DECLARACIÓN:

Los personajes de Naruto no pertenecen son pertenecientes a Masashi Kishimoto.

Capítulo 51

La mujer con la que viví toda mi vida valora su capacidad para mantener el control de sí mismo hasta tal punto que pocas veces sorprenderla, y mucho menos dejarla estupefacta. No obstante, en esta ocasión consiguió dejar patidifusa a mi madre. Está erguida y con la cara larga.

—¿Qué acabas de decir? —pregunta muy despacio.

—Ya me tiene oído. Éste es nuestro apartamento, vivimos aquí los dos —repito poniendo los brazos en jarras para causar mayor efecto.

—Es imposible que vivas aquí. ¡No puedes permitirte un sitio como éste! —se mofa.

—¿Quieres ver nuestro contrato de alquiler? Porque tengo una copia.

—La situación es mucho peor de lo que imaginaba... —dice, y mira fijamente detrás de mí, como si yo no mereciera que me mirara siquiera, mientras calcula la fórmula adecuada para mi vida—. Sabía que estaba haciendo la tonta con ese... chico, ¡pero mudarte con él ya es ser muy idiota! ¡Si ni siquiera lo conoces! No has conocido a sus padres... ¿No te da vergüenza que te vean con él en público?

Me hierve la sangre. Miro a la pared intentando no perder la compostura, pero esto es demasiado, y antes de que pueda contenerme le estoy gritando pegada a su cara.

—¿Cómo te atreves a venir a mi casa a insultarlo? ¡Lo conozco mejor que nadie y él me conoce mucho mejor que tú! Por cierto, conozco a su familia, al menos a su padre. ¿Quieres saber quién es? ¡Es el puñetero rector de la WCU! —le grito—. Eso debería satisfacer tu triste y amargada necesidad de juzgarlo todo.

Odio usar el título del padre de Naruto como arma arrojadiza, pero es de las pocas cosas que podrían desestabilizarla.

Probablemente porque ha oído que se me quebraba la voz, Naruto sale del dormitorio con expresión preocupada. Se acerca, se queda de pie detrás de mí e intenta apartarme de mi madre, igual que la última vez.

-¡Genial! ¡Hablando del rey de Roma...! —se burla ella manoteando en el aire

—. Su padre no es el rector... —dice medio riéndose. Tengo la cara roja como un tomate y bañada en lágrimas, pero me importa un rábano.

—Lo es. ¿Sorprendida? Si no estuvieras siempre tan ocupado calculándolo todo y acumulando prejuicios, podrías haber hablado con él y enterarte por ti mismo. ¿Sabes qué? No te mereces conocerlo. Me ha apoyado como tú nunca lo has hecho, y no hay nada, y quiero decir nada, que puedes hacer para separarme de él.

—¡No me hables así! —me grita dando un paso hacia mí—. ¿Te crees que por haber encontrado un bonito apartamento y llevar lápiz de ojos ya eres toda una mujer? Cariño, odio tener que ser yo quien te lo diga, pero pareces una puta. ¡Mira que vivir con un chico a los dieciocho años!

Naruto entrecierra los ojos en señal de advertencia, pero ella no le hace ni caso.

—Más te vale ponerle fin a esto antes de que pierdas tu virtud, Hinna. Mírate al espejo, ¡y luego míralo a él! ¡se ven ridículos juntos! Tenías a Kiba, que era perfecto para ti, y lo has echado a perder por... ¡esto! —escupe señalando a Naruto.

—Kiba no tiene nada que ver en esto —réplica. Naruto aprieta la mandíbula y le suplica en silencio que no diga nada.

—Kiba te quiere y sé que tú lo quieres a él —insiste mi madre—. Ahora déjate de rebeldías absurdas y ven conmigo. Te encontraré otra habitación en la residencia, y estoy seguro de que Kiba te perdonará —dice al tiempo que extenderá una mano autoritaria, como si yo fuera a aceptarla ya marcharme con ella. Me tiro del dobladillo de la camiseta con ambas manos.

—Estás loca. De verdad, mamá. ¿Tú tienes oído? No quiero irme contigo. Vivo aquí con Naruto y lo quiero a él, no a Kiba. Kiba me importa, pero tu influencia fue lo que me hizo creer que lo quería, porque creía que eso era lo correcto. Pues perdóname, pero quiero a Naruto y él me quiere a mí.

