Año 65 - Cuando la cosa se pone difícil
Finnick Odair, 14 años
Distrito 4
"Cuando la cosa se pone difícil, la gente ruda se vuelve más ruda."
Día 3. 14:22 PM
—Qué calor hace —dice Ariel.
Miro como mi compañera de distrito se abanica, sentada en la caja desde la que está montando guardia. Mi flequillo está pegado a mi frente pero si voy a seguir sudando no merece la pena hacer nada al respecto.
—Sé que desde aquí tenemos una vista casi total de los alrededores —digo—. Pero deberíamos movernos un rato a la sombra o nos va a dar algo.
Ariel asiente.
—-Podemos turnarnos para ir a la sombra, a los patrocinadores no les va a gustar si nos da una insolación —responde y se levanta—. ¿Media hora cada uno?
—Trato hecho. —Estiro el brazo y le doy un apretón de manos que sella el acuerdo. Ariel toma su lanza clavada en el suelo—. Como me gustaría tener ahora mismo un refresco bien frío.
El sonido del paracaídas nos hace mirar hacia arriba a ambos. El objeto desciende en el aire y cuando está a mi alcance, lo agarro y miro su contenido. Ariel da un grito ahogado. Es una lata de refresco. La tomo en mi mano, que agradece tocar algo que no esté ardiendo. Se siente como un trocito de paraíso en el infierno en el que estamos.
"De un admirador. -Mags."
—Como te cuidan, Finnick —dice Ariel, leyendo la nota.
Comienzo a reír y doy un suspiro cuando me llevo la lata a mi frente empapada y la hago rodar en ella de izquierda a derecha.
—Encima es mi sabor favorito, el de sabor lima —digo, considerando si usarla para mantenerme frío en lugar de bebérmela—. Me pregunto como lo supieron.
—Posiblemente Mags lo haya elegido, aunque ya podrían haberme enviado otra a mí. ¿Verdad, Indigo? —se queja Ariel y se sienta de nuevo a mi lado, mirando mi lata de refresco con un poco de envidia—. ¿No te la vas a beber?
Mi lengua se siente pastosa de repente. Tiro de la anilla y el gas sisea al salir de golpe por el pequeño agujero. Después me la llevo a los labios y empiezo a dar un trago tras otro. Está helado y es la mejor sensación del mundo. Al terminar, suspiro y me limpio la boca con el revés de la mano. En la lata deben quedar dos o tres tragos y Ariel me sigue mirando.
—Toma, acábatela —digo, tendiéndosela.
Ella la toma sin pensarlo.
—Oh, gracias —dice y puedo sentir un ligero tono de reproche—. Me voy a la sombra.
De camino a la Cornucopia, Ariel se pasa la lata por toda la cara antes de beberse lo que queda dentro. Fue ella quien convenció a Ametrine para que me metiese en la Alianza después de que nadie se presentase voluntario por mí, quizá debería haberle dado al menos la mitad. La conocía de antes y sé que es buena gente, pero parece que la lucha por los recursos está sacando su peor lado.
En la alianza, todos me consideran el eslabón débil, sin embargo en la encuesta de popularidad acabé primero, con una diferencia que no se había visto nunca antes con respecto al segundo puesto. Puede que por eso esté recibiendo más regalos que nadie.
—Un par de bolsitas de hielo nos vendrían bien a mí y a Ariel —digo casualmente—. Para el calor.
No mucho después, el paracaídas aparece.
Día 5. 6:09 AM
Una sacudida me despierta y al abrir los ojos, veo a Sonny del Distrito 2 con la mano en mi hombro.
—Tu turno para vigilar.
—Está bien —digo y ella hace una mueca y se aparta de mí.
—Mierda, Odair —responde—. ¿Tenías que echarme tu pútrido aliento a la cara?
Me siento en el suelo, riendo un poco.
—¿Esperabas que oliese a flores? Llevo casi una semana sin cepillarme los dientes —respondo—. A ti seguro que también te pasa.
Sonny resopla.
—Yo no voy por ahí echándoselo en la cara a la gente —dice entonces frunce el ceño y mira hacia arriba—. ¿Un regalo a estas horas?
Ahí está el débil pitido intermitente del paracaídas otra vez. Miro al cielo y me pongo en pie para recibirlo. Dentro hay un paquete de pastillas dentífricas. Las he visto en anuncios pero es la primera vez que las toco.
"De un admirador. -Mags."
