DECLARACIÓN:

Los personajes de Naruto no pertenecen son pertenecientes a Masashi Kishimoto.

Capitulo 52

—¿Dónde está Shikamaru? —le pregunto a Naruto cuando volvemos a sentarnos. Le da un mordisco a un cruasán.

-De que hablas.

—¿No ha dicho que me estaba buscando?

—Te estaba buscando, pero ahora no sé dónde está.

— Naruto, no hables con la boca llena —dice su abuela apareciendo por detrás. Noto que Naruto respira hondo antes de volverse.

—Lo siento —masculla.

—Quería hablar de nuevo contigo antes de marcharme. Sólo Dios sabe cuándo volveré a verte. ¿Le reservarás un baile a tu abuela? —Es una pregunta adorable, pero Naruto niega con la cabeza—. ¿Por qué no? —pregunta ella con una sonrisa.

Ahora me doy cuenta de que Naruto parece incómodo en su presencia. Hay cierta tensión entre ellos, pero no sé a qué se debe.

—Voy a traerle algo de beber a Hinna —miente, y se levanta de la mesa. Su abuela se ríe nerviosa.

—Estupendo chico, ¿verdad?

No sé muy bien qué contestar a eso. De entrada, quiero defenderlo, pero creo que lo dice de broma. A continuación, se vuelve hacia mí y pregunta:

—¿Sigue bebiendo?

—¿Qué?... No —balbuceo. Me ha pillado con la guardia baja—. Bueno, de vez en cuando —aclaro cuando lo veo acercarse con dos copas llenas de un líquido rosado.

Me da una y me la llevo a los labios. Huele dulce y, con el primer sorbo, noto que tiene burbujas que me hacen cosquillas en la nariz. Sabe igual que huele: dulce.

—Champán —me informa Naruto, y le doy las gracias.

—¡Hinna! —exclama Yoshino justo antes de abrazarme. Se ha quitado el traje de novia y lleva puesto un vestido blanco cruzado que le llega a las rodillas, pero está igual de guapa que antes—. ¡No sabes cuánto me alegro de que hayas venido! ¿les ha gustado? —pregunta.

Yoshino es la única persona que conozco que pregunta a los invitados si les ha gustado la boda. Es mas buena que el pan.

—Ha sido precioso, una maravilla. —Sonrio.

Naruto me pone la mano en la cintura para que me apoye en él. Siento que está incomodísimo atrapado entre Yoshino y su abuela, y encima ahora Kakashi se une a la fiesta.

—Gracias por haber venido —le dice a Naruto, y le ofrece la mano para que se la estreche.

Él la acepta y le da a su padre un buen apretón. Kakashi levanta el brazo para abrazar a su hijo, pero se contiene. Aun así, se nota que está feliz y emocionado.

—Hinna, cielo, estás muy guapa. —Me abraza y pregunta—: ¿Lo están pasando bien?

No puedo evitar sentirme un poco incómoda con él ahora que sé un poco mejor cómo era en el pasado.

-Si. Es increíble lo bien que lo han organizado todo.

Naruto se esfuerza por decirle algo bonito a su padre. Le masajeo la espalda con movimientos circulares para que se relaje un poco. La abuela de Naruto tose y mira a Kakashi.

—No sabía que han vuelto a Hablar.

Él se pasa la mano por la nuca. Ahora ya sé de dónde lo ha sacado Naruto.

-Si. Mejor lo hablamos en otro momento, mamá —dice Kakashi, y ella asiente.

Bebo otro sorbo de mi copa e intento no pensar que estoy bebiendo delante de las personas mayores, delante del rector de mi universidad, sin tener edad legal para hacerlo.

Un camarero con chaleco negro se acerca con una bandeja de champán y, cuando

Kakashi agarra una copa, pongo cara de terror, pero se la da a su esposa y me relajo. Qué alegría que haya dejado de beber.

—¿Quieres otra? —me pregunta Naruto, y yo miro a Yoshino.

—Adelante. Estás en una boda —me dice.

-Si. —Sonrío, y Naruto se aleja para traerme otra. Hablamos un minuto de la boda y de las flores y, cuando Naruto regresa sólo con una copa, Yoshino se preocupa y le pregunta:

—¿No te gusta el champán?

