Mimosa
Itachi entreabrió los ojos en cuanto fue consiente de la respiración tibia que rosaba su espalda y le tomó solo una fracción de segundo comprender qué era lo que estaba sucediendo. Se giró despacio, estirándose y pasando el brazo a su nuca.
Su hermano no estaba realmente abrazándolo, envuelto en las sábanas hasta la nariz, se encogía sobre sí mismo. Lo hacía desde pequeño, usualmente abrazado a un dinosaurio de felpa, pero en ese momento solo tenía una almohada entre los brazos.
—Sasuke, despierta —le dijo sin levantar demasiado la voz.
En cuanto el chico abrió los ojos, dándose cuenta de lo cerca que estaba, inmediatamente se echó para atrás.
—Lo siento, duermo acompañado…
—Ya no más. Anoche te terminaron, ¿recuerdas?
Sasuke gruñó dándose la vuelta para volver a dormirse, no tenía ánimos en absoluto para nada y se trataba de un día libre porque, aparentemente, el comité estaba más preocupado por la variedad de canapés que podrían servir durante la cumbre, que por una propuesta de seguridad.
¿A quién le importaban lo terroristas de Amegakure? A él no.
—No te vuelvas a dormir, nos esperan para desayunar —siguió diciendo Itachi mientras se levantaba de la cama.
—No tengo planes para hoy.
—Mamá piensa diferente.
Súbitamente Sasuke se incorporó recargándose en los codos.
— ¿Le dijiste a mamá que estaba en Konoha? —preguntó con el ceño fruncido.
—Yo no. Me parece que alguien te vio anoche, y se lo contó a otro alguien que acabó por decirle a ella, y me llamó para confirmar. No esperabas que le mintiera, ¿o sí?
Itachi sonrió de medio lado. Cuando estaba adormilado, Sasuke parecía olvidarse de mantener el semblante antipático, así que estaba considerando la idea de tomarle una foto a su expresión enfurruñada de niño malcriado.
Su teléfono sonó, y en el instante en que desvió la mirada para leer el mensaje, Sasuke saltó de la cama dando largas zancadas para entrar primero al cuarto de baño. El ruido del agua en la ducha le dio la oportunidad de hacer la llamada que le estaban solicitando con bastante discreción.
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Bañado, arreglado con saco y corbata, y enfurruñado, Sasuke no podía creer que se sintiera como si tuviera ocho años de nuevo y le estuviesen obligando a ir al almuerzo dominical con sus parientes, que conformaban la mayor parte de la compañía.
Huir no era una opción, ante cualquier cosa, tenía que demostrar que era todo lo que ellos nunca habían creído que lograría.
Desde la ventana del auto, no le tomó más de diez minutos darse cuenta de que no iban a la casa, así que miró a su hermano con dureza.
—Después de todos estos años, pensé que sería mejor un lugar más neutral.
Sasuke frunció aún más el ceño, apenas emitiendo un gruñido bajo a modo de respuesta. No era como si un objeto inerte o un lugar tuvieran un desarrollado sentido de la soberbia que pudiese competir con el de sus padres.
—¿Papá también va a estar ahí?
Itachi respiró profundamente.
—Sí... también Sarada.
—¿Al padre del año le prestaron a su hija? ¿Cuánto te costó?
Fue turno de Itachi para juntar las cejas.
—Sakura no es esa clase de persona.
Ya esperaba que fuese una situación incómoda, y que su hermano menor no pusiera las cosas para nada fáciles, pero la perspectiva de una planificación teórica siempre podía variar en la práctica, y eso lo había aprendido mucho tiempo antes de siquiera pensar en trabajar en el rubro de la seguridad.
Lo único que quedaba, era la esperanza de que los sentimientos por su madre permanecieran aún debajo de la capa fría que se había formado en su temperamento y seguramente reforzado desde la noche anterior.
Cuando conoció a Karin, le había dado la impresión de que pudo abrir una brecha, y pensó que podía meterse también por ahí, aunque a medida que charlaban, se percató de que ella no parecía demasiado consiente de muchas cosas sobre Sasuke, y la noche anterior confirmó por completo que su tonto hermano menor, la había mantenido al margen de su drama personal.
No la culpaba por hartarse.
Sin embargo, cuando lo vio parado frente a su puerta con maleta en mano, le dio la impresión de ni siquiera sabía cómo debería sentirse.
Se había limitado a decir que no había habitaciones disponibles, ni en ese ni en ningún hotel y no tenía un auto en el cual dormir.
Apagó el motor del auto al tiempo en que suspiraba.
—Vamos —le dijo, aunque Sasuke ya estaba abajo, alisándose el saco.
El restaurante que habían elegido gritaba el nombre de su madre en todos sus detalles: desde los inmensos arreglos florales que llenaban el aire con un olor dulzón, hasta las lámparas de cristal que colgaban del techo.
