me intento convencer a mí mismo de que eso no puede ser. Sophie y Zoelle son amigas. Ellas nunca se harían nada malo...

¿O sí?

...La tensión y la paranoia acaban con más gente que la misma Alianza Primaria...

Audrey y Katia agarran sus armas y se precipitan hacia la puerta. Yo voy tras ellas tras agarrar mi cuchillo. Mis peores sospechas parecen hacerse un poco más reales cuando escucho los gritos de Sophie. Aprieto el paso. Hace rato que he comenzado a sentir la adrenalina producto del miedo, pero estar con ellas dos hace las cosas un poco más fáciles.

Encontramos a mi compañera de distrito en la puerta del baño, hiperventilando, llorando.

—¡Sophie! —grito preocupado.

—¡Está muerta! —dice, casi gritando—. ¡Zoelle...!

Las otras dos chicas no dicen nada de inmediato, el tiempo parece haberse ralentizado. ¿Cómo puede estar muerta? Hace unos minutos estaba bien, bromeando, riéndose de mí con las demás. Audrey avanza hacia ella e intenta pasar.

—¡NO! ¡No...! ¡No es agradable! ¡No miren!

Pero a pesar de sus protestas, nuestra líder toma el pomo de la puerta e intenta girarlo. Sophie lo agarra sobre su mano, manteniéndolo firme. Tras un rato de forcejeo, Audrey gana.

Y la puerta se abre.

Rojo. En un primer vistazo, lo único que veo es rojo.

El suelo y la pared blanca están llenos de manchurrones de sangre con la que fue mi aliada tirada en el suelo, su cuello en una extraña posición, sus ojos abiertos, sus pantalones bajados, mostrando su ropa interior y su pecho agujereado varias veces. Mi estómago da un vuelco tan potente que hace que la cena vuelva a mi boca.

Me volteo horrorizado, mientras el vómito cae al piso. La cabeza me da vueltas, jamás me había sentido tan mal en mi vida. Si pensé que el chico del baño de sangre me impactó, esto es mil veces peor. A él no lo conocía, a Zoelle sí.

—¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Quién ha hecho esto?! —grito, cuando consigo recomponerme. Aún se siente irreal.

E instintivamente, los ojos de los tres se clavan en Sophie.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Audrey, agarrándola de la ropa.

Katia la empuja apartándola de ella para hacer lo mismo.

—¿¡Por qué!? —dice, mirándola a los ojos, con la cara muy pegada a la suya.

—¿¡Estás... insinuando que he sido yo!? ¿¡En serio, Katia!? ¿¡Cómo puedes...!? —su ataque de pánico empeora y de un empujón se libra de ella—. ¡No me toques!

—Miren como está. Creo en Sophie y sé que no ha sido ella —consigo decir a pesar del nudo en mi garganta.

—Si no has sido tú, entonces eso significa que hay alguien más en la casa —dice Audrey.

En el siguiente segundo, la jabalina de Zoelle sobresale del pecho de Sophie que estaba de espaldas a la puerta del baño. Tras ella hay un tributo. Katia y yo gritamos con todas nuestras fuerzas al ver al chico moreno, alto, su cara y uniforme lleno de manchas de sangre, algunas frescas, otras resecas.

—¡Sabía que te encontraría en alguna parte, Katia...! No sabes lo que me ha costado... —la mira fijamente, sonriendo.

Ella se ve aterrorizada. Traga saliva, retrocediendo un paso.

—¡Ángel...! ¡Siempre me diste escalofríos en el Capitolio! —contesta ella.

Ella y Audrey cargan contra él, pero él se defiende usando el cuerpo de mi compañera moribunda de escudo. Las dagas se clavan en su pecho cuando Ángel la mueve para protegerse. Sophie grita y su cañón suena instantes después.

—¡Esa cuenta como mía! ¡¿Me oyeron vigilantes?! ¡Yo la puse en la trayectoria de las armas deliberadamente así que cuenta como mía! —casi parece enojado por la posibilidad de que no...