—Sí, claro. Este está muy bueno, pero ya me tomó una copa y me toca conducir a mí —responde, y Yoshino lo mira con sus ojos marrones cargados de adoración. A continuación, se vuelve hacia mí.

—¿Tienes tiempo esta semana? Compró semillas nuevas para el invernadero.

—Por supuesto que sí. Estoy libre todos los días a partir de las cuatro. La abuela nos mira a Yoshino ya mí, asombrada y feliz.

—¿Cuánto hace que están juntos? —nos preguntamos entonces.

—Unos meses —le responde Naruto con calma.

En ocasiones se me olvida que fuera de nuestro grupo, bueno, del grupo de amigos de Naruto, nadie sabe que nos odiábamos a muerte hasta hace sólo dos meses.

—Entonces, ¿no voy a ser bisabuela pronto? —se ríe, y Naruto se pone rojo como un tomate.

-No no. Acabamos de irnos a vivir juntos —replica, y Yoshino y yo escupimos el champán de vuelta a nuestras copas.

—¿Están viviendo juntos? — exclamación Kakashi.

No esperaba que Naruto fuera a contárselo hoy. Diantre, ni siquiera estaba segura de que fuera a contárselo alguna vez, dado que él es como es. Estoy un poco sorprendida y avergonzada por mi reacción, pero, sobre todo, estoy contenta de que no tenga ningún problema en decirlo.

—Sí, nos hemos trasladado a Artisan hace unos días —explica.

—Vaya, es un sitio muy bonito, y está más cerca de las prácticas de Hinna — añade Kakashi.

—Sí —dice Naruto, intentando valorar cómo se han quedado todos después de soltar la bomba.

—Me alegro mucho por ustedes, hijo. —Kakashi le pone la mano en el hombro a su hijo y lo observa con expresión neutra—. Nunca me imaginé que te vería tan feliz... y en paz.

—Gracias —dice Naruto. ¡Y sonríe!

—¿Podría ir a visitarlos algún día? —Pregunta Kakashi. Yoshino baja la vista y le advierte:

—Kakashi...

Todavía se acuerda de la última vez que fue demasiado lejos con Naruto. Y yo también.

—Pues... sí..., podrías —contesta Naruto, y nos deja a todos de piedra.

—¿De verdad? —inquiere Kakashi, y él asiente—. Vale, ya nos avisaran cuando esta bien. —Se le han humedecido un poco los ojos. Empieza la música y Yoshino agarra a su marido del brazo.

—Nos reclaman. Muchas gracias por haber venido —dice, y me besa en la mejilla

—. No sabes lo mucho que ha hecho por nuestra familia, ni te lo imaginas —me susurra al oído antes de alejarse con lágrimas en los ojos.

—¡Es la hora del primer baile! ¡Que vivan los novios! —Se oye por los altavoces. La abuela de Naruto también se marcha a ver el primer baile de los recién casados.

—Les has alegrado el día —le digo a Naruto y le planto un beso en la mejilla.

—Vayamos arriba —me dice.

-¿What? —Estoy un poco aturdida por las dos copas de champán que me acabo de beber.

—Arriba —me repite, y una corriente eléctrica me recupera la espalda.

—¿Ahora? —digo riéndome.

—Ahora.

—Pero hay mucha gente...

No me contesta. Me agarra de la mano y me saca de la carpa. Cuando llegamos a la casa, me sirve otra copa de champán e intento que no se me derrame mientras subo a toda velocidad la escalera para seguirle el ritmo.

—¿Qué pasa? —pregunto una vez ha cerrado con seguro la puerta de su dormitorio.

—Te necesito —me dice, y se quita la chaqueta.

—¿Te encuentras bien? —pregunto con el corazón desbocado.

—Sí, pero necesito distraerme —gruñe.

Da un paso hacia mí, me quita la copa y la deja encima de la cómoda. Da otro paso, me agarra por las muñecas y me levanta los brazos. Yo encantada de distraerlo de la sobrecarga emocional que ha supuesto ver a su abuela por primera vez en años, la boda de su padre y el haber accedido a que su padre y su nueva esposa vengan a vernos a nuestro apartamento. Eso demasiado para Naruto en tan poco tiempo.

