Renuncia de derechos, los personajes que salgan aquí son de sus respectivos autores.

Una ínfima estela de resplandeciente luminiscencia solar penetró a través de una estrecha abertura ubicada en la rótula de aquella habitación, comenzaba un nuevo día que suscitaba intrínsecamente ilusión y esperanza.

Recostada mansamente sobre su cama estaba una adolescente de cabello rojo carmesí, cubierta por una aterciopelada sábana que dejaba parcialmente al descubierto sus grandes atributos.

Repentinamente se movió a la izquierda y luego a la derecha, sabiendo ya que su cuerpo le pedía levantarse pero ella se negaba rotundamente a complacer aquella voluntad, el sueño le tenía en cautividad.

Al instante, un círculo mágico se formó en el suelo de aquel cuarto y de ahí aparecieron dos muchachas: una chica azabache con el cabello recogido en una coleta con varios mechones en la frente, ojos violáceos, de enormes atributos y cuerpo voluptuoso y que además venía uniformada, y la otra era una muchacha de baja estatura, pelo color platino, ojos que tornaban a oro, cuerpo infantil y que vestía el mismo uniforme que su amiga.

Eran Akeno Himejima y Koneko Toujo, ambas estudiantes de la academia Kuoh, por otro lado eran la [reina] y la [torre] de Rías Gremory respectivamente, demonio de clase alta, heredera del clan Gremory y hermana menor del actual del Maou Lucifer o rey demonio Sirzechs Lucifer entre otras cosas, siendo así parte de su nobleza.

-Ara ara Buchou, ¿acaso te olvidaste de algo tan importante para ti? -preguntó Akeno suavemente, sentándose en el borde de la cama.

Koneko abrió desinteresadamente una barrita de chocolate y tranquilamente se la llevó a su cavidad bucal ofreciéndole aquella delicia a sus papilas gustativas.

Rías abrió lentamente sus ojos cerúleos como el firmamento, y arrugó la frente con molestia al recibir una porción de luz solar directamente en la cara, se puso en pie mientras su cuerpo estaba cubierto por una sábana.

-¿Qué ocurre hoy Akeno? -pregunto Rías bostezando tranquilamente, enseguida miró un calendario y vio que el día dieciocho, el actual, estaba marcado con un rotulador negro, se acercó para leer lo que estaba escrito sobre el calendario y chilló como una fangirl.-¡¡KYAAAA HOY ES EL DÍA!!

Akeno sonrió dulcemente, sabía que su ama estaría bastante contenta en aquella jornada.

Casa.

Un muchacho de cabello alborotado permanecía acostado tranquilamente sobre su lecho, hasta que una alarma irrumpió el silencio que reinaba en aquel cuarto.

Gruñó molestamente al escuchar aquel ruido y lo primero que hizo al despertarse fue apagar el despertador, se maldijo mentalmente por seguir con vida, sentía que no merecía la segunda oportunidad que le habían ofrecido pero habría que seguir adelante, cargando con el sufrimiento y la culpa hasta el fin de sus días.

Sus ojos ónix, antes atestados de ilusión e inocencia, ahora carecían de vida y estaban llenos de culpa. Su par de glóbulos oculares eran ahora un pozo sin fondo que reflejaba sufrimiento.

Se levantó de la cama en dirección a la ducha, donde pasó unos minutos y ya aseado, se vistió el uniforme de la academia Kuoh que le habían enviado por correo, su primer día en aquella academia tendría lugar en unas horas; el uniforme le quedaba un tanto apretado, marcándole algunos músculos pero no llegaba a resultar incómodo.

Caminó hasta el comedor, donde amontonó alimentos con el objetivo de tomar su desayuno, comía despacio, pues no quería que su estómago le jugase una mala jugada en su primer día, aunque aquello no le importaba.

Para desgracia suya, cayó en poco de zumo de naranja en la zona de su entrepierna.

-Maldita sea -siseó el muchacho con furia, siguió comiendo esta vez con menos ansias y más tranquilidad, aún le quedaba tiempo así que podía relajarse.

Una gata negra de ojos avellana rasgados caminó lentamente hacia él, la tomó en brazos y tras acariciarle el lomo la recostó en su regazo.

Aquella gata y sus caricias era lo único que le relajaba, nunca se preocupó en demasía por tener una mascota o algo parecido pero ahora sabía lo que significaba, pues la gata pocas veces se separaba de él, incluso veían películas juntos o comían al mismo tiempo, entre otras cosas, la gata se había encariñado bastante con él y recibía mimos del muchacho en todo momento.

Hacía un tiempo que el muchacho encontró a la gata negra completamente desnutrida en un antiguo y abandonado templo del Panteón del Shintō, por suerte no hubieron yōkai ni criaturas que le fastidiaran o le interrogasen.