—¡Hinata! Él no te quiere. Sólo quiere meterse en tus bragas y, tan pronto como lo consiga, te dejará tirada. ¡Abre los ojos, pequeña! Hay algo en su forma de llamarme pequeña que es la gota que colma el vaso.

—Ya se ha metido en mis bragas y sigue aquí! —le grito.

Naruto y mi madre comparten por un momento la misma expresión atónita, aunque de inmediato la de ella se transforma en asco y Naruto frunce el ceño. Él me entiende.

—Te diré una cosa, Hinata Hyuga: cuando te rompa el corazón y no tengas adónde ir... Más te vale no llamarme.

—No te preocupes, que no lo haré. Por eso siempre vas a estar sola. Ya no puedes controlarme: soy adulta. ¡Que no pudieras controlar a mi padre no te da derecho a controlarme a mí!

Me arrepiento de lo que he dicho en cuanto las palabras salen de mi boca. Sé que meter a mi padre en esto es un golpe muy bajo. Antes de que me dé tiempo a disculparme, siento el golpe en la mejilla. Me duele más la sorpresa que el bofetón.

Naruto se interpone entre las dos y le pone una mano en el hombro. Me escuece la cara y me muerdo el labio para no romper a sollozar.

—Si no se larga de nuestro apartamento de una puta vez, llamaré a la policía —le advertí. El tono calmado de su voz me pone los pelos de punta.

Noto que mi madre se estremece. Está claro que a ella también la asusta.

—No te atreverías —réplica.

—Acaba de ponerle las manos encima, delante de mis narices. ¿De verdad cree que no voy a llamar a la policía? Si no fuera su madre, haría algo mucho peor. Tiene cinco segundos para largarse —dice, y yo miro a mi madre con unos ojos como platos y me llevo la mano a la mejilla dolorida.

No me gusta que la haya amenazado, pero quiero que se marche. Después de un intenso duelo de miradas, Naruto ruge:

—Dos segundos.

Mi madre resopla y se dirige a la puerta. Sus tacones resuenan en el suelo de hormigón.

—Espero que estés contenta con tu decisión, Hinata —dice antes de cerrar de un portazo.

Naruto me envuelve con los brazos y es el abrazo más agradable y reconfortante del mundo. Es justo lo que necesita.

—Lo siento, nena —dice con los labios en mi pelo.

—Lamento que haya dicho todas esas cosas feas sobre ti. La necesidad que siento de defenderlo es más fuerte que mi preocupación por mi madre o por mí misma.

—Calla. No te preocupes por mí. La gente habla mal de mí a todas horas —me recuerda.

—Eso no significa que esté bien.

—Hinna, por favor, no te preocupes por mí. ¿Qué necesitas? ¿Puedo hacer algo por ti? —pregunta.

—¿Me trae hielo? —sollozo.

—Claro, nena.

Me besa en la frente y se dirige a la nevera. Sabía que si mi madre venía la cosa iba a acabar en llanto y chirriar de dientes, pero no me esperaba que fuera tan trágico. Por un lado, estoy muy orgullosa de haberle plantado cara, pero al mismo tiempo me siento muy culpable por lo que él dijo de mi padre. Sé que mi madre no tuvo la culpa de que se marchó, y soy consciente de que ha estado muy sola estos últimos ocho años. No ha tenido una sola cita desde que él se fue. Me ha dedicado todo su tiempo para hacer de mí la mujer que quería que yo fuera. Desea que sea como ella, pero eso a mí no me vale. La respeto y sé lo duro que ha trabajado, pero necesito labrarme mi propio camino y ella tiene que comprender que no puede corregir sus errores a través de mí. Yo ya cometo demasiados por mi mismo como para que ese plan le funcione. Ojalá pudiera alegrarse por mí y ver lo mucho que quiero a Naruto. Sé que, de entrada, su aspecto deja a la gente un poco perpleja, pero si se toma su tiempo para conocerlo, estoy seguro de que lo querría tanto como yo.

Siempre y cuando deje de ser tan maleducado... Cosa poco probable, aunque últimamente noto pequeños cambios. Como, por ejemplo, que ya me agarra de la mano en público y que, cada vez que nos cruzamos en el apartamento, se para y me da un beso. A lo mejor soy la única persona a la que se lo deja ver, la única a la que le revela sus secretos y la única a la que ama. Por mí, perfecto. Para ser sinceros, a mi parte egoísta le encanta.

Naruto aparta la silla que hay junto a mí y me coloca la improvisada bolsa de hielo en la mejilla. El suave paño de cocina es una maravilla para mi piel hipersensible.