En vez de preguntarle nada o insistir más, lo agarro del cuello de la camisa y pego las caderas a las suyas. Ya la tiene dura como una piedra. Con un gruñido, me suelta las muñecas y lo peino con los dedos. Su boca cubre la mía y su lengua está caliente y dulce, como el champán. En un segundo está metiéndose la mano en el bolsillo y sacando un envoltorio metálico.

—Tienes que tomar anticonceptivos para que pueda dejar de usar esto. Quiero poder sentirte de verdad —dice con voz ronca mientras me muerde el labio inferior y lo chupa con gesto seductor. No puedo desearlo más.

Lo oigo respirar entre dientes cuando le bajo los pantalones y el bóxer hasta la rodilla. Me sube la mano por el muslo, agarra el elástico de las bragas y me las baja. Me apoyo en sus brazos para poder quitarmelas, con bastante torpeza. Se ríe y me besa en el cuello. Me aprieta las caderas con las manos, me levanta y enrosca mis piernas alrededor de su cintura.

Me agarro el escote del vestido para intentar bajármelo, pero Naruto me suplica al oído:

—Déjatelo puesto. Es un vestido muy sexi... Sexi a la vez que virginal... Mierda... Me muero por cojerte. Eres preciosa.

Me levanta un poco más en el aire y luego me baja hasta que lo tengo dentro. Mi espalda está apoyada contra la pared y Naruto empieza a subirme ya bajarme. Lo hace con un fervor y una desesperación que nunca había visto en él. Es como si yo fuera de hielo y él de fuego. Somos completamente distintos e iguales a la vez.

—¿Está... bien... así? —pregunta a trompicones mientras me abraza con fuerza para que no me caiga.

—Sí —gimo.

La sensación de que me lo está haciendo así, contra la pared, con mis piernas en su cintura, es muy intensa y celestial.

—Bésame —súplica.

Deslizo la lengua por sus labios hasta que abre la boca y me deja adentrarme en ella. Le tiro del pelo y hago lo que puedo para besarlo mientras él entra y sale de mí más y más rápido. Nuestros cuerpos se mueven a toda velocidad, pero nuestro beso es lento e íntimo.

—No me canso de follarte, Hinna. mierda... Te quiero —dice en mi boca mientras

yo jadeo y gimo y siento esa presion en mi vientre cada vez mas intensa. Gruñe un par de veces y yo grito. Estamos a punto de terminar los dos.

—Relájate, nena —me dice, y le hago caso.

Sus labios siguen pegados a los míos, ahogando los gemidos de mi clímax. Entonces se tensa y esta en el condon. Jadea y deja caer la cabeza en mi pecho, abrazado a mí unos segundos más antes de levantarme, salir de mí y dejarme de pie en el suelo.

Ladeo la cabeza contra la puerta y recupera el aliento mientras él le hace un nudo al conservativo, lo coloca en su envoltorio y se lo guarda en el bolsillo antes de volver a subirse los pantalones.

—Recuérdame que lo tire en cuanto bajemos —dice con una carcajada, y yo me río como una tonta—. Gracias —añade, y me besa en la mejilla—. No por lo que acabamos de hacer, sino por todo.

—No me des las gracias, Naruto. Tú haces por mí tanto como yo por ti. —Lo miro a los ojos azules y brillan—. Incluso más.

—Qué va —dice meneando la cabeza y agarrándome de la mano—. Volvamos abajo antes de que alguien venga a buscarnos.

—¿Qué tal estoy? —pregunto peinándome con los dedos y secándome bajo los ojos.

—Recién follada —bromea, y pongo los ojos en blanco—. Estás guapísima.

—Tú también —le digo.

En la carpa casi todo el mundo está bailando, y parece que nadie se ha percatado de nuestra ausencia. Nos sentamos y empecemos otra canción. Es Never Let Me Go, de Florence and the Machine.

—¿Te apetece bailar? —le pregunto a Naruto, aunque sé lo que me va a decir.