Pasando la recepción, cuando Itachi los anunció y la señorita los condujo a la mesa reservada, el olor de las flores se mezclaba también con el de café y bollería, quizás la nota sofocada de algunos huevos escalfados con salsa blanca, pero sobre todo tocino y salchichas, lo que sería la especialidad del lugar.
Sasuke la vio antes que ella a ellos, su madre se veía exactamente igual que la última vez que la vio, salvo porque no estaba molesta, acusándolo de inmaduro e infantil, sino indicándole al camarero cómo quería alguna cosa, seguramente insignificante.
Si no fuera porque se pondría en ridículo, muy seguramente se levantaría a hacerlo ella misma.
A un lado, su padre miraba con indiferencia la carta, y al otro estaba la hija de Itachi. Que conseguía tener un diabólico parecido con él mismo, según recordaba sus propias fotos de la infancia.
—¡Sasuke! —exclamó su madre cuando los separaban apenas una mesa.
Rápidamente se puso de pie y fue a abrazarlo. Él, sin embargo, solo se quedó quieto, levantando levemente un brazo, apenas tocándola. Miró con recelo a Itachi, tenía una mente perversa, no había pensado en un lugar público porque le preocupara que se sintiera agobiado en la propiedad familiar, todo lo contrario, sabía que no montaría una escena en público y usaba la presión social para mantener su comportamiento en el margen de lo aceptable.
Itachi pasó el brazo por los hombros de la niña que lo miraba fijamente.
—Sarada, este es tu tío Sasuke. Sasuke, ella es Sarada.
Sasuke la miró, incapaz de decidir cómo debería saludarla, ya que hacerlo como haría con cualquier adulto que recién le presentaban le pareció ridículo, y al parecer la niña tenía el mismo problema, ya que miraba a su abuela y a su padre alternadamente, aunque fue el propio Fugaku, harto del innecesario suspenso, que indicó a todos que se sentaran.
—¿Cómo va tu empresa? —preguntó sin rodeos.
Sasuke respiró con alivio. Podía hablar de eso más que de cualquier cosa.
—Bien. Esperamos que a final de año podamos concretar un par de proyectos más.
—¿Piensas cotizar en la bolsa de valores? Sería bueno por el prestigio.
—Supongo.
—Chicos, por favor —interrumpió Mikoto —. Hace mucho tiempo que no estamos reunidos como familia, ¿podríamos no convertir esto en una junta?
—Pues si tú insiste en abrir viejas heridas...
Itachi se llevó una mano al mentón.
El factor humano impredecible, tendría que ser su padre.
Sasuke, sin embargo, apenas esbozó una sonrisa.
—¿Por qué estaría aún molesto? —preguntó.
—¿Por qué ni si quiera has llamado? —contra atacó su padre.
—¿Para qué lo haría? Fueron muy claros respecto a que no querían saber.
—Sasuke...
Sasuke levantó la mano, antes de que su madre empezara a hablar.
—No estoy molesto —dijo con tranquilidad —. Pero tampoco veo propósito a compartir mis proyectos con personas que no creen en ellos. He trabajo mucho esto, y quizás no he logrado todo lo que les juré ese día, pero sé que lo haré, porque encontré personas que comparten mi visión...
La pausa que siguió a esa declaración pudo haber sido entendida como el final de su declaración. Sin embargo, Itachi se percató que algo había interrumpido sus pensamientos. Rápidamente buscó el origen y no le costó reconocer la cabellera roja al otro lado del salón.
Sasuke volvió la atención a sus padres, como si nada hubiera sucedido, y abordó a un camarero para pedirle agua mineral.
—Me alegra que las cosas marchen bien —dijo Mikoto, con cierto aire de tranquilidad —. Y sé que todo saldrá bien para ti, mientras tomes las decisiones correctas.
Sasuke enarcó una ceja por el énfasis que había hecho en la última parte, pero no dijo nada más.
El camarero empezó a servir los platos. Era muy propio de su madre elegir por todos y miró con compasión a la niña, tratada como muñeca. Sakura había hecho bien en irse, Mikoto Uchiha no era rival para ella.
Finalmente llegó la ronda de bebidas, servidas en una copa de flauta y coronadas con una rodaja de naranja.
—Brindemos entonces, por ver a la familia reunida de nuevo.
Sasuke no levantó la copa como había hecho ella, pero sí le dio un trago. Apenas sintió el burbujeo del champagne, se giró inmediatamente a ver a la niña, que apuraba los tragos con avidez.
—El de ella solo es jugo —le dijo su madre —, pero la pedí en copa para que no se sintiera excluida.
Parecía una aclaración innecesaria por el sentido común, pero la relación de su madre con el alcohol, al menos hasta donde recordaba, era un poco torcida, y él había tenido su primera resaca a manos de ella ni bien terminaba la secundaria.