Sophie.

—¿¡Qué le has hecho, desgraciado!?

Camino hacia él con la daga en alto, sólo para que él empuje el cuerpo de Sophie sobre mí para sacar la jabalina y clavarla en el cuello de Audrey que aunque se defiende, no logra pararla.

—¡No! ¡Espera! ¡Por fav...! —exclama aterrorizada, un segundo antes de que el sonido nauseabundo del pincho atravesando su tráquea la calle para siempre.

Escucho mis gritos desesperados al sentir el peso del cuerpo de Sophie sobre mí, su sangre manando de sus heridas, cayendo en mí, mojando mi ropa. Otro cañón se escucha, el de Audrey. Katia agarra la ballesta y lo apunta con ella, llorando de la rabia.

—Así... Que te provoqué escalofríos —dice lenta y suavemente—. He recorrido la Arena de arriba a abajo en tu busca... Y me he encontrado un regalito de paso, no una chica sino cuatro. Feliz navidad a mí.

Gira la jabalina en su mano, como si fuera un acróbata, desviando la saeta que le lanza, la última oportunidad que tenía de dispararle. Entonces coloca el arma frente a él, en pose defensiva y ofensiva a la vez. Guiado por el miedo, salgo por fin de debajo de Sophie y echo a correr. Katia me sigue, tal vez comprendiendo que no lo va a poder vencer así.

Una parte de mí se imaginaba llegando a la final, superando todos los obstáculos para volver a casa. Ahora, después de ver a este monstruo, veo que mis esperanzas siempre estuvieron demasiado altas. Me siento tan imbécil...

¿A caso pensé que iba a salir de aquí sin sufrir demasiado? ¿Sin ver gente morir? ¿Sin tener que matarlos yo mismo?

Katia grita una y otra vez hasta quedarse afónica. Algo me dice que no mire hacia atrás. Pero lo hago...

Veo a Ángel arrastrándola de una pierna. La veo intentar agarrarse a todo lo que encuentra, una alfombra, un mueble, una puerta. Nada funciona. Él pasa a una habitación y cierra la puerta. Yo sigo corriendo. Los gritos aún se escuchan, más fuerte que antes. Deseo reventarme los tímpanos si eso significa que van a cesar.

Debo salir de aquí cuanto antes. Cualquier lugar es más seguro que esta casa. Mi corazón da un vuelco cuando llego a la puerta y recuerdo que está cerrada con llave... Y que era Audrey quien la tenía en su pantalón.

BOOM

Me pongo aún más nervioso. No puedo volver hasta Audrey. No quiero tener que ver toda esa sangre ni quiero verlas muertas de nuevo. Tomo una silla y comienzo a golpear la ventana pero el cristal es demasiado grueso. Por mi visión periférica distingo movimiento. Ángel ha entrado al salón con Sophie en brazos. Su cabeza inclinada hacia atrás, sus ojos abiertos de par en par, unos hilos de sangre saliendo de su boca.

—Cuatro chicas... Cuatro chicas para ti solo —dice, dejándola cuidadosamente en el sillón mientras yo sigo golpeando la ventana—. Qué avaricioso... ¿Pensabas quedártelas todas para ti, eh?

—¡Déjame en paz! —grito.

—¿¡Pensabas quedártelas todas!? ¡Te he hecho una pregunta! —grita corriendo hacia mí.

Desvío la jabalina con la silla, poniéndola de escudo entre él y yo. Mis brazos tiemblan, pero si no hago nada me va a matar a mí también.

—Pues déjame decirte que la avaricia rompe el saco. No te atrevas a acercarte a mis chicas nunca más. ¡Nunca! —vuelve hacia mi compañera y toma su cara entre sus manos en un gesto casi tierno, que luego acompaña lamiendo la mancha de sangre en su mentón—. Son mías...