—No, yo no bailo —dice mirando por encima de mi hombro—. A menos que tú quieras hacerlo —añade.

Me sorprende su ofrecimiento y me emociona que se haya prestado a bailar conmigo. Me tiende la mano, pero en realidad soy yo la que nos conduce a la pista de baile, que parece un tablero de ajedrez. Lo llevo a toda prisa, no sea que cambie de opinión. Nos quedamos al fondo, a una distancia prudencial de la multitud.

—No sé lo que hay que hacer —dice echándose a reír.

—Yo te enseño.

Le pongo las manos en mis caderas. Me pisa un par de veces, pero lo pilla deprisa. Ni en un millón de años me habría imaginado que estaría bailando con Naruto en la boda de su padre.

—Vaya canción más rara para una boda, ¿no? —me dice al oído entre risas.

—No, la verdad es que es perfecta —repongo con la cabeza apoyada en su pecho.

Sé que no estamos bailando. Más bien estamos abrazándonos al ritmo de la música, pero a mí me vale. Nos quedamos así durante dos canciones enteras, que resultan ser de mis favoritas. You Found Me, de The Fray, hace que Naruto empiece a reírse a carcajadas y me estreche entre sus brazos. La siguiente, una canción pop de un grupo de chicos, hace que yo sonría y él ponga los ojos en blanco. Mientras suena, Naruto me habla de su abuela. Sigue viviendo en Inglaterra, pero él lleva sin verla ni hablar con ella desde que ella lo llamó para felicitarlo el día en que cumplió veinte años. Se puso de parte de su padre durante el divorcio y hasta encontró la manera de disculpar su alcoholismo; Según ella, todo era culpa de la madre de Naruto, y eso a él le bastó para no volver a tener ganas de hablar con ella. Parece muy cómodo contándome todo esto,

Naruto hace un par de chistes sobre lo ñoñas y petardas que son todas las canciones y me río de él.

—¿Y si volvemos arriba? —bromea bajando la mano por mi espalda.

—Tal vez.

—Voy a tener que darte de beber champán más a menudo. —Vuelvo a colocarle las manos en mi cintura y me pone morritos. No puedo contener la risa—. La verdad es que me lo estoy pasando bastante bien —confiesa.

-Yo también. Gracias por haberme acompañado.

—No lo cambiaría por nada del mundo.

Sé que no se refiere a la boda, sino a estar conmigo en general. Estoy flotando en una nube.

—¿Me permite este baile? —pregunta Kakashi cuando empieza la siguiente canción. Naruto frunce el ceño y nos mira primero a mí y luego a su padre.

—Sí, pero sólo una canción —rezonga. Kakashi se ríe y repite las palabras de su hijo:

—Sólo una canción.

Naruto me suelta y Kakashi me agarra. Me trago lo incómoda que me siento con él. Habla de cosas triviales mientras bailamos, y mi resentimiento casi desaparece mientras nos reímos de una pareja de borrachos que se tambalea junto a nosotros.

—¿Has visto eso? —dice luego Kakashi con una voz que es puro asombro.

Me vuelvo y veo a qué se refiere. Yo también me quedo pasmada al ver a Naruto bailando como puede con Yoshino. Ella se ríe cuando él le pisa los zapatos blancos y él sonríe avergonzado. Esta noche ha sido mucho mejor de lo que soñaba.

Al acabar la canción, Naruto vuelve a mí rápidamente, seguido de Yoshino. Les decimos a los felices recién casados que nos vamos a casa y nos abrazamos una vez más. Naruto está un poco menos tenso que antes. Alguien llama a Kakashi. Yoshino y él se despide de nosotros y nos dan las gracias por enésima vez por haber venido a la boda y desaparecen entre los invitados.

—¡Los pies me están matando! —digo. Es la primera vez que llevo zapato de tacón tanto tiempo seguido, y creo que voy a necesitar una semana para recuperarme.

—¿Te llevo en los brazos? —se ofrece imitando mi tono de voz infantil.

—No —yo río.

Cuando vamos a salir de la carpa nos encontramos con Gara, el señor Namikaze y Kimberly. Ella me sonríe y me guiña el ojo después de darle un buen repaso a Naruto. Intento contener la risa y termino atragantándome.