—Wow —digo, rompiendo el paquete y examinando una de las pastillas, pequeña y rectangular, azul en un lado y blanca en el otro. Le enseño la nota a Sonny para que vea que es para mí—. Alguien me ama ahí afuera.
Me echo la pastilla a la boca. Sabe a menta y pronto comienza a deshacerse, haciéndome cosquillas en la lengua.
—Si de verdad te amase, te mandaría cosas útiles, no esa mierda, ni ninguna de las otras mierdas que te ha mandado —dice ella.
Los demás comienzan a despertar.
—¿Qué pasa? —dice Jacintha, incorporándose y apartando sus rizos morenos de la cara.
Ametrine está en pie en una fracción de segundo y me arrebata el paquete.
—Veamos qué veneno te ha mandado Mags para matarnos a todos —dice, examinando una pastilla de cerca.
—Estás obsesinado con que vamos a matarte, Ametrine —dice Ariel—. Ya te dije que me alegré cuando Cashmere mató a Simon el año pasado. Ni yo ni Finnick queremos vengar a ese bastardo.
Escupo toda la espuma que se ha ido acumulando en mi boca, que ahora está fresca y limpia.
—No es veneno, son pastillas dentífricas —le digo—. De un admirador.
Ametrine las huele y luego muerde un trocito y lo escupe.
—No me expliques lo que son, lo sé —me suelta—. Y dile a la vieja que te mentorea que si va a malgastar el dinero de los patrocinadores en algo, mejor que lo haga en algo que te vaya a salvar el cuello.
—A veces los patrocinadores se ponen muy pesados sobre qué cosas deberían comprar los mentores con su dinero —dice Kaden, el chico del Distrito 2, aún acostado en el suelo y usando sus brazos de almohada—. Lo sé porque-
—Porque conoces personalmente a Enobaria —lo corta Ametrine—, ya nos enteramos las primeras diez veces que lo dijiste.
Kaden sólo le hace un gesto obsceno con el dedo pero no se mueve de donde está.
—Bueno, ya está bien —digo, caminando hacia el puesto de vigilancia—. Vuélvanse a dormir, les despertaré a la hora de siempre.
Tomo un par de lanzas del interior de la Cornucopia y las pongo a mi lado. Hace algo de frío pero es soportable y el cielo ya ha empezado a clarear un poco. En esta Arena tan calurosa este es el mejor momento del día, definitivamente mejor que cuando esa bola de fuego gigante está en el cielo. Escucho un ruido y cuando miro hacia atrás, veo que todos están dormidos menos Ametrine. Posiblemente esté pensando de nuevo que lo voy a asesinar. Le mando un saludito, esbozando una sonrisa y él desvía la mirada. No le he caído bien desde el principio y sé muy bien por qué, no sólo por los regalos, sino porque en su opinión la Alianza Primaria está "cargando conmigo". Ni mencionar todas las cosas que nos están llegando gracias a mi popularidad.
Pasado un rato él también se vuelve y yo dejo de pensar que me va a saltar encima de un momento a otro. Es entonces cuando llega otro paracaídas, pero a diferencia de los demás, este es silencioso. Se posa a mis pies y yo lo tomo y lo abro. Dentro hay una daga. La saco de la funda y admiro la hoja estrecha y afilada.
"De un admirador. -Mags."
Miro hacia atrás, con el corazón a mil. El mensaje está claro y tal vez me arrepentiré más tarde de no haber hecho lo que el patrocinador quiere que haga, pero me arriesgo a mucho. Si me pillan con esto, no va a ser bonito para mí. Vuelvo a meter la daga en la funda y la escondo dentro de mi uniforme, después tiro el paracaídas a la pila con los otros.
Uno más no va a notarse.
Día 8. 18:57 PM
Se puede decir que estoy vivo gracias a esa daga que en el último segundo me sirvió no sólo para bloquear el ataque de Jacintha, sino para dejarla clavada en su pierna. Dudo que se muriera por mi ataque, pero al menos me dejó hacer lo más sensato en esa situación en la que estaba. Huír.
Ametrine y Sonny fueron detrás de mí pero yo les llevaba ya mucha ventaja y pude llegar a la playa y empezar a nadar hasta el rompeolas. Ninguno de ellos se atrevió a venir por mí. Saben de sobra que no me puedo quedar aquí para siempre. Los vigilantes no van a dejarme y de todos los que quedamos vivos, que debemos ser yo, Ametrine, Jacintha, Sonny y Ariel, el que más peligra soy yo.
