Entre la espada y la pared
Capítulo 1. Un caso más

Resumen: Si de algo estaba seguro Jubal era que, si descubrían que era un agente federal podía darse por muerto.


El brutal golpe le acertó en la boca y Jubal volvió a saborear su propia sangre.

Cuando había salido de la inconsciencia producida por el golpe en la nuca de antes, rápidamente descubrió que: uno, le dolía terriblemente la cabeza; dos, estaba atado a una silla en uno de los almacenes de atrás; y tres, le habían quitado la chaqueta, el cinturón y el reloj, también los zapatos.

Era curioso que eso último fuera lo que le hacía sentirse más vulnerable, y le daba la pista de que la intención de sus captores no era castigarlo, sino sacarle información. Si el prisionero se siente desvalido, es más fácil hacerlo hablar.

La pechera de su camisa barata estaba manchada de sangre por la ceja partida. Habían sido ya varios golpes en la cara y las costillas, pero aún no le habían preguntado nada. Parecía que sólo lo estaban ablandando un poco. Se le estaba hinchando un ojo pero lo que más le dolía, sin embargo, era el golpe en la cabeza. Estaba aturdido y le costaba enfocar la vista. Mucho se temía que sufría una conmoción.

En cualquier caso, después de lo que había averiguado ese mismo día, si de algo estaba seguro Jubal era que, si descubrían que era un agente federal, podía darse por muerto. Así que ya podía mantener la boca cerrada, le hicieran lo que le hicieran.

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Cuando aquel caso llego a la órbita del JOC, a Jubal le pareció simplemente un caso más. Una pareja de neoyorquinos influyentes habían denunciado por estafa a una agencia de adopción rusa por pedir grandes cantidades de dinero durante seis meses y seguir retrasando el plazo acordado de entrega del niño.

En otras circunstancias, habría sido asignado a la división de Fraudes, pero la implicación de bebes en la transacción potencialmente lo convertía en trata infantil, y eso era un delito muy serio.

Comenzaron investigando la agencia: Schastlivaya Vstrecha, Inc. El nombre era una romanización adaptada del ruso счастливая встреча y significaba "Feliz Reunión". Encantador. Sobre el papel todo parecía legal. Los niños habían sido entregados en adopción en Rusia y la agencia cobraba una tarifa no demasiado desorbitada de algunas decenas de miles de dólares por realizar todos los trámites, gestiones e interlocución necesarios con las autoridades rusas para entregar los niños a sus nuevos, ansiosos y adinerados padres. Sin embargo, la denuncia decía que la agencia había estado cobrando mucho más dinero bajo cuerda, supuestamente para evitar a los clientes tediosos viajes de naturaleza puramente burocrática al estado ruso.

Lo primero que les llamó la atención fueron las pocas adopciones que habían realizado desde que abriera la empresa. Sólo siete en año y medio parecía poca facturación para mantener una empresa abierta.

Fue Elise la que dio con la primera pista relevante, al descubrir que todos los papeles entregados a Servicios Sociales para documentar seis de aquellas siete adopciones eran, después de un minucioso análisis pero sin lugar a ninguna duda, copias manipuladas de la primera.

Fue entonces cuando Jubal ya empezó a tener un mal presentimiento con aquel caso.

Comenzaron a vigilar las oficinas de Schastlivaya Vstrecha, Inc. Montaron un puesto de vigilancia en otro inmueble cercano y recopilaron información las 24 horas del día.

Fue muy inquietante ver que se entregaba un bebé sin que se lo viera llegar en ningún momento.

La empresa se ubicaba en los bajos del edificio de almacenes de una empresa de logistica a cuyas bahías de carga llegaban camiones continuamente. Algunos de ellos cargados en el puerto con regularidad. Eso les llevó a pensar que tal vez los niños eran introducidos ilegalmente en el país y que incluso quizás eran arrebatados a sus familias en su lugar de origen.

Isobel y Jubal lo hablaron entre ellos y decidieron juntos encargar al equipo de Scott Forrester que investigaran la parte rusa de la operación. Aunque fuera casi imposible operar en Rusia, seguro que obtendrían cierta colaboración en un caso como ése.

Mientras indagaban además en la empresa de logística, surgió la oportunidad de colocar un agente infiltrado en la agencia. Uno de los informantes de Maggie, vino con la soplo de que en Schastlivaya Vstrecha estaban buscando alguien de confianza para cubrir un puesto de vigilante de seguridad. Parecía la ocasión perfecta para averiguar qué estaba pasando allí dentro.

Jubal se ofreció voluntario. Tenía experiencia como infiltrado, había pasado ya otras veces por alguien de ascendencia rusa, y entendía el idioma aunque no pudiera hablarlo con fluidez.

Para Isobel fue una decisión difícil. No es que dudara de su capacidad para cumplir la misión; estaba segura de que podría hacerlo con eficacia y profesionalidad. Pero, desde la muerte de Rina por el ataque orquestado por Vargas, Jubal había estado pidiendo más trabajo de campo, poniéndose más y más en en primera línea y buscando correr más y más riesgos. Era muy desasosegante la dinámica en la que parecía que se estaba metiendo.

En cualquier caso, Isobel no logró encontrar argumentos en contra ni ninguna alternativa que no los retrasara terriblemente. Habiendo infantes de tan corta edad en peligro, no quiso arriesgarse y, a pesar de la aciaga sensación que la invadía, decidió enviar a Jubal a hacer el trabajo.

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