—¿Me ha reservado un baile? —bromea el señor Namikaze con Naruto.

—No, ninguno —dice él siguiendo el juego.

—¿No es pronto para marcharse? —dice Gara mirándome a mí.

—Ya llevamos aquí un buen rato —contesta Naruto alejándome de ellos—. Me alegro de haberte visto, Namikaze —añade sin dejar de andar mientras salimos de la carpa.

—Eso ha sido de muy mala educación —lo riño cuando llegamos al coche.

—Estaba coqueteando contigo. Tengo derecho a ser todo lo maleducado que quiera.

—Gara no estaba flirteando, sólo estaba siendo amable. Naruto pone los ojos en blanco.

—Te desea, lo sé. Sin mares tan ingenua.

—Sé amable con él, por favor. Trabajamos en la misma empresa y no quiero problemas —digo con mucha calma. La noche ha sido maravillosa y no me gustaría que sus celos la estropeasen. Naruto sonríe con malicia.

—Siempre puedo pedirle a Minato que lo despida. Me parto de la risa con su salida.

—¡Estás loco!

—Sólo por ti —contesta, y arranca el motor.

—¡Cómo me gusta llegar a casa! —proclamo al entrar en el apartamento. Y entonces me doy cuenta de que hace un frío que pela—. Excepto cuando no dejas la calefacción encendida. —Castañeteo con los dientes y Naruto se ríe.

—Todavía no sé cómo funciona. Es tecnologia punta.

—Iré por unas mantas —digo mientras él se pelea con el termostato.

agarro una de la cama y dos del armario y las dejo en el sofá. Luego vuelvo al dormitorio a cambiarme.

—¡Naruto!

—¡Voy!

—¿Puedes bajarme la cremallera? —le pido cuando entra.

Su momento manitas parece haberlo dejado frustrado. Tiene los dedos congelados, y tiemblo cuando me rozan la piel desnuda. Se disculpa, termina de bajarme la cremallera y el vestido cae al suelo. Me quito los zapatos. El suelo de hormigon impreso parece de hielo. Corro a buscar el pijama mas calentito que tengo.

—Ten, esto abriga más —dice sacando del armario una sudadera gris con capucha.

—Gracias. —Sonrio.

No sé por qué me gusta tanto ponerme la ropa de Naruto, es como si eso nos uniera más aún. Nunca lo había hecho con Kiba, sólo una vez, cuando fuimos de acampada con su familia y tuvo que prestarme una sudadera. Y a Naruto parece que le gusta que lo haga. Me observa mientras me pongo la sudadera con una mirada cargada de deseo. Le quitarse la corbata y me acerco de puntillas a echarle una mano. Permanece en silencio y le quito la tira de tela y la deja a un lado. Luego saco un par de calcetines largos, gordos y violeta que mi madre me regaló las Navidades pasadas.

Me recuerdan que sólo faltan tres semanas para Navidad, y me pregunto si mi madre todavía seguirá que la pase con ella. No he vuelto a casa desde que empecé la universidad.

—¿Eso qué es? — Naruto se troncha de la risa y tira de los pompones que adornan mis tobillos.

—Unos calcetines. Unos calcetines calentitos, para ser exactos. —Le saco la lengua.

—Muy bonitos —se mofa. Se pone un pantalón de chándal y una sudadera. Para cuando volvemos a la sala de estar, el apartamento se ha calentado un poco.

Naruto enciende el televisor y se tumba en el sofá. Me acurruca contra su pecho y nos tapa con las mantas.

—¿Qué aviones tienes para las fiestas? —le pregunto nerviosa.

No sé por qué me da apuro preguntarle qué va a hacer en Navidad si estamos viviendo juntos.

—Pues espero esperar hasta la semana que viene para decírtelo porque estos días han sido una locura, pero ahora que lo menciona... —Sonríe y parece estar tan nervioso como yo—. Me voy a casa por Navidad, y me gustaría que vinieras conmigo.

—¿A casa? —pregunto con voz aguda.