Las olas se estrellan contra las figuras de cemento, salpicándome de espuma. Un cañonazo suena y me juego lo que sea a que es el de Jacintha. Quizá, si me consigo quedar aquí el suficiente tiempo, el resto se mate y si es que tengo mucha, mucha suerte, quien quede estará herido, tan herido como para que yo lo pueda matar con...
Tomo una roca que está entre las figuras de cemento y suspiro.
Incluso si queda uno, incluso si está en mal estado, parece que la partida se va a acabar para mí. No hay forma posible en que yo vaya a salir de esta Arena con vida. Me quito la chaqueta y la camisa mojadas y las dejo a secar sobre el rompeolas. El sol ya va en descenso pero puede que se sequen un poco antes de que llegue la noche. Al menos voy a ver el mar antes de morir. La mayoría de tributos del Distrito 4 que vienen a los Juegos del Hambre no tienen esa suerte. Cierro los ojos y me concentro en el sonido de las olas y el olor de la brisa salada.
Igualmente, cuando tenga que luchar, lucharé. Sé que voy a morir, pero eso no significa que no lo vaya a hacer peleando hasta el final con mis uñas y mis dientes de ser necesario.
El sonido del paracaídas que cae es como música para mis oídos, aunque estando en el día que estamos, dudo que quien sea se haya podido permitir algo que me ayude mucho. Entonces me fijo en lo que es y mi boca se abre sola. Me froto los ojos, para ver si el tridente que baja del cielo es real y no un espejismo, pero es real. Es bien real y brilla como si estuviera hecho de oro. Comienzo a reír mientras lo tengo más y más cerca, y justo cuando mi mano se cierra alrededor del mango, una gran ola se estrella a mis pies y me salpica de agua y espuma. Lo sujeto con ambas manos, por encima de mi cabeza.
—¡Gracias, gracias quien haya sido! ¡Gracias!
Luego lo admiro y me doy cuenta de que está hecho de oro de verdad. Oro macizo. ¿Quién demonios se ha podido permitir esto?
El paracaídas cuelga cerca de las tres puntas. Cuando lo intento quitar, una nota cae de él.
"De un admirador. -Mags."
Canción: "When the going gets tough" que es una cover de Boyzone de la canción "When the going gets tough, the tough get going" de Billy Ocean
Cuando empecé a planear el fic no sabía que me iba a gustar tanto escribirlo como acabó haciéndolo. Esta escena de Finnick sosteniendo por encima de su cabeza el tridente de oro mientras una ola se estrella a sus pies la visualicé la primera vez que leí la trilogía. No sé por qué me imaginé así la escena mencionada en el libro jaja, a pesar de que no menciona en ninguna parte que la Arena fuera marítima.
Y bueno después de salir del agua, Finnick se cargó a Ametrine y se fue a buscar a Ariel, que estaba escondiéndose porque estaba herida después de cargarse a Sonny, y también la mató. Es cierto que físicamente al menos Ametrine estaba en mejores condiciones, pero a veces un espíritu alto tiene más fuerza. Después de recibir el tridente de oro tras haberse resignado a morir, los ánimos de Finnick estaban mucho mejor que los de Ametrine.
Dani, super amé escribir a Cashmere gracias inspiración por enviarme el diluvio de headcanons macabros en el último momento. xD
Stelle, oh sí eso seguro, Haymitch ya menciona que Cashmere no se libró de ser comprada, así como Gloss. Pero ella ya lo sabía, por Gloss, y no se quitó la idea de la cabeza. Después sí, se puso implantes xd Y Nikolai tienes razón, no acabó bien. Estaba cantado.
Siento que los temas de drama de alianza primaria se han llevado mucho protagonismo en estos últimos oneshots, pero literalmente hay un montón de pro en esta década. Bueno, la siguiente edición es la edición de Glitch, un vencedor del Alphaverse del D3 y el único traído de vuelta por Wiress. Prometo darle un respiro al drama de profesionales. Creo que será el único que haga, ya que después de él vienen 4 profesionales seguidos JAJAJA.
Aaaaa no puedo creer que quede tan poco para acabar este reto. Debería poner poco entre comillas, pero sí. Empecé este fic hace OCHO AÑOS. Así que ese poco tal vez se alargue no sé... ¿Un par de años más? ¿Lo dejamos en diez? No sé. Intentaré que el ritmo sea más rápido. Prometo, al menos intentarlo.
¡Gracias por leer y hasta el siguiente!
