DECLARACIÓN:

Los personajes de Naruto no pertenecen son pertenecientes a Masashi Kishimoto.

Capítulo 53

Los nervios me carcomen mientras avanzo por el bar. ¿Cómo es que esto me ha parecido una buena idea? Naruto me va a matar, y Karin va a pensar que me volvió loca.

Cuando me ve, sonríe de oreja a oreja y exclama:

—Pero ¿qué haces tú aquí? Y me da un fuerte abrazo.

—Pues... Te estaba buscando —le digo.

—¿Esta todo bien? ¿O es que me echabas de menos? —Se echa a reír.

—Te echaba de menos. —Con eso basta, por ahora.

—Cuánto tiempo sin verte, Hinna —dice Deidara dándome un abrazo—. ¿Dónde te tenía escondida Naruto? Suigetsu aparece detrás de Karin y le rodea la cintura con los brazos. Por cómo lo mira ella, sé que han solucionado la pelea que tuvieron por culpa de Sakura. Karin me sonríe.

—Ven, siéntate con nosotros. Los demás aún no han llegado.

«¿Aún?» Me pregunto si será posible decir que Naruto llegará ahora. Los sigo a reservado temiendo la respuesta a esa pregunta. Una pregunta que no se hizo. En vez de eso pido una hamburguesa con patatas fritas. No he comido nada en todo el día y ya son las tres pasadas.

—Me aseguraré de que no lleven kétchup —me dice la camarera con una sonrisa antes de volver a la cocina.

Se acuerda de la escena que Naruto le montó la última vez que estuve aquí. Me muerdo las uñas pintadas y espero que la camarera me traiga mi Coca-Cola.

—Anoche te perdiste la mejor fiesta del mundo —dice Deidara. Alza la jarra y se termina la cerveza.

-¿Si? —Sonrió.

Lo más frustrante de mi relación con Naruto es que nunca sé qué puedo y qué no puedo contarle a la gente. Si nuestra relación fuera normal, podría decir que ayer nos lo pasamos muy bien en la boda del padre de Naruto. Pero como mi relación de normal no tiene nada, me quedo callada.

—Sí, fue de locos. Fuimos a los muelles, no a la fraternidad. —Se echa a reír

—En los muelles podemos hacer más el tonto y después no tenemos que limpiar.

—Ah, ¿es que Orochimaru vive en los muelles? —pregunto fingiendo que no me interesa.

-¿Como crees? No, los muelles son muelles de verdad, para barcos. Vive cerca porque de día trabaja allí.

—Ah... —Mordisqueo mi popote.

—Hacía un frío de narices y Suigetsu, que iba muy pedo, se tiró al agua —dice Karin sin poder contener la risa. Suigetsu le saca el dedo.

—No fue para tanto —se ríe—. Estaba tan fria que no senti nada.

La comida llega junto con las alitas de Suigetsu y otra ronda de cerveza para los tres.

—¿No te apetece una cerveza, Hinna? No te van a pedir la credencial de elector —me informa Deidara.

-No no. Tengo que conducir. Pero gracias.

—¿Qué tal la nueva residencia? —me pregunta Karin robándome una patata frita.

-¿Que dijo?

—La nueva residencia —me repite más despacio.

—No estoy en una residencia.

¿Eso le ha dicho Naruto, que me he trasladado a otra residencia de estudiantes?

—Sí, porque desde luego en la mía ya no vives. Tus cosas desaparecieron de repente y Naruto que te había cambiado de residencia dijo, que tu madre se había cabreado contigo o algo así —explica, y le da un buen trago a su cerveza.

En ese instante decido que me importa una mierda si Naruto se cabrea: no pienso mentir. Estoy furiosa y avergonzada porque sigue ocultándole al mundo nuestra relación.

— Naruto y yo nos hemos ido a vivir juntos —les digo.

-¡¿Cómo dices?! —exclaman los tres al mismo tiempo.

—Sí, la semana pasada. Alquilamos un apartamento a veinte minutos del campus —les explico.

Los tres me miran como si tuvieran dos cabezas.

-¿Que, que pasa? —Quiero perder la paciencia.

—Nada. Es sólo que... Vaya..., no sé. Es que nos ha agarrado por sorpresa —dice Karin.

—¿Por? —salto.

Sé que no es justo que la pague con ella cuando con quien estoy realmente enfadada es con Naruto, pero no puedo evitarlo. Frunce el ceño y me mira como si estuviera pensando si debe hablar o no.

