Black Lager
La risa de Naruto se podía escuchar por toda la estancia, Ino trataba de callarlo, pero ella misma luchaba contra su propia carcajada.
Genma se había llevado la mano a la cara, completamente avergonzado, mientras que Karin no sabía si golpearlo o lanzarse de cabeza por el mirador del restaurante.
La imitación que Naruto había hecho de una situación hipotética en la que Sasuke explicaba por qué se había ido del país, era incluso para ella la más certera, con todo y que el argumento central recaía en que alguien había tomado de la nevera un onigiri que había reservado.
—No me creo que tenga novia —dijo Naruto, cuando parecieron recobrar la compostura.
Karin pensó en cambiar de tema, pero quizás sería una manera de averiguar por qué nunca hablaba de Konoha, su familia, o quienes fueron sus amigos.
—Sasuke tiene un carácter peculiar —respondió Karin —. Cuando todo sale como quiere puede ser encantador, pero no perdona fácilmente los errores.
Eso último hizo que Ino pareciera levemente incómoda, incluso Naruto desvió la mirada, apresurándose a exclamar algo totalmente diferente.
—¡Vamos al karaoke! —exclamó.
—Naruto, pasa de la media noche —se quejó Ino.
—¡Aún es temprano! ¡Y dijiste que mañana no trabajas! ¡Vamos Karin-chan! ¡Te irás pronto! ¡Hay que pasar tiempo de calidad!
Ino dejó escapar un suspiro, realmente intentaba mostrarse fastidiada, pero era claro que no lo estaba. Karin sintió que se sonrojaba, los ojos azules de la chica tenían un brillo como el que bien se describía en alguna novela romántica, como si ese rubio escandaloso fuese el sol de su mundo.
Sacudió un poco la cabeza, realmente era extraña la forma en la que había intimado con una completa desconocida que, además, era su competencia laboral por un importante contrato. Sin embargo, en ese momento, en ese lugar, cualquier otra cosa que no fuera pasar un buen rato, palideció al instante.
Estaba demasiado a gusto como para irse a encerrar en el hotel hasta que llegara la reunión definitiva.
—Por mi está bien —dijo al final, girándose hacia Genma, que solo sonrió nerviosamente.
—¿Me creerían si les digo que nunca he ido a uno?
Naruto lo miró como si le acabara de confesar que creía ciegamente en Papá Noel, e Ino le hizo segunda.
—Nos vamos ahora mismo—ordenó la chica.
Genma se negó en rotundo a siquiera dejarles ver la cuenta, insistiendo en que eran sus invitados, de hecho, Karin se enteró en ese momento que existía la posibilidad, como en un hotel, de dejar una tarjeta previamente, de modo que se hiciera el cargo correspondiente sin que el mesero llevara el ticket en la cartera de piel.
¿Qué tenía Konoha en contra de las tradiciones mundanas?
Para cuando salieron del restaurante, y tal como Ino lo había previsto, los dos muchachos no pudieron evitar reírse solo de imaginarlas subiendo la infernal escalinata
—¡Yo te dije que nunca había venido! —chilló Ino, completamente colorada, tanto que casi alcanzaba el tono del labial.
—¡Pero es de sentido común! ¡Dattebayo!
Apenas Naruto terminaba de decir eso, cuando claramente se arrepintió, faltándole poco para esconderse detrás de Genma cuando el rostro de su novia pareció transformarse por completo.
—¡Nos vemos abajo! —dijo, ofendida.
—No pensarás bajar caminando o, ¿sí? —preguntó Genma —. Déjame acercarte al estacionamiento.
Para ese momento, uno de los ballet le entregaba las llaves de su auto.
Ino, no obstante, estaba determinada a hacerlo, incluso con los zapatos altos. Solo que Karin no estaba demasiado dispuesta a seguirla, así que la tomó del brazo, y la jaló hacia el auto.