Desde entonces comenzó a cuidarla y ambos forjaron una pequeña amistad, aunque cada uno mantenía un secreto que tarde o temprano saldría a la luz.

-Tengo que irme pequeña , luego nos veremos -habló el muchacho mansamente mientras tomaba sus cosas, le dio una ultima caricia a la gata y salió de la casa.

-Ojalá pases un buen día nya -susurró la gata soltando un maullido, iba a disfrutar de la leche que le había dejado su amo en un plato y luego esperaría con temple su regreso.-No entiendo como Go-chan vive con tanto dolor y tristeza, él es una gran persona nya~ -habló la gata gimiendo ante el placer que suscitaba en ella sorber aquel níveo lácteo.

Más tarde.

Tienda.

Rías y su séquito estaban esperando tranquilamente en la cola de una tienda de mangas, acababan de llegar nuevos números y volúmenes por la gente había acudido lo más temprano posible, cada cual quería comprar lo suyo antes de que se agotaran completamente y tuvieran que esperar de nuevo semanas o meses.

-Ara ara, parece que Buchou no es la única que ama los mangas en este pueblo -habló Akeno viendo a la cantidad de personas que esperaban tras ellos.

-Sshh Akeno que nadie te oiga -habló Rias con un diminuto sonrojo impregnado en sus suaves mejillas.

La puerta de la tienda se abrió y de ella salió un muchacho pecoso con una sonrisa mientras sujetaba un par de mangas.

-¡¡Al fin tengo el nuevo volumen de kimetsu no yaiba!! -gritó el pecoso contagiando parte de su emoción en la joven Gremory, quien avanzó a paso firme y se adentró en la tienda junto a su [torre] Koneko, quien esta vez estaba mordisqueando una tableta de chocolate, y su [reina] Akeno, quien tenía una imborrable sonrisa en los labios.

-Oh pero si es mi mejor cliente, ¿que tal ha estado señorita Gremory? -preguntó un hombre peliblanco de mediana edad que estaba sentado frente a un mostrador.

-Muy bien señor Takaeyamaeosudaki -habló Rías pronunciando lentamente aquellas palabras, en los primeros días le había costado horrores pronunciar aquel nombre sumamente extraño.

-Reservé los que me pediste la semana pasada.-el hombre saca varios mangas y los deposita en el mostrador, dado que Rías le había pagado lo correspondiente a su pedido con bastante antelación, ya se los podía llevar.-Son todos estos, espero que los disfrutes-Habló Takaeyamaeosudaki con una sonrisa.

-Téngalo por seguro señor -habló Rías tranquilamente con una sonrisa mientras tomaba los mangas en sus brazos.-¡Hasta la próxima! -gritó mientras salía de la tienda.

-Ara ara creo que no dormirás esta noche -dijo Akeno mansamente sabiendo que la pelirroja no taradaria mucho tiempo en comenzar a leer los mangas.

-Creo que Buchou es adicta al anime -habló Koneko sosegadamente y Rías bufó molesta al oír aquellas palabras mientras Akeno se reía alocadamente.

PAM.

Un choque se produjo entre un muchacho azabache y Rías, resultando esta ultima en el suelo y con sus mangas esparcidos.

-¡¡Deberías ver por donde caminas!! -gritó Rías indignada mientras comenzaba a recoger sus mangas.

-Perdón -habló el muchacho fríamente y enseguida Rías estableció contacto visual con él, observando a unos ojos carentes de emoción o sentimiento alguno.

Akeno se fijó en que llevaba el uniforme de Kuoh y además parecía ser nuevo en la ciudad, aparentemente.

Koneko sintió algo extraño en aquel muchacho, tendría que cerciorarse de que aquello era algo más profundo que una mera sensación, además...

Rías terminó de reorganizar sus mangas y se puso en pie, observando al muchacho con más detalle y destacó en él lo mismo que Akeno, ambas se miraron la una a la otra sabiendo que algo no era normal en él.

"Su ki es negativo, parecen ser demonios, me lo esperaba"-. Pensó el muchacho tranquilamente y prosiguió con su camino hacia la academia bajo la mirada atenta de las tres demonios.

-Rías... -habló Akeno con tono serio, diferente al de costumbre, la Gremory asintió y miró a Koneko, que parecía completamente alelada.

Koneko había percibido un olor familiar impregnado en el aroma del muchacho, en este momento no podía distinguir con claridad de qué se trataba.

-Vayamos a la escuela-Dijo Rías con tono firme y manso.

Puerta.

