Alguien está rascando su espalda…
Sorprendentemente, Shirou ha obtenido la habilidad de estar suficientemente agotado por el trabajo como para empezar a quedarse dormido justo después de que ese rascadero se detuvo.
Pero es insistente, vuelve sentir como esas inofensivas pero cosquilleantes garras lo refriegan por encima de la ropa sin dañar su piel, solamente haciéndole sentir cosquillas, suponía que pretender que era un sueño era demasiado ingenuo, desganado y con pesadez se da la vuelta para ver quien llama a su puerta trasera.
Al voltearse se encontró con los ojos bicolor de Michiru, quien tenía una expresión de desconsuelo, también con algo de cansancio, seguramente estuvo minutos completos premeditando el si debía despertarlo o no.
Intentando adaptar su vista a la oscuridad, logra ver sobre una cajonera junto a su borde de la cama, un reloj que marca las trecientas del día… o tres de la mañana para más informalidad, luego devuelve su mirada a la insegura chica que desprotege un poco su cuerpo de las sábanas, usa una playera añil y unos shorts naranjas que de no ser por la talla él también podría usarlos, su gusto en la ropa cómoda no ha cambiado en absoluto, aunque ese pronunciado estomago puede llenar esa holgada playera sin problemas…
Sin resistirse comienza a tocar el enorme vientre de seis meses de Michiru, obviamente apenándola y tentándola a darle un manotazo para que se detenga, pero también estaba bastante feliz de que siguiera considerándola atractiva…
¿Cuánto tiempo le tomo a ambos meter la pata desde la primera vez que se enredaron?, ¿tres… cuatro años? era difícil recordar, pero no era sorpresa para ninguno, en estos últimos años ambos se habían vuelto… impulsivos, MUY impulsivos, solo bastaba con que uno le diera una oportunidad, una señal, una palabra o un rose mínimamente sugestivo al otro y ambos desaparecerían al lugar más privado posible para bajarse el calor entre ellos.
Incluso en una ocasión el par de tortolos tuvieron que pagar una multa por indecencia publica, no era que no tuviesen un lugar donde hacerlo o que no pudieran pagar un motel, solo no pensaron en absoluto, además… Shirou conocía al oficial que los encontró en ese callejón en la noche, por lo cual fue como diez veces peor para él, después de aquello, juraría que cada vez que iba a la estación por el trabajo, uno que otro policía parecía murmurar y contener risas a sus espaldas, incluso el propio Tachiki soltó uno que otro comentario solo para molestarlo.
En fin.
Michiru juraba que se había mantenido al día con sus anticonceptivos, pero el lobo aún tenía en alto la posibilidad de que lo hubiese olvidado solo una vez, pero fuera del nuevo susto inicial, rápidamente empezaron a hacerse a la idea y decidieron tenerlo sin reservarse, esta vez el doctor Doyle (Obviamente descolocado) no pudo decirles que era un embarazo psicológico.
Viéndola con detenimiento, podía apreciar que la chica peli azul, que aun usaba su forma beastman pese a lo resaltante que era, a sus veintidós años, no había cambiado mucho, además de sumar un par de centímetros a su estatura, definir un poco su cuerpo y añadir un par de tallas a su sostén… aunque esto podría ser más a causa del embarazo.
Ah, ahora Shirou daba crédito a eso, el embarazo da miedo…
Había conocido gente durante un embarazo, pero nunca el tiempo suficiente para saber lo impredecibles que son, le aterraba desde la primera vez que la usualmente audaz, integra, temeraria y desafiante Michiru exploto en llanto de la nada en su oficina, al preguntar completamente alarmado por el motivo, ella le dijo acusante entre lágrimas y sollozos que la había ignorado por una hora completa como si estuviese harto de ella… ¿cómo contradecirla y decirle que ella acababa de entrar en la oficina? El único consejo de Melissa fue disculparse…
Y había otro motivo, uno que probablemente lo había despertado a esta hora…
"¿… hambre?" Pregunto en un susurro, ella asintió feliz pero sutilmente, era hora de sus responsabilidades de novio… si, no estaban casados, no han tenido tiempo de contemplar ese aspecto y aún hay ciertos detalles de su relación que una boda solo complicaría.
Se saco las cobijas de encima y se puso de pie en la penumbra, también había obtenido el habito de usar pijama, una playera gris, un pantalón a cuadros también gris y sandalias, tardo un poco en arrastrarse hasta el borde de la enorme cama y esperar a que Michiru lo siguiera, la cama era tan grande que Nazuna podía dormir aquí sin problemas, teniendo eso en mente evitaron despertarla a toda costa.
Claro, Nazuna estaba aquí… durmiendo cómodamente junto a Michiru, explicar el motivo era una historia muuuuy larga…
Que se puede resumir en que Nazuna, aun siendo una estrella, esta pasando por problemas igual que todas las estrellas…
No se preocupen tiene un empleo mientras tanto.
