Sauvignon Blanc

Karin hundió más la cara en la almohada. Realmente ya no sentía la resaca, las píldoras que había comprado por la mañana habían hecho un trabajo espléndido, y junto con una dieta casi exclusiva de agua, se podía decir que estaba lista para lo siguiente combate contra el tequila.

En el entendido de que se tratara solo de eso.

Miró de nuevo la pantalla de su teléfono, el mensaje de Genma seguía ahí: la estaba invitando a cenar.

Gimoteó, sintiéndose completamente desgraciada, indigna de toda atención porque realmente quería ir, lo que estaba mal, considerando que su aniversario con Sasuke estaba en la puerta.

Pero Sasuke ni siquiera se acordaba.

Escondió el teléfono bajo la almohada, arropándose con el cobertor.

Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien con alguien, que ahora se sentía terriblemente mal.

Justamente estaba lamentándose, cuando alguien llamó a la puerta. Se trataba de Ino, según se anunciaba casi a gritos, así que dudó en levantarse, a ver.

—Es importante —le dijo —. Genma me mandó.

Desganada, se puso de pie para abrir antes de que armara un escándalo.

—Pide disculpas —le dijo la rubia entrando a la habitación —, dice que no fue su intención ponerte incómoda.

—Hay, no puede ser —resopló Karin —¿Ya te dijo?

—¿Qué te invitó, sin tacto alguno, a cenar al mejor restaurante de Konoha? Sí.

Karin volvió a dejarse caer en la cama, en la seguridad de su nido de cobijas.

—Así que pide disculpas, pero reitera la invitación, extendiéndola a mí, y mi novio.

—¿Cómo una cita doble es mejor que una cita normal? —preguntó enarcando una ceja.

Ino torció la boca, con una mano en la cadera, en una pose completamente teatral.

—Pues que seremos dos lo que cuidaremos de tu honra —resolvió con simpleza —. Te prometo que no te dejaremos sola ni un momento con él… ¡Por favor! ¡Quién sabe a quién sobornó para conseguir mesa con tan poca anticipación! ¡Yo nunca he ido!

Karin aguzó la mirada. No llevaba puestas las gafas, pero podía imaginarla perfectamente con sus enormes ojos azules suplicando como un cachorro desgraciado.

—¿Me vas a usar?

—Si quieres verlo así, de cualquier forma, no pierdes nada, al menos deja que el hombre se disculpe en persona y… ¡Oh por Dios! ¡El vestido negro que vimos en Versalles!

Quizás ese fue el incentivo, la debilidad más grande de su vida había aparecido hecha en punto acanalado 88% viscosa, 12% elastano.

Comprendiendo la banalidad de su impulso, se puso la almohada sobre la cabeza para ahogar su grito.

—¿Eso fue un sí? —preguntó Ino.

—Necesito bañarme —respondió Karin, levantándose perezosamente de la cama para entrar en el cuarto de baño.

El agua fría mitigó la sensación de hinchazón por haber estado acostada toda la mañana, incluso aclaró bastante sus ideas, convenciéndose de que la compañía de Ino y su novio hacía políticamente correcto el encuentro. Además, Naruto era su primo. No habían hablado nunca, pero ella conocía a su madre; la única mujer que intentó hacer algo por ella cuando quedó huérfana, pero la burocracia y su pronta viudez lo impidió.

Debido a la disposición del vestidor, pudo arreglarse lo más posible para salir. De cualquier forma, tampoco tenía que lucir especialmente espectacular para evitar los malos entendidos. A propósito de los cuales, tendría que poner los puntos sobre las íes, como debió hacer desde el principio, para que no se volviera a repetir eso.

Suspiró en cuanto se puso las gafas.

Tampoco era como si le quedara mucho tiempo en Konoha.

—Aquí vamos —se dijo, saliendo del vestidor.

Ino se había acomodado en el balcón que fungía como modesta terraza, revisando su teléfono con cierto desenfado.

—Ya estoy lista —anunció para llamar su atención.

La rubia se puso de pie en un salto, y enganchándose de su brazo, la jaló hacia la salida, como si temiera que fuera a cambiar de opinión, regresando a la seguridad de sus mantas.

.

Las empleadas de la tienda las recordaron al momento. Habían provocado una auténtica revuelta en los cambiadores, haciendo una suerte de pasarela en la que se habían probado casi todo y al final solo se llevaron un bolso.