Una adolescente pelinegra vestida acrisoladamente con el uniforme de Kuoh, vigilaba desde la puerta principal la entrada de alumnos. Iba acompañada de una muchacha pelinegra portando lentes, cuerpo voluptuoso y que también portaba el uniforme femenino de la secundaria Kuoh.

Eran Sona Sitri, presidenta del consejo estudiantil y hermana menor de Serafall Leviathan, reina demonio del inframundo, y la otra era Tsubaki Shinra, vicepresidenta del consejo estudiantil de la secundaria Kuoh.

-¿De compras? -preguntó Sona tranquilamente mientras veía entrar a Rías sosteniendo varios mangas.

Sona sabía la adicción de Rías a todo lo relacionado con el mundo del anime o manga, era una "otaku".

-Ufufu algo así -habló Rías con voz serena, caminando junto a su nobleza en dirección a la parte antigua de la escuela, donde tienen lugar las actividades del Club de lo Oculto.

-Ara ara, Sona-chan estás muy linda hoy y tu también Tsubaki-chan -aagó Akeno con una sonrisa.

-Gracias, tu también lo estás Akeno -habló Tsubaki amablemente y tras aquello, los Gremory siguieron su destino hasta el antiguo edificio.

Sala.

-Veo que se retrasaron -habló un muchacho teóricamente rubio, de bellas facciones y que también vestía el uniforme de la academia Kuoh, era Kiba Yuuto, alias "el príncipe de Kuoh".

-Buchou se animó bastante -habló Koneko secamente, suscitando un sonrojo en su ama.

-Por otro lado nos topamos con un misterioso chico, probablemente sea un nuevo alumno, Koneko, encárgate de saber todo lo que puedas acerca de él, debemos saber si es o no una amenaza -habló Rías tranquilamente y Kiba asintió.

-Hai -habló Koneko y sacó de su bolsillo unos dulces que empezó a comer.

Minutos después.

Sona miró su reloj incesantemente y determinó que ya era hora de cerrar la escuela, pronto comenzarían las clases.

-Tsubaki, es hora de cerrar -habló Sona y la pelinegra asintió tranquilamente.

Tsubaki estuvo apunto de cerrar cuando un pie se interpuso en medio del cierre.

Sona se sorprendió ligeramente y alzó la vista para saber de quién se trataba, topándose así con unas bellas facciones desconocidas para ella. Lo que más le sorprendió fue notar la falta se emoción o sentimiento alguno en la expresión del joven, incluso sus ojos ónix parecían apagados y pálidos.

Tsubaki tuvo la misma reacción que Sona, sintió un escalofrío al sentir sobre ella la serena mirada del muchacho.

-Soy Sona Sitri, presidenta del consejo estudiantil de Kuoh, supongo que debes ser un nuevo alumno -habló Sona aparentando serenidad, aunque le intimidaba la presencia del chico.

-Sí -respondió fríamente el chico, y siguió caminando hacia su correspondiente aula de clase.

-Esto es bastante extraño -dijo Tsubaki y la Sitri asintió, algo no iba bien en este asunto.

-Lo mantendré vigilado -habló Sona secamente antes de adentrarse junto a Tsubaki al aula de clase.

Por otro lado, el muchacho llegó al aula de clase y se paró frente a la puerta, dio dos toques antes de recibir un "adelante" por parte del profesor y entró, siendo muchas féminas las que se habían sonrojado y varios chicos que lo miraban con envidia.

Pero sobretodo, dos miradas permanecían fijas en él.

-Bien, puedes presentarte joven -habló el profesor y el muchacho avanzó tres pasos hacia delante.

-Mi nombre es Son Goku y vengo del campo -habló el pelinegro secamente antes de irse al único sitio vacío de la clase ubicado en la última fila.

-Bien, es un placer tenerte en esta academia joven -habló el profesor con una sonrisa.-Saquen el libro de historia y ábranlo a la página veinte, "la edad antigua"

Goku siguió tranquilamente aquellas instrucciones dadas por el profesor, mientras ignoraba que estaba siendo observado por dos demonios, Rías Gremory y Akeno Himejima, las dos "Onee-sama" de la secundaria Kuoh.

Lugar desconocido.

Un ser veía tranquilamente lo que estaba ocurriendo en Kuoh desde su báculo, mantenía especial atención en Goku.

"Parece que Goku-san ha empezado con buen pie, puede que nunca vuelva a ser como era antes, puede que nunca vuelva a sonreír o siquiera sentir emoción alguna, carga con gran culpa y dolor, pero sólo así podrá aprender que sus actos tienen consecuencias, así podrá pagar por sus pecados y enmendar sus errores, para encontrar la paz que tanto ha deseado"-. Habló el ser y desapareció.

Fin del capítulo.

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