No sin algo sin algo de aire de diva, Ino se subió con ella en la parte de atrás, mientras que Naruto hacía de copiloto.
—¿También tú lo dejaste abajo? —preguntó Karin.
—Yo vine en taxi —explicó con simpleza —. Si Ino-chan traía el suyo, tendríamos un montón de autos sin propósito.
Karin no encontró fallas en su lógica, y a medida que la escandalosa conversación sobre el mejor sitio al que ir, se dio cuenta de que estaba genuinamente emocionada, y nada más llegar al estacionamiento de abajo, ya parecían un grupo de estudiantes de preparatoria.
—Vete con tu mejor amigo —dijo Ino colgándose del brazo de Karin para llevársela con ella—. Nos vemos allá.
Naruto hizo un mohín, pero como la chica no le dejó margen para discutirlo, no le quedó más remedio que irse con Genma.
—¿Lo ves? —dijo Ino con una sonrisa de complicidad —. No te dejaré a solas con él.
Las dos se rieron y fueron detrás del impecable Lexus negro de Genma.
Naruto había elegido el lugar, un edificio cubierto en toda su fachada por luces de neón de múltiples colores y una inmensa pantalla que transmitía la repetición de algún concierto.
La encargada los vio con algo de extrañeza por el atuendo de gala que los cuatro llevaban, pero cuando Naruto pidió una cabina en especial, pareció comprender y los llevó hasta el último piso, donde la cabina disponía, además, de un balcón privado, un jacuzzi y un mini bar.
—Naruto, esto es un motel —se quejó Ino.
—¡Claro que no! —se defendió el chico —. Esta es solo la sala VIP.
Karin, sin embargo, estaba genuinamente emocionada, dando saltitos por el inmenso espacio que era la sala semicircular que albergaba la máquina y una enorme pantalla. El aire circulaba perfectamente, no olía a cigarrillos ni cerveza rancia, así como tampoco hacía demasiado calor, ni demasiado frío.
El tapiz de los sillones estaba impecable, la alfombra no tenía manchas de ningún tipo, y la mesa al centro casi le devolvía su reflejo.
La mujer les preguntó si esperaban a alguien más, y luego de recibir la indicación de que no, y que dejara correr el tiempo, les dejó a solas.
Casi enseguida Naruto se quitó el saco, el corbatín y se remangó la camisa hasta los codos, apuntándose primero para escoger un par de canciones.
—Esos refrigeradores tienen un sensor —dijo Genma a Ino —. Si algo del interior se mueve, se anota a la cuenta enseguida.
La rubia arqueó una ceja. Esa era una información útil de conocer, sin embargo, igualmente abrió la puerta y sacó una botella de cristal ambarino con etiqueta dorada, para verla mejor.
—Mira —le dijo a Genma —. No tienen cervezas corrientes. Es raro ver una black lager de calidad.
Genma la atrapó al vuelo y con un gesto le dio el visto bueno.
—Créeme, si Naruto canta, vamos a necesitar varias de estas.
—¡Te escuché! ¡Dattebayo! —gritó Naruto con un tono ligeramente aniñado a la vez que empezaba la música de fondo, sin embargo, no se puso a cantar —¿Quieren ver el jacuzzi? —preguntó con picardía, entrecerrando los ojos debido a la enorme sonrisa.
No esperó respuesta, tan solo saltó de nuevo a la sala, empujó la mesa de centro y presionó un botón de la misma consola. Enseguida, el piso se abrió como en espiral, revelándose el amplio jacuzzi que empezó a llenarse.
—Por todos los cielos —dijo Karin, acercándose —¡Esto es una locura!
Ino y Genma también se acercaron, llevando las cuatro botellas en mano.
—No hay destapadores —dijo Genma.
—¡Voy a pedir uno! —exclamó Naruto.
—No es necesario.
Genma juntó los cuellos de las botellas, haciendo que las tapas metálicas coincidieran de alguna manera, y después, con un solo movimiento, como si girara una perilla, las dos se abrieron.
