Año 61 - La vida de Riley

Zinnia Guzman, 15 años

Distrito 5

"Has encerrado tus sentimientos bien adentro, alimentando dolores que nunca terminan. Tienes que limpiar el lienzo y empezar a soñar otro sueño."


—No puedo hacerlo.

Layla suspira con fuerza y me mira.

—¿De qué me suena esta escena?

—No lo sé —respondo y pienso en aquel chico del Distrito Diez y en como lo atraje con comida para que cayera en mi trampa. Su foto en el cielo tardó tres días en aparecer y todo ese tiempo debió estar ahí, muriéndose lentamente de hambre y de sed mientras yo me iba por ahí a repetir mi trampa en alguien más. Miro las puertas cerradas del recibidor del Edificio de Justicia del Diez. En cualquier momento van a abrirse y yo tendré que salir ahí—. Pero tampoco es que me muera por saber.

Cuando me doy la vuelta y corro, Hermes me intenta cortar el paso.

—¡Florecita, el escenario está por la otra parte!

Esquivo sus manos en el último segundo, cuando me intenta agarrar el vestido.

—¡Zinnia! —grita mi mentora.

Varios agentes de la paz me cortan el paso y yo me paro en seco. En menos de un segundo, Hermes me ha agarrado de los hombros.

—Vamos, ya has pasado la Arena que es lo más difícil —dice Hermes.

—En realidad, la Arena fue lo más fácil —replico—. Sólo tuve que esconderme e ir cavando mis trampas.

Ahora ya no puedo esconderme. Ahora tengo que salir ahí y dar la cara. Layla se acerca a mí.

—Eres más contestona de lo que pareces. ¿Qué importa si te odian? No vas a volver a verlos —murmura y me obliga a girarme—. Además, las familias ya saben que no tuviste otra opción.

El reportero capitolino aparece. Es un hombre alto con una barba poblada que se funde con su pelo, enmarcando su cara.

—Es hora de salir, vamos, el alcalde está por terminar su discurso.

Layla me toma de una mano y Hermes de la otra. Caminar con estos zapatos de plataforma es complicado y el vestido me da frío en las piernas a pesar de que estamos en interior. Estoy deseando poder quitármelo.

—Todos hemos podido hacer esto y tú también podrás —dice Layla—. Y luego verás que no pasó nada.

Me muerdo el labio. Cuanto más nos acercamos a la puerta, más rápido me late el corazón. Hermes saca un papel de su bolsillo y me lo pasa.

—Léelo ahí fuera. Léelo tal cual. No improvises —me susurra—. Ni se te ocurra improvisar esta vez.

Trago saliva. Eso sonó casi como una amenaza. Parada frente a la puerta, leo la nota. Es diferente a las otras dos. Un elogio a su valentía, a lo difícil que fue tener que hacer lo que hice, un deseo por querer cambiarme por él ahora que he visto los rostros de quienes lo amaban. La arrugo un poco en mi mano y cuando Hermes me mira mal, la intento alisar de nuevo.

—¡Sonríe más! —me dice, estirándose los labios con los índices de ambas manos.

Intento hacer lo que me dice pero mis labios no se mueven más que un poco y después me dejo de esforzar. Una capitolina con un taje cámara se para junto a mí.

—Treinta segundos.

Es como estar de nuevo en el baño de sangre. Respiro hondo e intento no temblar ni echar a correr. Layla ha dicho que no pasa nada. Que nunca a nadie le ha pasado nada. Sólo me odiarán desde lejos. Desearán matarme desde lejos y lo seguirán haciendo cada vez que me vean en televisión, siendo vitoreada.

Jamás se van a olvidar de mi cara.

—Es mejor que no arruines esto —susurra Hermes y hay algo en su mirada que me provoca con escalofrío. Es como si se transformase cuando está enfadado. La sonrisa amigable se vuelve tensa y sus ojos se ven peligrosos. Algo me dice que es mejor tratarlo cuanto menos mejor. Detesto a la gente con la que hay que ir midiendo las palabras para que no se ofenda—. No sé cuánto pueda arreglar el potencial estropicio.