—No me puedo creer que me haya pegado —digo muy despacio. Se me cae el paño al suelo y se agacha para recogerlo.

-Me neither. He estado a punto de perder los nervios —confiesa mirándome a los ojos.

—Me lo he imaginado —digo sonriéndole débilmente.

El día se me ha hecho eterno. Ha sido el mas largo y agotador de mi vida. Estoy rendida y sólo quiero que me lleven en brazos, a ser posible a la cama con Naruto, para olvidarme del giro trágico que se ha producido en la relación con mi madre.

—Te quiero demasiado, de lo contrario... —Me sonríe y me besa los párpados cerrados.

Prefiero pensar que nunca le haría daño a mi madre, que habla metafóricamente. Sé que, pese a su ira imparable, nunca haría nada tan terrible, y eso hace que lo quiera aún más. Aprendió que Naruto ladra, pero apenas muerde.

—Quiero irme a la cama —le digo, y asiente.

—Por supuesto. Retiro la manta antes de acostarme en mi lado de la cama.

—¿Crees que mi madre será siempre así? —le pregunto. Se encoge de hombros y tira uno de los cojines de decoración al suelo.

—Yo diría que no, que la gente cambia y madura. Pero tampoco quiero darte falsas esperanzas. Me acuesto boca abajo y entierro la cara en la almohada.

—Oye... —dice Naruto con los labios en mi cuello mientras resigue con los dedos la curva de mi espalda. Me doy la vuelta y suspiro al ver la preocupacion que brilla en sus ojos.

—Estoy bien —miento.

Necesito distraerme. Le acaricio la cara y le paso el pulgar por los labios carnosos. Le doy vueltas al aro de metal y sonríe.

—¿Te lo pasas bien observándome como si fuera un experimento en la clase de ciencias? —se burla. Asiento y sigo entregando vueltas al aro de metal con los dedos. Con la otra mano le toco el de la ceja.

—Bueno es saberlo. —Pone los ojos en blanco y me muerde el pulgar.

Lo aparto y me doy con la mano contra la cabecera de la cama. Me coloco encima de él, como suelo hacer siempre, y me agarra la mano dolorida entre las suyas y se la lleva a la boca. Me pongo de morros hasta que su lengua dibuja círculos en la punta de mi índice del modo más sexi y provocador. Sigue así con todos los dedos hasta que estoy jadeante y deseosa de más. ¿Cómo lo hace? Sus extrañas muestras de cariño me surgen sobremanera.

—¿Mejor? —pregunta colocándome la mano en el regazo. Asiento otra vez con la cabeza; no consigo articular palabra—. ¿Quieres más? Se pasa la lengua por los labios para humedecérselos.

—Háblame, nena —insiste.

-Si. Más, por favor —digo finalmente.

Está claro que mi cerebro no funciona. Necesito que me toque, que siga distrayéndome. Cambia de postura, tira del cordón de mis pantalones de pijama con una mano y se aparta el pelo de la frente con la otra. Me baja las bragas hasta los tobillos y mis pantalones acaban en el suelo. Se coloca entre mis piernas abiertas.

—¿Sabías que el clítoris de la mujer está creado sólo para el placer? No tiene otra función —me informa presionándolo con el pulgar. Gimo y recuesto la cabeza en la almohada—. Es verdad, lo leí en alguna parte.

—¿En la revista Playboy? —lo pincho, aunque me cuesta pensar, y hablar, no digamos.

Parece que el comentario le hace gracia y sonríe mientras baja la cabeza. En cuanto su lengua encuentra mi sexo, me agarro a las sabanas. Naruto se esmera y combina rápidamente sus dedos con su boca perfecta. Le hundo las manos en el pelo y, en silencio, le doy las gracias a quien descubriera esta maravilla mientras Naruto me lleva al orgasmo. Dos veces. Luego me abraza con fuerza y me susurra lo mucho que me quiere. Me quedo dormida pensando que menudo día hemos tenido: la relación con mi madre se ha ido al traste y es posible que no tenga arreglo, y Naruto ha compartido más detalles de su infancia conmigo.

En veo sueños a un niño asustado de pelo rizado que llora por su madre. Me alegra comprobar que la agresión de mi madre no ha dejado marcas visibles. Aún me duele el pecho porque se ha roto del todo nuestra ya maltrecha relación, pero hoy no quiero pensar en eso.