—Sólo es que no me puedo imaginar a Naruto viviendo con alguien, eso es todo. No sabia que lo de ustedes iba tan en serio. Ojalá me lo hubieras dicho.

Estoy a punto de preguntarle qué quiere decir con eso cuando Suigetsu y Deidara miran en dirección a la puerta y luego a mí. Cuando me vuelvo, veo a Sakura, a Naruto ya Orochimaru. Naruto se está sacudiendo la nieve del pelo y limpiándose las botas en la alfombra de la entrada. Aparte la mirada con el corazón desbocado. Son demasiadas cosas a la vez: Sakura está con Naruto, lo cual me cabrea sobremanera.

Orochimaru está con Naruto, cosa que no entiendo. Y acabo de contarle a todo el mundo que estamos viviendo juntos, cosa que parece haber causado una gran conmoción.

—Hinna —me saluda Naruto, enfadado, detrás de mí.

Lo miro y veo que tiene el rostro contorsionado de pura rabia. Está haciendo un esfuerzo por contenerse, lo sé, pero no creo que lo consiga.

—Tengo que hablar contigo —masculla.

—¿Ahora? —digo tratando de no darle importancia, aunque estoy de los nervios.

—Sí, ahora —contesta, e intenta agarrarme del brazo. Me levanto y lo sigo a una esquina del pequeño bar—. ¿Qué mierda estás haciendo aquí? —dice en voz baja con la cara a unos centímetros de la mía.

—Él vino a pasar un rato con Karin. —No es del todo mentira, pero tampoco es del todo verdad. Me sorprende.

—que mierda. —Le cuesta no gritar, pero la gente ya nos está mirando—. Tienes que irte —me dice.

—¿Cómo dices?

—Tienes que volver a casa.

—¿A casa? ¿Quieres decir mi nueva residencia de estudiantes? —lo desafío. Se queda de piedra—. Sí, se lo he dicho —prosigo—. Les dijo que estamos viviendo juntos; ¿cómo es que no lo sabían? Me has hecho quedar como una imbécil. Pensé que lo de esconder lo nuestra era cosa del pasado, que ya no era tu secreto.

—No eras mi secreto —miente.

—Estoy harta de engaños y secretitos, Naruto. Cada vez que pienso que vamos progresando...

—Perdona. No era mi intención mantenerlo en secreto. Sólo quería un esperar poco —dice atropelladamente.

Casi puedo ver la lucha interna que se está librando tras esos ojos azules. No deja de mirar a un lado ya otro, y me preocupa verlo tan asustado.

—No puedo seguir así, eres consciente de eso, ¿verdad? —le digo.

—Sí, ya lo sé —suspira, agarra entre los dientes el aro del labio inferior y se pasa la mano por el pelo húmedo—. ¿Podemos irnos a casa y hablarlo? Asiento.

Lo sigo de vuelta al reservado, donde ya se han sentado todos.

—Nosotros nos vamos —anuncia Naruto. Orochimaru me dirige una sonrisa siniestra.

—¿Tan pronto? Los hombros de Naruto se tensan.

—Sí —concurso.

—¿Vuelven a su apartamento? —Pregunta Karin.

Le lanzo una mirada asesina. «¡No es el momento!», le grito en silencio.

—¿Adónde ha dicho? —dice Sakura desternillándose de risa. La verdad, si por mí fuera, no volvería a verla en la vida.

—A su apartamento. Están viviendo juntos —contesta Karin la mar de contenta.

Sé que sólo está intentando fastidiar a Sakura y, en circunstancias normales, le aplaudiría, pero estoy demasiado cabreada con Naruto para pensar en esta tipa.

—Bueno, bueno, bueno... —exclama Sakura golpeando la mesa con sus uñas rojo chillón—. Pero qué noticia tan interesante —dice mirando fijamente a Naruto.

—Sakura... —le advertí. Juraría que a Naruto le está entrando el pánico. Ella enarca una ceja.

—¿No te parece que lo estás llevando demasiado lejos? —añade ella.

—Sakura, te juro por Dios que si no cierras el pico...

—¿Qué es lo que está llevando demasiado lejos? —inquiero. Tenía que preguntarlo.

—Hinna, sal afuera —me ordena, pero no le hago caso.

-No quiero. ¿Qué es lo que está llevando demasiado lejos? ¡Dímelo! —grito.

—Espera..., no tienes ni la menor idea, ¿no? —Sakura se echa a reír y continúa—: ¡Lo sabía! Le dije a Orochimaru que tú no lo sabías, pero no me creyó. Naruto, le debes a Sasuke una gran cantidad de dinero. —Echa la cabeza atrás y se levanta.