Salieron de la habitación maestra, pasando en un largo pasillo por la futura habitación del bebe y la de Nazuna… abajo estaban las habitaciones de Michiru y la suya… si cada uno no tenía su propia habitación la falta de privacidad haría que terminaran arrancándose las cabezas.
La habitación de Shirou destacaba por no tener cama, albergar su viejo sofá, un escritorio donde podía traer trabajo a casa, una computadora que adquirió por orden de la alcaldesa y su biblioteca privada… bueno, parte de ella.
Nazuna de su viejo departamento había traído su guardarropa, su enorme tocador, cama individual, etc.
Michiru se había limitado a tener un cuarto común y corriente, con una cama, una mesita, un escritorio, una computadora, solo lo básico, aunque la cancha afuera en el jardín parecía compensarla por algo.
Era bastante evidente que ya no estaban en la cooperativa, ahora el edificio era un lugar exclusivamente de trabajo, pero el trato de los Horner hacia ellos seguía siendo el mismo de familia, con la diferencia de la afectiva despedida al final de horas de trabajo…
Con respecto al origen de la casa…
La primera vez que abrió la boca y dijo "Una amiga de Barbara nos encontró un lugar, ¿quieres que vayamos a verlo?" Ella esperaba algo mucho más pequeño como se esperaría de la primera casa de una pareja, llegaron a un vecindario de aspecto modesto que le recordaba a su viejo hogar, esperaba que se detuvieran frente a alguna de las tantas casas de por ahí, solo para llegar y mirar pasmada la propiedad que la amable agente de bienes raíces quería venderles, pensó que habían tenido un malentendido con algunos ceros de más, pero Shirou no pareció alarmado en ningún momento.
Michiru no quito esa mirada de ojos de huevo tibio en todo el recorrido, mirando intimidada el tamaño de la estructura que sobresalía de las otras casas del vecindario, la cantidad de habitaciones o el tamaño del jardín de atrás…
En toda su relación ella nunca le había preguntado acerca de dinero, no quería parecer interesada u oportunista en ningún sentido, pero justo ahora tenía que hacerlo, antes de asumir que Shirou le había vendido su alma a la vendedora o a algún demonio con algún préstamo ridículo que él se creería capaz de pagar siendo inmortal.
Shirou solo se limitó a mostrarle su aplicación bancaria… la familia de Michiru no era pobre, pero no creía que sus padres o ella hubiesen visto tanto dinero nunca… ante la mirada petrificada de Michiru el mayor solo atino a sonreír suavemente.
"La alcaldesa no me paga con una palmadita en la espalda por cada trabajo suicida que hago para ella Michiru, y lo he hecho por más de diez años, también tenía otros trabajos antes de que Animacity existiera, esto es solo producto de acumulación…" Su mayor gasto era en libros, un apoyo para los Horner y un donativo anual a la caridad, fuera de eso no usaba mucho sus cuentas bancarias…
"oye, ya que hablamos de eso… si el dinero no te falta… ¿porque me cobraste lo de mi teléfono?" Pregunto evidenciando que estaba molesta, se refería a aquel teléfono de contrabando que Marie le había vendido a precio inflado hace años cuando llego a la ciudad, roto y restaurado una docena de veces, hasta que el firewall de la ciudad permitió la entrada del internet del exterior y pudo comprar uno nuevo… en aquel entonces Shirou le había recordado por más de tres meses que tenía que pagárselo por haberlo sacado a su nombre.
Shirou se sintió acorralado por un segundo, pero al final petrifico su expresión y dio una respuesta seca que sonaba tan seria que casi parecía verdad…
"tenía que ahorrar para nuestra casa" Aun si la verdadera razón era otra, no perdió la oportunidad de alardear.
Michiru solo hizo una mueca molesta antes de que esta se convirtiera en una risita, en vista de que estaba mejorando en eso de hacer bromas aceptaría eso por ahora.
Pero eso solo fue el inicio, sumando la casa, el mobiliario, cosas del bebe, cosas de ellos, los ahorros de Shirou empezaron a recibir duros golpes por el propio albino, Michiru se espantó del ritmo y la cantidad que Shirou gastaba en cada viaje a las tiendas, pero aun cuando intento frenarlo:
"Ese dinero nunca tendrá mejor propósito que este, ya estoy cansado de acumularlo" Le dijo de un humor bastante bueno, aun si ella no lo sabía, Shirou sentía que se estaba liberando, finalmente sentía que su vida iba a algún lado y tenía que prepararse para ello.
Aun con todas las dudas Michiru decidió dejarlo ser… para equilibrar las cosas, ella se ocupó de comprar la comida rápida en sus primeros días sin cocina.
Poco después Nazuna se mudó con ellos… tuvo más o menos la misma reacción de Michiru cuando vio este lugar.