Me ducho y me rizo el pelo. Me lo recojo en alto para que no me estorbe mientras me maquillo y me pongo la camiseta que Naruto llevaba ayer. Le cubo los hombros de besos para despertarlo y, cuando me rugen las tripas, voy a la cocina a preparar el desayuno. Quiero empezar el día lo mejor posible para que los dos estemos contentos y felices antes de la boda. Para cuando acaba mi sesión de terapia culinaria, estoy bastante orgullosa del resultado: beicon, huevos, tortitas dulces y tortitas de patata. Eso es demasiado sólo para nosotros dos, pero Naruto viene como una fiera, así que no creo que sobre mucho. Unos brazos fuertes me rodean la cintura.

—Madre mía... ¿Qué es todo eso? —pregunta con la voz rasposa y soñolienta—.

Por esto era precisamente por lo que quería que viviéramos juntos —me susurra pegado a mi cuello.

—¿Para que puedas prepararte el desayuno? —yo río.

—No... Bueno, sí. Y para encontrarte medio desnuda en la cocina al despertarme. Me muerde en el cuello. Intenta levantarme el bajo de la camiseta y darme un apretón en los muslos. Me vuelvo y blando la espátula en su cara.

—Las manos en los bolsillos hasta después del desayuno, Uzumaki.

—Sí, señora.

Se echa a reír, agarra un plato y se lo llena hasta arriba. Después de desayunar, obligo a Naruto a que se dé una ducha a pesar de que él insiste en arrastrarme de vuelta a la cama. Parece haber olvidado lo que me contó ayer y la pelea con mi madre. Me quedo sin aliento cuando sale el dormitorio vestido para la boda. Aunque los pantalones negros del traje son ajustados, le cuelgan de las caderas como a nadie. Lleva la corbata alrededor del cuello, pero aún no se ha abotonado la camisa y puedo ver su pecho duro y delicioso.

—La verdad, no sé ni por dónde empezar a hacerme el nudo de la corbata —dice encogiéndose de hombros. Tengo la boca seca y no puedo quitarle los ojos de encima. Casi no consigo decir:

—Ya te ayudo yo.

Por suerte, Naruto no me preguntó dónde aprendió a hacer nudos de corbata. Se pondría de un humor de perros al oír el nombre de Kiba.

—Estás guapísimo —le digo en cuanto él terminó.

Se encoge de hombros y se pone la chaqueta negra que completa el conjunto. Se ruboriza y no puedo evitar echarme a reír. No esperaba que se sonrojara. Sé que vestido de esa manera se siente como un pez fuera del agua... Y es adorable.

—¿Cómo es que aún no te has vestido?

—Estaba dejándolo para el final porque mi vestido es blanco —lo informo, y se burla juguetón. Me retoco el maquillaje, agarro los zapatos y me pongo el vestido. Es aún más corto de lo que grababa, pero a Naruto parece que le gusta. No le quita ojo a mi pecho después de haberme visto ponerme un sujetador sin tirantes. Como de costumbre, me hace sentir bonita y deseada.

—Siempre y cuando todos los hombres presentes en la boda de mi padre sean de su edad, no creo que tengamos ningún problema —bromea mientras me sube la cremallera.

Pongo los ojos en blanco y me besa los hombros desnudos. Me suelto el pelo y dejo que los rizos me caigan por los hombros. La tela pálida del vestido se pega a mi cuerpo, y sonrío al ver nuestra imagen en el espejo.

—Estás más buena que el pan —me dice, y me besa otra vez.

Nos aseguramos de que llevamos todo lo que necesitamos para la boda, incluyendo la invitación y una tarjeta de felicitación que él compró. Meto el teléfono en mi pequeña cartera de mano y Naruto me agarra de la cintura.

—Sonríe —dice sacando su celular.

—Creía que no te gustaba hacer fotos.

—Te dije que haría una, y eso vamos a hacer.

Sonríe como un payaso, como un crío, y me encanta. Sonrío a mi vez, me pego a él y hace la foto.

—Otra más —dice, y saco la lengua en el último segundo. Ha hecho la foto en el momento justo: salgo con la lengua en su mejilla ya él le ríen los ojitos.

—Ésa es mi favorita —le digo.

—Si sólo hay dos.

—Aun así. —Lo beso y saca otra foto.

—Ha sido por accidente —miente, y oigo cómo saca otra mientras le lanzo una mirada asesina.

Naruto para poner gasolina cerca de la casa de su padre para que no tengamos que hacer a la vuelta. Mientras está llenando el depósito, un vehículo que me resulta familiar aparca y veo a Deidara en el asiento del acompañante. Sasuke se detiene dos surtidores más allá y sale del coche para entrar en la gasolinera.