Naruto parece un fantasma. Es como si no le quedara una gota de sangre en el cuerpo. A mi la cabeza me da vueltas y estoy hecha un lio. Miro a Deidara, a Suigetsu ya Karin, que no le quitan los ojos de encima a Naruto.

—¿En qué mierda estoy metida? —Me tiembla la voz.

Naruto me agarra del brazo e intenta tirar de mí, pero me suelta y me planto delante de Sakura.

—No te hagas la tonta conmigo. Sé que lo sabes. ¿Qué han hecho? ¿Te ha dado la mitad del dinero? —pregunta.

Naruto me agarra de la mano. Tiene los dedos frios como el hielo.

—Hinna... Aparte la mano y lo miró fijamente con unos ojos como platos.

-¡Explicar! ¡¿De qué está hablando?! —le grito.

Las lágrimas amenazan con desbordarse por mis mejillas mientras intento mantener bajo control la avalancha de emociones. Naruto me deja atónita cuando abre la boca y vuelve a cerrarla en el acto.

—Mierda —se burla Sakura—. ¿De verdad que no lo sabes? Es asombroso. ¡Vamos a cobrar entrada!

—Cállate, Sakura —le escupe a Karin.

—¿Seguro que quieres que te lo cuente, princesa? —prosigue ella con una sonrisa triunfante.

Oigo los latidos de mi propio corazón y por un instante me pregunto si los demás también los están oyendo.

—Cuéntamelo —le ordeno. Sakura ladea la cabeza... Luego hace una pausa.

—No, creo que le corresponde a Naruto hacerlo. Y empieza a reírse ya pasarse el aro que lleva en la lengua entre los dientes. Es un sonido horrible, peor que cuando uno araña la pizarra con las uñas.

Todo está pasando demasiado deprisa. Estoy hecha un lío y, cuando miro a mi alrededor, veo que estoy rodeado de gente que se ha burlado de mí sin importarle mucho que yo he intentado encajar, y sé que no puedo confiar en ninguno de ellos. «¿Qué está ocurriendo? ¿Qué hace Naruto ahí parado? ¿Qué me están ocultando?»

—Secundo la moción —dice Orochimaru, y levanta la jarra de cerveza—. Adelante, Naruto, cuéntaselo.

—Se... Se lo diré fuera —réplica él en voz baja.

Miro sus ojos brillantes, que están locos de desesperación, confusos. No sé qué está pasando, pero sé que no quiero ir a ninguna parte con él.

—No, me lo vas a contar aquí, delante de todos. Asi no podras mentirme. Me duele el corazón y sé que no estoy preparado para oír lo que va a decirme. Se recuperan los dedos nerviosos antes de empezar a hablar.

—Perdóname —dice sujetándose las manos—. Hinna, tienes que recordar que esto fue mucho antes de que te conociera. —Sus ojos me suplican clemencia. No sé si me va a fallar la voz, y apenas abro la boca para decir:

—Cuéntamelo.

—Aquella noche... La segunda noche..., la segunda fiesta a la que viniste, cuando jugamos a Verdad o reto... y Deidara te preguntó si eras virgen... —Cierra los ojos como si estuviera ordenando sus pensamientos .

"No no no..."

Si fuera posible que el corazón se me cayera abajo más de los pies, el mío estaría ya en el núcleo terrestre. Esto no está pasando. «Esto no puede estar pasando. Ahora no. A mí, no.»

—Continúa... —dice Orochimaru, y se apoya sobre los codos como si fuera lo mejor que ha visto nunca.

Naruto le lanza puñales con los ojos y sé que, si no estuviera a punto de destruir él solito nuestra relación, aplastaría a ese gusano en el acto.

—Dijiste que sí, que eras virgen... Y alguien tuvo la idea de...

—¿Quién tuvo la idea? —lo interrumpe Sakura.

—Yo... A mí se me ocurrió la idea —confiesa Naruto. No deja de mirarme a los ojos, cosa que no hace que esto me resulte más fácil—. Se me ocurrió que... podría ser divertido... hacer una apuesta. Agacha la cabeza y los ojos se me llenan de lágrimas.

-No. —Ahogo un sollozo y doy un paso atrás.

La confusión se hace un hueco entre el caos de mis pensamientos y me impide ordenarlos y encontrarlos sentido, comprender lo que oyen mis oídos. Pero la confusión pronto le cede el paso a una mezcla en ebullición de dolor y rabia. Todos los recuerdos encajan como las piezas de un rompecabezas...