En realidad, no estaban molestas por eso, de hecho, habían encontrado bastante entretenido el asunto, sugiriéndoles otros conjuntos y accesorios, de modo que, en cuanto entraron preguntando por esos vestidos negros, sabían perfectamente a qué se referían, y una de ellas, con la malevolencia que solo podía tener una experta en ventas, corrió a buscar los zapatos adecuados que, convenientemente, estaban en oferta.

Karin quería resistirse, pero su voluntad se quebró cuando Ino se probó los suyos.

—Esto es inaudito —se quejó una vez que estaban fuera de la tienda, con su ropa y zapatos dentro de las bolsas de papel reforzado.

—Vamos, el salón lo invito yo. Este vestido no se merece este peinado —respondió, extendiendo uno de sus mechones rubios, como si fuese una desgracia.

Karin aguzó la mirada, su modestia podía llegar a ser ridícula. La que tenía que preocuparse era ella, que tenía el pelo crispado y sin un planchado parecía chica rebelde de una banda de glam metal. Aunque cabía la posibilidad de que en realidad lo dijera por eso mismo.

El salón estaba dos niveles arriba, y para su fortuna no les pidieron cita previa, en parte porque no querían un corte ni ningún otro tratamiento complejo.

—¡No más por favor! ¡Aun tengo que pasar una semana aquí!

Ino se rio a carcajadas.

—Aun si lo quisiera, ya no hay tiempo, tenemos que irnos ya para llegar a tiempo.

No le mintió. Aun cuando Ino era originaria de esa ciudad y parecía saber por dónde moverse por rutas alternativas, les tomó casi cuarenta minutos atravesar toda la ciudad hasta aquél extraño monumento colosal que agrupaba varias caras de ciudadanos ilustres de Konoha.

—Lo que no sé —murmuró Ino inclinándose hacia el frente —, es por dónde puedo subir el auto, porque no creo que los comensales tengan que subir esas inmensas escaleras.

Karin se asomó por la ventanilla. En efecto, una inmensa escalinata, similar a la de los antiguos templos, flanqueada por farolas de papel, ascendía hasta lo que apenas se veía como un pequeño palacio al final.

Sin embargo, pese a la precaria iluminación, pudo ver a alguien empezando a subir.

—Pues, parece que sí…

—No me jodas…

En vista de que no pudieron encontrar el acceso vehicular, Ino aparcó en lo que parecía ser el estacionamiento, mirando con horror esa monstruosa escalera.

—¿Sabes que traemos zapatos nuevos? —preguntó Karin, pero Ino le devolvió la mirada con una sonrisa de suficiencia.

—¿Y tú sabes que traemos los otros zapatos en la cajuela?

Karin le devolvió la sonrisa, así que se cambiaron a toda prisa, pudiendo subir cómodamente, pues los vestidos eran realmente cómodos y permitían bastante movimiento.

El edificio estaba contrapuesto en un muro de piedra maciza que era un costado de una formación emergente, posiblemente una prolongación geológica de la montaña donde se encontraban esculpidos los rostros. El techo de la construcción prolongaba su terraza sobre la cima de esa roca, sobre la que algunos árboles habían conseguido afianzarse, una combinación de espacios interiores y exteriores bastante peculiar que combinaba un estilo tradicional, con la innegable modernidad.

—Este es el Kento-Umai —dijo Ino, notablemente con falta de aire, pero aun bastante digna y sin sudar, pero quedándose estática al ver una rotonda de acceso en la que otros comensales se bajaban y un ballet se llevaba los autos al estacionamiento de abajo.

Precisamente, era uno de esos muchachos a quien habían visto antes subir las escaleras.

La rubia se llevó una mano a la cara, visiblemente sonrojada.

—Genma jamás me va a dejar olvidar esto —se dijo.

Karin no supo qué decir, solo le pudo señalar una jardinera donde podrían cambiarse los zapatos de nuevo, y mientras lo hacían, el teléfono de Ino recibió un mensaje.

—Ya están adentro —dijo, arreglando un desperfecto imaginario en su peinado.

Guiadas por una amable anfitriona, por fin llegaron a la mesa que tenían asignada. Al verlas, Genma se puso de pie, e imitándolo torpemente, un muchacho rubio hizo lo mismo.

Karin fijó sus ojos inmediatamente en él.

Sintió algo extraño, lo más extraño que había sentido en toda su vida porque, era la primera vez que lo veía: Naruto Uzumaki, y era como si de alguna manera ya lo conociera. Quizás era esa misma animosidad que recordaba de su madre.