Me quedo sin hablar al verlo: tiene el labio partido, los dos ojos a la funerala y un enorme cardenal en la mejilla. Cuando ve a Naruto, su rostro hermoso y magullado adopta una terrible expresión asesina. «Pero ¿qué diablos...?» No nos saluda ni siquiera, como si no nos hubiera visto.

A los pocos segundos Naruto sube al coche y me agarra de la mano. Miro nuestros dedos entrelazados y trago saliva al ver sus nudillos llenos de costras.

—¡Tú! —digo, y enarca las cejas—. ¡Tú le has dejado la cara como un mapa! ¡La otra noche te peleaste con él y por eso ni nos ha saludado!

—¿Quieres calmarte? —me ruge subiendo mi ventanilla antes de arrancar el coche.

— Naruto... —Miro hacia el lugar donde estaba Sasuke hace un instante y luego a Naruto.

—¿Podemos hablar de ello después de la boda? Ya estoy bastante de los nervios. Por favor... —me ruega, y asiento.

—De acuerdo. Después de la boda —accedo apretando con cariño la mano que tanto daño le ha hecho a mi amigo. Por cambiar de tema, Naruto pregunta:

—Ahora que tenemos el apartamento, supongo que ya no pasarás la noche en casa de mi padre, ¿no? Intento olvidar la cara nueva de Sasuke.

—Supone bien. —Sonrío—. A menos que Yoshino nos lo pida. Sabes que no puedo decirle que no.

Estoy nerviosa por tener que ver a Kakashi después de lo que Naruto me contó anoche. Estoy intentando apartarlo de mi mente, pero es mucho más difícil de lo que creía.

—Ah, casi se me olvida —dice encendiendo la radio. Lo miro y, con el dedo, me hace un gesto para que espere.

—Decidió darle otra oportunidad a The Fray —me informa.

-¿De veras? Y ¿cuándo ha sido eso?

—Después de nuestra cita en el arroyo, aunque no abrí el CD hasta la semana pasada —confiesa.

—Aquello no fue una cita —me burlo, y se parte de la risa.

—Me dejaste que te cogiera con los dedos. Para mí, eso es una cita. Me agarra la mano cuando intento pegarle un manotazo y me la besa. Sonrío y entrelazo los dedos con los suyos, largos y finos. Me inundan los recuerdos: yo tumbada sobre la camiseta mojada mientras Naruto me regalaba mi primer orgasmo. Él sonríe.

—Estuvo bien, ¿verdad? —presume, y me echo a reír.

—En fin, cuéntame qué opinas ahora de The Fray.

—Bueno, no están tan mal. Se me ha pegado una canción. Me muero de curiosidad.

—¿De verdad?

—Sí... —admite, y mira un instante la carretera antes de poner el CD. La musica inunda el interior del vehiculo y sonrio.

—Se titula Never Say Never —dice Naruto, como si me estuviera contando algo que no supiera, cuando es una de mis favoritas. Escuchamos la letra en silencio y no puedo evitar que se me dibuje una enorme sonrisa en la cara. Sé que le da un poco de vergüenza escuchar una canción como ésta conmigo, así que me callo y no digo nada. Me limito a disfrutar de este momento tan tierno.

Naruto se pasa el resto del trayecto poniéndome una canción tras otra del disco y diciéndome qué opina de cada una. Es un gesto pequeño, pero para mí es un mundo.

Me encantan estos momentos en los que me muestra una nueva faceta de sí mismo. Ésta va a ser una de mis preferidas.

Cuando llegamos a la casa de su padre, toda la calle está llena de coches. Al salir, el viento frío me hiela los huesos y me estremezco. Me he puesto una chaqueta muy fina, y el vestido tampoco es que cubra mucho. Naruto se quita la chaqueta y me la echa por los hombros. Abriga más de lo que parece, y huele a él, mi perfume favorito.

—Pero quién se iba a imaginar que podía ser todo un caballero —lo chincho.

—No hagas que te meta en el coche y te eche un polvo aquí mismo —me dice, y ahogo un grito de falsa indignación que le resulta de lo más divertido—. ¿Te cabe mi celular en esa... esa especie de bolso?

—Es una cartera de mano, y la respuesta es sí. —Sonrío al tiempo que extiendo la mano en su dirección.