«Aléjate de él», «Ten cuidado», «A veces uno cree que conoce a las personas, pero no es así», «Hinna, tengo que decirte algo»...

Todos los comentarios de Sakura, Orochimaru, e incluso los del propio Naruto, se repiten en mi cabeza como un disco rayado. Había algo, la sensación de que se me escapó algo. No puedo respirar en el pequeño bar, es como si me faltara el aire mientras intento asimilar la realidad. Había pistas por todas partes, pero estaba demasiado cegada con Naruto para verlas.

«¿Por qué lo ha llevado tan lejos? ¿Para qué quería que yo fuera a vivir con él?»

—¿Tú lo sabías? —le pregunto a Karin. No puedo seguir mirando a Naruto.

—Yo... Estuve a punto de contártelo mil veces, Hinna —dice llorando lágrimas de culpabilidad.

—Cuando nos dijo que se había llevado el gato al agua no me lo podía creer, ni siquiera al ver el condón —explica Orochimaru con una risita. Está disfrutando con el espectáculo.

—¿Verdad? ¡A mí tampoco! Pero las sábanas... ¡Las sábanas manchadas de sangre eran demasiada prueba! —secunda Sakura muerta de la risa. Las sabanas. Por eso seguían en su coche...

Sé que debería decir algo, cualquier cosa, pero no me sale la voz. Todo me da vueltas, la gente del bar bebe y come sin darse cuenta de que a diez metros de ellos hay una ingenua a la que le están partiendo el corazón en mil pedazos. ¿Cómo es posible que la Tierra siga girando y la vida continúe mientras yo estoy aquí viendo a Suigetsu agachar la cabeza, a Karin llorar y, lo más importante, a Naruto mirándome fijamente?

—Hinna, perdóname.

Da un paso hacia mí, pero ni siquiera puedo moverme y poner mis pies a andar, que es lo que querría hacer. La voz de arpía de Sakura rompe el silencio:

—Desde luego hay cierto componente teatral que se merece un aplauso. ¿Se acuerdan de la última vez que estuvimos aquí y Karin hizo como que ponía guapa a Hinna y luego Naruto y Sasuke se pelearon por ver quién la llevaba de vuelta a la residencia? —Se ríe y prosigue—: Más tarde, Naruto apareció en tu habitación, ¿verdad? ¡Con la botella de vodka! ¡Y tú pensaste que estaba borracho! ¿Te acuerdas de que lo llamé mientras estaba allí? —Por un momento me mira como si de verdad esperara mi respuesta—. En realidad, se suponía que iba a ganar la apuesta esa noche.

Estaba muy seguro, pero Sasuke no paraba de decir que no le ibas a abrir las piernas tan rápido. Se ve que Sasuke estaba en lo cierto, pero, aun así, lo hiciste mucho antes de lo que yo imaginaba. Así que me alegro de no haberme jugado el dinero...

En el bar solo existen los sonidos horripilantes que emite Sakura y los ojos de Naruto.

Nunca me había sentido así. Este grado de humillación y de pérdida es mucho peor de lo que imaginaba. Naruto ha estado jugando conmigo todo este tiempo, todo esto no ha sido más que un juego para él. Los abrazos, los besos, las sonrisas, las risas, los «te quiero», el sexo, los planes... mierda, duele como nada en el mundo. Lo tenía todo planeado, cada noche, cada detalle, y todo el mundo lo sabía menos yo.

Incluso Karin, que creía que se estaba convirtiendo en una buena amiga. Lo miró. En medio de la sorpresa me permito tener un momento de debilidad y desearía no haberlo hecho. Está ahí plantado. Ahí plantado como si mi mundo no se estuviera desmoronando, como si no me hubiera humillado hasta la saciedad ante todos.

—Te alegrará saber que tiene un costado muy buen dinero —ríe Sakura—, y eso que Sasuke intentó rajarse un par de veces. ¡Espero que Naruto al menos te invite a cenar con el dinero de Orochimaru, Sasori y Sasuke! Orochimaru se termina la cerveza y aulla:

—A mí lo que me joroba es haberme perdido el famoso «Te quiero» delante de todo el mundo! He oído que fue de novela.

—¡Cállense de una puta vez! —El grito de Suigetsu los sorprende a todos. Si yo no estuviera tan aturdida, también me habría sorprendido—. Que se jodan. Ya los ha aguantado bastante. Naruto da un paso más.