—A Inglaterra..., a casa de mi madre. —Me mira con ojos de cordero—. Si no quieres venir, lo entenderé. Sé que es mucho pedir y que ya te has venido a vivir conmigo.

—No, no es que no quiera, es que... No sé...

La idea de viajar al extranjero con Naruto es emocionante y aterradora. Nunca salió de Washington.

—No tienes que darme una respuesta esta noche, pero dímelo en cuanto puedas, ¿ok? Yo me voy el día 20.

—Es justo el día después de mi cumpleaños —le digo. Rápidamente cambia de postura y me levanta la cabeza:

—¿Tu cumpleaños? ¿Por qué no me había dicho que estaba a la vuelta de la esquina? Me encojo de hombros.

-I don't know. No lo había pensado. Los cumpleaños no significan gran cosa para mí. Mi madre solía celebrarlos por todo lo alto y procuraba que todos los casos especiales, pero dejaron de hacerlo estos últimos años.

—¿Qué quieres hacer por tu cumpleaños?

—Nada. ¿Tal vez podremos salir a cenar? No quiero una fiesta por todo lo alto, no es para tanto.

—Una cena... No sé yo —se burla—. ¿No te parece un pelín extravagante?

Me río y me besa en la frente. Lo obligo a ver un nuevo episodio de «Pequeñas mentirosas» y acabamos quedándonos dormidos en el sofá. Me despierto bañada en sudor en mitad de la noche. Me separo de Naruto, me quito la sudadera y voy a apagar la calefacción cuando una lucecita azul que parpadea en el móvil de Naruto despierta mi curiosidad. agarro el teléfono y desbloqueo la pantalla con los dedos. Tiene tres mensajes nuevos. «Deja el móvil, Hinna...»

No tengo por qué curiosearle el teléfono, es de locos. Lo dejo de nuevo en su sitio y echo a andar hacia el sofá, pero el celular vibra con la llegada de otro mensaje de texto.

«Sólo uno. Sólo voy a leer uno. Eso no es tan terrible, ¿verdad?»

Sé que no está nada bien, pero no puedo evitar leerlo:

Llámame, idiota.

El nombre de Orochimaru aparece en la parte superior de la pequeña pantalla. Sí, ha sido una pésima idea. No he llegado a nada y ahora me siento culpable por ser la loca que le espía el celular a su novio... Pero ¿qué hace Orochimaru mandándole mensajes a Naruto?

—¿Hinna? —dice Naruto con voz soñolienta. Me sobresalto y se me cae el teléfono al suelo con un estrépito tremendo.

—¿Qué ha sido eso? ¿Qué estás haciendo? —pregunta en la habitación a oscuras, iluminada únicamente por la televisión.

—Tú celular ha sonado... y lo he agarrado. —Es una verdad a medias. Me agacho a recogerlo del suelo. Una grieta cruza el lateral de la pantalla—. Y te he agrietado la pantalla —añadido.

Gruñe hastiado.

—Vuelve aquí.

Dejo el teléfono y me tumbo de nuevo en el sofá con él, pero tardo mucho en dormirme.

A la mañana siguiente Naruto me despierta al intentar salir de debajo de mí. Me aparto y me acuesto boca arriba en el sofá para que pueda levantarse. agarra el celular de la encimera y se va al cuarto de baño. Espero que no esté muy cabreado por haberle roto la pantalla. Nada de esto hubiera ocurrido si yo no hubiera sido tan metomentodo. Me levanto del sofá y preparo el café.

Sigo dando vueltas a la propuesta de Naruto de que me vaya a Inglaterra con él. Nuestra relación va muy deprisa, nos hemos ido a vivir juntos muy jóvenes. Aun así, me encantaría conocer a su madre y ver Inglaterra con él.

—¿Sumida en tus pensamientos? —La voz de Naruto interrumpe mis divagaciones cuando entra en la cocina.

—No... Bueno, más o menos. —Yo río.

—¿En qué estabas pensando?

—En las Navidades.

—¿Qué pasa?, ¿que no sabes qué regalarme?

—Creo que voy a llamar a mi madre para ver si tenía pensado invitarme a pasar las Navidades con ella. Me sentiría fatal si no la llamo antes de decidir nada. Va a pasarlas sola en casa. No parece que lo emocione la idea, pero mantiene la calma.