Me entrega su celular y lo meto en la pequeña cartera. El fondo de pantalla ya no es gris, lo ha cambiado por la foto que me ha hecho mientras hablaba con él en el apartamento. Tengo los labios entreabiertos y los ojos llenos de vida; las mejillas sonrosadas y la piel resplandeciente. Es muy raro verme así, pero ese es el efecto que tiene Naruto en mí: con él me siento viva.

—Te quiero —le digo, y cierro el bolso sin hacer ningún comentario sobre su nuevo fondo de pantalla.

La casa de Kakashi y Yoshino está llena de gente, y Naruto me agarra de la mano con fuerza después de retirar su chaqueta de mis hombros y volver a ponersela.

—Vamos a buscar a Shikamaru —sugiero.

Él asiente y encabeza la expedición. Encontramos a su hermanastro en la sala de estar, junto a la vitrina que sustituye a la que Naruto rompió la primera noche que vine aquí. Parece que fue hace siglos. Shikamaru está rodeado de un grupo de sesentones, y uno de ellos le pone la mano en el hombro. Sonríe al vernos, se disculpa con los señores y abandona la conversación. Está muy guapo y lleva un traje parecido al de Naruto.

—Pensé que no viviría para verte con traje y corbata! —dice muerto de la risa.

—Si vuelves a mencionarlo, no vas a vivir mucho —lo amenaza a Naruto, aunque es evidente que lo dice de broma.

Sé que empieza a gustarle Shikamaru, y eso me hace feliz. Él es uno de mis mejores amigos y una persona que me importa mucho.

—A mi madre le vas a encantar. Hinna, estás preciosa —me dice dándome un abrazo.

Naruto no me suelta ni siquiera cuando intento devolverle el abrazo, y tengo que apañármelas con una sola mano.

—¿Quién es toda esta gente? —pregunto.

Sé que Kakashi y Yoshino viven aquí hace menos de un año, por eso me sorprende que haya, por lo menos, unas doscientas personas.

—La mayoría son amigos de Kakashi de la universidad y los demás son familiares y amigos. Yo sólo conozco a la mitad —explica Shikamaru riendo—. ¿les apetece una copa? Tenemos que estar todos fuera dentro de unos diez minutos.

—¿Quién tuvo la brillante idea de celebrar una boda en el jardín en diciembre? — protesta Naruto.

—Mi madre —contesta Shikamaru—. Aunque las carpas están climatizadas. —Mira a todos los invitados y luego a Naruto—. Deberías decirle a tu padre que ha llegado. Está arriba, y mi madre está escondida con mi tía pero no sé dónde.

—Paso... Prefiero quedarme aquí abajo —responde Naruto. Le acaricio la mano con el pulgar y me da un apretón de agradecimiento. Shikamaru asiente.

—Bueno, yo tengo que irme, pero los veo luego —dice, y nos deja con una sonrisa.

—¿Te apetece salir? —le pregunto a Naruto. Asiente—. Te quiero —le repito. Sonríe, con hoyuelos y todo.

—Te quiero, Hinna —me dice y me da un beso en la mejilla. Abre la puerta de atras y me presta su chaqueta otra vez. Al salir veo que el patio parece un cuento de hadas. Hay dos carpas gigantescas que ocupan casi todo el patio, y de los árboles y del porche cuelgan cientos de pequeños farolillos. Son bonitos incluso de dia. La verdad es que es digno de ver.

—Creo que es aquí —dice Naruto señalando la carpa más pequeña.

Entramos por una abertura lateral. Hardin estaba en lo cierto. Las hileras de sillas de madera están colocadas de cara a un altar muy sencillo, de las paredes cuelgan unas preciosas flores blancas y todos los invitados van de blanco y negro. La mitad de los asientos están ocupados, así que nos sentamos en la penúltima fila porque sé que Naruto no quiere verlo de cerca.

—Nunca pensé que asistiría a la boda de mi padre —me dice.

—Lo sé, y estoy muy orgullosa de ti por haber venido. Significa mucho para ellos y, por tu forma de hablar, parece que crees que también será bueno para ti. Apoyo la cabeza en su hombro y me rodea con el brazo.

Empezamos a hablar del buen gusto con el que han decorado la carpa, toda en blanco y negro. Es sencillo y elegante. Tan sencillo que siento como si me hubieran invitado a compartir un momento íntimo en familia, a pesar de la cantidad de asistentes que hay.

—Supongo que la recepción será en la otra carpa —dice Naruto, y retuerce un mechón de mi pelo entre el índice y el pulgar.