—Por favor, nena, di algo. Y con ese nena lastimero mi cerebro por fin conecta con mi boca.

—¡No te atrevas a llamarme nena! ¿Cómo ha podido hacerme esto? Eres... eres... No puedo... —Tengo tanto que decir que no consigo hacerlo—. No voy a decir nada porque eso es lo que quieres —replica con mucha más confianza en mí misma de la que siento.

Por dentro estoy que ardo y tengo el corazón en el suelo, bajo las botas de Naruto.

—Sé que la he fastidiado... —empieza a decir.

—¿La ha fastidiado? ¡¿Que la ha fastidiado?! —chillo—. ¿Por qué? Dime por qué. ¿Por qué yo?

—Porque estabas ahí —concurso. Y su sinceridad me destrozó un poco más—. Era un reto. No te conocía, Hinna. No sabia que iba a enamorarme de ti. Lo oigo hablar de amor y siento justo lo contrario que estas últimas semanas. La bilis me sube por la garganta.

—Tú estás mal de la cabeza. ¡Eres un puto enfermo! —le grito, y corro hacia la puerta.

Esto es más de lo que puedo soportar. Naruto me agarra del brazo y lo aparte de un empujón, me vuelvo y le cruzo la cara. Con todas mis fuerzas. Su expresión de dolor me produce una punzante satisfacción.

—¡Lo ha estropeado todo! —chillo—. Te has llevado algo que no te pertenecía, Naruto. Era para alguien que me quisiera, alguien que me quisiera de verdad. Era suyo, fuera quien fuera, y tú se lo ha robado... ¿por dinero? Me peleó con mi madre por ti. ¡Lo dejó todo! Tenía una persona que me quería, alguien que jamás me haría el daño que tú me has hecho. Eres un ser repugnante.

—Pero yo te quiero, Hinna. Te quiero mas que nada. Iba a contartelo. Intenté que no te lo explicaran. No quería que lo descubrieras. Por eso me pasé la noche fuera, convenciéndolos de que no te dijeran nada. Iba a contártelo yo, pronto, ahora que vivimos juntos, porque ahora ya no importa. Pierdo el control de las palabras que se me agolpan en la boca:

—Estás... Eres... ¡Naruto, por Dios! ¿Qué demonios te pasa, ¿eh? ¿Crees que está bien que vayas por ahí convenciendo a la gente de que no me lo cuente? ¿Que todo iba a ir bien si yo no me enteraba? ¿Crees que iba a perdonarte esto por estar viviendo juntos? ¿Por eso insististe en que mi nombre figurara en el contrato? ¡Por Dios santo! ¡Tú estás mal de la cabeza!

Todos los pequeños detalles que me hicieron darle tantas vueltas a todo desde que conocí a Naruto, todos apuntaban a algo así. Estaba claro.

—Por eso fuiste a recoger mis cosas a la residencia, ¡porque tenías miedo de que Karin me lo contara!

Todo el bar me está mirando y me siento insignificante. Destrozada e insignificante.

—¿Qué ha hecho con el dinero, Naruto?

—Yo... —empieza a decir, pero se calla.

—Dímelo —exijo.

—Tu coche..., la pintura... y la fianza del apartamento. Pensé que si... He estado a punto de contártelo muchas veces, en cuanto me di cuenta de que ya no era sólo una apuesta... Te quiero. Te he querido siempre, te lo juro.

—¡Guardaste el condón para poder enseñárselo, Naruto! ¡Les enseñaste las sábanas, las putas sábanas manchadas de sangre! —Me llevo las manos a la cabeza y me tiro de los pelos—. ¡Ay, mierda! ¡Qué idiota ha sido! Mientras yo repasaba mentalmente la mejor noche de mi vida tú les estabas enseñando las sábanas a tus amigos.

—Lo sé... No tengo excusa... Pero tienes que perdonarme. Podemos solucionarlo —dice.

Y me echo a reír. Una carcajada de verdad. A pesar de las lágrimas, me río. Me estoy volviendo loca. En las películas las cosas no son así. No soy capaz de guardar las formas. No estoy aceptando la noticia con elegancia, con una exclamación o una sola lágrima que desciende lentamente por la mejilla. Estoy llorando, tirándome de los pelos y apenas puedo controlar mis emociones o articular una frase.

—¿Que te perdone? —Me río como una histérica—. Me ha destrozado la vida. Lo sabes, ¿verdad? Pues claro que lo sabes. Ése ha sido siempre tu plan, ¿recuerdas? Prometiste que ibas a destrozarme. Pues enhorabuena, Naruto, lo has hecho. ¿Cuál quieres que sea tu premio? ¿Dinero, o prefieres que te busque otra virgen?