Saliendo de su entrañable recuerdo ahora estaban en dicha cocina…
"Hambre" es un código secreto para antojo, Michiru odia la segunda palabra, porque la hace pensar que insinúa que come solo por comer.
"el malnacido pudín" Murmuro moviendo todo lo que interfiriera en su camino dentro del refrigerador, había una aterradora cantidad de dulces en el electrodoméstico, si buscaran en las alacenas encontrarían aún más, todas provisiones que habían comprado para anticiparse a los antojos de Michiru, que variaban desde dulces, comida estúpidamente picante como la tailandesa y la mexicana que eran escasas en la ciudad, también parecía entrañar la comida japonesa, pero lamentablemente el pudin no estaba en el menú.
Nazuna a veces se enojaba por encontrar tantos dulces en la casa, Michiru le había dicho que no tenía problema con que ella tomara lo que quisiera, pero para la idol era contraproducente cuando se suponía estaba bajo una estricta dieta.
"te dije que no había" Le recordó Michiru, pues era la segunda vez que ella bajaba a buscar, parecía dudosa de si fue buena idea despertar a Shirou, pero fue demasiado débil en su momento ante la idea del pudin "e-está bien así, volvamos a dormir" quiso cambiar de opinión, el peli níveo solo se levantó para ir a tomar su abrigo.
"mini-super…" Dijo antes de caminar a la puerta con toda la intención de salir en pijama y sandalias.
"son las tres, seguro está cerrado…" Lo tomo de la muñeca para evitar que diera un paso más a la salida, empezaba a apenarse por molestarlo.
"abren las veinticuatro horas" Respondió deteniéndose a mirar a una reacia Michiru.
"ya no lo quiero, cambie de opinión" Le juro con una sonrisa nerviosa.
"si no lo quisieras no lo hubieses pedido" Era su forma de decirle que era muy tarde para detenerlo.
"Shirou realmente no e…" Sin dejarla empezar a alegarle, se acercó a ella, la tomo de las caderas y le planto un beso en los labios, pese a la impresión inicial, esta cerro los ojos y lo abrazo por el torso entregándose a un ritual común entre ellos, las manos del albino abandonaron su cintura y se deslizaron abajo hacia su trasero dándole un suave apretón, era su forma de decirle que dejara de ser tan necia… al soltarla Michiru se sintió en las nubes.
"ve al cuarto, volveré en diez minutos" Le ordeno algo reprendiente, ganándose una mirada fastidiada de ella, le avergonzaba que la mimara tanto, era así desde que empezó a volverse torpe para moverse por su enorme vientre, roja como un tomate fue aguantando un puchero en dirección a la planta alta, Shirou la miro subir para asegurarse de que no se cayera.
"verlos a los dos me saca caries…" Nazuna dijo somnolienta desde la silla del comedor, su gusto en pijamas para el verano consistía en una blusa de tirantes blanca y unos shorts amarillos.
Fuera de haber teñido su cabello de vuelta a naranja con ese mechón rojo, haber crecido un par de centímetros y acentuar un poco su figura, Nazuna se veía como siempre.
"¿cuándo bajaste?" Realmente no la había visto, la había ignorado sin querer.
"mientras buscabas el pudín, quería agua" había un vaso de cristal ahora vacio junto a ella en la mesa, después de llevarlo al lavabo, esta pareció tener la intención de irse escaleras arriba.
Había tenido sus dudas en su momento, pero Nazuna realmente era de confiar cuando se trataba de ayudarlo a cuidar a Michiru, sorprendentemente estaban en muy buenos términos, al punto en el que Shirou no dijo gran cosa cuando Michiru le propuso mudarse con ellos.
La privacidad no era un problema después de todo y la casa se sentía mas viva con las dos como conjunto.
"oye…" Antes de abrir la puerta ella lo llamo de nuevo, la chica peli naranja parecía algo apenada de preguntar "¿me… traes un helado del super mercado por favor?" pregunto con cierta emoción infantil.
"¿estas embarazada?" Pregunto cómo una broma, aunque por su mascara usual esta no lo parecía.
En respuesta Nazuna solo vertió una mirada de muerte sobre él.
"helado de vainilla y pudin…" Sin evidenciar emociones se dio la vuelta y salió por la puerta.
Nazuna suspiro ventilando la ira asesina que estuvo a punto de apoderarse de ella, solo lo vio de espaldas hasta que salió, al menos recordaba cuál era su sabor favorito "patán…" lo llamo con una sonrisa antes de subir donde su mejor amiga.
Gracias por haberme acompañado hasta este punto, les agradezco su apoyo y sus comentarios, si tienen algo que decirme no se lo reserven, cualquier opinión me es buena de leer, había algo mas que tenia en mente, pero siendo franco no creo que encaje en la historia, así que tal vez se convierta en un One-shot.
Si quieren ver que resulto de este embarazo háganmelo saber, si es el caso, tal vez aun no terminamos aquí.