—Eso creo. Seguro que es aun mas bonita que...

—¿Naruto? ¿Eres tú? —dice entonces una voz de mujer. Ambos giramos la cabeza hacia la izquierda. Una anciana ataviada con un vestido de flores blanco y negro y zapato plano nos mira con unos ojos como platos.

—¡Dios santo, si eres tú!

Lleva el pelo gris recogido en un sencillo moño y apenas un toque de maquillaje que le da un aspecto sano y radiante. Por su parte, Naruto se ha quedado lívido. Se levanta y la salud.

—Abuela. Ella le da un abrazo tremendo.

—¡No me puedo creer que hayas venido! Hace años que no te veo. Eres un chico muy guapo. Perdón, un hombre muy guapo. ¡Estás muy alto! Pero ¿qué es todo esto?

—dice frunciendo el ceño mientras señala los piercings que lleva en la cara. Naruto se ruboriza y se ríe incómodo.

-¿Cómo estás? —le pregunta girando en el sitio.

—Muy bien, cielo. Te he echado mucho de menos —dice ella y se seca los ojos. Tras una pausa, me mira y pregunta con gran interés: Y ¿quién es esta adorable jovencita?

—Ah... Perdona. Te presento a Hinna... Hinna. Mi... novia —contestá él—. Hinna, ella es... mi abuela. Sonrío y me levanto. Nunca se me había ocurrido que iba a conocer a los abuelos de Naruto. Pensaba que estaban muertos, como los míos. Nunca ha hablado de ellos, pero no me sorprende. Creo que yo tampoco hablo de los mios.

—Es un placer conocerla —digo ofreciéndole la mano, pero sus planes van más allá de un apretón. Tira de mí, me da un abrazo y un beso en la mejilla.

—El placer es mío. ¡Eres una chica preciosa! —dice con un acento mucho más marcado que el de Naruto—. Me llamo Adele, pero puedes llamarme abuela.

—Gracias —digo ruborizándome. Da un par de palmadas. Es evidente que está feliz.

—Todavía no me creo que estés aquí; ¿has visto a tu padre recientemente? ¿Sabe que ha venido? —pregunta volviendo a centrar la atención en Naruto. Él se mete las manos en los bolsillos.

—Sí, ya lo sabe. He estado viniendo por aquí últimamente.

—Me alegra mucho oír eso. No tenía ni idea —dice, y sé que está a punto de echarse a llorar otra vez.

—Damas y caballeros, vayan tomando asiento. La ceremonia está a punto de comenzar —anuncia un hombre por el micrófono de la tarima. La abuela agarra a Naruto del brazo sin darle tiempo a rechistar.

—vengan a sentarse con la familia. No debería estar aquí atrás. Él me mira pidiéndome socorro, pero me limito a sonreír ya seguirlos. Nos sentamos junto a alguien que se parece mucho a Yoshino, imagino que será su hermana. Naruto me agarra de la mano ya su abuela no se le escapa el gesto afectuoso y lo agarra de la otra mano.

Yoshino se pone en posición y la expresión de su rostro al ver a su hijo sentado en primera fila es indescriptible: conmovedora y desgarradora al mismo tiempo. Naruto hasta le sonríe un poco, y Kakashi le devuelve la sonrisa. No cabe en sí de gozo. Shikamaru está de pie al lado de Shikamaru, en la tarima, pero a Naruto no parece importarle. Jamás habría accedido a subirse ahí arriba.

Cuando Yoshino entra, todos los presentes suspiran. No hay palabras para describir lo bonita que está mientras camina hacia el altar. La expresión de su rostro al ver al novio hace que me apoye en el hombro de Naruto. Irradia felicidad y su sonrisa ilumina la carpa. Lleva un vestido largo y tiene las mejillas resplandecientes. Es perfecto.

La ceremonia es preciosa, y cuando a Kakashi se le quiebra la voz y deja escapar un pequeño sollozo mientras recita sus votos se me llenan los ojos de lágrimas. Naruto me mira y sonríe, me suelta la mano y me seca las mejillas. Yoshino es una novia preciosa, y su primer beso como marido y mujer hace que los asistentes aplauden.

—Que Cursilería —me dice Naruto cuando apoyo de nuevo la cabeza en su hombro mientras la gente empieza a salir.