—Lo entiendo.

—Perdona por lo de tu celular.

—No pasa nada —dice, y se sienta a la mesa. Pero entonces lo suelto:

—Leí el mensaje de Orochimaru. —No quiero tener que ocultarle nada, por muy avergonzada que me sienta.

-¿What?

—Vibraba y lo miré. ¿Por qué te estaba escribiendo a esas horas?

—¿Qué ha leído? —me pregunta ignorando lo que él dijo.

—Un mensaje de Orochimaru —repito. Aprieta la mandíbula.

—¿Qué decía?

—Que lo llamarás...

¿Por qué se altera tanto? Sabía que no iba a gustarle que husmeara en sus mensajes, pero creo que está exagerando.

—¿Eso es todo? —salta, y empieza a molestarme.

—Sí, Naruto. ¿Qué más podría haberme encontrado?

—Nada... —Bebe un trago lento de su taza de café, como si de repente no tuviera importancia—. Sólo es que no me gusta que curiosees mis cosas.

—Muy bien, no volveré a hacerlo.

—Bien. Tengo cosas que hacer; ¿podrás estar un rato sin mí?

—¿Qué tienes que hacer? —Me arrepiento al instante de habérselo preguntado.

—¡Jesús, Hinna! —dice subiendo la voz—. ¿Por qué siempre me buscas las cosquillas?

—No te busco las cosquillas, sólo quería saber qué ibas a hacer. Esto es una relación, Naruto, y bastante seria, por cierto. ¿Así que qué te cuesta decirme lo que vas a hacer hoy? Aparte la taza de malos modos y se levanta.

—No sabes cuándo dejarlo estar, ése es tu problema. No tengo por qué contártelo todo, ¡aunque estemos viviendo juntos! De haber sabido que ibas a salirme con esta mierda, me habría ido antes de que te despertaras.

—Vaya —es todo cuanto consigo decir antes de irme al dormitorio echando pestes. Pero me pisa los talones.

—Vaya, ¿qué?

—Debería haber sabido que ayer fue demasiado bonito para ser verdad.

—¿Perdona?

—Nos lo pasamos genial y por una vez, por una vez, no te portaste como una idiota, pero hoy te levantas y, ¡zas!, ¡vuelves a ser un auténtico idiota! Doy vueltas por la habitación recogiendo la ropa sucia de Naruto del suelo.

—Te olvidas de la parte en que me revisas los mensajes del celular.

—Un mensaje, y lamento mucho haberlo hecho, pero la verdad es que tampoco es para tanto. ¡Si en el celular tienes algo que no quieres que veas, entonces sí que tenemos un problema! —le grito, y echo toda la ropa en el cesto de la colada. Me señala furioso.

—No, Hinna. Tú eres el problema. ¡Siempre lo sacas todo de quicio!

—¿Por qué te peleaste con Sasuke? —contraataco.

—Ah, no, ahora no quiero hablar de eso —me dice fríamente.

—Entonces ¿cuándo, Naruto? ¿Por qué no me lo cuentas? ¿Cómo quieres que confíe en ti si me ocultas cosas? ¿Tienes algo que ver con Orochimaru? —inquiero, y sus aletas nasales se agitan con rapidez. Se pasa las manos por la cara y luego por el pelo, que se le queda de punta.

—No sé por qué no puedes ocuparte de tus asuntos y dejar mi vida en paz — gruñe, y luego sale de la habitación.

A los pocos segundos la entrada principal se cierra de un portazo y me seco las lágrimas de enfado. El modo de reacción de Naruto cada vez que le pregunto por Orochimaru me da muy mala espina, y no me quito esa sensación funesta de encima ni limpiando todo el apartamento. Se ha pasado mucho. Me oculta algo y no entiendo por qué. Estoy seguro de que no tiene que verme, no tiene sentido que Naruto se haya puesto así. Desde la primera vez que conocí a Orochimaru supe que nos iba a traer problemas. Si Naruto no va a darme respuestas, tendré que buscarlas en otra parte. Miro por la ventana y veo su coche salir del estacionamiento. agarro el celular. Mi nueva fuente de respuestas contesta a la primera.