Se revuelve, como si intentara bloquear mi campo de visión para que no vea a los demás, que sigan sentados en su sitio.

—Hinna, por favor. Tú sabes que te quiero. Lo sabes. Vayámonos a casa, por favor. Vayamos y te lo contaré todo.

—¿A casa? Ésa no es mi casa. No lo ha sido nunca, lo sabes tan bien como yo. Vuelvo a intentar llegar a la puerta. La tengo muy cerca.

—¿Qué puedo hacer? Haré lo que sea —me suplica. Sigue mirándome fijamente a los ojos y se agacha. Durante un segundo no entiendo lo que hace. Luego veo que se está arrodillando ante mí.

—¿Tú? Nada. Ya no hay nada que puedas hacer por mí, Naruto. Si supiera qué decir para hacerle tanto daño como él me ha hecho a mí, lo diría. Y se lo repetiría mil veces para que supiera lo que se siente cuando te toman el pelo de esa manera y luego te hacen pedacitos.

Aprovecho que esta de rodillas para correr hacia la puerta. En cuanto la abro choco contra alguien. Alzo la vista y me encuentro con el rostro magullado de Sasuke, que todavía se está recuperando de las heridas que le causaron a Naruto.

—¿Qué pasa? —Me pregunto agarrándome de los hombros. Sus ojos viajando detrás de mí, ve a Naruto y ata cabos.

—Perdóname... —dice, pero lo ignoro. Naruto viene detrás de mí y tengo que salir del bar, tengo que alejarme de él.

El aire gélido azota mi pelo, que me tapa la cara en cuanto estoy fuera. Es una sensación agradable, y espero que también me alivie las emociones que me queman por dentro. La nieve ha cubierto las calles y mi coche. Oigo que Sasuke me llama:

—No estás en condiciones de conducir, Hinna.

Sigo intentando avanzar entre la nieve por el estacionamiento.

—¡Déjame en paz! ¡Sé que tú también estabas metido en la apuesta! ¡Todos lo estaban! —grito y busco las llaves del coche.

—Deja que te lleves a casa. De verdad que así no puedes conducir, y menos con esta tormenta —insiste. Abro la boca para gritarle, pero entonces veo que Naruto está saliendo del bar.

Miro al que creía que era el amor de mi vida, al hombre que creía que iba a hacer que todos los días ocurrieron especiales, salvajes, libres. Y luego miro a Sasuke.

—Está bien —le digo.

El clic del cierre centralizado del coche de Sasuke me dice que ya puedo subir, y rápido. En cuanto Naruto se da cuenta de que me voy con él, echa a correr hacia el coche. Su rostro se contorsiona de la rabia y, por el bien de Sasuke, espero que se meta en el coche antes de que Naruto nos alcance.

Sasuke se sienta tras el volante y arranca. Naruto hinca las rodillas en el suelo por segunda vez esta noche.

—Perdóname, Hinna. No tenía ni idea de que se nos iba a ir tanto de las manos... —empieza a decir Sasuke, pero lo corto.

—No me hables.

No puedo soportarlo más. No quiero oír nada más. Se me revuelve el estomago y el dolor de la traición de Naruto me desgarra por dentro y me debilita por segundos.

Estoy seguro de que si Sasuke dice una sola palabra no quedará nada de mí. Necesito saber por qué Naruto ha hecho lo que ha hecho, pero me aterra pensar lo que puede pasar si escucho hasta el último detalle. No he sentido nunca un dolor como éste y no sé muy bien qué hacer con él, si es que puedo hacer algo.

Sasuke asiente y conduce en silencio.

Pienso en Naruto, en Sakura, en Orochimaru y en toda la pandilla, y entonces algo cambia. Algo me hace mas valiente.

—¿Sabe qué? —digo volviéndome hacia él—. Habla. Cuéntamelo todo. Hasta el último detalle.

Sasuke estudia mis ojos un momento con expresión preocupada. Luego se da cuenta de que no tiene elección y dice en voz baja mientras nos metemos en la autopista:

—De acuerdo.

Creo que por algo Naruto siempre estuvo preocupado de que algo le dijeran, todo entre ellos habrá acabado o que pasara.

Fin de mi primer Fic. DESPUÉS DE AQUÍ TODO EMPIEZA

Espero les haya gustado y lean el siguiente que escribiré será la siguiente de este.