—¡Demos la bienvenida a la vencedora de los sexagésimo primeros Juegos del Hambre, Zinnia Guzmán del Distrito 5!

Los trabajadores capitolinos tiran de la puerta, dejándome expuesta al público. Hay un aplauso poco caluroso y que muere enseguida, forzado como en el de los otros dos distritos en los que ya he estado, solo que peor. A un lado, subidos en la plataforma, están los familiares de la chica. Al otro, están los de Bronte. Las pantallas que han colocado tras ellos muestran escenas de los chicos, del desfile, la cosecha y las entrevistas. Cuando bajo la vista al suelo, escucho un rumor entre la multitud. Me están criticando por no poder ni mirar a los ojos a esa gente. La sensación pesada en mi pecho se intensifica.

Empiezo con la chica.

—La primera vez que vi a Alix, pensé que tenía unos ojos muy bonitos.

La voz me falla y trago saliva. Alguien tras de mí se aclara la garganta. No puedo. No puedo hacerlo.

—Para que yo pudiera volver con los míos, la luz en sus ojos se tuvo que extinguir y por ello... Por ello... Mi dolor es tan grande como el suyo.

Menudo montón de porquería.

—Bronte fue tan valiente...

Todo sucede tan rápido que a penas me doy cuenta hasta que no la tengo encima. Una chica de mi edad con la cara hinchada por las lágrimas sortea a un Agente de la Paz y sube al escenario, mostrando los dientes y con el puño en alto. Me pongo en acción justo cuando los Agentes de la Paz lo hacen, paro su puño con una mano y la empujo. Un agente dispara, la gente empieza a gritar.

—¡Puta! —grita la chica.

La bala atraviesa su cabeza y se desploma a mis pies. La veo convulsionarse unos segundos hasta que se queda quieta, con los ojos bien abiertos.

—Vamos, ya acabamos con estos follaovejas.

Hermes tira de mí y yo no puedo dejar de mirar, sin poder ni pestañear, el charco escarlata que se expande alrededor de la cabeza de la chica, pensando que ahora hay un poco más de sangre en mis manos.


Canción: The life of Riley de Lightning seeds

Hice este capítulo similar al de la victoria de Layla, pero con un resultado muy diferente. Como ya dije en el capi anterior, Zinnia es la tributo del D5 del tercer vasallaje, la que murió en el tsunami.

Una cosa, me ha llegado una review preguntándome si podían subir uno de mis fics de THG a wattpad. Desgraciadamente, esta web prehistórica se ha comido la dirección de correo. Así que si lees esto, la respuesta es sí. Tengo cuenta en wattpad (BettaWatt) y puedes contactarme ahí. E incluso podría subirlo yo, si es mucha molestia. No suelo subir a Wattpad porque no lo entiendo muy bien, lo tengo para redirigir a la gente a mi cuenta de ff, pero se puede arreglar.

Ana, tienes razón en que fue sonbrío y también injusto. Al menos, el chico no sufrió. Creo que a estas alturas ya todos los tributos han visto demasiadas ediciones de juegos como para saber que ir por ahí perdonando vidas puede ser contraproducente más tarde. Para mí sí sucede, pero los que lo hacen no ganan y la existencia de ese patrón pesa a la hora deactuar.

Dani, pues la verdad sí. Me pregunto si todo hubiera sido distinto para ella de no haberse dejado influenciar por Misha. De haber tenido otros compañeros vencedores más atentos a lo que ella podría estar pasando tras su victoria. Algo me dice que sí.

Stelle, también me gusta mucho ese nombre, y dudé en si cambiarlo o no porque ya tenía a Cecelia por ahí y pensé que se podían confundir. A mí el vino no me gusta nada de nada, ni siquiera el olor. Puajj. Había una razón por la que este chico era del Distrito 12. En el vasallaje, Elia se sacrifica por salvar a Peeta y al hacerlo, la deuda que según ella tenía con Pelton queda saldada en su mente antes de morir.

Siguiente capi: Enobaria Piedmont. Y 14 fics para terminar este reto :3