—¡Sabiduría ancestral de barman! —exclamó Ino.
—No —respondió él entre risas —. Truco de universitario.
—Yo las sé abrir con una llave —dijo Karin con un infantil orgullo, y para demostrarlo, hurgó en su bolsa, sacó su llavero y abrió una de las botellas que llevaba Ino.
Naruto tomó la que quedaba y se la llevó a la boca, como dando un mordisco a la tapa, cosa que hizo chillar a las chicas.
—¡Te vas a romper un diente! —chillo Karin.
—¡O a dañar el esmalte! —secundó Ino.
Naruto rio a carcajadas y sin quitarse la ropa, se metió en el jacuzzi.
La rubia se acercó con desconfianza, tenía la sospecha de que la iba a hundir, pero igualmente se quitó los zapatos y se sentó a la orilla, recogiéndose el vestido lo suficiente como para no mojarlo, e invitó a Karin a hacer lo mismo.
Haciéndose con el micrófono, que fungía también como un tipo de mando a distancia, Naruto volvió a escoger una canción, y empezó a cantarla con una no tan mala afinación.
Por su parte, Genma, aunque también se quitó el saco, permaneció sentado en la sala, a escaso medio metro del borde del jacuzzi.
—No estoy seguro de poder hacerlo —confesó.
—¿Por qué? —preguntó Karin, meciendo los pies en el agua burbujeante.
Genma se inclinó al frente, con una de sus encantadoras sonrisas en los labios.
—Es que soy bastante tímido.
—¡Mentiroso! —exclamó Ino, tomándolo desprevenido para poder jalarlo, aunque, por la distancia y el propio peso de Genma, debió usar todo su cuerpo para cuando menos hacerle caer de rodillas, y no fue sino con ayuda de su novio, que consiguieron zambullirlo en el agua.
Por la inercia del movimiento, había caído de cabeza, llevándose a las dos chicas consigo.
Ino salió primero, quejándose de se había arruinado el maquillaje, Naruto la atrapó en sus brazos burlándose de la máscara de pestañas corrida.
Karin también se estaba riendo, con todo y lo infantil que estaba resultando todo eso. Seguramente también tenía la cara hecha un desastre y el pelo volvería a su estado salvaje de siempre. Entonces abrió los ojos: tenía a Genma frente a ella, con la camisa completamente pegada al cuerpo, echándose el cabello hacia atrás ¡y esa sonrisa! Sintió que su corazón había dado un vuelco y eso la aterró.
Tanto que, sin más, tomó sus zapatos y salió corriendo de ahí.
.
El taxista no hizo una sola pregunta sobre el motivo por el que estaba empapada, por el contrario, encendió la calefacción y se mantuvo en silencio todo el viaje. A modo de agradecimiento, y disculpa por haber mojado sus asientos, le dejó una generosa propina.
Su corazón no dejaba de latir aprisa, sentía la imperiosa necesidad de llorar, de llamar a Genma y decirle que era un idiota, de volver con los chicos y a la vez, de subirse a un avión de vuelta a Oto.
Solo una vez había sentido algo así, tan abrumador, tan devastador…
Con los zapatos aun en la mano, el vestido pegado al cuerpo y el cabello hecho un desastre, abrió la puerta de la habitación, sintiéndose paralizada un momento al darse cuenta de que las luces estaban encendidas y se escuchaba ruido, así que, decidida a usar el tacón como arma, entró despacio.
—¿Por qué estás mojada si no está lloviendo?
El zapato cayó al suelo junto con la bolsa que desperdigó su contenido en el suelo.
—Sa… suke.
—Llevo horas esperándote, te llamé, pero tu teléfono está apagado.
Sasuke Uchiha apagó el televisor, mirándola por sobre su hombro dada la posición del sofá.
—Yo… es que se quedó sin batería.
—Recuérdame comprar unas baterías externas, las venden en cualquier tienda de electrónica.