Poco después acompañamos a su abuela a la otra carpa. Estaba en lo cierto: es aún más bonita que la primera. Cerca de las paredes hay mesas vestidas con manteles blancos y servilletas negras. Los centros de mesa son flores blancas y negras. El techo está cubierto de farolillos como los del jardín, que proporciona una iluminación cálida y muy agradable que se refleja en la cristalería nueva y en los relucientes platos blancos. El centro de la carpa está despejado. El suelo es de azulejos blancos y negros, y creo que será la pista de baile. Los camareros están en posición, esperando que todo el mundo tome asiento.

—No desaparezcas. Quiero volver a verte esta noche —dice la abuela de Naruto antes de dejarnos.

—Es la boda más lujosa a la que he ido —comenta él, y mira la tela blanca que adorna el techo.

—Yo no he estado en una boda desde que era pequeña —replica, y sonríe.

—Eso me gusta —dice y me besa en la mejilla.

No estoy dada a que me demuestre afecto en público, pero podría acostumbrarme rápidamente.

—¿El qué? —pregunto cuando se sienta a una de las mesas.

—Que no hayas estado en ninguna boda con Kiba —responde, y me echo a reír para no tener que mirarlo mal.

—A mí también —le aseguro.

La comida es exquisita. Yo pido el pollo y Naruto el filete. Lo sirven todo en una especie de bufet para que parezca informal, pero esta comida de informal no tiene nada. Rebaño la salsa cremosa con un trozo de pollo y me llevo el tenedor a la boca, pero Naruto me lo roba y se lo come. Se atraganta un poco porque le cuesta reír y tragar a la vez.

—Eso te pasa por quitarme la comida —lo regaño, y me llevo otro trozo a la boca antes de que me lo robe de nuevo.

Se ríe y apoya la frente en mi hombro. Enfrente de nosotros hay una mujer mirándonos. No parece que le haga gracia ver a Naruto besarme en el hombro. Le devuelvo una mirada igual de borde que la suya y aparta la vista.

—¿Te traigo otro plato? —le pregunto a Naruto lo bastante alto como para que la mujer me oiga.

Ella mira al hombre que tiene al lado y enarca una ceja. Él no parece prestarle la menor atención y eso la cabrea aún más. Sonrío y agarro la mano de Naruto. Al igual que el hombre de enfrente, no se ha enterado de nada. Mejor.

—Sí, por favor —dice—. Y gracias. Le doy un beso en la mejilla y me voy a la cola de la comida.

—¿Hinna? —dice una voz familiar.

Levanto la vista y veo a Minato Namikaze ya Gara a unos pocos metros de distancia.

-Hola. —Sonrio.

—Estás espectacular —dice Gara, y le agradezco el cumplido en voz baja.

—¿Qué tal va el fin de semana? —me pregunta el señor Namikaze.

—Fabuloso. Aunque los días laborales tampoco desmerecen —le aseguro.

—Ya, ya... —Se echa a reír y agarra un plato.

—¡Nada de carne roja! —le dice Kimberly por detrás.

Él hace un gesto de pegarse un tiro en la sien y le lanza un beso. ¿Estos dos salen juntos? Quién lo hubiera imaginado. El lunes le pediré detalles a Kimberly.

—Mujeres —dice Namikaze, y llena un plato mientras yo prepara otro para Naruto

—. Nos vemos luego.

Sonríe y se va con su cita. Kimberly me saluda con la mano y consigue que el niño que tiene sentado en brazos haga lo mismo. Les devuelvo el saludo y me pregunto si será hijo suyo. Gara se acerca y me resuelve la duda.

—Es el hijo del señor Namikaze.

—Ah —digo apartando la vista de Kimberly. Gara sigue mirando a mi jefe.

—Su mujer tendría hace cinco años, justo después de que naciera el niño. No había vuelto a salir con nadie hasta que conociera a Kim. Sólo llevan unos meses juntos, pero está coladito por ella. —Se vuelve hacia mí y me sonríe.

—Ahora ya sé a quién recurrir para estar al tanto de los chismes de la oficina — bromeo, y los dos nos reímos.

—Nena... —dice Naruto rodeándome por la cintura con los brazos, marcando territorio.

—Me alegro de verte. Naruto, ¿no es así? —pregunta gara.

—Sí —es todo lo que contesta él—. Será mejor que volvamos a la mesa. Shikamaru te está buscando. —Me estrecha con fuerza y con su silencio le dice a Gara que se largue.

—¡Te veo luego, Gara! —Sonrío educadamente y le doy a Naruto su plato mientras regresamos a nuestros asientos.

HASTA AQUI EL CAPITULO.