—Permítanme decirles —dijo Genma, abriendo una de las sillas para la pelirroja —, que se ven hermosas.

—Gracias —respondió Ino con coquetería —. Es lindo recibir un halago de vez en cuando —agregó mirando con reproche a su acompañante.

—¡Oye! —se quejó el muchacho —¡Yo te doy halagos!

Los otros tres rieron por la forma casi infantil de quejarse.

Hicieron las presentaciones pertinentes. Todos estaban al corriente de quiénes estarían presentes, pero dado que no era de manera formal, les pareció que sería lo más adecuado.

Uno de los camareros pronto apareció con un plato de aperitivos.

—Ya confiesa —dijo Ino mirando a Genma —. ¿Cómo conseguiste una reservación con tan poca anticipación?

Genma sonrió tímidamente, algo que solo lo hizo más absurdamente encantador.

—No la conseguí "tan de pronto" —respondió —. La tengo desde hace un tiempo.

—Sí, le iba a pedir matrimonio a su novia aquí.

Ino y Karin casi escupieron lo que estaban tomando en ese momento, y la rubia se giró con cierta violencia pellizcando el brazo de Naruto que no pudo evitar el quejarse más alto de lo recomendable para el lugar en que estaban.

—¿Cómo diablos sabes eso? —le preguntó entre dientes.

—Pues llegaron tarde. Teníamos que platicar de algo, dattebayo.

Karin se cubrió el rostro con una mano. Estaba tan avergonzada. Era claro que él solo no quería perder la reservación tan difícil de obtener.

—Pero no tenías porqué traerlo a tema así nada más—insistió Ino.

—¡Vamos! —se quejó Naruto —. Es como dice la película, no se le va a quitar lo muerto

Ino volvió a pellizcarlo. Sin embargo, Genma solo se empezó a reír.

—No pasa nada —dijo —. Lo peor ya pasó.

Intentando resarcir la falta de tacto de su novio, Ino se giró hacia él, extendiendo la mano hasta tocar su antebrazo.

—Solo dime, por favor, que no murió.

Fue turno para que Karin la codeara a ella.

—¡Son tal para cual! —exclamó, refiriéndose a Naruto.

—No, para nada —respondió el otro antes de que todos empezaran a golpearse —. Solo se fue, tenía otros planes para su vida. Había pedido algo para esta noche, ya que estamos acá, sería una pena no aprovecharlo.

Los tres invitados se animaron con la idea, y deduciendo que se trataba de una botella, le preguntaron por su sugerencia ideal para la cena. Pronto, el tema cambio para centrarse en la carta, y confiando plenamente en su palabra de conocedor de la materia, o al menos por ser el de mayor experiencia, los cuatro ordenaron lo mismo.

Otras dos entradas llegaron antes que el platillo principal, pero se encontraban demasiado a gusto como para medir el tiempo, y cuando los platos finalmente llegaron, lo recibieron con el apetito bien abierto.

—Entonces —dijo Karin mirando su plato; un hermoso filete de pez mandarín rebozado, tan perfecto que casi parecía dorado, con un aromático aroma a jengibre y cebolleta—. ¿Es hora de la botella?

Genma asintió e hizo una seña al camarero para que se acercara con el pedido. El hombre se presentó con una botella en mano, sellada por completo y exhibiéndola ante él para que corroborara que era lo que había pedido.

—Castelo de Medina Sauvignon Blanc —anunció el camarero con todo orgullo, procediendo a hacer un verdadero ritual para el descorche.

Sin embargo, en ese momento, Karin solo podía pensar en una única cosa, lo mismo que no quería pensar desde la mañana: tenía otros planes para su vida.

¿En qué momento la novia de Genma comprendió que no querían lo mismo y que no quería ceder?

¿Acaso asumió que él no querría cambiar sus planes, o lo hablaron?

Recibió su copa, meciéndola suavemente.

¿Acaso pensaba dejar el anillo en el fondo de la copa? ¿Oculto en el domo del plato del postre? ¿O sería más clásico y se pondría de rodillas con la caja en mano?

Esos pensamientos simplemente le llevaron a una única conclusión: Sasuke jamás le iba a pedir matrimonio, porque querían cosas diferentes para su vida.


Comentarios y aclaraciones:

¡No puedo creer que haya abandonado esta historia tanto tiempo! ¡Mil disculpas! ¡No ha sido a propósito! ¡De verdad!

¡Gracias por leer!