—Sí, está bien.
El chico se puso de pie, estirando los brazos a un lado y el otro, lo que enfatizaba el tiempo que llevaba ahí.
—¿Cómo entraste? ¿Solo te dejaron pasar sin más? —preguntó, incapaz de asimilar la situación con la naturalidad que debería.
—La tarjeta con la que hice la reservación está a mi nombre. Obviamente me dieron una llave de acceso.
—Claro, sí, eso tiene sentido.
—¿Qué diablos te pasa?
—¿Qué? ¿Por qué?
—Estás actuando raro, ¿llegué en mal momento?
—¡No! Es solo que creí que ibas a estar con Suigetsu en Ame.
Sasuke resopló con fastidio.
—El idiota está internado por una peritonitis.
—¿Suigetsu?
—No, el proveedor.
Por un momento, Karin consiguió dominar sus pensamientos, y se animó a sonreír.
—¿Entonces lo pensaste mejor y decidiste pasarlo conmigo?
Él se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. Sin embargo, Karin miró el reloj del muro que en su carátula tenía también un calendario que marcaba el día y la fecha. Lo que era bastante útil considerando que había viajeros de distintas zonas horarias.
"Es hoy", pensó.
—Entonces… ¿hacemos un plan rápido para mañana? O bueno, hoy en realidad.
—El único plan es esperar a que se anuncie la decisión.
—¿Solo eso?
—Tú puedes hacer lo que quieras —le dijo —. No es como si alguna vez me haya importado si te vas de fiesta, siempre que cumplas con lo que tienes que hacer.
Karin se sintió más fría de lo que estaba realmente, como si todo sentimiento de calidez la hubiera abandonado. Desvió la mirada hacia su novio, el chico con el que salía desde la universidad, con el que se había imaginado una vida feliz juntos hasta que fueran muy ancianos, el mismo que apenas hablaba de su vida en Konoha, que nunca había hecho el mínimo intento por presentarla a su familia y ni siquiera se acordaba de su aniversario.
—No, está bien.
Lentamente caminó a la recámara. Quería una ducha tibia para quitarse la sensación de entumecimiento. Sin embargo, se detuvo a un par de pasos.
—Sasuke —susurró.
El respondió con un monosílabo inentendible, únicamente para hacerle saber que la escuchó.
—¿Por qué te fuiste de Konoha?
No hubo respuesta.
—Ya que estamos aquí, ¿me presentarías con tus padres?
Tampoco hubo respuesta.
Karin miró la hermosa alfombra bajo sus pies.
—Sasuke —repitió con la voz quebrada —Yo…
Las palabras se atoraron en su garganta, se giró lentamente, quería hacer eso de frente.
Sasuke la miraba impávido, con las manos en los bolsillos del pantalón. Su semblante frío, distante, ajeno por completo a todo lo que la agobiaba a ella.
Hacía tanto tiempo que no se divertía tanto…
—Conocí a alguien más.
El espantoso silencio que se formó entre ambos acabó de fortalecer su determinación.
—Quiero darme una oportunidad con él.
—¿Estás rompiendo conmigo? —preguntó al fin.
—Es lo correcto. Esta no es una relación abierta, eso acordamos al principio.
Sasuke se encogió de hombros otra vez.
—¿No vas a decir nada? —preguntó Karin, casi llorando.
—No es como que te pueda obligar a estar conmigo.
Sasuke se adelantó a la habitación, sacó una maleta del armario, metiendo lo que ya había desempacado.
—Sasuke…
Solo se detuvo el tiempo suficiente para dejar la tarjeta de acceso en una de las mesas que tenía un jarrón con flores frescas.
—Te veré el lunes, supongo.
Karin se dejó caer de rodillas.
¿Qué acababa de hacer?
Comentarios y aclaraciones:
Pobre Sasuke, apenas aparece y ya se va.
Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.
¡Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.
Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!
Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.
¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto
¡Gracias por leer!