Sacudió la cabeza intentando no sobreanalizar cómo la niña podría estar entendiendo que funcionaba la coctelería y asumiera cosas como normales, en parte porque su crianza no era su asunto, y en general porque no se consideraba a sí mismo como alguien capacitado para decidir si era o no, correcto que un niño hiciera tal o cual cosa.
La idea de un hijo le aterraba de sobremanera y no quería convertirlo en un reflejo de sus propias carencias, en algún miserable intento de hacer lo que sus padres no pudieron (o quisieron) por él. Además, estaba ocupado todo el tiempo, acabaría solo con niñeras.
Sabía perfectamente cómo se sentía esa ausencia, y eso era algo por lo que nadie debería pasar.
Sin darse cuenta, había desviado la mirada.
Karin estaba de espaldas a él, así que no podía asegurar que lo hubiese visto ya, pero no imaginaba que lo hubiese seguido desde el hotel solo para pasearle a la persona con la que quería darse la oportunidad.
Parecía mayor, y seguramente lo era, aunque no lo suficiente como para hacer una escandalo respecto a algún complejo de Electra o alguna de esas cosas.
Miró sus movimientos, la forma en la que sonreía y se pasaba la mano por el pelo, con un bien marcado estereotipo de galán de comedia romántica, tanto que necesariamente tendría que ser falso.
Para cuando se dio cuenta de que miraba muy fijamente, y entre tanto su madre había intentado ponerlo al corriente de los acontecimientos familiares, se molestó consigo mismo por su reacción.
Cada año, cuando su aniversario se acercaba, tenía la misma duda: ¿Cuándo se cansaría Karin de él?
Le sorprendía su resistencia, antes de ella, su relación más duradera había sido con Sakura, aunque no estaba seguro de contar desde que empezaron a ser algo así como amigos, porque en pareja fue demasiado breve, hasta que ella decidió que su hermano le gustaba más y prefería conservar la amistad con él.
Volvió a mirar a Karin, preguntándose qué tan buena idea hubiera sido quedarse con ella por la noche, intentar una conciliación.
Pero, ¿para qué? ¿Qué podía ofrecerle? Ni siquiera acababa de entender qué había cambiado en esos días.
—Lo siento —se excusó —. Ahora vuelvo.
Salió del restaurante, al parterre que de alguna manera organizaba el acceso de los autos y el servicio de estacionamiento.
Sacó una cajetilla de cigarros y empezó a buscar el encendedor, aunque al tantear el bolso interior del saco, sintió que la frustración en su interior se acrecentaba.
Se le había olvidado sacarlo.
Resignado, sacó la caja de terciopelo.
—Mierda...
Miró a Itachi, seguramente le había seguido pensando que se escaparía.
—¿Por eso te terminó? —preguntó, acercándose para tomarle uno de los cigarrillos.
—No llegué a preguntarle. Pensaba hacerlo mañana, en nuestro aniversario —respondió, volviendo a guardar la caja —, pero ahora supongo que mejor voy a hacer la devolución.
—¿A Oto?
—Ahí solo había baratijas.
Itachi dejó escapar el humo con pesadez.
—De verdad no lo viste venir.
Sasuke bajó la mirada, quería solo encogerse de hombros y restarle importancia, pero una fuerza mayor a su voluntad lo hizo hablar.
—Hace unos días mandó un extractor de jugos a mi departamento, por paquetería, obviamente.
Itachi lo miró sin comprender nada, pensando que quizás sería un chiste local.
—A ella le gusta el jugo por la mañana, pero odia hacerlo y le da asco comprarlo desde que vio cómo lo hacen en la cafetería de abajo.
Su hermano seguía en silencio, signo de que seguía sin comprender el punto.
—Es una estupidez —dijo, apagando la colilla en la suela del zapato y dejándola en el cenicero junto al acceso. Itachi sin embargo, lo tomó por el brazo.
—Solo dilo.
—Me imaginé que sería yo quien lo usara al final porque no hay manera de que por su voluntad se levante antes de las siete, quizás los fines de semana haría algo, aunque dejaría la cocina hecha un desastre... y me di cuenta que eso es lo que quería.
—¿Alguna vez se lo dijiste?
Sasuke se quedó en silencio, pensando en cómo las palabras se habían quedado en su garganta. Itachi le dio un golpe en la frente.
—¡No hagas eso! —se quejó Sasuke, apartándose.
—Hay dos opciones, regresas ese anillo a la tienda y sigues con tu vida, o hablas con ella. Pero no ahora.
—Obviamente no.
—Vamos adentro, o mamá va regresarte a la fuerza.
Sasuke dejó que le pasara el brazo por los hombros. Siempre que sugería algo lo hacía parecer tan simple.
Comentarios y aclaraciones:
Sí, puse a Sarada.
Sí, Itachi y Sakura fueron pareja, pero ya no están juntos ¡y esta es mi venganza!
¡Gracias por leer!