—¿Sasuke? Soy Hinna.

—Ya... Lo sé.

—Muy bien... Oye..., ¿puedo hacerte una pregunta? —digo con una vocecita más segura de lo que me gustaría.

—¿Dónde está Naruto? —me pregunta y, por su tono, sospecho que me guarda rencor por haberlo rechazado pese a lo amable que fue conmigo.

—No está aquí.

—No creo que sea buena idea que...

—¿Por qué te pegó Naruto? —pregunto sin dejarlo acabar la frase.

—Lo siento, Hinna, he de dejarte —dice, y me cuelga.

«Pero ¿qué demonios...?» No estaba segura al cien por cien de que fuera a contármelo, pero tampoco esperaba que reaccionara así. Ahora sí que me muero de curiosidad, y encima estoy cabreadísima. Intento llamar a Naruto, pero, ¿cómo no?, no me contesta. ¿Por qué ha reaccionado Sasuke así? Casi como si tuviera... ¿miedo de decírmelo? Puede que este equivocada y si que tenga que ver conmigo. No sé qué está pasando, pero nada de esto tiene sentido. Me paro a pensarlo detenidamente. ¿Estoy exagerando? Repaso mentalmente la reacción de Naruto cuando le pregunté sobre Orochimaru. No, estoy seguro de que no estoy malinterpretando la situación.

Me ducho e intento calmarme los nervios y dejar de darle vueltas al asunto, pero no funciona. Tengo una sensacion rara en el estomago que me obliga a buscar otra opcion. Termino de ducharme y me seco el pelo, me visto y decido qué hacer a continuación.

Me siento como la señorita Havisham en Grandes esperanzas, maquinando y confabulando. Nunca me gustó ese personaje, pero se arrepiente de la comprensión. Ahora veo que el amor te empuja a hacer lo que nunca harías, te puede volver obsesiva e incluso un poco loca. Aunque, en realidad, mi plan no es una locura ni tampoco es tan teatral como parece. Lo único que voy a hacer es buscar a Karin y preguntarle si ella sabe por qué se pelearon Naruto y Sasuke y qué pasa con Orochimaru. Lo único que hace que parece una locura es que, si Naruto se entera de que he llamado a Sasule y he ido a ver a Karin, me la va a liar parda.

Ahora que lo pienso, Naruto no me ha llevado con sus amigos desde que nos vinimos a vivir juntos, y sospecho que es porque ninguno lo sabe todavía.

Para cuando salgo del apartamento no puedo pensar con claridad y olvido el celular sobre la encimera. Empieza a nevar en cuanto entra en la autopista, por eso tardo más de media hora en llegar a la residencia. Está tal y como la recordaba. Normal, si no hace ni una semana que la dejé, aunque parece que hace mucho más tiempo.

Avanzo por el pasillo a grandes zancadas e ignoro a la rubia de bote que le gritó a Naruto por haberle derramado vodka en la puerta de su cuarto. Esa fue la primera vez que Naruto se quedó a dormir aquí conmigo, y parece que fue hace mil años. El tiempo no tiene sentido desde que lo conocí. Cuando llamo a la puerta de mi antigua habitación, no contesta nadie. Normal. Si Karin no está nunca aquí, siempre está en casa de Suigetsu y Deidara y no tengo ni idea de dónde es. Y, aunque lo supiera, ¿me atrevería a ir allí?

Vuelvo al coche e intento trazar un nuevo plan de acción mientras doy vueltas por el campus. Habría sido mucho más fácil si no me hubiera dejado el celular en casa. Justo cuando estoy a punto de rendirme y volver a buscarlo, paso junto a Blind Bob's, el bar de moteros al que fui con Karin. Veo el coche de Deidara en el parking. estaciono y respiro hondo antes de salir y, cuando lo hago, el aire helado me quema los pulmones. La mujer de la entrada me sonríe y respiro aliviada al ver el pelo rojo de Karin en la otra punta del bar. Ojalá hubiera sabido lo que estaba por venir.

Esto se va a salir de control que pasara.