Otra vez siento náuseas, mi estómago vuelve a contraerse, pero ya no hay nada ahí dentro que pueda salir.

—¡Estás enfermo! ¡Estás jodidamente enfermo...! ¡Deja a Sophie! —grito.

Es mi oportunidad. Cargo contra él dispuesto a darle con la silla, él se da cuenta, pero reacciona demasiado tarde. Las patas de madera se estrellan contra su espalda y él da un grito de dolor.

—¿¡Qué diablos pasa contigo!? ¡Estás muerto!

Agarra mi silla y me la arrebata dando un giro a la misma que me obliga a soltarla. Retrocedo, chocando contra una mesita de té y cayendo de espaldas. Mi cuerpo tan preso del terror que no consigo levantarme de nuevo. Ángel golpea la mesa con la palma de su mano, inclinándose sobre mí, la punta de su jabalina rozando mi cuello...

—Pensándolo mejor, ya se me pasaron las ganas de matarte, qué asco... No sé ni como se me pudo pasar por la cabeza —dice frotándose la barbilla con una mueca de repulsión en su rostro—. Pero eso no quiere decir... Que no pueda lisiarte un poquito.

Sonríe de nuevo, antes de que su arma se clave en mi muslo sin que yo pueda si quiera esquivarlo. El dolor es tan intenso que paraliza todo mi cuerpo y comienzo a gritar como jamás antes había gritado.

—Mierda... Debí haberla limpiado antes. Ahora su sangre y la tuya van a mezclarse. ¿Pero qué te has creído?

Con saña, vuelve a clavarla en mi clavícula, cerca de mi hombro. El dolor es tan intenso que ya solo quiero que se acabe todo.

—¡Por favor...! ¡Por favor...! ¡Termina ya...! —suplico sollozando—. ¡Por favor...!

—Fuera de nuestra casa. Ya te has tomado demasiadas libertades.

Me arrastra por el suelo hasta una habitación cuya ventana está abierta de par en par, me arroja hacia afuera y la vuelve a cerrar. Tan rápido como el dolor me lo permite, gateo hasta un arbusto y me dejo caer sobre la hierba, llorando de rabia, de dolor y desesperación.

—¡Lynne... Marian...! ¡Envíenme algo...!

Pero nada sucede, ni en los minutos siguientes ni en las horas por venir... Ya ni me sorprende cuando comienzo a lamentarme por que la muerte no venga por fin a llevarme.


Canción: "Vlad the Impaler" de Kasabian.

Y ya van dos seguidas de este grupo, pero no pude resistirme. Este es mi homenaje a mi escena favorita de Battle Royale, la escena del faro.

¡Ya por fin hemos llegado a Ángel! Lo esperé por mucho tiempo. Se me ocurrió su historia para el reto del torneo de HEFDLP. Por aquel entonces ya había decidido que no me gustaba la historia de Dexter. En el fic de Wiress, Dexter es el ganador del año 46. También algo sádico, aunque no un feminicida. Quise incluirlo en el Alphaverse, y al final acabé sustituyendo a Dexter por Ángel, el cual será el vencedor oficial del año 26 en el Alphaverse.

Escribí un POV de él hace mucho, su entrevista para el tercer vasallaje de los 25. Si les interesa, pueden leerla en mi historia "Distrito 5", un capítulo llamado "Me llaman monstruo".

Ángel fue el vencedor cosechado por el Distrito 5 para el tercer vasallaje. Fue además la primera víctima, gracias a Finnick Odair.

Anna, este también va cargadito. Me están quedando muy gore últimamente. Intentaré cambiar la tendencia, si puedo jajaj escribo tal y como me vienen las ideas. El vasallaje sí será especial :D Y no habrá un solo POV. Tengo ganas de llegar y ya queda tan poco... Wiress en la 47, Lyme en la 49 y el vencedor del D9 que es tributo en el vasallaje. Creo que hace tiempo le di un nombre, pero lo olvidé, él muere muy pronto de todos modos.

¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!